viernes, 31 de diciembre de 2010

La Familia de Mi Novia: Los Pequeños Focker (Little Fockers)

A fines del siglo pasado Robert De Niro empezó a experimentar con el género de la comedia, y admito que en un principio resultó más o menos gracioso ver al clásico tipo rudo de las películas de Scorsese comportándose como bufón en Analyze This y la original Meet the Parents. Pero a lo largo de diez años lo hemos visto desperdiciar la buena voluntad de sus fans en comedias que no hacen reír, y en dramas que involuntariamente provocan risas. Desafortunadamente Los Pequeños Focker continúa esa tendencia descendente (desde la previa Meet the Fockers), y tampoco merece la más mínima recomendación por su plano libreto, ridículos personajes y total carencia de ingenio.

El título de Los Pequeños Focker sugiere que el argumento girará en torno a las dificultades que enfrenta una pareja cuando tienen hijos; pero los "pequeños Fockers" son simplemente un accesorio para disimular que estamos viendo la misma historia de las dos previas películas: el eterno conflicto entre el rudo Jack Byrnes (Robert De Niro) y su yerno, el atolondrado Greg Focker (Ben Stiller), a quien Jack nunca consideró suficientemente bueno para casarse con su hija. Esta vez los problemas comienzan cuando Jack sufre un infarto, y aunque sobrevive, se pone a pensar que la familia se quedará sin líder cuando él falte. Entonces, tratando de averiguar si Greg tiene el talento y disciplina necesarios para tomar el papel de patriarca, Jack descubre que su yerno quizás esté engañando a su esposa con Andi García (Jessica Alba), la guapa representante de una medicina para la disfunción eréctil que además es experta en sondas anales. Y, para complicar las cosas, Greg tiene que lidiar con los preparativos de la fiesta de cumpleaños que prometió a sus hijos, mientras su esposa está enferma en cama y sus propios padres... ¿saben qué? Olvídenlo. Baste decir que el argumento de Los Pequeños Focker no contiene una historia definida; solo excusas para humillar a su protagonista en cada escena.

Creo que esta franquicia "cómica" es como una infección que contagia a grandes actores del pasado, y les hace creer que serán adorados por nuevas generaciones si aceptan participar en estas absurdas películas. Y lo peor es que no es una idea descabellada. Entonces, admito que puede haber algunas risas en Los Pequeños Focker para personas que encuentren gracioso ver a Robert De Niro con una erección de cinco horas, o a Barbra Streisand hablando sobre condones musicales, o a Dustin Hoffman aprendiendo a bailar Flamenco, o a Harvey Keitel como albañil irresponsable, o a Laura Dern pensando que Jack y Greg son una pareja homosexual. Además, como premio de consolación, Jessica Alba tiene a bien hacer una larga escena en ropa interior para que funcione la sub-trama del "adulterio" de Greg. El problema es que todos los chistes son predecibles y no muy chistosos, aún bajo la dirección del ocasionalmente efectivo Paul Weitz. Y, claro, no puede faltar el mensaje de unidad familiar (o algo así) al final, para justificar los tediosos desfiguros de la trama y dejarnos con una teórica sensación de calidez humana.

La única escena de Los Pequeños Focker que me hizo sonreír fue una parodia de Jaws que llega casi al final de la película; por lo demás, me pareció un aburrido desperdicio de buenos actores y de un director con potencial, siempre y cuando tenga un libreto que lo respalde. Para no parecer tan negativo diré que Los Pequeños Focker me desagradó menos que Grown Ups o Killers (otra cinta sobre conflictos suegro-yerno). Pero eso no basta para darle una recomendación y solo demuestra que estos bufones fueron menos antipáticos que aquellos bufones. Como sea, sospecho que la franquicia todavía tiene mucho que explorar en las permutaciones y doble sentido de la palabra "focker", así que probablemente veremos más secuelas antes de que De Niro, Stiller y compañía se cansen de recibir dinero fácil. Fockers.
Calificación: 5

martes, 28 de diciembre de 2010

Cortes Rápidos: Suck; The Dark Lurking; Titanic 2

Suck
Nota: Por favor no confundir Suck con la atroz Vampires Suck. Aunque también incluye romance y vampiros, Suck destaca por su ingenioso libreto, no muy original en su estructura, pero lleno de simpáticos detalles que la elevan por encima de la simple "fiebre vampírica" contemporánea. La trama sigue a una banda de rock semi-amateur con el irónico nombre de "The Winners" en su patética gira por Canadá y los Estados Unidos, donde solo encuentran audiencias apáticas y nulo respeto de otros músicos. Pero cuando un vampiro muerde a Jennifer (Jessica Paré), la bajista del grupo, las cosas empiezan a cambiar, y cada vez más gente asiste a sus presentaciones... pero no por la música, sino por la misteriosa atracción que Jessica ejerce sobre ellos. Desafortunadamente la joven necesita comer, y está dejando un rastro de cadáveres en las ciudades que visitan... lo cual ha despertado las sospechas de Eddie Van Helsing (Malcolm McDowell), un tenaz cazador de vampiros que lleva varias décadas obsesionado por vengar la muerte de su novia. ¿Podrá sobrevivir Jennifer al implacable cazador? Y, ¿podrá sobrevivir el grupo esta nueva faceta de su carrera?

El humor de Suck no es precisamente sofisticado, pero no niego que me hizo reír con sus simpáticos diálogos y su sensibilidad "geek". Obviamente el director y guionista (¡y actor principal!) Rob Stefaniuk tiene genuino afecto por el terror y por el rock, pues así como incorpora traviesas referencias a los clásicos de vampiros (en particular me gustó la versión franco-canadiense de Renfield), también se burla a más y mejor de la industria musical (ya de por sí vampírica por derecho propio) y su obsesión con sacrificar toda integridad a cambio del éxito. Y, claro, no pueden ignorarse los ocasionales cameos de músicos famosos, incluyendo a Alice Cooper, Alex Lifeson, Moby, Iggy Pop, y Henry Rollins como un hilarante locutor de radio (¿por qué no actúa más seguido?). Irónicamente, la música de la película no resulta muy buena o interesante; simple rock genérico que cumple su función de hacernos creer que The Winners es un grupo con mediano talento... pero no lo suficiente para buscar sus canciones en iTunes. Como sea, Suck no es un musical sino una comedia de horror con más momentos buenos que malos, sólidas actuaciones y suficientes risas para balancear los momentos “terroríficos“. Me hubiera gustado que fuera más violenta o sangrienta, y que tuviera mejor música; pero aún así puedo recomendarla porque al menos trató de hacer algo diferente con vampiros, y porque me gustó ver a Jessica Paré en un papel con más dignidad que su gratuito cameo en Hot Tub Time Machine.
Calificación: 7

The Dark Lurking
Sabía de antemano que The Dark Lurking no sería exactamente una gran película, pero tenía curiosidad por verla debido a que me recordó todos aquellos refritos de Alien que vi en Beta y VHS durante los ochentas y noventas. Además, por tratarse de una producción australiana podría sorprenderme con un carácter distinto al del típico cine B norteamericano. La realidad, sin embargo, fue mucho peor de lo que esperaba... y al mismo tiempo mejor. No quiero decir que The Dark Lurking sea una película "tan mala que es buena", pero quizás podría aceptar "tan mala que me mantuvo interesado en su constante ineptitud". El argumento es apropiadamente ambicioso: en un remoto planeta hay una base científica subterránea donde se realizan enigmáticos "experimentos metafísicos"; desde luego algo sale mal y la tripulación empiezan a convertirse en criaturas mutantes que atacan salvajemente a los aterrados sobrevivientes. Entonces un grupo de aguerridos mercenarios y científicos deberán ascender lentamente hasta la superficie del planeta, donde tal vez podrán encontrar una nave funcional que los ayude a escapar. Pero no será tan fácil pues, además de los monstruos, tendrán que combatir traiciones, paranoia y conflictos internos.

Uf... ¿por dónde empezar? Creo que lo peor de The Dark Lurking son las actuaciones. No estoy seguro, pero parece que todas las voces están dobladas en post-producción (¿tal vez los acentos australianos eran demasiado densos?). Como sea, los constantes gritos, órdenes y peleas de los personajes se sienten increíblemente falsos, haciendo imposible que nos "metamos" a la historia o que tomemos en serio el peligro que corren los personajes. Y si añadimos a eso los insulsos diálogos repletos de clichés ("Si no te callas, la siguiente bala va a tu cabeza"), podemos suponer que ni un elenco de talentosos actores hubiera sacado a flote esta indescriptible bazofia. Al menos el director Gregory Connors sabe que el único modo de mantener despierto al espectador es con sangre y violencia, y de eso hay bastante. La cinta tarda demasiado en revelar el origen de las criaturas, pero no hace falta saber su procedencia para apreciar el "gore", tripas y "headshots" que literalmente empapan los escenarios durante gran parte del tiempo. Ese entusiasmo por los efectos tradicionales me pareció uno de los escasos aciertos de The Dark Lurking, pues la distingue de tantas otras "creature features" saturadas de baratos efectos digitales. Otra cosa que me gustó fue la revelación del origen de los monstruos. Como dije, llega demasiado tarde y no se explora lo suficiente, así que queda como mera curiosidad en vez de convertirse en el impulso narrativo de la película. No, The Dark Lurking no merece recomendación, excepto para estudiosos del más torpe cine B que acepten hora y media de ineptitud a cambio de unas cuantas buenas escenas y muchas risas accidentales por cortesía del espantoso elenco. Habiendo dicho eso, admito que esta cinta me pareció mejor que aquellos refritos de Alien de los ochentas, pues no se siente como el mercenario proyecto de un cineasta amateur, sino como la labor de amor de un auténtico fan. El entusiasmo sin duda cuenta.
Calificación: 6 (punto extra por el hiper-violento final)

Titanic 2
Generalmente evito los "mockbusters" del estudio The Asylum pero, por favor... ¿Titanic II? El puro título es un reto para quienes nos preciamos (avergonzamos) de disfrutar todo tipo de detritus fílmico, y aunque en este caso no sea exactamente una película de terror, les aseguro que Titanic II provoca abundantes escalofríos y violentas reacciones viscerales. La trama sigue el espectacular viaje inaugural del trasatlántico Titanic II, aún más grande, lujosos y decadente que el original. A bordo, por supuesto, encontramos una colección de pintorescos personajes enfrascados en sus "interesantes" dramas particulares, desde la tímida enfermera Amy Maine (Marie Westbrook) hasta el arrogante Hayden Walsh (Shane Van Dyke), diseñador del buque e idiota profesional. Pero cuando un glaciar amenaza con arruinar la travesía, solo el sagaz dueto del Prof. Maine (Bruce Davison) y la Dra. Kim Patterson (Brooke Burns) podrá evitar la muerte de miles de pasajeros... incluso si para hacerlo deben pedirle ayuda a Megashark.

Estoy bromeando. Ojalá aparecieran Megashark o Giant Octopus en Titanic II, pues quizás así la historia sería un poco más ágil e interesante. Desafortunadamente el director, escritor y actor Shane Van Dyke insiste en tomar demasiado en serio su película, dedicando mucho tiempo al tedioso melodrama que se desarrolla entre los pasajeros del barco, y luego al confuso accidente que amenaza con hundirlo (¿spoilers?), con repetitivas escenas de pasajeros corriendo aterrorizados y marinos con rostro preocupado viendo la pantalla verde y tratando de imaginar lo que los “expertos“ en efectos especiales añadirán en post-producción. Y mejor ni hablemos de los científicos, guardias costeros y personal de rescate que trata de coordinar esfuerzos para evitar la catástrofe marítima más grande desde el original Titanic. Aún no entiendo cómo un avión puede estrellarse en pleno vuelo contra una ola. Pero bueno... a fin de cuentas podemos confiar en que la mediocre producción nos mantendrá entretenidos con malos efectos especiales, ridículos escenarios y actuaciones tan solemnes y entusiastas que casi lograron conmoverme. No porque fueran buenas, sino porque es raro encontrar tal convicción en actores de películas B; no tengo muchos halagos para el director/escritor/actor/genio Shane Van Dyke, pero debo admitir que logró inspirar a su elenco más allá de lo que garantizaría su dirección o su libreto. Entonces, Titanic II puede funcionar como un mal chiste a costa de la super-exitosa cinta de James Cameron; o puede tomarse como un genuino esfuerzo de The Asylum por dar el primer paso hacia la legitimidad narrativa. Como sea, me decepcionó por no ser tan monumentalmente mala como yo esperaba (lo cual no significa que sea buena), y por no aceptar el humor inherente en su premisa... y en su mera existencia. Lo mejor que puedo decir sobre Titanic II es que me hizo reconsiderar ver otra de las nuevas épicas marítimas de The Asylum: Moby Dick. Al menos ahí sí podré ver un monstruo gigante.
Calificación: 5

domingo, 26 de diciembre de 2010

El Listón Blanco (The White Ribbon)

Parece extraño que el director Michael Haneke, más conocido por sus intensos thrillers, realice una drama histórico que emula el claroscuro visual y la melancolía narrativa de Ingmar Bergman. Sin embargo el argumento de El Listón Blanco guarda tantas terroríficas sorpresas como el resto de su filmografía, aunque esta vez deja el horror en la mente del espectador, limitándose a mostrarnos los aspectos más mundanos que rodean el colapso moral y espiritual de un pequeño pueblo alemán en los días previos a la Primera Guerra Mundial. O algo así.

El pueblo es Eichwald, donde una serie de incidentes sugieren una conspiración, o algún tipo de maldad filtrándose en las simples y honestas vidas de los campesinos, comerciantes y dirigentes de la comunidad. Un acto de sabotaje hace caer el caballo del médico local, quien sufre graves heridas; una mujer muere al caer en un molino de grano; el hijo del hombre rico del pueblo es brutalmente azotado; se quema misteriosamente la granja de un vecino. Al mismo tiempo presenciamos el tímido romance entre el profesor de la escuela (también narrador de la película) y una joven nodriza cuyo padre no aprueba el noviazgo. Y eso es todo. No hay realmente "pistas" para resolver el misterio. Tal vez ni siquiera existe un misterio. Simplemente vemos los síntomas de corrupción en una comunidad aislada y asfixiada por sus propias tradiciones y rígidas jerarquías.

En cierto modo entiendo por qué El Listón Blanco fue premiada con la Palma de Oro en Cannes, entre muchos otros premios internacionales (incluyendo el Globo de Oro por Mejor Película Extranjera). Como dije, su elegante manufactura recuerda el auténtico "cine de arte" europeo de mediados del siglo veinte, frío en la superficie, pero con hirvientes emociones ocultas por el protocolo habitual del “viejo continente“. Por otro lado, es difícil entender lo que Haneke quiere decirnos. El período histórico de la trama (justo antes de la Primera Guerra Mundial) y los comentarios del narrador (quien menciona gravemente "el desolador futuro de su país") podrían indicar que la película trata de capturar el descontento social que fomentó el movimiento nacionalista... y el eventual ascenso del nazismo. O quizás el sentido de la película sea mostrar la inherente "maldad" que se desarrolla a partir de la intolerancia; o tal vez el punto es que no existe la maldad... solo puntos de vista distintos, donde la atrocidad de uno es el acto heroico de otro.

Como sea, hay mucho que admirar en El Listón Blanco (empezando por la extraordinaria cinematografía en blanco y negro de Christian Berger), pero Haneke lleva la oblicua historia a niveles larsvontrianos (adj. def.: Relativo a Lars von Trier; ej. "Las fotos de tus vacaciones están larsvontrianas") de pretensión y ambigüedad narrativa. Indudablemente admiro el gran talento de Haneke para generar angustia y temor sin apelar a los clichés del thriller; hay escenas en El Listón Blanco filmadas con frialdad clínica que sin embargo resultan más perturbadoras que cualquier cosa jamás filmada por Alfred Hitchcock (sí, lo dije). No obstante, me hubiera gustado que todos esos rodeos emocionales, escandalosas revelaciones y sutiles rencores estuvieran enfocados a un punto más claro y accesible. En fin… supongo que Haneke no está interesado en darnos respuestas, sino en plantear preguntas, lo cual puede ser estimulante y satisfactorio… o arbitrario y frustrante. Para mi, El Listón Blanco fue mitad y mitad; por lo tanto, solo puedo recomendarla para quienes se arriesguen a ver "arte" que muy bien podría ser el embuste de un artista cegado por su propia visión.
Calificación: 7

sábado, 25 de diciembre de 2010

Tron: El Legado (Tron: Legacy)

Es difícil de creer hoy, pero en 1982 las computadoras personales y los videojuegos eran fenómenos suficientemente nuevos para tener una cierta aura de misterio... como si fueran ventanas a un futuro con enorme potencial pero difusa forma, que no era fácil de asimilar para la gente "normal". En ese entorno la original película Tron capturó nuestra imaginación con una fantasía un tanto absurda (programas antropomórficos viviendo heroicas vidas y alto drama en el interior del "mainframe") pero accesible para quienes vagamente comprendíamos las complejidades del naciente mundo digital. Ahora, casi treinta años después, tenemos millones de personas interconectadas, viviendo prácticamente la mitad de sus vidas en esa "frontera digital", infinitamente dinámica y en constante expansión. ¿Cómo afectaría esa evolución al elegante y austero "grid" que vimos en Tron? Desafortunadamente el director Joseph Kosinski prefirió ignorar el efecto de esa explosión informática al realizar la secuela Tron: El Legado, descartando las ideas sembradas en la primera película y enfocándose tan solo en el "upgrade" visual para darnos una predecible fantasía heroica; pero, eso sí, visualmente impresionante. En otras palabras, otro triunfo de estilo sobre sustancia que desperdicia la oportunidad de alcanzar el nivel visionario de la cinta original. Aún así creo que Tron: El Legado es un fantástico espectáculo que al menos cubre los más modestos y simplistas requerimientos del moderno cine "blockbuster".

Al principio nos enteramos de lo ocurrido después de la primera película: Kevin Flynn (Jeff Bridges) condujo exitosamente la corporación ENCOM durante varios años; pero cuando desapareció misteriosamente en 1989, la junta de directores tomó control de la empresa, ignorando los principios de libertad y apertura tecnológica que Flynn siempre mantuvo. Su hijo Sam (Garrett Hedlund) heredó parte de ENCOM pero tiene poco control sobre las operaciones, y su único aliado parece ser su mentor Alan Bradley (Bruce Boxleitner), quien un día le muestra un enigmático mensaje que parece ser del desaparecido Kevin. Siguiendo la pista del mensaje, Sam llega a la derruida "arcadia" que alguna vez manejó su padre, y descubre el portal de acceso al "Grid"... el mundo virtual que Kevin Flynn desarrolló con la intención de ayudar a la humanidad. Pero algo salió mal en la "frontera digital", pues en vez de libertad informática Sam encuentra opresión totalitaria impuesta por el inflexible Clu (Jeff Bridges), un programa diseñado por Flynn para crear un sistema "perfecto". Entonces Sam se da cuenta de que su presencia en el grid no es accidental, pues sólo la influencia de un "usuario" humano podrá emancipar a los programas esclavizados por Clu; y solo podrá lograrlo con ayuda de algunos oportunos aliados, incluyendo a la guapa Quorra (Olivia Wilde), quien oculta varios secretos sobre su pasado.

Entiendo que a fin de cuentas Tron: El Legado es una película de Disney diseñada para atraer a la mayor cantidad de espectadores posibles, pero creo que cintas como Inception, The Matrix y District 9 demostraron que la sofisticación narrativa no está necesariamente peleada con el éxito económico. Por eso me decepcionó tanto encontrar en Tron: El Legado un libreto predecible e insustancial, apenas salpicado por algunas ideas interesantes que no hay tiempo de explorar porque se le da más importancia a las peleas en cámara lenta, vertiginosas persecuciones y demás clichés del cine de acción. Desde luego disfruté esas frenéticas escenas en su más simple nivel; pero la experiencia hubiera sido infinitamente más satisfactoria si se hubiera puesto igual cuidado en escribir un libreto que desafiara nuestra imaginación, o que nos pusiera a pensar con conceptos innovadores extrapolados de la realidad digital que vivimos todos los días. Y no hubiera sido tan difícil, usando una pequeña parte del enorme presupuesto de esta película para pagar asesoría de algunos brillantes escritores "cyberpunk", como William Gibson, Rudy Rucker o Bruce Sterling. Ni siquiera hacía falta que ellos escribieran el libreto; hubiera bastado con que aportaran algunas jugosas ideas que sirvieran como fundamento del drama e hicieran la accion menos frívola y gratuita. Porque, honestamente, la típica receta heroica de "tirano opresor contra valientes rebeldes" no basta para mantener vivo el "legado" (ahem) de la original Tron.

Pero bueno... quizás fue mi culpa esperar auténtica ciencia ficción en una película de ciencia ficción (típico error geek). Hubiera sido más realista aceptar que la única lógica que le interesa a Tron: El Legado es la lógica de Hollywood, donde el héroe puede sobreponerse a cualquier obstáculo a base de simple actitud y "coolness", al mismo tiempo que gana el corazón de la chica (artificial) y resuelve sus "daddy issues" con el padre que lo abandonó años atrás. Y, por supuesto, cada escena de introspección y apertura emocional debe culminar en mucha acción para recuperar la atención de quienes estaban aburriéndose con los trémulos diálogos sobre "el mundo perfecto", o el abandono paterno. Y vaya que hay partes aburridas, en especial esos largos e inútiles monólogos semi-dramáticos con poca relevancia para la historia, que ni siquiera ayudan al desarrollo de los personajes, pues los genéricos actores no parecen muy convencidos con sus papeles. La excepción desde luego es Jeff Bridges... con lo cual no quiero decir que actúe bien (creo que exagera demasiado su rol de gurú hippie - "Radical, man!"), sino que al menos trata de inyectar energía en sus escenas para evitar perderse entre el diseño de producción.

Lo cual nos lleva al aspecto visual de Tron: El Legado, cuyo uso de la técnica tridimensional supera al de casi cualquier película que haya visto, no necesariamente porque sea muy "real" (como, por ejemplo, lo fue Avatar), sino porque su abstracto mundo dicromático se conjuga muy bien con el 3D para darnos una experiencia sensorial única. Hay muchas escenas de dudosa utilidad narrativa (por ejemplo, un combate aéreo cerca del final) pero con indiscutible valor estético, que incluso funcionarían como impresionantes "performances" de arte audiovisal, con la parte del "audio" perfectamente cubierta por la sólida banda sonora del dueto francés Daft Punk. Y para nosotros los viejos, hay abundantes referencias al Tron original, desde el póster, videojuego y juguetes hasta las frases clásicas ("Greetings, program"; "That's a big door"). Claro que, en mi humilde opinión, nada de eso compensa las incontables pifias e inconsistencias del libreto (¿por qué hay lluvia en el mundo virtual? ¿por qué los villanos no pueden hacer copias infinitas de la información que tanto necesitan? ¿por qué cambian tan arbitrariamente las capacidades físicas de los personajes según el nivel de suspenso que requiera la escena?), ni tampoco me hacen olvidar el torpe final, al mismo tiempo simplista, anticlimático y confuso que trata de resolver con emociones los tremendos agujeros lógicos que implica (ah, ya me acordé... es lógica de Hollywood, no lógica lógica). Sin embargo no cabe duda que el tremendo logro artístico de Tron: El Legado hace más pasable su deficiente historia, y aunque no puedo recomendarla como ciencia ficción, sin duda representará una sólida experiencia cinematográfica para quien busque simple espectáculo. Admito que casi logró convencerme. End of Line.
Calificación: 7

jueves, 23 de diciembre de 2010

Easy A

En más de una ocasión he lamentado el aparente deceso de la comedia juvenil a manos de la distribución directa a DVD, cuyos bajos costos de producción permiten que los estudios cinematográficos puedan ganar dinero con cualquier bazofia que incluya un par de bufones desconocidos, algunas modelos sin objeción de desnudarse innecesariamente, y las obligatorias escenas "cómicas" repletas de asquerosidades que dejaron de ser graciosas hace treinta años. Por eso, cuando llega una comedia juvenil con actores reales y un director con sólida trayectoria, es motivo de regocijo... y desconfianza, pues ¿cuántas veces hemos visto la receta arruinada por ingredientes de mala calidad? Afortunadamente Easy A justifica el regocijo, pues si bien toma "prestados" conceptos y temas de algunas clásicas del género, lo hace con suficiente humor, inteligencia y personalidad para entibiarle el corazón hasta al más amargado viejo que no acepta nada realizado después de 1985 (yo).

La trama de Easy A comienza con un "webcast" en el que la joven Olive (Emma Stone) pretende aclarar una desafortunada serie de eventos que comenzaron con una inocente mentira sobre su virginidad, y terminaron sacudiendo la frágil jerarquía de la escuela preparatoria a la que asiste, así como las vidas de sus amigos, su familia y hasta sus maestros. Entonces, por medio de "flashbacks", nos vamos enterando del peligro que representa buscar popularidad por medio de mentiras... sobre todo cuando se salen de control y amenazan con convertirse en realidad.

Esa breve sinopsis sugiere que Easy A es una combinación de Mean Girls y iCarly (o algo así) pero en realidad el argumento toma la novela clásica La Letra Escarlata (o, mejor dicho, sus adaptaciones cinematográficas) como modelo para ilustrar la hipocresía de la "sociedad" y la presión que experimentan las mujeres por acatar estándares de comportamiento poco realistas. Sin embargo no hace falta sobre-analizar el argumento de esta divertida comedia porque, independientemente de su válido mensaje, lo que mejor funciona es el excelente ensamble de actores y el agudo libreto de Bert V. Royal, quien toma la típica premisa de "adolescente tratando de perder la virginidad" y le da un giro suficientemente creativo para que parezca original. Y ese es el mejor halago que puede hacerse en un género repleto de clichés y estructuras pre-fabricadas.

Hablando de halagos, el director Will Gluck encontró a la protagonista perfecta en Emma Stone, quien demuestra aptitudes apenas percibidas en cintas como Zombieland y Superbad. No sé si realmente sea una buena actriz, pero basta con que haya encontrado el rol exacto para explotar sus aptitudes; para bien o para mal, estimo que Easy A definirá su carrera futura, y solo queda esperar que posea el rango y la ambición adecuados para no quedar encasillada en insípidas comedias románticas. En los papeles secundarios podemos encontrar más coincidencias afortunadas entre personajes y actores, desde la gran Patricia Clarkson y Stanley Tucci como los ridículamente liberales padres de Olive, hasta Dan Byrd como el joven homosexual con una interesante propuesta para la protagonista. Thomas Haden Church y Lisa Kudrow son profesores con buenas intenciones y mala suerte; Haden Church en particular roba todas sus escenas gracias a una tácita comprensión del mundo adolescente. Por el lado de los estudiantes Aly Michalka se siente un poco exagerada en el papel de Rhiannon, la mejor amiga de Olive; supongo que es consecuencia de su larga asociación con el Disney Channel. Y, hablando de ex-estrellas infantiles, también me gustó la participación de Amanda Bynes como la ultra-religiosa estudiante que simultáneamente trata de "salvar" y destruir a la pecaminosa Olive. Ojalá hubiera tenido más escenas, pero eventualmente su papel de villana se extravía entre el excesivo drama reinante. El único que me pareció fuera de lugar fue Penn Badgley (más conocido como Dan Humphrey en Gossip Girl). No me cae mal, y cumple su labor de blando "romance alterno" de la protagonista... pero, en serio, se ve al menos diez años más viejo que el resto de los "estudiantes", lo cual me pareció una distracción innecesaria (en realidad es solo dos años más grande que Emma Stone).

Y ya que estoy quejándome, también diré que Easy A concluye satisfactoriamente, pero antes debe pasar por una "explosión" dramática que envuelve a demasiados personajes y por consiguiente diluye la fuerza del mensaje y enturbia un poco la narrativa que al principio parecía tan enfocada y eficiente. Claro, esta es una queja menor, y solo la menciono porque el resto de la película funciona tan bien que sus ocasionales tropiezos tienden a resaltar más. Entonces, me da mucho gusto haber encontrado una comedia juvenil que no provoca pena ajena, y que podría ocupar un lugar cercano a mis favoritas del género, como Clueless, Bring It On, Can't Hardly Wait y la mencionada Mean Girls. Es obvio que el director Will Gluck tiene talento para este tipo de material (también disfruté muchísimo su previa cinta, Fired Up, así como las series de televisión que produjo); y si se atreve a copiar de los titanes del género (como John Hughes) no es por falta de ideas, sino porque quiere aplicar su propia sensibilidad a los eternos temas que manejan las mejores comedias juveniles. Esperemos que siga usando ese talento para rescatarnos de la enésima secuela de American Pie, o de las baratas "comedias" directas a DVD cuyos títulos incluyen palabras como "cougar", "high", "frat" o "booty". Sospecho que ninguna de esas se inspira en una novela clásica de Nathaniel Hawthorne.
Calificación: 9

lunes, 20 de diciembre de 2010

Barry Munday

Con la cinta The Accidental Husband pensé haber encontrado la peor premisa posible para una supuesta comedia romántica (un "hacker" casa legalmente a dos personas que se odian); luego llegó The Switch a demostrar que aún era posible caer más bajo (un hombre intercambia su esperma con... ah, olvídenlo). Y, claro, ahora llega Barry Munday para recordarnos que, simplemente, no hay límite para la imaginación (o falta de la misma) en Hollywood. No obstante, lo que comienza como una historia ridícula y afectada termina en una nota cálida y amable, gracias a los actores y a su sólido manejo de emociones, que esta vez se siente un poco más honesto de lo habitual. Claro que nada de eso redime a Barry Munday de ser otra mala comedia romántica, incluso si es por razones distintas a las normales.

El epónimo Barry Munday (Patrick Wilson) es un patético oficinista adicto a las mujeres, que pasa su tiempo libre en compañía de un odioso amigo tratando de seducir secretarias en bares cercanos a su trabajo. Pero cuando accidentalmente dirige su atención a una adolescente, el padre de la chica lo ataca con una trompeta y revienta sus testículos (en serio). Entonces Barry despierta en el hospital con la mala noticia de que fue necesario amputar ambas glándulas, lo cual parece poner fin a su carrera de mujeriego. Y, por si eso no bastara, a los pocos días Barry recibe una demanda de paternidad de la agria y conflictiva Ginger Farley (Judy Greer), a la que él ni siquiera recuerda, aunque ella asegura que tuvieron relaciones después de una borrachera en su bar favorito. Entonces, enfrentando la perspectiva de soledad eterna, Barry decide asumir sus deberes paternales y acompaña a Ginger a lo largo del embarazo. ¿Lograrán reconciliar sus dispares personalidades para beneficio de su hijo futuro?

Admito que este no es el tipo de películas que habitualmente veo en DVD, pero esta vez tuve una buena razón: Judy Greer. Soy fan de esta actriz desde hace mucho tiempo (quizás desde Jawbreaker), y durante años he estado esperando que se le reconozca por su increíble talento cómico. Desafortunadamente parece encasillada en papeles secundarios de "mejor amiga" o "secretaria parlanchina", aunque incluso en esos ingratos roles logra que muchas mediocres cintas sean al menos tolerables. Por eso tuve la vaga esperanza de que Barry Munday fuera por fin su papel estelar definitivo. Bueno... no lo es. Pero es un buen comienzo, pues el complejo libreto (no lo digo necesariamente como halago) le exige vaivenes dramáticos que rara vez habíamos visto en su clásico repertorio de sarcasmo e irreverencia.

En fin... admito que estoy tratando de encontrar el lado positivo de una comedia romántica torpe y no muy graciosa. Por lo tanto, mejor ni mencionar el desperdicio de un agradable elenco secundario que incluye a Chloe Sevigny como la hermana de Ginger (sí, el papel que Greer ocuparía si Barry Munday tuviera a Jennifer Aniston o Reese Witherspoon como protagonistas); Malcolm McDowell y Cybill Shepherd como los comprensivos padres de ambas jóvenes; Missi Pyle en pleno modo agresivo; y breves apariciones de Colin Hanks, Mae Whitman, Emily Procter y Kyle Gass (confesando que orina sentado). Entonces, estimo que las únicas personas que disfrutarán marginalmente de esta irregular película son los más indulgentes fans de Judy Greer (como yo). Aunque, pensándolo bien, sería mejor invertir ese tiempo escribiendo furiosamente a 20th Century Fox para exigir el lanzamiento en DVD de la serie Miss Guided, donde Greer pudo brillar en televisión, aunque fuera efímeramente. No quiero pensar que su mejor trabajo quedó en el pasado, pero hay que contemplar la posibilidad de que así sea. Ni hablar; y, mientras tanto, Katherine Heigl sigue ganando papeles estelares.
Calificación: 6 (sin Judy Greer sería 4)

sábado, 18 de diciembre de 2010

Las Crónicas de Narnia: La Travesía del Viajero del Alba (The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader)

Pues sí, en vista de los escasos estrenos este fin de semana, decidí tragar mis palabras y ver Las Crónicas de Narnia: La Travesía del Viajero del Alba a pesar de no tener mucho interés en ella, y además de que nunca vi completa Prince Caspian, la previa cinta de la saga. Afortunadamente el resultado fue una maravillosa experiencia repleta de magia, humor e interesantes personajes. Por supuesto me estoy refiriendo al sueño que tuve cuando me dormí a la mitad de esta tediosa película.

El argumento (por llamarlo de algún modo) comienza con Lucy y Edmund Pevensie (Georgie Henley y Skandar Keynes, respectivamente) viviendo en Londres con su antipático primo Eustace (Will Poulter) durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces, sin razón aparente, una pintura náutica cobra vida y los transporta mágicamente al mundo de Narnia, donde son rescatados por el Rey Caspian (Ben Barnes), quien los lleva en una serie de aventuras a bordo del buque Viajero del Alba que culminan con la búsqueda de siete espadas necesarias para combatir una extraña neblina verde que está causando estragos en el mágico reino. ¿Quién estará detrás de ese artero ataque?

Quizás la razón por la que no me gusta esta serie es que leí el primer libro (The Lion, the Witch and the Wardrobe) en mi adolescencia, cuando ya estaba demasiado viejo para dejarme "enganchar" por esta venerada saga de literatura infantil. Pero, más allá de eso, creo que el autor C.S. Lewis fue uno de los primeros promotores de la horrible ideología "no importa que no tenga sentido porque es para niños". En otras palabras, las Crónicas de Narnia están plagadas de eventos arbitrarios, sorpresas injustificadas y personajes que van y vienen sin más motivo que rescatar al escritor de algún problema que no puede (o no quiere) solucionar lógicamente (y por favor no me digan que todo es una alegoría religiosa... no me interesa si la muerte y resurrección de Aslan en la primera película -¡Spoiler!- es una analogía de Jesucristo; a mi me pareció simple pereza del escritor). Entonces, para bien o para mal, los directores de las adaptaciones cinematográficas han decidido mantener el mismo enfoque, lo cual seguramente será mejor apreciado por los seguidores de los libros que por espectadores casuales (como yo) que simplemente quieren una historia de fantasía coherente y entretenida.

Claro que cada espectador tendrá una definición distinta del entretenimiento. La Travesía del Viajero del Alba tiene numerosas escenas de acción, efectos especiales casi constantes y música ridículamente dramática, que adquiere proporciones épicas con cada minúscula ocurrencia, como tratando de convencernos de que estamos presenciando algo especial e importante dentro de la historia, aunque en realidad sean simples momentos de dudosa relevancia y tenue conexión con el resto de las escenas. Sin embargo, el hábil director Michael Apted mantiene las cosas en movimiento constante, y su elegante sensibilidad casi logra distraernos de la insulsa narrativa, sazonándola con suficientes peleas, momentos cómicos (casi siempre a costa del arrogante primo Eustace) y encuentros con nuevas criaturas para simular avance narrativo, donde no lo hay. O al menos no en la proporción necesaria para garantizar las urgentes y forzadas reacciones de los personajes.

En fin; hubo partes de La Travesía del Viajero del Alba en las que realmente me estaba quedando dormido (y no me refiero a los graves diálogos con acento británico, sino a las escenas de acción); pero en otras me mantuvo entretenido el despliegue de efectos digitales y algunas simpáticas actuaciones de voz (en particular la de Simon Pegg como el audaz ratón Reepicheep). Por otro lado, no hizo nada para restaurar mi fe en esta saga cinematográfica, ni me interesaría ver una cuarta película (el final parece definitivo, pero aún quedan cuatro libros). Entonces, aunque no pueda recomendarla basado en mi experiencia personal, entiendo el atractivo que ofrece para niños pequeños y fieles lectores de los libros. Además, supongo que es una buena película familiar para el período navideño, inofensiva y con los valores característicos de la temporada. Lástima que Apted no haya querido llevarla más allá de su más elemental nivel. Ah, y en retrospectiva hizo que Harry Potter and the Deathly Hallow, Part 1 me pareciera más dinámica y concisa.
Calificación: 6

viernes, 17 de diciembre de 2010

Megamente (Megamind)

Allá por el lejano año 2001, cuando se estrenó Shrek, el estudio DreamWorks Animation se perfilaba con un auténtico rival de Pixar, que quizás lograría superarlo por no estar sujeto a los caprichos mercadológicos de Disney. Sin embargo, casi diez años después, queda claro que Shrek fue la excepción, pues aunque podemos encontrar algunas cintas aceptables en el catálogo de DreamWorks Animation, creo que la gran mayoría va de "mediocre" para abajo. Pero el estudio sigue esforzándose, copiando fórmulas ajenas y confiando en que siempre los rescatará el abuso de referencias a la cultura popular, incluso si esa misma estrategia les ha robado credibilidad en el campo de la animación. Entonces no sorprenderá a nadie que Megamente, su nueva película, sufra exactamente ese destino a pesar del impresionante elenco de voces que reunió el director Tom McGrath (o, más probablemente, los ejecutivos y "focus groups" que parecen estar a cargo de estas producciones).

Llegando muy tarde a la moda "retro-comic", la trama nos ubica en la gran ciudad de Metro City, donde el supervillano Megamente (voz de Will Ferrell) lucha constantemente contra el perfecto superhéroe Metro Man (voz de Brad Pitt), con quien tiene una amarga rivalidad desde la infancia. Pero cuando finalmente el villano logra aniquilar al héroe (casi por accidente), se da cuenta de que la vida sin retos es muy aburrida. Entonces, en parte para recuperar el balance en su vida, y en parte para enamorar a la reportera Roxanne Ritchie (voz de Tina Fey), Megamente decide crear un nuevo héroe que será su rival en las épicas batallas que tanto le gustan. Sin embargo el improvisado plan no funciona como espera, y quizás Megamente deberá convertirse en héroe (al menos temporalmente) antes de recuperar su credibilidad como supervillano.

Para ahorrar tiempo, lo diré desde ahora; a pesar del sólido elenco de voces, Megamente no me hizo reír ni una sola vez. Los actores tratan infructuosamente de dar vida a los diálogos forzados y carentes de chispa, y los pocos comentarios ligeramente graciosos solo subrayan la falta de originalidad e ingenio del patético libreto (quizás sonreí la primera vez que escuché los "códigos" del protagonista; pero después de la décima vez les aseguro que el blando chiste ya no funciona igual). Para variar, los escritores trataron de rendir "homenaje" al mundo de los comics, y nunca faltan las irónicas referencias a los arquetipos que abundan en las películas de superhéroes; sin embargo la simple repetición de clichés no constituye humor real. De hecho, con tantas interesantes "deconstrucciones" de héroes y villanos (desde The Incredibles y Despicable Me hasta obras más maduras, como Dr. Horrible's Sing Along Blog, Kick-Ass y Defendor), Megamente se siente redundante, desconectada e innecesaria... lo cual podría ignorarse si fuera graciosa; pero bueno, ya hablamos de eso. Y si piensan que es la típica reacción de un viejo amargado como yo, debo añadir que el cine completo estaba alarmantemente silencioso, incluso durante las más elaboradas secuencias "cómicas".

Y no, ni una banda sonora repleta de rock clásico (incluyendo Highway to Hell y Back in Black, de AC/DC; Crazy Train de Ozzy Osbourne; y Welcome to the Jungle, de Guns 'n Roses, cuyos derechos colectivos deben haber costado más dinero que la nueva temporada de Futurama) sirve para disipar el antipático aire de comité corporativo que empapa cada cuadro de Megamind. Por el lado positivo diré que la animación es buena dentro de su estética particular, pues no busca hiper-realismo sino una amable combinación de personajes caricaturizados y escenarios saturados de color, con algunos bien implementados efectos especiales. Pero cualquier atributo visual se olvida cuando enfrentamos el repetitivo argumento que alarga la experiencia sin ofrecer mucho a cambio. No sé cuantas veces vi el reloj durante la "emocionante" batalla final, pues ansiaba que llegaran los benditos créditos para poder salirme del cine. Y al final me sorprendió comprobar que Megamente solo dura 95 minutos, pues en verdad pensé que se acercaba a las dos horas.

Ya mencioné estas dos películas, y lo haré de nuevo para resumir esta crítica: creo que Megamente es un fallido híbrido de Despicable Me y The Incredibles, sin la simpatía de la primera y sin el ingenio "geek" de la segunda. En otras palabras, una copia tardía y mal hecha que recicla chistes y recorre básicamente el mismo camino dramático, desperdiciando a sus hábiles actores e invirtiendo incontables horas-hombre de arte digital en una historia aburrida e insulsa. Desde luego sé que muchos espectadores no estarán de acuerdo con esta opinión, pues Megamente cuenta con los ritmos y estructuras que el cine moderno nos ha enseñado a reconocer y aceptar como parte integral del entretenimiento (así como yo también trago una y otra vez las mismas rancias recetas en el cine de horror); pero, en mi humilde opinión, la configuración de un chiste no es lo que debería hacernos reír, sino el contenido mismo, y ahí es donde falla estrepitosamente esta película. Pero no me hagan caso; seguramente Megamente será tan exitosa como Madagascar y su secuela, que también odié irracionalmente. Claro que Highway to Hell (incluso censurada) fue una mejoría respecto a I Like to Move It, Move It.
Calificación: 5

jueves, 16 de diciembre de 2010

The Disappearance of Alice Creed

La mayor parte de los comentarios que leí sobre la película The Disappearance of Alice Creed estaban centrados en los desnudos de la actriz Gemma Arterton, y sugerían que se trataba de un simple "vehículo" para esta estrella británica, quizás en busca de reconocimiento como actriz "seria" después de una exitosa carrera en roles juveniles. Sin embargo la película resultó ser un excelente thriller, desafiando aquella baja expectativa gracias a su inteligente libreto, perfecta dirección y, sobre todo, a las actuaciones del minimalista elenco, que nos mantienen en constante suspenso sobre la auténtica intención y motivaciones de sus personajes.

Es mejor no revelar demasiado sobre The Disappearance of Alice Creed, así que solo diré que la cinta comienza con los lacónicos Vic (Eddie Marsan) y Danny (Martin Compston) comprando suministros para fortificar un genérico departamento. La razón de tantos preparativos se revela cuando secuestran a Alice Creed (Gemma Arterton), hija de un millonario, y la inmovilizan como parte de un meticuloso plan que, teóricamente, contempla hasta el más pequeño detalle. Entonces, tras pedir el rescate, los criminales creen tener la situación bajo control; pero sobra decir que su plan encuentra algunos eventos imprevistos.

Eddie Marsan, Martin Compston y Gemma Arterton realizan un fantástico trabajo dando vida a los personajes a pesar de que la corta duración de la cinta y el frenético ritmo no dejan mucho tiempo para profundizar en su pasado. Sin embargo, los actores transmiten todo lo que necesitamos saber inicialmente, y conforme avanza la historia se va revelando la compleja red de causas y consecuencias que hacen The Disappearance of Alice Creed deliciosamente impredecible y emocionante. Es realmente notable lo que el director J Blakeson logró hacer con tres actores y unas cuantas locaciones. En lo que respecta a thrillers, esta modesta película me dejó infinitamente más satisfecho que los inflados espectáculos de Salt, Killers o Knight and Day, por solo mencionar unos cuantos. En otras palabras, otro pequeño triunfo del cine independiente (en este caso europeo) que le da una lección a Hollywood sobre economía narrativa y eficiencia técnica.

Hablando de lo cual, la estrella real de la película es el libreto de Blakeson, cuyo trabajo en The Descent: Part 2 (como guionista) no indicaba este nivel de calidad. Además, como director muestra la misma precisión y consistencia, extirpando todo el relleno de la historia hasta dejar lo indispensable para mantenernos en constante suspenso sin desperdiciar una sola escena, y sin hacer demasiadas trampas lógicas que arruinen su credibilidad. Bueno, quizás una o dos, pero son perfectamente disculpables porque contribuyen al efecto general de la película. En fin, será mejor detenerme antes de arruinar alguna de las muchas sorpresas e ingeniosos giros que oculta The Disappearance of Alice Creed (de hecho, ni siquiera vean el "trailer"). Baste entonce este breve escrito para recomendarla con entusiasmo, advirtiendo que no cambiará el curso del arte cinematográfico ni revolucionará la industria; pero al menos deja muy claro que el cine como entretenimiento de primera línea no necesita grandes inversiones de dinero ni deslumbrantes estrellas para mantener nuestra atención. Basta con talento suficiente al frente y detrás de las cámaras; el problema es que es un recurso muy escaso que no puede recrearse con efectos digitales ni con excesiva publicidad. Mala suerte, Hollywood; pero sigan intentándolo.
Calificación: 9

martes, 14 de diciembre de 2010

Cine Clásico: Vanishing Point (1971)

El cine de los setentas se caracteriza por el desencanto que manifestó con el gobierno, la religión y demás instituciones sociales que nunca alcanzaron el ideal propuesto en los cincuentas. Y, claro, los hippies que quisieron cambiar el mundo en los sesentas ya se habían dado por vencidos, o fueron asimilados por "la buena vida" y el "American way". Entonces, con pocas alternativas de salvación, algunos cineastas decidieron plasmar su descontento en películas que van desde la clásica Easy Rider (donde Peter Fonda y Dennis Hopper buscaban "the real America") hasta Silent Running (básicamente el mismo concepto con un disfraz de ecología y ciencia ficción para hacer más apetecible el amargo mensaje). Vanishing Point pertenece al estilo de Easy Rider, con un rebelde anti-héroe combatiendo al "establishment", y validando la independencia de individuos que solo quieren vivir su vida de acuerdo a sus propios valores (aunque tales valores incluyan grandes dosis de anfetaminas). Supongo que incluso en 1971 esa utópica visión de libertad ya parecía poco realista; pero de cualquier modo la película causó furor en su momento y hoy sigue siendo objeto de culto, despertando vivas emociones a cuarenta años de su estreno.

En su más básico nivel, Vanishing Point es una "road movie" destilada hasta sus más básicos componentes: el vehículo, el chofer y el camino. En este caso el chofer es Kowalski (Barry Newman), quien aparentemente trabaja entregando automóviles en ciudades distantes. Al principio de la película acepta llevar un Dodge Challenger de Denver a San Francisco en 15 horas, y su única preparación consiste en comprar anfetaminas de un traficante callejero, para después emprender el "viaje" (en ambos sentidos) a la máxima velocidad posible. A los pocos minutos se encuentra con dos policías en motocicleta pero, en vez de obedecer las órdenes de detenerse, Kowalski los saca del camino. Y así comienza una frenética persecución de cientos de kilómetros, con cada vez más policías tras la pista del Challenger blanco. ¿Llegará Kowalski a su destino? Y, más importante... ¿logrará escapar de los recuerdos que afligen su mente?

Como sabemos, los viajes retratados en cualquier "road movie" son una externalización del viaje interno del protagonista. Thelma & Louise no solo trata de las aventuras de dos amas de casa, sino del papel de la mujer en la sociedad moderna; Labyrinth no es un simple desfile de muppets, sino una metáfora de la transición entre la infancia y la madurez; e igualmente Vanishing Point cuenta con abundante subtexto detrás de sus persecuciones a alta velocidad y accidentes (¿incidentes?) automovilísticos. Dicho subtexto nos llega por distintos medios: flashbacks de momentos clave en la vida de Kowalski ("el único modo de ganar la guerra es con guerra"); breves escenas periféricas que nos muestran la corrupción y estupidez de los policías sureños; y, sobre todo, en los comentarios de Super Soul (Cleavon Little), un locutor de radio que espía la frecuencia policiaca y comenta sobre la cacería humana que ya se extiende por varios estados. Además de convertir a Kowalski en un héroe popular, Super Soul es una especie de coro griego que responde las preguntas en la mente del espectador. Claro que no da respuestas claras, pero incluso sus predecibles diálogos de poesía "beat" ("el último héroe americano; el centauro eléctrico; el semi-dios de la máquina") resultan al mismo tiempo simpáticos y profundos... aunque demasiado vagos para concretar el mensaje de la película.

O quizás el punto de la cinta es abstenerse de darnos un mensaje evidente o tranquilizador. ¿Nos está diciendo que es inútil rebelarse contra "el sistema" porque es mucho más poderoso que cualquier individuo? ¿O simplemente está diciendo que la rebelión es justificada y hasta necesaria, siempre y cuando estemos dispuestos a pagar un alto precio por ella? Honestamente no sé. Como toda buena obra de arte, Vanishing Point deja la interpretación al espectador, y sospecho que cada quien sacará algo distinto de la densa sopa ideológica incorporada al libreto por los escritores Malcolm Hart y Guillermo Cabrera Infante. Por su parte, el director Richard C. Sarafian nunca tuvo una carrera estelar después de esta cinta, pero su sobrio y naturalista estilo lo pondrían (en mi humilde opinión) en la misma categoría de Terrence Malick, Robert Altman o Arthur Penn... al menos en el cine de aquella década.

Acompañando a Barry Newman hay un sólido ensamble de actores secundarios interpretando a los coloridos personajes que Kowalski encuentra en su trayecto, los cuales naturalmente representan diversos grupos sociales, ya sean opresores, víctimas, o ambos, según las circunstancias. En particular me gustó Dean Jagger como el anciano cazador de serpientes en el desierto; y la guapa Gilda Texter como una enigmática motociclista con inesperados lazos al pasado del protagonista. En fin... Las mejores películas de culto tienden a ser también reflejos de su período histórico, y Vanishing Point es valiosa simultáneamente como entretenimiento y documento cultural. Pero incluso si ignoramos la reciclada filosofía sesentera ("la mejor manera de escapar es echar raíces") nos queda una excelente película de aventuras con sinceras actuaciones, y espectaculares vistas del oeste norteamericano, al mismo tiempo hermoso y desolador. Por alguna razón Vanishing Point nunca fue tan famosa como Easy Rider, Badlands o Dirty Mary Crazy Larry (aunque sin duda ayudó el homenaje que Tarantino le rindió en Death Proof), pero creo que enarbola algunas de las mismas ideas y sensibilidades. De cualquier modo, independientemente de su fama relativa, me parece una película eterna, de esas que trascienden sus anacronismos por la universalidad de sus temas. Y, claro, por la pericia de los "stunts" automovilísticos.
Calificación: 8.5

domingo, 12 de diciembre de 2010

Mi Nombre es John Lennon (Nowhere Boy)

Entiendo la conveniencia de estrenar Mi Nombre es John Lennon en los días cercanos al trigésimo aniversario de la muerte de este ícono cultural; pero al mismo tiempo conviene aclarar que la película podría decepcionar a quienes esperen un examen de John Lennon, el artista. Por el contrario, la intención de esta curiosa biografía es mostrarnos la cara desconocida del ídolo... John Lennon, el hombre. O, mejor dicho, John Lennon, el adolescente con problemas familiares y frustraciones juveniles que, honestamente, no son particularmente interesantes o esenciales para apreciar su célebre obra.

Basada en las memorias de Julia Baird (hermanastra de Lennon), Mi Nombre es John Lennon se desarrolla a mediados de los años cincuentas y se centra en la modesta vida de John (Aaron Johnson), un joven normal de clase media viviendo en la ciudad de Liverpool, atrapado entre dos mujeres: su madre Julia (Anne-Marie Duff), quien básicamente lo abandonó a los cinco años para buscar nueva pareja; y Mimi (Kristin Scott-Thomas), la tía que realmente lo crió. Y, claro, además de la tensión existente entre ambas figuras maternas, Lennon está interesado en las chicas, en la rebelión contra las autoridades, y sobre todo en la música que está llegando de los Estados Unidos para cambiar la ideología de la juventud británica. Entonces, cuando John conoce a un tal "Paul" (Thomas Brodie Sangster), empiezan a sembrarse las semillas de una colaboración que prácticamente cambiaría al mundo...

Pero esa es una historia para otra película. La primera mitad de Mi Nombre es John Lennon se centra en el drama familiar que experimentó el joven como consecuencia de la ausencia y posterior regreso de su madre Julia. Y paralelamente vemos cómo la música se convierte en el medio de escape que le da breves momentos de felicidad en su tortuosa vida. O al menos eso quiere que pensemos la directora Sam Taylor-Wood. No dudo que Lennon haya pasado duros momentos en su juventud (como muchos adolescentes de su generación), pero muchas de las escenas dramáticas se sienten infladas... como tratando de justificar su importancia histórica en la formación del artista. En otras palabras, no encontré muy interesante la historia de un joven que se pelea con sus padres, roba discos y desafía a sus maestros. El hecho de que tal joven sea John Lennon le da un barniz histórico a la cinta, pero no la rescata de ser bastante plana y monótona.

La segunda mitad del libreto mejora considerablemente cuando John conoce a Paul McCartney, fantásticamente interpretado por Thomas Brodie Sangster (a quien algunos recordarán como el niño baterista en Love, Actually). No sé si su interpretación de McCartney sea fiel a la realidad (francamente lo dudo), pero funciona muy bien para representar la relación de "ying y yang" que mantuvo con John Lennon, y que eventualmente resultaría en algunas de las más famosas canciones de la historia. Pero no hay que esperar verlos escribiendo I Wanna Hold Your Hand o She Loves You. Cuando mucho, podemos ver un par de números del grupo The Quarrymen (que podría considerarse un predecesor de The Beatles), y apreciar algunas traviesas referencias a lo que vendría después. Desafortunadamente cuando el aspecto musical deMi Nombre es John Lennon empieza a tomar forma, llega más drama para recordarnos nuevamente que no estamos viendo un musical sobre The Beatles, sino una biografía parcial de su co-fundador. Y en ese aspecto supongo que cumple su cometido, sobre todo para estudiosos del grupo y fanáticos completistas (aunque, por los comentarios del IMDb, esos fans son los que más errores encuentran con el argumento).

Entonces, desde el humilde punto de vista de este admirador casual de The Beatles con mínimos conocimientos sobre su "origen secreto", puedo recomendar Mi Nombre es John Lennon como una curiosidad histórica que quizás complementa la imagen pública del icónico John Lennon; pero honestamente no me transmitió algo más profundo de lo que hubiera podido leer en Wikipedia en veinte minutos. Los actores son buenos; la ambientación de época me pareció sobresaliente; y la banda sonora retrata brillantemente el entorno musical que influenció a Lennon, desde Screamin' Jay Hawkins hasta Eddie Cochran, sin olvidar desde luego a Elvis Presley. No sé si el problema es que la cinta careció de ambición, o simplemente que la adolescencia de Lennon no fue tan épica como su madurez. Como sea, sirvió para hacerme sentir muy viejo al darme cuenta de que Lennon murió hace ya treinta años, y estaba más joven que yo. I'm So Tired.
Calificación: 7