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La venerable novela A Christmas Carol, de Charles Dickens, ha sido filmada en numerosas ocasiones (una rápida búsqueda en IMDb arroja más de veinte resultados, sin contar las que usan un nombre distinto), y aunque no he visto todas las adaptaciones, sí leí la novela. Por eso me atrevo a decir que esta nueva versión, titulada Los Fantasmas de Scrooge (supongo que el tradicional nombre de "Canción de Navidad" no atraería a la joven audiencia), es una de las más fieles al texto original... al menos cuando se ciñe a la narrativa formal y no pierde el control de su avanzada (pero fallida) tecnología. Pero dejemos esa discusión para más adelante.
La bien conocida trama se centra en las lecciones morales que tres fantasmas dan al avaro anciano Ebenezer Scrooge (voz de Jim Carrey) en la Nochebuena. El Fantasma de las Navidades Pasadas ofrece a Scrooge una mirada a su infancia, donde empezó a perder la fe en sus semejantes y el gozo en su corazón. Después el Fantasma de las Navidades Presentes le muestra el contraste entre la humildad de una familia y su alegre celebración navideña; y finalmente el Fantasma de las Navidades Futuras le da una prueba de su inevitable futuro, y el efecto que tuvo en quienes lo conocieron. ¿Bastarán las lecciones para que el anciano reconsidere sus cruel y amargada conducta?
Antes de ver Los Fantasmas de Scrooge tuve que decidir entre asistir a un cine donde se exhibe doblada al español, pero con la espectacularidad visual del proceso tridimensional; o a uno con la proyección normal en dos dimensiones, pero con las voces originales de los actores y los diálogos en inglés. Me decidí por lo segundo, y no me arrepiento, pues a pesar de la hueca dirección de Robert Zemeckis, encontré varios sólidos momentos dramáticos forjados por el consistente trabajo de voz que aportan Jim Carrey, Colin Firth, Gary Oldman, Bob Hoskins, Fay Masterson, Fionnula Flanagan y muchos otros. Pensé que habría más humor espontáneo (al estilo de Jim Carrey), pero me equivoqué, aunque eso no restó mérito a diálogos y actuaciones. De hecho, en un par de ocasiones cerré los ojos, para no distraerme con los rostros muertos de los "actores", y el resultado fue bastante entretenido. Pero cuando abría los ojos volvía a ver los cadáveres vivientes, sin alma o conciencia que forman el elenco visual de la película.
Los Fantasmas de Scrooge es el tercer capricho tridimensional de Robert Zemeckis (¡su última película "real" fue hace casi diez años!) y no sé si se trate de tenacidad, ego u obstinación lo que le impide aprender la clara lección: no importa cuánto gaste en tecnología y magia digital, está aún muy lejos de duplicar con éxito la auténtica emoción que proyecta una actuación humana. No niego que haya imágenes espectaculares en la película (aunque dudo mucho su utilidad); pero los actores digitales NO REEMPLAZAN A SUS CONTRAPARTES REALES. Como he dicho antes, si contrató a Jim Carrey y Colin Firth... ¿para qué sustituirlos con imperfectas copias? Quizás un método híbrido (como en 300 o Sin City) hubiera dado mejor resultado, pues le permitiría tener vastos escenarios virtuales para hacer volar su cámara (una obvia obsesión de Zemeckis), pero con la ventaja de actores reales que sostengan la historia con emociones creíbles y profundas. O, en todo caso, debería imitar a Pixar y rechazar el foto-realismo a favor de personajes caricaturizados, pero mucho más entrañables. En fin... no perderé más tiempo repitiendo la misma letanía. Baste decir que en los dos años transcurridos desde Beowulf han mejorado las técnicas de iluminación global, simulación de fluidos, colisiones, efectos atmosféricos y "shaders" orgánicos. Pero nada de eso excusa la pérdida del elemento humano en la pantalla.
Como dije al principio, me gustó el trabajo vocal del elenco, y respeto que Zemeckis haya seguido de cerca el argumento y diálogos de la novela, excepto cuando siente la necesidad de agilizar la pausada narrativa con alguna dinámica digresión tridimensional que le permita satisfacer su fetiche tecnológico (no recuerdo que el protagonista volara por el aire tantas veces en el libro original). Supongo que puedo recomendarla como muestrario técnico y obligatoria dosis de "espíritu navideño". Pero urge que el Fantasma del 3D Innecesario visite a Zemeckis para ayudarle a ver la obvia realidad que está evadiendo. Y ojalá lo haga rápido, pues sospecho que James Cameron necesitará también una visita en poco tiempo...
Calificación: 6.5
¿Otro "noir" ubicado en una escuela preparatoria? Parece que al director Brett Simon le gustó tanto Brick que decidió rendirle homenaje con Assassination of a High School President. Algunos dirán que el término "homenaje" debería reemplazarse por "plagio", pero creo que la combinación de detectives y "high school" ofrece suficiente material para soportar la existencia de ambas películas, pues funcionan en distintos niveles. Además, Assassination of a High School President me pareció mucho más comercial y accesible que la afectada y tergiversada Brick, mejorando así sus posibilidades de atraer al público juvenil que busca algo más sofisticado que High School Musical, pero menos violento que Heathers o Elephant.
La historia se desarrolla en la exclusiva preparatoria St. Donovan, donde encontramos al inteligente pero tímido Bobby Funke, menospreciado por todos debido a su pobre situación social (no tiene novia, automóvil, ni pertenece a algún equipo deportivo). Incluso sus "amigos" del periódico estudiantil lo consideran mediocre y negligente. Pero cuando el iracundo Director Fitzpatrick (Bruce Willis) descubre el robo de las respuestas de un próximo examen, Bobby ve la oportunidad de probar su talento, e inicia una peculiar investigación que culmina con la publicación de un escandaloso artículo en el periódico, donde revela al culpable. El triunfo vuelve a Bobby instantáneamente popular, e incluso se gana la confianza (y otros favores) de Francesca Fachini (Mischa Barton), la más guapa estudiante de la escuela... y ex-novia del aparente ladrón. Pero conforme Bobby se integra al grupo de estudiantes "populares" empieza a notar discrepancias en su propia investigación, y concluye que el robo de respuestas fue un ardid para encubrir otro crimen... ¿pero cual?
Para bien o para mal, Assassination of a High School President evita (en lo posible) los estilizados diálogos del cine "noir", pero integra muy bien sus demás clichés al ambiente estudiantil, desde la autoridad que desconfía del protagonista, hasta la constante amenaza del velado villano. Y no pueden faltar las pistas falsas, trampas, confesiones y, por supuesto, la mujer fatal en busca de redención por su misterioso pasado. El problema que encuentro con esta alquímica combinación de géneros es que la película no es muy absorbente o ingeniosa como thriller detectivesco. Resulta fácil adelantarse al protagonista e identificar al culpable mucho antes de la revelación "sorpresiva". Y como comedia juvenil, tampoco es muy graciosa, aunque admito haber reído en varias ocasiones, pero más por su incongruente yuxtaposición de elementos que por el auténtico humor del libreto.
A pesar de esas irregularidades narrativas me gustó el desempeño de los actores. En mayor o menor medida todos añaden una pizca de humor a sus interpretaciones, y el resultado es un afable ensamble comprometido con sus papeles pero sin las plañideras o excesivamente intensas actitudes que con frecuencia nos endilga el cine independiente. En el papel principal el joven Reece Thompson carga la película con aplomo y ligereza, adoptando naturalmente las diversas facetas de su personaje y evadiendo las afectaciones que podrían haber seducido a un actor poco familiar con el "noir". En cuanto a Mischa Barton, creo que es mejor actriz de lo que mucha gente considera, aunque su talento se vea opacado por su celebridad. Habiendo dicho eso, añadiré que esta vez no noté complejidad emocional en su representación de mujer fatal; ciertamente es atractiva, pero muy lejana al arquetipo ideal de "fría pasión" que impulsa los mejores relatos del género. Por otro lado tenemos a Bruce Willis, cuyo corto papel genera la mayor cantidad de risas en la primera actuación genuinamente buena que le he visto en mucho tiempo. Quizás hay algo de auto-parodia en su interpretación del inflexible y amenazador director escolar; pero también hay auténtica melancolía oculta detrás de su estudiada aspereza.
Assassination of a High School President no es indispensable para aficionados al cine juvenil, ni para devotos del noir. No obstante puedo recomendarla como simple pasatiempo con sutil sabor policiaco, algunas risas y un guión transparente pero suficientemente enredado para mantener la atención del espectador durante noventa minutos. Si la comparamos con Brick, diría que ésta es la versión "lite" de ese inusual híbrido (cada quien decida si eso es bueno o malo). Y de cualquier modo es mucho más digna e interesante que el 99 por ciento de las comedias juveniles que infestan el mercado directo a DVD. No hay que ser detective para deducir que el público es quien sale ganando... siempre y cuando encuentre motivo y oportunidad para verla.
Calificación: 8
Hace varios años los productores Tom Hanks y Rita Wilson tuvieron un inesperado golpe de suerte con la humilde película My Big Fat Greek Wedding, una simple comedia romántica con sabor étnico y creatividad limitada. Por alguna razón fue un considerable éxito de taquilla, y ahora intentan reproducir la fórmula con la misma actriz... y nuevos clichés. Definitivamente no soy parte del público para el que Mi Vida en las Ruinas fue realizada, pero aún así comprendo la blanda atracción de su empalagoso argumento y su válido mensaje sobre la magia del amor... y de la historia antigua.
En Mi Vida en las Ruinas encontramos de nuevo a la simpática Nia Vardalos en el papel de Georgia, otra mujer treintañera con dificultades románticas y poca dirección en su vida. Una decepción laboral la llevó de regreso a su nativa Grecia, donde trabaja como guía de turistas para grupos de habla inglesa. Pero su entusiasmo por las ruinas y los relatos históricos no resulta muy atractivo para sus clientes, que sólo quieren ir a la playa y comprar ridículos "souvenirs". Sin embargo, Georgia conoce a un sagaz anciano norteamericano cuyas palabras de aliento la inspiran a recuperar su "kefi" (alegría de vivir), lo cual tratará de hacer con la ayuda de otros turistas... y del atractivo chofer de su autobús.
Mi Vida en las Ruinas es el tipo de inocente película que uno puede encontrar durante un vuelo en avión, o llenando espacio en el horario diurno de algún canal de cable dirigido a mujeres o familias. Su blando romance es perfectamente inofensivo; su simplón humor no requiere pensamiento alguno para ser asimilado; y su estrella resulta simpática y atractiva, pero no excesivamente sensual o provocativa. Sin embargo, mis quejas no radican en esa insípida combinación de genéricos elementos, sino en que el guión no se esfuerza por despertar reacciones honestas en el espectador. Todas las emociones se sienten artificialmente inducidas, y no hay truco que el director Donald Petrie no se atreva a emplear para dar vida a la trama, desde la anciana irreverente con inesperados vicios, hasta el matrimonio infeliz que reanima su romance al final de la película.
S
i quisiera clasificar Mi Vida en las Ruinas diría que se trata de una comedia romántica; afortunadamente entre sus escasas virtudes cuenta con la adición de elementos periféricos que distraen la atención del predecible romance que desarrolla la protagonista. El veterano Richard Dreyfuss parece divertirse en un papel que no requiere ni un ápice de su talento; el resto del elenco es anónimo pero funcional; y Vardalos tiene el encanto personal necesario para sostener precariamente la película hasta su desabrida conclusión. Quien haya pensado que My Big Fat Greek Wedding es una de las mejores películas en la historia quizás encuentre más divertida Mi Vida en las Ruinas (no estoy juzgando su decisión). Para mi fue una experiencia tan sosa que está borrándose rápidamente de mi memoria (o podría ser la edad), aunque admito que obtuve el mínimo nivel de entretenimiento para no dormirme en el solitario cine (en serio, rara vez me toca encontrar el cine absolutamente vacío). No puedo recomendarla, pero tampoco la condeno por tener aspiraciones tan bajas que logra cumplirlas sin esfuerzo alguno.
Calificación: 6
En la hilarante y provocativa película Borat: Cultural Learnings blah, blah, blah, el comediante Sacha Baron Cohen usó algunas taimadas estrategias para poner en evidencia la estupidez, intolerancia e hipocresía de algunos sectores de la cultura norteamericana. El resultado fue salvajemente satírico y muy gracioso, funcionando simultáneamente como comedia y como mordaz comentario social. Y ahora con Bruno, Baron Cohen y el director Larry Charles tratan de repetir su audaz experimento artístico, amparándose bajo la identidad de un austriaco homosexual cuyo mayor sueño es ser famoso, lo cual sirve como excusa para examinar el mundo de la moda, el hueco culto de la celebridad, y la rampante homofobia que aún prevalece en gran parte de los Estados Unidos.
El débil argumento no está interesado en impulsar una historia específica, sino en buscar excusas para poner a Bruno (Sacha Baron Cohen) en situaciones donde su vanidad, ignorancia o exuberante sexualidad lo pongan en conflicto con gente normal (a veces no muy normal) o celebridades (a veces no muy célebres), revelando sus inherentes imperfecciones, prejuicios y torpeza. Creo que es una loable intención, pero el problema es que los desvaríos de Bruno no se sienten tan naturales o espontáneos, y como consecuencia el mensaje pierde fuerza por carecer de ingenio y honestidad.
Sin embargo el problema principal es que no me pareció tan graciosa. Claro, reí varias veces tan sólo por la increíble irreverencia de Cohen, quien posiblemente arriesga la vida en un par de ocasiones para enfatizar alguna idea (su entrevista con un "terrorista" se siente incómodamente peligrosa e innecesaria). Pero las rutinas homosexuales y escandalosas diatribas resultan tan forzadas que las reacciones negativas de las "víctimas" no parecen estar dirigidas a la orientación sexual de Bruno, sino a su simple antipatía. Además, el enfoque de la película cambia constantemente, y no hay mucha ilación para justificar los irregulares giros. Al principio Bruno provoca caos en un desfile de modas; después se burla de Paula Abdul haciéndola sentar sobre "muebles mexicanos"; y luego se divierte mostrando videos de su pene a un "focus group" que determina los programas de televisión que exhibe la cadena CBS. ¿Exactamente cómo pasamos de eso a una visita a Palestina disfrazado de rabino judío? Parecería que Cohen y Charles hicieron una lista de blancos para apuntar sus armas satíricas, pero nunca concretaron un flujo orgánico para llevarnos de un punto a otro. El resultado es una serie de confusos "sketches" con muy variable humor que terminan cansando al espectador en busca de coherencia narrativa.
De cualquier modo creo puedo darle una mediana recomendación a Bruno, pues hay buenas intenciones detrás de su fracturada estructura, y sin duda hay escenas que logran igualar los más significativos pasajes de Borat (como el espectáculo de lucha libre, donde el público se altera de manera alarmante). También debo advertir que muchos momentos cómicos están ocultos en situaciones tan subversivas (o "perversas") que podrían causar repulsión en algunas personas. Supongo que ese es exactamente el punto de la película, y conviene mencionarlo para que no tome por sorpresa a incautos espectadores. Entonces, quien haya disfrutado el previo trabajo de Sacha Baron Cohen, encontrará humor similar, aunque pobremente estructurado y menos consistente. Quienes no sepan a qué se enfrentan, podrían quedar gratamente sorprendidos o profundamente escandalizados. En lo personal me sentí decepcionado, no sólo por la irregular comedia, sino por la falta de un mensaje global y concreto. Es fácil burlarse de los demás con bebés en cajas de cartón y tratamientos cosméticos anales; pero no es tan fácil lograr que cuestionemos nuestros propios valores al mismo tiempo. Ojalá Bruno lo hubiera conseguido; pero al menos lo intentó, de modo que no puede ser tan mala.
Calificación: 7
NOTA: Publico de nuevo esta crítica para comodidad de los lectores de México, donde se acaba de estrenar esta película.
Para bien o para mal vi Passengers con erróneas expectativas. Por alguna razón imaginé que sería una cinta de terror inspirada por el moderno cine asiático, pero no fue así. De cualquier modo, la adición de fantasmas con largo cabello negro no bastaría para rescatar esta película de su profunda mediocridad, ni de su previsible final, que una vez más recicla una de las más populares fórmulas empleadas en The Twilight Zone hace cincuenta años.
La trama de Passengers sugiere un interesante concepto: cinco sobrevivientes de un terrible accidente aéreo inician una terapia de grupo con la psicóloga Claire Summers (Anne Hathaway) para resolver sus angustias y traumas emocionales. Pero no es tan fácil, pues ninguno parece coincidir en su memoria del accidente. Y cuando Claire empieza a compartir sus dudas con el representante de la línea aérea, los sobrevivientes empiezan a desaparecer. Paralelamente vemos cómo se forja una relación entre la psicóloga y Eric (Patrick Wilson), su más enigmático paciente, cuyos extraños cambios de conducta (y aparentes poderes mentales) parecen llegar más allá del simple estrés.
Los supuestos momentos románticos entre Claire y Eric pretenden mostrar una madura y sofisticada seducción psicológica, pero nunca se sienten honestos. Parte del problema es que el romance parece añadido a la fuerza para darle sustancia al misterio, o quizás para acentuar el aislamiento de la protagonista. Pero más problemática es la irritante actuación de Patrick Wilson (tan eficiente en Watchmen), pues no logra encontrar el preciso balance entre vulnerabilidad y arrogancia requerido por el papel para hacernos creer que por fin alguien logró traspasar las barreras emocionales de la fría psicóloga.
El resto del elenco sale mejor librado, aunque hacen lo que pueden con el obtuso libreto. Clea DuVall ofrece su típico cinismo y agresiva personalidad; Dianne Wiest aporta un poco de intriga con su bizarra interpretación de la vecina indiscreta que constantemente asedia a Claire con preguntas y comentarios sobre su vida personal. David Morse imprime fuerza a sus trilladas líneas, que no pasan de ser los clásicos clichés de "villano corporativo"; aún así cumple su cometido de generar ambigua amenaza y pistas sobre el misterio principal. Finalmente, la mera presencia de William B. Davis (más conocido como "el hombre fumador" en The X-Files) basta para sugerir la existencia de una siniestra conspiración detrás del accidente aéreo.
Me da la impresión de que Passengers comenzó su viaje a la pantalla como un modesto thriller con tinte sobrenatural; pero al sufrir el típico proceso de “optimización” hollywoodense terminó complicándose con la adición de elementos narrativos que quizás buscaron “humanizar” la historia, pero sólo entorpecieron su desarrollo al dividir la atención entre el misterio central y un poco creíble romance. El resultado es un sólido (aunque predecible) concepto atrapado en una mala película que no logra redimirse ni con la luminosa presencia de Anne Hathaway (o de un impresionante perro ruso). Me temo que el único misterio en Passengers es por qué una famosa actriz nominada al Óscar está repentinamente apareciendo en baratos thrillers directos a DVD. Mucho cuidado Dina Meyer, Debbie Rochon, Tiffany Shiepis, Cerina Vincent... la competencia en el cine "B" acaba de ponerse más difícil.
Calificación: 4
Dos horas de parejas discutiendo... la perfecta definición de "comedia". Pero bueno... al menos los personajes de Sólo Para Parejas están interpretados por sólidos comediantes que consiguen provocar un par de sonrisas tan sólo por el tono de sus diálogos y los breves momentos que se sienten honestos y casi improvisados. Pero el resto del tiempo tenemos situaciones prefabricadas, emociones artificiales y el típico humor moderno, que combina los clichés de incontables sitcoms con un poco de mal gusto e irreverencia para simular "sofisticación" y justificar su proyección en cines.
La película sigue el viaje que emprenden cuatro parejas a la paradisíaca isla de Bora Bora, donde Jason (Jason Bateman) y Cynthia (Kristen Bell) se someterán al moderno método de terapia matrimonial que ofrece el misterioso Marcel (Jean Reno); y para obtener un descuento en el costoso programa deciden invitar a sus amigos, cuyas relaciones son más o menos estables, aunque con algunos problemas particulares. Así tenemos a Lucy (Kristin Davis), descontenta por las excesivas demandas laborales de su esposo Joey (Jon Favreau); a Dave (Vince Vaughn), deseoso de un respiro en su complicada vida como padre de dos niños con su esposa Ronnie (Malin Akerman); y a Shane (Faizon Love), recientemente divorciado y tratando de forjar una relación con la demasiado joven y caprichosa Trudy (Kali Hawk). Pero cuando llegan a la hermosa isla se dan cuenta de que los excéntricos métodos terapéuticos a los que deben someterse podrían causar un efecto contrario, rompiendo sus matrimonios definitivamente.
Creo que Sólo Para Parejas funciona mejor como panfleto turístico de Bora Bora que como comedia. Entiendo el potencial humorístico y romántico de enfrentar las diferencias maritales con métodos inusuales e inesperados; también hay amplio material para satirizar la cultura de la "auto-ayuda", en particular los "gurús" que pretenden resolver los problemas ajenos con huecas homilías y difusos consejos. Sin embargo haría falta un escritor con más audacia o ingenio para encontrar un ángulo fresco, pues el mediocre libreto de Jon Favreau, Vince Vaughn y Dana Fox se contenta con el más obvio humor, la mayor parte predecible y carente de alma. Para variar, los hombres son idiotas inmaduros; las mujeres son débiles e indulgentes. Y los supuestamente excéntricos personajes que llenan la isla parecen construcciones unidimensionales, sin carisma o función en la trama más allá de hablar chistoso o ser inoportunos obstáculos.
Para bien o para mal hay bastante talento tratando de inyectar vida en el moribundo material. Quizás Jon Favreau y Vince Vaughn no sean grandes guionistas, pero como actores han cultivado un cierto estilo de comedia que se adapta perfectamente a su sensibilidad y alcance. La chispa que imparten a los rápidos diálogos puede sustentar algunas escenas, pero no basta para sentir que reímos lo suficiente a lo largo de toda la película. Jason Bateman se ha vuelto experto en "sarcasmo pasivo", y aunque destaca en algunos momentos, su papel termina siendo desagradable (aunque me hizo reír su presentación de PowerPoint, sobre todo porque tal vez yo hubiera hecho algo similar... pero no en PowerPoint). Y mejor ni mencionar a los desperdiciados Jean Reno, Peter Serafinowicz y Temuera Morrison como los bizarros asistentes del terapeuta. Normalmente me daría gusto ver a estos competentes actores internacionales en el cine norteamericano... pero no como ridículos bufones que solo causan irritación. En cuanto al talentoso elenco femenino, la triste verdad es que sólo están presentes para lucir sus cuerpos y ocasionalmente aportar algún comentario sensible y conciliador. De cualquier modo serán más recordadas por sus bikinis que por sus diálogos.
No puedo decir que Sólo Para Parejas me haya decepcionado, pues en realidad no esperaba mucho de este particular plato de comida chatarra cinematográfica. Logra llenar sus dos horas con entusiasmo pero nula convicción, y la natural simpatía de los actores hace más llevadera la experiencia. Sin embargo no podría recomendarla porque, simplemente, no hace reír tanto como debería, ni nos ilumina sobre los problemas que enfrentan las parejas modernas. O tal vez sí, y cualquier incompatibilidad se puede resolver con una gran fiesta. En ese caso la recomiendo, porque es más rápida que la terapia y más barata que un divorcio. Con suerte será una lección útil para alguien.
Calificación: 5
Como algunos lectores sabrán, soy entusiasta consumidor (adicto) de películas de horror estrenadas directamente a DVD. Sin embargo, la mediocridad habitual de ese sub-género (¿es un sub-género?) estira ocasionalmente mi tolerancia hasta su máximo límite, y me invita a abandonar tal práctica... no más tiempo desperdiciado en los mismos repetitivos argumentos, las usuales actuaciones amateur y la inexistente dirección de ineptos "cineastas" sin concepto alguno de narrativa, lenguaje visual o lógica (disculpando la arrogancia de esa frase).
Afortunadamente cuando estoy a punto de "rehabilitarme", suelo encontrar una inesperada joya oculta que renueva mi optimismo y justifica mi hábito, sumiéndome de nuevo en el círculo vicioso de expectativa y decepción. Pero ese es un tema que debe quedar entre mi (imaginario) psiquiatra y yo, de modo que sólo diré que Infestation resultó ser una de esas gozosas sorpresas, y la recomiendo fervientemente a todos los que se encuentren en el mismo caso. O a todos los que quieran ver una graciosa y emocionante película sobre insectos gigantes que invaden la Tierra.
El comienzo de Infestation nos presenta al patético anti-héroe: Cooper (Chris Marquette), un "perdedor" atrapado en un empleo que detesta, pero que trata de conservar para complacer a su estricto padre Ethan (Ray Wise). Desde luego la situación cambia cuando un agudo sonido deja inconciente a toda la ciudad (¿quizás al mundo?). Y cuando el joven despierta unos días después se encuentra envuelto en un extraño capullo, rodeado por insectos gigantes que tratan de devorarlo... o llevarlo a su nido. Tras la sorpresa inicial Cooper libera a sus compañeros de oficina, y así comienza una larga marcha en busca de sobrevivientes, refugio... o cualquier explicación sobre la procedencia de los quitinosos invasores.
Dentro de los parámetros del cine "B" directo a DVD, todos los aspectos de Infestation son sobresalientes. El libreto balancea perfectamente la perturbadora premisa con agudos destellos de humor provenientes de la interacción entre los personajes y sus bien definidas personalidades. La mesurada dirección de Kyle Rankin (también guionista) mantiene un ritmo ágil sin descuidar momentos de inesperada introspección y omitiendo los sustos baratos y clichés tan comunes en el horror moderno (la revelación de la criatura en el garage es brillante). Las actuaciones respaldan el buen material, con un ecléctico elenco en el que no tan fácil discernir las víctimas y los sobrevivientes. Y, finalmente, los sorprendentes efectos especiales rebasan todo lo que he visto en películas directas a DVD (superando incluso el sólido trabajo de Starship Troopers 3), añadiendo la agradable sorpresa de emplear en igual medida criaturas digitales y prácticas, casi imposible de diferenciar (al menos con la primera mirada).
Me detendré aquí para no exagerar las virtudes de Infestation (¡demasiado tarde!). Si tuviera una falla es que deja muchas preguntas sin responder sobre la exótica situación que presenta y, aunque generalmente me gustan las películas que no explican todo, el resultado de estas incógnitas fue un final ambiguo que se siente innecesario, pues no queda claro si está prometiendo una secuela o simplemente confundiendo la expectativa del público con una sorpresa gratuita. Pero en general no tengo objeciones significativas sobre esta graciosa e interesante película, que ojalá sea descubierta por más fans del género decepcionados como yo por las usualmente anémicas obras que encontramos en el producto directo a DVD. Y, para amantes de los insectos gigantes (o gente con fobia por ellos) Infestation ofrece las mejores imágenes y conceptos desde Eight Legged Freaks. Lo digo como un sincero halago, aunque no me extrañaría si alguien lo tomara como advertencia. Actúen con precaución.
Calificación: 8.5
Comenzaré diciendo que nunca fui fan de Michael Jackson. Durante la cima de su fama (al menos la fama "buena"), a mediados de los ochentas, yo era un obsesivo "metalhead" que consideraba como el "enemigo" a todos los intérpretes de la blanda música pop que hoy identifica aquella década. Pero, claro, aún sin disfrutar su música era imposible ignorar el impacto que tuvo en la cultura popular, e incluso en la estructura social norteamericana (y, por extensión, la del resto del mundo). Afortunadamente hoy es difícil creerlo, pero hace veinticinco años aún había estaciones de radio dedicadas exclusivamente a música "blanca", promoviendo segregación racial e intolerancia. Pero con el alucinante éxito del disco Thriller, muchas de esas estaciones se vieron obligadas a cambiar su política para complacer al público, y no es difícil imaginar que la homogénea y lucrativa industria musical de hoy debe su extenso rango y diversidad a artistas como Michael Jackson. Y ¿qué decir de la televisión? Incluso como detractor del pop admito que disfruté inmensamente el video de la canción Thriller, en gran parte por la participación de John Landis y Rick Baker, uno de mis héroes personales.
Pero bueno... eso fue entonces. Hoy, un cuarto de siglo después, el "rey del pop" se ha ido, y como sincero tributo (y oportunista estrategia comercial) nos llega el documental Esto es Todo, dirigido por Kenny Ortega, veterano cineasta por derecho propio y colaborador de Jackson desde hace varias décadas, cuyo acceso a los ensayos de la nueva gira del artista no sólo permiten una interesante mirada a la organización de un monumental evento, sino un ojo crítico pero afectuoso al proceso creativo de "MJ", sus múltiples asesores y equipo de impresionantes bailarines. Todo ello acompañado, claro, por interpretaciones musicales de los más grandes éxitos del artista, quizás no tan pulidos como se hubieran visto en la gira real, pero igualmente intensos y entretenidos.
La verdad, creo que este enfoque resulta mucho más interesante que un simple concierto. Dejando a un lado su cuestionable vida personal, su obsesión con la cirugía plástica y excéntrica conducta, aquí es donde se revela el valor de Michael Jackson como artista, su pasión por la música y el asombroso carisma y presencia escénica que lo hicieron uno de los más importantes intérpretes del siglo veinte. Para lograrlo, Ortega evita sabiamente cualquier situación controversial; quienes vean Esto es Todo esperando un amarillista desfile de chismes y escándalos quedarán decepcionados. Sin embargo será una revelación (o confirmación) para los fans interesados en una sobria y detallada mirada a la "magia", talento o lo que sea que otorgó a Michael Jackson una permanencia tan larga en el tumultuoso y cambiante mundo del entretenimiento popular. Eso es Todo no me convirtió en fan instantáneo, y creo que como documental pudo ser más profundo y crítico (en el buen sentido de la palabra), pero sin duda me hizo ver con nuevos ojos al artista, cuya vida y obra deberían ser evaluadas en el escenario, y no en sus sórdidos detalles personales. En resumen, Esto es Todo celebra la música y el talento detrás de ella, pero no analiza al hombre ni su motivación. Y al menos para mi ese limitado enfoque bastó para hacerme pasar un buen rato.
Calificación: 7.5
Desde hace casi treinta años soy aficionado a los videojuegos (sí, así de viejo estoy), y creo que en todo ese tiempo nunca he deseado que fueran reales los personajes, vehículos o monstruos que se controlan (o se destruyen) en el entorno artificial del entretenimiento interactivo. De hecho, la atracción de los juegos (al menos para mi) radica en la fantasía de acertijos, peligros y violencia que son inofensivos e inconsecuentes, pero que al mismo tiempo presentan retos mentales suficientemente realistas para estimular el cerebro (y el ego) en la medida justa para sentirse entretenidos sin llegar a frustrarnos. Por eso me fue imposible tragar la premisa de la cinta Gamer, cuya historia gira en torno a un futurista juego llamado "Slayers" en el que los jugadores controlan remotamente a personas reales en escenarios de frenético combate, con auténtica sangre y muerte para los perdedores... o al menos para los "avatares" humanos que ponen en peligro sus vidas como títeres de sus controladores. En otras palabras, es como jugar Call of Duty sentados cómodamente en nuestras casas, pero con personas reales disparándose y tratando de sobrevivir los violentísimos encuentros "multiplayer". Entiendo cómo ese concepto puede sonar ingenioso o interesante, pero el más leve análisis revela enormes desventajas potenciales que hacen aún más deseable la conveniencia del obediente e infinitamente flexible mundo virtual. Claro que tal vez mi error sería exigir entretenimiento lógico a los directores de la imposible película Crank...
En fin... Gamer se centra en el famoso Kable (Gerard Butler), un prisionero que aceptó participar en el juego Slayers con la promesa de libertad si sobrevive 30 sesiones de combate. Gracias a su gran habilidad física, y al diestro manejo de su controlador Simon (Logan Lerman), Kable se encuentra cerca de su prometida liberación. Pero no será fácil, pues una agrupación secreta de revolucionarios lo ha seleccionado como pieza fundamental de una rebelión tecnológica en contra de Ken Castle (Michael C. Hall), creador del juego y de la tecnología que permite el control remoto de humanos. Kable desconfía de sus nuevos "amigos", pero acepta participar en su plan para poder escapar su vida de violencia y reunirse con su esposa Angie (Amber Valletta), quien también trabaja como títere humano en un juego social llamado Society (algo así como Second Life, pero con personas), donde se ve explotada sexualmente para entretenimiento de su perverso controlador.
La película Crank me gustó porque su ridícula irrealidad estaba bien balanceada por un dinámico ritmo y simple historia. Gamer se ubica en un universo similarmente caótico y exagerado, pero complica tanto su argumento que es difícil mantener el interés a pesar del constante despliegue de sangre, acción y violencia (y desnudos). En pocas palabras, no hay sustancia narrativa detrás de su agresivo estilo, y tras los primeros minutos de asombro y saturación sensorial es fácil "desconectarse" de la trama y simplemente absorber las escenas sin pies ni cabeza que avanzan torpemente hasta el bendito final. En realidad es una lástima, pues los directores Mark Neveldine y Brian Taylor poseen una visión genuinamente energética, y con la ayuda de sus sufridos editores logran coreografiar algunas impresionantes secuencias que merecen pertenecer a una mejor película. Por el lado amable, no niego que los excesos visuales de Gamer sean simples trucos diseñados para atraer el lucrativo segmento mercadológico de los modernos video-jugadores; pero me atrevería a decir que en un nivel más sutil también tienen la intención de satirizar los medios de comunicación que abusan de las mismas herramientas en su grotesca lucha por la atención del espectador.
La última media hora de Gamer renovó un poco mi interés, pues la introducción de los revolucionarios cambia fugazmente el tono de la historia y añade un ángulo de ciencia ficción que me pareció fascinante. De hecho, el Gran Plan del villano (¡Dexter!) es muy original y supera con creces cualquier maquinación maquiavélica de los tediosos antagonistas de James Bond. Pero es tan solo una falsa alarma, y al poco tiempo la película regresa a su inflada y gratuita regurgitación de clichés de acción, incluyendo la absurda y risible aparición del villano parlanchín, quien pretende resolver sus problemas revelando los detalles de su estrategia mientras lucha mano a mano con el héroe. Sí... eso hacen todos los genios criminales.
Lo mejor que puedo decir sobre Gamer es que me gustó su psicosis narrativa, por un lado tratando de satisfacer al moderno público juvenil con videojuegos, sangre, sexo y violencia; y por otro lado criticando oblicuamente esa obsesión tecnológica que amenaza con esclavizarnos (o que ya nos esclavizó). Pero su dudosa intención no basta para recomendarla, y creo que honestamente hubiera preferido invertir esas dos horas sumergido en el mundo virtual, jugando Call of Duty, Defense Grid o Unreal Tournament. Quizás suena irónico; pero seguramente me hubiera divertido más que viendo esta cansada película.
Calificación: 5
Al principio de 500 Días con Ella se nos advierte que no será una historia romántica... y durante los siguientes noventa minutos la película procede a reciclar todos los clichés de ese género. Sin embargo, admito que el director Marc Webb supo administrarlos bastante bien, de modo que el clásico recuento de los vaivenes emocionales de una pareja termina siendo más honesto y realista que muchas otras monótonas comedias románticas sacadas de un mismo molde. Pero no hay que confundir realismo con seriedad, pues la precisa disección de un romance moderno no impide el ocasional capricho creativo, como un sarcástico montaje musical, varias visitas al "karaoke" (en diversos estados de ebriedad) y desde luego, la hermana menor cuyos sabios consejos sobre el amor exceden por mucho su corta edad.Como indica su título, a lo largo de la película presenciamos en forma no lineal 500 días de la cambiante relación entre Tom (Joseph Gordon-Levitt) y Summer (Zooey Deschanel), comenzando con el aparente fin de su idilio, para después visitar días específicos en los que ocurrió algo significativo que podría orientarnos sobre el momento en que empezó a desmoronarse, o sobre el potencial de reconciliación. Es un concepto interesante y muy bien complementado por actores que encajan maravillosamente bien en sus papeles, pues además del natural carisma que los hace accesibles y simpáticos, ambos poseen una cierta melancolía que subraya los miedos e inseguridades que obstaculizan su romance. Creo que Joseph Gordon-Levitt ha probado ser uno de los mejores actores de su generación, no sólo por su obvio talento, sino por la audaz selección de proyectos en los que participa. Estimo que 500 Días con Ella no lo convertirá en estrella, pero sin duda podemos contar con otra de sus detalladas actuaciones, profunda y rica en niveles de interpretación. Zooey Deschanel es obviamente encantadora, pero confieso que rara vez me ha impactado como actriz. Afortunadamente el voluble papel de Summer se ajusta exactamente a su limitado rango, y nunca da un paso en falso al mostrar los muy distintos aspectos del personaje, desde la inocente seductora hasta la veleidosa coqueta.
Me gustó el tono que el director Marc Webb imprimió en la película, dando igual oportunidad a los contradictorios puntos de vista con los que puede examinarse el romanticismo de una pareja. Podemos encontrar por igual cínicos comentarios sobre la falacia del amor; el irreal deseo de alguien cegado por las apariencias; y la honesta sensación de intimidad justificada por la química entre los personajes, y no por algún capricho del guionista. Por otro lado, muchos de esos momentos pierden su balance debido a la excesiva afectación que contamina algunas escenas, como si el director hubiera añadido medio litro adicional de miel porque no tuvo confianza en la dulzura natural de la situación. A veces funciona su exuberancia (como en el improvisado número musical... ¡con personajes animados!), pero en otros simplemente se siente forzada y artificial.
A pesar de esos tropiezos terminé disfrutando 500 Días con Ella más que cualquier otra comedia romántica en el último año. La promesa inicial de que "no se trata de una historia romántica" resultó al menos parcialmente cierta, pues si bien la trama se fundamenta en el instinto humano de encontrar pareja (o amor... lo que ocurra primero), también logra desafiar nuestras expectativas y los convencionalismos del género. Puedo recomendarla con confianza, aunque advierto que no será necesariamente satisfactoria para el segmento del público acostumbrado a los finales prefabricados que podemos encontrar en la obra de Sandra Bullock o Kate Hudson. Lo cual, si nos ponemos a pensar, es un significativo halago que pocas películas merecen.
Calificación: 8
Hace dos años, el re-make de Halloween realizado por el músico/cineasta Rob Zombie (¿todavía dedica tiempo a su carrera musical?) me pareció un débil y mediocre intento por inyectar nueva vida en una franquicia que sin duda perdió toda integridad e interés gracias a sus cansadas secuelas. Ahora, paradójicamente, le tocó el turno a Zombie de dirigir una secuela de su propia "re-imaginación"... ¿logrará romper el círculo vicioso para darnos una segunda parte digna e interesante? Claro que no. No sé ni para qué lo pregunto.
Tomando el ejemplo de aquellas mercenarias e ineptas secuelas que sepultaron el nombre de Halloween durante los ochentas y noventas, Zombie se limita a reciclar en Halloween II los menos interesantes pasajes de la previa película; en otras palabras, abandona la tormentosa juventud de Michael Myers (Tyler Mane) para centrar la atención en una nueva ola de asesinatos, donde las víctimas están de algún modo relacionadas con la joven Laurie Strode (Scout Taylor-Compton), cuyo misterioso lazo con el mudo asesino podría salvarla o asegurar su aniquilación.
Desde el comienzo de Halloween II empecé a tener serias dudas sobre la estrategia de Zombie, pues la primera escena es un incongruente "flashback" que parece colocado a la fuerza para darle trabajo a su esposa Sheri Moon. Pero no... eventualmente se revela que el flashback está justificado por un ridículo "pay-off" al final de la película, sacado directamente de Halloween 6 (¿O fue la 5? Como sea, lo único que provoca es risa). Por lo demás las cosas se desarrollan tal como esperamos, con el sacrificio de numerosas víctimas genéricas para satisfacer la agresión del tenaz e imparable Michael. Tratando de ayudar en lo posible, el estoico Malcolm McDowell hace acto de presencia como el Dr. Loomis, repitiendo su bien conocida letanía sobre la motivación del maniático. Pero nada de eso explica la inexistente personalidad del asesino. Tradicionalmente Myers ha sido el más plano e inescrutable villano del cine slasher, y aunque eso lo mantuvo alejado del "glamour" compartido por Freddy Kruger y Jason Voorhees, al menos le dio un aire enigmático y atemorizante. Por eso me decepcionó ver que en Halloween II tiene aún menos personalidad (si es posible) que en sus previas apariciones. Es cierto que el actor Tyler Mane aporta una imponente presencia física... pero no sabe expresar emociones con su movimiento y actitud. Las mejores obras del cine slasher logran interesarnos en el destino de los protagonistas pero, aceptémoslo, la gran mayoría de estas películas sólo busca ponernos del lado del maniático para celebrar sus imaginativos crímenes y aplaudir las muertes de las desechables víctimas. Zombie no consigue ni ese simple nivel de entretenimiento, pues su tedioso libreto y personajes de papel no producen la menor respuesta visceral en el espectador. O al menos en mi.
Después de exponer tantas quejas, debo admitir que en el aspecto técnico y visual, Halloween II es la mejor película de Rob Zombie. Claro, me costó trabajo mantenerme despierto durante sus más "emocionantes" momentos, pero eso no me impidió notar la madurez de un cineasta que ya abandonó su obsesión con la desaturada cinematografía setentera de The Devil's Rejects y la abigarrada estética de video musical que empleó en House of 1000 Corpses. Su evolución lo ha llevado a algo que yo llamaría "horror noir", con bien planeadas escenas que lucen el estilizado claroscuro del director de fotografía Brandon Trost. Claro que las opiniones podrían variar... la película es muy oscura (y no me refiero a que sea “dark”, sino que está escasamente iluminada), y en muchas ocasiones parece que a Zombie no le interesa si entendemos lo que está pasando, siempre y cuando logre filmar un ángulo interesante, con ribetes de luz y alto contraste. Francamente a mi tampoco me interesaban las acciones de los personajes y quizás esa apatía me permitió admirar su renovado estilo visual. En cuanto a su selección de actores, parece tan irregular como siempre. Los jóvenes protagonistas de Halloween II se ven reducidos a antipáticos títeres que pasan de la arrogancia al terror con la menor provocación. El elenco secundario ofrece un poco más de interés, pues cuenta con la presencia de algunas semi-celebridades en el género de terror (además del mencionado McDowell tenemos a Margot Kidder, Caroline Williams, Brad Dourif y...¿Weird Al Yankovic?) que al menos despiertan un poco de simpatía por sus insustanciales papeles.
Sin embargo, nada de eso basta para recomendar esta tediosa película, que defraudará incluso a los escasos fans de su predecesora. Creo que Rob Zombie disfruta mostrándonos a sus personajes aterrorizados, pero por más gimoteos y gritos que emitan no logra hacernos compartir ese terror, y por lo tanto la experiencia se vuelve hueca y monótona. Sin embargo, los productores de Halloween (y dueños de la franquicia) han demostrado que no hay obstáculo alguno para exprimir más dólares del apestoso cadáver de Michael Myers, de modo que podremos esperar futuras secuelas re-re-re-imaginadas (aunque sea en DVD), y sinceramente deseo que ninguna incluya a Zombie. Aún con los variados tropiezos en su faceta como director creo que tiene potencial, y si encuentra un buen libreto podría sorprendernos con el talento que ha desarrollado en sus poco satisfactorias películas. ¿Logrará hacerlo con su re-make de The Blob? Perdón... ahí voy de nuevo con mis estúpidas preguntas...
Calificación: 3
Me quejo constantemente de los re-makes que infestan la producción fílmica norteamericana, pues son clara evidencia de la grave carencia de ideas que afecta a la industria entera. Pero, en un nivel más profundo, me molesta la mera creación de estas "modernizaciones", pues sugiere la existencia de "defectos" en alguna película antigua, que sólo los genios actuales de Hollywood podrían corregir (sobra decir que la mayor parte de las veces terminan empeorando la situación). Sin embargo, no niego que ocasionalmente la nueva versión de un clásico (o semi-clásico) puede representar una mejoría sobre el original, e incluso co-existir armoniosamente con su predecesora al complementar sus temas, mejorar sus imágenes y adaptar la ideología del pasado a una situación contemporánea. El ejemplo obligatorio de esa armonía sería The Thing From Another World (1951) y su re-make The Thing (1982), pero esta vez quiero enfocarme en dos películas distintas que, en mi humilde opinión, nunca obtuvieron el respeto que merecían, y son actualmente recordadas como meros artefactos arqueológicos de sus respectivas décadas.
Me refiero, desde luego, a la original The Blob, filmada en 1958, y su correspondiente re-make de 1988.
A fines de los cincuentas el cine de ciencia ficción estaba aún estancado en los mismos temas de la post-guerra: el horror atómico, el cuestionamiento de la identidad nacional y, sobre todo, el temor a las invasiones bélicas e ideológicas. The Blob reúne todos esos elementos en un simple y ligero relato ubicado en el proverbial pueblo pequeño, donde la apacible vida de sus habitantes se ve amenazada por el arribo de una extraña presencia que provoca la cooperación y vigilancia de la comunidad. Ciertamente no es una analogía del comunismo tan obvia como en la brillante The Invasion of the Body Snatchers, pero podemos sentir la misma atmósfera de paranoia mezclada con ciega confianza en el "American Way", cuya defensa recae en la gente común, y no en el aparato militar de la nación.
Al principio de la película encontramos a los jóvenes Steve (Steve McQueen... sí, ESE Steve McQueen) y Jane (Aneta Corsaut) a punto de iniciar una velada romántica en el bosque, cuando ven caer un meteorito en las afueras de la ciudad. Sin pensarlo dos veces se dirigen al sitio del impacto, pero un anciano ermitaño se les adelanta y tiene la mala fortuna de convertirse en la primera víctima del Blob, una gelatinosa masa que escapa del fragmentado asteroide y se adhiere a la mano del aterrado hombre, consumiendo sus tejidos. Steve y Jane lo encuentran corriendo en la carretera y deciden llevarlo con el afable Doctor Hallen (Steven Chase), quien queda sorprendido por el rápido crecimiento de la extraña masa. Pero su curiosidad se transforma en terror cuando es devorado por el Blob, el cual escapa del consultorio para consumir más víctimas, creciendo más y más, hasta que envuelve por completo un pequeño restaurante, donde Steve y Jane trataban de ocultarse...
Lo que distingue a The Blob es que sus héroes no son los adustos científicos y estoicos militares que poblaron invariablemente el "cine B" de los años cincuentas, sino un grupo de adolescentes, traviesos pero inteligentes, que saben perfectamente cuándo interrumpir sus joviales bromas para tomar en serio la amenaza que se cierne sobre su pequeño pueblo. Durante la siguiente década esa premisa se convertiría en un insoportable cliché, pero creo que The Blob tiene el dudoso honor de haber inventado la clásica escena de "la policía no cree el testimonio de los jóvenes, hasta que es demasiado tarde". El legendario productor Jack Hill intuyó (correctamente) que el cine de ciencia ficción y terror era muy popular entre los adolescentes, y quizás sería buena idea ponerlos también en la pantalla, para que los jóvenes espectadores se identificaran fácilmente con esos personajes, en vez de los "viejos" profesores y soldados de antaño. La suposición de Hill resultó acertada, y The Blob fue un sonado éxito en los autocinemas y matineés de aquella época.
Treinta años después, en 1988, The Blob resucitó bajo la mano del director Chuck Russell, un hábil pero menospreciado cineasta que a lo largo de su variada filmografía ha mostrado una sana sensibilidad por la atmósfera y entusiasmo del mejor "cine B", tanto cuando trabaja en cintas de terror como cuando conduce algún costoso proyecto de estudio hollywoodense. Su versión de The Blob emplea la misma estructura básica de la original: dos jóvenes de acomodadas familias encuentran al anciano infectado con el Blob que cayó del espacio; pero esta vez el apuesto Paul (Donovan Leitch) es devorado rápidamente por el monstruo, y su aterrada (ex) novia Meg (Shawnee Smith... sí, ESA Shawnee Smith) tiene que afrontar los deberes de heroína, auxiliada por el rebelde Brian (Kevin Dillon), un lacónico y solitario motociclista del que todos desconfían.
Para bien o para mal, esta nueva versión elimina todo redundante e innecesario drama para centrarse en los brutales ataques del monstruo, magníficamente representados por los efectos especiales del genial Tony Gardener. Su labor no solo incluyó mostrar las grotescas consecuencias de los múltiples encuentros entre el ácido Blob y sus víctimas, sino además dar "vida" a la imposible criatura. Afortunadamente Gardener tuvo que echar mano de ingeniosos trucos prácticos para hacer que la masa de látex y gelatina diera una actuación convincente, pues el reducido presupuesto de la película no permitió el uso de las entonces primitivas herramientas digitales. Y digo "afortunadamente" porque hoy sería demasiado fácil crear al Blob con sofisticadas simulaciones de fluidos y demás herramientas computarizadas que restarían todo el encanto artesanal que podemos ver en ambas versiones de la película (aunque vale advertir que la versión de 1958 no impresionaría a nadie con su viscosa estrella deslizándose perezosamente en "sets" inclinados).
Otra acertada decisión que tomó el re-make fue aprovechar la paranoia latente en la historia, alejándola de la "amenaza comunista" y enfocándola a algo mucho más cercano y terrorífico: el gobierno norteamericano. Esta vez el Blob también cae del espacio, pero eventualmente nos enteramos de que su origen es artificial y no llegó en un meteorito, sino en un satélite que perdió su órbita. Peor aún, los científicos y militares que acuden a investigar resultan tan peligrosos como el monstruo mismo, o quizás más, pues su aparente intención de rescate oculta un propósito más siniestro, que podría borrar por completo del mapa al pequeño pueblo. Y (hablando de cambios) aunque el final de la película emplea el mismo "talón de Aquiles" para derrotar a la criatura, al menos aplica lógica más sólida al problema (por no mencionar espectáculo visual). Finalmente, podemos detectar también un profético mensaje ecológico sutilmente integrado al libreto, pues la trama se desarrolla en un pueblo rodeado de montañas que antes gozaba turismo invernal por sus constantes nevadas. Pero el clima está cambiando, no ha caído nieve y los habitantes atraviesan una economía deprimida. Mmh... suena familiar.
Aunque sin duda me gusta más el (semi)moderno re-make de The Blob por sus excelentes efectos prácticos, su enriquecida estructurada narrativa y la diestra actualización de la paranoia gubernamental ochentera, considero la original como un puntal de la ciencia ficción que estableció muchos de los estándares que hoy damos por sentados en las películas de monstruos; por no mencionar la aceptación del grupo demográfico juvenil como principal consumidor (y demandante) del cine fantástico. Finalmente, vale decir que en lo único que la original supera al re-make es en su pegajoso (¡ja!) tema musical, compuesto por Burt Bacharach con irónico humor que contrasta deliciosamente con los horrores de la película. La verdad no espero nada bueno del nuevo re-make de The Blob planeado por el director Rob Zombie; pero toleraré cualquier bazofia si al menos se atreve a grabar una modernizada versión de esa ridícula pero entrañable canción. Pero dudo que lo haga.
Calificaciones: The Blob (1958): 7 - The Blob (1988) 8.5
Imágenes cortesía (robadas) de BadMovies.org
Es fácil prejuzgar esta película, pues todo indica que se trata de un paseo vulgar por el mismo territorio que exploró la más amable y familiar Paul Blart, Mall Cop: un guardia de centro comercial con fantasías de detective y delirios de grandeza que contrastan con su evidente ineptitud y nula autoridad. Con esa idea comencé a ver Observe and Report, pero al final quedé sorprendido por la inesperada audacia del director Jody Hill, cuyo torcido sentido del humor busca ser mucho más oscuro y subversivo que las fáciles comedias de Judd Apatow y sus imitadores. El resultado, a fin de cuentas, fue una experiencia en igual medida graciosa, dramática... y bastante perturbadora.
Observe and Report sigue las aventuras de Ronnie Barnhardt (Seth Rogen), jefe de seguridad en un genérico centro comercial norteamericano donde se desarrolla una pequeña crisis: un exhibicionista está aterrorizando mujeres en el amplio estacionamiento, donde las persigue y muestra sus genitales. El administrador del "mall" quiere reportarlo a la policía, pero Ronnie está seguro de poder capturar al depravado criminal con la ayuda de su patético equipo de guardias. El problema es que Ronnie sufre de trastorno bipolar, lo cual crea ilusiones de autoridad y poder que exceden sus simples deberes (y escaso talento). Por eso cuando el exhibicionista ataca a la joven Brandi (Anna Faris) y la policía finalmente investiga el caso, Ronnie sufre una herida en su orgullo, que sólo sanará satisfaciendo sus "instintos de cazador" y dando rienda suelta a sus frecuentes accesos de ira... con lo cual se pone de inmediato en conflicto con el igualmente agresivo y tenaz Detective Harrison (Ray Liotta), quien considera a Ronnie como un irritante obstáculo en la investigación.
Aunque está estructurada como una comedia (y en realidad tiene partes hilarantes), creo que sería más preciso describir Observe and Report como una perversa parodia que usa el síndrome bipolar como reemplazo de la más genérica estupidez que usualmente motiva a los inmaduros personajes de la nueva comedia norteamericana. Añadiendo una condición médica como excusa de las escandalosas e inapropiadas conductas del protagonista, la película busca ubicarse en un nivel distinto, donde los chistes siguen siendo graciosos, pero dejan un mal sabor que se queda durante largo tiempo en el espectador. Para ilustrar esta estrategia con un pequeño ejemplo, los invito a comparar dos escenas similares en su forma, pero profundamente distintas en su efecto: En la película Role Models, el afable Paul Rudd insulta con entusiasmo a un niño, y nos hace reír porque el adulto inmaduro se pone al nivel de su "rival" infantil; en Observe and Report, Seth Rogen hace lo mismo, pero su iracundo rostro expresa genuina agresión que bordea en el abuso, y aunque la incongruencia de la escena causa risa (no me consideren un monstruo, por favor), va acompañada por una vaga sensación de pena por el personaje. Sin duda es un tono muy extraño para una supuesta comedia, pero el director Jody Hill no teme caminar sobre esa delgada línea, incluso si de vez en cuando termina cayendo al abismo de mal gusto y explotación que se abre a sus pies.
Como sea, puedo recomendar Observe and Report por su arriesgada intención, sus momentos de grotesco humor y las valientes actuaciones del elenco. No son exactamente “virtudes”, pero sí “atributos” que compensan las dudosas decisiones del libreto y sus más oscuros pasajes. Seth Rogen demuestra que puede llegar más allá del típico hombre bonachón que usualmente interpreta; Ray Liotta exuda intensidad como el detective a cargo de la investigación; Anna Faris es graciosa y estridente (como siempre), pero con inusual malicia detrás de su aparente fragilidad; Michael Peña se roba la película como el guardia mexicano; y Patton Oswalt tiene una corta pero graciosa aparición como el más arrogante gerente de comida rápida que he visto. Conviene repetir que Observe and Report no será para todos los gustos, y tal vez ofenda a tantas personas como las que hará reír. Sin embargo considero que su velada crítica al racismo, la intolerancia y la obsesión con el consumismo de la cultura norteamericana validan el uso de herramientas un poco extremas para transmitir su mensaje. Sólo espero que nadie la confunda con la mencionada Paul Blart: Mall Cop, pues podría recibir una desagradable sorpresa.
Calificación: 7.5
Russell Crowe estelariza la película Asesino Íntimo, y cuando lo vi interpretando a un atormentado detective con problemas familiares temí que la cinta degenerara en uno de tantos rancios relatos sobre asesinos seriales y los rudos pero deprimidos policías que los persiguen. En cierto modo el libreto sigue ese cliché, pero construye alrededor de él una historia distinta y más interesante. Sin embargo no cabe duda que se trata de un esfuerzo menor que pertenece al olvidable cine directo a DVD, aunque por alguna razón llegó en México a la pantalla grande.
El mencionado policía es el detective Cristofuoro (Russell Crowe), cuya investigación sobre el asesinato de una familia condujo al encarcelamiento del menor de edad Eric Poole (Jon Foster). En su décimo octavo cumpleaños el joven es liberado, y Cristofuoro está ahí para recibirlo y recordarle que estará vigilándolo, pues el veterano policía siente que el joven matará de nuevo. Habiendo recibido esa advertencia Poole hace lo posible por reconstruir su vida; pero no será fácil, pues una impulsiva muchacha llamada Lori (Sophie Traub) está obsesionada con el ex-convicto, y decide acompañarlo en su búsqueda de casa y empleo. El solitario Poole acepta la presencia de la chica, sobre todo cuando Lori insinúa que conoce un secreto sobre el pasado del inestable joven. ¿Tendrá razón Cristofuoro al pensar que el ex-convicto volverá a matar? ¿Y será Lori su nueva víctima... o su salvación?
Sin duda es una historia distinta a la que nos tienen acostumbrados los "thrillers policiacos" que parecen surgir espontáneamente en televisión por cable y en los estantes inferiores del videoclub (y no me refiero sólo a su ubicación). Pero no por ello resulta muy buena, aunque el metódico ritmo de la narrativa y la selectiva liberación de información contribuye a hacerla interesante. Los personajes se mantienen ambiguos y bordean en la estupidez, pero no por mediocridad del escritor, sino porque retratan un entorno socio-económico bastante realista y desmoralizante, en el que resulta comprensible el "glamour" y romanticismo del recién liberado asesino. Confieso que me gustó ese aspecto de la película, tal vez porque ya estoy cansado de la “sofisticada” decadencia urbana y atmósfera "fincheriana" que empapa el moderno género policíaco. Hablando de eso, vale advertir que el director australiano John Polson previamente fue responsable por dos atrocidades fílmicas que conviene olvidar: Hide and Seek y Swimfan. Sin embargo, en Asesino Íntimo muestra mayor sobriedad en su manejo del burdo melodrama y en su selección de actores. Por cierto, los fans de Russell Crowe quizás queden decepcionados por su corta presencia en esta película. Su papel es prácticamente secundario, y todas las escenas "jugosas" están a cargo de los jóvenes Foster y Traub, quienes no muestran gran presencia o carisma. Pero, como dije antes, tal vez esa hueca actitud acentúa sus interpretaciones de adolescentes confundidos que son víctimas fáciles de la inexperiencia y de sus malas decisiones.
Lo mejor que puedo decir de Asesino Íntimo es que despertó mi interés por la novela en la que está basada, pues sospecho que podría encontrar en ella la profundidad narrativa y complejos temas que apenas se sugieren en esta superficial adaptación fílmica. Por lo demás, la encontré lenta y desganada, con actuaciones demasiado sutiles para ser recordadas. A fin de cuentas no puedo recomendarla a pesar del sensible retrato que ofrece de un estrato cultural poco común y frecuentemente despreciado. En cuanto a Polson, quizás ésta sea su más pulida película, pero de cualquier modo creo que ya excedió "el beneficio de la duda", por lo que no me apresuraré a ver su siguiente obra. Afortunadamente este cineasta comenzó su carrera como actor, de modo que tiene un buen "plan B" en caso de que nadie más se atreva a poner una cámara en sus manos.
Calificación: 5
Aunque me gustó mucho la excelente cinta REC, vi con desconfianza la realización de una segunda parte pues, en mi humilde opinión, no hacía falta continuar una historia que se siente bastante completa. Incluso el ambiguo final de la original me pareció lo suficientemente misterioso y satisfactorio para no requerir más explicaciones. Pero supongo que el potencial económico de una secuela es la única explicación que importa, de modo que los directores Jaume Balagueró y Paco Plaza decidieron darnos una continuación lógica de los eventos mostrados en la primera película. O eso pensé al principio...
Durante los primeros minutos de REC 2 vemos la conmoción en los alrededores del edificio infectado por el extraño virus que convierte a la gente en rabiosos y violentos "zombies" (por llamarlos de alguna manera). Los servicios de emergencia han acordonado la zona, y un grupo de rudos policías especiales se prepara para escoltar al Dr. Owen (Jonathan Mellor) del Ministerio de Salud, quien inspeccionará el inmueble, evaluará el peligro de contagio y hará lo posible por rescatar a los sobrevivientes. Entonces, a través de la cámara que uno de los policías usa para documentar la misión, vemos cómo se infiltran en el edificio, encontrando los cruentos remanentes de los hechos que presenciamos en la primera película. Pero cuando se revela la auténtica naturaleza de la infección, queda claro que el Dr. Owen tiene un oculto y siniestro propósito, y que no será tan fácil salir con vida de la macabra vivienda, incluso si logran cumplir su misión.
En general REC 2 me pareció forzada, floja y más caótica que REC. Los personajes gritan mucho pero dicen poco, y las pobres personalidades de los policías son genéricas e intercambiables. Además, para añadir más víctimas potenciales, aparece un grupo de jóvenes que se infiltra al edificio con otra cámara de video para grabar algo "guapo", aportando de paso más gritería, histeria y torpe “comic relief”. Aún así la película podría posicionarse como una inferior pero funcional secuela con escaso valor artístico y sólo apta como ligero entretenimiento.
Sin embargo, los escritores tomaron una muy cuestionable decisión que me impidió disfrutarla en ese básico nivel: la inexplicable adición de un elemento que no estaba presente en la original, y que cambia por completo la perspectiva de la historia. No lo revelaré porque es indudablemente sorpresivo, pero me pareció un error tremendo, que no sólo desentona con lo establecido en REC, sino que incluso la arruina retroactivamente. Por un lado entiendo que Balagueró y Plaza no quisieron simplemente repetir la misma historia; pero tampoco puedo creer que ese haya sido el único modo de hacerlo. Habiendo dicho eso, hay que considerar la posibilidad de que algunas personas opinen que esa adición representa un brillante giro a la narrativa, pues apela a un nuevo nivel de temores en el espectador. Entiendo esa opinión y la respeto, pero definitivamente no la comparto.
Entonces, sin contar mi muy negativa reacción a esa extraña sorpresa, creo que REC 2 es una mediocre película que de ningún modo alcanza la calidad e impacto de la original. No hay mucho suspenso, la técnica de "cámara en mano" se vuelve excesiva y cansada; y la adición de personajes externos parece un truco mal justificado para llenar nuevamente de víctimas potenciales el cavernoso edificio (bueno, no se llena, pero al menos invita la posibilidad de más sangre). Si se tratara de una película original (y no una secuela), quizás me hubiera parecido levemente recomendable por su premisa y por las contadas secuencias de horror que apenas funcionan. Pero como continuación de una de las mejores obras de terror en años recientes, resulta una seria decepción, no sólo por su inferior calidad, sino por la adición de elementos absurdos, narrativamente innecesarios y de muy dudosa lógica. O quizás pretendía ser una parodia y no entendí su propósito. En ese caso, mis disculpas.
Calificación: 5
PRECAUCIÓN: Este artículo revela SPOILERS de las películas anteriores.
Hay que admirar la longevidad de Saw. La sexta parte de cualquier franquicia en el cine de horror (o, para el caso, en cualquier género) probablemente sería una barata y forzada secuela producida mercenariamente para el mercado directo a DVD. Pero el estreno en cines de Saw VI es testimonio de la confianza que el estudio Lionsgate tiene por esta ya venerable saga. Sin embargo debo decir que muchas personas (incluyéndome) ponían en duda la validez de esa confianza, pues aunque la trilogía inicial forjó un interesante universo a base de ingenio y mucha sangre, la cuarta y quinta parte demeritaron la serie en forma alarmante, sumiéndola en un pantano de forzadas revelaciones, incongruentes personajes y el más denso "retcon" que había visto desde Star Wars. Francamente, fui a ver Saw VI con muy poco entusiasmo... casi como una obligación de fan buscando excusas para abandonar su afición.
Por eso me alegra decir que Saw VI inyecta nueva vida en la serie, y si bien es inevitable sentir un poco monótona la consabida rutina, el director Kevin Greutert (ex-editor de las previas cintas) y su equipo de guionistas cumplieron la promesa de regresar la fórmula a sus orígenes, con un nuevo "juego" cruel y sangriento, pero respaldado por la "noble" intención del villano, ofreciéndonos así abundante sangre con un válido (aunque trillado) mensaje social para evitar que la película se convierta en un hueco ejercicio en crueldad.
A diferencia de Saw IV y V, creo que esta vez no hace falta tener un doctorado en Jigsaw para disfrutar la historia, aunque sin duda la experiencia será más rica para quien haya seguido el drama de los personajes principales. Como recordarán, en la cuarta parte se reveló que (SPOILER... pero en serio, ¿qué diferencia hay?) el Detective Hoffman (Costas Mandylor) era también discípulo de Jigsaw y heredero de su legado; en la quinta parte Hoffman manipuló al Agente Strahm (Scott Patterson) para inculparlo como el "nuevo Jigsaw". Y ahora, habiendo establecido su coartada, Hoffman procede a iniciar un nuevo "juego" con ayuda de Jill (Betsy Russell), la viuda de Jigsaw. Esta vez las víctimas son los empleados de una compañía de seguros, orgullosos de su habilidad para negar el pago de pólizas a enfermos que requieren urgente tratamiento médico. Pero el juego podría interrumpirse cuando la Agente Pérez (Athena Karkanis), quien ¡sorpresa! no está muerta (SPOILER... uy, demasiado tarde) empieza a sospechar que Strahm fue un chivo expiatorio, y que el auténtico culpable es otra persona. Y así Hoffman se ve obligado a participar en la investigación de sus propios crímenes, mientras el aterrado presidente de la compañía de seguros recorre el pesadillesco laberinto que le hará ver los errores de su vida. O lo matará en el intento.
Suena complicado, pero en la práctica la película resultó mucho más asimilable y entretenida que las dos previas secuelas. Para empezar, no hay manipulación del tiempo, ni trucos que engañen nuestra percepción. Hay bastantes "flashbacks" para justificar la presencia de las víctimas, y también para explicar la relación entre Hoffman, Jigsaw y Amanda, pero la estructura general del libreto es bastante lineal, y la mayor parte de las escenas ocurren en tiempo real. Desde luego, al final hay un par de revelaciones sorpresivas; una bastante obvia y otra realmente inesperada aunque irrelevante. Sin embargo, las dos generan adecuado impacto, incluso con la limitada información que proporciona la película. El trabajo de los actores es apropiadamente intenso; la música de Charlie Clouser se escucha más controlada y madura. Y, muy importante, las torturas siguen siendo endemoniadamente creativas, con resultados grotescos y satisfactorios, sobre todo cuando consideramos los desagradables “pecados” de la víctimas. Merece mención el estudio de efectos especiales Acme F/X, por su disciplina artística y su limitado pero efectivo uso de trucos digitales para mejorar y complementar sus artesanales creaciones de látex y sangre artificial.
Tal vez fue por mi bajísima expectativa, pero me sorprendió disfrutar tanto Saw VI, y la pondría al mismo nivel de las tres primeras. No es perfecta y aunque termina en una escena fascinante, tampoco tengo mucha prisa por ver otra secuela. Pero si se llega a producir (supongo que dependerá del éxito de ésta) sin duda iré a verla con mejor actitud, siempre y cuando no cometan el error de regresar a la obtusa saturación de personajes secundarios, o pierdan de vista la simple fórmula que llevó al inesperado triunfo de esta franquicia. En este caso, no hacía falta inventar algo nuevo, sino simplemente repetir lo que funcionó desde el principio, y creo que lo lograron. Sólo queda ver si estos aciertos no llegan demasiado tarde.
Calificación: 8
Tenía algunas esperanzas sobre la cinta Nueve porque, además de estar basada en un cortometraje bastante bueno, se nota que el director Shane Acker buscó un estilo más sofisticado y maduro que el de las simplonas y desechables películas animadas dirigidas al público infantil. Y creo que lo encontró, pero sólo en el aspecto visual, pues la historia se siente frívola y emocionalmente hueca. Sin embargo, el nombre de Tim Burton por encima del título (sin duda como presta-nombres comercial) ayudará a engañar a quienes busquen algo más sólido o por lo menos "mágico". Sobra decir que no lo encontrarán aquí.
La historia se ubica en un mundo post-apocalíptico, producto de una guerra entre la humanidad y sus máquinas. Los únicos sobrevivientes son pequeños muñecos de trapo y metal, construidos con misteriosos propósitos, cuya existencia se ve sacudida por la llegada de un nuevo integrante, poseedor de un un valioso artefacto que podría restaurar la esperanza del planeta. Pero para lograrlo deberán combatir con los remanentes del ejército robótico que previamente exterminó a la humanidad.
Nueve es una película fundamentada en conceptos visuales, diseño de producción y coreografía escénica. La preocupación del director por generar imágenes hermosas deja en segundo plano la integridad de la historia y el flujo narrativo. Como resultado, las escenas dramáticas parecen blandas e inconsecuentes, y nunca sentí genuina motivación en los personajes. Los buenos son buenos porque así los describe el libreto. Los malos son malos porque están feos. La compositora Deborah Lurie trabaja arduamente para generar emociones, y con frecuencia sus estruendosas notas se encargan de definir si la escena es triste, tensa o graciosa. Las pobres personalidades de los muñecos de trapo apenas bastan para diferenciarlos, pero no para garantizar nuestro interés en sus aventuras. Y, por supuesto, hay abundantes secuencias de acción con elaboradas persecuciones, momentos "cool" en cámara lenta y más urgencia orquestal por parte de la banda sonora. Pero nada de pasión o suspenso. El director Shane Acker construyó un fascinante mundo post-apocalíptico repleto de detalles e ingenio visual, potencialmente lleno de historias interesantes y hechos asombrosos. Lástima que haya elegido enfocarse en un aburrido rincón de ese mundo.
Podría recomendar Nueve para estudiosos de la animación. Aunque de ningún modo se acerca a la espectacularidad visual de Pixar, sin duda ofrece excelentes entornos digitales y efectos especiales realizados con "software" semi-casero, pero muy bien construidos (en otras palabras, encajan muy bien en el estilizado universo de la película, aún si no son muy realistas). Supongo que amerita mención el vago mensaje anti-bélico de la historia, y el recordatorio sobre los peligros de la obsesión tecnológica; sin embargo es difícil conciliarlo con el "místico" final que sacrifica consistencia por barato sentimentalismo y.. más efectos especiales. En resumen, Nueve fue una experiencia visualmente satisfactoria pero en ocasiones aburrida y hasta frustrante. Es una lástima ver tanto esfuerzo desperdiciado en algo que será olvidado de inmediato; pero bueno... supongo que Shane Acker podrá fácilmente conseguir otro proyecto basado en sus talento artístico. Sólo espero que encuentre un presta-nombres con más visión o influencia real en el producto final.
Calificación: 6.5
La película Trick 'r Treat rinde homenaje a la clásica Creepshow, relatando en un formato similar cinco terroríficas historias cuyo travieso humor y presentación emula los comics de horror populares en los años cincuentas, aunque con una sensibilidad moderna. Lo que varía un poco es su estructura, pues Trick 'r Treat ubica los relatos en un mismo lugar y tiempo: la noche de Halloween en un pequeño pueblo norteamericano, donde tradicionalmente se da una gran fiesta y desfile conmemorando la fecha en que "los espíritus tienen acceso al mundo de los vivos"... o algo así. Como sea, esa decisión enriquece la narrativa, pues durante la película podemos ver cómo ciertos detalles de una historia afectan a otra, añadiendo un nivel adicional que incrementa la tensión y hace más coherente la trama, aunque a fin de cuentas no sea particularmente sustanciosa.
Entre esas historias interconectadas podemos ver las graves consecuencias que sufre una pareja que no respeta las tradiciones de la celebración; después encontramos al respetable Sr. Wilkins (Dylan Baker), preparando una sorpresa para los niños que lleguen a su casa pidiendo dulces; al mismo tiempo su vecino, el irascible y misantrópico Sr. Kreeg (Brian Cox), encuentra problemas con un pequeño visitante que quizás encarna el espíritu de Halloween. En otro lugar del pueblo tenemos a la virginal Laurie (Anna Paquin) buscando pareja para la fiesta organizada por su hermana y sus amigas. Y, finalmente, un grupo de niños prepara una siniestra broma para la tímida Rhonda (Samm Todd), fascinada por los orígenes paganos de Samhaim. Sobra decir que algunos no sobrevivirán la noche, mientras que otros ganarán nuevo respeto por los valores reales que celebra esa fecha, en vez del comercialismo y frivolidad a los que estamos acostumbrados.
Otra buena historia de terror es el largo camino que siguió Trick 'r Treat hasta nuestras pantallas de televisión. Dirigida por Michael Dougherty y producida por Bryan Singer, se planeaba su estreno en cines desde Halloween del 2007, pero las inescrutables políticas del estudio Warner Bros. retrasaron la fecha una y otra vez; algunos rumores sugieren que fue una venganza corporativa por el pobre desempeño en taquilla de Superman Returns (en la que también colaboraron Singer y Dougherty); otros dicen que fue para evitar la competencia con Saw IV; y hay quien simplemente lo atribuye a la legendaria estupidez de sus ejecutivos. Como sea, Trick 'r Treat ganó fama entre los escasos aficionados al terror que lograron verla en festivales y exhibiciones promocionales, de modo que su reciente estreno en DVD viene precedido por elevadas expectativas. ¿Las cumple? Sí y no.
Para empezar, el elenco ensamblado por Dougherty me pareció perfecto. En los papeles principales tenemos varios sólidos actores de mediano renombre pero indudable talento. Dylan Baker encuentra el grado justo de amenaza por debajo de su afable exterior como padre de familia y resignado director escolar. Brian Cox tiene el más tradicional papel de viejito gruñón que recibe una dolorosa lección sobre Halloween; Anna Paquin se ve adorable con su disfraz de Caperucita Roja, apropiadamente recatada, aunque indecisa sobre perder su virginidad con un joven que no conoce. Y las niñas Britt McKillip y Samm Todd muestran muy creíble rivalidad pre-adolescente mientras visitan el tenebroso lago donde se hundió un camión escolar tres décadas atrás. El desempeño de estos actores denota una clara comprensión del tono ideal para este tipo de historias: sin burlarse de la situación toman en serio sus papeles, pero añaden un sutil sentido del humor que complementa el terror como la proverbial cereza sobre el helado, acentuando el suspenso y al mismo tiempo aceptando que las situaciones no son particularmente realistas o creíbles.
El problema es que tales situaciones resultan demasiado predecibles para quien conozca el género de terror. El director y guionista trata de confundirnos con algunas pistas falsas, pero en general es fácil adivinar el "final inesperado" en todas las historias, lo cual disminuye su impacto; sin embargo, tal vez el punto no sea sorprendernos, sino divertirnos en el camino a la conclusión. Ciertamente lo logra... pero con finales contundentes la experiencia hubiera sido más memorable y satisfactoria. Empeorando el asunto, la corta duración de la cinta impide desarrollar personajes complejos y establecer situaciones más elaboradas, aunque resulta comprensible por la necesidad de dividir los escasos noventa minutos en cinco distintos hilos dramáticos. No me malinterpreten... me gustó bastante Trick 'r Treat, pero en general hubiera agradecido un poco más de ingenio, o al menos una propuesta distintas de los arquetipos del horror que fundamentan sus historias.
A fin de cuentas debo darle una entusiasta recomendación a Trick 'r Treat por su perfecto ritmo, estilo y dirección. De ningún modo reemplazará a Creepshow o Twilight Zone: The Movie como los defitinivos estándares de la antología fantástica (en mi humilde opinión), pero sin duda ofrece abundantes delicias para aficionados al género, incluyendo su distinguido elenco, agradables efectos prácticos de vísceras y sangre (quizás me equivoco, pero creo que no vi un solo efecto digital), y algunos buenos momentos de terror y suspenso. Es una lástima que nos llegue varios años tarde y sólo en DVD, pero al menos tendremos oportunidad de añadirla a la lista de películas para celebrar Halloween que son realmente divertidas, y no sólo violentas o crueles. Y, por si alguien la recuerda, aclaro que Trick 'r Treat no es un re-make de Trick or Treat, la ochentera película sobre "rock satánico". Pero eso es tema para otro escrito. Por lo pronto, podemos agradecer que Halloween nos traiga este año una película digna de la fecha y fiel a la tradición de diversión aderezada con un poco de terror. ¿O es al revés?
Calificación: 8
Por lo general no me atraen estos dramas maritales que (supongo) buscan contrastar las perfectas apariencias que una pareja mantiene ante la sociedad, y los vicios y problemas que yacen al centro de la relación. Sin embargo me animé a ver El Amante porque aparecen en ella algunos muy buenos actores, y el director tiene en su filmografía varias excelentes películas (como Iris y Notes on a Scandal) que garantizan al menos cierto optimismo. Desafortunadamente el producto final no cumplió esas expectativas y, aunque los mencionados actores lucen su talento, la historia que interpretan me pareció demasiado torpe y difusa para tomarse en serio.
Sin embargo, admito que la premisa tiene potencial: Peter (Liam Neeson) descubre evidencia de infidelidad en la computadora de su esposa Lisa (Laura Linney), una famosa diseñadora de zapatos en Londres. Entonces, ciego de ira, busca al "otro hombre", que resulta ser un español-italiano llamado Rafe (Antonio Banderas). Y cuando finalmente se conocen en Milán, Italia, las cosas no salen como Peter esperaba...
El Amante está basada en un cuento corto de Bernhard Schlink (más famoso como autor de la controversial novela The Reader, que inspiró una más interesante película), y entiendo cómo la historia puede funcionar mejor en la página que en la pantalla. Bajo la conducción del director Richard Eyre los arbitrarios giros de la trama requieren una estructura poco lógica y un confuso “secreto” no muy secreto que parece el caprichoso truco de un guionista en los años 30s. No tengo inconveniente cuando una ambigua narrativa nos obliga a "llenar los huecos" de la historia, pero encuentro esa estrategia irritante cuando tampoco ofrece adecuado fundamento para sacar conclusiones. Por eso, cuando llegamos al incierto final, sólo encontramos frustración, en vez de explicaciones satisfactorias (tácitas o explícitas) sobre las incógnitas generadas por el vago libreto.
Liam Neeson hace lo mejor que puede en su papel, y su característica pasión impulsa la historia, aunque no lleve a algo definido. Laura Linney, Antonio Banderas y Romola Garai (como la hija de la infiel Lisa) cumplen su labor decorosamente, pero el guión se rehúsa a ofrecer intensidad o sustancia suficiente para mantener el interés, dando como resultado una lenta y fatigosa historia que sólo trasciende su telenovelesco argumento gracias al calibre de los actores. Sin embargo nada de eso basta para recomendar El Amante, aunque admito que su moderado drama podría ser más significativo para personas pasando por circunstancias similares (que no le deseo a nadie). Como mejores alternativas a esta película puedo recomendar la reciente Married Life (estrenada en México bajo el nombre de "Infieles") o, desde luego, la clásica The Ice Storm. No se parecen mucho ni en argumento ni en tono, pero ofrecen mejores interpretaciones del colapso familiar acarreado por una tragedia, ya sea accidental o provocada.
Calificación: 5
Algunas personas encontraron la cinta Brick pretenciosa e impenetrable, pues su incongruente mezcla de comedia juvenil y thriller "noir" ciertamente parecía obtusa e incompatible. Pero la combinación me pareció ingeniosa y, al igual que mucha gente, terminé disfrutando esa interpretación de dos muy antiguos géneros enriquecidos por su estimulante interacción. Desde luego, ese modesto triunfo creó saludables expectativas sobre la obra futura del director Rian Johnson. Si pudo lograr tanto con pocos recursos en su opera prima... ¿qué maravillas nos esperarían cuando Hollywood lo descubriera?
La respuesta a esa pregunta llega en la forma de la película Estafa de Amor, y aunque no fue una declarada maravilla, ciertamente ofrece una brillante historia conducida por excelentes actores y por la estilizada dirección de Johnson, quien nos muestra una nueva faceta de su talento y demuestra que Brick no fue una dichosa casualidad, sino el debut de una auspiciosa carrera.
La trama sigue a los hermanos Bloom, Stephen (Mark Ruffalo) y Bloom (Adrien Brody), expertos estafadores que, con ayuda de su reservada asistente Bang Bang (Rinko Kikuchi) diseñan elaborados fraudes para ganar dinero, pero siempre bajo la premisa de darle a su "cliente" lo que desea... incluso si el precio resulta más elevado de lo que esperaba. Al principio de la película los encontramos celebrando su más reciente golpe, que podría ser el último de su carrera, pues Bloom quiere retirarse (como aparentemente ha expresado en numerosas ocasiones). Pero Stephen lo convence de realizar un último "trabajo", cuyo teórico beneficio no sólo sería económico, sino espiritual y anímico, ya que podría cumplir el añorado deseo de Bloom: una vida real e impredecible, libre del artificio y complicados manejos de Stephen. ¿La víctima? Una "fotógrafa epiléptica" llamada Penélope (Rachel Weisz), inteligente e inmensamente rica, pero prisionera de su excentricidad y aislamiento social. Y desde luego, como puede suponerse, la estafa estará llena de secretos y ocultas intenciones. Pero tal vez no importe mucho, siempre y cuando todos obtengan lo que quieren... aún si no lo saben.
Me gustó mucho Estafa de Amor, pero (para variar) tengo algunas quejas sobre su preciosista y rebuscado tono. Al igual que hizo en Brick, Rian Johnson ubica la historia en un mundo ligeramente estilizado, lleno de simpáticas coincidencias y reflexivos detalles que no necesariamente contribuyen a la trama, pero definitivamente la enriquecen con niveles adicionales de significado, simbolismo, o simple valor estético. El lado negativo de esta interpretación "creativa" es que en muchas ocasiones cruza la línea de la artificialidad, y los personajes dejan de sentirse honestos, para convertirse brevemente en sobre-diseñadas piezas del rompecabezas narrativo que el director nos invita a descifrar. Desde luego respeto la bizarra sensibilidad de Johnson, y siempre preferiré una película con excesiva ambición en vez de escueta pereza y desgano. Pero la abundancia de extravagantes personajes y afectados diálogos me "sacaron" frecuentemente de la película. Mmh... quizás ahora entiendo mejor a los detractores de Brick.
A pesar de esas infundadas quejas, disfruté muchísimo el trabajo de los actores y el espléndido libreto, que en cierto modo sigue la clásica estructura del "gran golpe", pero con un sabor fresco y realmente impredecible... cosa que yo consideraba casi imposible después de tantas (¡TANTAS!) cintas sobre fraudes donde la revelación final es penosamente evidente. Adrien Brody es particularmente efectivo en el papel del cansado y deprimido Bloom (nunca se aclara en la película, pero ¿supongo que su nombre completo es Bloom Bloom?). Y no será sorpresa que Rachel Weisz se robe la película como la luminosa Penélope, cuyo florecimiento emocional impulsa la trama y contribuye a sus mejores momentos. También digna de aplauso es Rinko Kikuchi (irreconocible para quienes la recuerden por su deprimente participación en Babel) como la muda pero expresiva Bang Bang, siempre preparada para cualquier eventualidad. Y desde luego debo mencionar a los geniales Robbie Coltrane y Maximilian Schell en papeles memorables a pesar de su brevedad.
Se estrena con muy poca publicidad y saboteada por un ridículo título que sugiere una insulsa comedia romántica; sin embargo Estafa de Amor es en realidad una divertida y muy recomendable película difícil de clasificar, pero muy fácil de apreciar. Podría describirla como un híbrido entre el cine "noir" de David Mamet (incluso con Ricky Jay como narrador) y la exuberante serie televisiva Pushing Daisies... ciertamente una extraña combinación que no debería funcionar tan bien, pero que de algún modo resulta mejor que la suma de sus partes gracias al brillante elenco, su visionario director y una familia de personajes con "sabor" casi literario, que a fin de cuentas representan distintas facetas de la humanidad, mejor definidos por sus obsesiones que por sus tenues personalidades. Y aunque de vez en cuando pude notar los trucos de esta estafa narrativa, sus atributos me hicieron caer voluntariamente en la trampa, de la que salí bastante satisfecho, aunque con la inconfundible sensación de haber sido repetidamente engañado. Pero bueno... a fin de cuentas ¿no es esa una apropiada definición del cine?
Calificación: 9
El Desinformante (si el distribuidor puede darle un giro arbitrario de 180 grados al significado del título original, yo puedo darme el lujo de omitir las exclamaciones) está basada en hechos reales aunque, como nos advierte desde el principio, se cambiaron algunos elementos para mejorar la narrativa. Según mi exhaustiva investigación (5 minutos en Wikipedia), el guión sigue con bastante fidelidad la auténtica historia de Mark Whitacre, quien a principios de los noventas denunció las actividades ilegales de varias empresas especializadas en aditivos alimenticios. Sin embargo, la más importante alteración que el director Steven Soderbergh hizo al relato fue convertirlo en una bizarra comedia de muy irregular tono que falla en muchos aspectos, pero destaca en otros. En pocas palabras, un típico experimento fílmico de este innovador director, más interesado en explorar las posibilidades del cine que en obtener éxito económico... o en hacer una película que deje satisfechos a todos sus espectadores.
La historia, repleta de traiciones, intriga y espionaje corporativo, gira alrededor del mencionado Mark Whitacre (Matt Damon), dedicado trabajador, amante padre de familia y buen esposo que entra en contacto con el agente del F.B.I. Brian Shepard (Scott Bakula) cuando denuncia una potencial extorsión por parte de un competidor japonés. Entonces la buena relación entre ambos hombres invita a Whitacre a hacer una confesión adicional, revelando una conspiración global de manipulación de precios. Shepard, desde luego, reporta el explosivo secreto a sus superiores, y se organiza una investigación a gran escala. Pero, conforme avanzan las pesquisas sobre tales crímenes, la situación se vuelve más confusa, llegando a extremos que ninguno de los participantes hubiera sospechado.
Me abstendré de especificar esas situaciones, pues si algo funciona en la película es su constante revelación de nueva información que cambia el contexto de los hechos, y eventualmente altera por completo nuestra interpretación de los personajes, su motivación e incluso nuestra objetividad como espectadores. En ese aspecto me pareció muy bien llevada la historia, pues con cada sorpresa nos encontramos tan confundidos como los investigadores, y juntos debemos dilucidar el significado de los conflictivos testimonios. Pero de algún modo encontré forzado e inoportuno el denso barniz de comedia que Soderbergh decidió aplicar a la película entera.
Por sí mismos los hechos reales que relata El Desinformante son bastante absurdos, y difícilmente hubieran inspirado una adusta y tensa película al estilo de State of Play o The Insider. Por eso entiendo que Soderbergh haya decidido aprovechar los más descabellados elementos de la historia como fundamento de una comedia. Pero la verdad es que no me pareció muy graciosa. Por más juguetona música de Marvin Hamlisch que sature cada escena, y a pesar de los incongruentes comentarios oblicuos del protagonista, rara vez me hizo reír. Ciertamente hay humor en el relato... pero no es el tipo de humor que el director trata de vendernos, incluso llenando el elenco con actores cómicos en serios papeles secundarios. Entre los que reconocí están Patton Oswalt, Scott Adsit, Joel McHale, Paul F. Tompkins, ¡y los "Smothers Brothers"! (de hecho me dio gusto verlos, pues pensé que ya habían abandonado este mundo).
Claro que la actuación más importante es la de Matt Damon, y me pareció brillante. Sin embargo los elementos que la enmarcan demeritan su labor y restan dignidad a la narrativa. Por otro lado, me gustó la más sutil sátira del mundo corporativo norteamericano, que llega en el momento justo para recordarnos por qué estamos sumidos (o saliendo, según a quien decidan creerle) en una crisis económica mundial.
Como siempre, me pareció interesante el enfoque de Steven Soderbergh hacia esta inusual historia, pero como experiencia fílmica no fue muy satisfactoria. Quizás pueda recomendar El Desinformante más por su audacia e innovación que por sus logros intrínsecos, y definitivamente será más apreciada por quienes gusten del cine que intencionalmente rompe fórmulas e ignora géneros. En lo personal, me hubiera gustado un manejo de humor más sutil y crítico... pero no me arrepiento de haberla visto. Sin embargo, sospecho que muchos no pensarán igual. Procedan con cautela.
Calificación: 6.5
Originalmente vi Silencio en el Lago en DVD (bajo el nombre de Eden Lake) hace varios meses, e incluso entonces me pareció un tardío refrito de las cintas de tortura tan populares hace un par de años (aunque el sub-género abarque décadas). Desde sus créditos mismos se desinfló mi interés, pues no esperaba otra cosa además de los clásicos maniáticos torturando personas normales que tienen que transformarse en similares monstruos para salir con vida, o morir en el intento. Y, efectivamente, la historia no varía mucho de ese bien conocido argumento. Pero al menos alcanza buenos niveles de intensidad y suspenso, gracias a la discreta dirección de James Watkins y al truco de usar villanos de corta edad, retando las expectativas del público y añadiendo un nivel adicional de incertidumbre moral.
Las víctimas en cuestión son Steve (Michael Fassbender) y Jenny (Kelly Reilly), perfecta pareja británica de clase media que decide pasar un fin de semana acampando a la orilla de un hermoso lago. Y, desde luego, encuentran a un grupo de odiosos truhanes juveniles, cuyas "travesuras" se incrementan hasta llegar a la captura y franca tortura de Steve. Entonces Jenny, tímida maestra escolar, debe acopiar valor y férrea voluntad para salvar a su prometido y escapar con vida de sus agresores.
Los primeros veinte minutos de la película funcionan bastante bien, estableciendo la agradable vida de la pareja y logrando que nos interesemos ellos. Al mismo tiempo se siembran arteramente semillas de angustia, pues sabemos que su felicidad no durará mucho. Los actores Michael Fassbender y Kelly Reilly cumplen perfectamente su trabajo, y es fácil aceptar la evolución que experimentan bajo los rigores de su horrible experiencia. Cuando empiezan los problemas la historia sigue exactamente el curso esperado, con momentos de sangre, tensión y algunas convenientes coincidencias que rompen el flujo de la trama. Y, claro, siempre queda la incógnita sobre el desenlace... ¿Decidirá el director darnos un final feliz y satisfactorio, o uno triste y frustrante?. Desde luego no revelaré cual de los dos elige, pero honestamente no importa mucho, porque a fin de cuentas se reduce a un simple capricho del escritor, y no una conclusión lógica o incontrovertible.
Habiendo dicho eso, admito que hay peores películas con la misma premisa... pero también mejores. No obstante, Silencio en el Lago entretiene sin insultar la inteligencia del espectador y oprime los botones psicológicos necesarios para máximo impacto (que no fue mucho por lo previsible de su historia). La puedo recomendar para quien todavía encuentre interesante ver maniáticos sin motivación torturar gente inocente. Pero los que estamos aburridos de esa "fase" del horror, no encontraremos en Silencio en el Lago algo que redima el sub-género o le de nueva vida. Y lo peor es que tal vez no sea culpa de la película misma, sino de tantas otras mediocres obras que ya saturaron el mercado con el mismo tema.
Calificación: 7
Estoy acostumbrado a ver supuestas películas de "ciencia ficción" para encontrar que son simples relatos de aventuras ubicados en un contexto futurista, extraterrestre o "hi-tech". El énfasis casi siempre está en explosiones y efectos especiales, ignorando el auténtico fundamento del género: ideas provocativas, reflexiones sobre la condición humana y especulación sobre el futuro de la especie. Por eso las genuinas películas de Ciencia Ficción (con mayúsculas) son raras y demasiado esporádicas, de modo que cuando aparece una es motivo de júbilo. Sector 9 representa una de esas ocasiones, y aunque no sea perfecta ofrece abundante satisfacción para ambas facetas del público: los que buscan acción y efectos; y los que quieren algo más sustancioso para alimentar el cerebro.
Los primeros minutos de Sector 9 emplean el bien conocido formato pseudo-documental para ilustrarnos sobre ciertos extraordinarios eventos que enfrentó el planeta a fines del siglo veinte: En esta "realidad alternativa" llegó una enorme nave espacial a la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica, donde permaneció suspendida en el aire durante largo tiempo. Entonces, tras meses de tensa contemplación, una fuerza multinacional decidió abordar el inmóvil transporte, encontrando una raza de extraterrestres enfermos y desnutridos. Con los ojos del mundo encima, el gobierno sudafricano echó mano del más básico instinto humanitario y trasladó la extraña tripulación a tierra firme, donde fueron albergados a un "ghetto" llamado "Sector 9", donde a lo largo de veinte años prosperaron hasta formar una extraña comunidad que adoptó una combinación de costumbres humanas con sus propias prácticas alienígenas. Pero los humanos que rodean el campo de refugiados no está contento con sus exóticos vecinos, y cuando comienza propiamente la historia presenciamos los primeros esfuerzos por re-ubicar a las "langostas" (como se les llama despectivamente a los visitantes), llevándolos a un nuevo campamento, lejos de la ciudad y de la población humana.
El encargado del traslado es el afable Wikus van De Merwe (Sharlto Copley), empleado gubernamental de bajo nivel que enfrenta el reto con entusiasmo y buenas intenciones, quizás sin darse cuenta del racismo que empapa hasta sus más benévolos comentarios. Desafortunadamente la mentalidad de los extraterrestres es distinta a la humana, y no entienden la razón de su súbita movilización, lo cual provoca enfrentamientos y violencia, exacerbados por la presencia de la mafia nigeriana en el Sector 9, y el contrabando de armas extraterrestres que el gobierno trata de combatir. Y, además de todo, encontramos a un "langosta" observador e inteligente, que ve la re-ubicación como una oportunidad para llevar a cabo un audaz plan de escape...
Es bastante obvia la metáfora del "apartheid" que fundamenta este relato de intolerancia y choque de culturas. Pero más allá de eso podemos ver la fascinante ambigüedad moral del protagonista, y la asombrosa evolución emocional que experimenta a lo largo de la película, llevándonos a comprender que los "villanos" no son necesariamente quienes tienen odio en su corazón y armas en la mano, sino también quienes racionalizan su comportamiento para disfrazar (aunque sea en su mente) hasta las peores conductas humanas. Otro muy interesante aspecto es el mencionado choque de culturas, que señala con bastante precisión el prejuicio humano contra todo lo que se desvíe de la apariencia tradicional y el comportamiento que consideramos lógico y natural, pero que a fin de cuentas es tan arbitrario como cualquier sistema de normas que pueda imaginarse. Y, claro, tanta alegoría social podría hacerse pesada si no fuera por la fantástica sátira que ocasionalmente provoca una sonrisa entre el denso drama, probando que el director y guionista Neill Blomkamp toma en serio su película, pero no lo suficiente para negar el intrínseco humor de algunas escenas. En resumen, un excelente balance de ideas, drama, humor y suspenso.
Hablando de lo cual, Sector 9 no es sólo juicio político y conceptos abstractos. La densa historia se acompaña con extraordinarios efectos especiales y precisa dirección para plasmar muchas fantásticas secuencias de acción que no solo asombran por su perfecta manufactura técnica, sino porque respaldan el libreto y obedecen a la imaginativa pero consistente lógica que gobierna esta realidad alternativa. El estudio Weta merece todo tipo de premios por la perfecta unión de realidad y ficción, no sólo en los elementos "extraterrestres" (aunque tan sólo eso bastará para satisfacer las fantasías alienígenas de los más devotos "fanboys"), sino por la creación de auténticas actuaciones que nunca traicionan su origen sintético al compararse con los curtidos y diversos habitantes de Johannesburgo. Quienes hayan visto el cortometraje del mismo director que dio origen a la película notarán la misma atmósfera y tono, pero multiplicada varias veces gracias a la influencia del productor Peter Jackson y al apoyo económico de su muy auspiciosa casa productora.
Para no seguir vomitando hipérbole, simplemente diré que Sector 9 es una de las más ambiciosas películas de ciencia ficción que he visto en mi vida, pues no sólo abarca temas potentes y controversiales, sino que logra hacerlo con inusitada inteligencia, dinamismo y excelentes actuaciones, sin perder de vista el simple placer de ver una obra emocionante y repleta de suspenso. Creo que es absolutamente deplorable (aunque comprensible) que haya pasado sin pena ni gloria por la taquilla norteamericana (y quizás mundial), mientras que la hueca y estridente Transformers: Revenge of the Fallen quede como el mayor éxito económico del año. Pero bueno... también hay un robot en Sector 9; quizás eso atraiga una fracción del inmenso público de Transformers. Y aunque no aparezca Megan Fox, les garantizo que hay imágenes más fascinantes y memorables en esta brillante cinta. Sólo queda esperar que su lanzamiento en DVD capture al público que no logró apreciarla en el cine, y ojalá que así sea, porque Sector 9 pide a gritos una secuela, totalmente necesaria para continuar la interesante historia... a diferencia de otras que sólo son excusas para repetir sus mismos errores.
Calificación: 10
Tras la decepción de Superman Returns, DC Comics se vio redimida por el gran triunfo crítico y comercial de la excelente The Dark Knight. Sin embargo, estoy temiendo que esa victoria creó irreales expectativas que sabotearán las futuras películas de esa casa editorial (con mayor presión desde que se convirtió en compañía productora). Como muestra, puedo señalar las numerosas y frustradas adaptaciones de Wonder Woman, Justice League, Supermax (con Green Arrow), Aquaman (producida por Leonardo DiCaprio), Green Lantern (con Ryan Reynolds) y la supuesta Plastic Man de los Hermanos Wachowski. O están detenidas indefinidamente, o su avance procede a paso de tortuga, y conforme pasa el tiempo sus teóricos estrenos parecen más lejanos, en vez de acercarse. Obviamente los "ejecutivos" están re-planteando estrategias y coadyuvando sinergia corporativa (traducción: delegando culpa mientras tratan de descifrar lo que hizo The Dark Knight tan exitosa). Habiendo dicho eso, debo confesar que me alegran las demoras; honestamente no tengo fe alguna en que el estudio Warner Bros. (dueños de DC Comics) logre triunfar nuevamente con alguna de esas hipotéticas películas. Con mayor seguridad los venerados superhéroes terminarían sufriendo el indigno destino de Superman, Constantine o Catwoman.
Pero, viéndolo desde el lado amable, los retrasos y conflictos del "mundo real" han dejado el campo libre para la realización de efectivas cintas animadas cuyos creadores comprenden realmente la esencia de los comics, respetan los personajes y pueden aprovechar la animación para contar historias que serían prohibitivo filmar con actores reales. Y lo mejor de todo es que no están sujetos a las exigencias y caprichos de los ejecutivos, agentes y abogados de Hollywood. Después de todo, son "caricaturas"... ¿a quién le importan?
Superman/Batman: Public Enemies es prueba clara de que "menos es más", y aunque no se acerca a la extraordinaria Justice League: The New Frontier, sin duda representa una muy divertida mirada a los más populares personajes de DC Comics. Al principio de la película nos enteramos de un hecho sorprendente... gracias a la crisis económica mundial, el magnate (y eterno villano) Lex Luthor (voz de Clancy Brown) se postuló como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, y de algún modo logró ganar con la promesa de redimirse por su pasado criminal para ayudar al país y sus ciudadanos. Superman (voz de Tim Daly) no cree sus buenas intenciones, pero de todos modos accede a colaborar con Luthor, pues un peligro mayor amenaza a la Tierra entera: un asteroide de kryptonita se aproxima velozmente a nuestro planeta, prometiendo devastación global y la extinción de millones de vidas. Sin embargo, Luthor aprovecha esa cooperación para ponerle una trampa a Superman, inculpándolo por la muerte del rehabilitado villano Metallo (voz de John C. McGinley) y emitiendo una orden de arresto, que Superman se rehúsa a cumplir. Entonces, con ayuda de su amigo Batman (voz de Kevin Conroy), los dos más famosos héroes del planeta tienen que evadir la horda de villanos ansiosos por cobrar la recompensa de mil millones de dólares que Luthor ofrece por la captura de Superman... y al mismo tiempo deberán encontrar una solución al creciente peligro del asteroide que se aproxima.
Aunque sus métodos difieren en práctica e ideología, Batman y Superman han trabajado juntos en incontables ocasiones, al menos dentro del universo impreso. Sus aventuras conjuntas aparecen en comics como Justice League of America, World's Finest, e incluso en Superman/Batman, un título dedicado exclusivamente a tales colaboraciones. En esos relatos su relación es ocasionalmente áspera, algunas veces amistosa y otras antagónica... pero siempre sustentada por tremendo respeto mutuo... y de vez en cuando un poco de humor. En ese aspecto creo que Superman/Batman: Public Enemies captura con precisión los vaivenes emocionales de esa dinámica, con diálogos inteligentes y creíbles que reflejan perfectamente sus personalidades... al menos en el nivel "lite" de la animación televisiva. Y aunque la historia está parcialmente basada en el arco narrativo "Public Enemies" del comic Superman/Batman, el tono y sensibilidad del libreto se acerca más a las respectivas series animadas de estos personajes, lo cual implica buena calidad técnica y narrativa, aunque moderada por las limitaciones de presupuesto y del más estricto mercado familiar. En otras palabras, no hay que esperar animación muy detallada, inusitada violencia o humor adulto... aunque hay por ahí un par de chistes sobre la notable figura de Power Girl.
A fin de cuentas creo que he disfrutado estas modestas películas animadas mucho más que la gran mayoría de las espectaculares y costosas cintas "reales" sobre superhéroes (con algunas honorables excepciones), y por eso reitero mi opinión de que en el sencillo medio animado es más fácil encontrar la “voz” de los comics, donde el énfasis está en el carácter de los personajes y en la coherencia narrativa, y no en los efectos especiales o los salarios de las super-estrellas de Hollywood que accedieron a ponerse las mallas. Si tenemos suerte, las futuras producciones de esta serie (entre las que están Justice League: Crisis on Two Earths y quizás Teen Titans: The Judas Contract) continuarán esta optimista tendencia, dejando satisfechos tanto a "fanboys" como a espectadores casuales que busquen una buena historia de moderna fantasía heroica. Tal vez entonces este limitado nicho gane el respeto del público general, y finalmente se comprenda que no por ser "caricaturas" tienen menos validez como sano y satisfactorio entretenimiento popular. Ya es hora de que aprendamos esa lección, y Superman/Batman: Public Enemies es un gran paso en la dirección correcta.
Calificación: 8
Una de las más consistentes fórmulas en el cine B es la del profesor que investiga algún extraño fenómeno auxiliado por un grupo de estudiantes. Me gusta esa añeja receta por su eficiencia y flexibilidad, ya que potencialmente ofrece infinitas variantes de villanos (monstruos, maniáticos, aliens), aisladas locaciones (excavación arqueológica, la jungla, remoto laboratorio) y una variedad de juveniles personajes secundarios, entre los que podremos encontrar al héroe, la chica guapa, el bufón, etc. Con razón se ha convertido en uno de las patrones favoritos de muchos directores independientes, pues sólo hay que añadir un par de elementos (probablemente copiados de otra película) para tener un guión funcional que no siempre dará como resultado una buena película, pero que al menos ofrece un fundamento comprensible, comercial y repleto de posibilidades (aunque, aceptémoslo, por lo general termina siendo basura). Como sea, me dio gusto encontrar la película The Thaw, que igualmente adopta la pauta de profesor y estudiantes, pero con inusual estilo e impacto dramático, gracias a su decente elenco y sobria dirección.
El profesor en turno es David Kruipen (Val Kilmer), tan enfrascado en sus estudios sobre el efecto del calentamiento global en los ecosistemas árticos, que tiende a ignorar a su familia, incluyendo a su resentida hija Evelyn (Martha MacIsaac), quien no lo perdona por faltar al funeral de su madre. Pero cuando Kruipen se comunica con su hija desde Alaska para darle buenas noticias sobre el dinero de su herencia, la muchacha sospecha que algo anda mal y, contra los deseos del padre, se integra a un grupo de estudiantes que viajará a aquella remota región para ayudar en los estudios del profesor. Entonces, cuando Evelyn, los estudiantes y su piloto encuentran la estación científica totalmente abandonada, se confirman los temores de la muchacha y, con ayuda de los demás, emprende la búsqueda de su padre. Lo que Evelyn ignora es que el profesor descubrió algo terrible bajo la nieve, y hará lo posible por evitar que otras personas caigan bajo su influencia.
The Thaw me recordó la excelente cinta The Last Winter, no sólo por sus locaciones árticas, sino por su mensaje ecológico, aunque esta vez fue mucho más obvio y repetitivo. De hecho, su indignada postura política y las pesadas diatribas sobre la imposibilidad de cambiar los hábitos de la humanidad para evitar el calentamiento global, se vuelven cansados y demasiado frecuentes. Creo que tan sólo con las elocuentes imágenes de Alaska casi libre de nieve y los glaciares en pleno deshielo (por no mencionar los confundidos osos polares en busca de alimento) hubieran bastado para transmitir el mismo mensaje de manera sutil y efectiva. Pero bueno... no puedo culpar al guión por sus buenas intenciones; simplemente hubiera deseado que no fuera tan insistente al respecto.
Por lo demás me gustó la esmerada dirección de Mark A. Lewis, quien básicamente toma un simple concepto y lo adorna con espectaculares locaciones, funcionales efectos (tanto digitales como prácticos), e interesantes personajes que cometen los esperados errores, aunque de vez en cuando muestran señales de inteligencia... al menos si los comparamos con las estúpidas víctimas de otras películas de terror. El confiable Val Kilmer se muestra tan intenso y enigmático como siempre, pero sólo aparece en un par de escenas (sí, otra leyenda de Hollywood cae al abismo directo a DVD), cediendo el papel principal a la joven Martha MacIsaac (algunos la recordarán como Becca en Superbad), cuya madurez y seguridad conduce la película entera y hace más digeribles los abundantes clichés que nos obliga a tragar en el camino. Me dio mucho gusto ver este importante papel en manos de una genuina actriz, en vez de habérselo dado a alguna genérica chica guapa para hacer más "comercial" la película (o quizás Tara Reid no estaba disponible).
Aclaro que estos halagos deben ubicarse en el pobre contexto del cine de terror directo a DVD. En un panorama más amplio, The Thaw no se acercaría siquiera al nivel de The Thing, ni la mencionada The Last Winter o siquiera a aquel episodio de The X-Files con prácticamente el mismo argumento. Pero si la equiparamos con ridículas obras de pseudo-terror como Mega Shark Vs. Giant Octopus, Alien Vs. Hunter o Lake Dead... bueno, simplemente no hay comparación gracias a la competente manufactura, estética y visión con las que The Thaw supera a tantas otras cintas que apenas rebasan la categoría amateur. Entonces, recomiendo este “eco-thriller” para aficionados al "horror ártico" (o antártico) con cierto sentido del humor y suficiente tolerancia hacia los más obvios errores del sufrido cine "B". A fin de cuentas la película no sabe si quiere asustarnos con sus lúgubres discursos ecológicos o con su grotesca invasión biológica, pero de un modo u otro cumple su objetivo de contar una historia accesible, sangrienta y sustanciosa. Como fan del horror directo a DVD, les aseguro que en ocasiones no hace falta más para quedar satisfecho.
Calificación: 7
Entre mis películas favoritas de todos los tiempos está la poco conocida The American Astronaut, y no puedo describir mi entusiasmo cuando me enteré de que se había estrenado su secuela, Stingray Sam. Bueno... no es exactamente una secuela, pero podría decirse que ocurre en el mismo universo, donde los "cowboys" viven en la "nueva frontera" del espacio exterior, pasando su tiempo con labores de dudosa legalidad, bares de mala muerte y muchos números musicales. Bueno... tampoco estoy seguro de que sea el mismo universo, pues hay algunas marcadas diferencias en la civilización que sostiene esa precaria estructura social. Y, si bien aparece el mismo actor principal, está interpretando a un personaje distinto.
Muy bien... ¿a quién engaño? Ni siquiera se trata de una película. Stingray Sam se distribuyó originalmente en forma de seis capítulos diseñados para verse en reproductores móviles (iPods, teléfonos, PSP, etc.), y aunque puede adquirirse como DVD, la experiencia resulta muy distinta a la de una película normal. Por un lado, no esperaría menos del creativo e innovador director Cory McAbee, cuya imaginación y divertido estilo trasciende la humilde manufactura de este proyecto. Pero al mismo tiempo extrañé la cohesión narrativa y desarrollo dramático que tanto disfruté en la más convencional forma de The American Astronaut. De cualquier modo Stingray Sam es una experiencia única y muy recomendable para quien guste del cine realmente independiente, no sólo por evadir el sistema de los grandes estudios, sino por la inconformidad que muestra hacia las fórmulas establecida y reglas de Hollywood.
Como dije, la historia se divide en seis episodios, a lo largo de los cuales vemos al cantante Stingray Sam (Cory McAbee) y su antiguo socio, Quasar Kid (Crugie) emprendiendo una extraña misión de rescate a cambio de su libertad, pues ambos son buscados por la ley. La misión consiste en rescatar a una niña, concebida secretamente por un humilde carpintero que trabaja como decorador del hombre más famoso del universo, líder de una dinastía necesariamente masculina, pues la tecnología que permite el embarazo de varones ha vuelto obsoletas a las mujeres... y en algunos casos ilegales. Pero no será tan fácil el rescate de la pequeña, pues el dueto de "héroes" deberá enfrentar obstáculos burocráticos, miniaturización forzada... y una intensa adicción a las aceitunas que podría poner a Quasar Kid en contra de su socio Sam...
El tiempo combinado de los seis capítulos apenas rebasa la hora, y si bien esa corta duración permite incluir varias memorables y graciosas canciones (cortesía del grupo musical The Billy Nayer Show), no basta para construir una historia sólida o profunda. Lo más que podemos esperar son divertidas y dinámicas viñetas con mucha "exposición" (narrada por David Hyde Pierce) y mínima trama, lo cual disminuye la riqueza de los pintorescos personajes y la emoción en sus interacciones. Sin embargo, me gustaron las simpáticas actuaciones, y los múltiples detalles de humor absurdista (como el complicadísimo "saludo secreto" y la bizarra lógica detrás de la fertilidad masculina).
En fin, supongo no es justo comparar con tanta insistencia los dos proyectos de McAbee, puesto que Stingray Sam tiene metas muy distintas a las de The American Astronaut; pero no puedo evitarlo debido a mi obsesivo fanatismo por esta última, y mi aprecio por su independiente creador. Entre otras cosas es importante considerar que Stingray Sam fue financiada específicamente para medios móviles por el Instituto Sundance (sospecho que como respuesta/imitación del éxito obtenido por Dr. Horrible's Sing Along Blog, del genial Joss Whedon), y hay que admirar que McAbee lograra mantener la misma atmósfera de casual "western espacial" en este reducido formato, y de paso rindiera homenaje a los seriales fílmicos tan populares a principios del siglo veinte. A fin de cuentas no hay que evaluar Stingray Sam bajo los mismos criterios de una película, sino como un legítimo proyecto artístico que combina el estilo del cine clásico con tecnología moderna (pero no excesiva), filtrada a través de la particular sensibilidad y visión de su polifacético realizador. Quizás esta vez no cumplió mis elevadas expectativas... pero sin duda disfruté la experiencia y esperaré con igual entusiasmo las futuras producciones de Cory McAbee... incluso si decide permanecer en el volátil "mini-cine" que alimenta el impredecible mercado del entretenimiento móvil. Pero definitivamente preferiré verlas en una pantalla más grande.
Calificación: 8.5
Otra película del muy irregular Harold Ramis... y con la palabra "irregular" no me refiero a sus movimientos intestinales. O quizás sí, porque no habría otra descripción para un bodrio como Analyze That. Pero al mismo tiempo Ramis nos ha dado algunas excelentes comedias, desde el re-make de Bedazzled hasta la clásica Groundhog Day. ¿Cuál de sus dos extremos nos aguarda en Año Uno? La respuesta es: los dos.
El guión de Año Uno parece una bizarra combinación de Forrest Gump, History of the World, Part 1 y The Life of Brian, pero ubicada en el Antiguo Testamento, en vez del Nuevo. Comenzamos con una primitiva tribu de cazadores y recolectores en la que Zed (Jack Black) y Oh (Michael Cera) representan lo peor de ambos oficios. Entonces, después de un particularmente aparatoso accidente, son expulsados de la comunidad para buscar sustento por su cuenta... lo cual termina beneficiándolos, pues cuando los miembros de su tribu son capturados por un regimiento romano para ser vendidos como esclavos, sólo Zed y Oh escapan, y se dan a la tarea de liberar a sus amigos, especialmente a las guapas Eema (Juno Temple) y Maya (June Diane Raphael). Y así, por azar o destino, su misión los lleva a presenciar importantes momentos bíblicos, desde el "accidental" asesinato de Abel (Paul Rudd) a manos de su hermano Caín (David Cross), hasta el frustrado sacrificio filial de Abraham (Hank Azaria), quien está extrañamente obsesionado con la circuncisión de todo varón que se preste a ello. Eventualmente el dúo de ineptos héroes llega a la legendaria ciudad de Sodoma, donde no sólo encontrarán a la tribu en cautiverio, sino inesperados cuestionamientos sobre su llamado, su futuro... y la existencia de Dios mismo.
Año Uno resultó ser una muy extraña mezcla de sofisticado humor post-moderno, reflexiones teológicas... y chistes sobre orina, flatulencia y excremento. Por cada hilarante observación del lacónico Michael Cera hay otra burda escena de irritantes gracejadas que no arrancan una sola sonrisa; y por cada humorístico desplante de Jack Black tenemos la aparición de algún famoso comediante penosamente desperdiciado en un "cameo" patoso e innecesario (aunque me gustó la aparición de Kyle Gass). En general considero que hay más cosas buenas que malas a lo largo de la película; pero la impredecible esquizofrenia del libreto resta puntos por su inconsistencia y voluble tono.
Además, debemos contemplar otro obstáculo potencial: Michael Cera y Jack Black son dos de mis actores favoritos; sin embargo no albergo ciegas ilusiones sobre su talento real. En otras palabras, no los considero buenos intérpretes, pero creo que hacen excepcionalmente bien lo poco que saben hacer. Y también sé que tienen muchos detractores que ya están aburridos de sus rancias rutinas. Entonces, gran parte del entretenimiento que el espectador logre destilar de esta película se fundamentará en la tolerancia que tenga por el escueto y sutil monótono de Cera, y por el impertinente y altanero estilo de Black. Por ingenioso que sea un chiste, causará enojo en vez de risa si el comediante resulta antipático para el público. Y de igual manera, algunos mediocres momentos de humor funcionarán mejor cuando se aprecia la gracia natural del actor. Como he dicho antes, la comedia es el género más subjetivo que existe, y Año Uno representa un claro ejemplos de ello. Hablando en lo personal, si los protagonistas hubieran sido Adam Sandler y Martin Lawrence, sin duda me hubiera salido del cine en los primeros diez minutos.
Por lo demás, la dirección de Ramis es rutinaria e impersonal. Si hubiera tenido el valor de ser más subversivo o incluso profano, la película tendría una identidad definida y contundente. Pero quizás el miedo al boicot o las violentas reacciones de los más fanáticos católicos lo llevaron a diluir la controversia religiosa del libreto, que en su forma actual termina en una nota conciliadora e inofensiva. Pero bueno... supongo que su propósito era hacernos reír mientras pensamos un poco, y no escribir un pesado tratado religioso que quizás hubiera obstruido los contados momentos de humor que funcionan.
Creo que con tantas quejas y oblicuos halagos sería hipócrita recomendar Año Uno, pero de todos modos voy a hacerlo, repitiendo la advertencia sobre la subjetividad del gusto personal. Me gustó la interacción entre Cera y Black; aprecié el uso de algunas referencias bíblicas no sólo como chiste sino como perspicaz crítica social; y admito que reí bastante con el humor escatológico. Pero las más aparatosas y convencionales escenas de simplón humor (el aceite en el pecho, las caídas y demás "slapstick") me parecieron torpes y mal planeadas. Entonces, tenemos el rango completo de Ramis en una sola película; dependerá de cada espectador si su tolerancia tiende hacia el extremo positivo o en el negativo.
Calificación: 6.5
Primero, un recuento rápido: en el año 2000, la cinta Final Destination propuso una innovadora premisa acerca de los sobrevivientes de una catástrofe, y los extraños modos como mueren como consecuencia de haber alterado el "plan de La Muerte" (así, con mayúsculas). Me gustó mucho esa idea, pero me desagradó la torpe palabrería del libreto y las ridículas situaciones de las muertes. Tres años después llegó Final Destination 2, que disfruté muchísimo por la simplificación de su estructura, la constante tensión, sardónico humor y la sublime combinación de efectos prácticos y digitales para crear algunas de las muertes más grotescas (y divertidas) que he visto en el cine de terror. En el 2006 regresó el director de la original para realizar Final Destination 3, reproduciendo la fórmula establecida en la segunda parte, ya un poco rancia, pero aún entretenida. Y ahora nos llega una nueva secuela, con altas expectativas por el regreso de David Ellis (director de la segunda), y con el atractivo adicional de la tercera dimensión. ¿Bastará ese "gimmick" para darle nueva vida (ahem) a esta tambaleante franquicia?
La rígidamente modular historia de Destino Final 4 comienza en una carrera de automóviles, a la que asisten Nick (Bobby Campo), su novia Lori (Shantel VanSanten) y sus amigos Hunt (Nick Zano) y Janet (Haley Webb). Todos se están divirtiendo, hasta que Nick experimenta una vívida visión profética de un aparatoso accidente que causará el colapso de las gradas, matando a decenas de espectadores. Nick suplica a sus acompañantes que abandonen el lugar, y en la conmoción resultante los cuatro amigos y otras personas son escoltadas al exterior por el guardia de seguridad George Lanter (Mykelti Williamson). Unos segundos después el accidente ocurre tal como Nick predijo, y el asombrado grupo sobrevive milagrosamente por haber salido del estadio justo a tiempo. Pero durante los días siguientes algunos de los sobrevivientes empiezan a morir en circunstancias muy extrañas, haciendo que Nick y Lori sospechen que la Muerte los está alcanzando en el mismo orden en el que hubieran fallecido durante el accidente. Entonces, con ayuda de Lanter, tratarán de romper la cadena de muertes... o al menos sobrevivir tanto como sea posible.
En otras palabras, exactamente lo mismo que vimos en las películas anteriores. La tragedia inicial es distinta, pero la trama sigue el mismo diseño, ritmo y resultado. En un par de ocasiones el guión intenta confundirnos con alguna pista falsa, pero a fin de cuentas los personajes son tan genéricos y desechables que no importa mucho el orden en el que mueran, siempre y cuando ocurra con ingenio y estilo. En ese simple aspecto la película cumple medianamente su función, aunque me pareció mucho menos sangrienta e impactante que las previas secuelas. La causa fue sin duda un excesivo énfasis en trucos digitales, rompiendo el excelente balance entre métodos modernos y tradicionales que tan bien emplearon las películas anteriores.
Pero lo peor es el desperdicio de varias interesantes tangentes que el escritor abandona de inmediato, quizás por temor de ofender al público o complicar la hueca historia. Para empezar, nadie cuestiona el origen de las visiones, o de la razón de su supervivencia; simplemente lo aceptan porque así lo dicta la historia. Y cuando uno de los protagonistas revela que QUIERE morir, plantea una interesante disyuntiva sobre cómo afectaría eso al "plan de La Muerte". Sin embargo no hay tiempo de explorar tal idea, pues ya es hora de que alguien más muera de forma gráfica y sangrienta. Hubiera sido un buen momento para extender el alcance de la historia y quizás preparar el terreno para películas futuras; pero bueno... simplemente lo dejaron pasar. Estimo que todo eso denota un perezoso escritor, un director más interesado en los aspectos técnicos de la película que en su narrativa, y un productor desinteresado en la franquicia.
Y ni siquiera he hablado del espantoso elenco. Con la excepción de Mykelti Williamson (quien no tiene mucho que hacer) y la guapa Krista Allen (con sólo un par de escenas) el resto de los actores son tan malos que casi me alegró verlos perecer violentamente. Sus actuaciones son tan blandas y pasivas que no hay suspenso alguno, ni convicción en sus supuestos esfuerzos por sobrevivir. En cierto modo comprendo la causa de este pobre elenco. Al ser una película fundamentada en efectos especiales, resulta fácil (y económico) contratar actores desconocidos y baratos cuya única función sea darle rostro a las víctimas. No estoy diciendo que las películas anteriores contaran con brillantes actores, pero al menos había un tenue barniz de talento que garantizaba el interés del espectador. O tal vez el director consideró que los planos actores ganarían un poco de profundidad con el efecto de tercera dimensión. Ja.
Creo que no puedo recomendar Destino Final 4. Quizás la disfruten más quienes desconocen las torcidas delicias de las dos previas películas. Pero aquellos que esperen otra dosis de buen suspenso, efectos y humor, será mejor que busquen en otro lado. El título en inglés ("The Final Destination") sugiere la conclusión de la saga, y si fuera cierto no me importaría, pues la decepción que me causó esta película no inspira optimismo sobre futuras secuelas. Y si los cineastas no tienen el valor o inteligencia para refrescar la franquicia, mejor déjenla descansar. Al menos hasta que se le ocurra a alguien filmar un re-make en diez años.
Calificación: 5
En general me han gustado las películas de Quentin Tarantino, pero no lo considero el infalible genio que muchos claman. Como cualquier cineasta, ha tenido sus altas y bajas; cada quién elija donde se ubican esos puntos en los casi veinte años que llevamos observando su filmografía. Al menos para mi fue particularmente decepcionante Death Proof, la menos exitosa mitad del interesante proyecto Grindhouse. Con laaargas y tediosas escenas de insípidos diálogos y sin aparente rumbo fijo, me pareció la imperdonable indulgencia de un director borracho de poder y con ciego amor por su libreto y sus actores... dos cosas por lo general loables, pero que en ese caso funcionaron en su contra, permitiendo que su entusiasmo por el cine setentero de explotación nublara su usualmente clara visión.
Por eso tenía un poco de desconfianza con Bastardos Sin Gloria; otro homenaje a un género popular en décadas pasadas que se extinguió con el paso del tiempo para quedar como una curiosidad histórica, más divertida por su anacronismo que por sus valores cinematográficos intrínsecos. Y aunque he disfrutado de muchas cintas de "naziploitation", difícilmente podría considerarlas dignas de un renacimiento.
Al menos esa era mi percepción antes de ver Bastardos Sin Gloria. Ahora, tras haberla visto, siento que la intención de Tarantino se dividió en dos facetas que coexisten en la misma película: por un lado quiso hacer una película catártica con abundante acción y violencia; y por otro lado un tenso drama sobre el conflicto ideológico detrás de la Segunda Guerra Mundial. A fin de cuentas creo que tales facetas no están bien balanceadas, pero que al menos se ayudan mutuamente para lograr una experiencia emocionante y agradable, aunque no muy memorable.
La publicidad de Bastardos Sin Gloria sugiere que girará en torno a un despiadado escuadrón de soldados norteamericanos trabajando en secreto para exterminar la mayor cantidad posible de nazis en Francia durante la ocupación alemana de la Segunda Guerra Mundial. Pero en realidad el Teniente Aldo Raine (Brad Pitt) y sus "bastardos" son parte de un numeroso elenco y, al menos hasta la última media hora, se mantienen sólo oblicuamente relacionados con los más interesantes aspectos del libreto.
Entre esos aspectos tenemos los esfuerzos de varios miembros de la resistencia, tanto francesa como alemana, por sabotear un acto oficial al que asistirán los más altos niveles del Tercer Reich, incluyendo a Hitler mismo. Eventualmente ese evento reunirá a todos los insurgentes (norteamericanos, británicos, alemanes y franceses) en un cine de París, donde varios planes colisionarán de extraña manera para llevarnos a un final inesperado, no muy creíble, pero satisfactorio. Lástima que el camino a tal desenlace esté plagado de problemas similares a los de Death Proof.
Para no repetir mi letanía de quejas, sólo diré que Tarantino necesita urgentemente un editor, productor o incluso un amigo que logre inculcarle un poco de disciplina narrativa. Por mucho que el director/guionista disfrute escribiendo largos pasajes de jugosa conversación, debe comprender que no puede perder de vista la estructura global de la película. Y por entretenida que pueda ser una escena con nazis enfrascados en un juego de salón, su propósito principal debería ser contar la historia con más método y menos floritura. Desde luego no quiero dictarle a Tarantino cómo debe expresar su creatividad; pero como espectador de cine puedo señalar los obstáculos que encontré para sumergirme mejor en una historia por lo demás interesante y bien planeada.
O quizás no tan bien planeada; creo que los elementos de acción y violencia fueron los menos afortunados en la película, lo cual incluye a Pitt y su equipo, donde encontramos buenos actores sin mucho que hacer. En sus peores momentos sentí lástima por B.J. Novak, reducido a un "prop" por largos minutos de estoica actitud mientras Pitt nos endilga su forzado "encanto sureño"... una predecible y forzada pose del desenfado americano que trata de contrastar con los estirados y formales nazis. Considero a Pitt como un gran actor, aunque esta vez terminó irritándome tanto como los villanos.
Por el contrario, el aspecto de espionaje y conspiración de la resistencia me pareció fascinante, no sólo por la diestra dirección de Tarantino, sino por el excelente trabajo de los actores (en su mayoría europeos), que no necesitan tantos aspavientos para representar su conflictiva posición de odio a los nazis y obligada colaboración mientras se lleva a cabo el gran plan. Mélanie Laurent destaca con particular efectividad en el papel de la dueña de un cine con un pasado tortuoso; y desde luego Christoph Waltz se roba la película como el odioso Coronel Landa, experto cazador de judíos y seguidor incondicional de la ideología y preceptos generados por el Führer.
¿Ven? Bastardos Sin Gloria me contagió su verborrea. Sólo diré, entonces, que me pareció un gran paso adelante después de Death Proof, pero aún lejana de los mejores momentos de Tarantino. Como homenaje al cine de los setentas me pareció tan acertada como Kill Bill, aunque menos dinámica y divertida. Pero de cualquier modo merece una recomendación, pues si bien sufre de abundantes fallas, hay una muy buena historia oculta en su laberíntica estructura, y excelentes actores que sacan adelante hasta las más engorrosas escenas. Sin duda seguiré viendo las películas de Tarantino; pero ojalá termine pronto su obsesión con rendir culto a todos los género que disfrutó en su juventud, y trate de hacer algo original. Admiro su entusiasmo, pero ya es hora de que vuelva a ganar nuestra confianza. Y creo que no lo hará repitiendo el pasado, sino extendiendo su visión hacia el futuro. Veremos si lo logra.
Calificación: 8.5
Dando su paseo anual por el cine "indie" para recordarnos que también es una actriz "seria", Jennifer Aniston realiza un eficiente pero poco notable trabajo en la modesta comedia Management. Y aunque pongo en duda la convicción de su presencia, definitivamente me agradó su participación, pues con suerte atraerá más público hacia esta película y, concretamente, hacia su estrella real: Steve Zahn. Este hábil comediante ha tenido una irregular carrera donde lo hemos visto usualmente en papeles de "amigo excéntrico" o "novio idiota", pero rara vez como estelar en una película realmente buena. Y si bien Management no es "realmente buena", al menos tiene suficientes aciertos para ponerla entre lo mejor de su filmografía, gracias a la sincera simpatía de su personaje y a la verosímil evolución que experimenta durante su desarrollo.
Mike (Steve Zahn) es conserje nocturno del motel administrado por su familia, y aunque anda cerca de los cuarenta años sigue viviendo como adolescente, dominado por su enferma madre Trish (Margo Martindale) y su lacónico padre Jerry (Fred Ward). Pero cuando llega la atractiva Sue (Jennifer Aniston) a pasar dos días en el motel, Mike comienza un torpe pero sincero cortejo. De algún modo su absurda estrategia funciona, y la mujer expresa interés. Por eso cuando Sue regresa a su casa (en otra ciudad), Mike decide seguirla, e introducirse en su vida cotidiana con la esperanza de concretar su relación. ¿Podrá florecer el romance en circunstancias tan extrañas? Y, más importante aún... ¿qué opinará de ello el violento e impredecible Jango (Woody Harrelson), ex-punk, magnate del yogurt y futuro esposo de Sue?
Al principio tuve muchas dificultades para tragar el argumento de Management, pues además de su rancia premisa nos endilga uno de los peores clichés de la comedia romántica: una guapa y deseable mujer se ve atraída por el "perdedor" con dudosos atributos y poco futuro. Claro, parte importante del género es fomentar la fantasía del amor a primera vista, "el corazón quiere lo que el corazón quiere", blah, blah, blah... pero no por eso la encuentro creíble. Sin embargo hasta la segunda mitad de la historia me di cuenta de que el aspecto romántico era tan solo un catalizador necesario para impulsar el argumento real: la evolución emocional de Mike para salir de su cómodo nido y enfrentar la libertad y responsabilidades de la vida adulta. No es un tema nuevo o particularmente impactante, pero bastó para dar sustancia a las frecuentes risas que generan los diálogos y la inesperada interacción de los personajes.
Como dije al principio, Steve Zahn es lo mejor de la película. Quienes sólo lo recuerden como atolondrado "comic relief" en Bandidas o National Security, o como el blando esposo gay de Phoebe en Friends encontrarán que es capaz de mejores actuaciones, aunque siempre con su característica combinación de humor e inocencia. Jennifer Aniston realiza un buen trabajo, quizás menos natural que en The Good Girl (otra comedia independiente sobre una guapa mujer sin perspectivas románticas), pero definitivamente mejor que en casi todas sus tediosas cintas "de estudio" (como Rumor Has It o Along Came Polly). El elenco secundario es sobresaliente, aunque sus participaciones son tan breves que no hay tiempo para disfrutar el elocuente trabajo de Margo Martindale o el genial Fred Ward. Incluso Woody Harrelson logra inyectar realismo al "extremo" Jango, evitando que se convierta en una simple caricatura de psicótica celebridad.
Quien haya visto otras cintas románticas independientes encontrará muy familiar la atmósfera y pintorescos personajes de Management, pues la adición de la famosa Jennifer Aniston no altera fundamentalmente la fórmula; de cualquier modo admiro que esta actriz trate de mantener vivo ese menos glamoroso aspecto de su carrera. Tal vez sus aspiraciones a actriz seria son reales y no simples excusas para usar anteojos en entregas de premios para verse intelectual. A fin de cuentas puedo recomendar esta película con confianza, aunque dudoso entusiasmo, pues me dio gusto que Steve Zahn encontrara una muy merecida oportunidad de lucir su talento (quizás no muy amplio pero suficientemente espontáneo y cordial), aunque existan ciertos tropiezos en el desarrollo de la historia que le restan credibilidad (como algunas forzadas coincidencias y convenientes golpes de suerte). Como sea, en general me gustó la estructura y resolución de Management, pues hay muchas comedias románticas de bajo presupuesto que ofrecen alternativas viables para las aparatosas y pre-fabricadas cintas de los grandes estudios; pero no todas cumplen su cometido de hacernos reír, pensar y sentir. Sí... me sentí identificado con Mike. Pero dudo encontrar otra Jennifer Aniston que se impresione con mi colección de comics.
Calificación: 7.5
Hace alrededor de veinte años el escritor Clive Barker fundió mi cerebro con The Books of Blood (Los Libros de Sangre), colección en varios tomos de sus historias cortas, que parecían surgir de la nada (Inglaterra) y fueron inmediatamente aclamadas como un parte aguas en el género fantástico, mostrando que la más brutal violencia podía co-existir con brillante prosa; y que las más grotescas descripciones de horrores humanos y sobrenaturales resultan aún más terroríficas cuando se expresan con un lenguaje casi poético, rara vez visto en el género. De hecho, creo que no sería hipérbole decir que desde que descubrí a H.P. Lovecraft en los setentas, no había disfrutado tanto de un relato de terror, tanto por su argumento como por las palabras que lo integran.
Supongo que cada quien tendrá su cuento favorito de Barker; el mío es posiblemente In the Hills, the Cities, pero The Midnight Meat Train podría estar en segundo lugar. Por eso leí con cierto temor los reportajes sobre su adaptación a cine, aprobada por Barker mismo e incongruentemente dirigida por el cineasta japonés Ryuhei Kitamura, más famoso por su cine de acción (Versus) y kaiju (Godzilla: Final Wars). Pero me alegra decir que la combinación resultó bastante afortunada, y aunque tengo algunas reservas sobre el guión escrito por Jeff Buhler, y sobre el actor principal, me parece que el producto final es una buena película de terror con suficiente sangre, drama y estilo para satisfacer hasta a los más recelosos fans de Barker y del terror en general.
El tren mencionado en el t
ítulo es en realidad el Metro de la ciudad de Nueva York, donde se rumora la presencia de un "carnicero"... un asesino serial que ha evadido a la policía durante largo tiempo a pesar de que usa los vagones como escenario de sus crímenes. Al mismo tiempo conocemos a Leon (Bradley Cooper), fotógrafo con aspiraciones artísticas que incluyen capturar el auténtico espíritu de la ciudad con sus retratos de sitios y personas pintorescas que encuentra en las calles de Nueva York. Pero uno de los sujetos que atraen su atención parece altamente sospechoso... y podría tratarse del "carnicero" del Metro. Leon empieza a obsesionarse con el inescrutable individuo, e inicia una investigación particular que lo llevará a los más oscuros pasajes subterráneos de la ciudad, donde el carnicero lleva a cabo sus matanzas con un siniestro propósito...
Primero, los aciertos: Vinnie Jones brilla en el casi mudo papel del carnicero. La intensidad de su rostro y su lenguaje corporal, a la vez ágil, metódico y eficiente dan terrorífica vida al personaje, incluso si se desvía del prosaico y anónimo asesino que Barker describe en el cuento corto. En muchas ocasiones hemos visto a Jones parodiando su ruda imagen como elemento humorístico en alguna comedia, y resulta muy agradable tener esta vez al actor ejercitando una genuina expresión de quirúrgica agresión y gélido propósito. En corto, me atrevo a decir que sin Jones fracasaría la película entera. Del otro lado tenemos como antagonista al más blando Bradley Cooper. No es mal actor, y sin duda es bien parecido, pero simplemente no iguala a su contrincante en presencia escénica y carisma. Cooper me pareció adecuado como "sidekick" en la serie televisiva Alias; sin embargo encuentro dudosos sus tímidos intentos por posicionarse como galán y estrella, aunque admito que funciona bien como parte de un ensamble, como demostró en The Hangover. Como sea, en The Midnight Meat Train cumple su trabajo y "vende" la obsesión del fotógrafo, aunque no tiene tanta suerte en las escenas finales... si bien no es por completo su culpa.
Lo cual nos lleva a las fallas. Como siempre ocurre al adaptar una historia corta a cine, el guionista debe "inflar" la trama para alcanzar los tradicionales 100-120 minutos de una película contemporánea. Por eso entiendo las largas digresiones sobre la carrera artística del fotógrafo (que nos permite ver una galería con las pinturas de Barker), el desmoronamiento de su relación con su novia Maya (Leslie Bibb) e incluso los diálogos filosóficos con su amigo Jurgis, interpretado por Roger Bart (después de todo, hacen falta más víctimas del carnicero). Pero al final me decepcionó la ausencia del punto más importante en la historia corta. Desde luego no lo revelaré para evitar spoilers, pero baste decir que el golpe histórico y cultural con el que Barker concluyó su relato se ve reducido a un par de genéricas escenas de terror y violencia, que medianamente cumplen su propósito de darnos un desenlace satisfactorio, pero sin adecuada sustancia que respalde el predecible "twist" final.
En fin, a pesar de esa desilusión quedé gratamente sorprendido por The Midnight Meat Train. Creo que es una sólida adaptación de Barker, menos satisfactoria que Hellraiser, en el mismo rango de Nightbreed y Lord of Illusions, aunque definitivamente superior a la pobre Rawhead Rex. La exuberante visión de Ryuhei Kitamura aporta un buen contraste con la sombría historia, y su estilizada dirección me invita a disculpar algunos dudosos efectos de sangre digital, vistosos y creativos pero poco realistas. Entonces puedo recomendarla (sobre todo en su versión sin censura) como una película de terror que definitivamente resalta entre los anónimos slashers, rancios re-makes y blando horror juvenil moderno. En algunos sentidos The Midnight Meat Train evoca el cine urbano de terror de los setentas, pero la creativa sensibilidad de Kitamura le da un sabor dinámico y moderno que rara vez se encuentra en el producto de Hollywood. Veremos si Kitamura regresa con sus zombies y monstruos asiáticos, o si permanece en América, dando lecciones sobre cómo hacer terror contemporáneo.
Calificación: 8
La Transmisión comienza como algunas malas películas de terror: un maniático torturando a dos jóvenes mujeres. Pero... ¡un momento!... ¡Es un truco! El maniático pertenece a la película que los auténticos personajes ven en televisión cuando la señal es interrumpida por una aparente falla técnica, la cual llena la pantalla con un torbellino de colores y deformes imágenes, acompañadas por extrañas variaciones en el audio. Al mismo tiempo se escucha un sonido similar y constante en radios y teléfonos, haciendo imposible la comunicación. Y aunque su causa sea desconocida, el efecto de esta misteriosa transmisión es tangible y devastador: quienes caen bajo su influencia se convierten en asesinos. Pero no son simples zombies irracionales con el único propósito de matar; las víctimas mantienen sus facultades mentales, aunque distorsionadas por un incremento en los peores aspectos de su personalidad. Y así vemos como la gente normal empieza a asesinar impulsada por sus usualmente reservados sentimientos de celos, paranoia y agresión.
Durante esa pesadillesca crisis seguimos las azarosas aventuras de varios personajes vagamente interconectados; Mya (Anessa Ramsey) regresa a su casa después de un encuentro con su amante Ben (Justin Welborn), para encontrar a su desconfiado esposo Lewis (A.J. Bowen) con sospechas de infidelidad que se vuelven rápidamente violentas. En otra parte de la ciudad, Clark (Scott Poythress) llega a la fiesta de fin de año de Anna (Cheri Christian), para encontrar a su sonriente anfitriona junto a un cadáver, mientras espera en la puerta otro impredecible invitado. Y finalmente regresamos con Ben, el amante de Mya, buscando desesperadamente transporte para escapar juntos, no sólo de la catastrófica situación que afecta la ciudad entera, sino también del celoso marido, quien se interpone en su felicidad.
Quizás suena cursi, pero esa veta de intenso romance y sinceros sentimientos forma el eje espiritual de una película que pudo ser un simple relato "post-apocalíptico" como tantos que hemos visto recientemente. Por suerte La Transmisión cuenta con las muy distintas pero interesantes interpretaciones de tres directores, encargados de realizar independientemente los tres segmentos que integran la película. Es una idea novedosa y a la vez arriesgada, pues al dividir la narrativa en “capítulos” podría restarse cohesión o integridad a la historia global. Pero la sensibilidad y visión de cada cineasta se complementa fantásticamente bien, dando como resultado una muy recomendable película de terror con inusual profundidad, ingenio y consistencia dramática. Cosa rara en esta época de superficiales imitadores y declinante originalidad.
Es una lástima que La Transmisión haya tardado tanto en hacerse conocer. Está disponible en DVD desde hace dos años, pero incluso entonces llevaba un buen rato "enlatada" (como prueba de ello puedo señalar el reproductor portátil de CDs que usa constantemente la protagonista... ¿hace cuánto tiempo se reemplazó esa tecnología por el iPod y similares aparatos?). Pero su anacronismo no disminuye en modo alguno la interesante historia, las adecuadas actuaciones e incluso el negro humor del segmento intermedio, que aporta un muy agradecido respiro tras la intensidad de la primera parte, y nos prepara para la angustia de la conclusión. Para fans del "gore" hay algunos momentos de truculenta violencia, pero el éxito de la película no radica en lo que muestra, sino en lo que omite. Así nos hace inmediatamente partícipes del temor e incertidumbre que experimentan los personajes, y compartimos con ellos la intriga sobre el fenómeno que está reduciendo la sociedad a un estado salvaje y animal; y el miedo de no saber en quién se puede confiar, o de dónde provendrá el siguiente ataque.
Si tuviera una queja es que el último segmento tarda demasiado en llegar a un clímax dramático que se alarga innecesariamente. Como resultado, el final se siente arbitrario y no totalmente congruente con lo establecido durante el desarrollo. Pero no es un problema que destruya la experiencia, sobre todo si contemplamos que La Transmisión es una bocanada de aire fresco en el enrarecido ambiente del terror. Por alguna razón se ha mantenido como cinta de culto y me entusiasma su estreno en cines (al menos en mi país), pero sospecho que la falta de publicidad y carencia de "estrellas" la condenará al anonimato. No obstante, quienes tengan la fortuna de descubrirla seguramente harán lo posible por contagiar a otros fans del género. Y esa es definitivamente una infección que me complacería ver.
Calificación: 8.5