jueves 26 de enero de 2012
Burke and Hare
Otro director aclamado en los ochentas que no ha hecho mucho recientemente es John Landis, más conocido por algunas excelente comedias (Coming to America, Spies Like Us), pero igualmente venerado en el género de terror por haber realizado la mega-clásica An American Werewolf in London (aunque si examinamos su filmografía veremos que el resto de sus incursiones en el horror van de lo mediocre a lo olvidable). Tras 13 años de ausencia en el cine (pero no de la televisión) regresa ahora con la cinta Burke and Hare, donde justamente combina horror y comedia en un relato basado en hechos reales (bueno, "inspirado"). Y si bien la mezcla de géneros me pareció demasiado inestable, admito que sus elementos individuales bastaron para mantenerme entretenido, aunque no podría afirmar cuál de las dos facetas de la cinta funciona mejor.
Los epónimos protagonistas de Burke and Hare son William Burke (Simon Pegg) y William Hare (Andy Serkis), dos inmigrantes irlandeses tratando de sobrevivir en la ciudad escocesa de Edimburgo a principios del siglo diecinueve. Sus intentos de comercializar un "musgo medicinal irlandés" terminan en desastre, pero casualmente se enteran de un negocio lucrativo para empresarios con pocos escrúpulos... la venta de cadáveres. Aparentemente en aquel entonces Edimburgo era "la capital europea de la medicina", con dos renombradas escuelas en constante competencia por ganar el favor de la Corona gracias a sus avanzadas técnicas médicas. Sin embargo, la enseñanza de cirugía y anatomía requiere una constante provisión de cadáveres frescos, la cual se suplía con los cuerpos de criminales recién ejecutados. Pero cuando el artero Dr. Monro (Tim Curry) usa su influencia política para acaparar esos cadáveres, su rival, el Dr. Knox (Tom Wilkinson), se ve obligado a buscar "suministros" por otros medios... y ahí es donde entran Burke y Hare, quienes inicialmente venden cuerpos de personas fallecidas por causas naturales. Pero cuando la demanda supera la oferta, deciden organizar misteriosos "accidentes" que generan más difuntos. Desafortunadamente el súbito incremento de mortalidad en los barrios bajos levanta las sospechas del paranoico Capitán McLintoch (Ronnie Corbett). ¿Cuánto tiempo podrán Burke y Hare mantener su acomodado estilo de vida con esta sórdida actividad?
Entonces, por un lado tenemos como elemento cómico las mórbidas aventuras de los atolondrados protagonistas, que no son retratados como monstruos desalmados, sino como hombres desesperados por salir adelante en un entorno económico sumamente deprimido (¿suena familiar?) Y, claro, nunca está de más un poco de motivación romántica en la forma de Ginny Hawkins (Isla Fisher), una guapa bailarina con el sueño de poner en escena una versión femenina de Macbeth. Burke queda prendado de la chica y decide financiar el proyecto, lo cual es excusa suficiente para ignorar su conciencia, más pesada con cada nuevo asesinato. Por otro lado Hare debe lidiar con su alcohólica esposa Lucky (Jessica Hynes), quien resulta tener sorprendente visión a largo plazo para el negocio de la muerte. Por el lado serio tenemos el fantástico trío de Tim Curry como el Dr. Monro, malo para la medicina, pero bueno para la política; Tom Wilkinson como el brillante Dr. Knox, cuya investigación podría salvar miles de vidas, siempre y cuando acepte la inconveniencia de financiar algunos asesinatos; y Hugh Bonneville como Lord Harrington, el aristócrata encargado de supervisar ambas escuelas de medicina como representante de la Corona. Francamente, me hubiera gustado ver una versión seria de esta historia centrada en esos personajes y sus peligrosos recorridos entre la luz de la ciencia y las sombras de la política.
Y ahí está el problema principal de Burke and Hare. Los elementos cómicos funcionan (casi siempre) gracias a las simpáticas actuaciones y sólidos instintos humorísticos de Simon Pegg y Andy Serkis, pero una y otra vez me encontré deseando que la cinta definiera mejor su carácter. En otras palabras, la comedia estorba constantemente al drama histórico, y el drama histórico se siente fuera de lugar en el contexto del humor negro empleado por Landis. Es como ver dos películas muy diferentes por el precio de una, pero mezcladas de una manera tan forzada e inconsistente que cuesta trabajo apreciar sus bondades individuales. Pero bueno... en el plano técnico Burke and Hare trasciende su bajo presupuesto con buena cinematografía (cortesía de John Mathieson), excelente diseño de producción y escenarios tan realistas que casi sentimos el lodo en los pies y la fetidez del aire en nuestra piel. Landis es definitivamente un buen director con amplia experiencia y pleno control de sus herramientas cinematográficas, pero esta vez le falló el "selector de estilos", y el resultado es una película cuya suma de aciertos no logra superar sus problemas. Podría recomendarla para fans de Landis (quienes sin duda apreciarán los cameos de figuras como Ray Harryhausen, Jenny Agutter, Christopher Lee, Costa-Gavras y Stephen Merchant, por no mencionar al auténtico William Burke), pero existen muchas otras "comedias de terror" mejor balanceadas y más graciosas que conviene re-visitar para disfrutar esta difícil, pero potencialmente satisfactoria combinación de géneros. Sin ir más lejos, An American Werewolf in London es un buen ejemplo... ojalá Landis hubiera seguido su propia receta al realizar Burke and Hare.
Calificación: 6.5
martes 24 de enero de 2012
5 Days of War
Aunque el director finlandés Renny Harlin es responsable por algunas horribles películas de las últimas décadas, no podemos ignorar sus momentos positivos, especialmente cuando no está lidiando con los altos presupuestos y grandes estrellas de Hollywood, sino dedicándose a la creación de modestas cintas independientes que siempre resultan entretenidas a pesar de sus abundantes fallas. Por eso me interesaba su más reciente obra, 5 Days of War, en la que combina su tradicional estilo de abigarrada acción con un mensaje político sincero, aunque tan obvio que se vuelve ridículo. En otras palabras: clásico Harlin.
Basada en hechos reales, 5 Days of War gira en torno a la invasión de Georgia, una de las repúblicas que ganaron su independencia tras la caída de la Unión Soviética a fines de los ochentas. Durante las siguientes dos décadas Rusia trató de ganar influencia sobre estos territorios aledaños, pero Georgia fue la que más resistió, buscando alinearse económica y políticamente con la Unión Europea. La tensión entre ambas naciones explotó en agosto del 2008, cuando tropas rusas incursionaron en territorio de Georgia, y durante los siguientes cinco días asolaron la región provocando cientos de muertes y el desplazamiento de miles de familias que perdieron sus casas y abandonaran sus comunidades. En esa terrible situación encontramos al reportero Thomas Anders (Rupert Friend) y su camarógrafo Sebastian Ganz (Richard Coyle) tratando de ayudar a la joven campesina Tatia (Emmanuelle Chriqui), quien busca desesperadamente a su familia luego de un bombardeo aéreo. Durante la búsqueda los reporteros graban actos de brutal violencia, y tratan desesperadamente de contactar a las agencias noticiosas del resto del mundo para difundir lo que está ocurriendo, y quizás crear presión política que detenga el genocidio. Mientras tanto, en el palacio nacional, el Presidente Saakashvili (Andy García) trata desesperadamente de ganar aliados en las Naciones Unidas, pero parece que a nadie le interesan los problemas de una región con poco petróleo o valor económico...
El mensaje de la película es contundente y una vez más revela la hipocresía de naciones empeñadas en "liberar" pueblos oprimidos, pero solo cuando hay algo valioso de por medio. La república de Georgia (al igual que Rwanda, Armenia y Bosnia) no tiene mucho valor estratégico o económico, y por lo tanto no mereció la atención de quienes podrían haber hecho algo para ayudarla. Habiendo dicho eso, el libreto de 5 Days of War exagera tanto su postura política que termina sintiéndose como burda propaganda, traicionando sus deberes de thriller político (o simple cinta de acción) para repetirnos una y otra vez el heroísmo del Presidente Mikheil Saakashvili, el salvajismo de la milicia rusa (integrada en gran parte por mercenarios y ex-criminales), y la indiferencia de las Naciones Unidas. Claro que hay una buena razón para estas exageraciones... 5 Days of War fue parcialmente financiada por el gobierno de Georgia, y supongo que el director Renny Harlin tuvo que aceptar muchas "sugerencias" de sus benefactores para pintarlos como ángeles y mártires rodeados de demonios. Pero bueno, por el lado amable este patrocinio permitió el uso de auténticas locaciones y genuino "hardware" militar, de modo que las escenas de acción son muy impresionantes, con auténticos helicópteros, tanques y aviones rusos atacando sus objetivos, en vez de los baratos efectos digitales que veríamos en una típica cinta directa a DVD.
Desafortunadamente el drama humano no es resultó tan interesante como la acción, aunque se nota el esfuerzo de los actores por capturar el horror, confusión y angustia de vivir en el pesadillesco entorno de la guerra. Hay algunos nombres famosos en los créditos de 5 Days of War, pero generalmente están relegados a papeles cortos. El mejor ejemplo es Heather Graham, prominentemente mencionada en la caja del DVD aunque su participación se limita a los primeros dos o tres minutos de la cinta. Val Kilmer tiene varias escenas, pero sigue siendo un personaje secundario, y lo mismo aplica a Andy García como el presidente de Georgia, cuyas escenas seguramente se filmaron en uno o dos días (me abstendré de comentar sobre su ridículo acento ruso). Los protagonistas reales son Rupert Friend, Emmanuelle Chriqui y Richard Coyle, perfectamente funcionales como encarnación de clichés vivientes, pero no necesariamente poseedores de suficiente personalidad o carisma para sostener el interés del espectador durante dos horas.
Quizás con un director más prestigioso y actores de mayor renombre, 5 Days of War pudo ser uno de esos dramas políticos con múltiples nominaciones al Óscar para demostrar la conciencia social de "la Academia". Pero en manos de este modesto director logró al menos ser una sólida "película B" que cumple su propósito de entretenernos, ilustrarnos un poco sobre una negra página de la historia moderna, y emocionarnos con algunas sólidas escenas de acción y suspenso mientras seguimos a los reporteros en su transición de simples observadores a héroes humanitarios. Como sea, la película no es muy creíble, y su rimbombante retórica política dificulta tomarla en serio, pero siento que merece una tímida recomendación porque al menos aspiró a trascender la baja ambición habitual este particular nicho cinematográfico. Además... ¿Val Kilmer en un baño de burbujas? ¿Quién podría resistirse a eso?
Calificación: 7
domingo 22 de enero de 2012
El Examen (Exam)
En general me gustan las historias "embotelladas" (es decir, limitadas a una sola locación) pues, cuando están bien realizadas, logran destilar la esencia misma del arte teatral, capturando nuestra atención con simples palabras, actuaciones y sobre todo una fuerte narrativa. En años recientes hemos visto un resurgimiento de este estilo cinematográfico (quizás como reacción natural contra la tendencia general al "cine espectáculo" de Hollywood), y aunque dichas cintas no siempre sean sobresalientes o memorables, al menos garantizan una experiencia diferente, más ambiciosa en el plano intelectual, y más simple en el visual. La nueva (no tan nueva) cinta británica El Examen encaja en esa descripción, partiendo de una premisa ingeniosa pero fallando a lo largo del camino por tergiversar demasiado su argumento y no seguir sus propias reglas. Aún así ofrece algunas ideas interesantes y buenas observaciones sobre los peligros del sistema económico contemporáneo.
Los noventa minutos de El Examen transcurren en una oficina engañosamente simple, con sillas y mesas, pero sin ventanas, a donde llegan ocho candidatos para una inusual entrevista de trabajo, donde sus únicos materiales son sendos lápices y hojas de papel. Aparentemente este es el paso final de un largo y difícil proceso de selección, y quien resulte elegido tendrá un envidiable trabajo con increíble sueldo y prestaciones. Sin embargo no queda claro en qué consiste la entrevista, pues el estricto supervisor (Colin Salmon) los deja solos tras impartir una bizarra lista de instrucciones (por ejemplo, nadie debe "arruinar" su hoja de papel, ni tratar de salir del cuarto, ni entablar comunicación con el guardia que los vigila). Entonces, sin saber qué se espera de ellos, los candidatos (identificados tan solo por sus características físicas: rubia, morena, blanco, negro, etc.) empiezan a proponer teorías sobre el camino a seguir... y sobra decir que la cooperación degenera rápidamente en traiciones, agresión y hasta violencia, de modo que no solo está en juego el empleo, sino sus vidas mismas...
Me gusta la premisa, y definitivamente hay algunos buenos actores en el reducido elenco, pero el libreto (escrito por el director Stuart Hazeldine) avanza irregularmente entre clichés predecibles y giros incongruentes, hasta llegar a un torpe final que comete el error de introducir elementos casi fantasiosos para justificar algunas de sus más ridículas situaciones. No solo parece un taimado truco para crear sorpresa artificial, sino que arruina la experiencia del espectador que trataba de resolver el misterio al mismo tiempo que los personajes... solo para darse cuenta al final de que no había manera de resolverlo lógicamente, sino solo con las trampas del guionista. Mis disculpas si esto suena confuso, pero obviamente no deseo revelar más de lo necesario, y arruinar lo poco que ofrece esta contradictoria película. Después de todo, la tolerancia y expectativas que cada quien tenga hacia este tipo de "acertijos cerebrales" podría cambiar por completo su opinión de la obra.
A fin de cuentas puedo darle una leve recomendación a El Examen, pues si bien resulta ocasionalmente aburrido su desarrollo y frustrante su conclusión, debo admirar la audacia del planteamiento narrativo y la dirección que nunca se siente estática o repetitiva a pesar de las limitaciones de su escenario. Habiendo dicho eso, puedo recordar muchas otras películas "minimalistas" que me parecieron más interesantes, entretenidas o ingeniosas (por ejemplo, Buried, Cube y Black Water), así que definitivamente hay mejores alternativas para disfrutar esta moda cinematográfica, que desde luego es más difícil de lo que parece. Y, claro, también hay peores muestras, así que al menos debemos darle crédito a El Examen por haber logrado bastante con muy poco. Si tan sólo se hubieran esforzado más...Calificación: 6.5
sábado 21 de enero de 2012
Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo (Spy Kids: All the Time in the World in 4D)
Las cintas Spy Kids y Spy Kids 2: Island of Lost Dreams me gustaron mucho porque capturaron el tono y sensibilidad del mejor cine infantil, travieso y subversivo pero sin caer en la vulgaridad y sin insultar la inteligencia de su público. La tercera cinta (Spy Kids 3-D: Game Over) estiró demasiado el concepto y perdió el foco en los personajes, quienes eran lo mejor de la saga; y ahora la cuarta película, Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo, trata de revivir la franquicia con una nueva familia de espías, algunos viejos conocidos y un argumento potencialmente creativo que, sin embargo, no logró aprovecharse con el ingenio que yo esperaba. En resumen: parece una barata secuela directa a DVD tratando de explotar la nostalgia de las previas películas, pero sin alcanzar el mismo nivel de humor y energía.
Al principio de la cinta vemos en acción a Marissa Wilson (Jessica Alba), experta agente de la organización OSS que no se detiene ante nada para cumplir su misión... ni siquiera su avanzado embarazo. Pero cuando nace su bebé, Marissa decide abandonar la peligrosa profesión de espía para pasar más tiempo con su esposo Wilbur (Joel McHale) y sus hijastros Cecil (Mason Cook) y Rebecca (Rowan Blanchard), ninguno de los cuales conoce su emocionante pasado. Sin embargo, cuando el villano Time Keeper empieza a acelerar el tiempo para llegar más rápido al fin del mundo, Marissa es reclutada nuevamente por su jefe Danger D’Amo (Jeremy Piven) para detener la catástrofe. Y cuando los esbirros de Time Keeper atacan el hogar de la familia Wilson, los niños se dan cuenta del secreto que guarda un collar especial, y se ven obligados a ayudar en la misión con el apoyo de su perro robótico Argonauta (voz de Ricky Gervais). ¿Podrán superar sus conflictos fraternales para cooperar y salvar al mundo? ¿Y podrán perdonar a su madrastra por mentirles durante todos estos años?
Primero lo bueno: Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo ofrece un buen ensamble de actores para interpretar a esta nueva familia de espías, empezando por los niños Rowan Blanchard y Mason Cook, quizás menos energéticos y vivaces que los originales, pero aún así simpáticos y espontáneos. En el papel de sus padres, Jessica Alba y Joel McHale forman buena pareja y mantienen una interacción natural y creíble, sin exagerar los momentos humorísticos ni forzar sus emociones durante las obligatorias escenas de conflicto familiar (¡Oh, no! ¡El padre trabaja mucho y no tiene tiempo para pasar con sus hijos! ¡Los niños extrañan a su madre biológica y resienten la llegada de la nueva esposa de su padre!) Generalmente no soy fan de las actuaciones de Jessica Alba, pero reconozco que por fin encontró su nicho... cine familiar construido con clichés fácilmente asimilables que no requieren actuaciones serias ni talento significativo. Parece un insulto, pero en realidad me gustó su trabajo y su buena disposición tanto para las escenas "dramáticas" como para las secuencias de acción. Sin embargo (en mi humilde opinión), quien se roba la película es el perro Argonauta, en parte por al encanto y habilidad del animalito, y en parte por la hilarante voz de Ricky Gervais, siempre listo con el comentario perfecto para acentuar el humor de la escena o para satirizar las fórmulas que recicla el libreto (sobra decir que recomiendo la versión subtitulada, y no la doblada). Tampoco diré que me hizo reír constantemente, pero en una cinta tan blanda como Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo, definitivamente tiende a destacar cualquier cosa con un poco de "actitud" adicional (perdón por usar esa palabra).
Por lo demás, la cinta es básicamente lo que esperamos de la fábrica casera de Robert Rodríguez: efectos especiales de baja calidad pero alta imaginación; lecciones didácticas sobre apoyo familiar y unidad entre hermanos; y un agradecido mensaje sobre el valor de la inteligencia por encima de los "gadgets" y demás tecnología que abunda en esta saga. En cuanto a Rodríguez mismo, su dirección es tan ágil como siempre, aunque se nota un cierto desinterés en la franquicia, como si la cuarta parte fuera tan solo una cláusula en su contrato con Dimension Films, o una fuente rápida de dinero para financiar su siguiente capricho digital. De cualquier modo supongo que puedo recomendarla como casual entretenimiento familiar apto para pasar un rato agradable durante el fin de semana; pero creo que sería más divertido revisitar las primeras dos películas y apreciar lo que en aquel entonces logró Rodríguez con menos dinero, menos tecnología, y más entusiasmo. O, para el caso, también recomiendo la poco vista Shorts (del mismo director) como cine familiar exuberante y creativo que no necesita respaldo de tres previas películas para capturar nuestra atención (y nuestro dinero). Y, bueno, sobra decir que incluso con sus fallas y ocasional apatía, Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo es más entretenida y coherente que The Adventures of Sharkboy and Lava Girl. Supongo que sirvió la lección y Rodríguez ya no deja que sus hijos escriban los guiones de sus películas.
Calificación: 6.5 (sería 6 sin Ricky Gervais)
viernes 20 de enero de 2012
La Chica del Dragón Tatuado (The Girl with the Dragon Tattoo)
No sé qué tan necesario era este re-make, pero algo es cierto: eligieron al director perfecto para llevar a la pantalla el famoso libro de Stieg Larsson, cuyos sórdidos elementos podrían haber degenerado en un festín de excesos (tal como amenazan los sobre-producidos créditos iniciales); pero bajo la segura mano de David Fincher, La Chica del Dragón Tatuado mantiene un tono sobrio y controlado que lentamente incrementa la presión hasta su memorable final. Y, claro, la selección de actores fue tan buena que casi me hizo olvidar al elenco original. Casi.
La Chica del Dragón Tatuado sigue una tardía investigación sobre el asesinato de la joven Harriet Vanger (Mathilda von Essen), ocurrido a fines de los sesentas en la pequeña isla Hedeby, donde reside una familia de acaudalados industrialistas suecos. El patriarca Henrik Vanger (Christopher Plummer) lleva cuarenta años obsesionado con la desaparición de su sobrina favorita, y comisiona al reportero Mikael Blomkvist (Daniel Craig) para re-abrir la investigación y buscar pistas que la policía pudiera haber pasado por alto en aquel entonces. Blomkvist no tiene muchos deseos de aceptar el trabajo, pero finalmente decide hacerlo para distraerse de ciertos problemas legales que tuvo con un corrupto empresario que lo acusó de difamación. Y así empieza el reportero con su metódico análisis de fotografías, periódicos y entrevistas con testigos que estuvieron en la isla durante aquel fatídico día hace cuatro décadas. Paralelamente vemos las aventuras de la joven Lisbeth Salander (Rooney Mara), "hacker" antisocial con un turbulento pasado, cuya habilidad para la investigación la acerca gradualmente a la misión de Blomkvist, hasta que terminan colaborando en la búsqueda del asesino. Pero quizás encontrarán algo mucho más peligroso que la aislada desaparición de una adolescente sueca...
Como primera parte de una trilogía, La Chica del Dragón Tatuado se toma su tiempo para establecer a los personajes, no solo en sus actitudes y carácter, sino en los muy distintos entornos que los rodean; y aunque el misterio de Harriet es bastante interesante, lo mejor de la película es conocer gradualmente a Mikael y Lisbeth, contrastando sus métodos, personalidades, y las reacciones que tienen ante los descubrimientos de la investigación. Daniel Craig posee la rara habilidad de "pensar en cámara", dejándonos ver en sus ojos el movimiento de los engranes cerebrales que van conectando las pistas hasta llegar a su inevitable conclusión. Por su parte, Rooney Mara enfrenta con aplomo el difícil papel de Lisbeth Salander, y aunque el libreto del sobrevalorado Steven Zaillian altera un poco al personaje, creo que la actuación respeta lo establecido en la novela al mismo tiempo que añade la interpretación particular de la actriz, quizás un poco más suave que Noomi Rapace en la original, pero igualmente intensa y creíble. El elenco secundario también brilla hasta en las más cortas participaciones, destacando como valiosas adiciones Steven Berkoff en el papel de Dirch Frode, secretario personal de Henrik Vanger, cuya lealtad no logra disimular el desagrado de remover tragedias pasadas; y Yorick Van Wageningen como el guardián legal de Lisbeth, un papel ingrato y desagradable que el actor logra humanizar a pesar de sus horrendas acciones.
En lo que respecta a Fincher, disfruté mucho su habitual despliegue de escenas meticulosamente planeadas, pero sin extinguir la espontaneidad de las actuaciones ni la tensión de los diálogos. Para fans de la novela o la película original (como yo), advierto que hay algunos cambios sustanciales en esta nueva interpretación, pero de ninguna manera hacen la película "peor" o "mala"; simplemente distinta, y quizás en algunos casos facilitan el flujo narrativo evitando distracciones que funcionaban mejor en el libro, pero que quizás no había tiempo para cubrir en esta película, ya de por sí bastante larga. Lo cual me lleva a la posible razón por la que La Chica del Dragón Tatuado no tuvo el éxito económico que merecía; con dos horas y media de duración puede parecer demasiado lenta para quien espera un típico thriller hollywoodense lleno de acción y violencia. Admiro que Fincher posea la convicción de mostrar durante largos ratos a los personajes en pasiva reflexión, o mirando pensativamente la pantalla de su computadora... pero quizás no todas las audiencias aceptarán el reto de prestar atención a cada detalle de la investigación, y terminarán aburriéndose porque la película se niega a darnos el argumento pre-digerido para nuestra comodidad. O quizás la cinta no tuvo éxito simplemente porque ya existe una perfecta adaptación cinematográfica de esta misma historia, y mucha gente consideró redundante una nueva versión, por buena que fuera.
Como sea, creo que puedo recomendar La Chica del Dragón Tatuado pues, independientemente del libro o la cinta original, posee suficientes atributos narrativos, visuales y técnicos para garantizar el entretenimiento del espectador, siempre y cuando pueda tolerar el pausado ritmo y sistemático desarrollo de una historia fundamentada en observación y deducción, donde tenemos pequeños descubrimientos incrementales en vez de grandes escenas dramáticas culminadas por una gran revelación final. Bueno, sí existe una revelación final pero, como dije antes, lo importante es disfrutar el desarrollo y la química entre los personajes. En cuanto a las dos partes restantes de la trilogía, veremos si el éxito de La Chica del Dragón Tatuado justifica la realización de dos secuelas y, sobre todo, si Fincher decide tomar un proyecto tan ambicioso (y tan difícil, pues la estructura de ambas es más complicada que la de esta primera parte). Y en caso de que no sea así, no importa tanto, pues ya tenemos este interesante experimento para demostrar que Fincher aún puede encontrar perspectivas novedosas en un género que él mismo ayudó a crear con sus célebres obras pasadas. Después de todo, si pudo hacer Facebook interesante, no debería extrañarnos que ahora logre cautivarnos con dos horas y media de fotos viejas y amarillentos periódicos.
Calificación: 8.5
martes 17 de enero de 2012
Diario de un Seductor (The Rum Diary)
Allá por el año 1998 la película Fear and Loathing in Las Vegas (del legendario director Terry Gilliam) usó un exuberante estilo y surrealistas imágenes para capturar la prosa del novelista y reportero Hunter S. Thompson, interpretado con febril energía por Johnny Depp. No puedo decir realmente que sea una gran película, pero sin duda es una de mis experiencias cinematográficas favoritas (aunque a veces me da dolor de cabeza). Por esa razón mis expectativas sobre Diario de un Seductor resultaron demasiado elevadas y, en retrospectiva, fue un error esperar "Fear and Loathing 2: Puerto Rico". En vez de eso, el director Bruce Robinson (más conocido como guionista de cintas como The Killing Fields, In Dreams y Jennifer Eight) nos entrega una especie de "precuela" donde conocemos a Thompson (o al menos a su alter-ego "Paul Kemp") durante sus primeros días como reportero en tierra extraña, sumergiéndose en sus vicios y tratando de usar su voz literaria con fines humanitarios... si es que las borracheras y las chicas le dejan tiempo suficiente.
Basada en la novela semi-autobiográfica The Rum Diary, Diario de un Seductor comienza en 1960 con la llegada de Paul Kemp (Johnny Depp) a San Juan, capital de Puerto Rico, con la esperanza de obtener empleo en el periódico norteamericano local, dirigido por el irascible Sr. Lotterman (Richard Jenkins). Kemp obtiene el trabajo, no tanto por su talento, sino porque el periódico está en bancarrota y su director necesita alguien confiable que se ocupe de trivialidades diarias, como reportar torneos de boliche o escribir la sección de horóscopos. Lamentablemente Kemp no es muy confiable, y su dedicación al alcohol solo se amplifica cuando conoce a los demás empleados (y ex-empleados) del diario, incluyendo al fotógrafo Bob Sala (Michael Rispoli) y al borracho profesional Moburg (Giovanni Ribisi). Sin embargo, su instinto periodístico olfatea una buena historia cuando conoce a Hal Sanderson (Aaron Eckhart), un taimado millonario con deshonestos planes para explotar comercialmente las playas de la isla. Entonces Kemp y su tropa de ineptos se dan a la tarea de investigar el asunto, lo cual consiste en beber mucho, seducir a Chenault (Amber Heard), la novia de Sanderson, y hacer enojar al sufrido Lotterman.
Para ser honestos no conozco la novela en la que se basa la película, pero he leído suficientes escritos de Hunter S. Thompson para saber que, en efecto, tienden a ser difusos y enmarañados. En ese aspecto, supongo que Diario de un Seductor cumple su propósito, pues la trama vaga sin rumbo durante largos ratos, dividiendo su atención entre escenas inconexas y sub-tramas innecesarias. Sin embargo, la prosa de Thompson era lo suficientemente colorida y contundente para invitarnos a seguir leyendo, incluso cuando extraviaba su camino original; pero esa fascinante cualidad se perdió en esta adaptación cinematográfica, de modo que la película degenera casi de inmediato en un cansado y aburrido desfile de escenas carentes de energía o interés. Por suerte Johnny Depp saca a pasear nuevamente su confiable imitación de Hunter S. Thompson, y su habitual carisma hace parcialmente tolerables las casi dos horas de la película; y también ayuda mucho su familiaridad con el humor del finado autor, el cual le permite decir con hilarante seriedad frases como "Su cabeza se atravesó en el camino de nuestras flamas".
Por lo demás, la cinta es visualmente atractiva, capturando la exótica atmósfera de la isla (aunque las peleas de gallos me agriaron bastante la experiencia) junto con la textura visual del cine sesentero. Y, bueno, a riesgo de parecer sexista, debo incluir como parte del atractivo la presencia de la guapa Amber Heard en un papel que no me queda claro si es un simple objeto sexual para satisfacer las fantasías autobiográficas de Thompson, o si pretende ser una exageración satírica de la clásica "mujer fatal", invariablemente peligrosa, llena de secretos, y siempre atraída por el "chico malo", ya sea un perverso millonario o un reportero alcohólico fácilmente manipulable (si bien confieso que no me preocupó definirla cuando la vemos bailando seductoramente durante el Carnaval de San Juan).
Entonces, no sabría cómo evaluar Diario de un Seductor (no por su título en español, seguramente). Como comedia tiene algunos buenos momentos, pero globalmente no es muy graciosa; como romance es totalmente inverosímil; y como "thriller tropical" (por llamarle de algún modo) carece de suspenso, coherencia o una estructura que sepa explotar la lucha del reportero rebelde contra el corrupto empresario. Y aún si tomáramos todos esos elementos como simples adornos de una biografía sincera y personal, tampoco encontré suficiente introspección en la personalidad de Thompson (perdón, "Kemp") para salir del cine con un mejor entendimiento de este controversial escritor. Solo queda entonces clasificarla como un capricho artístico de Johnny Depp para honrar la memoria del escritor, quien aparentemente fue su amigo antes de su suicidio en el 2005. Quizás este experimento pueda resultar interesante para fanáticos incondicionales de Depp o para estudiosos de Hunter S. Thompson; pero para audiencias casuales será probablemente una tediosa decepción parcialmente redimida por el carisma de su actor principal y por algunas risas bien ganadas por el elenco secundario. O tal vez el secreto sea verla en un estado de intoxicación similar al de los personajes; quizás así realmente parezca "Fear and Loathing 2: Funny Spanish"; pero prefiero quedarme con la duda.
Calificación: 6
lunes 16 de enero de 2012
Vengador Anónimo (Seeking Justice)
No tenía intención de ver Vengador Anónimo, pero por azar me encontré cerca del cine con un par de horas libres y en el momento correcto, así que decidí arriesgarme... ¿qué tan mala podría ser? La publicidad y el título sugerían un típico relato de venganza personal en el más puro estilo del cine B, y además aparece en ella Nicolas Cage, quien es un buen actor cuando quiere... aunque resulta más divertido cuando no quiere. Para mi sorpresa, la película desafió mis bajas expectativas con un argumento más ambicioso de lo esperado, y aunque eventualmente se enreda demasiado para su propio bien, rara vez me pareció aburrida o predecible. Digamos que de todos modos me decepcionó, pero no como yo pensaba.
Al principio de Vengador Anónimo conocemos a Will Gerard (Nicolas Cage) y su esposa Laura (January Jones). Él es profesor de literatura y ella toca el violonchelo en una orquesta sinfónica de Nueva Orleans. La vida del matrimonio parece perfecta... hasta que Laura es brutalmente violada al salir de un concierto. Mientras la traumatizada mujer se recupera en el hospital, un misterioso individuo llamado Simon (Guy Pearce) le pregunta a Will si le gustaría que alguien matara al hombre que violó a su esposa. A cambio, Will le deberá un favor a Simon. El abrumado esposo acepta la extraña proposición, y unas horas después recibe confirmación de que el violador está muerto. Seis meses después Laura está recuperándose del trauma y sus vidas parecen volver a la normalidad; y entonces aparece Simon exigiendo a Will el favor prometido, el cual, obviamente, consiste en matar a otro criminal que ha evadido la ley. ¿Logrará este simple maestro de escuela cumplir su parte del trato? Y, ¿cuál es el auténtico propósito de Simon y la siniestra organización que representa?
El concepto me pareció muy interesante... una especie de thriller híbrido, construido con partes de Fight Club, Straw Dogs y Strangers on a Train. La mezcla funciona bastante bien hasta la mitad de la película, cuando entramos a terrenos conspiratorios que rápidamente se vuelven confusos, inverosímiles y hasta ridículos (¿de qué lado está el policía interpretado por Xander Berkeley? No tengo idea) Sin embargo, el director Roger Donaldson (técnicamente competente pero carente de visión personal) mantiene un ritmo ágil que nos impide cuestionar más de la cuenta las incongruencias del libreto y nos invita a aceptar las aventuras del protagonista, lo cual no es difícil, pues Nicolas Cage muestra sorprendente moderación y disciplina en su interpretación de un hombre normal atrapado en circunstancias extraordinarias. No diré que sea una gran actuación, pero aprecio que no se comporte como un maniático escapado del manicomio en todas las escenas (solo en algunas). January Jones cubre eficientemente su ingrato papel de esposa atormentada, mientras que Guy Pearce exuda suficiente misterio para confundirnos sobre sus auténticas motivaciones.
Entonces podríamos decir que el libreto de Vengador Anónimo es simultáneamente lo mejor de la película y su principal obstáculo, pues comienza con una sólida idea, la desarrolla bien durante un rato, pero pierde el rumbo y el foco narrativo durante su segunda mitad, hasta llegar a un final flojo y demasiado conveniente... en el Superdome de Nueva Orleans (no pregunten). En cuanto a la acción, hay un par de modestos stunts, peleas y persecuciones cuya relativa simplicidad traicionan su bajo presupuesto (aunque me gustó la escena de "suspenso gramatical"). En lo personal no me importó esta falta de espectáculo, pero supongo que podría molestar a quienes esperaban una película más "Hollywood".
De cualquier modo puedo recomendar Vengador Anónimo, no necesariamente en el cine, sino como casual entretenimiento en TV, Netflix o cualquier otra forma de distribución digital que no exija mucho dinero o esfuerzo. Por otro lado, si quieren ver mejores películas sobre venganza, sugiero buscar Oldboy, I Spit on Your Grave (para el ángulo femenino de una trama similar) o, ¿por qué no? la clásica Death Wish, también titulada "Vengador Anónimo" en español (aunque nada tenga que ver una con la otra). Honestamente creo que esta historia hubiera funcionado mejor como una barata producción directa a DVD enfocada en el suspenso y las actuaciones; o tal vez como una gran “película evento” luciendo costosas secuencias de acción. Pero bueno... esta versión intermedia resultó mejor de lo que esperaba, y sin duda pudo ser mucho peor, así que tuvimos suerte. Con Nicolas Cage es difícil predecir estas cosas.
Calificación: 6.5
domingo 15 de enero de 2012
Caballo de Guerra (War Horse)
Me gustan mucho los animales, y por eso desde niño me interesaban todos los libros y películas sobre aventuras cuadrúpedas, aladas y acuáticas, las cuales (viéndolo en retrospectiva) estaban generalmente construidas con las mismas fórmulas y clichés. Creo que ese considerable "equipaje emocional" acumulado a lo largo de varias décadas me impidió disfrutar Caballo de Guerra tanto como lo merecería su inspiradora historia y asombrosa manufactura, que emula por igual los épicos "westerns" de John Ford, los elegantes dramas de Victor Fleming y los melodramas bélicos de Howard Hawks.
La trama de Caballo de Guerra comienza con el nacimiento de Joey (interpretado por Finder y otros 13 caballos), el protagonista equino que seguiremos durante varios años, desde su entrenamiento como animal de tiro en la granja de la familia Narracott, donde forma un fuerte lazo con el joven Albert (Jeremy Irvine); hasta sus azarosas aventuras durante la Primera Guerra Mundial, donde vivió los horrores del combate en ambos lados del conflicto. Al mismo tiempo vemos cómo Albert se enlista en el ejército para intentar reunirse con su caballo, y descubre que la vida en el campo de batalla es muy distinta a la de la granja.
Como pocos directores, Steven Spielberg sabe "oprimir los botones" de la audiencia, provocando sin dificultad alguna las apropiadas reacciones emocionales que elevan la historia y nos permiten sumergirnos en las aventuras de sus personajes. Sin embargo, con un relato tan obviamente manipulador como Caballo de Guerra, el talento de Spielberg se vuelve un poco redundante y, en mi humilde opinión, nos satura rápidamente con escenas y situaciones diseñadas para conmovernos a pesar de sentirse un poco forzadas y convenientes. En otras palabras: por empeñarse tanto en hacernos llorar, el director a veces produce el efecto contrario. O tal vez fue simplemente que mi cinismo de multiplicó como mecanismo de defensa contra el embate sentimental de la película. No sé... ustedes decidan.
Lo que definitivamente me dejó impresionado fue la impecable producción de Caballo de Guerra. El legendario cinematógrafo Janusz Kaminski (colaborando por decimotercera vez con Spielberg) se esmera por lograr que cada cuadro sea un primoroso paisaje pastoral, o un dramático retrato del atractivo elenco (incluyendo a Joey), o una dinámica composición militar rebosante de energía y detalle histórico. Y desde luego debo aplaudir el trabajo del estudio Framestore en las épicas escenas de acción que duplican la escala e intensidad de Saving Private Ryan (sin sangre, por supuesto... Caballo de Guerra es estrictamente PG-13), pero en el más primitivo y visceral entorno de la Primera Guerra Mundial. Y aunque los caballos digitales no siempre logran engañarnos, me alegra que hayan empleado esa técnica para evitar poner en riesgo animales reales durante los más extremos momentos de acción o crueldad. Además, mención honorífica para el estudio Neil Corbould SFX por su caballo animatrónico, absolutamente indistinguible de su contraparte orgánica.
Entonces, volviendo a mi punto inicial, la trama me pareció un poco floja, afectada y predecible; y con más de dos horas de duración, podemos esperar algunos pasajes lentos o repetitivos. El drama humano no funciona tan bien como debería y se ve opacado por el que se desarrolla entre los caballos (aunque podría ser una decisión intencional del director). Sin embargo, para niños y jóvenes que no conocieron aquellas "aventuras del mundo natural" producidas por Disney o Coronet Films en los sesentas y setentas, Caballo de Guerra será una impresionante sorpresa (quizás demasiado impresionante para niños pequeños) llena de aventuras, emoción y ciertamente tristeza por el maltrato de los animales durante tiempos de guerra (por si no bastara el maltrato en circunstancias "normales"). En el contexto de la filmografía de Steven Spielberg me pareció buena, pero muy distante de su mejor trabajo. No obstante, amerita una recomendación no solo por sus altos valores de producción y considerable nivel de entretenimiento, sino como argumento para reforzar mi preferencia por los animales sobre las personas. Como si necesitara más razones...
Calificación: 8
sábado 14 de enero de 2012
Tenemos que Hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin)
Tenía cierta idea sobre el argumento de Tenemos que Hablar de Kevin, pero lo que no esperaba es el increíble estilo narrativo empleado por la directora Lynne Ramsay para contar esta historia sobre una familia cuya aparente normalidad esconde profundas y peligrosas vetas de disfunción que eventualmente terminan en tragedia. Tanto por su tema como por su ritmo podría decirse que Tenemos que Hablar de Kevin ofrece una perspectiva complementaria de la cinta Elephant (de Gus Van Sant), pero al mismo tiempo me recordó la ultra-realista sensibilidad de Ken Loach, donde hasta los momentos más prosaicos toman alto peso emocional cuando terminamos de armar las piezas del rompecabezas dramático que poco a poco nos entrega el director (o directora). En ese sentido me pareció una obra sobresaliente, aunque definitivamente no es el tipo de experiencia que ofrece simple entretenimiento, sino una sensación de dolor y sorpresa difícil de olvidar.
El argumento de Tenemos que Hablar de Kevin (basado en una novela de Lionel Shriver) nos relata en forma no lineal la vida de la familia Khatchadourian, desde el nacimiento de su hijo Kevin (interpretado por Jasper Newell de niño y Ezra Miller como adolescente) hasta el presente, cuando el joven está encarcelado por algún horrible crimen, y su madre Eva (Tilda Swinton) sufre los reproches de la sociedad que la considera responsable por los actos de su hijo. Y así, como espías atemporales, presenciamos aquellos momentos familiares que por sí mismos no parecen tener mucha relevancia, aunque en conjunto revelan la transformación de un "niño problema" en un adolescente agresivo con funesto potencial de violencia. ¿Es culpa de la madre? ¿O fue ella tan solo otra víctima de un individuo cruel y manipulador?
A veces me dan desconfianza las películas con una estructura caprichosa que saltan hacia adelante y atrás en el tiempo, pero en este caso la forma contribuye poderosamente al fondo, armando la historia de manera casual hasta que nos abruma con la enormidad de lo que estamos presenciando. Además, el título de la cinta se vuelve arteramente irónico cuando consideramos que Tenemos que Hablar de Kevin tiene pocos diálogos, y sus más intensas escenas son mudas pero repletas de significado en simples miradas, expresiones y lenguaje corporal. Rara vez podremos ver una obra tan magníficamente dirigida, donde cada escena aporta un nuevo ángulo a la trama, y no hay elemento que se haya ignorado como herramienta de la narrativa global. Lo cual, desde luego, incluye la ecléctica banda sonora, integrada por canciones que a veces contrastan fuertemente con las imágenes que acompañan, causando una respuesta visceral; mientras que en otras ocasiones funcionan como irónicos acentos que establecen perfectamente el melancólico tono de la cinta.
Sin embargo, la piedra puntal de la película es Tilda Swinton, en una de las mejores actuaciones de su carrera (lo cual ya es decir bastante). Este es el tipo de actuación que realmente captura al espectador, pues de algún modo nos transmite la turbulencia interna del personaje en su aparentemente impasible rostro y calmada actitud. Los demás actores son también sobresalientes (en particular los niños y adolescentes que interpretan a los hijos), pero la cinta es definitivamente de Swinton y, en mi humilde opinión, la pondría en el elevado nicho que el año pasado ocupó Natalie Portman en Black Swan. Simplemente no había visto una mejor actuación femenina (o masculina, para el caso) desde entonces. Obviamente todos estos halagos justifican una entusiasta recomendación para Tenemos que Hablar de Kevin, aunque advierto de nuevo que no es una película fácil ni divertida; no es uno de esos dramas catárticos que nos hacen llorar un poco y nos dejan satisfechos al salir del cine; por el contrario, incluso podría ser algo deprimente por mostrar una faceta de la sociedad cuya existencia conocemos pero preferimos ignorar. En resumen, una extraordinaria película que no quiero volver a ver jamás, a menos que sea en "clips" cuando Swinton gane el Óscar.
Calificación: 10
viernes 13 de enero de 2012
La Última Noche de la Humanidad (The Darkest Hour)
La nueva película La Última Noche de la Humanidad me pareció notablemente mala, pero debo reconocer esto: su mera existencia hace que otros recientes relatos sobre invasiones extraterrestres parezcan buenos en comparación. Y si bien eso no es razón suficiente para verla, al menos sirve como triste consuelo para quienes desperdiciamos hora y media en esta farsa carente de suspenso, originalidad o ingenio.
La trama sigue a dos programadores norteamericanos de visita en Moscú para finalizar un importante negocio, el cual falla estrepitosamente. Para curar su depresión, ambos jóvenes deciden asistir a un club nocturno, donde conocen a dos guapas turistas con las que entablan amistad de inmediato (aunque sea porque hablan el mismo idioma). Pero cuando apenas empieza la diversión hay un corte eléctrico, aparentemente provocado por un extraño fenómeno electromagnético en el cielo sobre Moscú... el cual resulta ser preámbulo de una invasión de etéreas criaturas extraterrestres semi-invisibles que proceden a desintegrar humanos a diestra y siniestra. Los cuatro jóvenes logran refugiarse en el fondo del club, y cuando finalmente emergen varios días después, encuentran la ciudad desierta y ocasionalmente patrullada por los invisibles invasores, a quienes solo pueden detectar por las perturbaciones eléctricas que generan a su paso. Entonces, sin conocer el rostro del enemigo, y extraviados en una ciudad extraña, el cuarteto (junto con otros esporádicos sobrevivientes) tratarán de escapar a algún lugar seguro. Pero... ¿acaso quedará algún lugar seguro en este mundo invadido?
Quizás en manos de un cineasta más talentoso el concepto de los aliens invisibles tendría mayor potencial, pero el director Chris Gorak (dando un gran paso atrás después de la sólida Right at Your Door) parece usarlo como excusa para ahorrar dinero en efectos especiales. Y, aceptémoslo, los efectos especiales tienden a ser el único elemento rescatable en muchas películas de este tipo (ejemplo reciente: Skyline). Entonces, sin muchos adornos visuales ni personajes interesantes, o siquiera un argumento inteligente, La Última Noche de la Humanidad nos deja a la deriva en su lerda narrativa sin algo a lo que pudiéramos aferrarnos para mantener nuestra atención.
Para empeorar las cosas, los protagonistas son huecos y previsiblemente antipáticos (¿se supone que debemos preocuparnos por ellos solo porque son norteamericanos perdidos en Rusia?), por no mencionar estúpidos, cosa que sus diálogos confirman repetidamente ("Los invasores vienen con un plan" "Sí... ¿y cuál es el nuestro?") Los esfuerzos de los guionistas (¿tomó tres personas escribir esto?) por explotar la naturaleza electromagnética de los aliens bordean en lo ridículo, o contradicen sus propias reglas (creo que debieron investigar mejor los límites de una "jaula de Faraday"), o simplemente conducen a escenas de acción forzadas y carentes de energía. Y, para colmo, el final de la película se siente como un apresurado intento por atar cabos sueltos, pero sin ofrecer una resolución concreta y satisfactoria que pudiera dar significado a los previos noventa minutos.
No veo razón alguna para recomendar esta tediosa película, excepto quizás para estudiosos del género "invasión extraterrestre" que estén cansados de usar la cinta Battle of Los Angeles (no confundir con Battle: Los Angeles) como ejemplo de lo que NO debe hacerse en este tipo de cine. Felicidades, ya tienen un nuevo espécimen para analizar. Y quizás La Última Noche de la Humanidad tenga atractivo parcial para los fans de las películas post-apocalípticas, pues nos muestra algunas desoladoras vistas de Moscú desierta, con interminables filas de automóviles abandonados y pequeños montones de polvo como único rastro de sus previos conductores. Pero por lo demás sugiero evitarla a toda costa, y en su lugar propongo buscar alguna de las abundantes películas (o series de televisión) sobre el mismo tema, muchas de las cuales son igualmente insulsas, pero con suficientes adornos visuales para disfrazar sus limitaciones narrativas y mantenernos entretenidos (no es la solución perfecta, pero bueno...) O, mejor aún, podríamos ver Attack the Block para disfrutar una invasión extraterrestre genuinamente original y divertida, con aliens que sí dan miedo. Lo único atemorizante de La Última Noche de la Humanidad es que alguien espere que paguemos por verla.
Calificación: 4
jueves 12 de enero de 2012
The Scorpion King 3: Battle for Redemption
La original The Scorpion King me pareció un dinámico y divertido homenaje del cine "peplum" elevado por sólida dirección (de Chuck Russell), buenos momentos de acción y el carisma de su actor principal. Y aunque no fue tan popular como la trilogía de The Mummy (donde originalmente vimos al "Rey Escorpión"), el estudio Universal Pictures justificó en el 2008 la realización de una mediocre secuela directa a DVD dirigida por el veterano Russell Mulcahy, que fue generalmente repudiada por su confusa historia y terribles efectos especiales (aunque aún recuerdo con afecto el "invisible" escorpión gigante). Por eso fue una sorpresa descubrir que algún ejecutivo consideró buena idea hacer una tercera parte, titulada The Scorpion King 3: Battle for Redemption, la cual debería ser a toda ley horrible e innecesaria... y sin embargo me pareció bastante divertida gracias a su ingenioso libreto, sólida acción y exóticas locaciones que le dan un atmósfera genuinamente "mágica" y misteriosa. ¿Quién lo hubiera sabido?
El argumento de The Scorpion King 3: Battle for Redemption comienza con una grave narración que nos relata la caída de Mathayus (Victor Webster), el Rey Escorpión que perdió su reino y sus ganas de vivir cuando falleció su reina hechicera (Kelly Hu, a quien solo vemos en “flashbacks“ reciclados de The Scorpion King). Entonces, abatido y sin razón para vivir, Mathayus decide convertirse en guerrero mercenario, vendiendo sus servicios al mejor postor. Su más reciente "cliente" es el Rey Horus (Ron Perlman), preocupado por el avance de un ejército enemigo dirigido por su maniático hermano Talus (Billy Zane), quien busca desesperadamente un libro mágico que le dará control sobre un trío de guerreros sobrenaturales, haciendo su ejército invencible. Entonces Mathayus comienza su misión con ayuda del torpe pero poderoso guerrero Olaf (Bostin Christopher), primero tratando de apoderarse del libro antes de que lo encuentre Talus, y luego organizando el rescate de la Princesa Silda (Krystal Vee), poseedora de un amuleto mágico que es indispensable para liberar a los guerreros sobrenaturales. Mientras tanto, un rebelde llamado Cobra trata de combatir a todos estos invasores de su territorio...
Como puede verse, el libreto de The Scorpion King 3: Battle for Redemption tiene material suficiente para otras dos secuelas, y su principal defecto es que introduce demasiados elementos en casi dos horas de duración, haciéndola a veces cansada y aburrida. El director Roel Reiné tiene amplia experiencia en cine B (incluyendo Death Race 2, otra competente secuela directa a DVD) y debería saber que este tipo de películas funcionan mejor entre más ágiles sean, para mantener la atención del espectador y evitar que empecemos a cuestionar sus abundantes inconsistencias (por ejemplo... ¿dónde diablos se ubica la historia? El Rey Horus tiene nombre egipcio pero parece europeo, sus guardias tienen cierto aire del medio oriente, el ejército de Talus usa cascos de centurión romano, ¡y también hay ninjas!) Pero bueno... a pesar de este argumento sobre-saturado, debo decir que la narrativa está razonablemente bien estructurada con un flujo intuitivo entre escena y escena, de modo que casi siempre sabemos lo que está pasando, y entendemos la motivación y relación entre los numerosos personajes. Esto suena como un requerimiento básico en cualquier película pero, como bien sabemos, el "cine B" trabaja con reglas distintas, así que vale la pena mencionar cuando el director logra mantener el control de su narrativa.
Los actores también hacen lo suyo, reemplazando talento histriónico con abundante personalidad y buen sentido del humor. Generalmente encuentro irritantes los "sidekicks” chistosos, pero en esta ocasión me encontré sonriendo con los parlamentos de Olaf y su elocuente interacción con el protagonista. En lo que se refiere a la acción, hay interesantes despliegues de artes marciales (¿mencioné los ninjas?) así como épicas batallas con vistosos uniformes, cientos de extras reales (personas de verdad en vez de modelos digitales), ¡y hasta elefantes! Lo cual me lleva a aplaudir la decisión de filmar en Tailandia, donde los simples paisajes selváticos, ruinas y templos budistas ofrecen un entorno fascinante y totalmente distinto de los escenarios de yeso y cartón que estamos acostumbrados a ver en otras modestas cintas directas a DVD rodadas en Canadá o Checoslovaquia. También me gustó la ausencia de efectos digitales hasta que son realmente necesarios cerca del final, cuando aparecen los guerreros sobrenaturales; y aún ahí los trucos computarizados se mantienen como adornos sutiles, en vez de robar la atención con monstruos mediocres o excesivos "glows" (como ocurrió en The Scorpion King 2: Rise of a Warrior). Por otro lado, me hubiera gustado ver más "gore" en las mencionadas batallas; ¿de qué sirve tanto juego de espadas cuando las decapitaciones ocurren fuera de cámara?
Entonces, la combinación de mis bajas expectativas con los altos valores de producción de The Scorpion King 3: Battle for Redemption (por no mencionar su simpático sentido del humor) me invitan a darle una cauta recomendación para fans del cine de acción que puedan tolerar dudosas actuaciones y ocasional aburrimiento a cambio de una buena historia, competentes peleas y épicas batallas que desafían el modesto presupuesto de la película (alrededor de seis millones de dólares, según el comentario del director). Claro que mi recomendación solo es válida para fans del cine B que sepan evaluar las fallas y aciertos de una película en el contexto apropiado de su nicho cultural; The Scorpion King 3: Battle for Redemption me pareció una buena secuela directa a DVD, y nada más. Esperar otra cosa será invitar la desilusión; y para eso ya hay bastantes obras que justifican la mala reputación de este sub-género. En otras palabras, esperemos que Uwe Boll nunca se acerque a esta franquicia.
Calificación: 7
lunes 9 de enero de 2012
Solos en la Oscuridad (Secuestrados - Kidnapped)
Hay algunos temas recurrentes en el cine de terror que no me molesta ver una y otra vez, como el asesino "slasher", la casa embrujada o el monstruo mutante. No digo que me gusten todas las cintas de este tipo, pero ciertamente encuentro sus fórmulas fundamentalmente divertidas. Sin embargo, no me ocurre lo mismo con películas sobre "invasión doméstica" (como Funny Games o The Strangers), quizás porque usualmente carecen de historia. O, mejor dicho, la situación es la historia, de modo que podemos esperar un ritmo lento, un desarrollo predecible y muy pocas variaciones, a menos que el director en turno decida arrojar un giro sorpresivo o un desenlace ingenioso que desafíe nuestras expectativas.
La cinta española Solos en la Oscuridad (título original: Secuestrados, y conocida internacionalmente como Kidnapped) no desafía expectativas, aunque realiza eficientemente su misión, presentando con gran realismo y crudeza la invasión de una casa y el secuestro de una adinerada familia a manos de un grupo de criminales encapuchados. Está bien dirigida, bien actuada, y su económica estructura nos muestra los hechos en tiempo real, con un mínimo de cortes, lo cual eleva el suspenso e incrementa la sensación de angustia. Y eso es todo... ochenta minutos de gritos, amenazas y violencia. La experiencia es sin duda impactante y perturbadora, pero por la ausencia de un arco narrativo interesante o personajes bien definidos terminó aburriéndome a pesar de sus considerables logros.
Desde luego esa es tan solo mi opinión personal. Sin duda habrá gente que aprecie más el horror de la situación que refleja, y el tal vez el suspenso bastará para sostener su atención durante la película entera. Pero, por mi parte, no pude evitar pensar en obras de trama similar que tuvieron la suerte de contar con un libreto más ambicioso, o una ejecución más creativa (como ejemplos podría señalar el reciente re-make de Mother's Day, la británica The Disappearance of Alice Creed o incluso la francesa A l'interieur). Habiendo dicho eso, aclaro que Solos en la Oscuridad no cae dentro del género de la "porno-tortura", pues si bien hay bastante sangre y abundante crueldad, su tono es totalmente distinto, más bien serio y hasta "artístico".
Entonces, no hay nada intrínsecamente malo en esta película (con la posible excepción de una paliza estilo Irreversible que se arruina por deficientes efectos especiales); simplemente digo que no me gustan las historias de este tipo, a menos que tengan una dimensión adicional que las eleve de su monótono nicho. O, en otras palabras, no encuentro entretenido ver el sufrimiento continuo de personajes desechables a menos que haya un propósito dramático específico, o un mensaje, o al menos que sirva como preámbulo de un relato más amplio (bastaría incluso con un simple relato de venganza, al estilo de I Spit on Your Grave). Aún así, tratando de ser objetivo, debo darle una recomendación a Solos en la Oscuridad porque cumple su propósito de aterrarnos con una horrible situación, al mismo tiempo que nos inquieta con la tácita pregunta "¿Qué haría yo en esa situación?" No obstante, siento que eso no basta para hacer una buena película; cuando mucho será una experiencia intensa que nos deja un mal sabor para el resto del día, sin ofrecer sólida satisfacción narrativa. Si el lector considera que eso será una agradable velada de cine, perfecto; ojalá la disfruten (aunque "disfrutar" no sea la palabra exacta). Francamente yo prefiero la menos artística pero más entretenida fantasía de Jason Voorhees o Chromeskull.
Calificación: 7
domingo 8 de enero de 2012
Siempre el Mismo Día (One Day)
Después de la excelente película An Education, la directora danesa Lone Scherfig debe haber recibido cientos de ofertas para trabajar en Hollywood haciendo comedias románticas. Y aunque no cedió a esa (hipotética) tentación, la publicidad de su nueva película Siempre el Mismo Día parece empeñada en hacernos creer otra cosa; de hecho, quien vea el póster o trailer seguramente pensará que se trata de otra vacía historia de amor, como las que hemos visto decenas de veces (literalmente). Sin embargo, la realidad es muy distinta... aunque eso tampoco significa que sea una buena película.
La trama de Siempre el Mismo Día sigue la relación entre Dexter (Jim Sturgess) y Emma (Anne Hathaway) a lo largo de dos décadas, pero dejándonos ver únicamente un día de cada año (julio 15, para ser exactos). En su época universitaria (1988) Emma y Dexter compartieron una noche de pasión, y aunque no se transformó en romance, sirvió como inicio de una duradera amistad; y así, año tras año, vemos cómo cada uno sigue su vida por separado con las habituales alegrías y dolores de la vida adulta, desde tragedias familiares y problemas laborales hasta infidelidades de sus respectivas parejas. ¿Será posible que después de tantos años la amistad se transforme en otra cosa?
Después de todo sí suena como una comedia romántica, pero Scherfig aspira a mostrar una visión más realista de las relaciones modernas, libre de romance idealizado, conflictos forzados o aquellos típicos "grandes gestos" con los que todo se resuelve en películas más simples. Por el contrario, Siempre el Mismo Día se esfuerza por mostrarnos los momentos menos glamorosos de esa larga amistad, incluyendo las peleas, las pequeñas traiciones y las reconciliaciones que dan textura a una relación que trasciende el simple romance. En ese aspecto podríamos considerar la película como un "estudio de carácter" centrado en dos personas falibles e imperfectas, pero de algún modo compatibles en un nivel más profundo. Y, claro, con actores tan sólidos como Jim Sturgess y Anne Hathaway en los papeles principales, es fácil aceptar sus actitudes y sumergirnos en sus vidas.
Sin embargo la historia es tan "realista" que podríamos llamarla “prosaica”, y honestamente no me pareció muy interesante, sobre todo cuando la vemos solo en atisbos ocasionales. En otras palabras, cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes... mala suerte; ya pasó un año y todo es diferente. Y si bien me gusta que los personajes sean marginalmente originales y se rehúsen a seguir los estándares del cine romántico, tampoco me parecieron muy agradables. Dexter se comporta frecuentemente como un odioso patán, mientras que Emma es tan insegura que termina irritando con sus malas decisiones y falta de dirección. Y mejor no diré nada sobre una inesperada revelación que parece el truco de un guionista temeroso de no alcanzar un nivel emocional satisfactorio para el espectador. Ese final parecerá honesto y catártico para algunas personas, mientras que otras lo sentirán frustrante e innecesario. Por mi parte, ni siquiera me importó lo suficiente para decidirme por una de esas posturas (conviene aclarar, como siempre, que no soy una persona particularmente "romántica", y por lo tanto tiendo a ver este tipo de películas con la frialdad de un robot y la sensibilidad de un troglodita, así que es tal vez no supe apreciar la veta sentimental que yace al centro de la historia).
Entonces, solo recomendaría Siempre el Mismo Día para devotos de la guapa Anne Hathaway y para curiosos interesados en ver un drama honesto (pero no muy interesante) que desafía expectativas y no encaja fácilmente en los variados nichos de la cine romántico. En cuanto a Lone Scherfig, me sigue gustando su sobrio estilo narrativo y buen ojo para el "casting"; lástima que en esta ocasión le falló el material (basado en una popular novela de David Nicholls, quien también se encargó del libreto), y no alcanzó ni la audacia temática ni la profundidad narrativa de la mencionada An Education. Ni hablar; quizás tendrá más suerte otro día.
Calificación: 6.5
sábado 7 de enero de 2012
Presas del Diablo (The Ward)
Nota: Por fin se estrena en México la nueva película de John Carpenter (con un título que nada tiene que ver con su argumento), así que publico nuevamente la crítica para comodidad de los lectores.A estas alturas ya no debería sorprenderme la desilusión de ver a mis antiguos héroes cinematográficos realizando películas mediocres que en nada se acercan a sus originales glorias. Por otro lado, quizás sea injusto esperar genialidad en todo lo que hagan, sobre todo considerando que son personas normales, muchos de ellos rondando su séptima década, y quizás algo cansados de una industria que ha cambiado sustancialmente en los últimos treinta años. Entonces, en aras de la objetividad, trataré de olvidar que la nueva cinta The Ward fue dirigida por el legendario John Carpenter, para evaluarla como cualquier otra cinta de terror directa a DVD. No prometo lograrlo, pero haré lo posible.
Al principio de la cinta encontramos a la perturbada joven Kristen (Amber Heard) incendiando intencionalmente una casa abandonada en mitad del campo; dos policías la sorprenden y, dándose cuenta de su frágil estado mental, deciden llevarla a un hospital psiquiátrico cercano, donde es internada para observación y diagnóstico. Pero desde la primera noche Kristen descubre una presencia sobrenatural rondando por el ala del edificio que comparte con otras cuatro muchachas similarmente trastornadas. Y, cuando no están peleándose por cualquier cosa o bailando a ritmo de “doo-wop”, las pacientes tienen suficiente libertad para buscar problemas con el personal que las cuida, o para husmear en los viejos archivos del hospital. Así es como como Kristen empieza a investigar el siniestro pasado del edificio, donde encuentra secretos que los doctores y enfermeras tratan de ocultar.

The Ward se desarrolla predeciblemente, distribuyendo a lo largo de sus noventa minutos los obligatorios sobresaltos y muertes violentas que esperamos ver en este tipo de películas. Sin embargo el énfasis no está en el "gore", sino en la atmósfera de amenaza que flota sobre los fríos corredores del hospital; en ese aspecto la película funciona razonablemente bien, pues conforme empeora la situación se incrementa el suspenso, y podemos compartir la creciente paranoia de Kirsten, atrapada entre personas inestables en las que no puede confiar. Sin embargo, el libreto se mantiene ambiguo sobre el aspecto sobrenatural, de modo que nunca estamos seguros si la joven está en la pista correcta, o si solo es víctima de alucinaciones; después de todo, está en un hospital psiquiátrico con buena razón. Esa incertidumbre hace un poco más interesante la genérica fórmula de The Ward, aportando una dimensión adicional a la receta de "fantasma vengativo" (un fantasma que, por cierto, es suficientemente tangible para recibir heridas de armas punzocortantes).

Por el lado negativo tenemos actuaciones forzadas y demasiado exageradas. Amber Heard me parece una actriz competente, capaz de abordar papeles muy distintos (desde la rebelde vengadora en Drive Angry hasta la "hija simulada" en The Joneses); sin embargo sus desmesurados gritos y excesivas reacciones en The Ward se sienten fuera de lugar, como si quisiera reemplazar con ruido las inexistentes emociones que debería expresar su personaje. Y lo mismo aplica a Danielle Panabaker (la chica seductora), Lyndsy Fonseca (la intelectual, con todo y lentes), Laura Leigh (la tímida) y Mamie Gummer (la agresiva). Aunque debo decir que las actuaciones mejoran conforme avanza la película, lo cual me hace pensar que les faltó tiempo de ensayo a las actrices para "encontrar" sus respectivos personajes y sentirse más cómodas en sus interpretaciones. Supongo que es un problema común en el cine independiente de bajo presupuesto.

No hay mucha innovación en The Ward, pero su ágil ritmo y buen manejo del suspenso (por no mencionar la inesperada revelación final) ayudan a compensar las irregularidades narrativas y las variables actuaciones. De hecho, creo que me hubiera gustado más si no usara tantos ridículos sobresaltos y música estruendosa para "asustarnos", ya que el misterio central y la dirección de Carpenter bastan para mantener el interés y envolvernos en su angustiante atmósfera. Entonces, puedo recomendarla como una decente película directa a DVD, ligeramente por arriba del promedio, pero muy por debajo de obras recientes como The Loved Ones, Stake Land o Monsters, que son genuinas herederas y redentoras del humilde horror independiente. Alguna vez John Carpenter formó parte de un movimiento similar... ahora simplemente se entretiene probando las fórmulas de sus discípulos. Ojalá The Ward haya sido más satisfactoria para él que para los que decidimos verla.
Calificación: 6.5
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