miércoles 9 de diciembre de 2009

Wrong Turn 3: Left For Dead

Allá por el año 2003 la cinta Wrong Turn repitió la gastada fórmula de The Hills Have Eyes, pero con suficiente energía y estilo para convertirse en un modesto éxito de taquilla; y aunque nadie pidió una secuela, cuatro años después se estrenó Wrong Turn 2: Dead End. Para mi gran sorpresa resultó ser un entretenido y violento refrito que añadió nuevos elementos a la incipiente franquicia, dándole una nueva identidad y, en mi humilde opinión, superando a la original en algunos aspectos. Desde luego ese inesperado fenómeno incrementó mi optimismo por la tercera cinta de la serie, Wrong Turn 3: Left For Dead... y sobra decir que terminé decepcionado.

Wrong Turn 3: Left For Dead
comienza con predecibles escenas de varios jóvenes remando en un caudaloso río, para luego acampar y divertirse en los aislados bosques del noreste de los Estados Unidos. Pero están demasiado cerca al territorio de "Tres Dedos" (Borislav Iliev), el sádico caníbal mutante que conocimos en la primera película. ¿Lograrán los jóvenes sobrevivir sus vacaciones?

¡Claro que no! En menos de diez minutos Tres Dedos los asesina brutalmente (con una excepción), y nos damos cuenta de que el comienzo fue un sarcástico truco para confundir nuestras expectativas. Entonces pasamos a la historia real, donde conocemos a Weathers (Gil Kolirin) y Chavez (Tamer Hassan), dos peligrosos delincuentes que serán transferidos a una prisión de máxima seguridad bajo la supervisión del guardia Nate (Tom Frederic). Pero cuando el camión que los transporta sufre un "accidente" en el bosque, los criminales y el policía deberán aliarse para mantenerse con vida, pues Tres Dedos está al acecho, y hará lo posible por exterminar (y quizás devorar) a estos molestos invasores de su territorio. Sin embargo, los rudos prisioneros no serán presas fáciles, e incluso podrían vencer al tenaz caníbal... si logran organizarse, cooperar y dejar a un lado sus rivalidades.

Me gustó la idea de enfrentar al grotesco villano contra enemigos igualmente peligrosos y agresivos, en vez de las llorosas víctimas pre-fabricadas que usualmente vemos en este tipo de películas. Sin embargo, el director Declan O'Brien y su guionista enredan demasiado la película, dividiéndola en varias vertientes que rara vez se conjugan para generar suspenso o terror. El villano Tres Dedos pasa a segundo plano durante gran parte del tiempo, lo cual nos da amplia oportunidad para "disfrutar" las repetitivas y tediosas discusiones entre prisioneros y policías. Después de un rato empecé a reír cada vez que alguien gritaba: "¡Te voy a matar!", pues nunca cumplían sus amenazas, incluso cuando hubiera sido lógico o al menos conveniente que así lo hicieran. Pero, claro, la película sería entonces demasiado corta, y faltarían víctimas para justificar las ocasionales intervenciones del deforme villano. Y ni siquiera he mencionado la sub-trama del dinero perdido en el bosque, el cual provoca todavía más discusiones y amenazas de muerte. En cierto modo aprecio que los cineastas intentaran añadir nuevos niveles a la narrativa; no obstante, la triste verdad es que O'Brien perdió el control de la historia y seleccionó mediocres actores para dar vida a los personajes, que apenas logran identificarse con sus más simples características: el racista, el mexicano, el traicionero... En resumen, buenas intenciones, pero mal implementadas.

Como parcial compensación por esa incongruente rutina policíaca tenemos algunos buenos momentos de violencia y creativas torturas (aunque los deficientes efectos digitales causan risa en vez de horror). Al principio encontré ridícula la conversión de Tres
Dedos en una especie de Rambo mutante, con ingeniosas trampas e insólitos métodos para despachar a sus víctimas. Pero conforme avanzó la película me empezó a divertir esa premisa, y cuando llegó el explosivo final quedé con la impresión de que, en efecto, Tres Dedos tenía la personalidad necesaria para convertirse en un barato Michael Myers campestre... respetando el status de ese gran villano, desde luego.

Para ser justos, diré que Wrong Turn 3: Left For Dead hubiera sido por sí misma una pasable película "B" con pocas aspiraciones y mediocres resultados. Incluso podría darle una tenue recomendación por su loable intento de romper los parámetros del género y buscar un ángulo fresco para una historia añeja. Pero con el antecedente de dos sólidas precursoras, la tercera resultó la peor del grupo, y aunque los más indulgentes fans del terror podrían (podríamos) encontrar potencial de futuras secuelas, creo que es buen momento para dejar descansar a los mutantes silvestres y buscar nuevos horizontes en el horror independiente. O, en su defecto, encontrar un director que realmente pueda explotar las inesperadas posibilidades de esta humilde serie.
Calificación: 6

lunes 7 de diciembre de 2009

Llamando al Amor (The Other End of the Line)

Parece lógico suponer que el éxito de Slumdog Millionaire y la cada vez más notoria presencia de actores indios en el cine norteamericano llevaría a una inestable fusión de Hollywood y Bollywood. Bueno, no me refiero a una fusión de industrias, sino a sus particulares estilos conjugados en películas que intentarán satisfacer ambos mercados. El riesgo, desde luego, es que el producto resultante no sumará las ventajas de sus respectivas culturas, sino sus defectos. Y, claro, los fracasos iniciales son naturales en cualquier experimento, como ahora tenemos oportunidad de presenciar en la película Llamando al Amor (sublime título... lo recordaré por siempre).

Co-financiada por la megalítica casa productora india Adlabs Films y el tambaleante estudio norteamericano M
GM, Llamando al Amor es una comedia romántica fundamentada en un argumento que tenuemente justifica el romance entre Granger Woodruff (Jesse Metcalfe), ejecutivo neoyorquino, y Priya Sethi (Shriya Saran), atractiva operadora telefónica que trabaja en Mumbai para un banco internacional. Ambos tienen pareja, pero inician una tímida relación por teléfono como consecuencia de ciertos trámites financieros. Desde luego una cosa conduce a otra, y los protagonistas deciden reunirse en la ciudad de San Francisco, donde Granger cree que vive "Jennifer" (el nombre "profesional" de Priya). Entonces, contra los deseos de su tradicional familia, la joven viaja a los Estados Unidos para reunirse con el hombre que sólo conoce a larga distancia. ¿Podrá florecer el romance en tan inusuales circunstancias?

Con excepción del "sabor" indio que ocasionalmente tiene la película, no hay nada que la distinga de las demás comedias repletas de forzados sentimientos, "cómicas" confusiones y todos los predecibles momentos que hemos visto en incontables cintas del mismo género, algunas de ellas mejor ejecutadas. Es tan fácil adivinar el progreso de la trama que perdí rápidamente interés por la pareja, aunque imagino que el mero atractivo físico de ambos y el romance pre-fabricado bastará para hacer amena la experiencia a espectadores menos cínicos (y menos amargados) que yo. Me alegro por ellos, pero no fue mi situación.

Pero por abominable que me haya parecido
Llamando al Amor como comedia romántica, hay algo que me gustó: la revelación de algunas interioridades sobre el funcionamiento de los centros de llamadas que proliferan en la India como muy competitiva alternativa a similares servicios locales, desde soporte técnico hasta "telemarketing" y banco por teléfono. Desde luego estimo que la película nos presenta una versión cómicamente exagerada del entrenamiento y atmósfera que se respira en esos lugares. Sin embargo se siente suficientemente cercano a la realidad (o posible realidad) para iluminarnos sobre un anónimo aspecto de la industria moderna que quizás no conocíamos. Y la verdad me pareció tan interesante que hubiera deseado ver un documental sobre el tema, en vez de esta pobre y tediosa "comedia romántica".

Obviamente no puedo recomendar Llamando al Amor. Sin embargo, como alternativa para quienes estén interesados en Bollywood pero no quieran ver tres horas de bizantinas tramas y números musicales (como ocurre con gran parte de las películas producidas por esa industria), podría recomendar el más apetecible híbrido británico-indio que he disfrutado en películas como Bend It Like Beckham, Bride and Prejudice y Angus, Thongs and Perfect Snogging. Por lo demás, Llamando al Amor es un mal auspicio para futuras colaboraciones transcontinentales... aunque quizás el problema no sea la diversidad de culturas, sino haber contratado al director de la atroz Quest of the Delta Knights (¿quién hubiera pensado que sigue trabajando?). Pero bueno... supongo que Mira Nair no siempre está disponible.
Calificación: 5

domingo 6 de diciembre de 2009

Buenas Costumbres (Easy Virtue)

Quizás por haber leído en mi infancia tantas historias de Agatha Christie, Raymond Chandler y Arthur Conan Doyle, encuentro fascinantes las primeras décadas del siglo veinte, no sólo por su importancia histórica y contrastantes extremos de progreso y anacronismo, sino porque básicamente representan el prototipo de la edad moderna. En las últimas cuatro décadas hemos experimentado impresionantes avances sociales y tecnológicos, pero fue durante los 20s y 30s cuando comenzó la tendencia de ver el desarrollo como un fin por sí mismo, y no como herramienta científica o económica. En resumen, podemos encontrar muchas similitudes entre las obsesiones modernas con las de aquel entonces, y por eso me interesan las películas (modernas o antiguas) que retratan fielmente esa época (o al menos lo intentan). Sirva todo este rollo personal para explicar por qué estoy recomendando la cinta Buenas Costumbres, a pesar de ser uno de esos irregulares melodramas afectados y proto-feministas que a primera vista parecen una simple excusa para lucir acentos ingleses, elegantes vestidos y fastuosas mansiones.

Basada en una obra teatral del célebre
Noel Coward (famoso por su agudas disecciones de la hipocresía británica), Buenas Costumbres sigue a la familia Whittaker, cuya fortuna está disminuyendo en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, aunque la madre Verónica (Kristin Scott Thomas) se aferra desesperadamente a los pocos vestigios de "status" social que aún puede mantener en su mansión de las afueras de Londres. Su esposo, el sarcástico y excéntrico James (Colin Firth) hace lo que puede para mantener la armonía en el hogar, que también incluye a sus hijas Hilda (Kimberley Nixon) y Marion (Katherine Parkinson), y al sufrido mayordomo Furber (Kris Marshall). Pero no será fácil cuando regresa a casa John (Ben Barnes), el hijo pródigo de la familia, con la sorpresa de su matrimonio con la norteamericana Larita (Jessica Biel), cuya moderna y liberada actitud choca de inmediato con los estándares acatados por las buenas familias británicas. Y paralelamente a la integración de la vivaz mujer en la estricta sociedad local (con todo el drama y comedia que podemos imaginar), vemos cómo la cultura inglesa empieza a asimilar los elementos "vanguardistas" que le permitirán competir en el "nuevo mundo" del siglo veinte.

Esta trama puede sonar como Jane Austen recalentada, pero lo que distingue la película es el realismo de los personajes. Kristin Scott-Thomas interpreta la clásica madre severa y tradicional que rechaza a su jovial nuera por no ser "de buena cuna"; sin embargo hay sólidas razones para su comportamiento que van más allá del simple ridículo social. El sarcasmo y afabilidad mostrado por Colin Firth oculta la tragedia y depresión en el pasado de su personaje; pero quien más me sorprendió fue Jessica Biel como la manzana de discordia, pues logra trascender la caricatura de la mujer liberada y progresiva que contagia a los adustos viejos de la previa generación (aunque no puedo negar que hay escenas que, en efecto, la reducen a una caricatura; afortunadamente son escasas y desaparecen en la segunda mitad de la película). En vista del previo trabajo de esta actriz en el género de acción y comedia, no esperaba una actuación con tanto detalle y honestidad. No digo que sea excepcional o merecedora de premios... simplemente superior a lo que yo esperaba.

Lamentablemente el sólido libreto pierde consistencia bajo la irregular dirección de Stephan Elliot, más recordado por la notable The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert. Su manejo de escenas dramáticas es firme y sincero, pero al mismo tiempo parece empeñado en añadir elementos de excesiva afectación y extravagancia que rompen el armónico tono obtenido por la trama y las actuaciones. ¿Fue una taimada analogía del choque entre lo nuevo y lo viejo? ¿O simplemente fueron tropiezos provocados por su desbocada creatividad y pobre sentido común? Lo ignoro, pero en general puedo señalar que entre los peores culpables está la banda sonora de la película, cuyos profusos esfuerzos por añadir humor se sienten inapropiados e irritantes (y no sólo me refiero a las adaptaciones "dixieland" de Car Wash y Sex Bomb). Parecería que el director teme que los incisivos diálogos y farsas costumbristas no basten para hacer reír al público. Y en cierto modo tiene razón; las sutiles y estudiadas ocurrencias del libreto no generan francas carcajadas, pero aun así me parecieron más satisfactorias que los incongruentes momentos de exagerada comedia (como el forzado asunto del pequeño perrito blanco).

A fin de cuentas puedo recomendar Buenas Costumbres a pesar de tantas quejas pues, como dije, me pareció un interesante estudio de la cultura y costumbres de principios del siglo veinte. No hay suficiente romance ni risas para considerarla una comedia romántica; ni trágicos secretos (bueno, unos cuantos) para ponerla en el mismo nivel de Atonement. Sin embargo logra señalar con estilo y elegancia algunas perennes verdades de la experiencia humana que siguen latentes, contrariamente a lo que podría parecer en esta época de comunicación instantánea y esporádica convivencia. En resumen, una película "de época" que no aprovecha su diseño de producción para ser frívola, sino que lo emplea como contexto de ideas eternas y profundas (pero no demasiado profundas).
Calificación: 7

sábado 5 de diciembre de 2009

Caso 39 (Case 39)

Caso 39 sería predecible incluso si el tráiler (y demás publicidad) no hubiera revelado el misterio detrás de su flojo argumento. Para bien o para mal, la trama es una homogénea mezcla de los bien conocidos elementos que hemos visto en tantas otras películas sobre niños envueltos en eventos paranormales. Y, empeorando la situación, lleva casi dos años "enlatada", lo cual nunca es buena señal. Pero aunque su falta de innovación elimina el suspenso, no está exenta de interés, gracias a la concisa y ágil dirección del alemán Christian Alvart y a las actuaciones de sus dos actrices principales.

Al principio de la película conocemos a Emily Jenkins (Renée Zellweger), trabajadora social dedicada a rescatar niños atrapa
dos en familias abusivas. Un día, por azar o algo más, recibe el caso de la pequeña Lilith Sullivan (Jodelle Ferland), cuyos maestros sospechan que podría estar sufriendo maltratos en casa. Pero la situación resulta mucho peor de lo que imaginaban, y Emily apenas logra rescatar a la niña antes de ser brutalmente asesinada por sus perturbados padres. Entonces, conmovida por las penurias que Lilith ha soportado, Emily decide acogerla temporalmente en su casa, mientras se le encuentra una familia adoptiva. Pero al poco tiempo comienzan a morir personas cercanas a ella, y la escéptica mujer empieza a sospechar que hay algo extraño detrás de su pequeña protegida...

Ugh. Me gustaría advertir contra "spoilers", pero si el lector ha visto alguna de las decenas de películas sobre niños diabólicos, sabrá exactamente lo que le espera en Caso 39. No hay nada que no hayamos visto previamente, aunque debo dar crédito al director Christian Alvart y al editor Mark Goldblatt por mantener un buen ritmo y dejar que la película encuentre el paso adecuado para maximizar sus débiles sustos y sorpresas. Sí, hay demasiados sobresaltos artificialmente provocados con ruidos inesperados y apariciones repentinas, pero al menos comparten importancia con escenas bien estructuradas que muestran la paulatina comprensión de la protagonista, y su angustia al verse atrapada en una situación sin fácil salida.

Lo cual nos lleva a Reneé Zellweger, quien regresa al género de terror tras una ausencia de quince años (desde su indigna aparición en la merecidamente olvidada The Return of the Texas Chainsaw Massacre, allá por 1994). En años recientes ha cultivado una imagen distinta, pero su sincera interpretación de la trabajadora social que proyecta su tortuoso pasado en la inocente niña me pareció realista y efectiva. Incluso durante las exageradas y absurdas escenas finales, Zellweger nunca pierde de vista el carácter de Emily, ni traiciona la personalidad que construyó a lo largo de la película. Lástima que el libreto no la respalde con mejores diálogos y escenas. Por su parte, la niña Jodelle Ferland empieza un poco rígida y genérica, pero eventualmente desarrolla una tangible aura de amenaza acentuada por su dulce rostro y suave voz. Me gustó que no tratara de aparentar maldad, pues es ahí donde usualmente pierden credibilidad casi todos los niños actores que he visto en el pasado. Y aunque sólo tiene un corto papel secundario, quiero mencionar a Callum Keith Rennie (más conocido como el cylon Leoben en Battlestar Galactica) por su intensa interpretación del padre de Lilith. Después de Zellweger, me pareció el único interesado en "vender" la realidad de la historia, en vez de simplemente decir sus líneas con la entonación apropiada.

Creo que Caso 39 funcionará mejor para personas que no sean afectas al cine de terror, pues tendrán mejor oportunidad de ser sorprendidas por los clichés que los fans conocemos de memoria. Además, sin ser una buena película, posee suficientes elementos positivos para pasar un rato entretenido gracias al esfuerzo del elenco y la adecuada atmósfera que genera su equipo técnico. No hay mucha sangre, ni suspenso, ni terror real; pero está bien hecha y resulta más satisfactoria que muchas baratas secuelas y re-makes que he visto recientemente. Y aunque no aclamaré a Reneé Zellweger como la nueva "scream queen", me gustaría que incursionara con más frecuencia en el género... pero dudo que lo haga, pues sin duda pagan mejor las huecas comedias románticas que por lo general interpreta. Ni hablar... menos competencia para Cerina Vincent.
Calificación: 6

viernes 4 de diciembre de 2009

Bienvenido a Woodstock (Taking Woodstock)

Antes que nada debo advertir que, a pesar de su nombre y su colorido póster, Bienvenido a Woodstock no es una moderna recreación del épico festival celebrado en agosto de 1969. De hecho, la cinta no incluye ni una canción original de Woodstock, ni bandas, ni escenas del concierto (bueno, una, pero muy lejana). El propósito de la película es mucho más modesto, pues centra su atención en las experiencias de Elliot Tiber, un joven judío que hizo posible el concierto cuando puso en contacto al organizador del evento con el dueño de la granja donde eventualmente se realizaría. Suena trivial, y lo es; pero durante dos horas podemos ver detalles sobre la organización del festival; el efecto que tuvo el espíritu "hippie" sobre la vida del joven y su familia... y el terror de la comunidad entera cuando se dio cuenta de que el evento sería mucho... MUCHO más grande de lo que imaginaban. Las personas que siempre quisieron enterarse de esos pormenores seguramente disfrutarán la película. Pero yo no me cuento entre ellas.

No es extraño que
Bienvenido a Woodstock tome el punto de vista de Elliot Tiber (Demetri Martin), pues el libreto está inspirado en el libro, que él mismo escribió. Cuando comienza la película lo encontramos promoviendo el turismo en Bethel, su pequeño pueblo, y al mismo tiempo esforzándose por comenzar su carrera como decorador de interiores. Sin embargo la situación económica es muy difícil, y cuando Elliot se entera de que las autoridades cancelaron un concierto masivo que iba a celebrarse en una granja cercana, el emprendedor joven ve la posibilidad de trasladarlo a su ciudad, lo cual no sólo generaría ingresos para la comunidad, sino para sus padres, que manejan un decrépito hotel a punto de cerrar por falta de clientes. Pero cuando Elliot se pone en contacto con Michael Lang (Jonathan Groff), el organizador "espiritual" de Woodstock, estalla una cadena de eventos que rápidamente salen de control, hasta transformarse en uno de los fenómenos culturales más importantes del siglo veinte.

Supongo que en papel parecía una buena idea... una historia sobre el festival de Woodstock, pero visto desde detrás del escenario... o, mejor dicho, detrás de la granja, donde podríamos apreciar el ángulo personal y humano del evento, y quizás ser testigos de los armónicos esfuerzos realizados por cientos de individuos para construir algo icónico y memorable que cambió el mundo. Sin embargo, el mediocre resultado de la película dista mucho de eso, y se reduce a un simplista melodrama saturado de clichés sesenteros, personajes planos y apáticas actuaciones que rara vez logran generar suficiente energía o credibilidad para hacernos partícipes del espíritu de Wooodstock (sea cual sea). Por más anticuadas expresiones que el guionista James Schamus incluya en el libreto ("Far Out!", "Groovy!"), y por más chicas en bikini (o nada) que el director Ang Lee ponga en la pantalla, no bastan para evocar la ideología "hippie" de la época, ni la exuberante libertad (algunos dirían "anarquía") que despertó el festival. Quizás hizo falta un guión más enfocado y menos difuso, que tuviera un propósito concreto en vez de simplemente desfilar escenas inconexas con torpe sentido narrativo y anacrónico humor. Pero eso sí... abundante "split screen".

Empeorando la situación tenemos un elenco dudoso y pobremente motivado, empezando por el blando Demetri Martin como el simplón protagonista. No soy fan de este comediante, quien parece aspirar al nicho de "perdedor simpático" que tan bien explotan Michael Cera y Jesse Eisenberg. Sin embargo Martin carece de similar presencia, credibilidad... o simpatía. Por su parte, la usualmente maravillosa Imelda Staunton se ve transformada en una caricatura de madre judía, estridente y hasta ofensiva. Emile Hirsch (por lo general un excelente actor) apenas sabe qué hacer con su papel del típico veterano de Vietnam con traumas psicológicos. El único que muestra cierta personalidad y convicción es Liev Schreiber como Vilma, un travesti veterano de Corea contratado como jefe de seguridad del hotel y sus alrededores. Lejos de parecer afeminado, su incongruente falda, ronca voz y cabello rubio lo hacen más temible y "real" que el resto de los apáticos actores.

Desde luego hay mejores películas y documentales sobre el genuino Woodstock; el clásico Woodstock: Three Days of Peace and Music es sin duda la pieza definitiva sobre el festival, mientras que la reciente retrospectiva Woodstock: Now and Then añade contexto histórico y nostálgicos recuerdos que revelan la influencia contemporánea del evento. Por eso Bienvenido a Woodstock me pareció un deshonesto truco para justificar la aburrida historia de un joven que "se encuentra a sí mismo" entre el caos de un legendario suceso. A pesar de su supuesta fidelidad histórica creo que la película no aporta nada a la mitología "hippie", ni nos muestra el lado humano del concierto, ni explica su relevancia cultural. En fin, supongo que hubo cientos de historias interesantes alrededor de Woodstock; lástima que el director Ang Lee eligió contarnos ésta.
Calificación: 5

miércoles 2 de diciembre de 2009

Doghouse

Hace poco escribí sobre la necesidad de una vertiente feminista en el cine de terror, y aunque sostengo esa opinión, no puedo descartar el valor humorístico y narrativo de las películas que adoptan la postura opuesta. En esa categoría podríamos incluir algunas cintas slasher, y gran parte de la "porno-tortura", pero más allá de esos simples sub-géneros existe la película Doghouse, del energético director Jake West. Su previa obra, Evil Aliens, encontró un pequeño pero rabioso culto de admiradores (entre los que me cuento), aunque igualmente alejó a muchos por su ofensivo humor y grotesca sensibilidad. Y estimo que esta vez ocurrirá lo mismo, pues los villanos de Doghouse no son alienígenas sedientos de sangre, sino mujeres que devoran hombres en un apartado pueblo británico. Muy sutil metáfora...

Los héroes (o anti-héroes) son un grupo de hombres que representan las múltiples facetas de la interacción masculina y femenina. Así tenemos al desvergonzado mujeriego sin respeto alguno por sus "víctimas"; al sufrido marido viviendo bajo la opresión de una castrante esposa; al nervioso pero optimista hombre próximo a casarse; al "nerd" temeroso del sexo opuesto; e incluso un homosexual, cuya distinta y particular perspectiva complementa el mensaje sociológico de la película, que puede resumirse en una frase: cuidado con las mujeres. En la vida real sería cuestionable, pero en el contexto de la película resulta apropiado, pues la trama sigue a ese grupo de amigos en un viaje por la pintoresca campiña inglesa, donde planean pescar, emborracharse y básicamente alejarse de las presiones que encuentran en su vida diaria (por culpa de las mujeres). Sin embargo, cuando llegan al pequeño pueblo donde se hospedarán, resulta evidente que algo extraño ocurrió; las calles están desiertas, hay sangre en las paredes, señales de lucha... y abundantes cadáveres, todos masculinos. Investigando la situación, los amigos descubren que las mujeres del pueblo se han transformado en horripilantes y feroces caníbales, que no se detendrán hasta haber devorado a los nuevos visitantes. Entonces, usando sus particulares habilidades masculinas (desde el uso contundente de palos de golf, hasta la creación de un lanzallamas con juguetes de plástico), los hombres tratarán de escapar con vida y, si es posible, descubrir la causa del desastre que podría extenderse al resto del país.

Será mejor establecer desde el principio que Doghouse parece ser el amargado (pero divertido) capricho de un hombre que perdió su fe en las mujeres, quizás como consecuencia de algún desencanto amoroso o difícil divorcio. No sé si el director Jake West sufrió alguna de esas experiencias; simplemente quiero usar esa idea para describir el travieso tono de esta película que, por lo demás, cumple su función de emocionarnos, hacernos reír, y sorprendernos de vez en cuando con alguna observación de inusual sagacidad, al menos en el contexto de una simple película británica de zombies... aunque los fans de la mencionada Evil Aliens no encontrarán raros estos atisbos de inteligencia compartiendo la pantalla con mutilaciones genitales y fuentes de sangre artificial.

Contribuyendo a hacer más apetecible el tosco mensaje de Doghouse tenemos a un simpático y realista elenco de actores que abordan con fervor sus misóginos papeles, enfrentando vigorosamente las abundantes escenas que combinan brutal violencia con reflexivos diálogos sobre la eterna guerra entre los sexos. Me pareció brillante la presentación de los "monstruos" femeninos como absurdas (e hilarantes) exageraciones de las actitudes que los hombres usualmente odian, desde los celos excesivos hasta los instintos maternales fuera de control. Filtrados por la enfermiza imaginación de West, estos atributos (o defectos) se convierten en terroríficas amenazas para los hombres de la película, quienes se ven obligados a contra-atacar con similares exageraciones de sus propios vicios y virtudes. Principalmente vicios. Y desde luego merece igual halago el excelente trabajo de maquillaje sangriento supervisado por Scott McIntyre, así como los efectos digitales del estudio men-from-mars (¡muy apropiado nombre!). A diferencia de Evil Aliens, esta vez encontré mejor balanceada la combinación de efectos prácticos y digitales para dar vida a las demoníacas mujeres y sus "jugosas" ejecuciones.

A pesar de su controversial tema y estilo, Doghouse me pareció muy divertida y recomendable, con la indispensable advertencia de que podría ofender a las personas que ponen la "corrección política" por encima del humor y el entretenimiento. Afortunadamente el amplio terreno del cine independiente permite la existencia de películas como esta, que no están necesariamente interesadas en complacer a la mayor cantidad posible de espectadores, sino en expresar las ideas de un cineasta audaz e innovador... incluso si el experimento termina explotando en su cara. Pero bueno... ya fue suficiente apología. Doghouse funciona muy bien como una ágil e ingeniosa película de terror, y como una sátira social que apenas oculta sus subversivas ideas detrás de las risas que genera. Por el momento sólo está accesible como DVD de Región 2, pero con suerte encontrará distribuidor mundial, pues ciertamente merece un público más amplio, que no sólo disfrute sus torcidos placeres, sino sus provocativas ideas... y su catártica carnicería.
Calificación: 8.5

lunes 30 de noviembre de 2009

The Boat that Rocked (Pirate Radio)

Hay muchas películas que proclaman orgullosamente la magia del rock (perdón por esa frase) pero, aceptémoslo, no todas son buenas películas. Por mucho que me guste la música, mensaje y actitud de Tenacious D in The Pick of Destiny, Detroit Rock City, o Rock and Roll High School, no puedo defenderlas como auténtico buen cine; de hecho, podrían considerarse horribles bajo un considerable número de criterios. Afortunadamente hay un raro estrato de cintas que conjugan similar ideología con validez artística; entre ellas podría mencionar 24 Hour Party People, Almost Famous y A Hard Day's Night; todas ellas buenas obras cinematográficas que enarbolan la bandera del rock y la ondean con entusiasmo y convicción. Habiendo dicho eso, no estoy seguro en qué categoría ubicaría la cinta The Boat that Rocked (conocida en los Estados Unidos como Pirate Radio). Por un lado, me gustó mucho su desbordante energía, el brillante elenco y obvio entusiasmo por el rock inglés de los sesentas. Sin embargo, su difusa narrativa, exceso de personajes y dudosa veracidad podrían desanimar a espectadores que busquen una historia más formal y menos caótica.

The Boat that Rocked
retrata un período clave en la década de los sesentas, cuando surgieron muchas bandas y artistas en el viejo continente como respuesta al movimiento del rock 'n' roll norteamericano, dando origen a la "invasión inglesa", uno de los más importantes momentos en la música popular del siglo veinte. Sin embargo en 1966, mientras se extendía por el mundo la popularidad de Los Beatles, Rolling Stones, The Yardbirds, Cream y demás, en su nativa Gran Bretaña estaban prácticamente censurados, pues las estaciones de radio comerciales apenas reconocían su existencia. Fue entonces cuando varios intrépidos empresarios decidieron satisfacer la demanda de música por el único medio posible: estaciones de radio piratas (sin permiso oficial) que transmitían todo tipo de rock desde barcos anclados en las aguas internacionales del Mar del Norte. Sobra decir que esto no gustó mucho a los estrictos gobernantes de las Islas Británicas, pero el público recibió las transmisiones con entusiasmo, y alrededor de la mitad de la población inglesa se contaba entre los radioescuchas de estas estaciones rebeldes y subversivas.

The Boat that Rocked no cuenta la historia específica de una de esas estaciones; lo que hace es construir una trama ficticia con elementos de realidad y "adornos dramáticos" que hacen más interesante la narrativa al mismo tiempo que evocan con idealizada nostalgia (y variable realismo) las aventuras de una imaginaria estación llamada Radio Rock, manejada por el flemático Quentin (Bill Nighy), con un equipo de "DJs" (o "disc jockeys", como se les conocía en décadas pasadas) que incluye al enigmático Midnight Mike (Tom Wisdom), al locuaz Dr. Dave (Nick Frost), al sufrido ingeniero de sonido Thick Kevin (Tom Brooke) y a un legandario locutor norteamericano conocido simplemente como "El Conde" (Philip Seymour Hoffman). Para facilitar el desarrollo de la ambigua historia, el director Richard Curtis emplea una clásica fórmula dramática: la integración de un nuevo miembro al equipo, a través de cuyos ojos vamos conociendo a los excéntricos personajes y sus chispeantes dinámicas. Todo ello acompañado, naturalmente, de abundantes momentos de humor, tragedia, romance... y muchas canciones de rock.

Por si eso no bastara para llenar dos horas de película, también conocemos al enemigo... Sir Alistair Dormandy (Kenneth Branagh), tenaz e iracundo Ministro de Comunicaciones que odia las estaciones de radio piratas y, con ayuda de su abrumado emplado, Mr. Twatt (Jack Davenport), busca un agujero en la ley para garantizar la ilegalidad definitiva de estos criminales que contaminan el aire con su obscena música moderna. Y así vemos cómo la pintoresca vida a bordo del barco Radio Rock contrasta con los adustos esfuerzos por eliminarla del aire. Pero lo que nadie sospecha es que el mayor peligro no yace en la legislación, sino en los impredecibles elementos de la naturaleza...

El director Richard Curtis (más conocido hasta ahora por su labor en la comedia romántica) emplea en The Boat that Rocked una técnica similar a la que usó en su excelente película Love Actually: en vez de contar una historia coherente y unificada, prefiere pasearnos por múltiples viñetas con temas comunes, mostrándonos numerosos personajes como protagonistas de breves y a veces triviales historias que no dicen mucho individualmente, pero que al final integran un rico tapiz de emociones, eventos y situaciones. Y, desde luego, están maravillosamente respaldadas por el notable ensamble de canciones que las acompañan (con la imperdonable ausencia de Los Beatles, aunque comprendo el prohibitivo costo que hubiera representado incluir sus más famosas canciones). Obviamente merece igual aplauso el ecléctico grupo de actores que da vida a cada papel, cuyo entusiasmo y diversión se transmite al espectador. Sería impráctico nombrarlos a todos, así que simplemente diré que no hay uno que se sienta fuera de lugar, y todos cuentan con apropiados momentos de lucimiento o revelación que los hacen simpáticos y memorables... incluso si es por unos cuantos segundos.

Estimo que la mediana recepción que obtuvo The Boat that Rocked en su país de origen pudo deberse a la fragmentada historia, o a la ausencia de "estrellas" y clichés dramáticos bien definidos. Pero al menos yo la disfruté enormemente, y puedo recomendarla con entusiasmo, aunque con la debida advertencia de que no conviene esperar una "bio-pic" rígida y lineal (como Ray o Walk the Line), sino una colección de anécdotas cuya función no es repetir "la verdad", sino evocar los sentimientos, valores y anárquica energía de una época. Y, en todo caso, será una buena excusa para re-descubrir las casi olvidadas notas de artistas como The Turtles, The Small Faces, The Kinks, Darlene Love, y tantos otros que ya no escuchamos muy a menudo, pero que merecen amplio respeto como percusores de la música que hoy disfrutamos... aunque sea en estaciones de radio sumidas en la "payola" y los caprichos de las compañías disqueras. Pero bueno... al menos tienen licencia del Estado; supongo que eso las hace legales.
Calificación: 9

domingo 29 de noviembre de 2009

Amantes (Two Lovers)

Hace casi diez años vi la película The Yards, del director James Grey, y me pareció una excelente combinación de drama familiar y thriller policíaco, que ignoró los fáciles clichés de ambos género para producir algo distinto, impredecible y fascinante, aunque tan sobriamente realizado que algunas personas la consideraron lenta y aburrida. Unos años después, en We Own the Night Grey trató de hacer algo similar, pero añadiendo inciertos elementos del cine de acción que rompieron el balance e hicieron la película difícil de asimilar. Y ahora, con Amantes, Grey simplifica su precisa mirada y la enfoca al drama romántico, con resultados difusos y pausados, pero no exentos de interés.

Amantes está protagonizada por Joaquin Phoenix (en su tercera colaboración con Grey) en el papel de Leonard, un hombre de alrededor de treinta años viviendo en un sencillo barrio judío de Nueva York con sus protectores padres tras haber sido abandonado por su prometida. Reconociendo la depresión que lo envuelve, su madre trata de interesarlo en la simple pero honesta Sandra (Vinessa Shaw), hija de algunos amigos de la familia. Y justo cuando Leonard empieza a considerar una relación con la ingenua chica, conoce accidentalmente a Michelle (Gwyneth Paltrow), su atractiva y exuberante vecina, sintiéndose de inmediato atraído por ella. Entonces, durante el resto de la película vemos cómo el indeciso joven cultiva ambas relaciones, una segura y tradicional, y la otra emocionante, impredecible y hasta peligrosa. Pero la imposible decisión que Leonard debe tomar pesa sobre su conciencia, empeorando paulatinamente su manía depresiva; ¿elegirá a la mujer correcta para encontrar la felicidad? ¿O tomará un camino más trágico e inesperado?

El argumento es engañosamente simple, pero compensa su básica estructura con personajes profundos y detallados, que se sienten reales a pesar de funcionar como clichés en la mecánica del libreto (otro triángulo amoroso... ¡qué original!). Ayuda también el uso de actores notables y muy bien seleccionados para sus respectivos papeles; Joaquin Phoenix captura a la perfección la depresión inicial y el descubrimiento de su vecina, cuya vivaz personalidad despierta en el lacónico joven un renovado interés por la vida... aunque a costa de la cómoda estabilidad en su nicho familiar. Gwyneth Paltrow logra expresar el inherente atractivo de la "mujer fatal" con el potencial de arruinar vidas, pero no por malicia, sino por la vulnerabilidad que proyecta, quizás como mecanismo de defensa ante su incierta situación. Y bajo la inocua apariencia de una tímida muchacha judía con baja auto-estima, Vinessa Shaw nos permite ocasionales atisbos a la madurez e inteligencia que sustentan sus decisiones románticas. Finalmente, en papeles secundarios pero no por ello irrelevantes, tenemos a la extraordinaria pareja de Isabella Rossellini y Moni Moshonov como los bien intencionados padres de Leonard, con suficiente fe para respetar los deseos de su hijo incluso si ven claramente el potencial de desastre en su vida familiar.

Además de las actuaciones me gustó la lánguida dirección de Grey. Sospecho que podría considerarse tediosa por quien espere algo más ágil y convencional; también comprendo el riesgo de usar un ritmo tan metódico para contar esta historia, ya de por sí lenta y un poco plana; sin embargo me agradó sentir que tiene confianza en su público y en sus personajes para dejarlos respirar, establecer las situaciones y dejar que tomen sus propias decisiones, sin forzar la narrativa ni traicionar sus personalidades con huecos artificios dramáticos. Habiendo dicho eso, me hubiera gustado algún elemento que aportara variedad al libreto, o niveles adicionales de significado (o quizás los hay y simplemente no los percibí). En fin... creo que Amantes pertenece al tipo de películas que merecen reconocimiento por lo que evitan, y no por lo que logran. Pero aún así disfruté medianamente la experiencia y puedo recomendarla, aunque no espero recordarla por mucho tiempo o repetirla en el futuro. A veces la fantasía es demasiado real para ser confortable.
Calificación: 7

sábado 28 de noviembre de 2009

El Sarcófago (The Coffin)

Por lo general me gusta ver cine tailandés pues, independientemente de su argumento o calidad, nos ofrece fascinantes miradas a una cultura exótica y de gran diversidad, donde la magia es una ocurrencia habitual y la espiritualidad empapa cada aspecto de la vida diaria (al menos desde mi ignorante punto de vista, como habitante de la más prosaica y materialista mitad del mundo). Por ejemplo, en la cinta Art of the Devil 2 acompañamos a un grupo de estudiantes en su peregrinación a la jungla para honrar a su maestra de la infancia; en The Victim seguimos a una actriz especializada en la recreación de crímenes violentos para adornar la portada de escandalosos periódicos tabloides; en The Protector podemos apreciar la mística relación entre una familia y su elefante. Y ahora El Sarcófago continúa la tradición, pues su trama está fundamentada en un extraño ritual tailandés de perturbadoras connotaciones. Desafortunadamente la película por sí misma resultó aburrida y decepcionante debido a su incongruente libreto, malas actuaciones y falta de imaginación.

El ritual en cuestión consiste en simular la sepultura de una persona para alejar enfermedades y mala suerte. Durante tres días sus practicantes yacen en un
ataúd con ofrendas florales y recordatorios sobre el favor que desean obtener. La película sigue por separado a dos personas que se someten al ritual por razones particulares. Así tenemos a Chris (Ananda Everingham), quien desea que su esposa despierte de su estado de coma; y a May (Napakpapha Nakprasitte), desesperada por curar una grave enfermedad antes de su boda. Y aunque ambos individuos sufren bizarras experiencias paranormales durante su estancia en el ataúd, al terminar el ritual descubren que funcionó tal como esperaban, y sus deseos se hicieron realidad. Sin embargo, como siempre ocurre, se dan cuenta de que los favores recibidos se podrían convertir en maldiciones, pues el precio que deben pagar resulta mucho más alto de lo que sospechaban...

El argumento parece innovador, pero en realidad El Sarcófago se limita a usar el ritual de los ataúdes como punto de partida para contar una historia confusa y fracturada, repleta de clichés sacados del moderno cine de horror asiático (me pareció reconocer escenas copiadas de Ju-On, Shutter y la mencionada Art of the Devil), pero sin mucho sentido o ilación narrativa. De hecho, llega un momento en que las macabras alucinaciones (o lo que sean) se vuelven tan frecuentes y arbitrarias que terminan dando risa, en vez de provocar el esperado terror. Y aunque me gustó el mensaje final sobre "la rueda de la vida", no bastó para redimir la floja historia con una improvisada homilía final.

Entonces, no puedo recomendar El Sarcófago como película de terror, pues no logra generar emociones por más que lo intentan sus torpes efectos especiales y su ruidoso diseño de audio. Los actores son generalmente malos (o quizás tuvieron dificultades filmando escenas en inglés); algunos de sus diálogos me hicieron rechinar los dientes ("Puedes entrar en coma todas las veces que quieras"); y aunque la cinematografía ofrece algunas hermosas imágenes de la campiña tailandesa, su fría paleta de tonos azules y púrpuras imita cintas como Ringu y Pulse. Sin embargo los interesados en la cultura tailandesa encontrarán otra provocativa faceta de un país donde la magia convive con la religión (o viceversa) y los fantasmas del pasado no sólo existen en la memoria de los vivos, sino en cada detalle de su diaria experiencia. Francamente, me atrae más ese fenómeno que los baratos efectos digitales y sangre artificial que trata de vendernos El Sarcófago. Es una lástima, pues se desperdició una buena oportunidad de examinar con mayor seriedad esa fascinante práctica. Pero bueno... tal vez fue mi culpa esperar un documental cuando fui a ver una simple película de terror que no causa terror sino bostezos.
Calificación: 5

viernes 27 de noviembre de 2009

Planeta 51 (Planet 51)

Me animé a ver Planeta 51 porque pensé que podría ofrecer un divertido homenaje al género de ciencia ficción, quizás similar al que realizó la irregular pero entretenida cinta Monsters Vs. Aliens. Y aunque sin duda incluye abundantes referencias a muchos clásicos del género, su nivel de humor me pareció penosamente primitivo, además de que su historia es tan blanda y predecible que demerita el sólido trabajo de animación, que quizás no alcance los niveles de Pixar (o siquiera los de la mencionada Monsters Vs. Aliens), pero que definitivamente resulta notable para una modesta co-producción española de bajo presupuesto.

Hemos visto la trama de "nosotros somos los aliens" mucho mejor realizada en otras obras, desde los programas televisivos
The Twilight Zone y Futurama, hasta la obra literaria de Douglas Adams y Robert A. Heinlein, sin olvidar películas como Enemy Mine y Planet of the Apes. Pero bueno... supongo que su uso es válido en una obra infantil para transmitir el habitual mensaje de tolerancia y diversidad. Sin embargo no lo sentí muy presente en el insípido argumento de Planeta 51: los habitantes del epónimo planeta serán verdes y tendrán antenas, pero por lo demás viven en una cultura muy similar a la de la Tierra en la década de los sesentas. El protagonista es Lem (voz de Justin Long), un joven aficionado a la astronomía, que se burla de los comics y películas de ciencia ficción que pintan a los humanos como grotescos monstruos devoradores de cerebros. Sin embargo, su percepción de esos "extraterrestres" (y del universo) cambiará cuando conozca al astronauta norteamericano Chuck Baker (voz de Dwayne Johnson), quien aterriza en el Planeta 51 pensando que está inhabitado. Pero al encontrarse bajo la mira del paranoico Profesor Kipple (voz de John Cleese) y el agresivo General Grawl (voz de Gary Oldman), el torpe astronauta terrícola debe convencer a Lem y sus amigos para que lo ayuden a regresar a su nave, antes de convertirse en un experimento de los desconfiados gobernantes que rigen el extraño planeta.

Y, claro, también se manejan temas de auto-superación y amistad, atisbos de obligatorio romance y un simpático robot que parece una combinación de Wall-E, Hal 9000 y GlaDOS, pero con la personalidad de un perro. No es muy gracioso ni original, pero creo que fue lo que más me gustó de Planeta 51 (lo cual no es decir mucho). Por lo demás, encontré la dirección indiferente, el trabajo vocal débil y el humor irritante. Todo eso sin mencionar la tristemente popular práctica de estirar eventos triviales y convertirlos en forzadas secuencias de acción, en un desesperado esfuerzo por inyectar un poco de chispa y energía en el genérico libreto. Los directores españoles Jorge Blanco, Javier Abad y Marcos Martínez no quisieron correr riesgo alguno, y diseñaron una película tan inofensiva que carece de emoción, suspenso o humor que no se sienta prefabricado y artificial. Finalmente, como ya se ha hecho costumbre, debo señalar el penoso desperdicio de trabajo de tantos animadores en una historia libre de lógica o ingenio, basada en decrépitas fórmulas y no en la visión creativa de auténticos artistas. O tal vez lo sean, pero decidieron sacrificar su convicción en aras de obtener distribución mundial y la colaboración de algunos famosos actores para facilitar la venta de la película.

Resumiendo: no hay mucho que recomendar en esta película además de sus aspectos técnicos. Es fácil encontrar mejores homenajes a la ciencia ficción clásica; y hay bastantes películas infantiles superiores a Planeta 51 que representan opciones más aptas para pasar un rato con la familia. No desperdicien su tiempo en esta cinta, que ni siquiera es tan mala... pero sí lo suficientemente mediocre para acentuar sus fallas y minimizar sus modestos logros. Esa simple falta de ambición bastó para arruinar la experiencia.
Calificación: 5

miércoles 25 de noviembre de 2009

The Tournament

No sé si el argumento de The Tournament es absolutamente brillante o ridículamente estúpido: un torneo secreto en el que participan los 30 mejores asesinos a sueldo del mundo, con un gran premio de diez millones de dólares para el último sobreviviente. Y, organizando el "evento", tenemos a un misterioso maestro de ceremonias, quien con alta tecnología convierte la sangrienta competencia en un espectáculo deportivo, donde magnates de todo el mundo apuestan por sus favoritos. Casi puedo imaginar esta historia filmada hace treinta años, como una olvidada joya de la explotación setentera (tal vez con Jim Kelly, John Saxon y Pam Grier). Pero bueno... dejemos esas fantasías "retro" y concentrémonos en The Tournament, una excelente cinta de acción inexplicablemente condenada al genérico mercado directo a DVD.

En una película de noventa minutos con más de treinta personajes, no todos pueden estar perfectamente definidos, pero los que ocupan nuestra atención bastan para formar una variada colección de pintorescos criminales. Así tenemos al aparentemente infalible Joshua (Ving Rhames), triunfador del previo torneo que regresa en busca
de venganza por la muerte de su esposa... a manos de otro "concursante"; también está el amoral e hiper-violento Miles (Ian Somerhalder), quien parece matar más por diversión que por competencia; al lacónico francés Anton Bogart (Sebastien Foucan), imparable experto en parkour cuya agilidad iguala su tenacidad y agresión; y a Lai Lai Zahn (Kelly Hu), enigmática y bella mujer oriental motivada a participar por algún misterioso evento en su pasado.

Muy bien... treinta asesinos y un sólo ganador suena emocionante. Pero... ¿dónde está el drama? ¿El eje moral de la película? Nada menos que en la forma del sacerdote alcohólico Joseph MacAvoy (Robert Carlyle), víctima de una electrónica confusión que lo señala como uno de los asesinos, convirtiéndose automáticamente en el blanco de decenas de matones en busca del premio. Pero no está solo... cuando Lai Lai se da cuenta del error, trata de ayudarlo a sobrevivir aunque, técnicamente, el ofuscado cura es también su rival, y mientras siga vivo nadie podrá cobrar la recompensa.

Aún con esos dilemas éticos el guión no es muy profundo, pero apenas hay tiempo de notarlo gracias a la velocidad con la que el director Scott Mann conduce la película. El preciso armado de sus secuencias de acción y la fantástica edición de Robert Hall debería usarse en escuelas de cine como perfecto ejemplo de narrativa visual clara y concisa, donde el brutal ritmo no impide el nítido entendimiento de las escenas ni el flujo de la historia (la lista de directores "consagrados" que deberían aprender urgentemente esa lección incluye a Paul W.S. Anderson, Stephen Sommers y Len Wiseman, además de tantos otros cineastas asociados con el género de acción que siguen ocultando su ineptitud detrás de confusa edición y borrosos "close ups"). Por ciero, hablando de visuales, los fans del "gore" encontrarán adicional deleite en The Tournament, gracias a la libre derrama del rojo líquido con cualquier excusa, desde apuñalamientos y "headshots" hasta accidentes automovilísticos y explosiones corporales.

Entonces, los puntos débiles de The Tournament son su frívolo argumento y sus superficiales personajes; afortunadamente el estilo compensa en cierto modo lo primero; y la apta selección de actores se encarga de atenuar lo segundo. Robert Carlyle es particularmente agradable como el sacerdote alcohólico; Ving Rhames repite su típico papel de hombre rudo pero sensible (con el mágico poder de entrar a cada escena en dramática cámara lenta); y aunque me dio gusto ver a la guapa Kelly Hu en un papel más sustancial que de costumbre, no pude evitar imaginar que lo obtuvo después de ser rechazado por Lucy Liu (no es un insulto para ninguna de las dos... simplemente parece el típico papel que Liu interpreta con regularidad). Entonces, baste decir que The Tournament no desbancará a Die Hard o The Road Warrior en mi lista de películas de acción favoritas; pero definitivamente fue una muy agradable sorpresa encontrar esta modesta y bien realizada película en un género (y un medio de distribución) usualmente reservado para fláccidos "thrillers" de Steven Seagal y bodrios similares cuyos títulos suelen incluir las palabras "fatal", "deadly", y "justice". En resumen, The Tournament es un muy recomendable platillo de acción, aderezado con abundante sangre, violencia y actores que respaldan sus exagerados papeles con entusiasmo y convicción. Y, lo mejor de todo es que no es una secuela, no está basada en un juguete, y no busca complacer al público infantil.
Calificación: 8.5

lunes 23 de noviembre de 2009

Moon

A primera vista la película Moon parece un híbrido de 2001 y Silent Running pero sería injusto descartarla como tal, pues si bien comparte elementos narrativos y estilísticos con esas dos clásicas de la ciencia ficción, su argumento es totalmente distinto y presenta ideas muy interesantes sobre la identidad humana y la función de la memoria como fundamento del individuo. Además, ofrece buenos momentos de suspenso, humor y brillantes efectos especiales para acentuar la soledad del protagonista, creando al mismo tiempo un entorno de escabrosa belleza que refleja y complementa las duras realidades que debemos afrontar durante la película.

La historia se desarrolla en una estación lunar, donde encontramos a Sam Bell (Sam Rockwell) como el único operador humano de un complejo minero que extrae
isótopos de hidrógeno necesarios para la producción de energía limpia y barata en la Tierra. Su único acompañante es el robot GERTY (voz de Kevin Spacey), cuyas funciones incluyen no sólo la supervisión de la estación, sino el monitoreo psicológico de Sam, quien quizás está experimentando alucinaciones como consecuencia del prolongado aislamiento que implica su misión. Pero el solitario astronauta está de buen humor, pues se aproxima el final de su contrato por tres años, y finalmente podrá regresar a su hogar en la Tierra, donde lo esperan su esposa Tess (Dominique McElligott) y la pequeña hija que aún no ha cargado en sus brazos. Sin embargo, la mezcla de estrés y anticipación hace que Sam se distraiga durante una rutinaria reparación, y termina estrellando su vehículo contra una excavadora a la mitad del helado desierto lunar. Cuando despierta en la enfermería de la estación, Sam empieza a cuestionar su salud mental, pues no recuerda cómo regresó, y GERTY sólo responde con sugerencias de reposo y recuperación. Entonces Sam deduce que la clave del misterio podría estar en el vehículo estrellado, aunque quizás no le guste lo que encuentre ahí.

Conviene no saber más sobre la historia, pues gran parte de su atractivo reside en el paulatino descubrimiento de datos y eventos que aclaran la situación del astronauta, y ofrecen un fascinante estudio psicológico cuya minimalista implementación no demerita las amplias ideas que cubre, así como el mordaz comentario que ofrece sobre el valor del individuo. Pero nada de eso funcionaría sin la magistral interpretación de Sam Rockwell. El intenso torbellino de emociones y eventos resulta tan impredecible y alejado de nuestra experiencia "normal" que se vuelve indispensable una sólida presencia humana para identificarnos con el personaje y permitirnos asimilar los elevados conceptos que examina el libreto. Me atrevo a decir que Moon cuenta con el mejor trabajo de Rockwell hasta la fecha, lo cual es un considerable halago cuando examinamos su filmografía, llena de interesantes papeles que van desde un pusilánime vaquero en The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford hasta el polifacético asesino de Confessions of a Dangerous Mind. Por tratarse de una modesta película independiente, y además de ciencia ficción, no espero que esta tremenda actuación sea reconocida por academias y círculos críticos, pero siento que es una de las mejores del año, y eleva en gran medida esta inusual cinta.

Aunque sólo escuchamos la voz de Kevin Spacey, también merece encomio por encontrar el grado justo de personalidad e indiferencia que necesita el robot GERTY para expresar los "sentimientos" de una máquina atrapada entre conflictivas directivas que ponen a prueba su conciencia (más ecos de 2001). Sin duda GERTY es digno sucesor de Hal 9000 y los mudos robots que acompañan al solitario protagonista de Silent Running, otra película que, al igual que Moon, examina la soledad del espacio y la necesidad de mantener la humanidad incluso donde parece un obstáculo y hasta un peligro para la supervivencia.

Hablando del espacio, también debo aplaudir las detalladas maquetas con las que se representa la superficie lunar, y la diestra cinematografía que complementa la ilusión de escala y profundidad. Algunas tomas me recordaron la estimada serie de televisión
Space 1999, y me dio gusto que en esta época de excesos visuales alguien se atreva a explotar las más inocentes herramientas de antaño, corregidas y mejoradas por el sensato uso de artilugios digitales para "cubrir los huecos" entre ambas técnicas. De este modo cumplen su función de respaldar la historia y al mismo tiempo ofrecen atractivas imágenes que "abren" el argumento y nos ofrecen momentáneo respiro de la claustrofóbica estación lunar que compartimos con el protagonista.

De cualquier modo, como dije, la película entera pertenece a Rockwell y al brillante libreto que desafía expectativas pero, a fin de cuentas, se fundamenta en fascinantes ideas para expresar un mensaje profundo e interesante. En la mejor tradición de la ciencia ficción literaria, Moon conjuga retos intelectuales, sólida narrativa y admirables personajes que trascienden su función en la historia para convertirse en reflexiones de la condición humana, y meditaciones sobre circunstancias al mismo tiempo clásicas (el misterio de la identidad) e innovadoras (los retos de la colonización espacial). Su parsimonioso ritmo y frugal implementación quizás ahuyenten espectadores en busca de naves espaciales, acción y batallas interplanetarias. Sin embargo Moon merece una sincera recomendación para quienes comprendan que el atractivo real de la ciencia ficción no se limita a sus elementos fantásticos, sino todo lo contrario... al realismo de sus emociones y el creativo análisis de la humanidad en todos sus aspectos. Ojalá la distribución de Moon en canales On Demand y en DVD tenga más éxito que su breve estancia en cines norteamericanos, pues merece encontrar la audiencia que aprecie su modesta técnica, sus considerables logros narrativos... y una de las mejores actuaciones en las crónicas de la ciencia ficción.
Calificación: 9

domingo 22 de noviembre de 2009

Milagros Prohibidos (No-Do)

Con películas como El Orfanato, REC y Los Cronocrímenes (ya sé, ya sé, tengo pendiente esa crítica), España se ha convertido en destacado productor de cine fantástico contemporáneo (aunque, para ser justos, esa tradición tiene ya varias décadas). Sin embargo, sería irreal creer que todas las cintas provenientes de ese país resultarán igualmente exitosas. Milagros Prohibidos es desafortunada prueba de ello, aunque cuenta con algunos interesantes elementos en su historia y una sólida actuación que casi rescata la película. Hablando del título, debo admitir que tuvo sentido cambiárselo para su estreno en México, pues el nombre original "No-Do" se refiere a los "NOticieros DOcumentales" producidos para cine en la época de Francisco Franco, y requiere un entorno cultural muy específico para entenderse. Entonces, no me hace muy feliz el apelativo de Milagros Prohibidos, pero entiendo la paradójica necesidad de ponerle un nuevo título en español a una película española. He dicho.

La mencionada historia comienza como tantas otras: una familia con un trágico pasado se muda a una vieja casona en las afueras de la ciudad, y casi de inmediato Francesca (Ana Torrent) empieza a experimentar extraños fenómenos paranormales en cierto modo relacionados con su pequeño bebé. Entonces, al investigar la historia del inmueble, descubre que años atrás fue un hospital-orfanato en el que ocurrieron ciertos eventos que fueron encubiertos por la Iglesia española. Naturalmente nadie le cree a la desesperada mujer (incluyendo su antipático esposo) debido a su historial de problemas mentales. Pero cuando visita al Padre Miguel (Héctor Colomé), psicólogo jesuita especializado en desmentir falsos milagros, empiezan a revelarse los siniestros secretos de la casona. Y lo que descubren pondrá en peligro las vidas y almas del sacerdote y de la familia entera.


Ana Torrent tiene un notable desempeño en el papel principal. Su personaje no es muy original, y podemos ver similitudes con las decenas de tenaces mujeres que han enfrentado fantasmagóricas amenazas en tantas películas de terror modernas, sobre todo en el cine oriental. Sin embargo Torrent (di NO a la piratería) proyecta la credibilidad necesaria para hacernos simpatizar con la angustia de una agobiada madre que busca respuestas antes de que su familia se desmorone por la tensa situación. Lamentablemente el libreto no le ayuda mucho, pues le endilga escena tras escena de repetitivo suspenso que termina volviéndose aburrido. Para la cuarta o quinta vez que la vemos recorriendo el desván de la casona con su patética linterna de mano es difícil mantener el interés o la tensión, sobre todo por los ambiguos (y demasiado oscuros) efectos digitales de burda manufactura y reducida creatividad.

No obstante, la última media hora recupera fuerza gracias al poco creíble pero interesante misterio que encierra el viejo orfanato. Héctor Colomé añade gravedad con una versión española (melodramática pero sincera) del Padre Merrin; y las tenebrosas recreaciones de los mencionados Noticieros Documentales no encajan del todo en la narrativa, aunque sin duda crean una mística atmósfera que combina tecnología "retro" con eventos paranormales. No se si alguien más comparta un similar fetiche, pero yo encuentro fascinante esa mezcla de estilos, que en cierto nivel me recuerdan los mejores relatos de H.P. Lovecraft o Sir Arthur Conan Doyle (sobre todo las historias del Profesor Challenger). No estoy diciendo que Milagros Prohibidos llegue tan alto, pero al menos se nota cierta creatividad como sazón de una receta añeja y demasiado familiar. Entonces, aunque hay mejores opciones para aficionados al horror español, creo que puedo darle una tenue recomendación a esta austera película, cuyas buenas ideas fueron parcialmente saboteadas por su lenta y repetitiva ejecución. De ningún modo será tan recordada como las mencionadas REC y El Orfanato, pero yo la pondría más o menos al mismo nivel que las cintas españolas realizadas para exportación del estudio Filmax (como La Monja, Frágiles y The Abandoned); aptas para pasar una tarde medianamente entretenida pero condenadas al olvido casi inmediato. Quizás no sea un milagro, pero sí una fugaz favor.
Calificación: 6.5

sábado 21 de noviembre de 2009

Crepúsculo: Luna Nueva (The Twilight Saga: New Moon)

Oh my God, estaba tan ansioso por ver Luna Nueva que casi olvidé ponerme mi camiseta de Team Edward antes de ir al cine. Por suerte mis amigas me textearon a tiempo y alcancé a ponérmela, para que todos fuéramos vestidos igual.

No... un momento... esa no fue mi experiencia real. Pero sí fue la pesadilla que tuve antes
de ir a ver Luna Nueva. Como sea, no puedo negar que me gustó la primera película por su precisa dirección, elenco y adecuados momentos de humor; pero me dejó frío el supuestamente candente (y casto) romance entre los protagonistas. Sin embargo guardaba ciertas esperanzas de que, con un director nuevo y la adición de hombres lobo (¿Spoiler? Lo dudo), las obligatorias escenas románticas estarían mejor balanceadas por horror, suspenso... o al menos aventura. No tuve tanta suerte, pero tampoco me desagradó del todo la película, que supera algunos errores de la primera, y crea otros más que tal vez sean resueltos en futuras secuelas.

El argumento, por si alguien lo desconoce, sigue la intensa r
elación entre el vampiro Edward Cullen (Robert Pattinson) y su novia humana Bella (Kristen Stewart). Pero en el décimo octavo cumpleaños de la joven ocurre un incidente con otro vampiro del Clan Cullen, y Edward se da cuenta de que Bella estará en constante peligro mientras continúen juntos; entonces decide abandonarla y mudarse con su familia a otra ciudad. Bella queda devastada, pero encuentra refugio amistoso con el enigmático Jacob (Taylor Lautner), quien eventualmente se aleja de ella para cumplir un rito secreto de su tribu nativo-americana. Y, por si no fueran suficientes tantas decepciones, Bella tendrá que enfrentar a la tenaz vampiro Victoria (Rachelle Lefevre), quien regresa al pacífico pueblo de Forks en busca de venganza por la muerte de su pareja a manos de Edward (en la primera película). Afortunadamente Bella descubre que tiene inesperados aliados de su parte... ¿pero son realmente aliados?

La única diferencia que noté en el cambio de directores es que Chris Weitz no abusa del ridículo “wire-work” y gusta de usar trucos digitales invisibles para acentuar algunas escenas de manera creativa, pero inútil. Por lo demás, la narrativa es igualmente parsimoniosa, y creo... que si eliminara... todas... las pausas... que los actores... hacen... durante sus... pasionales... e inciertos... diálogos, la película no duraría dos horas sino noventa minutos, lo cual sería más eficiente y nos ahorraría muchas lánguidas miradas de Bella, tomas en cámara lenta de los actores quitándose la camiseta (excepto Bella) y obligatorios pasajes semi-humorísticos con los amigos "normales" de la muchacha. Además, no sé si esto me ponga en el "Team Jacob", pero mi interés revivió brevemente con la desaparición de Edward y la introducción de Jacob y su secreto familiar. Tampoco hay gran innovación en la dinámica que adoptan Kristen Stewart y Taylor Lautner, ni en la mitología "nativo-americana" de los lobos que protegen la reservación india, pero al menos representó una agradecida distracción de los estilizados vampiros que francamente no encuentro muy interesantes.

¿Y el horror? Prácticamente inexistente. De nuevo tenemos al alguacil (y padre de Bella) investigando "misteriosas muertes producidas por un animal", pero la amenaza de los vampiros rivales se reduce considerablemente, reservando el conflicto y acción a los minutos finales de la película, que se siente forzados y artificialmente violentos para agilizar un poco la historia, aunque no lo requiera (no sé si la pelea final aparece en el libro; como sea, siento que sale sobrando en la película). Habiendo dicho eso, creo que tiene potencial la adición del Clan Volturi, cuya apariencia evoca los decadentes vampiros de Anne Rice; sigo indeciso si eso es bueno o malo... pero bueno; ya veremos si resultan útiles en las futuras películas. Y, a riesgo de sobre-analizar el vacuo romance juvenil, me atrevería a sugerir que la autora Stephenie Meyer está usando su historia de amor sobrenatural como metáfora de los distintos problemas y obstáculos que pueden encontrar las jóvenes modernas en su búsqueda de pareja. Así podríamos decir que Edward representa al novio evasivo y emocionalmente inerte; a Jacob como el novio celoso e iracundo; a Mike (el único pretendiente humano de Bella) como sensible y comprensivo pusilánime... ¿qué nos espera en el futuro? ¿El novio alcohólico y mentiroso? ¿el golpeador de mujeres? Como dije, seguramente estoy sobre-analizando.

Quizás convenga señalar de nuevo que mi perspectiva es la de un espectador semi-hostil que no leyó las novelas, y que está muuuuy lejos de la edad promedio que tienen los fans de la saga. Aún así encontré Luna Nueva pasadera, de vez en cuando aburrida pero a fin de cuentas con el mínimo nivel de entretenimiento para merecer una leve recomendación (además, me gustó la mención de Romeo y Julieta, como tácito reconocimiento de que Meyer copió su fórmula básica). En general no me dejó tan satisfecho como la original Twilight; hay más efectos digitales que tampoco encontré convincentes; y creo que esta secuela sufre del Síndrome de Segunda Parte, pues se siente como relleno entre el origen de la historia y su conclusión real. Sin embargo veo potencial en su futuro, incluso si abandono mis esperanzas de que en algún momento se atreva a mojar sus colmillos con más sangre y genuino terror. Como dice el comediante Craig Ferguson, estos vampiros no son los que dicen "Quiero beber tu sangre", sino "Me importan tus sentimientos". En fin... puedo aceptarlo; pero si los lobos empiezan a hacerlo, renuncio.
Calificación: 7.5

viernes 20 de noviembre de 2009

El Mejor Lugar del Mundo (Away We Go)

La aclamada cinta American Beauty abrió muchas puertas para el director Sam Mendes, aunque también podría decirse que elevó de manera irreal las expectativas sobre su obra futura. Y si bien sus películas posteriores fueron bien recibidas, ninguna resultó tan memorable o impactante. El Mejor Lugar del Mundo no es la excepción, y continúa esa modesta tendencia gracias a su agradable guión, notable elenco y válido mensaje... nada original o demoledor pero perfectamente apropiado para ofrecernos un buen rato de risas y reflexión sobre los temas de disfunción familiar que parecen interesar a este cineasta.

El argumento se centra en la peregrinación que Burt (John Krasinski) y Verona (Maya Rudolph) emprenden en busca de un hogar apropiado para tener a su primer hijo (o hija). Pero, c
omo puede esperarse, no se trata de una simple búsqueda de casa, o de una ciudad compatible con su liberal ideología, sino de una exploración de identidades y estructuras familiares que encajen en su excéntrica visión del mundo. Y así, usando como excusa la visita a viejos amigos y familiares, Burt y Verona encuentran las ventajas y desventajas de la vida marital, el gozo y deberes que representan los hijos, y quizás el confort de saber que nadie tiene respuestas definitivas, y que el único camino "correcto" es el que los haga felices.

El Mejor Lugar del Mundo tiene ese inconfundible "sabor" a cine independiente, con sensibles protagonistas enfrentando con humor e ingenio un desfile de excéntricas figuras que representan diversos aspectos de la sociedad, algunos ridículos, otros crudos, pero razonablemente creíbles. Sin embargo siento que cae de vez en cuando en la pretensión, sobre todo al exagerar los rasgos de sus personajes para enfatizar la comedia o el drama. En otras palabras, quiere parecer casual cuando en realidad se siente estudiada; y su engañoso tono ligero trata de disfrazar la expresión poco sutil de ideas supuestamente profundas y significativas.

Esa afectada artificialidad ha hundido otras películas con igualmente buenas intenciones. Sin embargo Mendes consigue sacarla a flote gracias a su económica dirección y al trabajo de sus brillantes actores principales, quienes añaden honestidad y realismo al variable libreto. John Krasinski y Maya Rudolph son más conocidos por su trabajo en televisión, pero en El Mejor Lugar del Mundo se sienten como veteranos de la pantalla grande, explotando al máximo su natural simpatía y talento, sin huecos lucimientos o caprichos histriónicos. Incluso los más forzados momentos de la película (como algunas mal planeadas escenas de "slapstick" o un par de lacrimosos monólogos) son fáciles de asimilar en compañía de esta agradable pareja, y espero sinceramente que su excelente desempeño gane la atención de más directores de "casting" en Hollywood. En particular disfruté la actuación de Rudolph, a quien nunca supieron aprovechar adecuadamente en Saturday Night Live, a pesar de ser una de las mejores actrices, cantantes e imitadoras que ha tenido ese programa en los últimos años. Supongo que su tipo físico no se presta para fáciles comedias románticas o "humor Apatow"; pero sin duda me complacería verla en más películas que valoren sus atributos.

En papeles secundarios también hay que reconocer el trabajo de Allison Janney, Catherine O'Hara, Jeff Daniels y sobre todo Melanie Lynskey, en una breve y casi muda actuación que evoca profunda emoción e intensidad. Ojalá hubiera tenido más tiempo en pantalla, pero su trabajo (así como el del resto del elenco de apoyo) se reduce a breves "cameos" en los que satirizan diversos clichés sociales contemporáneos, desde una vulgar e ignorante pareja de clase media norteamericana, hasta los obligatoriamente afables y centrados canadienses. Los que sin duda excedieron mi paciencia fueron Maggie Gyllenhaal y Josh Hamilton como los insoportables padres de familia "new age". Sus exageradas interpretaciones los convierten en caricaturas, y restan agudeza y balance al resto de la película.

Pero bueno... de cualquier modo la sátira resulta apropiada, y respalda eficientemente el mensaje central: las reglas y expectativas de la sociedad no necesariamente conducen a la felicidad; es más importante la compatibilidad de las personas y su tolerancia hacia las excentricidades de sus semejantes, las cuales enriquecen sus relaciones y enseñan a valorar al individuo por sí mismo, y no por su función en el mundo. Nada nuevo, pero muy bien expresado por este hábil director que quizás nunca alcance nuevamente la aclamación que disfrutó al principio de su carrera; pero que sin duda se ha convertido en un consistente realizador de películas interesantes y de impecable manufactura. Sin duda es un buen nicho para encasillarse.
Calificación: 8

miércoles 18 de noviembre de 2009

The Canyon

Muy bien... lo admito. La única razón por la que me interesó la película The Canyon fue la presencia de la actriz Yvonne Strahovski, más conocida como la Agente Walker en Chuck, uno de mis programas de televisión favoritos. Y quizás por mi baja expectativa, la película terminó entreteniéndome por ser un modesto pero eficiente thriller con decentes actuaciones, fantásticas locaciones y un tono que evoluciona de lo artificial a lo realista con perturbadora velocidad.

El argumento sigue a Nick (Eion Bailey) y Lori (Yvonne Strahovski), recién casados que deciden pasar su luna de miel en una pintoresca expedición en burro por el
Gran Cañón de Colorado, famoso parque nacional de agreste belleza y onírica atmósfera que yace en el desierto del suroeste de los Estados Unidos. El problema es que, sin experiencia en esos asuntos y con pobre sentido de planeación, Nick y Lori descubren que no podrán emprender su paseo sin haber solicitado previamente un permiso. Por eso, con ciertas reservas pero deseosos de no desperdiciar sus vacaciones, aceptan el dudoso ofrecimiento del pintoresco Henry (Will Patton), un semi-alcohólico ex-guía que les promete una expedición privada en la que seguirán los pasos del famoso aventurero John Wesley Powell, el primer hombre blanco que exploró el Gran Cañón un siglo atrás.

Sin embargo, como puede esperarse, las cosas empiezan a salir mal, y eventualmente Nick y Lori descubren que están extraviados, sin provisiones y con poca esperanza de ser rescatados. Entonces deben hacer acopio de fuerza e ingenio para escapar con vida de su horrible situación... lo cual no será fácil, pues además del hambre, heridas y deshidratación, los acechan depredadores listos para aprovechar la fácil presa fuera de su elemento.

El libreto de The Canyon no ofrece muchas sorpresas, pero al menos proporciona la adecuada dosis de suspenso y emoción para mantenerse a flote durante casi dos horas, aunque estimo que podrían eliminarse 20 minutos sin perder sus más importantes elementos. Y de paso se agilizaría el ocasionalmente lento ritmo, evitándonos varias redundantes escenas de angustia y acusaciones entre la irritada pareja. Otro problema es que cuesta trabajo simpatizar con ellos debido a su estúpido comportamiento y pésimas decisiones; y no me refiero solamente a la contratación del guía alcohólico, sino a ciertos eventos obviamente diseñados para generar drama aunque traicionen la personalidad establecida de los protagonistas. Pero supongo que tales fallas eran de esperarse en un austero proyecto directo a DVD sin grandes pretensiones de elevado arte cinematográfico.

¿Y Strahovski? Supongo que hace un buen trabajo en el típico papel de damisela en peligro que debe adaptarse a las brutales circunstancias sin perder la esencia de su personaje. Lamentablemente la dirección de Richard Harrah no aspira a trascender los más básicos requerimientos del género, y por lo tanto no sentí que aprovechara por completo el probado talento de esta actriz. Pero bueno... después de tantas baratas películas de horror encontré The Canyon refrescante por su simple realismo, demostrando que no hacen falta caníbales mutantes, monstruos extraterrestres o asesinos enmascarados para amenazar la vida de una pareja común y corriente. Basta con la cruel e implacable naturaleza (auxiliada por cierta estupidez) para demostrar la fragilidad de nuestra existencia, y recordarnos el error de confundir "pintoresco" con "inofensivo". Pero su más valioso mensaje es que no debemos planear excursiones sin consultar antes al confiable Internet... ni contratar guías en bares de mala muerte. Dejémosle eso a Indiana Jones.
Calificación: 6.5

martes 17 de noviembre de 2009

Retrato de Familia (Fireflies in the Garden)

Inspirada en igual medida por el poema de Robert Frost Fireflies in the Garden (Luciérnagas en el Jardín) y por la supuesta auto-biografía del director y guionista Dennis Lee, Retrato de Familia se siente como un pretencioso relato adolescente escrito por un joven resentido por su padre, simultáneamente tratando de ganar su orgullo y denunciar los malos tratos sufridos en la infancia. Afortunadamente la sobria dirección, magnífica cinematografía y sobre todo el sobresaliente elenco rescatan la película de ser un genérico drama familiar independiente, como tantos otros que fracasan anónimamente cada año en su búsqueda de éxito econónimo o al menos algún tipo de validación artística.

La trama retrata un período de crisis y revelación en la extensa familia Waechter, reunida por una tragedia que revive dolorosos recuerdos y la posible esperanza de redención para Michael (Ryan Reynolds), fam
oso escritor con serio rencor contra su estricto padre Charles (Willem Dafoe), cuya altanera y dominante actitud mantuvo emocionalmente reprimida a su esposa Lisa (Julia Roberts) durante largo tiempo. Agregando sabor a la tensa situación tenemos a Jane (Emily Watson), hermana de Michael, demasiado independiente para encajar en la familia; a Kelly (Carrie-Ann Moss), ex-esposa de Michael con posibles deseos de reconciliación; y misceláneos parientes y amigos, cada uno con su particular drama personal que en mayor o menor medida afecta a los demás. En resumen, una densa red de relaciones coloreadas por la gama entera de sentimientos humanos.

Retrato de Familia es una de esas películas que no busca contar una historia en el sentido convencional, sino mostrar el desarrollo que experimentan sus personajes, impulsados por su compleja interacción en el presente y el pasado. Y, como puede esperarse, su éxito depende de un alquímico balance entre emociones honestas, actuaciones creíbles y un difícil ritmo que permita "respirar" las escenas, sin apresurar la narrativa pero sin causar aburrimiento en el espectador. El director Dennis Lee logra consistentemente mantener ese balance, con ayuda de su notable ensamble de actores. Y aunque en ocasiones la magia se disipa por alguna obtusa metáfora (como la de los guantes de hule) o incongruente escena (como el "minuto de silencio" en el funeral), en general disfruté el poco tiempo que pasamos con esta disfuncional, pero apasionada familia.

Habiendo dicho eso, me pareció ligeramente irregular la selección de actores. Todos realizan un buen trabajo, pero no por ello encajan por completo en sus personajes. ¿
Hayden Pannettiere como hermana de Julia Roberts? ¿Ioan Gruffud como...? Bueno, me abstendré de revelar spoilers. Baste decir que algunas diferencias de edad, tipo físico o incluso acentos rompen un poco la ilusión "familiar" y nos recuerdan que estamos viendo a un grupo de extraños simulando lazos inexistentes.

A fin de cuentas no sé si sobraron personajes o si faltó tiempo para profundizar en ellos, pero el final abrupto me dejó insatisfecho, sobre todo por la brusca adición de un clásico final feliz algo arbitrario e inesperado. Sin embargo me inclino a recomendar Retrato de Familia tan sólo por la fuerza de sus actores y la excelente cinematografía de Danny Moder, quien encuentra belleza tanto en pintorescos bosques y barrios suburbanos, como en charcos de agua y prosaicos muebles de cocina. Ryan Reynolds demuestra una vez más que su rango supera al "cínico bufón" que por lo general interpreta; y me dio gusto ver a Willem Dafoe y Julia Roberts en genuinos papeles dramáticos que lucen su talento mucho mejor que los típicos papeles de villano y frívolo romance (respectivamente) en el que han estado encasillados durante gran parte de su carrera. No creo que Retrato de Familia se quede mucho tiempo en la memoria; pero sin duda tiene suficientes atributos para merecer la oportunidad de encontrar a su propio su público.
Calificación: 7

lunes 16 de noviembre de 2009

El Secreto de la Sirenita (Ponyo on the Cliff)

El aclamado director Hayao Miyazaki es sin duda uno de los modernos titanes de la animación mundial, aunque sus obras no han tenido tanta difusión como merecerían. Desafortunadamente su más reciente película Gake no ue no Ponyo (con el título internacional de Ponyo on the Cliff y estrenada en mi país como El Secreto de la Sirenita) parece sufrir el mismo destino con un estreno casi secreto en pocas salas y nula publicidad. Es una lástima, porque es una de las películas animadas más fantásticas que he visto, con imágenes de gran fuerza y etérea belleza que cuentan una historia rebosante de imaginación, a la vez simple en su desarrollo pero profunda en su contenido.

Ponyo on the Cliff
se ubica en un pequeño pueblo costero, donde el pequeño Sosuke (voz de Hiroki Doi) encuentra un pez dorado con extrañas características, y decide adoptarlo, poniéndole el nombre de Ponyo. Pero el misterioso Dr. Fujimoto (voz de Joji Tokoro), quien vive en un extraño laboratorio bajo las olas, exige el regreso del pez, que resulta ser su hija Brunhilda (voz de Yuria Nara). Con la ayuda de mágicas criaturas acuáticas la niña-pez regresa, pero no antes de probar sangre humana (cuando su amigo se hace una pequeña herida en un dedo), lo cual altera su DNA y empieza a transformarla en humana. Entonces, deseosa de regresar con Sosuke, Ponyo escapa del laboratario y sin darse cuenta libera una mágica sustancia que desata una inmensa tormenta, inundando el pueblo costero y aislando la casa de Sosuke y su madre Risa (voz de Tomoko Yamaguchi). Y la única que puede resolver tan aparatosos problemas es la Diosa del Mar (voz de Yuki Amami) que además de todo resulta ser la madre de Ponyo...

Como se pude notar, Ponyo on the Cliff no obedece fórmulas hollywoodenses, no tiene números musicales ni héroes o villanos bien definidos. Simplemente es un relato muy divertido, ingenioso y repleto de auténtica magia que no requiere explicaciones para disfrutarse intensamente. Sería un error compararla con la cinta de Disney The Little Mermaid sólo porque ambas están inspiradas por la misma fábula tradicional de Hans Christian Andersen. Son tan distintas que no tendría sentido decir que Ponyo on the Cliff sea "mejor" (aunque sin duda la disfruté más), pues se fundamenta en un sistema de valores diferente, en el que no importa vender juguetes ni satisfacer exigencias mercadológicas, sino simplemente realizar la visión de un genuino artista, cuya asombrosa imaginación forja un relato de inusual estructura e impredecible argumento, pero con personajes emotivamente humanos y realistas... incluso cuando están navegando en barcos de juguete o conversando con una diosa marítima japonesa.

No intentaré expresar con simples palabras la fantástica experiencia que ofrece Ponyo on the Cliff; no podría describir la muda y enigmática secuencia inicial que nos introduce a los personajes principales; ni la perfecta conjugación de escenas vastamente distintas pero complementarias (como los viajes en automóvil por la carretera, que luego vemos inundada y transitada por criaturas marítimas prehistóricas). Y, claro, no hay que olvidar el sutil pero siempre presente mensaje ecológico que caracteriza la obra de Miyazaki. Realmente no me pareció del todo inapropiado el plan del Dr. Fujimoto.

Entonces, sólo queda darle la más entusiasta recomendación a Ponyo on the Cliff (o, El Secreto de la Sirenita). Quizás su historia sea más corta y ligera que el de las más densas películas del Estudio Ghibli (como Princess Mononoke, Spirited Away o Kiki's Delivery Service), pero el despliegue de magia e imaginación supera cualquier obra previa. Y sobre todo la recomiendo a quienes hayan quedado decepcionados por las películas de animación tridimensional que se han estrenado recientemente. Miyazaki y el Estudio Ghibli demuestran una vez más que la animación tradicional dibujada a mano sigue siendo un método válido para contar historias fantásticas y deleitar nuestros sentidos con imágenes e ideas que nunca habíamos visto. Definitivamente lo importante no es la técnica, sino la calidad de la narrativa y la creatividad del artista.
Calificación: 10

domingo 15 de noviembre de 2009

Amelia

De niño tuve la fortuna de crecer en una casa repleta de libros, y a lo largo de mi infancia encontré varios que leí y re-leí obsesivamente. Entre ellos estaban Las Aventuras de Tom Sawyer, Robin Hood... y una biografía de Amelia Earhart, cuyo autor desafortunadamente he olvidado (buscando en Amazon encontré demasiados con el simple título de "Amelia Earhart", y no reconozco sus modernas portadas). Lo que sí recuerdo es que estaba escrito para el lector juvenil, más interesado en las hazañas de aviación de esta legendaria mujer, y no tanto en su importante papel como proto-feminista, celebridad y promotora de la aviación comercial. Quizás por eso me decepcionó un poco la nueva película Amelia, pues pone en segundo plano su vida como aviadora, para centrarse en su turbulenta personalidad, los efectos positivos y negativos de la fama y el triángulo romántico que mantuvo con dos hombres que quizás la amaron en distintos niveles. Pero aún con ese amplio ángulo narrativo, la directora Mira Nair apenas logra esbozar a la persona real detrás de la leyenda.

La película
Amelia presta poca atención a la infancia de Amelia Earhart (Hilary Swank), con apenas un par de funcionales "flashbacks" para ilustrar su temprano interés en la aviación. Cuando comienza realmente la historia, Earhart se prepara para realizar su famoso vuelo trasatlántico. Pero su amigo y promotor George Putnam (Richard Gere) la decepciona con la noticia de que, por razones publicitarias y financieras, ella sólo será pasajera en el vuelo, acompañando al piloto oficial y al navegante. Desde luego eso no le gusta mucho a la obstinada mujer, pero accede porque sabe que abrirá oportunidades futuras para ella (y para todas las mujeres) que de otro modo perdería. Y vaya si surgen nuevas oportunidades. Con su implacable voluntad y talento como piloto, Earhart rompe récords y barreras, no sólo en el aire, sino en la sociedad de los años treintas, sumida en la depresión... y en la represión del sexo femenino. Y así vemos cómo su carrera atrae fama y fortuna que ella apenas tolera como condición para seguir volando. Pero nunca es suficiente, y eventualmente Earhart planea el viaje alrededor del mundo que cambiaría su vida para siempre...

La directora Mira Nair tiene talento para generar emociones potentes y honestas en sus películas; por eso me sorprende que después de la excelente The Namesake realice ahora la tímida biografía de una mujer famosa por su pasión e intensidad. Quizás Nair reconoció que su fuerza está en el melodrama y no en la aventura, y su influencia desbalanceó en la película, minimizando los más significativos atributos de la historia que nos cuenta. De cualquier modo nos ofrece varias recreaciones de los vuelos que realizó Earhart, pero no logran expresar la dificultad, tensión y peligro que realmente representaron. Hay majestuosas tomas aéreas, competentes efectos especiales y maravillosa cinematografía... pero muy poca sensación de la libertad y júbilo que impulsaron a Earhart en su afición y oficio.

Sin embargo, me inclino a recomendar Amelia simplemente por el gran trabajo que desempeña el elenco principal. Hilary Swank no sólo se parece físicamente a Earhart, sino que expresa a la perfección el encanto rural que cautivó a sus seguidores y dificultó su forzosa integración en la "alta sociedad" donde apenas encajaba. Sin duda es una actuación sobresaliente atrapada en una película mediocre. Por su parte Richard Gere resulta sólido y consistente como George Putnam, incondicional apoyo de la aviadora y pareja romántica... al menos en la limitada proporción que lo permitía la progresiva mentalidad de esta gran mujer. Ewan McGregor y el genial Christopher Eccleston tienen papeles cortos pero memorables que ganan mucho con el peso dramático de ambos actores; y aunque sólo tiene un par de escenas, me gustó muchísimo la participación de Cherry Jones (más conocida como la presidente Taylor en la previa temporada de 24) en el simpático papel de Eleanor Roosevelt, otra proto-feminista atrapada por las costumbres de su época.

Hace varios años se estrenó una película para televisión llamada Amelia Earhart: The Final Flight, con Diane Keaton en el papel principal, y creo que profundizó de manera más efectiva en los orígenes de la aviadora, y la motivación de su obstinado impulso aventurero. Sin embargo, Amelia la supera en valores de producción, calibre dramático y fidelidad histórica. Ninguna de las dos cintas es perfecta, pero juntas forman una más completa imagen de Amelia Earhart... aunque ninguna fue tan sustancial y entretenida como aquel libro de mi infancia. O tal vez sea sólo la nostalgia. Como sea, Amelia es una funcional biografía impulsada por la excelente actuación de su actriz protagónica y adornada por un robusto elenco secundario que no es muy bien aprovechado, pero definitivamente apreciado. Me gustaría pensar que el futuro nos depara una mejor película sobre esta aviadora, pero me temo que su caducidad cultural está por expirar, y este fue el último esfuerzo por contar su vida en la pantalla grande. Como tal, desearía que hubiera sido mejor, pero la verdad no es mala... simplemente blanda e insípida. Aunque no quiero descartar la posibilidad de que inspire a algún espectador (o espectadora); ese sería el mejor tributo posible para Earhart.
Calificación: 7

sábado 14 de noviembre de 2009

2012

Nadie consideraría a Roland Emmerich como un buen director en el sentido tradicional; sin embargo admito que me gusta ver sus películas porque tiene obvio talento para construir épicas ridículamente exageradas, espectaculares y muy entretenidas, sin olvidar la adición de la más tenue sustancia narrativa para hacernos sentir que estamos viendo una película real, y no sólo el "reel" de varias casas productoras de efectos especiales. Claro que un estilo tan elemental corre el riesgo de perder de vista el drama a favor del espectáculo, y cuando eso ocurre hemos tenido que soportar bodrios de la talla de 10,000 B.C. y la odiosa re-interpretación de Godzilla, que no sólo pisoteó el legado de cientos de artistas japoneses, sino que cometió el pecado de hacer aburrida la invasión de un monstruo gigante en Nueva York. En fin, cuando consideramos que la mejor película de Emmerich posiblemente sea Independence Day, nos damos cuenta de que sus obras requieren un sistema muy específico de valores para juzgarlas, pues funcionan mejor como experiencias comunales que como cine formal. Habiendo establecido ese indulgente criterio, creo que 2012 queda en algún difuso punto medio de su filmografía, pues si bien nos proporciona las imágenes más sensacionales que he visto en el género de desastres, al mismo tiempo falla miserablemente en su intento por crear el drama que debería respaldar la catástrofe que con tanto gusto nos muestra.

Es bien sabido que el mundo terminará en el año 2012. O, mejor dicho, es bien sabido por aquellas personas que interpretaron arbitrariamente el final del "ciclo largo" del calendario Maya. Pero bueno... la primera opción es mucho más entretenida, así que sigamos el juego. Al principio de la película presenciamos el descubrimiento del fenómeno que destruirá al planeta en ese año, o al menos lo alterará de manera tan significativa que muy pocos seres quedarán con vida. Dicho fenómeno tiene que ver con tormentas solares, incremento de neutrinos y pañales para niñas con suficiente edad para no necesitarlos (o algo así... hay tantos personajes que me confundí un poco). Entonces vemos cómo varios grupos de personas enfrentan las tremendas catástrofes que se desatan alrededor del mundo. Jackson Curtis (John Cusack) y su familia escapan devastadores terremotos en Los Ángeles y se refugian el el Parque Nacional Yellowstone... donde explotará el volcán más grande del mundo. Por otro lado el geólogo Adrian Helmsley (Chiwetel Ejiofor) asesora al Presidente Wilson (Danny Glover) y trata de convencer al traicionero burócrata Carl Anheuser (Oliver Platt) de que la gente tiene derecho a enterarse de la inminente tragedia. Y también tenemos a un dueto musical en el Mar de Japón que re-descubre las virtudes del alcohol (al menos en lo que respecta al fin de los tiempos); a un monje tibetano que toca su campana para celebrar la titánica inundación en los Himalayas; al billonario ruso que no escatima dinero para garantizar su supervivencia (y la de sus antipáticos hijos); y al valeroso perrito que nos da a todos una lección de tenacidad e ironía.

Como es tradicional en las cintas sobre desastres, no basta con presenciar la muerte de millones de personas; necesitamos un foco emocional para capturar el drama personal de la situación. Para bien o para mal, 2012 nos da abundantes focos, con la esperanza de que alguno funcione y nos haga sentir algo... lo que sea para disimular que los actores están solamente llenando el tiempo entre secuencias de efectos especiales. Y no son malos actores... el problema es que no tienen motivación (ni tiempo) para construir actuaciones honestas o creíbles, y además los personajes que interpretan tampoco resultan particularmente interesantes. Gran parte del problema es el libreto, que no consigue integrar las historias individuales en una narrativa cabal y consistente. Claro, eventualmente los más importantes personajes coinciden en un mismo lugar y momento para el "dramático" desenlace, pero su trayecto a ese punto fue tan forzado que no puede tomarse en serio, ni como genuino drama ni como farsa cómica con reiterativos chistes de dudoso humor (al menos yo interpreté como chiste las numerosas ocasiones en las que un personaje salta un abismo conduciendo incongruentes vehículos; ocurre tantas veces que parece un chiste recurrente en Los Simpsons). En otras palabras: no me dejó satisfecho como un básico drama, ni como una comedia de acción.

Desde luego estoy consciente de que el gancho de la película no son los actores ni la historia, sino el espectáculo, y en ese aspecto debo aplaudir el extraordinario trabajo de los estudios Digital Domain, Hydraulx, Sony Pictures Imageworks, Double Negative, y una decena más de casas de efectos especiales (no estoy bromeando, ¡solo vean los larguísimos créditos!), cuyo impresionante trabajo satura los sentidos y captura elocuentemente El Fin del Mundo. O, mejor dicho, el Fin de los Estados Unidos y China. Claro, me gustó ver la devastación en conocidas locaciones de los Estados Unidos (¡esta vez indultaron a Nueva York!), pero me quedé con ganas de ver más catástrofes globales (además de Estados Unidos y China sólo vemos breves atisbos de Brasil, Japón y la India). Quizás así se hubieran justificado las dos horas y media de la película, por no mencionar las largas y aburridas escenas de conflicto familiar, risible pseudo-ciencia y conspiraciones gubernamentales (¡Obama también hubiera rehusado escapar!).

Hablando de escapar, mejor me detengo antes de divagar con otras letanías sobre la absurda "ciencia" que sustenta el argumento o el vago e insatisfactorio tema global de la película (¡todos somos uno!). Casi extrañé las burdas homilías ecológicas de The Day After Tomorrow, en vez de los plañideros e inverosímiles llamados a la unidad mundial de 2012 (no quiero revelar spoilers, pero el final es a la vez caprichoso y un poco ofensivo). Entonces, sólo diré que recomiendo 2012 porque cumple medianamente su promesa de asombrarnos con tremendas imágenes que hubieran hecho llorar a Cecil B. DeMille, D.W. Griffith, Irwin Allen y demás directores de antaño con predilección por las catástrofes a gran escala. Sin duda vale la pena verse en un cine con pantalla grande y buen sonido para absorber cada uno de los mágicos pixeles con los que se dibuja la destrucción de continentes y la reconciliación de una familia (ugh... perdón). Desde luego la película falla en el aspecto dramático, pero realmente ¿quién iría a verla por eso? Y, para niños que sigan mojando su cama, será una eficiente lección: dejen de hacerlo o se acabará el mundo. No hay mejor motivación.
Calificación: 7

viernes 13 de noviembre de 2009

Los Abrazos Rotos

En más de una ocasión he mencionado que no soy fan de Pedro Almodóvar. Desde luego lo considero un cineasta extraordinario, pero en muchos de sus trabajos muestra una sensibilidad que siento rebuscada o hasta sórdida. Y no me refiero a los temas difíciles que usualmente aborda, sino al tono que emplea para contar esas historias. Sin embargo, comprendo que el problema es sólo mío; tal vez estoy tan acostumbrado al artificio de Hollywood que el brutal realismo de Almodóvar me incomoda por no sentirse como simple entretenimiento, sino como cruda denuncia de la grotesca humanidad. Los Abrazos Rotos sigue exactamente esa descripción, pero quizás su sincero homenaje al arte cinematográfico la hizo más apetecible para mi barato gusto.

El argumento abarca dos importantes
momentos en la vida del protagonista. Catorce años atrás se le conocía como Mateo Blanco (Lluís Homar), exitoso director de cine que mantuvo una relación con Lena (Penélope Cruz), la actriz principal de la película que entonces filmaba. Pero en la época actual lo encontramos viviendo solo bajo el nombre de Harry Caine, guionista invidente cuya plácida existencia se sacude con la llegada de Ray X (Rubén Ochandiano), quien de inmediato despierta dolorosos recuerdos de su previa "vida". Y, conforme se van revelando tales recuerdos, nos damos cuenta de la cadena de eventos que llevaron a Mateo a abandonar su identidad, con la esperanza de aislarse del trágico pasado y recuperar alguna semblanza de felicidad.

Por la razón que sea, Los Abrazos Rotos me parece la película más asimilable de Almodóvar. Su dirección es sumamente pasional, pero balanceada por un estricto método que extrae lo mejor de sus actores, logrando que su inmersión en los personajes sea total. No hace falta decir que Penélope Cruz es asombrosa como Lena, como al guapa mujer atrapada en un matrimonio desolador. Lluís Homar también impresiona con su papel dual... no interpreta exactamente dos personas distintas, pero sí dos personalidades cuyas similitudes subrayan las más sutiles diferencias. Y el veterano José Luis Gómez conjuga perfectamente el amor por su infiel esposa con la amargura de no poder hacerla feliz. Y finalmente, Blanca Portillo como la asistente Judit logra conmover con su devota fidelidad hacia su torturado jefe y amigo. En corto, un perfecto elenco respaldado por jugosas escenas de amor, intriga y traición.

Lo cual me lleva a señalar lo mucho que disfruté las referencias que Almodóvar hace a algunas memorables obras de la cinematografía mundial. Y no sólo en la trama, que gira en torno al mundo del cine (desde el aspecto financiero hasta el proceso creativo), sino en traviesos momentos que duplican famosas escenas de cintas clásicas (me pareció reconocer homenajes a Hitchcock, Orson Welles y Luis Buñuel, aunque debe haber muchos más que no reconocí); y, claro, también hay referencias a su obra previa, en particular a Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios. Sin embargo, Los Abrazos Rotos no es sólo un "greatest hits" de los grandes maestros, ni un gran chiste privado de Almodóvar. Por el contrario, tales "homenajes" se integran perfectamente al sobresaliente libreto, que cobra vida con la vívida cinematografía del genial Rodrigo Prieto (Frida). Su uso de colores es fascinante; no necesariamente por "simbolismo" o significado (que no me atrevo a analizar), sino simplemente por composición y diseño. Pero incluso si estuviera filmada en los deslavados colores del VHS la película resultaría impactante por la historia que cuenta, y por la intensidad de sus personajes.

Admito que no he visto todas las películas de Almodóvar, debido a esa inexplicable aversión que desarrollé por su exagerado estilo. Pero el mejor halago que puedo darle a Los Abrazos Rotos es que me ha hecho reconsiderar tal actitud, y aunque no espero un mágico redescubrimiento de su filmografía, sin duda seré más receptivo a sus futuras obras. Por todo eso, y sus considerables aciertos, esta película merece una entusiasta recomendación, sobre todo para fans del cine clásico que quizás disfruten una experiencia más rica por los detalles que adornan la sólida historia y las magistrales actuaciones. Para el público mexicano debo advertir que hay algunos ocasionales obstáculos culturales (sobre todo por las periódicas diferencias en el lenguaje que me dejaron perplejo en un par de escenas), pero nada que obstruya el impacto de la cinta y su fuerza narrativa. He leído que muchas personas consideran Los Abrazos Rotos como una obra menor de Almodóvar. Sin embargo a mi me pareció una de las mejores... lo cual podría ser malo o bueno viniendo de alguien que no aprecia del todo al cineasta. Ustedes decidan.
Calificación: 9

jueves 12 de noviembre de 2009

Crank 2: High Voltage

En las últimas décadas parece haberse declarado una tácita competencia por ver quién se atreve a realizar la película de acción más exagerada, más ridícula e imposible. En algún momento de los ochentas alguien decidió abolir ("destruir" sería más apropiado) la barrera de la credibilidad y el buen gusto, y esa audaz decisión abrió las puertas para que los cineastas dejaran volar su imaginación, creando algunas muy buenas películas de ese género, pero también algunas de las peores. Lo curioso es que ambas categorías son totalmente intercambiables según el gusto del espectador, y así como hay quienes aplauden la exageración como máximo nutriente del aficionado al cine de acción, otros consideran más importante el realismo, pues cuando las "hazañas" del héroe o villano rebasan las más extremas posibilidades del mundo real, corren el riesgo de caer en el terreno de la caricatura o la parodia, restando seriedad, impacto y emoción a la historia. Y por otro lado tenemos películas como Crank 2: High Voltage, a la que no podría importarle menos la diferencia entre ambos criterios.

Crank 2: High Voltage empieza donde terminó la anterior: el indestructible Chev Chelios (Jason Statham) acaba de caer de un helicóptero, sin paracaídas. Un misterioso equipo de rescate lo recoge (literalmente despegándolo del piso con una pala) y lo somete a una complicada operación (en una especie de burdel/hospital), reemplazando su infalible corazón por uno artificial. Varias semanas después Chelios se entera de que su corazón fue usado para extender la vida de un líder criminal y, claro, se da a la tarea de recuperarlo, lo cual implica toda la violencia que pueda comprimirse en hora y media de película. El gran reto que esta vez enfrenta el protagonista es mantener cargada la pila de su corazón artificial, y para lograrlo debe someterse constantemente a choques eléctricos, descargas y otros inusuales métodos para generar electricidad y mantenerse vivo el tiempo necesario para completar su misión de supervivencia... y venganza.

Disfruté bastante la original Crank, y me alegra decir que Crank 2: High Voltage multiplica varias veces los excesos, ritmo y humor de la original. Incluso me atrevería a decir que esta vez los directores Brian Taylor y Mark Neveldine encontraron un adecuado balance entre ridícula exageración y consistencia. En otras palabras, no hay un micro-segundo de la película que pueda considerarse creíble... pero los directores muestran suficiente disciplina para no violar la lógica interna de la película, ni "sacarnos" de la misma con absurdas proezas humanas que se burlen del espectador (como ocurrió, por ejemplo, en la cinta Shoot 'Em Up). La única excepción es la aparente inmortalidad del protagonista; sin embargo, no lo vemos volando por el aire en artificiales acrobacias de "wire-fu", ni derribando aviones con flechas, ni disparando pistolas con provisión infinita de balas. No importa la desorbitada actitud de la película ni sus descomunales desafíos de la realidad "real"; los cineastas impusieron sensatas reglas; y al seguirlas estrictamente lograron una película absolutamente irreal que al menos se siente... ¿verosímil?. Y cuando añadimos grandes dosis de negro humor y un alucinante estilo visual, tenemos como resultado un híbrido que no se detendrá ante nada para mantenernos entretenidos y emocionados hasta los créditos finales.

En el polo negativo (¡ja!), podemos notar frecuentes rechinidos en los engranes de la historia cada vez que los cineastas deforman la narrativa para justificar escenas forzadas u obligatorias. El ejemplo más claro de este problema es la segunda ronda de sexo público entre Chelios y su atractiva novia Eve (
Amy Smart); pero también puedo incluir todas las participaciones del aliado con Síndrome de Tourette, y los vagamente ofensivos balbuceos étnicos de la exótica Bai Ling.

Crank 2: High Voltage es lo más cercano que he visto en la pantalla a la intensidad e inmersión de un videojuego (y no me refiero a los divertidos créditos iniciales), pues de algún modo transforma la experiencia pasiva del cine en algo dinámico y energético gracias a su espontánea locura e impredecibles situaciones. Todo puede pasar (y pasa), pero respetando los parámetros establecidos por el juego mismo. En fin... creo que sólo estoy complicando la descripción de algo que no puedo capturar con meras palabras. Baste decir que recomiendo Crank 2: High Voltage como una experiencia única en el cine de acción, que nos permite visitar un mundo imposible repleto de febriles personajes e inesperados momentos de humor (como la escena "kaiju"... los fans de Godzilla sabrán a qué me refiero). Desde luego no todo el mundo asimilará los desvaríos de esta cinta pero quienes aprecien el entretenimiento puro (con un tenue barniz de narrativa) sin gran preocupación por el "realismo", seguramente se divertirán bastante.
Calificación: 8.5

martes 10 de noviembre de 2009

Los Fantasmas de Scrooge (A Christmas Carol)

La venerable novela A Christmas Carol, de Charles Dickens, ha sido filmada en numerosas ocasiones (una rápida búsqueda en IMDb arroja más de veinte resultados, sin contar las que usan un nombre distinto), y aunque no he visto todas las adaptaciones, sí leí la novela. Por eso me atrevo a decir que esta nueva versión, titulada Los Fantasmas de Scrooge (supongo que el tradicional nombre de "Canción de Navidad" no atraería a la joven audiencia), es una de las más fieles al texto original... al menos cuando se ciñe a la narrativa formal y no pierde el control de su avanzada (pero fallida) tecnología. Pero dejemos esa discusión para más adelante.

La bien conocida trama se centra en las lecci
ones morales que tres fantasmas dan al avaro anciano Ebenezer Scrooge (voz de Jim Carrey) en la Nochebuena. El Fantasma de las Navidades Pasadas ofrece a Scrooge una mirada a su infancia, donde empezó a perder la fe en sus semejantes y el gozo en su corazón. Después el Fantasma de las Navidades Presentes le muestra el contraste entre la humildad de una familia y su alegre celebración navideña; y finalmente el Fantasma de las Navidades Futuras le da una prueba de su inevitable futuro, y el efecto que tuvo en quienes lo conocieron. ¿Bastarán las lecciones para que el anciano reconsidere sus cruel y amargada conducta?

Antes de ver Los Fantasmas de Scrooge tuve que decidir entre asistir a un cine donde se exhibe doblada al español, pero con la espectacularidad visual del proceso tridimensional; o a uno con la proyección normal en dos dimensiones, pero con las voces originales de los actores y los diálogos en inglés. Me decidí por lo segundo, y no me arrepiento, pues a pesar de la hueca dirección de Robert Zemeckis, encontré varios sólidos momentos dramáticos forjados por el consistente trabajo de voz que aportan Jim Carrey, Colin Firth, Gary Oldman, Bob Hoskins, Fay Masterson, Fionnula Flanagan y muchos otros. Pensé que habría más humor espontáneo (al estilo de Jim Carrey), pero me equivoqué, aunque eso no restó mérito a diálogos y actuaciones. De hecho, en un par de ocasiones cerré los ojos, para no distraerme con los rostros muertos de los "actores", y el resultado fue bastante entretenido. Pero cuando abría los ojos volvía a ver los cadáveres vivientes, sin alma o conciencia que forman el elenco visual de la película.

Los Fantasmas de Scrooge es el tercer capricho tridimensional de Robert Zemeckis (¡su última película "real" fue hace casi diez años!) y no sé si se trate de tenacidad, ego u obstinación lo que le impide aprender la clara lección: no importa cuánto gaste en tecnología y magia digital, está aún muy lejos de duplicar con éxito la auténtica emoción que proyecta una actuación humana. No niego que haya imágenes espectaculares en la película (aunque dudo mucho su utilidad); pero los actores digitales NO REEMPLAZAN A SUS CONTRAPARTES REALES. Como he dicho antes, si contrató a Jim Carrey y Colin Firth... ¿para qué sustituirlos con imperfectas copias? Quizás un método híbrido (como en 300 o Sin City) hubiera dado mejor resultado, pues le permitiría tener vastos escenarios virtuales para hacer volar su cámara (una obvia obsesión de Zemeckis), pero con la ventaja de actores reales que sostengan la historia con emociones creíbles y profundas. O, en todo caso, debería imitar a Pixar y rechazar el foto-realismo a favor de personajes caricaturizados, pero mucho más entrañables. En fin... no perderé más tiempo repitiendo la misma letanía. Baste decir que en los dos años transcurridos desde Beowulf han mejorado las técnicas de iluminación global, simulación de fluidos, colisiones, efectos atmosféricos y "shaders" orgánicos. Pero nada de eso excusa la pérdida del elemento humano en la pantalla.

Como dije al principio, me gustó el trabajo vocal del elenco, y respeto que Zemeckis haya seguido de cerca el argumento y diálogos de la novela, excepto cuando siente la necesidad de agilizar la pausada narrativa con alguna dinámica digresión tridimensional que le permita satisfacer su fetiche tecnológico (no recuerdo que el protagonista volara por el aire tantas veces en el libro original). Supongo que puedo recomendarla como muestrario técnico y obligatoria dosis de "espíritu navideño". Pero urge que el Fantasma del 3D Innecesario visite a Zemeckis para ayudarle a ver la obvia realidad que está evadiendo. Y ojalá lo haga rápido, pues sospecho que James Cameron necesitará también una visita en poco tiempo...
Calificación: 6.5

lunes 9 de noviembre de 2009

Assassination of a High School President

¿Otro "noir" ubicado en una escuela preparatoria? Parece que al director Brett Simon le gustó tanto Brick que decidió rendirle homenaje con Assassination of a High School President. Algunos dirán que el término "homenaje" debería reemplazarse por "plagio", pero creo que la combinación de detectives y "high school" ofrece suficiente material para soportar la existencia de ambas películas, pues funcionan en distintos niveles. Además, Assassination of a High School President me pareció mucho más comercial y accesible que la afectada y tergiversada Brick, mejorando así sus posibilidades de atraer al público juvenil que busca algo más sofisticado que High School Musical, pero menos violento que Heathers o Elephant.

La historia se desarrolla en la exclusiva preparatoria St. Donovan, donde encontramos al inteligente pero tímido Bobby Funke, menospreciado por todos debido a su pobre situación social
(no tiene novia, automóvil, ni pertenece a algún equipo deportivo). Incluso sus "amigos" del periódico estudiantil lo consideran mediocre y negligente. Pero cuando el iracundo Director Fitzpatrick (Bruce Willis) descubre el robo de las respuestas de un próximo examen, Bobby ve la oportunidad de probar su talento, e inicia una peculiar investigación que culmina con la publicación de un escandaloso artículo en el periódico, donde revela al culpable. El triunfo vuelve a Bobby instantáneamente popular, e incluso se gana la confianza (y otros favores) de Francesca Fachini (Mischa Barton), la más guapa estudiante de la escuela... y ex-novia del aparente ladrón. Pero conforme Bobby se integra al grupo de estudiantes "populares" empieza a notar discrepancias en su propia investigación, y concluye que el robo de respuestas fue un ardid para encubrir otro crimen... ¿pero cual?

Para bien o para mal, Assassination of a High School President evita (en lo posible) los estilizados diálogos del cine "noir", pero integra muy bien sus demás clichés al ambiente estudiantil, desde la autoridad que desconfía del protagonista, hasta la constante amenaza del velado villano. Y no pueden faltar las pistas falsas, trampas, confesiones y, por supuesto, la mujer fatal en busca de redención por su misterioso pasado. El problema que encuentro con esta alquímica combinación de géneros es que la película no es muy absorbente o ingeniosa como thriller detectivesco. Resulta fácil adelantarse al protagonista e identificar al culpable mucho antes de la revelación "sorpresiva". Y como comedia juvenil, tampoco es muy graciosa, aunque admito haber reído en varias ocasiones, pero más por su incongruente yuxtaposición de elementos que por el auténtico humor del libreto.

A pesar de esas irregularidades narrativas me gustó el desempeño de los actores. En mayor o menor medida todos añaden una pizca de humor a sus interpretaciones, y el resultado es un afable ensamble comprometido con sus papeles pero sin las plañideras o excesivamente intensas actitudes que con frecuencia nos endilga el cine independiente. En el papel principal el joven Reece Thompson carga la película con aplomo y ligereza, adoptando naturalmente las diversas facetas de su personaje y evadiendo las afectaciones que podrían haber seducido a un actor poco familiar con el "noir". En cuanto a Mischa Barton, creo que es mejor actriz de lo que mucha gente considera, aunque su talento se vea opacado por su celebridad. Habiendo dicho eso, añadiré que esta vez no noté complejidad emocional en su representación de mujer fatal; ciertamente es atractiva, pero muy lejana al arquetipo ideal de "fría pasión" que impulsa los mejores relatos del género. Por otro lado tenemos a Bruce Willis, cuyo corto papel genera la mayor cantidad de risas en la primera actuación genuinamente buena que le he visto en mucho tiempo. Quizás hay algo de auto-parodia en su interpretación del inflexible y amenazador director escolar; pero también hay auténtica melancolía oculta detrás de su estudiada aspereza.

Assassination of a High School President no es indispensable para aficionados al cine juvenil, ni para devotos del noir. No obstante puedo recomendarla como simple pasatiempo con sutil sabor policiaco, algunas risas y un guión transparente pero suficientemente enredado para mantener la atención del espectador durante noventa minutos. Si la comparamos con Brick, diría que ésta es la versión "lite" de ese inusual híbrido (cada quien decida si eso es bueno o malo). Y de cualquier modo es mucho más digna e interesante que el 99 por ciento de las comedias juveniles que infestan el mercado directo a DVD. No hay que ser detective para deducir que el público es quien sale ganando... siempre y cuando encuentre motivo y oportunidad para verla.
Calificación: 8

domingo 8 de noviembre de 2009

Mi Vida en las Ruinas (My Life in Ruins)

Hace varios años los productores Tom Hanks y Rita Wilson tuvieron un inesperado golpe de suerte con la humilde película My Big Fat Greek Wedding, una simple comedia romántica con sabor étnico y creatividad limitada. Por alguna razón fue un considerable éxito de taquilla, y ahora intentan reproducir la fórmula con la misma actriz... y nuevos clichés. Definitivamente no soy parte del público para el que Mi Vida en las Ruinas fue realizada, pero aún así comprendo la blanda atracción de su empalagoso argumento y su válido mensaje sobre la magia del amor... y de la historia antigua.

En
Mi Vida en las Ruinas encontramos de nuevo a la simpática Nia Vardalos en el papel de Georgia, otra mujer treintañera con dificultades románticas y poca dirección en su vida. Una decepción laboral la llevó de regreso a su nativa Grecia, donde trabaja como guía de turistas para grupos de habla inglesa. Pero su entusiasmo por las ruinas y los relatos históricos no resulta muy atractivo para sus clientes, que sólo quieren ir a la playa y comprar ridículos "souvenirs". Sin embargo, Georgia conoce a un sagaz anciano norteamericano cuyas palabras de aliento la inspiran a recuperar su "kefi" (alegría de vivir), lo cual tratará de hacer con la ayuda de otros turistas... y del atractivo chofer de su autobús.

Mi Vida en las Ruinas es el tipo de inocente película que uno puede encontrar durante un vuelo en avión, o llenando espacio en el horario diurno de algún canal de cable dirigido a mujeres o familias. Su blando romance es perfectamente inofensivo; su simplón humor no requiere pensamiento alguno para ser asimilado; y su estrella resulta simpática y atractiva, pero no excesivamente sensual o provocativa. Sin embargo, mis quejas no radican en esa insípida combinación de genéricos elementos, sino en que el guión no se esfuerza por despertar reacciones honestas en el espectador. Todas las emociones se sienten artificialmente inducidas, y no hay truco que el director Donald Petrie no se atreva a emplear para dar vida a la trama, desde la anciana irreverente con inesperados vicios, hasta el matrimonio infeliz que reanima su romance al final de la película.

S
i quisiera clasificar Mi Vida en las Ruinas diría que se trata de una comedia romántica; afortunadamente entre sus escasas virtudes cuenta con la adición de elementos periféricos que distraen la atención del predecible romance que desarrolla la protagonista. El veterano Richard Dreyfuss parece divertirse en un papel que no requiere ni un ápice de su talento; el resto del elenco es anónimo pero funcional; y Vardalos tiene el encanto personal necesario para sostener precariamente la película hasta su desabrida conclusión. Quien haya pensado que My Big Fat Greek Wedding es una de las mejores películas en la historia quizás encuentre más divertida Mi Vida en las Ruinas (no estoy juzgando su decisión). Para mi fue una experiencia tan sosa que está borrándose rápidamente de mi memoria (o podría ser la edad), aunque admito que obtuve el mínimo nivel de entretenimiento para no dormirme en el solitario cine (en serio, rara vez me toca encontrar el cine absolutamente vacío). No puedo recomendarla, pero tampoco la condeno por tener aspiraciones tan bajas que logra cumplirlas sin esfuerzo alguno.
Calificación: 6

sábado 7 de noviembre de 2009

Bruno (Brüno)

En la hilarante y provocativa película Borat: Cultural Learnings blah, blah, blah, el comediante Sacha Baron Cohen usó algunas taimadas estrategias para poner en evidencia la estupidez, intolerancia e hipocresía de algunos sectores de la cultura norteamericana. El resultado fue salvajemente satírico y muy gracioso, funcionando simultáneamente como comedia y como mordaz comentario social. Y ahora con Bruno, Baron Cohen y el director Larry Charles tratan de repetir su audaz experimento artístico, amparándose bajo la identidad de un austriaco homosexual cuyo mayor sueño es ser famoso, lo cual sirve como excusa para examinar el mundo de la moda, el hueco culto de la celebridad, y la rampante homofobia que aún prevalece en gran parte de los Estados Unidos.

El débil argumento no está interesado en impulsar una historia específica, sino en buscar excusas para poner a Bruno (Sacha Baron Cohen) en situaciones donde su vanidad, ignorancia o exuberante sexualidad lo pongan en conflicto con gente normal (a veces no muy normal) o celebridades (a veces no muy célebres), revelando sus inherentes imperfecciones, prejuicios y torpeza. Creo que es una loable intención, pero el problema es que los desvaríos de Bruno no se sienten tan naturales o espontáneos, y como consecuencia el mensaje pierde fuerza por carecer de ingenio y honestidad.

Sin embargo el problema principal es que no me pareció tan graciosa. Claro, reí varias veces tan sólo por la increíble irreverencia de Cohen, quien posiblemente arriesga la vida en un par de ocasiones para enfatizar alguna idea (su entrevista con un "terrorista" se siente incómodamente peligrosa e innecesaria). Pero las rutinas homosexuales y escandalosas diatribas resultan tan forzadas que las reacciones negativas de las "víctimas" no parecen estar dirigidas a la orientación sexual de Bruno, sino a su simple antipatía. Además, el enfoque de la película cambia constantemente, y no hay mucha ilación para justificar los irregulares giros. Al principio Bruno provoca caos en un desfile de modas; después se burla de Paula Abdul haciéndola sentar sobre "muebles mexicanos"; y luego se divierte mostrando videos de su pene a un "focus group" que determina los programas de televisión que exhibe la cadena CBS. ¿Exactamente cómo pasamos de eso a una visita a Palestina disfrazado de rabino judío? Parecería que Cohen y Charles hicieron una lista de blancos para apuntar sus armas satíricas, pero nunca concretaron un flujo orgánico para llevarnos de un punto a otro. El resultado es una serie de confusos "sketches" con muy variable humor que terminan cansando al espectador en busca de coherencia narrativa.

De cualquier modo creo puedo darle una mediana recomendación a Bruno, pues hay buenas intenciones detrás de su fracturada estructura, y sin duda hay escenas que logran igualar los más significativos pasajes de Borat (como el espectáculo de lucha libre, donde el público se altera de manera alarmante). También debo advertir que muchos momentos cómicos están ocultos en situaciones tan subversivas (o "perversas") que podrían causar repulsión en algunas personas. Supongo que ese es exactamente el punto de la película, y conviene mencionarlo para que no tome por sorpresa a incautos espectadores. Entonces, quien haya disfrutado el previo trabajo de Sacha Baron Cohen, encontrará humor similar, aunque pobremente estructurado y menos consistente. Quienes no sepan a qué se enfrentan, podrían quedar gratamente sorprendidos o profundamente escandalizados. En lo personal me sentí decepcionado, no sólo por la irregular comedia, sino por la falta de un mensaje global y concreto. Es fácil burlarse de los demás con bebés en cajas de cartón y tratamientos cosméticos anales; pero no es tan fácil lograr que cuestionemos nuestros propios valores al mismo tiempo. Ojalá Bruno lo hubiera conseguido; pero al menos lo intentó, de modo que no puede ser tan mala.
Calificación: 7

Passengers

NOTA: Publico de nuevo esta crítica para comodidad de los lectores de México, donde se acaba de estrenar esta película.

Para bien o para mal vi
Passengers con erróneas expectativas. Por alguna razón imaginé que sería una cinta de terror inspirada por el moderno cine asiático, pero no fue así. De cualquier modo, la adición de fantasmas con largo cabello negro no bastaría para rescatar esta película de su profunda mediocridad, ni de su previsible final, que una vez más recicla una de las más populares fórmulas empleadas en The Twilight Zone hace cincuenta años.

La trama de
Passengers sugiere un interesante concepto: cinco sobrevivientes de un terrible accidente aéreo inician una terapia de grupo con la psicóloga Claire Summers (Anne Hathaway) para resolver sus angustias y traumas emocionales. Pero no es tan fácil, pues ninguno parece coincidir en su memoria del accidente. Y cuando Claire empieza a compartir sus dudas con el representante de la línea aérea, los sobrevivientes empiezan a desaparecer. Paralelamente vemos cómo se forja una relación entre la psicóloga y Eric (Patrick Wilson), su más enigmático paciente, cuyos extraños cambios de conducta (y aparentes poderes mentales) parecen llegar más allá del simple estrés.

Los supuestos momentos románticos entre Claire y Eric pretenden mostrar una madura y sofisticada seducción psicológica, pero nunca se sienten honestos. Parte del problema es que el romance parece añadido a la fuerza para darle sustancia al misterio, o quizás para acentuar el aislamiento de la protagonista. Pero más problemática es la irritante actuación de Patrick Wilson (tan eficiente en Watchmen), pues no logra encontrar el preciso balance entre vulnerabilidad y arrogancia requerido por el papel para hacernos creer que por fin alguien logró traspasar las barreras emocionales de la fría psicóloga.

El resto del elenco sale mejor librado, aunque hacen lo que pueden con el obtuso libreto. Clea DuVall ofrece su típico cinismo y agresiva personalidad; Dianne Wiest aporta un poco de intriga con su bizarra interpretación de la vecina indiscreta que constantemente asedia a Claire con preguntas y comentarios sobre su vida personal. David Morse imprime fuerza a sus trilladas líneas, que no pasan de ser los clásicos clichés de "villano corporativo"; aún así cumple su cometido de generar ambigua amenaza y pistas sobre el misterio principal. Finalmente, la mera presencia de William B. Davis (más conocido como "el hombre fumador" en The X-Files) basta para sugerir la existencia de una siniestra conspiración detrás del accidente aéreo.

Me da la impresión de que Passengers comenzó su viaje a la pantalla como un modesto thriller con tinte sobrenatural; pero al sufrir el típico proceso de “optimización” hollywoodense terminó complicándose con la adición de elementos narrativos que quizás buscaron “humanizar” la historia, pero sólo entorpecieron su desarrollo al dividir la atención entre el misterio central y un poco creíble romance. El resultado es un sólido (aunque predecible) concepto atrapado en una mala película que no logra redimirse ni con la luminosa presencia de Anne Hathaway (o de un impresionante perro ruso). Me temo que el único misterio en Passengers es por qué una famosa actriz nominada al Óscar está repentinamente apareciendo en baratos thrillers directos a DVD. Mucho cuidado Dina Meyer, Debbie Rochon, Tiffany Shiepis, Cerina Vincent... la competencia en el cine "B" acaba de ponerse más difícil.
Calificación: 4

viernes 6 de noviembre de 2009

Sólo Para Parejas (Couples Retreat)

Dos horas de parejas discutiendo... la perfecta definición de "comedia". Pero bueno... al menos los personajes de Sólo Para Parejas están interpretados por sólidos comediantes que consiguen provocar un par de sonrisas tan sólo por el tono de sus diálogos y los breves momentos que se sienten honestos y casi improvisados. Pero el resto del tiempo tenemos situaciones prefabricadas, emociones artificiales y el típico humor moderno, que combina los clichés de incontables sitcoms con un poco de mal gusto e irreverencia para simular "sofisticación" y justificar su proyección en cines.

La película sigue el viaje que emprenden cuatro parejas a la paradisíaca isla de
Bora Bora, donde Jason (Jason Bateman) y Cynthia (Kristen Bell) se someterán al moderno método de terapia matrimonial que ofrece el misterioso Marcel (Jean Reno); y para obtener un descuento en el costoso programa deciden invitar a sus amigos, cuyas relaciones son más o menos estables, aunque con algunos problemas particulares. Así tenemos a Lucy (Kristin Davis), descontenta por las excesivas demandas laborales de su esposo Joey (Jon Favreau); a Dave (Vince Vaughn), deseoso de un respiro en su complicada vida como padre de dos niños con su esposa Ronnie (Malin Akerman); y a Shane (Faizon Love), recientemente divorciado y tratando de forjar una relación con la demasiado joven y caprichosa Trudy (Kali Hawk). Pero cuando llegan a la hermosa isla se dan cuenta de que los excéntricos métodos terapéuticos a los que deben someterse podrían causar un efecto contrario, rompiendo sus matrimonios definitivamente.

Creo que Sólo Para Parejas funciona mejor como panfleto turístico de Bora Bora que como comedia. Entiendo el potencial humorístico y romántico de enfrentar las diferencias maritales con métodos inusuales e inesperados; también hay amplio material para satirizar la cultura de la "auto-ayuda", en particular los "gurús" que pretenden resolver los problemas ajenos con huecas homilías y difusos consejos. Sin embargo haría falta un escritor con más audacia o ingenio para encontrar un ángulo fresco, pues el mediocre libreto de Jon Favreau, Vince Vaughn y Dana Fox se contenta con el más obvio humor, la mayor parte predecible y carente de alma. Para variar, los hombres son idiotas inmaduros; las mujeres son débiles e indulgentes. Y los supuestamente excéntricos personajes que llenan la isla parecen construcciones unidimensionales, sin carisma o función en la trama más allá de hablar chistoso o ser inoportunos obstáculos.

Para bien o para mal hay bastante talento tratando de inyectar vida en el moribundo material. Quizás Jon Favreau y Vince Vaughn no sean grandes guionistas, pero como actores han cultivado un cierto estilo de comedia que se adapta perfectamente a su sensibilidad y alcance. La chispa que imparten a los rápidos diálogos puede sustentar algunas escenas, pero no basta para sentir que reímos lo suficiente a lo largo de toda la película. Jason Bateman se ha vuelto experto en "sarcasmo pasivo", y aunque destaca en algunos momentos, su papel termina siendo desagradable (aunque me hizo reír su presentación de PowerPoint, sobre todo porque tal vez yo hubiera hecho algo similar... pero no en PowerPoint). Y mejor ni mencionar a los desperdiciados Jean Reno, Peter Serafinowicz y Temuera Morrison como los bizarros asistentes del terapeuta. Normalmente me daría gusto ver a estos competentes actores internacionales en el cine norteamericano... pero no como ridículos bufones que solo causan irritación. En cuanto al talentoso elenco femenino, la triste verdad es que sólo están presentes para lucir sus cuerpos y ocasionalmente aportar algún comentario sensible y conciliador. De cualquier modo serán más recordadas por sus bikinis que por sus diálogos.

No puedo decir que Sólo Para Parejas me haya decepcionado, pues en realidad no esperaba mucho de este particular plato de comida chatarra cinematográfica. Logra llenar sus dos horas con entusiasmo pero nula convicción, y la natural simpatía de los actores hace más llevadera la experiencia. Sin embargo no podría recomendarla porque, simplemente, no hace reír tanto como debería, ni nos ilumina sobre los problemas que enfrentan las parejas modernas. O tal vez sí, y cualquier incompatibilidad se puede resolver con una gran fiesta. En ese caso la recomiendo, porque es más rápida que la terapia y más barata que un divorcio. Con suerte será una lección útil para alguien.
Calificación: 5

miércoles 4 de noviembre de 2009

Infestation

Como algunos lectores sabrán, soy entusiasta consumidor (adicto) de películas de horror estrenadas directamente a DVD. Sin embargo, la mediocridad habitual de ese sub-género (¿es un sub-género?) estira ocasionalmente mi tolerancia hasta su máximo límite, y me invita a abandonar tal práctica... no más tiempo desperdiciado en los mismos repetitivos argumentos, las usuales actuaciones amateur y la inexistente dirección de ineptos "cineastas" sin concepto alguno de narrativa, lenguaje visual o lógica (disculpando la arrogancia de esa frase).

Afortunadamente cuando estoy a punto de "rehabilitarme", suelo encontrar una inesperada joya oculta que renueva mi optimismo y justifica mi hábito, sumiéndome de nuevo en el círculo vicioso de expectativa y decepción. Pero ese es un tema
que debe quedar entre mi (imaginario) psiquiatra y yo, de modo que sólo diré que Infestation resultó ser una de esas gozosas sorpresas, y la recomiendo fervientemente a todos los que se encuentren en el mismo caso. O a todos los que quieran ver una graciosa y emocionante película sobre insectos gigantes que invaden la Tierra.

El comienzo de Infestation nos presenta al patético anti-héroe: Cooper (Chris Marquette), un "perdedor" atrapado en un empleo que detesta, pero que trata de conservar para complacer a su estricto padre Ethan (Ray Wise). Desde luego la situación cambia cuando un agudo sonido deja inconciente a toda la ciudad (¿quizás al mundo?). Y cuando el joven despierta unos días después se encuentra envuelto en un extraño capullo, rodeado por insectos gigantes que tratan de devorarlo... o llevarlo a su nido. Tras la sorpresa inicial Cooper libera a sus compañeros de oficina, y así comienza una larga marcha en busca de sobrevivientes, refugio... o cualquier explicación sobre la procedencia de los quitinosos invasores.

Dentro de los parámetros del cine "B" directo a DVD, todos los aspectos de Infestation son sobresalientes. El libreto balancea perfectamente la perturbadora premisa con agudos destellos de humor provenientes de la interacción entre los personajes y sus bien definidas personalidades. La mesurada dirección de Kyle Rankin (también guionista) mantiene un ritmo ágil sin descuidar momentos de inesperada introspección y omitiendo los sustos baratos y clichés tan comunes en el horror moderno (la revelación de la criatura en el garage es brillante). Las actuaciones respaldan el buen material, con un ecléctico elenco en el que no tan fácil discernir las víctimas y los sobrevivientes. Y, finalmente, los sorprendentes efectos especiales rebasan todo lo que he visto en películas directas a DVD (superando incluso el sólido trabajo de Starship Troopers 3), añadiendo la agradable sorpresa de emplear en igual medida criaturas digitales y prácticas, casi imposible de diferenciar (al menos con la primera mirada).

Me detendré aquí para no exagerar las virtudes de Infestation (¡demasiado tarde!). Si tuviera una falla es que deja muchas preguntas sin responder sobre la exótica situación que presenta y, aunque generalmente me gustan las películas que no explican todo, el resultado de estas incógnitas fue un final ambiguo que se siente innecesario, pues no queda claro si está prometiendo una secuela o simplemente confundiendo la expectativa del público con una sorpresa gratuita. Pero en general no tengo objeciones significativas sobre esta graciosa e interesante película, que ojalá sea descubierta por más fans del género decepcionados como yo por las usualmente anémicas obras que encontramos en el producto directo a DVD. Y, para amantes de los insectos gigantes (o gente con fobia por ellos) Infestation ofrece las mejores imágenes y conceptos desde Eight Legged Freaks. Lo digo como un sincero halago, aunque no me extrañaría si alguien lo tomara como advertencia. Actúen con precaución.
Calificación: 8.5

lunes 2 de noviembre de 2009

Michael Jackson: Esto es Todo (Michael Jackson's This is It)

Comenzaré diciendo que nunca fui fan de Michael Jackson. Durante la cima de su fama (al menos la fama "buena"), a mediados de los ochentas, yo era un obsesivo "metalhead" que consideraba como el "enemigo" a todos los intérpretes de la blanda música pop que hoy identifica aquella década. Pero, claro, aún sin disfrutar su música era imposible ignorar el impacto que tuvo en la cultura popular, e incluso en la estructura social norteamericana (y, por extensión, la del resto del mundo). Afortunadamente hoy es difícil creerlo, pero hace veinticinco años aún había estaciones de radio dedicadas exclusivamente a música "blanca", promoviendo segregación racial e intolerancia. Pero con el alucinante éxito del disco Thriller, muchas de esas estaciones se vieron obligadas a cambiar su política para complacer al público, y no es difícil imaginar que la homogénea y lucrativa industria musical de hoy debe su extenso rango y diversidad a artistas como Michael Jackson. Y ¿qué decir de la televisión? Incluso como detractor del pop admito que disfruté inmensamente el video de la canción Thriller, en gran parte por la participación de John Landis y Rick Baker, uno de mis héroes personales.

Pero bueno... eso fue entonces. Hoy, un cuarto de siglo después, el "rey del pop" se ha ido, y como sincero tributo (y oportunista estrategia comercial) nos llega el documental
Esto es Todo, dirigido por Kenny Ortega, veterano cineasta por derecho propio y colaborador de Jackson desde hace varias décadas, cuyo acceso a los ensayos de la nueva gira del artista no sólo permiten una interesante mirada a la organización de un monumental evento, sino un ojo crítico pero afectuoso al proceso creativo de "MJ", sus múltiples asesores y equipo de impresionantes bailarines. Todo ello acompañado, claro, por interpretaciones musicales de los más grandes éxitos del artista, quizás no tan pulidos como se hubieran visto en la gira real, pero igualmente intensos y entretenidos.

La verdad, creo que este enfoque resulta mucho más interesante que un simple concierto. Dejando a un lado su cuestionable vida personal, su obsesión con la cirugía plástica y excéntrica conducta, aquí es donde se revela el valor de Michael Jackson como artista, su pasión por la música y el asombroso carisma y presencia escénica que lo hicieron uno de los más importantes intérpretes del siglo veinte. Para lograrlo, Ortega evita sabiamente cualquier situación controversial; quienes vean Esto es Todo esperando un amarillista desfile de chismes y escándalos quedarán decepcionados. Sin embargo será una revelación (o confirmación) para los fans interesados en una sobria y detallada mirada a la "magia", talento o lo que sea que otorgó a Michael Jackson una permanencia tan larga en el tumultuoso y cambiante mundo del entretenimiento popular. Eso es Todo no me convirtió en fan instantáneo, y creo que como documental pudo ser más profundo y crítico (en el buen sentido de la palabra), pero sin duda me hizo ver con nuevos ojos al artista, cuya vida y obra deberían ser evaluadas en el escenario, y no en sus sórdidos detalles personales. En resumen, Esto es Todo celebra la música y el talento detrás de ella, pero no analiza al hombre ni su motivación. Y al menos para mi ese limitado enfoque bastó para hacerme pasar un buen rato.
Calificación: 7.5

domingo 1 de noviembre de 2009

Gamer: Juego Letal (Gamer)

Desde hace casi treinta años soy aficionado a los videojuegos (sí, así de viejo estoy), y creo que en todo ese tiempo nunca he deseado que fueran reales los personajes, vehículos o monstruos que se controlan (o se destruyen) en el entorno artificial del entretenimiento interactivo. De hecho, la atracción de los juegos (al menos para mi) radica en la fantasía de acertijos, peligros y violencia que son inofensivos e inconsecuentes, pero que al mismo tiempo presentan retos mentales suficientemente realistas para estimular el cerebro (y el ego) en la medida justa para sentirse entretenidos sin llegar a frustrarnos. Por eso me fue imposible tragar la premisa de la cinta Gamer, cuya historia gira en torno a un futurista juego llamado "Slayers" en el que los jugadores controlan remotamente a personas reales en escenarios de frenético combate, con auténtica sangre y muerte para los perdedores... o al menos para los "avatares" humanos que ponen en peligro sus vidas como títeres de sus controladores. En otras palabras, es como jugar Call of Duty sentados cómodamente en nuestras casas, pero con personas reales disparándose y tratando de sobrevivir los violentísimos encuentros "multiplayer". Entiendo cómo ese concepto puede sonar ingenioso o interesante, pero el más leve análisis revela enormes desventajas potenciales que hacen aún más deseable la conveniencia del obediente e infinitamente flexible mundo virtual. Claro que tal vez mi error sería exigir entretenimiento lógico a los directores de la imposible película Crank...

En fin... Gamer se centra en el famoso Kable (Gerard Butler), un prisionero que aceptó participar en el juego Slayers con la promesa de libertad si sobrevive 30 sesiones de combate. Gracias a su gran habilidad física, y al diestro manejo de su controlador Simon (Logan Lerman), Kable se encuentra cerca de su prometida liberación. Pero no será fácil, pues una agrupación secreta de revolucionarios lo ha seleccionado como pieza fundamental de una rebelión tecnológica en contra de Ken Castle (Michael C. Hall), creador del juego y de la tecnología que permite el control remoto de humanos. Kable desconfía de sus nuevos "amigos", pero acepta participar en su plan para poder escapar su vida de violencia y reunirse con su esposa Angie (Amber Valletta), quien también trabaja como títere humano en un juego social llamado Society (algo así como Second Life, pero con personas), donde se ve explotada sexualmente para entretenimiento de su perverso controlador.

La película Crank me gustó porque su ridícula irrealidad estaba bien balanceada por un dinámico ritmo y simple historia. Gamer se ubica en un universo similarmente caótico y exagerado, pero complica tanto su argumento que es difícil mantener el interés a pesar del constante despliegue de sangre, acción y violencia (y desnudos). En pocas palabras, no hay sustancia narrativa detrás de su agresivo estilo, y tras los primeros minutos de asombro y saturación sensorial es fácil "desconectarse" de la trama y simplemente absorber las escenas sin pies ni cabeza que avanzan torpemente hasta el bendito final. En realidad es una lástima, pues los directores Mark Neveldine y Brian Taylor poseen una visión genuinamente energética, y con la ayuda de sus sufridos editores logran coreografiar algunas impresionantes secuencias que merecen pertenecer a una mejor película. Por el lado amable, no niego que los excesos visuales de Gamer sean simples trucos diseñados para atraer el lucrativo segmento mercadológico de los modernos video-jugadores; pero me atrevería a decir que en un nivel más sutil también tienen la intención de satirizar los medios de comunicación que abusan de las mismas herramientas en su grotesca lucha por la atención del espectador.

La última media hora de
Gamer renovó un poco mi interés, pues la introducción de los revolucionarios cambia fugazmente el tono de la historia y añade un ángulo de ciencia ficción que me pareció fascinante. De hecho, el Gran Plan del villano (¡Dexter!) es muy original y supera con creces cualquier maquinación maquiavélica de los tediosos antagonistas de James Bond. Pero es tan solo una falsa alarma, y al poco tiempo la película regresa a su inflada y gratuita regurgitación de clichés de acción, incluyendo la absurda y risible aparición del villano parlanchín, quien pretende resolver sus problemas revelando los detalles de su estrategia mientras lucha mano a mano con el héroe. Sí... eso hacen todos los genios criminales.

Lo mejor que puedo decir sobre Gamer es que me gustó su psicosis narrativa, por un lado tratando de satisfacer al moderno público juvenil con videojuegos, sangre, sexo y violencia; y por otro lado criticando oblicuamente esa obsesión tecnológica que amenaza con esclavizarnos (o que ya nos esclavizó). Pero su dudosa intención no basta para recomendarla, y creo que honestamente hubiera preferido invertir esas dos horas sumergido en el mundo virtual, jugando Call of Duty, Defense Grid o Unreal Tournament. Quizás suena irónico; pero seguramente me hubiera divertido más que viendo esta cansada película.
Calificación: 5