viernes, 30 de abril de 2010

El Último Camino (The Road)

Confieso que no soy devoto de la novela The Road, de Cormac McCarthy. Desde luego me pareció impactante y memorable... pero al mismo tiempo fría y monótona, de modo que aprecié la experiencia en cierto nivel, sin llegar a considerarla excepcional. Y estoy consciente de que ese fue su propósito... no quería maravillarnos con despliegues de ingenio descriptivo ni florida prosa, sino transportarnos al desolador mundo que habitan sus personajes. Habiendo dicho eso, cometeré la blasfemia de sugerir que el director John Hillcoat y su guionista Joe Penhall encontraron un mejor modo de contar la historia, apretando los tornillos de la narrativa y eliminando todos aquellos elementos que no fueran indispensables para dar vida a los personajes y su interminable lucha por la supervivencia.

Muy bien; ya enfurecí a los fans del libro; ahora hagamos lo mismo con los fans de la película. O tal vez no. El Último Camino sigue a un hombre (Viggo Mortensen) y su hijo (Kodi Smit-McPhee) mientras recorren los caminos y carreteras de un mundo en ruinas, gris y estéril a consecuencia de una catástrofe global. Y por si no fuera suficiente la eterna búsqueda de alimento y refugio para mantenerlos ocupados, también deben cuidarse de pandillas caníbales y otras inesperadas amenazas que acechan en el devastado entorno post-apocalíptico.

Eso es todo. La película El Último Camino no está impulsada por clichés de acción, ni romance o redención personal. Tampoco nos muestra héroes salvando al mundo ni maquiavélicos villanos con planes de conquista global. Simplemente sigue a un hombre tratando de educar a su hijo con arcaicos (pero importantes) valores de moralidad, independencia y disciplina, no solo para mejorar sus posibilidades de supervivencia, sino para honrar la memoria del mundo que ya se fue, y para mantener la esperanza de que algún día regrese. En otras palabras, no es una película que se disfrute, pero sin duda ofrece una experiencia inolvidable, al mismo tiempo deprimente e inspiradora, y expresada con épica visión e integridad emocional.

Pero por intensas que sean las emociones, no tendrían el mismo impacto sin las devastadoras actuaciones de Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee. La historia de El Último Camino es bastante simple (algunos dirían "inexistente"), de modo que hace falta gran presencia y carisma para sostener dos horas de película sin perder el interés del espectador. Mortensen ha demostrado una y otra vez su talento en papeles muy variados, pero creo que ésta podría ser su interpretación más íntima y profunda (al menos hasta ahora), apoyada por su incondicional compromiso con el personaje, con la película y con espíritu del libro que la inspiró. Y lo mejor es que, al mismo tiempo, se trata de una actuación sincera y transparente, libre de exageración o pretensiones estéticas. Mortensen es simplemente un catalizador del drama, transformándolo sin esfuerzo pero con tremendos resultados. Y aunque el niño Kodi Smit-McPhee tiene necesariamente el papel pasivo, evita caer en el fácil rol de víctima o “sidekick”. Por el contrario, es el ancla que afianza la humanidad de su padre y evita que caiga al abismo de la barbarie. Además, a través de sus ojos descubrimos las maravillas de nuestro mundo, aparentemente frívolas pero fascinantes para quien no las da por sentadas.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar la extraordinaria cinematografía de Javier Aguirresarobe, ni el fantástico diseño de producción, vívidamente representado por los estudios de efectos especiales DIVE, Crazy Horse, Invisible Pictures y varios más. Su trabajo no consiste en vistosos trucos digitales para asombrarnos y distraernos de la historia, sino en la creación de opresivos paisajes que complementan las actuaciones y establecen la atmósfera perfecta para darles mayor relevancia y significado. Entonces, recomiendo con plena confianza El Último Camino, con la necesaria advertencia de que no hay entretenimiento convencional en ella, sino difíciles comentarios sobre el significado de la humanidad, especialmente en circunstancias donde parece una carga en vez de un beneficio. No es exactamente lo que esperaba, pero me alegra mucho que esta densa historia haya caído en manos de cineastas respetuosos y responsables, con la sensibilidad correcta para hacernos sufrir al mismo tiempo que nos recompensan por ello. No quiero ni imaginar lo que hubiera ocurrido si Roland Emmerich hubiera tenido influencia en esta cinta...
Calificación: 9

jueves, 29 de abril de 2010

Lake Mungo

Lake Mungo pertenece a la moderna ola de "documentales simulados" que supuestamente examinan algún fenómeno sobrenatural con objetividad y realismo. Los más célebres ejemplos son Paranormal Activity y The Fourth Kind, aunque el mercado directo a DVD están plagados de similares cintas, desde copias desvergonzadas (como Paranormal Entity) hasta ingeniosas sorpresas (como American Zombie). Lake Mungo queda en algún punto intermedio, pues si bien logra contarnos una historia interesante repleta de sutiles escalofríos, su único "gancho" se repite tanto que corre el riesgo de volverse ridículo.

Este "documental" australiano examina los extraños eventos que ocurrieron después del fallecimiento de la adolescente Alice Palmer (Talia Zucker), ahogada accidentalmente en el Lago Mungo. Todo comienza cuando varios miembros de la familia Palmer afirman haberla visto (o a su fantasma) durante las semanas posteriores al sepelio de la muchacha. Al principio tratan de explicar las visiones como simples consecuencias del dolor que sienten por haberla perdido; pero cuando Alice empieza a aparecer en fotografías y videos, la familia decide contratar los servicios de un psíquico, y la investigación posterior revela detalles que podrían explicar algunos secretos en el pasado de la joven.

Los documentales simulados tienden a caer en extremos opuestos: algunos exageran tanto que arruinan el “realismo" con obvia artificialidad; y otros pecan de excesiva sutileza, resultando ambiguos e insatisfactorios. Creo que Lake Mungo pertenece a esta segunda categoría, pero hace lo posible por acercarse a la primera, incorporando varios clichés de terror que en ocasiones no conviven armónicamente con la sobria y clínica narrativa. Sin embargo, logran sacudir nuestras expectativas al mismo tiempo que juegan con nuestra percepción de "los hechos", dando como resultado un curioso híbrido que me gustó más como audaz experimento cinematográfico que como película de terror.

De cualquier modo encontré fascinante el clásico tema de la "fotografía espiritual", y admito que experimenté varios momentos de tensión y delicioso suspenso. El truco de mostrar al fantasma en fotografías y videos funciona muy bien al principio, cuando aún existe el elemento de la sorpresa. Pero para el décimo "zoom" en el borroso rostro del "fantasma" la rutina ya se volvió cansada y perdió gran parte de su impacto. Quizás dándose cuenta de ello, el director y guionista Joel Anderson nos arroja entonces una sorpresiva revelación que re-plantea la película y cambia el rumbo del argumento. La estrategia funciona a pesar de sentirse algo forzada, y no puedo negar que renovó mi interés... al mismo tiempo que me irritó por el número de coincidencias que requiere para llevarnos a la impactante conclusión (¿hay algo que esta familia NO grabara en video?). Mis disculpas si estas quejas son demasiado vagas, pero obviamente no deseo arruinar las sorpresas de Lake Mungo... ni las buenas ni las malas.

Otro riesgo de los documentales simulados radica en el elenco, pues hace falta un nivel adicional de actuación para vender con éxito la ilusión de "mentira dentro de la verdad dentro de mentira" (¿quedó claro?). Anderson aprovecha la oportunidad para lucir actores talentosos y desconocidos, cuya apariencia genérica hace más verosímiles las "entrevistas" y testimonios que conforman la película. Quizás algunos personajes se sientan más fingidos que otros, pero en general todos transmiten la timidez e incertidumbre de personas normales hablando sobre temas difíciles de aceptar.

Entonces, encontré partes de Lake Mungo exageradas y poco creíbles (la sesión espiritista, algunas explicaciones del final), mientras que otras me parecieron brillantemente concebidas para mantenernos en suspenso sobre el auténtico origen de los eventos paranormales. En general merece una recomendación, sobre todo para verse a altas horas de la noche, cuando su tétrica música y borrosas imágenes complementarán mejor nuestra exaltada imaginación. Como punto de comparación diría que me gustó un poco menos que Paranormal Activity y aproximadamente lo mismo que The Fourth Kind. De cualquier modo creo que ofrece una interesante exploración de un estilo con alcance limitado, que necesita todos los trucos posibles para escapar las mismas rutinas que ya hemos visto. Y, obviamente, lo que no puede escapar es el clásico final ambiguo que no resuelve satisfactoriamente la trama. Supongo que a estas alturas será mejor asumir que esa es una de las ineludibles "cualidades" del sub-género, nos guste o no.
Calificación: 7.5

lunes, 26 de abril de 2010

The Descent: Part 2

La película británica The Descent (en mi humilde opinión una de las mejores de horror de la década) fue motivo de cierta controversia durante su estreno en los Estados Unidos, pues aparentemente los distribuidores de ese país opinaron que el público norteamericano no aceptaría la deprimente y fatalista conclusión que escribió el director Neil Marshall, y decidieron omitir ciertas escenas para darle a la película un final no del todo feliz, pero al menos más optimista y predecible. Desde luego los fans protestaron y eventualmente el final original fue restaurado en DVD (al menos en el "director's cut"). Por eso ahora encuentro extraño que la secuela, The Descent: Part 2, sea una continuación del final "falso" que a nadie le gustó.

Advertencia sobre SPOILERS: para describir el argumento de The Descent: Part 2, será indispensable revelar ciertos eventos de The Descent, así que quien no la haya visto y desee hacerlo, mejor deje de leer para no arruinar esa muy recomendable experiencia.

¿De acuerdo? Muy bien. Al principio de The Descent: Part 2 nos enteramos de que la policía está realizando una extensa búsqueda de las seis mujeres extraviadas en el vasto sistema de cavernas debajo de las Montañas Apalaches, en el noreste de los Estados Unidos. Los rescatistas no han tenido éxito hasta el momento, pero se alegran al enterarse de que Sarah (Shauna McDonald), una de las mujeres, logró salir con vida del laberinto subterráneo. Entonces, tras una breve estancia en el hospital, Sarah tiene que regresar a la caverna para colaborar en la búsqueda, junto con el antipático alguacil Oswald (Michael J. Reynolds), la amable Oficial Ríos (Krysten Cummings) y varios expertos espeleólogos. Sobra decir que durante la misión encontrarán la misma amenaza que atacó a las previas exploradoras.

Entre las cosas que me gustaron de la original The Descent fue que, incluso si no tuviera monstruos, sería un competente thriller sustentado por las bien definidas personalidades de sus protagonistas y las tensas relaciones que se desarrollan entre ellas. The Descent: Part 2 intenta incorporar un similar respaldo narrativo, pero a fin de cuentas pone más énfasis en el "bug hunt" que en la integridad de la historia. En otras palabras, es otro refrito de Aliens, con un grupo de personas atrapadas en un entorno hostil y acechadas por feroces criaturas de indefinido origen. A pesar de su reducida ambición, The Descent: Part 2 me pareció una buena muestra del subgénero. El director Jon Harris duplica exitosamente la fórmula de Neil Marshall, incluyendo escenas de grotesca violencia, sofocante claustrofobia y delicioso "gore" (parece haber un "gag" recurrente de fluidos escurriendo sobre el rostro de los personajes). Además, los actores muestran talento superior al acostumbrado en las modestas "B-Movies", lo cual añade considerable intensidad dramática y supera sustancialmente a la inmensa mayoría de secuelas directas a DVD que hemos visto en años recientes.

Sin embargo, a la par de los aciertos tenemos también frecuentes recordatorios de que estamos viendo una producción mucho más barata y apresurada. Los escenarios carecen del detalle y épica extensión que vimos en la cinta original; los efectos especiales (tanto prácticos como digitales) son de muy variable calidad; y la cinematografía resulta apenas funcional, muy lejana de alcanzar el angustioso realismo que me causó hiper-ventilación en la previa cinta. Entonces, The Descent, Part 2 presenta una curiosa disyuntiva. Por un lado me pareció una sólida cinta de horror de bajo presupuesto, con suficiente sangre, violencia y drama para satisfacer al aficionado indulgente y tolerante. Pero por otro lado, su argumento se fundamenta en una premisa contradictoria e irrespetuosa de su brillante predecesora. Como sea, supongo que merece una recomendación parcial por sus honestas cualidades... aunque los últimos segundos de la cinta casi me hicieron cambiar de opinión. Se ve que los productores ya le tienen miedo a los finales felices.
Calificación: 7

domingo, 25 de abril de 2010

Plan B (The Back-up Plan)

Creo que las comedias románticas no promueven la idea del matrimonio o vida familiar. Lo que venden es simplemente la ilusión de romance, culminada por una gran boda o declaración de amor eterno (de preferencia en público), con lo cual admiten tácitamente que es mejor terminar la historia cuando los protagonistas aún son felices, antes de que lleguen las crudas realidades de la vida en pareja. Del mismo modo, las recientes películas que se enfocan en el embarazo, "reloj biológico" e instintos maternales, tampoco promueven la crianza de un hijo, sino la idealizada ternura que representa un bebé. La cinta Plan B es un irritante híbrido de ambas corrientes, mezclando una insulsa comedia romántica con la fiebre materna de su protagonista. Como puede esperarse, la suma de dos elementos negativos no da un resultado positivo.

Plan B comienza mostrándonos a la guapa Zoe (Jennifer Lopez) con las piernas en el aire... en el consultorio del ginecólogo. Resulta que Zoe está cansada de esperar al proverbial hombre perfecto y, como está ansiosa de tener un bebé, ha decidido tomar el camino de la inseminación artificial. Sin embargo, ese mismo día conoce a Stan (Alex O'Loughlin), un hombre apuesto y sensible que se interesa en comenzar una relación. Entonces, para no ahuyentarlo, Zoe oculta su embarazo hasta que es imposible negarlo. ¿Aceptará Stan la sorpresiva noticia, o abandonará a la indecisa mujer?

No estoy en contra del romance, ni de los bebés, ni del matrimonio (bueno, un poco), pero entiendo el monumental significado que tienen en la vida de muchas personas. Por eso creo que el gran problema de Plan B (y muchas películas similares) es su ofensiva simplificación de esos temas, que puede llegar hasta niveles de alarmante estupidez. Sobra decir que eso refleja claramente la opinión que los grandes estudios hollywoodenses tienen del público, y suponen que no importará si insultan nuestra inteligencia siempre y cuando pongan en la pantalla alguna canción pegajosa, un par de escenas de "slapstick" y una atractiva pareja que (teóricamente) personifique nuestras particulares fantasías románticas. Gran error. No estoy esperando que todas las películas sobre bebés sean estudios académicos sobre la evolución de los roles maternos en el nuevo siglo; pero, como demostraron las cintas For Keeps, She's Having a Baby o Baby Boom, es perfectamente posible hacer una comedia graciosa sobre el tema, que no sacrifique su inteligencia ni tenga miedo de hablarle a su audiencia con un poco más de sofisticación.

Ah, pero ahí sale a relucir el otro gran problema de Plan B; tampoco es una comedia graciosa, de modo que sus bufonescos esfuerzos fallan miserablemente, y hacen irrelevante cualquier "contenido" que pudiera ofrecer. El culpable principal es el mediocre libreto, pero no olvidemos la total ausencia de química entre Jennifer Lopez y Alex O'Loughlin, quien automáticamente se incorpora a la larga lista de "galanes" inocuos y genéricos, libres de personalidad o controversia. No me extrañaría si su previo trabajo hubiera sido como modelo masculino en cuestionarios románticos de la revista Cosmopolitan. Por su parte, Jennifer Lopez saca a relucir su famoso encanto personal (y, por una fracción de segundo, su famoso trasero), pero no basta para rescatar la película. De hecho, creo que ni un cameo de Elvis Presley lograría ese milagro.

Hablando de Elvis, solo recomendaría Plan B a los más comprensivos e indulgentes fans de Jennifer Lopez. Este será su castigo justo. Para el resto del público será más conveniente alejarse de esta película como si fuera contagiosa, y abandonar toda esperanza de que Lopez recupere la credibilidad como actriz que adquirió hace una década en Out of Sight, U Turn y Blood and Wine. Me temo que mi buena voluntad ya caducó, y no seguiré esperando su regreso como "actriz seria". Pero como promotora de romance artificial y maternidad forzada tiene un brillante futuro.
Calificación: 2

sábado, 24 de abril de 2010

Dos Inútiles en Patrulla (Cop Out)

Como fan del director Kevin Smith, tenía curiosidad por ver la cinta Dos Inútiles en Patrulla, pero no mucho entusiasmo, ya que la historia nos ha mostrado que Smith es mejor escritor que director (también debatible), y que cuando se aleja de su cómodo terruño (Nueva Jersey) y de su tradicional fórmula, los resultados no son muy agradables. Entonces, desde antes de empezar, Dos Inútiles en Patrulla enfrenta dos problemas básicos: el libreto no fue escrito por Smith, y no tiene nada que ver con el universo que estableció en sus más famosas (y mejores) películas.

Pero bueno... démosle una oportunidad. Los inútiles del título son Jimmy Monroe (Bruce Willis) y Paul Hodges (Tracy Morgan), policías neoyorquinos con métodos tan inusuales que provocan su suspensión te
mporal de la fuerza policíaca. Entonces, cuando un ladronzuelo roba una rara tarjeta de béisbol que Jimmy pensaba vender para pagar la boda de su hija, el dúo trata de resolver el crimen sin apoyo de sus colegas, y eventualmente las pistas los llevan a una violenta confrontación con una peligrosa banda de narcotraficantes mexicanos. ¿Lograrán los policías salir con vida y al mismo tiempo hacernos reír con su picante interacción? Después de los primeros veinte minutos descubrí que había perdido interés en la respuesta.

Desde su "opera prima" (la seminal Clerks), se puso de moda criticar a Kevin Smith por su pobre estilo visual. Francamente nunca me molestó esa característica (o carencia) en sus películas. Pero lo que descubrí con Dos Inútiles en Patrulla es que el auténtico talón de Aquiles de Smith es su absoluta ineptitud para mantener un ritmo consistente... un flujo orgánico de la historia que nos lleve del principio al final con gracia y naturalidad. Afortunadamente en cintas como la mencionada Clerks, Mallrats, Chasing Amy y Dogma, podíamos contar con sus chispeantes diálogos y crudo humor para distraernos de las incongruencias narrativas. Sin embargo, con un libreto mucho más convencional (y nada gracioso) los problemas se acentúan y arruinan los escasos atributos que podrían rescatarse de Dos Inútiles en Patrulla.

Dichos atributos se reducen a los bizarros desplantes de Tracy Morgan, quien logró hacerme reír ocasionalmente por su extravagante actuación, y no por las cansadas rutinas "cómicas" que le endilga el libreto. Bruce Willis trata simultáneamente de seguirle el paso y mantener un poco de dignidad, fallando en ambas misiones. Este no es el Bruce Wilis ácido y subversivo de Die Hard, sino la irritante y afectada “estrella” de Live Free or Die Hard. El elenco secundario aporta algunas sonrisas (particularmente Seann William Scott), pero no las suficientes que esperaría de Adam Brody, Kevin Pollak y Rashida Jones. Los villanos mexicanos son bastante genéricos... ni siquiera lo suficientemente "étnicos" o exagerados para volverse ofensivos. Más ofensivo es el desperdicio de la actriz Ana de la Reguera en un papel hueco e intrascendente, cuyo obvio propósito fue tener un rostro atractivo en el elenco. En serio, ¿después de los fantásticos personajes femeninos de Clerks II, Mallrats y Chasing Amy tiene Smith que apelar al viejo truco de la damisela en peligro? Ah, claro, casi lo olvido. Smith no escribió el libreto.

No puedo decir que Dos Inútiles en Patrulla me haya decepcionado, porque no esperaba mucho de ella. Entiendo la ambición que impulsa a Smith a trascender su gastado nicho, y admiro su valor para probar géneros nuevos (si es que "pareja dispareja de policías" puede considerarse "nuevo"). Sin embargo, para bien o para mal, su talento se limita a un rango estrecho y definido, del que le conviene no alejarse. En serio, lo digo con afecto, como crítica constructiva y no como ataque personal. Seguiré viendo sus películas, comprando sus libros y DVDs de pláticas universitarias. Pero no guardaré más esperanzas de que algún día nos sorprenda con auténtica visión artística o inesperada habilidad cinematográfica. Ah, y por los viejos tiempos: Snoochie Boochies.
Calificación: 5

viernes, 23 de abril de 2010

La Ciudad de las Tormentas (Green Zone)

El noble soldado norteamericano que solo quiere salvar vidas. El elegante diplomático cuyos discursos de libertad y democracia ocultan algo más siniestro. La tenaz reportera en busca de una gran noticia que podría cambiar el curso de la guerra. El enigmático agente de la C.I.A. que ofrece información secreta y al mismo tiempo oculta datos importantes. Y, claro, los mercenarios que en realidad son el ejército personal de las corporaciones que se benefician con la guerra. ¿Les suena conocido? Todos estos (y más) son los clichés que hemos visto florecer en la última década de películas que, directa u oblicuamente, giran en torno al conflicto político, ideológico y militar entre los Estados Unidos y varias naciones del Medio Oriente. Y ahora, en La Ciudad de las Tormentas, el director Peter Greengrass (bien familiarizado con algunos de esos clichés) cree haber encontrado un ángulo fresco para incrementar la relevancia de una historia que hemos visto demasiadas veces. ¿Lo logra? No exactamente, pero creo que su esfuerzo fue loable.

La Ciudad de las Tormentas se desarrolla al principio de la guerra con Irak, y se centra en el Jefe de Regimiento Roy Miller (Matt Damon), líder de un escuadrón especializado en la búsqueda y control de las famosas "armas de destrucción masiva"... aquellas armas biológicas o nucleares que Saddam Hussein supuestamente acopió, y que sirvieron como conveniente excusa para que los Estados Unidos invadieran ese país. Sin embargo, Miller lleva semanas buscando infructuosamente estas armas y, contra las órdenes de sus superiores, comienza su propia investigación con ayuda de "Freddy" (Khalid Abdalla), un ciudadano iraquí con información más veraz que la que posee el ejército mismo. Y, por supuesto, lo que descubren es una conspiración del más alto nivel a costa de la credibilidad de los ciudadanos norteamericanos.

A estas alturas encuentro muy difícil mostrar interés por OTRA película de guerra que denuncia al gobierno de los Estados Unidos (o al menos algunas de sus facciones) como el auténtico enemigo. Cintas como Lion for Lambs, The Kingdom, Traitor, Syriana, In the Valley of Elah, Grace is Gone, Stop-Loss, Rendition y hasta The Hurt Locker (entre otras) se encargaron de examinar hasta el cansancio las causas, efectos, contexto, etc. del conflicto, y me temo que La Ciudad de las Tormentas no aporta nada particularmente único o novedoso. Sin embargo, hay que reconocer que el libreto es dinámico y lo suficientemente complejo para generar emocionante intriga, buenos momentos de acción y el más elemental impacto emocional. Los buenos actores que integran el elenco muestran adecuada credibilidad y pasión, y la dirección de Greengrass quizás abusa (como siempre) del estilo "verité" (cámara en mano con movimiento constante, frenética edición y fobia por los tripiés), pero al mismo tiempo funciona para dar más realismo e intensidad a las numerosas persecuciones, balaceras y peleas que sazonan y complementan el ingrediente intelectual del relato.

Como punto de comparación diría que La Ciudad de las Tormentas está más cercana al tono y fórmula de The Kingdom que al de Syriana. En otras palabras, se trata de predecible acción bélica con la buena intención de transmitir un válido (aunque añejo) mensaje sobre la dudosa invasión de Irak, y quizás podría servir como advertencia sobre futuras incursiones de sospechosa motivación (imagino que Irán sigue nervioso en ese respecto). Si esta fuera la primera película sobre el tema, sería un excelente comienzo. Pero llegando tan tarde a la fiesta creo que no resulta ni indispensable ni totalmente fallida; simplemente un buen esfuerzo saboteado por su anacronismo. En fin... al menos me inspiró para jugar Modern Warfare 2 al llegar a casa. Claro que abrir los ojos por la mañana me inspira a jugar Modern Warfare 2, así que no se si La Ciudad de las Tormentas merezca realmente una recomendación. Pero al menos no me arrepentí de verla.
Calificación: 7

jueves, 22 de abril de 2010

Cine Clásico: The Wild, Wild Planet (I Criminali della Galassia, 1965)

Creo que el director italiano Antonio Margheriti es uno de los héroes olvidados del moderno cine fantástico. Las primeras películas que vi de "Anthony M. Dawson" (el seudónimo que siempre usó para sus proyectos en inglés) allá por los ochentas fueron Killer Fish y Yor, Hunter of the Future, ridículas imitaciones de éxitos norteamericanos (Jaws y Conan the Barbarian, respectivamente). Pero no fue sino hasta años después cuando gané aprecio por este cineasta, gracias al accidental descubrimiento de su “tetralogía Gamma" (realizada entre 1965 y 1967), en la que se narraron las aventuras del intrépido Comandante Halstead, su novia/rival Connie Gomez y demás tripulantes de la base espacial Gamma 1, la cual se veía regularmente atacada por aliens, terroristas o científicos locos. Honestamente no podría calificarlas como buenas películas, pero representan una etapa interesante del cine fantástico europeo, con un "sabor" distintivo que podría describirse (ambiguamente) como la intelectual y progresiva ciencia ficción británica de los sesentas combinada con la mediocre calidad y trilladas posturas heroicas que prosperaron en los Estados Unidos durante aquella década, al menos antes de que 2001 llegara a replantear el género.

De las cuatro películas que integran la tetralogía, considero The Wild, Wild Planet (título original: I Criminali della Galassia) como la mejor (o la menos peor), gracias a su extravagante libreto, creativo diseño de producción, rudimentarios efectos especiales y, sobre todo, por las indescriptibles actuaciones de un elenco que toma tan seriamente sus absurdos papeles que no alcanzo a distinguir el menor rastro de ironía... lo cual las hace doblemente divertidas. No me considero capaz de explicar propiamente su argumento, pero es más o menos así: un grupo de guapas agentes del planeta Delphus están secuestrando (y miniaturizando) habitantes de la Tierra con ayuda de humanoides manipulados genéticamente. Entonces, cuando el gobierno planetario pide ayuda a la estación espacial Gamma 1, el audaz Comandante Mike Halstead (Tony Russell) regresa a la Tierra para conducir su propia investigación. Y lo que eventualmente descubre es una conspiración dirigida por el malévolo Doctor Nurmi (Massimo Serato), cuya meta es reemplazar a la humanidad por una nueva raza de perfecto y puro material genético. Para empeorar la situación, el malévolo Nurmi ha elegido como "espécimen perfecto" a la Teniente Connie Gomez (Lisa Gastoni), con quien planea fusionar su cuerpo... y no de manera sensual. Entonces, para rescatar a su novia y salvar al mundo (en ese orden), Halstead desafía las órdenes de sus superiores y se embarca en una audaz misión al planeta Delphus... donde Nurmi lo está esperando con una astuta trampa.

Esta sinopsis puede sonar extraña, pero se queda corta frente a la realidad de la película, pues hace falta contemplar los numerosos detalles que enriquecen (o arruinan) sus aspectos narrativos, técnicos y visuales. Por ejemplo, tenemos el frecuente uso de miniaturas para representar la futurista estación espacial Gamma 1, así como naves espaciales sostenidas por hilos, lo cual limita sus trayectorias a repetitivos bamboleos semi-circulares. O qué tal el diseño de los autos del siglo XXI, sacados directamente de Los Jetsons. Y mejor ni hablar de los espectáculos de danza ultra-moderna, con bailarines disfrazados de mariposas moviéndose al ritmo de atonal y caótica música. En cuanto al tono de la película, me es imposible determinar si se filmó con la intención de ser una parodia de la ciencia ficción norteamericana, o una seria imitación con los mismos valores de tolerancia, igualdad y patriótico heroísmo. Hablando de lo cual, también podemos encontrar amplias alusiones al feminismo (como corresponde a la época), respaldadas por una corta pero sorpresivamente brutal pelea entre las guapas agentes extraterrestres (en camisón de dormir, nada menos) y varios rudos soldados de la estación Gamma 1; vale la pena señalar que los hombres terminan ganando solo por el inesperado desvanecimiento de una de las agentes. Y al decir "desvanecimiento" no quiero decir que se haya desmayado, sino que desaparece en el aire, dejando tan solo su arrugado camisón en el suelo. Pero, como tantas otras ocurrencias inexplicables, encaja perfectamente en la bizarra lógica interna de la película.

A fin de cuentas, eso es lo que me gusta de The Wild, Wild Planet; su impredecible historia puede arrojarnos cualquier situación, personaje o revelación sin perder consistencia con el universo establecido en el libreto de Ivan Reiner y Renato Moretti. Es fácil burlarse del absurdo argumento, los malos efectos y las melodramáticas actuaciones, pero admiro la cohesión narrativa que mantiene la película accesible hasta en sus más descabellados momentos. ¿El Doctor Nurmi está miniaturizando personas y transportándolas en maletines como si fueran muñecos? Perfectamente comprensible. ¿Por qué darle cuatro brazos a sus esbirros? La pregunta correcta es ¿Por qué no? Y, ¿exactamente cómo va a perfeccionar la raza un híbrido de hombre y mujer? Francamente no lo sé, pero Connie tiene buen cuerpo; supongo que eso ayuda.

No hay palabras para describir The Wild, Wild Planet, ni para expresar el enfermizo deleite que siento al verla, sobre todo después de haber sufrido alguna inflada y aburrida "película evento" de Hollywood. Hay infinidad de "cintas B" simplemente malas por la incompetencia de sus autores o por la falta de recursos adecuados para contar una historia demasiado ambiciosa. Pero las escasas obras que trascienden esas fallas y brillan como joyas (imperfectas) en la constelación del cine moderno merecen mucho más respeto que tantas otras realizadas con mayor profesionalismo pero incapaces de ofrecer un nivel de entretenimiento adecuado para mantener nuestro interés durante hora y media. Quizás fue el choque de culturas italiana y norteamericana lo que dio a The Wild, Wild Planet su delicioso sabor, o tal vez se debió al talento latente de Antonio Margheriti, o a alguna alquímica unión de elementos que se conjugaron para producir oro narrativo. El hecho es que esta película existe para divertirnos y, si podemos disculpar sus pasmosas pifias, ciertamente lo hará con todo su entusiasmo. O, en todo caso, con toda su ironía.
Calificación:∞

lunes, 19 de abril de 2010

Give 'Em Hell, Malone

El "noir" de los cuarentas y cincuentas es uno de los géneros cinematográficos (y literarios) más fáciles de imitar, pero más difíciles de capturar sin caer en el ridículo o en la comedia accidental. Y aunque sospecho que algunos puristas podrían considerar la modesta cinta Give 'Em Hell, Malone como una mediocre parodia, en mi humilde opinión cumplió con los requisitos para considerarla al mismo tiempo un afectuoso homenaje y respetuosa imitación del género. Pero, más allá de su intención, creo que se trata una sólida película "noir" con un argumento interesante, honestas actuaciones, e incluso cierta sustancia detrás de los personajes para enriquecer esta clásica historia del detective que debe mantener su humanidad para sobrevivir la influencia de peligrosos criminales, sórdidos secretos... y mujeres fatales.

El detective en turno es Malone (Thomas Jane), y al principio de la película lo encontramos en una cruenta balacera con genéricos criminales que luchan por la posesión de un maletín metálico. Al final de la batalla Malone gana el preciado premio (con un par de balas en sus costillas); sin embargo su victoria es efímera, pues el elegante villano Whitmore (Gregory Harrison) no se da por vencido, y recluta al temible Boulder (Ving Rhames) y al inestable Matchstick (Doug Hutchison) para recuperar el maletín. Entonces, para salir con vida, Malone tendrá que aliarse con la atractiva pero misteriosa Evelyn (Elsa Pataky), quien obviamente esconde sus propias intrigas. Y, a fin de cuentas, ¿qué es lo que contiene el maletín? En palabras de Malone: "El significado del amor".

Naturalmente el libreto es una colección de encuentros con asesinos, aliados e informantes que no siempre contribuyen significativamente a la trama, pero que al menos mantienen la película en constante movimiento, con abundantes oportunidades de suspenso, violencia y estilizados diálogos. Ahí es donde brilla la dirección del veterano Russell Mulcahy, pues a pesar de los altibajos de su carrera, sigue mostrando pleno control del lenguaje visual, ritmo y edición para crear un flujo narrativo consistente, aunque no siempre profundo. Además, su frecuente trabajo en televisión y “películas B” le ha enseñado a obtener un producto entretenido y estéticamente atractivo sin tropezarse con su propia ambición. Quizás por eso los vestuarios, vehículos y escenarios de Give 'Em Hell, Malone muestran una curiosa combinación de nostalgia y modernidad; así se consigue una buena atmósfera "noir" al mismo tiempo que se evitan los problemas técnicos de recrear un entorno de los años 40s, como Sin City logró digitalmente. Por cierto, me parecen injustas las comparaciones entre esa película y Give 'Em Hell, Malone, pues el que ambas usen los mismos arquetipos de la literatura detectivesca no significa que una sea copia de la otra. Para usar una analogía apropiada, diría que se trata de dos botellas de whiskey de distinta marca, pero similar composición. No. Eso pareció lección de química. ¿Ven lo difícil que es capturar el auténtico sabor "noir"?

Los actores contribuyen al homenaje con sinceras interpretaciones libres de ironía, evitando la tentación de tomar a broma sus personajes o la historia. Thomas Jane quizás sea demasiado "bonito" para un anti-héroe noir, pero tiene la actitud y voz perfecta para dar vida al tosco detective con puños de hierro y coraza emocional que oculta su cálido interior, como lo demuestran las simpáticas escenas que comparte con su madre Gloria (Eileen Ryan). Ving Rhames y Doug Hutchison hacen buena pareja como los esbirros del villano, aunque no hay mucha innovación en sus obligatorios despliegues de silenciosa amenaza y maniática obsesión, respectivamente. Por otro lado, me temo que Elsa Pataky fue el punto débil del elenco; sin duda posee el rostro (y cuerpo) de mujer fatal, pero carece de la pasión e intensidad que distingue a las más icónicas damas del género.

Tal vez Give 'Em Hell, Malone sea más estilo que sustancia, pero la combinación de actores, atmósfera "noir" y un laberíntico libreto con buen final dan como resultado una agradable experiencia de cine B que honra el legado de Chandler, Thompson y Bogart, al mismo tiempo que adopta un tono apropiado para "enganchar" audiencias modernas con los métodos de antaño. Además, confirma que Russell Mulcahy aún tiene mucho que ofrecer, y podría sorprendernos como lo hizo hace un cuarto de siglo con Highlander, siempre y cuando encuentre un proyecto adecuado. ¡Ya sé! ¿Qué tal la adaptación cinematográfica de The Spirit? No, perdón. Alquien más se encargó de arruinar eso. Quizás en el re-make...
Calificación: 7.5

domingo, 18 de abril de 2010

Hace Mucho que Te Quiero (Il y a longtemps que je t'aime)

Honestamente no tenía intención de ver Hace Mucho que Te Quiero. Fui al cine con cierta renuencia para ver La Última Canción (The Last Song), pero me acobardé en el último momento, pues no encontré la fuerza para enfrentar OTRO TEDIOSO DRAMA ROMÁNTICO DE NICHOLAS SPARKS, y con Miley Cyrus como protagonista además de todo. Entonces, para no desperdiciar el viaje, decidí ver esta cinta francesa, curiosamente protagonizada por la actriz británica Kristin Scott Thomas, lo cual hasta cierto punto garantizaba cierta calidad. Me alegra decir que, dos horas después, confirmé que había tomado la decisión correcta.

Hace Mucho que Te Quiero
se centra en Juliette Fontaine (Kristin Scott Thomas), una aislada y taciturna mujer francesa que acaba de cumplir una larga condena en presidio. Entonces, para ayudarla a reintegrarse a la sociedad, su hermana menor Lea (Elsa Zylberstein) la alberga en su casa durante el tiempo necesario para que encuentre trabajo y se adapte a la vida en el mundo exterior. Sin embargo el proceso no será fácil, pues el pasado de Juliette parece cerrarle muchas puertas laborales y afectivas... por no mencionar que ciertos secretos de su juventud podrían deteriorar la precaria relación entre las hermanas.

Se que suena como un típico drama que se regodea en la miseria ajena, pero en realidad Hace Mucho que Te Quiero resultó ser un sensible relato profundamente humano, perfectamente escrito y complementado con fantásticas actuaciones que no se olvidan fácilmente pues, a diferencia de similares dramas (norteamericanos), su fuerza reside en la sutileza de los actores y la fuerza de los personajes, cuyas emociones podemos sentir hasta en los más leves gestos y expresiones, sin caer en los excesos tan apreciados por "la Academia". En otras palabras, esta película evita y corrige todo lo que odio en las películas de Alejandro González Iñárritu, Nick Cassavettes y, por supuesto, en las de Nicholas Sparks (aclaro que no los estoy poniendo en el mismo nivel). La misma disciplina artística se aprecia en el libreto, con suficiente confianza en el público para no explicar aquello que debemos deducir, ni engañarnos con complicaciones innecesarias que solo contaminarían las intensas pero creíbles situaciones que integran la historia.

Como claro ejemplo puedo señalar los detalles del pasado de Juliette. Una película menos inteligente los usaría para impresionarnos con revelaciones sorpresivas, pero el director y guionista Philippe Claudel los incorpora de manera casual en el desarrollo de la historia, preservando así nuestro interés sin abaratar el sufrimiento de la protagonista como parte de un forzado “twist“. Habiendo dicho eso, añadiré que encontré un poco cansada la película. Como muchos directores primerizos, Claudel peca de auto-indulgencia, alargando innecesariamente el relato con montajes y largas escenas familiares que podrían haberse abreviado sin perder su valor narrativo o emocional. Por otro lado, comprendo que la actuación de Kristin Scott Thomas es tan hipnótica y potente que parecería impensable omitir un solo segundo de su expresivo rostro y triste mirada. Pero bueno... esa es la carga del cineasta y su editor.

Entonces, Hace Mucho que Te Quiero me pareció una excelente obra que recomiendo con vehemencia, aunque no se trata del tipo de película que uno querría ver el fin de semana para pasar un rato de ameno esparcimiento con amigos o familia. Pero quienes quieran una probada de genuino drama delicado y trascendente en vez de falso y afectado, no se arrepentirán. La premisa no es del todo original, y tengo algunas dudas sobre la lógica del argumento (aunque podría ser culpa de los subtítulos en español), pero la tremenda ejecución compensa esas leves reservas y da como resultado una inspiradora experiencia cinematográfica que se queda en la memoria después de salir del cine. Finalmente, como disculpa para los fans de Miley Cyrus, diré que estoy consciente de mis prejuicios, y admito la posibilidad de que La Última Canción sea igualmente buena, y de que Cyrus sea una actriz tan extraordinaria como Kristin Scott-Thomas... pero francamente prefiero quedarme con la duda.
Calificación: 9

sábado, 17 de abril de 2010

El Eco (The Echo)

Por muchas fallas que tengan los estudios de Hollywood, no puedo negar su tenacidad. A pesar del deprimente desfile de mediocres re-makes de cintas de terror asiáticas, aún quedan compañías productoras con la audacia de filmar otro más, con la ciega esperanza de despertar nuevamente la fiebre por este sub-género, que ellos mismos se encargaron de asfixiar hace media década. O quizás la situación sea aún más grave, y El Eco no resulte ser un tardío participante en esa irrelevante carrera, sino uno de los primeros integrantes de una nueva oleada, propiciada por frescos ejecutivos y productores que estaban demasiado jóvenes para presenciar la original "invasión asiática", y que ahora piensan haber descubierto algo realmente original e interesante. Como sea, El Eco es otro fracaso en la larga lista, y no hay razón alguna para recomendarla.

Basada en la cinta filipina Sigaw (que no vi, ni deseo hacerlo), El Eco se centra en Bobby (Jesse Bradford), ex-convicto con planes de reconstruir su vida, que arruinó cuando cometió un homicidio accidental años atrás. Recién liberado, pero sin dinero ni alternativas de vivienda, el joven debe regresar el decrépito departamento de su madre, quien falleció durante los años que él estuvo en presidio. A pesar de sus pobres expectativas la vida parece sonreírle, pues reinicia su romance con la atractiva mesera Alyssa (Amelia Warner) y encuentra trabajo en un taller mecánico. Pero cuando Bobby empieza a tener visiones fantasmales, pesadillas sangrientas y visitas de una misteriosa niña, se vuelve evidente que hay un horrible secreto en el edificio, que podría poner en peligro su futuro... y el de todos los inquilinos que tienen similares experiencias.

En efecto, tenemos otro trágico protagonista enfrentando fantasmas vengativos del pasado. No es una trama nueva pero, con el talento adecuado, aún puede dar resultados interesantes, o al menos entretenidos. Sin embargo el director Yam Laranas (quien también realizó la original versión filipina) prefiere conducir la historia con irritante lentitud, de modo que durante la primera hora no ocurre prácticamente nada, y nos vemos obligados a ver al protagonista sufriendo por su soledad, discutiendo con su casero, platicando con sus vecinos... y ocasionalmente reaccionando con terror ante una visión o pesadilla. Una y otra vez. Y cuando finalmente empieza a develarse el "misterio" que oculta el edificio, resulta tan evidente que podemos adivinarlo media hora antes del anti-climático final que, yo supongo, quiso parecer "artístico" pero solo se siente abrupto y predecible.

Entre los elementos rescatables de El Eco mencionaría la sombría atmósfera del edificio embrujado, acentuada por la cinematografía que emplea tonos cálidos para balancear el seco estilo de decadencia urbana presente en cada cuadro de la película. La sensación de polvo y moho casi me hizo estornudar en el cine. Y aunque el título se refiere a un eco psíquico, también se pone mucha atención en el diseño de sonido, que explota a la perfección los distintos canales de audio para generar inquietantes susurros y bajas frecuencias que me parecieron más tenebrosas que los genéricos fantasmas de ensangrentados rostros. También aprecié el trabajo de Jesse Bradford, decente actor que hace diez años se perfilaba como un inusual ídolo juvenil con credibilidad artística. Ignoro por qué no obtuvo más fama, pero es obvio que posee talento superior al de tantos otros modelos/actores que encuentran trabajo fílmico solo por sus pectorales, y no por su desempeño histriónico. La joven Amelia Warner muestra honestidad en sus emociones y una belleza sencilla y natural que rara vez vemos en el género del horror, donde es más común encontrar "starlets" voluptuosas y artificiales. Y, finalmente, me dio gusto ver a Pruitt Taylor Vince (el Vincent D’Onofrio de los pobres) en un corto papel que me recordó su mejor trabajo en cintas como Heavy y Beautiful Girls.

Sin embargo los actores no bastan para compensar la ausencia de suspenso, el flojo “terror” ni el glacial ritmo de El Eco, y quien haya visto cualquier otra película de horror asiático no necesitará gastar tiempo en ella, pues se trata de un mediocre refrito de la misma trama, los mismos temas y hasta los mismos efectos especiales. Los (las) fans de Jesse Bradford quizás encuentren más satisfactorio ver de nuevo Bring It On o Swimfan. Y, cuando recomiendo Swimfan en vez de El Eco, significa que estamos en problemas.
Calificación: 4