jueves, 30 de junio de 2011

Seconds Apart

Las películas del “After Dark Horrorfest” nunca han sido especialmente buenas (la mayor parte podría describirse como “mediocre”, mientras que una pequeña minoría alcanza el calificativo de "aceptable"), pero a pesar de su variable calidad siempre he apreciado que un distribuidor grande muestre iniciativa de promover cintas de terror independientes que quizás nunca hubieran encontrado a su público de otra manera. Desafortunadamente este año el "Horrorfest" no gozó de una plataforma estable de distribución, pues las películas que lo integraron se estrenaron caóticamente en cines, televisión y los acostumbrados DVDs sin mucho orden o juicio comercial, haciéndolas más difíciles de ubicar y disfrutar (o al menos evaluar). Pero bueno... Incluso con mala difusión creo que Seconds Apart está entre las mejores de After Dark ofrecidas este año... lo cual no es decir mucho.

El principio de la película promete poco, pues nos muestra una típica fiesta adolescente con antipáticos personajes emborrachándose y comportándose como idiotas. Pero eventualmente llegamos a un cuarto privado donde varios jóvenes deportistas juegan ruleta rusa... y continúan hasta que ninguno queda vivo. El Detective Lampkin (Orlando Jones) es el encargado de investigar los suicidios, aunque todavía no se recupera por la reciente muerte de su esposa en un incendio. De cualquier modo Lampkin persiste en su investigación y empieza a sospechar que los “suicidios” fueron en realidad asesinatos cometidos por los enigmáticos gemelos Jonah y Seth Trimble (Edmund y Gary Entin, respectivamente). Pero ambos jóvenes tienen sólidas coartadas, por no mencionar padres millonarios que podrían hacerle la vida muy difícil al detective. ¿Logrará Lampkin descubrir la verdad y evitar más muertes? ¿O su tenacidad lo convertirá en la próxima víctima?

El argumento es más interesante por sus personajes que por su premisa, y aunque no hay mucho misterio ni sorpresas, el director Antonio Negret conduce la cinta con metódico ritmo, disfrutando la gradual revelación de las múltiples disfunciones que ocultan los personajes. Claro, como toda película de horror Seconds Apart tiene bastantes roles desechables, usualmente de "víctimas" genéricas; pero los villanos muestran buena química y su interacción revela detalles de su personalidad que no esperábamos al principio (fue buena decisión usar hermanos gemelos reales, y no "truquear" su parecido con efectos digitales). Por el lado negativo, ese "metódico ritmo" hace la película un poco cansada y demasiado larga, incluso con solo 86 minutos de duración (contando créditos). En fin… será mejor atribuir esa lentitud a la atmósfera creada por Negret y su cinematógrafo Yaron Levy, quienes logran convertir las típicas locaciones de pueblo pequeño en misteriosos espacios llenos de sombras y amenazas ocultas en cada esquina. Incluso si el espectador no traga el horror de los suicidios o el drama familiar de los hermanos, al menos hay que aceptar que el "look" de esta modesta película no le pide nada a los costosos thrillers de Hollywood que vemos en el cine.

No quiero revelar demasiado sobre los elementos terroríficos de Seconds Apart pues, como dije al principio, no son muy novedosos ni muy enigmáticos. Se trata simplemente de otro caso donde una competente ejecución, buenas actuaciones y un atractivo estilo visual compensan la mediocridad del argumento y su falta de sorpresas. Aún así estos modestos logros bastan para elevar Seconds Apart sobre las demás cintas After Dark de este año (al menos las que he visto... y con la irregular distribución que sufrieron no espero gastar muchas energías buscando las demás). Así que puedo recomendarla para fans poco exigentes del horror contemporáneo, y para conocedores del cine fantástico independiente, que seguramente tendrán bastante experiencia encontrando virtudes ocultas entre las más obvias fallas de este tipo de películas. Finalmente, un aplauso para el comediante Orlando Jones, quien finalmente encontró un proyecto "serio" para mostrar su rango dramático. No diré que sea el nuevo Robin Williams, pero demostró de que su talento va más allá de abrir mucho los ojos y decir "Daaaaamn!". Para alguien que empezó haciendo comerciales de 7-Up, Jones ha tenido una buena carrera y creo que puede llegar lejos.
Calificación: 6.5

martes, 28 de junio de 2011

Cedar Rapids

A primera vista parecería que Cedar Rapids es otra vulgar comedia moderna sobre las aventuras de hombres inmaduros comportándose como idiotas... y quizás esa descripción sería apropiada. Pero el director Miguel Arteta y el guionista Phil Johnston consiguen algo mucho más inspirado y entretenido, que comienza en una línea similar al "estilo Judd Apatow" para eventualmente convertirse en una historia de crecimiento personal graciosa y honesta, cuya falta de excesos revela mayor madurez narrativa... aunque quizás dejará insatisfechos a los fans de las más estridentes comedias contemporáneas. Sin embargo Cedar Rapids tiene mucho más que ofrecer, incluyendo excelentes actuaciones de su elenco entero y una profundidad temática disimulada por la simpleza de su argumento. En resumen, hay suficiente material superficial para hacernos reír, pero su valor real reside en su trasfondo emocional y en sus observaciones sobre... los vendedores de seguros. Sin duda es un tema que todos estábamos esperando.

El protagonista es Tim Lippe (Ed Helms), entusiasta vendedor de seguros para la Agencia Brown Star (cuando vean el logo entenderán este chiste), ubicada en un pequeña pueblo norteamericano donde prácticamente todos se conocen. Por eso Tim considera a sus clientes como amigos, y lleva una vida de feliz sencillez, sazonada por la relación romántica que mantiene con la madura Sra. Vanderhei (Sigourney Weaver), quien fuera su maestra de escuela veinte años atrás. Obviamente hay una significativa diferencia de edad entre los "novios", pero Tim está muy enamorado de ella y planea proponerle matrimonio. Sin embargo tendrá que esperar, pues la súbita muerte del vendedor estrella de Brown Star pone a Tim en la incómoda posición de representar a la compañía en una importante conferencia que cada año se celebra en la "gran ciudad" de Cedar Rapids... donde agencias de seguros de todo el país compiten por el preciado trofeo Dos Diamantes, que Brown Star ha ganado por tres años consecutivos. ¿Logrará Tim superar su timidez e inexperiencia para ganar el trofeo? ¿O será víctima de rivales como el antipático Dean Ziegler (John C. Reilly), quien solo quiere emborracharse, conseguir mujeres, y quizás pervertir al inocente “pueblerino“?

Tal vez esto suena como una sardónica interpretación "lite" de obras clásicas sobre vendedores (como Tin Men o Glengarry Glen Ross), y en cierto modo lo es, pues Cedar Rapids emplea la misma estrategia de poner en segundo plano el asunto de las ventas, para centrarse en las contrastantes personalidades de los vendedores y las distintas actitudes con las que enfrentan esa difícil actividad. Pero no me malinterpreten... a fin de cuentas no es una película sobre vendedores, seguros o comercio, sino sobre el "despertar a la vida" de un individuo reprimido que ignoraba las complejidades del "mundo real", incluyendo las contradicciones de la amistad, la tentación del sexo sin compromiso y la hipocresía religiosa. Este tipo de historias usualmente están reservadas para personajes adolescentes; el hecho de que nuestro protagonista sea un "hombre-niño" de treinta y tantos años solo hace la película más graciosa, emotiva e irreverente.

Y, desde luego, pone a Ed Helms como la pieza clave del rompecabezas, pues no muchos actores podrían interpretar un personaje tan sincero e ingenuo sin convertirlo en un idiota de inverosímil ignorancia. Por el contrario, Tim Lippe es una especie de Forrest Gump moderno, excepto que este vendedor no queda intacto por sus interacciones con el mundo, sino que va aprendiendo duras lecciones de vida que podrían dejarlo como una mejor persona... o como los cínicos rivales que odia. El otro lado de la moneda es John C. Reilly, interpretando a uno de esos vendedores cínicos cuyo hedonismo parece ser un mecanismo de defensa contra los amargos años de feroz competitividad vendiendo seguros. La película es indudablemente de Helms, pero Reilly tiene un arco dramático igualmente interesante y divertido, pues aunque ya lo hemos visto en similares papeles de patán antipático, rara vez se sienten tan bien construidos y respaldados por su oculta humanidad. También merecen mención Isiah Whitlock Jr. como un adusto vendedor que inútilmente trata de ser la "voz de la razón" entre sus rijosos amigos; Alia Shawkat como una joven prostituta acostumbrada a lidiar con todo tipo de clientes; Kurtwood Smith como el anfitrión de la conferencia que no solo otorga premios por ventas, sino por rectitud moral y principios cristianos; y Anne Heche como una vendedora que aprovecha las conferencias para tomar un "respiro" de su vida matrimonial. Me pareció el mejor trabajo que esta actriz ha realizado en años.

La premisa de Cedar Rapids parece un tanto seca y banal, pero eso forma parte de su encanto. Creo que estamos acostumbrados a complicados argumentos estilo Hollywood, donde (por ejemplo) un reportero investiga una bicicleta extraviada y termina descubriendo una conspiración para asesinar al presidente del mundo, o algo así. Por el contrario, Cedar Rapids parece regodearse en la puerilidad de los eventos que retrata, y la desmedida importancia que los personajes ponen en cosas que al espectador le parecerían triviales y absurdas. El gran logro de la película es hacernos entender por qué son importantes para ellos, y compartir el suspenso por el triunfo o fracaso del protagonista. El director Miguel Arteta tiene experiencia en historias sobre "despertar a la vida" (Youth in Revolt), y también en retratos de la vida en pueblos pequeños (The Good Girl), donde el humor y la frustración forman parte inescapable del diario melodrama; Cedar Rapids representa una sublimación de ambos temas... con énfasis en el humor. Por lo demás, no quiero decir que Ed Helms sea "el nuevo Tom Hanks", ni que Cedar Rapids sea una nueva Office Space para el mundo post-crisis financiera. Pero no me extrañaría si alguien más lo dijera.
Calificación: 8.5

domingo, 26 de junio de 2011

Cars 2

No quiero decir que Cars (del 2006) sea la "peor" película de Pixar (en mi humilde opinión), pues eso sugeriría que es mala. Sería más apropiado describirla como la "menos buena" (en mi humilde opinión), pues sin duda tiene notables momentos de humor, personajes simpáticos, extraordinaria animación e interesantes temas que reflejan una madurez superior a otras cintas familiares de este estudio. Sin embargo (en mi humilde opinión) se quedó corta en lo que respecta al impacto emocional, ingenio del argumento, y hasta en la dirección, que me pareció lenta y cansada... al menos para los elevados estándares a los que nos tiene acostumbrados Pixar. Por eso me pareció extraña la idea de una secuela. ¿Estarían buscando otra oportunidad para demostrar que el universo automovilístico de Cars tiene mayor potencial del que mostró en la primera cinta? ¿O sería una simple estrategia comercial para repetir el increíble éxito de los juguetes y mercancía que gozó la original, compensando sobradamente su mediano éxito en taquilla (relativamente hablando)? Creo que la respuesta es positiva en ambos casos, pues si bien Cars 2 resulta dinámica y graciosa, también me pareció lo más cercano que ha hecho Pixar a un "comercial de hora y media" para promocionar los mencionados juguetes y demás mercancías asociadas con la franquicia. No puedo culpar a Pixar por sacar provecho de su creatividad... pero tampoco puedo negar que su estrategia es un poco decepcionante.

Después de un prólogo con mucha acción a bordo de una plataforma petrolera, la historia de Cars 2 nos lleva Radiator Springs, a donde llega el corredor Lightning McQueen (voz de Owen Wilson) para visitar a sus amigos después de ganar otra Copa Pistón. Sus planes incluyen divertirse con Mater (voz de Larry the Cable Guy) y continuar su romance con Sally (voz de Bonnie Hunt). Pero un reto del arrogante corredor italiano Francesco Bernoulli (voz de John Turturro) lo motiva a participar en una carrera patrocinada por el millonario Miles Axlerod (Eddie Izzard) para promover su nuevo combustible alternativo, tan limpio y seguro que reducirá considerablemente la contaminación. Entonces McQueen y su equipo (incluyendo a Mater) se trasladan a Japón para la fiesta inaugural de la carrera... donde Mater se ve envuelto por azar en la misión secreta de los espías Finn McMissile (voz de Michael Caine) y Holley Shiftwell (voz de Emily Mortimer), quienes investigan los turbios manejos del misterioso Profesor Z (voz de Thomas Kretschmann). Desafortunadamente la confusión no solo pone en peligro la vida de Mater, sino su amistad con McQueen, y el triunfo en la importante carrera.

Si la idea de un mundo poblado por vehículos vivientes parecía un poco forzada en Cars, la introducción de un inesperado argumento de acción y espionaje resulta aún más incongruente, y me costó trabajo ignorar todos los agujeros lógicos que provoca esta dudosa premisa (¿Por qué hay casas tradicionales en París y bancas en la orilla del Támesis? ¿Si existe un automóvil Papa, también habrá un Osama Volkswagen? ¿Y por qué el Papa necesita un “papamóvil“? ¿No sería más simple que el pontífice mismo estuviera blindado? Estoy bromeando en esto último). En otras palabras, Cars 2 es una película mucho más infantil que la original, a pesar de que esta vez ofrece intensas escenas de acción, villanos y héroes que matan a sus oponentes, y riesgos mortales para personajes inocentes. Claro que los niños a quienes está dirigida la película no analizarán esos detalles, y sin duda la disfrutarán por sus altos valores de producción, accesible humor, personajes coloridos, y delirante acción que está magníficamente coreografiada aunque rara vez provoque suspenso o emoción.

Otro problema es que el simplón Mater toma un papel protagónico, lo cual es consistente con el tono más ligero del argumento... pero al mismo tiempo perdemos el balance entre drama y comedia que hizo tolerable la primera película. No niego que sea un personaje muy popular, pero siento que funcionaba mejor en dosis pequeñas, como "comic relief" para aligerar los cuestionamientos existenciales de Lightning McQueen, quien ahora queda relegado a un rol secundario y casi innecesario. Al menos tenemos como premio de consolación la presencia del genial Michael Caine como una parodia de James Bond (incluso en la forma de un Aston Martin), y de Emily Mortimer como la agente novata que debe vencer sus inseguridades para salvar la situación. Y, claro, gana puntos cualquier película que utilice a Bruce Campbell, aunque sea en un papel corto, y aunque solo sea su voz.

En el aspecto técnico, Cars 2 supera a su predecesora con mayor calidad de imagen, más expresión en sus personajes e increíbles efectos especiales. Quizás su apariencia no llega al realismo de Wall-E o Rango, pero tampoco es su propósito, pues Pixar siempre ha mostrado moderación tecnológica en las secuelas para mantenerlas consistentes con el "look" de las cintas originales, lo cual sin duda admiro. Entonces, puedo recomendar Cars 2 como una típica película para niños que no alcanza el nivel narrativo de las mejores obras de Pixar. Como dije al principio, se trata de un esfuerzo meramente mercantilista, y es una pena que el genial director John Lasseter se haya prestado a hacer la primera película que traiciona la integridad del estudio forjado con el merecido éxito de cintas como Toy Story y Toy Story 2. En cuanto al tema de espionaje... hubiera preferido que se usara en una secuela de The Incredibles, mucho más apropiada para rendir tributo a James Bond y demás espías cinematográficos. Pero bueno... supongo que los juguetes de The Incredibles no se vendieron tanto.
Calificación: 7 (sería 6 sin Caine o Campbell)

sábado, 25 de junio de 2011

El Dilema (The Dilemma)

Aunque no me han gustado mucho las más recientes películas del director Ron Howard (con la honrosa excepción de Frost/Nixon), me sigue interesando su trabajo porque no pierdo la esperanza de encontrar el diestro manejo de emociones y balance entre humor y drama que lo distinguió como una figura importante en el cine norteamericano, cuyas películas cumplían el difícil reto de hacer mucho dinero, y al mismo tiempo complacer a los críticos profesionales. Claro que eso fue hace veinte años, y aunque siga teniendo moderado éxito en taquilla (especialmente en las adaptaciones de Dan Brown), creo que ya quedó muy atrás su credibilidad "artística" (por llamarla de algún modo). Para demostrarlo solo hace falta ver el desastre que es El Dilema.

La historia sigue un momento clave en las vidas de Ronny Valentine (Vince Vaughn) y Nick Brannen (Kevin James), socios de negocios y amigos inseparables que pasan todo el tiempo juntos, ya sea inventando un nuevo motor eléctrico para automóviles Dodge, o divirtiéndose con sus respectivas parejas Beth (Jennifer Connelly) y Geneva (Winona Ryder). Nick es el genio científico cuyo talento podría hacerlos millonarios, si es que resuelve los problemas técnicos del hipotético motor; y Ronny es el elocuente negociante que consigue clientes y cierra tratos imposibles. Sin embargo, su amistad se ve severamente estresada porque el motor eléctrico no está funcionando como esperaban, y de eso depende su futuro económico y laboral. Además, por si no fuera suficiente presión, uno de los hombres descubre que la pareja del otro lo está engañando con un apuesto joven. Entonces tiene que enfrentar el inevitable dilema: ¿deberá revelar a su amigo la dolorosa verdad y arriesgarse a que caiga en la depresión y fracase el proyecto de Dodge? ¿O traicionará su confianza guardando el secreto hasta que concluya el trabajo?

El argumento sin duda plantea una pregunta interesante, y la rodea de factores internos y externos que hacen aún más difícil tomar una decisión, pues no hay clara ventaja moral en las posibles alternativas. Sin embargo, el enorme problema que tiene El Dilema es que adopta un tono absolutamente inapropiado. La premisa tiene todos los ingredientes para ser un interesante drama, y sin embargo está filmada como si se tratara de una comedia. Para empezar, los actores principales tratan de manejar escenas que están muy por encima de su talento. En general me gusta el trabajo de Kevin James y Vince Vaughn, pero El Dilema requería genuinos actores de carácter, y no comediantes cuyas bufonadas contradicen la esencia misma de cada escena. Me da la impresión de que el libreto original escrito por Allan Loeb (también autor de The Switch) tenía un tono más serio y maduro; pero quizás algún genial ejecutivo pensó que nadie querría ver un deprimente drama marital, de modo que la única manera de "rescatar" la película era convertirla en comedia. ¿Qué podría salir mal?

La respuesta es: prácticamente todo. En los créditos solo aparece el nombre de Loeb como autor, pero el guión deja esa mala sensación de estar escrito por comité, con un desfile de "trajes" y "yes-men" destruyendo la historia original con sus cansadas ideas "cómicas". Si al menos fuera una película graciosa podría disculparse esta incongruencia temática; pero en casi dos horas de interminable palabrería, confusiones y conflictos no me hizo reír una sola vez, y no creo haber sido el único que veía constantemente su reloj en el cine (ya de por sí medio vacío), esperando con impaciencia los benditos créditos finales. Tampoco ayuda que el director Ron Howard haya olvidado imprimir estilo alguno en las imágenes. Es cierto que nunca fue un director muy "visual", pero en cintas como Apollo 13, The Paper y la mencionada Frost/Nixon supo aprovechar su elegante manejo de cámaras, buen ojo para la composición y comprensión del ritmo apropiado para cada género (después de tantos años siguen impresionándome los bruscos pero creíbles cambios de tono en Parenthood, una de mis películas favoritas de este director). Nada de eso está presente en El Dilema; si no fuera por el nombre de Howard en los créditos iniciales, hubiera pensado que era una película de Dennis Dugan, Frank Coraci o algún otro protegido de Adam Sandler.

Para no parecer tan negativo (¡demasiado tarde!) diré que me gustó ver en una misma película a Jennifer Connelly y Winona Ryder, mis principales obsesiones ochenteras, tan guapas o más hoy que hace veinticinco años. Y desde luego me complació escuchar en el cine por segunda vez en dos o tres años la canción Detroit Rock City (porque parte de la historia se ubica en esa ciudad). Además, como dije antes, el nudo dramático del relato me pareció bien planteado y con amplio potencial para hacer una sólida película que cuestionara la ética del espectador y provocara discusión al salir del cine. Pero eso hubiera sido si El Dilema estuviera dirigida por Woody Allen o Lawrence Kasdan (en sus buenos tiempos). Lástima que en manos de Ron Howard (o de los productores cuyos nombres no deseo conocer) haya perdido el rumbo, de paso desperdiciando a un buen elenco mal seleccionado y peor dirigido. En lo personal no veo razón alguna para recomendar esta película; aunque entenderé si el carisma de Vaughn y su buena química con James logran convencer a algunas personas de que se están divirtiendo, pues ambos actores ciertamente se esfuerzan por sacar adelante el irregular material. Pero por alguna razón me fue imposible seguirles el juego, y solo queda esperar que Howard haya "tocado fondo", y se recupere en futuras películas. Al menos Angels & Demons tenía algunas risas involuntarias.
Calificación: 3

viernes, 24 de junio de 2011

Cortes Rápidos: After.Life, Spirit Camp y 2001 Maniacs: Field of Screams

Nota: Hasta ahora se estrenó Después de la Vida en mi país, así que publico nuevamente la respectiva crítica, aunque sea como parte de un "Cortes Rápidos".

Después de la Vida (After.Life)


Cuando una película con buenos actores e impecable manufactura pasa fugazmente por los cines y llega demasiado rápido a DVD, es inevitable sospechar la existencia de algún problema que disminuyó la confianza de sus distribuidores. Ese es exactamente el caso de After.Life, cuyo sólido elenco y altos valores de producción ocultan un libreto confuso y pobremente planteado, a pesar de ofrecer interesantes conceptos y reflexiones sobre la vida y la muerte. El mencionado elenco incluye a Liam Neeson en el papel de Deacon, un serio y metódico experto en la preparación de cuerpos para funerales. Un día llega a su mesa de trabajo el cadáver de la joven Anna (Christina Ricci), maestra de escuela fallecida en un accidente automovilístico después de una pelea con su novio Paul (Justin Long). Por alguna curiosa razón, Deacon tiene la habilidad de conversar con los muertos que prepara, y así comienza un debate con Anna sobre la injusticia de su muerte, las cosas que dejó pendientes, y lo que hubiera querido lograr antes de "descansar en paz".

La idea básica detrás de After.Life es bastante ingeniosa, pero hay tantos agujeros en la ejecución que resulta imposible concentrarse en las emociones de los personajes. No solo son demasiado vagas las "reglas" de la película, sino que además cae en constantes contradicciones y hechos arbitrarios que simplemente no tienen sentido. La directora Agnieszka Wojtowicz-Vosloo juega con nuestra percepción hasta el final mismo, lo cual me gustó; sin embargo tiene que hacer muchas trampas para mantener la ambigüedad durante el largo camino hacia el impactante final. Al menos After.Life ofrece una intensa actuación de Liam Neeson; y Christina Ricci merece respeto por su valor para abordar un papel que le exige estar desnuda durante casi la mitad de la película. Por otro lado tenemos a Justin Long como el inútil novio, probando una vez más que el drama definitivamente no es su fuerte. Según como quiera verse, After.Life podría ser un drama romántico o un thriller psicológico, aunque emplea un buen número de clichés característicos en el cine de terror, como forzados sobresaltos, grotescas pesadillas y “gore” ocasional. Eventualmente creo que el final compensa algunos de sus tropiezos, y pienso que la historia hubiera funcionado mejor en forma de cortometraje; pero de cualquier modo puedo darle una tímida recomendación por sus actuaciones, dirección, y porque finalmente alguien encontró un giro fresco para el viejo estándar de "I see dead people". Ojalá hubiera sabido implementarlo mejor.
Calificación: 6.5



Spirit Camp

Porristas y asesinos enmascarados... venerable combinación ampliamente explotada por el género de terror durante cuatro décadas (o más). Eso es precisamente lo que promete la publicidad de la cinta Spirit Camp: un argumento "retro" con los clásicos ingredientes del cine slasher ochentero. Lo que no nos dice es que su ritmo glacial y desagradables personajes la hacen bastante aburrida. La trama sigue a varias animadoras durante su estancia en un campamento donde se entrenarán para un próximo torneo. Para variar, las remotas cabañas están a orillas de un lago donde un asesino mató a varios jóvenes hace dos años. Entonces, como puede esperarse, los asesinatos comienzan de nuevo, y los escasos habitantes del campamento deberán escapar o descubrir al agresor. ¿Quién será el culpable? ¿El mudo intendente que disfruta espiando a las chicas mientras se cambian de ropa? ¿O el prisionero que escapó de una cárcel cercana? ¿O la rebelde muchacha que asiste al campamento como terapia contra su violenta personalidad?

A fin de cuentas la identidad del asesino es irrelevante, aunque el guión aprovecha el débil misterio para generar un poco de suspenso. Todo lo demás, desde la cinematografía casera hasta las actuaciones amateur, se ciñen al bajo estándar del horror directo a DVD, absolutamente libre de estilo o ambición narrativa. Pero bueno... no puedo negar que
Spirit Camp cumple su promesa de imitar los más básicos rasgos de los slashers ochenteros, y si el director/productor/escritor/editor/músico/fotógrafo Kerry Beyer se hubiera tomado la molestia de estudiar un poco de lenguaje cinematográfico, o de conseguir mejores actores, quizás lograría que nos interesáramos en la totalidad de la historia, y no solo en los breves momentos cuando alguna anónima actriz muestra los pechos, o cuando encontramos el cadáver ensangrentado de la más reciente víctima. Sé que hay muchos fans de películas centradas en esos añejos elementos (incluyéndome), pero siempre decepciona ver el desperdicio de buenos ingredientes por pereza (o ineptitud) de un director que simplemente quiso salir del paso con el menor esfuerzo posible. Y lo más irónico es que esos bajos estándares son la ruta segura para llegar a "las grandes ligas" de Hollywood.
Calificación: 5



2001 Maniacs: Field of Screams

Hace cinco años, el entusiasta productor Tim Sullivan dirigió 2001 Maniacs, una tardía secuela/re-make/whatever de la clásica Two Thousand Maniacs! (una de las primeras cintas "gore" realizada en los sesentas por el legendario H.G. Lewis), en la que un grupo de enfurecidos "sureños" resucita para vengarse por la Guerra Civil norteamericana. Ahora, en la secuela de la secuela (o lo que sea), titulada 2001 Maniacs: Field of Screams, encontramos a otro grupo de ingenuos "citadinos" enfrentándose a los caníbales campiranos que esconden sus malévolas intenciones detrás de un festival itinerante. Para añadir un débil y forzado comentario social, esta vez las víctimas son las estrellas y equipo técnico de un "reality show" titulado Road Rascals, en el que dos agrias “debutantes” (¿me pregunto en quién se habrán inspirado?) recorren los Estados Unidos interactuando con la gente sencilla de la nación. Sobra decir que ni ellas, ni los papanatas que las acompañan, tiene buenas probabilidades de escapar con vida de la "furia confederada".

La previa
2001 Maniacs me pareció una mediocre cinta de horror, medianamente rescatada por su irreverente humor y jugosos efectos especiales; lamentablemente la secuela abandona todo rastro de ingenio para endilgarnos hora y media de personajes antipáticos haciendo estupideces, ocasionalmente interrumpidos por muertes sangrientas, desnudos casuales y (peor aún) escenas "graciosas" que solo provocan odio eterno por el escritor que las ideó. Pero ¿hubo escritor? Lo dudo. Las actuaciones son patéticas y además se sienten improvisadas... como si el director confiara en su "talentoso" elenco para sacar a flote escenas insulsas, que no conducen a nada y solo sirven como relleno en lo que llega el siguiente despliegue de defectos especiales. El único factor de vago interés fue la presencia de Ahmed Best como uno de los caníbales sureños. Aparentemente su carrera no prosperó después de prestar su voz y lenguaje corporal a Jar Jar Binks, uno de los más “adorados” personajes en las últimas décadas. Fuera de eso no encuentro razón alguna para recomendar 2001 Maniacs: Field of Screams, cuando hay muchas obras de horror independiente directas a DVD que ofrecen mejor humor, efectos y profesionalismo en todos sus niveles (aunque no sea demasiado). De hecho, esta cinta se acerca peligrosamente al territorio de Uwe Boll. Sí, así de mala es.
Calificación: 4

miércoles, 22 de junio de 2011

Cortes Rápidos: Sniper: Reloaded; Bloodrayne: The Third Reich; Blue Crush 2

Sniper: Reloaded

Nunca he seguido de cerca la saga de Sniper (ni siquiera estoy seguro de que pueda calificarse como "saga"), pero me gustó la primera película con Tom Berenger y la primera secuela directa a DVD con el mismo actor (quizás un caso único). Sin embargo había perdido la pista de la serie hasta que casualmente encontré Sniper: Reloaded en TV. Mi expectativa era baja, y aunque no resultó ser una "joya oculta" me pareció un entretenido thriller con algunos buenos momentos de acción, satisfactoria violencia y excelentes locaciones sudafricanas que la distinguen de tantas otras modestas cintas filmadas en Los Ángeles o Canadá. La trama comienza en una corte militar donde se interroga al Sargento Brandon Beckett (Chad Michael Collins), acusado de desafiar órdenes y abandonar su puesto para cobrar venganza contra el responsable de la muerte de varios soldados durante una misión humanitaria en la peligrosa República Democrática del Congo. Como parte de las fuerzas armadas de la ONU, Beckett y sus “marines” tenían la misión de evacuar a un importante empresario, pero la emboscada de un experto francotirador dejó muerto al sujeto, así como al resto de la unidad; y Beckett solo logró escapar porque su padre (el protagonista de la película original) lo había aleccionado sobre las técnicas del "sniping". Entonces, sospechando que todo fue parte de una conspiración, Beckett comienza una investigación “extra-oficial” para encontrar al traicionero francotirador, y aunque sus superiores ignoran sus teorías, el Sargento cuenta con la inesperada ayuda de de un cazador exiliado que rescata "niños soldados"; de la Teniente Ellen Abramowitz (Annabel Wright), la única persona de la ONU que le cree; y de una misteriosa figura del pasado, que trabajó muy cerca de su padre.

Por ser una secuela directa a DVD sabemos que Sniper: Reloaded no tendrá un alto presupuesto, así que no señalaré los bajos valores de producción ni los humildes "sets" (como el "cuartel de la ONU" que más parece una habitación de hotel). Pero hay fallas que pudieron evitarse, empezando por el elenco. Para empezar, Chad Michael Collins resulta demasiado blando y anónimo. No es mal actor; tiene un creíble porte militar y enfrenta con aplomo las escenas de acción; sin embargo le falta carisma de "estrella de cine" para tragarlo como héroe. En el papel femenino tenemos a Annabel Wright, seguramente descrita por su agente como "la Naomi Watts de Sudáfrica", lo cual solo aplica a su apariencia, pero no a su talento. Afortunadamente hay un actor que rescata la película, y se trata de Billy Zane, repitiendo su personaje de la cinta original y adoptando con naturalidad el papel de mentor y “ángel guardían“ del protagonista. Su combinación de arrogancia y sentido del humor inyectan energía en sus escenas, y me dejó deseando que su participación fuera más extensa. Ojalá lo aprovechen mejor en futuras secuelas (o le encuentren una franquicia propia que aproveche su fuerza como actor). Entonces, Sniper: Reloaded no ganará premios ni será recordada como un hito en la acción directa a DVD. Pero no necesita nada de eso para divertirnos durante hora y media con intriga política, "bromance" y suficientes "headshots" para dejar satisfechos a jugadores de Call of Duty. El mejor halago que puedo hacerle es decir que me inspiró a buscar las otras películas de la serie que dejé pasar; aunque de antemano sé que no incluirán al carismático Zane.
Calificación: 6.5

Bloodrayne: The Third Reich

Omitiré hacer comentarios sobre la carrera del célebre director Uwe Boll, pues a estas alturas no hace falta repetir su hilarante desfile de bodrios y excentricidades. Además me gustaría ver sus recientes películas "serias" para confirmar si realmente señalan un cambio de actitud y una posible redención artística para este peculiar cineasta. Pero si tuviera que basarme tan solo en Bloodrayne: The Third Reich, diría que Boll mantiene intacto su sorprendente anti-talento estético, su desdén por usar libretos, y su incapacidad para conectar escenas sin que parezcan el trabajo de un primate que accidentalmente aprendió a usar Final Cut Pro. Por el lado amable diré que tomó tres películas, pero por fin podemos ver una adaptación del videojuego Bloodrayne ubicado en la Segunda Guerra Mundial, que es donde originalmente se desarrollaron las aventuras de Rayne (Natassia Malthe), una hábil "dhampir" (hija de un vampiro y una mujer humana) con la eterna misión de exterminar vampiros y evitar su propagación por el mundo. Esta vez Rayne debe aliarse con miembros de la Resistencia para detener al demente Dr. Mangler (Clint Howard), quien está experimentando con sangre de vampiros para crear un ejército indestructible… ¡y hacer inmortal a Hitler!. Su primer experimento es con el Comandante Ekart Brand (Michael Paré), un nazi cruel y sanguinario que además de todo tiene una cuenta pendiente con Rayne... pues fue ella misma quien lo transformó en vampiro.

Cuesta trabajo seguir la trama de Bloodrayne: The Third Reich porque está integrada por escenas inconexas y diálogos arbitrarios que pretenden ser dramáticos pero solo consiguen aburrirnos o hacernos reír. Tampoco tiene sentido la ocasional narración de Rayne pues, en vez de orientarnos sobre el argumento, se limita a recitar monólogos filosóficos sobre la tortura de su herencia vampírica y su incapacidad para "conectar" con la raza humana... o algo así. No me interesa ver de nuevo esta película solo para analizar esas tediosas escenas. Por su parte, los actores hacen lo que pueden con sus improvisados papeles. Michael Paré es la "estrella" del elenco y cumple su trabajo de ser un villano exagerado y unidimensional. Clint Howard se divierte interpretando al maniático Dr. Mangler (¿asumo que está inspirado en Josef Mengele?), y me recordó la actuación de Richard Liberty como el similarmente mórbido Dr. Logan en la excelente Day of the Dead (versión original, por favor). Finalmente, Natassia Malthe regresa en el papel de Rayne (en el que reemplazó a Kristanna Loken desde la primera secuela) y supongo que por default es lo mejor de la película. No es una acróbata, pero puede "vender" la ilusión de combate con dos espadas (aunque la mayor parte de las peleas tienen horrible coreografía), y desde luego tiene la figura voluptuosa y exagerada de heroína de videojuego. Su voz extremadamente aguda se siente fuera de lugar entre nazis y rebeldes, pero bueno... al menos no actúa tan mal. Y, para darle "profundidad" al personaje, Boll la hace bisexual en varias escenas “softcore” mejor filmadas que el resto de la película... curioso. Dentro de todo, reconozco que el argumento de Bloodrayne: The Third Reich no es malo... ¿científicos nazis usando sangre de vampiros para hacer inmortal a Hitler? Suena como un excelente concepto para una película B tradicional. Y se nota que Boll lo intenta, pues al menos los minutos finales están repletos de sangre, violencia y excesos dignos del mejor cine de explotación. Lástima que sea demasiado tarde para redimir los sesenta minutos previos de tedio e incoherencias. Entonces, lo mejor que puedo decir es que Bloodrayne: The Third Reich tenía el argumento, las increíbles locaciones (se filmó en Croacia) y entusiastas actores para hacer una mejor película sobre vampiros nazis y experimentos genéticos. De hecho, se me ocurre que la franquicia podría rescatarse si Boll quedara tan solo como "productor ejecutivo" y cediera la dirección de futuras secuelas a directores independientes con mejor visión y talento para aprovechar esos ingredientes. Porque, a fin de cuentas, prefiero las mediocres aventuras de Bloodrayne que los "vampiros" insípidos que seguiremos viendo por mucho tiempo después de que Twilight haya terminado.
Calificación: 5

Blue Crush 2

Allá por el año 2002 disfruté bastante la película Blue Crush, no solo porque seguía las aventuras de tres guapas chicas surfeando en las playas de Hawaii, sino porque el director John Stockwell logró incorporar suficiente drama, atmósfera étnica y observaciones culturales para complementar los deportes acuáticos. Por eso me animé a ver Blue Crush 2... y, desde luego, resultó ser otra decepcionante secuela directa a DVD con un libreto obtuso, malas actuaciones y absoluta falta de ambición narrativa, por no mencionar su lento ritmo y huecos personajes que difícilmente nos inspiran a seguir sus vivencias y desarrollo emocional. En otras palabras, Blue Crush 2 no es una película, sino una colección de escenas melodramáticas sacadas de un mal episodio de 90210, ocasionalmente interrumpidas por buenas exhibiciones de "surfing" en impresionantes escenarios africanos, que sin duda habrán dejado muy complacido al Ministerio de Turismo de Sudáfrica. En fin; esta vez la protagonista es Tara (Sharni Vinson), una joven caprichosa que vive con su insensible padre en una lujosa mansión de Los Ángeles. Pero lo que ella realmente quiere es emular a su fallecida madre, quien pasó su juventud surfeando en las playas de Sudáfrica, particularmente en la idílica Jeffreys Bay. Entonces, sin avisarle a su padre, Tara viaja impulsivamente a Sudáfrica para seguir los pasos de su madre; pero como la muchacha no se preparó adecuadamente, termina extraviando su equipaje, y se ve forzada a trabajar en un bar y a vivir en una improvisada comuna de surfistas a la orilla del mar. Sobra decir que, con ayuda de su amiga Pushy (Elizabeth Mathis) y su "frenemy" Sugaree (Katharina Damm), Tara encontrará romance, aventura, e inesperado peligro en su nuevo entorno. ¿Logrará realizar el sueño de su madre o tendrá que regresar a su indiferente hogar?

El productor Mike Elliot, con dos décadas de experiencia en cine B y secuelas (¡incluso trabajó con Roger Corman!) demuestra ser un pésimo director en Blue Crush 2, pues aunque maneja adecuadamente los aspectos técnicos, no consigue crear un flujo narrativo coherente o interesante. En vez de eso prefiere mostrarnos todos los clichés posibles del cine juvenil, de las películas deportivas, y de los dramas familiares, y cree que eso bastará para formar mágicamente una historia. Pero lo peor es que el "director" está tan enamorado de sus escenas que no quiso editarlas o cortarlas para que "peguen" mejor. El resultado es una tediosa película de casi dos horas gastadas en nada, que solo cobra vida cuando muestra a los surfistas sobre las olas del mar sudafricano. Desde luego no soy experto en este deporte (ni siquiera podía usar una patineta de joven), pero reconozco que las acrobacias y desempeño de los dobles es impresionante. Por cierto, en Blue Crush se invirtió mucho tiempo y dinero en "reemplazo facial" para simular que las actrices principales ejecutaban esas rutinas. En Blue Crush 2 no se ve interés alguno por crear esa ilusión, ya que los dobles son penosamente evidentes en casi todas las escenas acuáticas. No digo que sea un factor muy importante, pero sirve como ejemplo para señalar la mediocridad de la película y la obvia pereza de un director cuya ineptitud prácticamente destruyó una franquicia que pudo ser el equivalente moderno de aquellas simpáticas e inocuas cintas de Frankie Avalon y Annette Funicello durante los sesentas (aunque mi favorita sigue siendo la original Gidget, de 1959). Por todo eso no veo razón alguna para recomendar Blue Crush 2; cualquier documental de surf tendrá mejores exhibiciones del deporte; para drama juvenil ya tenemos la original Blue Crush y Crazy/Beautiful (ambas del mismo director), por no mencionar otras destacadas representantes del género. Y para chicas en bikini... bueno, están leyendo esto en Internet, así que no necesito decir más. En resumen, lo único que nos deja la cinta es una atractiva propaganda turística de Sudáfrica; al menos alguien se beneficiará con este bodrio.
Calificación: 4

lunes, 20 de junio de 2011

Rubber

Me gustaría decir que Rubber es una humorística película de horror acerca de una llanta que mata gente. Pero eso solo la describe superficialmente. En realidad, Rubber es una ambiciosa (y no del todo exitosa) película "de arte" que emplea los clichés del cine slasher y el humor post-moderno para examinar temas más ambiciosos (o quizás "pretenciosos" sea la palabra correcta). Como sea, en su más básica forma logra ser una entretenida, graciosa e inteligente película que sorprende a cada paso por su ingenio narrativo, su estilo visual y los rudimentarios efectos especiales con los que da vida a su inanimado protagonista, que a pesar de ser una llanta vieja es capaz de sentir nostalgia, ira... y deseo.

El peculiar argumento comienza con una explicación sobre la importancia del concepto "sin razón", el cual existe en muchas películas clásicas, desde E.T. hasta The Texas Chain Saw Massacre ("¿Por qué el alien en E.T. es café? No hay razón"). También se nos advierte que Rubber será un homenaje a esa importante idea. Entonces presenciamos el "nacimiento" de la llanta asesina, que comienza matando animales pequeños antes de encontrar humanos que se interponen en su camino. ¿Y qué es lo que busca la llanta? Aparentemente está obsesionada con Sheila (Roxane Mesquida), una guapa mujer que conduce su pequeño automóvil rojo por el desierto y se detiene a pernoctar en un anónimo motel. Pero cuando un muchacho presencia uno de los asesinatos, se da cuenta de que la llanta está viva; desafortunadamente los policías locales no le creen... hasta que es demasiado tarde.

Definitivamente suena extraño, y eso que ni siquiera mencioné a los "espectadores", un grupo de personas que están viendo la misma película que nosotros, expresando ocasionalmente opiniones similares a las que podríamos estar pensando ("Ya me estoy aburriendo" "Espera, apenas está empezando; se va a poner mejor"). Las intervenciones de este colorido y diverso "coro griego" son generalmente graciosas, aunque no siempre funcionan, pues algunas veces pretenden ser tan "meta" que se vuelven antipáticas. En corto; si el asunto de la llanta asesina parece extravagante, la sub-trama de los espectadores es aún más "random" e incongruente. Pero bueno, todo es parte de la diversión. O del mensaje metafísico del director. De cualquier modo me hizo reír, pensar y rascarme la cabeza.

Hablando de cabeza, merecen mención los efectos especiales de Rubber, realizados con enorme ingenio artesanal (en lo que se refiere a la llanta viviente) y con diestro auxilio de compuestos digitales (para realizar las sangrientas muertes). No obstante, más allá del "realismo" de las imágenes, hay que admirar la dirección de Quentin Dupieux, estilizada pero no estorbosa, y mágicamente convincente cuando hace falta representar las "emociones" del circular protagonista. Sin necesidad de diálogos ni explicaciones podemos entender perfectamente cuando la llanta está triste, contenta o enojada. Les aseguro que existen estrellas de Hollywood con menor rango histriónico que esta llanta de goma.

Es obvio que Rubber está destinada a ser una cinta de culto, lo cual hace muy difícil evaluar sus atributos intrínsecos bajo criterios convencionales. En otras palabras, no sé si el libreto es brillante o estúpido; tampoco sé si las actuaciones del elenco humano son buenas o malas (en defensa de la talentosa actriz francesa Roxane Mesquida diré que sus torpes diálogos podrían deberse a que apenas puede hablar inglés); pero no importa, pues en ambos casos son exactamente lo que necesita el director para complementar la bizarra narrativa y hacer que todo tenga sentido... dentro de lo que puede esperarse en un pseudo-slasher donde el protagonista es un toroide negro. Ese simple hecho justifica una recomendación para Rubber, con la debida advertencia de que no hay que tomarla muy en serio... o quizás hay que tomarla MUY en serio para analizar sus profundos mensajes filosóficos y obtusas metáforas cinematográficas vis a vis la relación del cine con el espectador. O algo así. Claro que también podemos simplemente disfrutar del suspenso hitchcockiano, del gore explosivo y de la atmósfera surrealista. Y de la alegría de encontrar nuestro lugar en el mundo.
Calificación: 8.5

domingo, 19 de junio de 2011

Mi Otro Yo (The Beaver)

Entre el fracaso económico de la película Edge of Darkness y los escándalos en su vida privada, parecería que la carrera de Mel Gibson como "estrella de cine" había terminado. Afortunadamente (o desafortunadamente, según la opinión del lector) aún hay gente que recuerda el talento que lo distinguió en décadas pasadas; y ahora, gracias a la directora Jodie Foster, tenemos oportunidad de confirmar que dicho talento sigue intacto, pues aunque dudo mucho que la película Mi Otro Yo reviva la carrera de Gibson, sin duda demuestra que sigue siendo un excelente actor con la capacidad de crear personajes complicados y realistas... lo cual no podemos decir de ciertos íconos masculinos, a pesar de nunca haber tenido un escándalo público.

Mi Otro Yo examina la vida de Walter Black (Mel Gibson), dueño de una modesta compañía juguetera y padre de familia con una cariñosa esposa y dos hijos. Pero por alguna razón Walter se siente fuera de lugar en ambos roles, y termina sumido en una profunda depresión que casi arruina su empresa y lo aleja de su esposa Meredith (Jodie Foster) y de sus hijos, el pequeño Henry (Riley Thomas Stewart) y el inteligente pero tímido adolescente Porter (Anton Yelchin). Entonces, al borde del suicidio, Walter sufre un colapso nervioso que de algún modo fragmenta su identidad... y crea la personalidad alterna de El Castor, un tosco títere que el hombre porta constantemente en su mano izquierda, y que habla con acento australiano. Todos piensan que Walter enloqueció por completo; sin embargo el Castor parece tener una mejor comprensión de los problemas que aquejan a su “alter ego“, y quizás sus consejos sean el primer paso en la recuperación de Walter, no solo a nivel personal, sino social y laboral. Pero no será fácil que sus empleados y su familia acepten las palabras de un sucio monigote de felpa...

En su tercer largometraje como directora, Jodie Foster muestra buen sentido narrativo y un sobrio estilo que nunca opaca el trabajo de los actores (incluyendo el de ella misma). Quizás esto no sería muy notable en una película "normal", pero resulta un logro impresionante en una historia que nos exige creer la fractura mental del protagonista, y aceptar al castor como un personaje real y bien definido. Y ahí es donde entra el tremendo desempeño de Mel Gibson. Las primeras escenas que revelan la existencia del castor me impresionaron mucho, pues aunque obviamente tienen un tono humorístico, nunca pierden el subtexto de angustia y desesperación de un hombre tan abatido que casi parece lógica la intervención de un "ángel de la guarda" proveniente de su propio subconsciente. Es cierto que en algunos momentos se pierde ese delicado balance entre humor y drama; de hecho, el intenso clímax emocional de la historia cae brevemente en el humor involuntario; pero la película se recupera de inmediato gracias a la convicción de los actores y al fino control que Foster (como directora) tiene sobre el difícil material. Hablando de material, el títere del castor fue diseñado y construido por el veterano Tony Gardner; otro punto para Foster.

Quizás Mi Otro Yo tiende un poco al melodrama durante sus momentos finales, pero creo que están bien ganados y me parecieron satisfactorios, aunque un poco convencionales después del bizarro camino que tomamos para llegar a ellos. También hay una sub-trama que se siente como relleno, acerca de los problemas personales y académicos del joven Porter, quien maneja un negocio ilegal de escribir trabajos escolares para estudiantes que pagan por ello. Esa curiosa ocupación lo pone en contacto con la atractiva Norah (Jennifer Lawrence), y juntos descubren un inesperado romance, así como recuerdos reprimidos que los aíslan emocionalmente. Ignoro qué tan relevante sea esta historia paralela, pero al menos se siente honesta y está bien actuada por Lawrence y Yelchin, así que no estorba ni arruina la película; solo hubiera deseado que se integrara mejor a la trama principal.

Entonces, no sé quién sea el "ganador" en este concurso de talento; Mel Gibson sigue sorprendiendo con su rango e instintiva comprensión de personajes raros, pero no por ello menos humanos. Y aunque la actuación de Foster también sea muy buena, es su trabajo como directora lo que más me impresionó, no tanto por su "estilo", sino por encontrar el tono narrativo exacto para contar con éxito una historia tan inusual, sin caer en pretensiones intelectuales, y sin dejar que el humor tome la batuta (con una o dos excepciones). Honestamente no sabía qué esperar cuando entré a ver Mi Otro Yo. Pero salí contento y agradablemente sorprendido por la madurez del argumento y la calidad de las actuaciones, así que puedo recomendarla para quien quiera darle otra oportunidad a Mel Gibson. Como dije al principio, no creo que lo veamos en Lethal Weapon 5: Now I'm Really Too Old for This Shit, o en las comedias románticas que solía hacer; pero no me extrañaría que el futuro le deparara más papeles "de carácter" con los que quizás consiga su redención ante la opinión pública. Como sea, el público es quien saldrá ganando.
Calificación: 8.5

sábado, 18 de junio de 2011

El Águila de la Legión Perdida (The Eagle)

Al principio de El Águila de la Legión Perdida se recuenta rápidamente el misterio de la Novena Legión, compuesta por casi 5,000 soldados romanos que desaparecieron misteriosamente en el siglo segundo después de Cristo durante una incursión bélica en el norte de Gran Bretaña, entonces habitada por feroces tribus celtas que no sentían afecto alguno por los invasores europeos. Entonces pensé que la película sería un refrito de la misma historia que vimos en la violenta y visceral cinta Centurion, del director Neil Marshall. Sin embargo no fue así (para bien o para mal), pues El Águila de la Legión Perdida pretende ser una especie de secuela pseudo-histórica que retoma el misterio veinte años después y concentra la épica narrativa a un par de individuos que recorren la misma peligrosa región en busca de redención.

Inspirado en una novela de Rosemary Sutcliff, el guión tiene como protagonista a Marcus Aquila (Channing Tatum), hijo del general romano que estaba al mando de la Novena Legión cuando desapareció en los territorios del norte veinte años atrás. A pesar de que el ambicioso joven logró ascender rápidamente en las filas del ejército, siempre sufrió el menosprecio de sus semejantes por la deshonra de su padre, quien permitió la captura del estandarte dorado del Águila, símbolo del Imperio Romano y máxima representación de su legión. Entonces, cansado de soportar la humillación de ese legado, Marcus decide limpiar el nombre de su familia y restaurar su honor recuperando el Águila que perdió su padre, para lo cual se interna en territorio desconocido con su esclavo celta Esca (Jamie Bell) como único acompañante y traductor. Pero quizás Esca tenga otros planes una vez que regresa a su antiguo terruño, donde todos los habitantes son enemigos de su "amo"...

El director Kevin McDonald no es muy famoso, aunque tiene en su haber películas bastante buenas, desde The Last King of Scotland y State of Play, hasta el fascinante documental Touching the Void. Con esas intensas obras en su filmografía, parecería perfecta su participación en un drama “peplum“, donde la aventura y la violencia se conjugan con idealizados valores de honor, deber y justicia. El problema es que McDonald centra la película en Channing Tatum, un ex-modelo convertido en "actor" gracias a su apariencia física y no a su inexistente talento. Sin embargo, para ser justos, creo que Tatum consiguió en esta cinta la mejor actuación de su carrera... lo cual no es decir mucho. Pero al menos evita arruinarla con su monótona voz y hueca expresión. También ayuda que durante gran parte de la historia haga pareja con Jamie Bell, un sólido actor con talento real que usualmente vemos en roles dramáticos, aunque esta vez afronta con igual destreza el súbito giro a "héroe de acción", complementando las peleas de la película con calladas emociones que ocultan su auténtico propósito y motivación. Este enigmático personaje contribuye a hacer más interesante la película, y a mantenernos en suspenso durante la lenta parte central que dedica a desarrollar la relación entre el arrogante soldado romano y su astuto esclavo celta.

Lo cual me lleva a la más importante advertencia sobre El Águila de la Legión Perdida: no es una película de acción. Cierto, hay algunas épicas batallas al principio y al final, con decenas de soldados peleando entre el lodo y la neblina de las fantásticas locaciones escocesas. Pero yo estimaría que el 95% de la película está compuesto por escenas dramáticas en las que Marcus trata de conciliar su ambición militar con el legado de su padre; del afable Tío Aquila (Donald Sutherland) dándole sabias lecciones de vida sobre el error de vivir en el pasado; y, sobre todo, de Marcus y Esca caminando por el bosque y discutiendo sobre lealtad, valor y los factores sociales que dividieron a sus respectivas naciones. Suena aburrido, pero el libreto está bien escrito y hay ideas interesantes en estos intercambios que casi compensan el leeeento ritmo de estas escenas, por no mencionar el engaño general del estudio que trató de vender la película como una cinta de acción en el estilo de Gladiator o la mencionada Centurion.

Y, por si fuera poco, las escasas peleas y batallas que luce la película están casi totalmente exentas de sangre, pues El Águila de la Legión Perdida es "PG-13", así que quienes esperaban gráficas decapitaciones, fuentes de sangre y el cruento salvajismo de las tribus celtas saldrán decepcionados. Por otro lado, estimo que los estudiosos de la historia romana quedarán complacidos por el asombroso realismo y detalle que el equipo de producción consiguió al recrear este período histórico. Claro, siempre habrá expertos que encuentren anacronismos e inconsistencias culturales; pero como simple espectador quedé sorprendido por lo creíble que se "siente" la vida del siglo segundo, en algunos aspectos brutalmente primitiva, y en otros cruelmente contemporánea. Entonces, me inclino a recomendar El Águila de la Legión Perdida con la advertencia de que no es acción con un aderezo de drama, sino un inteligente drama histórico con acentos de acción para impulsar las ideas que nos presenta. Imagino que esta metódica narrativa funcionó mejor en forma de novela, pero de cualquier modo disfruté la dirección de Kevin McDonald, la impresionante cinematografía de Anthony Dod Mantle y las actuaciones de Donald Sutherland y Jamie Bell, así como de muchos otros actores secundarios que capturan la energía y contradicciones de la vida durante el origen de la civilización moderna. Habiendo dicho eso, me hubiera gustado más con gráficas decapitaciones, chorros de sangre y vísceras voladoras. Pero bueno, admito que de niño nunca saqué 10 en Historia.
Calificación: 7.5

viernes, 17 de junio de 2011

La Noche del Demonio (Insidious)

La película La Noche del Demonio es un esfuerzo conjunto del director James Wan y el guionista Leigh Whannell, más conocidos como creadores de la saga Saw, misma que prácticamente originó por sí misma el controversial sub-género de la porno-tortura. Por eso podría suponerse que una nueva colaboración de estos cineastas tendría los mismos ingredientes de sangre, crueldad y violencia que tanto éxito les dio hace una década. Afortunadamente no fue así; esta vez intentaron algo totalmente distinto, y aunque el resultado no sea muy original, consigue ser una de las más entretenidas e intensas películas de horror estrenada en cines en años recientes. Claro, si pensamos que la competencia incluye bodrios como My Soul to Take, y los re-makes de Sorority Row y A Nightmare on Elm Street, no suena como un halago significativo, pero aún así me pareció una obra muy recomendable por su tensa dirección, sólidas actuaciones y atmósfera "retro" que evoca el cine de horror de los setentas, sin perder su identidad contemporánea.

Al principio de la película conocemos a la familia Lambert, integrada por Josh (Patrick Wilson), su esposa Renai (Rose Byrne), los niños Dalton (Ty Simpkins) y Foster (Andrew Astor), y una bebé de pocos meses. Se acaban de mudar a una nueva casa, y sus vidas parecen perfectas. Pero Renai empieza a notar extraños eventos que sugieren una presencia sobrenatural. La situación empeora con un accidente casero que deja al pequeño Dalton en coma al mismo tiempo que se incrementan las manifestaciones paranormales. Temiendo que el inmueble esté embrujado, los Lambert se cambian de casa... pero se dan cuenta de que la presencia los siguió. Entonces Lorraine (Barbara Hershey), la madre de Josh, decide ignorar el escepticismo de su hijo y contacta a un equipo de investigadores que descubren extrañas energías en el nuevo hogar...

Si omitiéramos algunos detalles y los nombres de los personajes, esta sinopsis podría describir casi cualquier película sobre casas embrujadas que se haya filmado en las últimas tres décadas. En efecto, La Noche del Demonio es una amalgama de imágenes, escenas y conceptos sacados de Poltergeist, The Amityville Horror, House on Haunted Hill, The Uninvited y Paranormal Activity (por cierto, Oren Peli es co-productor de la cinta), aderezados con una atmósfera de melancolía doméstica que me recordó Don't Look Now, The Changeling y otras obras de terror "serio" realizadas en los setentas. Y así podría continuar comparándola con otras cintas, y señalando las similitudes, imitaciones o quizás "homenajes" que dan forma a su argumento. Sin embargo eso sería como describir un platillo mencionando tan solo los ingredientes que contiene. Afortunadamente La Noche del Demonio es más que la suma de sus partes, gracias al ingenio del libreto, energía de la dirección y fuerza de las actuaciones, no necesariamente "buenas", sino solemnes cuando deben serlo y con el más tenue guiño humorístico cuando lo requieren para hacernos cómplices del horror. En otras palabras, un plato de sobras tan diestramente cocinado que disimula su falta de frescura para deleitarnos con deliciosos sabores, texturas y sobresaltos (creo que este último no encaja en la analogía gastronómica).

Como toda buena película de fantasmas (o lo que sea), La Noche del Demonio avanza sin prisas, apretando gradualmente las tuercas del suspenso hasta que nos sentimos paranoicos con cualquier sonido o movimiento en los bordes de la pantalla. Y, como en muchas de estas historias, también hay un drama personal que acentúa la angustia de los personajes cuando enfrentan "lo desconocido" y se dan cuenta de que el mundo es mucho más extraño y amenazador de lo que imaginaban. Supongo que Rose Byrne tiene el papel protagónico, pues son sus reacciones ante los eventos paranormales lo que dicta el desarrollo de la historia. Patrick Wilson como su esposo es apropiadamente escéptico y renuente a "perder el control" de situaciones que ni siquiera comprende. Y como la "medium" a cargo de la investigación tenemos a la siempre audaz Lin Shaye, por fin en un papel que la respeta no solo como veterana del género fantástico, sino como una genuinamente talentosa actriz.

De todas las películas que mencioné previamente, creo que Poltergeist es el modelo más cercano a la estructura y temas de La Noche del Demonio. Sin embargo, a diferencia de aquel venerable clásico, esta vez los efectos especiales se mantienen al mínimo, con muy pocas instancias de trucos digitales y una refrescante variedad de efectos obtenidos en cámara, o con métodos tradicionales de maquillaje y edición (por curiosidad vean en los créditos finales a cuántas marcas de maquillaje se agradece). Este minimalismo visual subraya la importancia del suspenso y la atmósfera para producir terror, y me sorprendió mucho encontrar que Wan y Whannell (suena como dueto tecno-pop) hayan echado mano de estas estrategias para conseguir mayor impacto visceral y emotivo que con la sangre e imaginativas torturas de Saw (por cierto, debo mencionar que ya habían colaborado antes en Dead Silence, la cual me pareció entretenida, pero nada memorable).

Entonces, si algún defecto le encontré a La Noche del Demonio es que los veinte minutos finales requieren ignorar algunas fallas lógicas y aceptar una cosmología bastante cuestionable (al menos en lo que respecta a mi ideología personal). Pero para entonces yo ya estaba irremediablemente atrapado por la historia, y con una gran sonrisa en espera del siguiente golpe bajo que me arrojara esta película. Sin duda la recomiendo, tanto para fans del género como para espectadores casuales que están aburridos del hueco gore y de los fantasmas digitales del horror contemporáneo. Y aunque me gustó mucho verla en un cine oscuro y con pocos espectadores, espero sinceramente que encuentre a su público, pues incluso en DVD podría funcionar muy bien como "party movie" en compañía de amigos... o enemigos. Ojalá Wan y Whannell decidan filmar nuevamente juntos; si lograron esto con la cansada fórmula del cine de fantasmas, me gustaría ver su interpretación de zombies, vampiros, hombres lobo, o algún otro ícono del terror que haya sido diluido por el blando cine comercial.
Calificación: 9