domingo, 31 de octubre de 2010

El Juego del Miedo 7: Las Trampas Cobran Vida (Saw 3D)

Sería imposible hablar sobre la séptima película de una saga sin hacer un rápido recuento de las seis partes anteriores: Saw, Saw 2 y Saw 3 me parecieron una muy decente trilogía con buenos efectos especiales, adecuado suspenso, y un trasfondo emocional rara vez visto en el cine de terror, sobre todo en el sub-género de "porno-tortura". Lamentablemente Saw IV y Saw V no supieron continuar la franquicia y terminaron enredándola hasta el punto de la incoherencia. Entonces llegó Saw VI con la buena idea de restaurar la premisa básica de la serie, minimizando el confuso "ret-con" y preparando el camino para futuras secuelas... lo cual nos lleva ahora a Saw 3D, cuyo confuso título parece señalar un distanciamiento de sus predecesoras, al mismo tiempo que evita el estigma de tener dos números en su nombre (¿Saw 7 3D?). Claro que eso no impidió a los distribuidores mexicanos asignarle el poético título de "El Juego del Miedo 7: Las Trampas Cobran Vida" (¿en serio?).

Independientemente de su título, ¿logra inyectar nueva vida a esta agonizante franquicia? Veamos (por cierto, advertencia obligatoria: para describir el argumento será inevitable revelar SPOILERS de las previas películas, así que procedan con precaución). Saw 3D comienza con una típica trampa de Jigsaw (Tobin Bell), en la que dos hombres deben decidir si uno de ellos muere por la mujer que los ha engañado, o si ambos cooperan para matarla. El "twist" en este caso es que la trampa no está ubicada en una inmunda mazmorra u oscuro espacio industrial, sino a plena vista de cientos de testigos, que no pueden evitar la resultante masacre. Después regresamos al momento final de Saw VI: el Detective Hoffman (Costas Mandylor) apenas logra escapar con vida de la cámara de torturas que preparó su mentor Jigsaw, y se da cuenta de que su colaboración con el célebre asesino fue una prueba por sí misma. Entonces, tras curar sus heridas, Hoffman procede a planear su venganza contra la persona que considera culpable por su tortura: Jill Tuck (Betsy Russell). Al mismo tiempo vemos cómo un autor llamado Bobby Degen (Sean Patrick Flannery) crea un grupo de auto-ayuda para sobrevivientes de Jigsaw que desean justificar las crueles decisiones morales que tomaron para salir vivos de sus respectivas trampas. Desde luego esa explotación de las enseñanzas de Jigsaw convierten a Bobby en blanco obvio para el próximo "juego"...

Suena confuso, pero el argumento es bastante accesible, y no hace falta conocer cada detalle de las previas películas para apreciar los vaivenes morales y dramáticos de esta nueva entrada. Por el lado negativo, los personajes me parecieron menos interesantes, quizás por culpa de los actores que los interpretan. Los viejos conocidos, como Costas Mandylor y Betsy Russell se sienten apáticos e incapaces de imprimir vigor a sus roles; los nuevos “invitados“, como Sean Patrick Flannery, Gina Holden y Chad Donella me parecieron un poco anónimos, y aunque expresan terror con adecuada intensidad, no bastan los gritos y desesperadas gesticulaciones para añadir sustancia a sus desechables personajes (no saben cómo extraño la demencial energía de Shawnee Smith). Claro que el guión también contribuye al problema, pues la simplificación de las sub-tramas y las aleatorias víctimas nublan ocasionalmente el foco de la historia, de modo que nunca llega la revelación final que yo esperaba para enlazar los divergentes elementos del guión. Solo nos da como premio de consolación otra dosis de retro-continuidad que sorprende al espectador más por obligación que por auténtica convicción creativa.

Sin embargo, el principal atractivo de la saga para mucha gente son los efectos, y me complace decir que el "gore" de Saw 3D es fantástico. Temía encontrar una saturación de malos efectos por computadora y ridículas escenas diseñadas para enfatizar la técnica tridimensional con la que se filmó esta película (algo así como ocurrió con la deplorable The Final Destination), pero afortunadamente el director Kevin Greutert no abusa del "gimmick" y respeta el balance de efectos prácticos y digitales, regalándonos escenas de sorprendente crueldad y violencia... aunque las trampas ya no se sienten tan innovadoras como antes, de modo que el "juego" carece del mismo suspenso y angustia que provocaron las primeras películas. Cuesta trabajo recordarlo, pero la original Saw (2004) tenía comparativamente poca sangre y un impacto emocional mucho mayor. Pero bueno, para ser la séptima parte creo que Saw 3D no resultó tan mala como pudo serlo, sobre todo si vemos las séptimas cintas de otras sagas, como Friday the 13th o Halloween.

Entonces, Saw 3D no representa necesariamente el glorioso resurgimiento de la serie, pero tampoco la aniquila, y podría funcionar como punto de partida para otra película (por lo menos) o como una conclusión más o menos satisfactoria, en caso de que la recaudación en taquilla no justifique futuras secuelas. Claro que siempre queda el mercado directo a DVD, donde la saga podría extenderse indefinidamente con menor inversión y un público asegurado. Veremos si los fans aceptan participar en este "juego", o si ya perdieron interés en las torcidas lecciones morales de Jisgaw y sus aprendices. Por mi parte, seguiré pagando por verlas mientras ofrezcan la misma combinación de sangre y drama... pero por favor usen actores que aprecien su trabajo, o Jigsaw podría ofenderse por no tomar en serio sus enseñanzas.
Calificación: 7

sábado, 30 de octubre de 2010

El Diario de un Chico en Apuros (Diary of a Wimpy Kid)

El nivel escolar de "high school" (escuela preparatoria o bachillerato, como le llaman en algunos países hispanohablantes) representa el “rito de iniciación” para la vida adulta, y por lo tanto se ha convertido en el escenario clásico de todo tipo de películas juveniles. Menos comunes son las historias sobre estudiantes de secundaria, pues quizás ese difícil período post-niñez y pre-adolescencia no parece apropiado para explotarse comercialmente con romances o humor escatológico. La cinta El Diario de un Chico en Apuros ofrece una mirada blanca y un poco condescendiente a ese entorno, y aunque no tenía mucho interés en verla, decidí darle una oportunidad porque al menos no es otra tediosa imitación de Harry Potter saturada de efectos especiales, ni una comedia romántica diluida para “tweens”. Claro que eso no la hizo particularmente buena.

No será una imitación de Harry Potter, pero El Diario de un Chico en Apuros también está basada (no sé con qué grado de fidelidad) en una exitosa saga literaria escrita por Jeff Kinney. El protagonista es Greg Heffley (Zachary Gordon), quien enfrenta su primer año de secundaria con temor e inseguridad, pues su corta estatura y anémica figura lo ponen en desventaja con sus maduros compañeros, que crecieron más de lo esperado durante las vacaciones de verano. La excepción es su mejor amigo Rowley (Robert Capron), quien "no está listo para la secundaria", pues sigue comportándose como niño y no entiende la diferencia entre lo que es "cool" y lo que lo identificará como "perdedor" en la nueva escuela. Entonces, tratando de destacar en la sociedad estudiantil y rescatando a su amigo de la humillación constante, Greg desarrolla variados planes para hacerse popular entre sus compañeros. Desde luego los planes fallan frecuentemente, y eventualmente pondrán en peligro su amistad con el inocente Rowley.

Sobra decir que no he leído (ni leeré) los libros que inspiraron esta película, así que no puedo evaluar su fidelidad hacia la fuente original; y tampoco hace falta señalar que estoy varias décadas más viejo que el público para el que se diseñaron las historias. Pero al menos puedo decir que, como adaptación cinematográfica, El Diario de un Chico en Apuros me pareció medianamente entretenida y esporádicamente graciosa; creo que sonreí dos o tres veces, pero jamás me hizo reír. En algunos aspectos me recordó la antigua serie de Nickelodeon Clarissa Explains it All, la cual también empleaba "gimmicks" como dibujos, gráficos animados y conversaciones a cámara para ilustrar los retos y ventajas de la pre-adolescencia. Hace veinte años ese formato parecía fresco e irreverente, pero hoy se ha convertido en una de tantas herramientas excesivamente utilizadas por mercadólogos y productores para lavar el cerebro de los jóvenes consumidores y desarrollar su futura lealtad corporativa. Pero bueno... mejor no sigo ese tema. Los actores principales de El Diario de un Chico en Apuros son simpáticos y blandos, aunque me gustó que su búsqueda de éxito social no se fundamentara en ropa y fiestas "cool" (como ocurre en las películas orientadas al público infantil femenino), sino en el apoyo de los amigos y esfuerzo personal. Solo hubiera deseado que el argumento fuera más gracioso o inteligente para transmitir su clásico mensaje de tolerancia y autoestima.

Los pocos adultos de la historia son maestros ineptos y padres de familia distraídos que por supuesto no entienden los problemas que oculta la escuela secundaria. Cualquiera hubiera podido interpretarlos sin alterar la película, aunque la presencia de Steve Zahn y Rachael Harris presta cierta "estrella" (por modesta que sea) al elenco de actores desconocidos. Además de ellos dos, solo reconocí a Chloe Moretz (inolvidable desde Kick-Ass) como la enigmática fotógrafa del periódico escolar, siempre lista con alguna opinión u oportuna sugerencia sobre la falacia de ser popular. Y quizás el joven Devon Bostick sea quien mejor queda en el papel de hermano mayor, deleitándose en torturar al pequeño Greg cuando no está dándole cínicos consejos sobre cómo navegar las mareas sociales del colegio. Entonces, El Diario de un Chico en Apuros no me pareció una sobresaliente película familiar, pero tampoco es una basura impulsada por ciego comercialismo; supongo que puedo darle una apática recomendación para familias que no encuentren otra cosa en el cine. Honestamente, yo preferiría quedarme en casa y ver algunos episodios de DeGrassi Junior High; menos "gimmicks" y más realismo.
Calificación: 6

viernes, 29 de octubre de 2010

Atracción Peligrosa (The Town)

Dicen que la mitad del trabajo de un director consiste en la selección adecuada de actores, y tiendo a pensar que es cierto cuando encuentro películas como Atracción Peligrosa, cuyo poco original argumento cobra vida gracias a la alquímica combinación de actores y perfecta dirección. Así, lo que pudo parecer un simple refrito de Heat termina siendo una buena película por derecho propio, tan interesante por el drama que se desarrolla entre sus personajes como por la acción que nos mantiene en continuo suspenso. En otras palabras, la cinta es una consagración de Ben Affleck como director (el juzgado sigue deliberando sobre Ben Affleck como actor).

La trama se desarrolla en un suburbio de Boston llamado Charlestown, donde el crimen (particularmente el robo de bancos) es una tradición familiar heredada de padres a hijos. Doug MacRay (Ben Affleck) es el líder de una eficiente banda de asaltantes que incluye al volátil pero intensamente fiel James Coughlin (Jeremy Renner), cuyo violento historial llama la atención del tenaz Agente Frawley (Jon Hamm) del FBI, encargado de capturar a la pandilla. Las cosas se complican cuando Doug conoce a Claire (Rebecca Hall) e inicia un romance que le inspira a retirarse de la vida criminal, lo cual James interpreta como una traición. Pero (como siempre ocurre en estas películas) Doug se ve manipulado por el temible "capo" Fergie Colm (Pete Postlethwaite) para realizar un último "trabajo", no solo peligroso por su naturaleza misma, sino por las potenciales traiciones que se ciernen a su alrededor...

Atracción Peligrosa está basada en una novela de Chuck Hogan pero, con todo respeto al autor, la trama parece una copia de Heat, con la misma premisa del hábil ladrón bancario que pone en peligro su carrera por el amor de una mujer, mientras un implacable policía sigue su pista. Afortunadamente, como dije al principio, sobran elementos para darle identidad propia a Atracción Peligrosa, empezando por la ubicación de la historia en el bajo mundo bostoniano, donde también se desarrolló Gone Baby Gone, la previa cinta de Ben Affleck. Quizás el director está encasillándose en el lado oscuro de su cuidad favorita, pero nadie le reclama eso a Martin Scorsese, Barry Levinson o Woody Allen, así que simplemente llamémosle su “tema recurrente“. Además, todo se compensa con el mencionado elenco que consigue trascender los clichés de sus personajes, desde Rebecca Hall como la sufrida mujer que nunca pensó enamorarse de un delicuente, hasta Jon Hamm (eliminando todo rastro de Don Draper) en el papel del policía que ya tomó la persecución como algo personal. Bueno, hasta Blake Lively (más conocida por la frívola serie televisiva Gossip Girl) está a la altura de sus colegas en un trágico papel que aprovecha al mismo tiempo su atractivo físico y su melancólica mirada. Sin embargo ninguno se acerca siquiera al estupendo desempeño de Jeremy Renner.

Sé que no todos compartieron mi entusiasmo por su trabajo en The Hurt Locker, pero Atracción Peligrosa demostrará que no fue un accidente, pues su increíble interpretación del inestable James es igualmente intensa y detallada. Su mera presencia causa inquietud porque transmite sin palabras el potencial de agresión e impredecible violencia que se oculta tras su amistosa superficie, y aunque su papel no sea tan largo como me hubiera gustado, eventualmente se convierte en la piedra puntal de la trama. La verdad no soy devoto de los Óscares, pero ojalá la "Academia" lo recuerde cuando llegue el momento de repartir nominaciones (o al menos espero que su publicista tenga las conexiones apropiadas). Finalmente, el director/actor Ben Affleck encabeza el ensamble sin poses de estrella, limitándose a encontrar un buen balance entre "ladrón con corazón de oro" y "trágico Romeo"... aunque sigo pensando que su rostro carece de expresividad, pues tiene exactamente el mismo aspecto cuando está declarando amor eterno a Claire, que cuando está enfrascado en una terrible balacera con la policía de Boston.

Lo cual nos lleva al aspecto más accesible y atractivo de Atracción Peligrosa: las increíbles escenas de acción que dejan atrás todo lo que hemos visto en la reciente ola de cintas sobre robos (como Takers, Armored y Public Enemies). No son escenas espectaculares en el "estilo Hollywood", pero están filmadas con tal brutalidad y realismo que se sienten más impactantes, aunque nadie haga acrobacias ni viole las leyes de física. Parecería que después de la deprimente y moderada Gone Baby Gone, Affleck quiso probar que también puede manejar una narrativa más dinámica, sin perder de vista los sutiles requerimientos del drama ni el desarrollo de sus personajes. Entonces, no solo recomiendo Atracción Peligrosa como una de las mejores "heist movies" de los últimos años, sino como prueba definitiva de que Ben Affleck tiene más futuro detrás que enfrente de las cámaras. Espero sinceramente que así continúe su carrera, pues quizás nos ayude a olvidar Phantoms, Paycheck, Gigli, Jersey Girl, Pearl Harbor
Calificación: 9

jueves, 28 de octubre de 2010

Get Him to the Greek

Hace un par de años la cinta Forgetting Sarah Marshall me pareció una mediocre comedia redimida por varios momentos graciosos en su monótono libreto. Entre ellos estaban las intervenciones de Russell Brand en el papel de un cantante de rock ridículamente arrogante. Era solo un personaje secundario, pero supongo que algunos productores vieron potencial en él, y ahora tenemos la película Get Him to the Greek, la cual no una secuela de Forgetting Sarah Marshall sino un "spin-off" dedicado al personaje de Brand, con un libreto inspirado (extra-oficialmente) en la semi-clásica comedia My Favorite Year, donde un escritor tiene que lidiar con un veterano (e incorregible) actor más interesado en el licor que en el programa de televisión que salvará su carrera.

Claro que en Get Him to the Greek no se trata de un actor, sino de Aldous Snow (Russell Brand), legendario cantante de rock que arruinó su carrera y su relación con la guapa modelo Jackie Q (Rose Byrne) cuando lanzó un disco titulado "African Child", cuya música pretendía ser humanitaria y altruista, pero en realidad era racista y ofensiva (como vemos en el hilarante video musical que da inicio a la película). Varios años después, Snow es una reliquia cultural viviendo de sus glorias pasadas en una difusa nube de drogas y alcohol. Pero Aaron Green (Jonah Hill), joven y entusiasta ejecutivo de la disquera Pinnacle, cree que llegó el momento de revivir la carrera de su antiguo ídolo, y sugiere a su excéntrico jefe Sergio Roma (Sean Combs) que organicen un concierto celebrando la carrera del músico. Para sorpresa de Aaron, su jefe acepta la propuesta y encomienda al joven la tarea de viajar a Londres para asegurarse de que Snow llegue al concierto en Los Ángeles. Y así comienzan tres días de pesadilla, en los que Aaron experimentará todo tipo de placeres y torturas tratando de salvar la carrera de Snow, quien sigue empeñado en vivir la autodestructiva vida de "rock star".

No es tan popular ni tan extremo como Jim Carrey o Adam Sandler, pero Russell Brand tiene el mismo efecto divisivo entre el público. Algunos lo odian con pasión, mientras que otros admiran su improvisado y extravagante estilo (me incluyo entre ellos), y ese será el factor decisivo para que el espectador disfrute o deteste Get Him to the Greek, pues la película entera gira en torno a Brand y sus rutinas. Claro, Jonah Hill merece aplauso por aportar balance a esta "pareja dispareja", aunque su papel tiende a ser pasivo, reaccionando ante los desfiguros de su co-estrella (y vomitando con alarmante frecuencia). La química entre ambos es notable, pues les permite llevar escenas cómicas hasta niveles incómodos, para luego regresar a la "normalidad" y mostrarnos la humanidad de sus personajes. En particular me gustaron las escenas de Snow con su padre (interpretado por el genial Miles O'Brien - perdón, Colm Meaney), en las que podemos sentir el abismo generacional, y la añoranza por restaurar los lazos familiares.

Y ya que estamos hablando del elenco secundario, también tengo que mencionar la participación de Aziz Ansari, Nick Kroll y Carla Gallo, todos ellos con papeles cortos pero simpáticos. Lo mismo aplica a las celebridades (como Pink, Tom Felton, Lars Ulrich, Meredith Vieira y Kurt Loder) que contribuyen a elevar el "realismo" del ambiente musical, mostrando de paso que no se toman muy en serio y que pueden reírse de su propia fama. Incluso Sean "P Diddy" Combs resulta inesperadamente efectivo como el lunático jefe de Pinnacle Records... aunque no estoy seguro si está actuando o burlándose de su imagen (¿o es víctima de un cruel chiste? No sé; hay "meta-niveles" que prefiero no analizar). Lamentablemente los papeles femeninos son más decorativos que dramáticos, aunque me sorprendió Rose Byrne (a quien por lo general vemos en roles más sencillos y modestos) mostrando tremendo porte y glamour en su papel de modelo/cantante/musa. Por su parte, Elisabeth Moss (mejor conocida como la secretaria de Don Draper) tiene el ingrato papel de novia regañona de Aaron, cuya sub-trama extiende innecesariamente la película, ya de por sí demasiado larga. Supongo que fue mi culpa por elegir la versión "unrated", con escenas restauradas que tal vez debieron permanecer en el limbo.

Ah, pero lo más importante en una película sobre sexo, drogas y rock and roll es la música, ¿cierto? Bueno, en este caso lo más importante fue la comedia, y sin duda me hizo reír en muchas ocasiones. Pero la música no se queda atrás, con una banda sonora perfectamente seleccionada para evocar la extravagante actitud del rock y sus intérpretes. Sólo hubiera deseado que las canciones "originales" de Aldous Snow fueran más intensas y menos Disney. Su gran éxito, "The Clap" parece una genérica canción pop adornada con guitarras "heavy", en vez del épico himno rockero que yo esperaba. Pero bueno... los números musicales son tan solo aderezo de la comedia, que en mi humilde opinión funciona muy bien por combinar humor escatológico (en serio, perdí la cuenta de las veces que Jonah Hill vomita) con los momentos más cálidos de conexión humana; típica estrategia del productor Judd Apatow, cuyo habitual estilo vulgar/emotivo empapa cada escena de Get Him to the Greek (para bien o para mal). Sirva entonces como recomendación o advertencia para quienes gusten o no de esta tendencia; he dicho antes que estoy cansado de películas con hombres inmaduros comportándose como adolescentes fuera de control, pero de vez en cuando encontramos una que no se siente forzada, sino natural por la combinación de actores y libreto. Me atrevería a decir que esta es la mejor comedia de rock que he visto desde School of Rock (¿cuenta Hot Tub Time Machine?)... aunque, para ser honestos, no es un género muy poblado, así que procedan con precaución. Mientras tanto, planeo verla de nuevo para pescar todos los detalles que me perdí por estar riendo la primera vez.
Calificación: 8

lunes, 25 de octubre de 2010

Night of the Demons (1988, 2009)

Nunca fue aclamada como un gran clásico del terror, pero la película Night of the Demons (1988) tiene un buen número de aficionados que recordamos con cariño sus ridículas actuaciones, jugosos efectos especiales y, claro, la infame escena del lápiz labial. Sin embargo, creo que hay elementos estilísticos y narrativos más allá de la nostalgia que la distinguen como una importante obra del horror ochentero, lo cual podemos confirmar con el reciente estreno de un re-make que altera algunos elementos, pero conserva el subversivo espíritu de la original... así como muchas de sus fallas.

Vamos por orden; allá por 1988, Night of the Demons fusionó elementos sobrenaturales con la fórmula "slasher", reemplazando al típico asesino enmascarado por demonios, y respetando el cliché de "jóvenes atrapados en una aislada locación". En este caso la locación es una casa fúnebre abandonada, donde las excéntricas muchachas Angela (Amelia Kinkade) y Suzanne (Linnea Quigley) organizan una fiesta de Halloween, invitando a varios amigos que incluyen la usual gama de arquetipos estudiantiles: el apuesto deportista, el nerd, la virgen reprimida, el bufón, etcétera. Durante la fiesta, para enfatizar el ambiente de misterio, Angela bromea haciendo una invocación a los espíritus que habitan en la residencia (¿o fue intencionalmente?). Como sea la invocación tiene éxito, y tanto Angela como Suzanne son poseídas por entidades malignas, que rápidamente "contagian" al resto de los invitados hasta que solo quedan Judy (Cathy Podewell) y Rodger (Alvin Alexis), cuya única esperanza es llegar con vida al amanecer, cuando los demonios regresarán al infierno.

La trama no es del todo original pero está bien llevada por el director Kevin Tenney, quien se esmera en compensar los magros recursos de la producción con el estilo visual que lo hizo semi-famoso en el género de terror durante un par de décadas. Sin llegar a la categoría de Cronenberg, Carpenter o Raimi, Tenney ganó cierta fama de culto con las películas Witchboard, The Cellar y Witchtrap, aunque ninguna de ellas manifiesta su talento (por modesto que sea) como Night of the Demons. Particularmente me gustan sus interesantes composiciones y coreografía de cámara, muy distintas al típico "point and shoot" empleado por la inmensa mayoría de slashers ochenteros; e incluso me atrevería a decir que con mejores actores la película hubiera perdido un poco de su humor involuntario para transformarse en una genuina obra de terror más cercana a Evil Dead, que obviamente la inspiró (claro, sin jamás alcanzarla). En lo que respecta a los efectos especiales tenemos varias competentes intervenciones de Steve Johnson (futuro esposo de Linnea Quigley) y, a pesar de su bajo costo, las transformaciones demoníacas y destripamientos resultan agradablemente repulsivos gracias a la cooperación del director de fotografía David Lewis y al diestro editor Daniel Duncan, ambos veteranos de la franquicia Leprechaun (suena como sarcasmo, pero es un elogio honesto).

A pesar de todo, es innegable que los efectos del nuevo re-make (filmado en el 2009, pero estrenado en DVD hasta fines del 2010) superan por completo a su predecesora gracias al uso de técnicas más sofisticadas, tanto en la parte práctica como en la digital. Y, por supuesto, la nueva Night of the Demons es más liberal con la sangre y la violencia, aunque mantiene un socarrón sentido del humor para balancear el drama generado por los tragicómicos personajes. El argumento comienza con un excelente “flashback” al año 1925, donde vemos el suicidio de una mujer en la mansión Broussard, provocado por una catastrófica sesión espiritista. Ochenta y cinco años después, aprovechando la fama de la vieja casona, la misteriosa Angela (Shannon Elizabeth) organiza una decadente fiesta de Halloween que es rápidamente interrumpida por la policía. Tratando de recuperar algo de su inversión, Angela y varios amigos se quedan para limpiar el desorden, pero accidentalmente liberan a los demonios que se conjuraron en aquella fatídica sesión espiritista ocho décadas atrás. Entonces los jóvenes son poseídos uno por uno y, al igual que en la primera película, los pocos sobrevivientes tratarán de llegar al amanecer para escapar la maldición... aunque esta vez los demonios tienen un plan para extender su visita...

Además del elevado "gore" y cruentos efectos de maquillaje, también me gustaron más los actores de esta versión, no tanto por su talento, sino porque fueron obviamente seleccionados por su amplia experiencia en el género fantástico, y su tácito conocimiento del tono que deben adoptar para hacerse cómplices del humor, y no sus víctimas. El único que se excede un poco en el drama es Edward Furlong (el original John Connor), pero las guapas Monica Keena, Bobbi Sue Luther y Diora Baird encajan perfectamente en sus papeles (y en sus ajustados disfraces), tomando control de sus escenas incluso en las más extremas situaciones. Por su parte, Shannon Elizabeth (más conocida por su trabajo en American Pie) aborda el papel de Angela con sorprendente confianza y enfrenta hasta las más bizarras escenas con aplomo y convicción. Finalmente, parece mentira, pero también me gustaron las alteraciones hechas a la trama. En la primera película teníamos un genérico demonio (o demonios), mientras que en este re-make se justifican mejor las posesiones por su conexión con el pasado.

Habiendo dicho eso, debo añadir que la nueva Night of the Demons se siente ocasionalmente cansada por dedicar demasiado tiempo a las "tensas" caminatas por los oscuros pasillos de la mansión, tratando de generar suspenso y solo consiguiendo bostezos. Como dije antes, un par de actores exageran más de lo que requiere el libreto, y varios personajes sufren de "exceso de actitud", volviéndose irritantes y antipáticos... clásica receta para hacer sus muertes más satisfactorias. Ah, y desde luego se repite la escena del lápiz labial, esta vez con un "twist" más perturbador, pero al mismo tiempo innecesario… como si el director Adam Gierasch simplemente quisiera presumir que se le ocurrió algo más fuerte. Entonces, creo que disfruté más o menos igual ambas versiones de Night of the Demons, aunque por diferentes razones; la original, por su valor nostálgico, su estilizada dirección y sentido del humor. El re-make por su excesivo gore, guapas actrices e ingenioso libreto. Ninguna de las dos son hitos en la historia del género; pero tampoco merecen pasar al inmisericorde olvido, pues cumplen su labor de regodearse en mal gusto, promover medianas actuaciones y mantener la noble intención de divertirnos a toda costa. En resumen, hay peores películas de horror de los ochentas, y peores re-makes de las mismas. Tuvimos suerte esta vez, y es algo tan raro que merece recomendación.
Calificación: 7

domingo, 24 de octubre de 2010

Difícil de Ligar (Management)

NOTA: Otra película lanzada hace mucho tiempo en DVD que por fin llega a cines de México; publico de nuevo la crítica para comodidad de los lectores.

Dando su paseo anual por el cine "indie" para recordarnos que también es una actriz "seria", Jennifer Aniston realiza un eficiente pero poco notable trabajo en la modesta comedia Management. Y aunque pongo en duda la convicción de su presencia, definitivamente me agradó su participación, pues con suerte atraerá más público hacia esta película y, concretamente, hacia su estrella real: Steve Zahn. Este hábil comediante ha tenido una irregular carrera donde lo hemos visto usualmente en papeles de "amigo excéntrico" o "novio idiota", pero rara vez como estelar en una película realmente buena. Y si bien Management no es "realmente buena", al menos tiene suficientes aciertos para ponerla entre lo mejor de su filmografía, gracias a la sincera simpatía de su personaje y a la verosímil evolución que experimenta durante su desarrollo.

Mike (Steve Zahn) es conserje nocturno del motel administrado por su familia, y aunque anda cerca de los cuarenta años sigue viviendo como adolescente, dominado por su enferma madre Trish (Margo Martindale) y su lacónico padre Jerry (Fred Ward). Pero cuando llega la atractiva Sue (Jennifer Aniston) a pasar dos días en el motel, Mike comienza un torpe pero sincero cortejo. De algún modo su absurda estrategia funciona, y la mujer expresa interés. Por eso cuando Sue regresa a su casa (en otra ciudad), Mike decide seguirla, e introducirse en su vida cotidiana con la esperanza de concretar su relación. ¿Podrá florecer el romance en circunstancias tan extrañas? Y, más importante aún... ¿qué opinará de ello el violento e impredecible Jango (Woody Harrelson), ex-punk, magnate del yogurt y futuro esposo de Sue?

Al principio tuve muchas dificultades para tragar el argumento de Management, pues además de su rancia premisa nos endilga uno de los peores clichés de la comedia romántica: una guapa y deseable mujer se ve atraída por el "perdedor" con dudosos atributos y poco futuro. Claro, parte importante del género es fomentar la fantasía del amor a primera vista, "el corazón quiere lo que el corazón quiere", blah, blah, blah... pero no por eso la encuentro creíble. Sin embargo hasta la segunda mitad de la historia me di cuenta de que el aspecto romántico era tan solo un catalizador necesario para impulsar el argumento real: la evolución emocional de Mike para salir de su cómodo nido y enfrentar la libertad y responsabilidades de la vida adulta. No es un tema nuevo o particularmente impactante, pero bastó para dar sustancia a las frecuentes risas que generan los diálogos y la inesperada interacción de los personajes.

Como dije al principio, Steve Zahn es lo mejor de la película. Quienes sólo lo recuerden como atolondrado "comic relief" en Bandidas o National Security, o como el blando esposo gay de Phoebe en Friends encontrarán que es capaz de mejores actuaciones, aunque siempre con su característica combinación de humor e inocencia. Jennifer Aniston realiza un buen trabajo, quizás menos natural que en The Good Girl (otra comedia independiente sobre una guapa mujer sin perspectivas románticas), pero definitivamente mejor que en casi todas sus tediosas cintas "de estudio" (como Rumor Has It o Along Came Polly). El elenco secundario es sobresaliente, aunque sus participaciones son tan breves que no hay tiempo para disfrutar el elocuente trabajo de Margo Martindale o el genial Fred Ward. Incluso Woody Harrelson logra inyectar realismo al "extremo" Jango, evitando que se convierta en una simple caricatura de psicótica celebridad.

Quien haya visto otras cintas románticas independientes encontrará muy familiar la atmósfera y pintorescos personajes de Management, pues la adición de la famosa Jennifer Aniston no altera fundamentalmente la fórmula; de cualquier modo admiro que esta actriz trate de mantener vivo ese menos glamoroso aspecto de su carrera. Tal vez sus aspiraciones a actriz seria son reales y no simples excusas para usar anteojos en entregas de premios para verse intelectual. A fin de cuentas puedo recomendar esta película con confianza, aunque dudoso entusiasmo, pues me dio gusto que Steve Zahn encontrara una muy merecida oportunidad de lucir su talento (quizás no muy amplio pero suficientemente espontáneo y cordial), aunque existan ciertos tropiezos en el desarrollo de la historia que le restan credibilidad (como algunas forzadas coincidencias y convenientes golpes de suerte). Como sea, en general me gustó la estructura y resolución de Management, pues hay muchas comedias románticas de bajo presupuesto que ofrecen alternativas viables para las aparatosas y pre-fabricadas cintas de los grandes estudios; pero no todas cumplen su cometido de hacernos reír, pensar y sentir. Sí... me sentí identificado con Mike. Pero dudo encontrar otra Jennifer Aniston que se impresione con mi colección de comics.
Calificación: 7.5

sábado, 23 de octubre de 2010

Actividad Paranormal 2 (Paranormal Activity 2)

El año pasado, la cinta Paranormal Activity fue comparada con The Blair Witch Project no solo por su minimalista producción y técnica pseudo-documental, sino por la división que causó entre el público. Algunos la aclamaron como el nuevo rostro del cine de terror, mientras que otros la encontraron aburrida y con un una historia demasiado ligera para sostener la atención del espectador. Ahora nos llega la obligatoria secuela con el creativo título de Actividad Paranormal 2, filmada a gran velocidad para aprovechar la moda de "horror verité" que su predecesora inspiró (o al menos popularizó). Y aunque corrige algunas cosas que no me gustaron en la original, tampoco encontré esta continuación particularmente terrorífica o excepcional.

Actividad Paranormal 2 está compuesta exclusivamente por videos capturados en una casa particular, aunque esta vez se expande la cobertura con ayuda de cámaras de seguridad instaladas por la familia Rey cuando descubren que un intruso vandalizó su hogar... excepto el cuarto del recién nacido Hunter. A partir de entonces empiezan a ocurrir extraños fenómenos que los afectan de distintas maneras; Kristi (Sprague Grayden), la madre del bebé, está abierta a la posibilidad de un fantasma; su esposo Dan (Brian Boland) se rehúsa a creer en cualquier fenómeno sobrenatural; la hija adolescente Ali (Molly Ephraim) encuentra fascinante la idea de vivir en una casa "embrujada"; y la perra Abby tiende a ladrar sin motivo aparente. Desde luego, lo que comienza como ruidos indefinidos y movimientos inexplicables, eventualmente se transforma en algo que pondrá en peligro a la familia entera.

Conviene no decir más, pues el argumento es bastante simple y depende en gran medida de las sorpresas que nos depara... aunque tardan bastante en llegar. Durante la primera hora, el director Tod Williams (reemplazando a Oren Peli, quien sin duda está ocupado en proyectos más lucrativos) toma el tiempo necesario para introducirnos a la dinámica familiar de los Rey, estableciendo sus personalidades para que las eventuales reacciones resulten más convincentes. Esa larga espera ayuda a incrementar el suspenso y crear una atmósfera de deliciosa angustia, muy bien manejada por Williams. Pero cuando por fin llega el clímax emocional, no me pareció tan intenso o satisfactorio como esperaba. Desde luego la respuesta del público a este sub-género es muy subjetiva; algunos aceptarán el tratamiento "real" de la historia, mientras que otros lo verán como un artificial refrito de la cinta original, ya de por sí algo forzada. En mi opinión la fórmula sigue funcionando para producir buen suspenso, incluso si carece de la profundidad necesaria para "capturar" nuestra imaginación y generar auténtico terror. Hablando de lo cual, creo que no es indispensable haber visto la primera película para apreciar las virtudes de esta secuela, pero sin duda enriquecerá la experiencia, pues hay interesantes conexiones entre ambas que sin duda serán debatidas por los aficionados propensos a sobre-analizar cada píxel del video digital.

A fin de cuentas, Actividad Paranormal 2 es más de lo mismo... puertas moviéndose, sombras misteriosas y constante tensión, un poco diluida por la ligereza de los personajes. Quienes hayan odiado la previa cinta no cambiarán de opinión con la secuela, pues no hay nada fundamentalmente distinto o notable (con la posible excepción de un bebé -y un perro- para manipular los sentimientos). Por el lado positivo puedo señalar que me gustaron más estos actores; sus diálogos naturales, cálidos y en ocasiones humorísticos me parecieron mucho más agradables que las constantes quejas y recriminaciones de Katie y Micah. Sin embargo la estructura del libreto es demasiado similar, y aunque nos puede sobresaltar brevemente con un ruido o un movimiento inesperado, al final sigue el camino que ya conocemos, y que ya fue muy transitado en los últimos meses por películas como The Fourth Kind, Lake Mungo y The Last Exorcism. Es una moda pasajera, y cumplió su propósito; ahora quizás hay que dejarla descansar otros diez años para que regrese fresca e innovadora. Aunque estimo que eso no impedirá la producción de Actividad Paranormal 3; podría ser la nueva franquicia de Halloween, ahora que Saw está perdiendo vapor.
Calificación: 7.5

viernes, 22 de octubre de 2010

Policías de Repuesto (The Other Guys)

Policías de Repuesto es la cuarta colaboración cinematográfica del director Adam McKay y el actor Will Ferrell. Obviamente tienen estilos compatibles y un sentido del humor similar... lo cual sugiere que también pueden equivocarse al evaluar colectivamente lo que será gracioso o no para su público, como queda demostrado en esta difusa cinta que pretende ser una sátira del cine policíaco, pero que no alcanza su potencial ni como comedia ni como cinta de acción debido a sus repetitivos chistes e incierto tono. En resumen, creo que los personajes e ideas detrás de Policías de Repuesto hubieran sido mejor aprovechados en cortometrajes de Funny or Die, o en sketches de Saturday Night Live (donde McKay y Ferrell también trabajaron juntos).

En Policías de Repuesto conocemos a Allen Gamble (Will Ferrell) y Terry Hoitz (Mark Wahlberg), una pareja de policías condenados a trabajar detrás de un escritorio, cuando lo que en realidad quieren (bueno, al menos Hoitz) es estar en medio de la acción, persiguiendo criminales y gozando la admiración de los ciudadanos de Nueva York. Pero cuando finalmente salen del precinto para seguir la pista de un famoso millonario con sospechosas conexiones internacionales, deberán primero resolver sus diferencias personales y aprender a combinar sus particulares talentos para cumplir su misión. Sobra decir que eventualmente aprenderán nuevas cosas sobre sí mismos y desarrollarán su lealtad como compañeros... si es que logran sobrevivir la larga lista de asesinos que súbitamente se han "interesado" en la investigación.

Entiendo lo que trató de hacer el director McKay, y sin duda aprecio su intención de pisotear los clichés de "pareja dispareja" y "good cop, bad cop" (entre otros) que infestan el cine de acción desde que fueron establecidos hace varias décadas por películas como Lethal Weapon, Beverly Hills Cop y Stakeout. Lamentablemente Policías de Repuesto tiene más fallas que aciertos debido a su ambiguo enfoque y pobre cohesión narrativa, que la convierten en una colección de confrontaciones e insultos vagamente conectados por una floja trama policíaca, sazonada con un obligatorio mensaje social sobre los nuevos villanos del cine (y el mundo real): avaros banqueros y líderes de finanzas que nos llevaron a la actual crisis financiera (de hecho, creo que lo mejor de la película entera son las gráficas ilustrativas que acompañan los créditos finales). Habiendo dicho eso, creo que hay una buena historia enterrada en el revuelto argumento co-escrito por McKay y Chris Henchy, y creo que sería muy interesante ver un relato policíaco que mostrara el auténtico trabajo de análisis e investigación de pistas, en vez de resolver todo con persecuciones, balaceras y aparatosas escenas de acción. Policías de Repuesto pudo ser esa película, pero prefirió tomar un camino distinto, amparándose en la ironía como excusa para usar esos mismos clichés de acción... y para caer en los mismos errores de las cintas que imita.

Aún así, la combinación de Will Ferrell y Mark Whalberg tiene potencial, y consigue algunas escenas de inspirado surrealismo, como una extensa discusión sobre el ganador en una pelea entre un atún y un león... nunca vimos a Riggs y Murtaugh discutiendo eso, y creo que ni Tarantino lo hubiera considerado un tema plausible. Lo malo es que esos momentos son escasos, y cuando surge alguna ocurrencia genuinamente graciosa, casi siempre termina aburriendo por excesiva repetición, lo cual parece raro cuando hay tantos otros caminos para explorar la volátil relación entre los protagonistas. Por ejemplo, hay un chiste recurrente sobre el inexplicable atractivo que el torpe Allen ejerce sobre las mujeres, y aunque es vagamente divertido la primera vez, no produce el mismo resultado la cuarta o quinta vez que se menciona. Entonces, no niego haber reído en varias ocasiones con los desvaríos de Policías de Repuesto, pero después de casi dos horas no me pareció suficientemente graciosa para ser una buena comedia, ni satisfactoria como una buena cinta policíaca. Por lo tanto solo podría recomendarla a los incondicionales fans de Ferrell que tengan Step Brothers, Talladega Nights o Anchorman: The Legend of Ron Burgundy entre sus comedias favoritas; quizás para ellos funcione mejor el irregular humor del dueto Ferrell/MaKay. En lo personal prefiero ver series de televisión como The Good Guys y Chuck, donde semana a semana encuentro más consistente humor y sátira del genero policíaco que sin duda la merece. O, en su defecto, puedo ver por enésima vez Hot Fuzz.
Calificación: 6

miércoles, 20 de octubre de 2010

Jonah Hex

Mi primer encuentro con Jonah Hex llegó en el momento preciso (principios de los noventas), cuando empecé a descubrir que los comics podían llegar mucho más lejos de los típicos superhéroes que inicialmente capturaron mi interés. Y aunque nunca fui devoto de este personaje, disfruté el negrísimo humor y bizarro tono de las miniseries Two-Gun Mojo y Riders of the Worm and Such (sobre todo las referencias lovecraftianas de esta última). Por esa razón tenía esperanzas de que los malos comentarios y críticas negativas que recibió la película Jonah Hex se debieran a que el público había malinterpretado al personaje, pues nunca fue realmente un "héroe", sino una perversa parodia de los anti-héroes populares en los westerns clásicos. Sobra decir que me equivoqué... Jonah Hex resultó ser una pésima experiencia que no funcionó como película de acción, ni como adaptación de comic, y mucho menos como western.

La historia se desarrolla a fines del siglo diecinueve, y gira en torno a la rivalidad entre Jonah Hex (Josh Brolin) y Quentin Turnbull (John Malkovich), quienes sirvieron juntos en la Guerra Civil, hasta que Hex se rehusó a matar gente inocente por capricho de su oficial superior. Como venganza, Turnbull mató a la familia del rebelde soldado, y desfiguró su rostro para que nunca olvidara la "lección". Años después, encontramos a Hex como un implacable cazador de recompensas con la curiosa habilidad de comunicarse con los muertos, la cual adquirió durante su convalecencia en una comunidad india. Pero cuando Turnbull roba una poderosa arma que pone en peligro el futuro de los Estados Unidos, el Presidente mismo solicita la ayuda del solitario Hex para eliminar a su antiguo adversario. Desde luego no será fácil, pues la misión pondrá en peligro la vida de la única persona que aún le preocupa al taciturno mercenario.

Para ahorrar tiempo diré de inmediato que lo único que no odié de esta película fue a Jonah Hex mismo, gracias a la convincente actuación de Josh Brolin, quien obviamente comprendió la esencia del personaje mejor que cualquiera de los ejecutivos que aprobaron la producción de esta bazofia. El resto de los actores y personal creativo parecen estar trabajando en una película distinta, desde Megan Fox en el inútil papel de damisela en peligro (eso sí, con la cintura más angosta que he visto en la especie humana), hasta John Malkovich como el aburrido villano carente de personalidad. Parece que Malkovich llegó al punto de su carrera en el que ya no le pagan por actuar, sino por evocar sus excéntricos papeles previos (un club al que también pertenecen Christopher Walken y Robert De Niro). Pero el más despistado de todos es el director Jimmy Hayward, cuyos previos trabajos como animador en Pixar y co-director de Horton Hears a Who obviamente no lo prepararon para el moderno "cine espectáculo"... o quizás lo prepararon demasiado bien, pues aunque hay algunos buenos detalles visuales en Jonah Hex, la historia es un incongruente revoltijo de situaciones confusas, personajes mal definidos y los más rancios clichés del decrépito western. Ugh... ¿y mencioné la música de Marco Beltrami y el grupo Mastodon? Sería una combinación interesante en cualquier otro caso, pero me pareció absolutamente inapropiada para acompañar un lerdo relato de vaqueros, pseudo-historia americana y brujería.

Para ser justos, no creo que sea fácil encontrar el balance en un híbrido de western, comedia negra, horror y aventuras, y además evitar que la historia se extravíe dentro de su fracturada identidad. Quizás ni un director avezado en alguno de esos géneros lo hubiera logrado... lo cual solo hace más extraña la decisión de poner a un director con poca experiencia al frente de un proyecto tan complicado como Jonah Hex. Realmente no encuentro nada recomendable en esta película; la acción es floja y confusa gracias a la torpe edición e irregular cinematografía; los actores no tienen material para dar forma a sus personajes; el libreto no inspira interés alguno y el "romance" fracasa porque no hay justificación de los sentimientos que Megan Fox supuestamente guarda por el protagonista; creo que fue más creíble su relación con Shia LaBeouf en Transformers. El único misterio en Jonah Hex es la razón de su existencia, y el único terror es la perspectiva de verla de nuevo. DC Comics... mejor quédense en el más honesto y sencillo negocio de las cintas animadas directas a DVD. El corto de Jonah Hex incluido en el DVD de Batman: Under the Red Hood no me pareció sobresaliente, pero aún así supera en todo a esta costosa adaptación en acción viva y narrativa muerta, que ni Hex mismo podría resucitar.
Calificación: 4

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortes Rápidos

Tres casos de secuelitis aguda, con pronóstico reservado pero optimista. Veamos si sobreviven los pacientes...


Parece mentira, pero hace veinticinco años el cine de vampiros seguía encasillado en el cliché del "irresistible caballero europeo de capa negra". Sin embargo en los ochentas vimos una resurrección del sub-género gracias a películas como Fright Night, Near Dark y The Lost Boys, las cuales modernizaron la premisa del vampiro y la ubicaron en el mundo "real", incorporando héroes (y anti-héroes) adolescentes que fueran accesibles para el público de John Hughes. Con el tiempo, aquella innovación se transformó en una grave epidemia cultural, y hoy podemos ver las aventuras y romances de los jóvenes vampiros en incontables libros, películas y series de televisión. ¿Cómo encaja en este entorno la tardía secuela Lost Boys: The Thirst?

Bueno, de hecho es la segunda secuela, aunque podría alegarse lo contrario. En el 2008 se produjo la mediocre Lost Boys: The Tribe (2008), que pudo tener cualquier otro nombre, pues su conexión con la original era muy tenue (básicamente la aparición incidental de los Hermanos Frog). Por el contrario, Lost Boys: The Thirst (tercera película de vampiros que he visto recientemente con la palabra "thirst" en el título) pretende ser la genuina continuación de la original, centrándose en los hermanos Edgar (Corey Feldman) y Alan Frog (Jamison Newlander), quienes siguen combatiendo vampiros con sus métodos caseros... hasta que Alan es infectado durante el rescate de un senador norteamericano. Cinco años después, la famosa autora Gwen Lieber (Tanit Phoenix) pide ayuda al casi indigente Edgar para acabar con el célebre DJ X (Seb Castang), cuyos famosos "raves" son trampas para capturar humanos y esclavizarlos con una droga llamada "thirst", que en realidad es sangre de vampiro. Entonces, con ayuda de su amiga Zoe (Casey B. Dolan) y de un antipático atleta de “reality show“, Edgar emprende la misión que podría exterminar para siempre a los vampiros... y restaurar la humanidad de su hermano Alan.

Lost Boys: The Thirst fue una agradable sorpresa, no por su predecible libreto o su monótona dirección, sino porque realmente se esfuerza (con sus limitados recursos) en respetar el espíritu de la cinta original, manteniendo el mismo balance de humor, acción y terror. No siempre lo consigue, pero ayuda bastante la presencia de Corey Feldman en plena forma, tomando en serio su trabajo (quizás demasiado) y abordando el personaje como si nunca lo hubiera abandonado. Lástima que el destino nos haya arrebatado la posibilidad de ver juntos de nuevo a los dos Coreys; éste hubiera sido el proyecto perfecto. Ni hablar. El resto del elenco pasa sin pena ni gloria, las locaciones sudafricanas ofrecen cierta novedad visual (aunque tampoco son creíbles como “San Cazador, California“), y hasta los efectos especiales resultaron inesperadamente competentes. Entonces, Lost Boys: The Thirst me pareció una respetable cinta de horror directa a DVD, auxiliada en gran medida por la presencia de Feldman y los ocasionales momentos de nostalgia que me hicieron recordar la química entre los personajes de la cinta original (¿recuerdan la discusión sobre el Batman No. 14?). En resumen, no tan buena como pudo ser, pero sin duda mejor de lo que esperaba.
Calificación: 6.5



Otra secuela que nadie pidió, de una película que no la requiere, y sin el actor que hizo apenas pasable la versión original. En otras palabras, un día normal para fans del cine directo a DVD. Mirrors 2 repite la premisa de una entidad maligna acechando en los espejos de una exclusiva tienda departamental, construida con piezas del inmueble que vimos en la primera película. Sí, se esforzaron mucho por mantener la continuidad. Como sea, esta vez el héroe es Max Matheson (Nick Stahl), empleado de seguridad de la nueva tienda Mayflower (y, convenientemente, el hijo del dueño) que empieza a ver figuras siniestras en los espejos de la tienda, próxima a inaugurarse. Y, claro, el joven intuye que las perturbadoras apariciones están relacionadas con las sangrientas muertes de varios empleados. Pero cuando la policía empieza a sospechar de Max como causante de esos “accidentes”, el joven decide emprender su propia investigación sobre la maldición que se cierne sobre la tienda… o sobre su propia persona.

Entre las pocas cosas que funcionaron en la original Mirrors fueron las escenas de grotesco "gore" y violencia perpetradas por los reflejos malignos, y afortunadamente el director Víctor García continúa la tradición en esta secuela, derramando abundante sangre y empleando una sana combinación de efectos prácticos y digitales para regalarnos varias muertes creativas y de inusual impacto. Otras películas dejan a nuestra imaginación los momentos “jugosos“... Mirrors 2 se enorgullece de mostrarlos. Lo malo es que todos ocurren durante el primer tercio de la película, dejando la hora restante para la larga y tediosa investigación amateur que conduce el protagonista. Al menos podemos consolarnos con la presencia de la guapa Emmanuelle Vaugier como su acompañante en las indagaciones, que eventualmente revelan el cruel y sórdido evento que desató la maldición. Las actuaciones de Stahl y Vaugier no son malas ni buenas... simplemente adecuadas para la categoría “directa a DVD” (quizás deba llamarle "distribución digital", pues esta cinta se estrenó en sistemas "On Demand" incluso antes de su lanzamiento en DVD). Y la nítida cinematografía de Lorenzo Senatore ofrece algunos ingeniosos emplazamientos y composiciones (como la escena del elevador), rara vez vistos en obras de bajo presupuesto. Entonces, no encuentro fallas fatales en Mirrors 2; sólo apatía narrativa y un poco de lentitud, de vez en cuando sazonada con excesos viscerales para deleite de los fans del gore, sobre todo los que estamos cansados del insípido horror PG-13. Hubiera sido mejor que la violencia estuvieran respaldada por una trama interesante, pero no quiero pedir demasiado, sobre todo en este género. Ya fue bastante que me mantuviera interesado y no me pusiera a dormir... lo cual no siempre consiguen las más costosas películas que se estrenan en cines.
Calificación: 6



¿Otra secuela de vampiros directa a DVD? Muy bien; no veía una desde hace casi dos horas. La original 30 Days of Night me pareció una competente pero olvidable cinta de terror adornada con una excelente premisa y buenas actuaciones. Como recordarán, aquella cinta mostró el ataque de una horda de vampiros sobre un pequeño pueblo de Alaska, donde la noche dura un mes, dándole a los monstruos la rara oportunidad de cazar sin preocuparse por la amenaza del sol. Esta vez, en la secuela subtitulada Dark Days, la historia es más modesta y comienza en Los Ángeles, donde encontramos a Stella Oleson (Kiele Sánchez en lugar de Melissa George), la única sobreviviente de la masacre de Barrow, siguiendo la pista de los vampiros y tratando de revelar al mundo su existencia. Naturalmente nadie le cree... excepto un pequeño grupo de personas que también sobrevivieron ataques de estas criaturas. Entonces, cuando Stella se entera de que los vampiros regresarán a Alaska para otra "vacación", decide reclutar a sus nuevos amigos para iniciar un contra-ataque y evitar otra matanza.

30 Days of Night: Dark Days tiene tres problemas básicos, y el primero es la ausencia de Melissa George. Kiele Sánchez es un reemplazo funcional y apto para los requerimientos físicos del papel (de hecho, me pareció una versión "lite" de Jessica Biel en Blade Trinity), y aprecio el esfuerzo que realiza para exteriorizar la motivación del personaje; lamentablemente no transmite el mismo peso emocional de George, y por lo tanto la trama pierde resonancia y profundidad. El segundo problema es un presupuesto demasiado bajo, el cual reduce severamente la dimensión de la historia y nos obliga a pasar mucho tiempo en genéricos pasadizos industriales y otras locaciones mundanas que le dan a la película un aura de produccción semi-amateur. Sí, eventualmente el director Ben Ketai nos lleva a Alaska (aunque sea uno o dos minutos), pero nunca duplica la notable atmósfera de aislamiento y desolación que distinguió a la cinta original. Finalmente, el tercer y más grave problema es un libreto carente de imaginación o intensidad, repleto de discusiones insulsas, floja acción y demás distractores diseñados para simular sustancia y suspenso donde no los hay. Por el lado amable tenemos las actuaciones medianamente interesantes de Harold Perrinau (más conocido como Michael en Lost) y Mia Kirshner, quien obviamente se divierte de lo lindo con el papel de Lilith, una vampírica combinación de la Condesa Bathory y Emily the Strange. Finalmente, como dije antes, no me gustó la sustitución de Melissa George pero admito que Kiele Sánchez muestra sólido compromiso con su personaje, y revela la combinación de rudeza, atractivo y audacia que comparten las mejores "scream queens" modernas. Ojalá fuera mejor actriz. En fin... puedo darle crédito a 30 Days of Night: Dark Days por intentar algo distinto y no ser una copia de su predecesora, aunque quizás ese hubiera sido un camino más afortunado si hubieran contado con el dinero suficiente para realizarlo. En vez de eso tenemos una secuela aburrida, sin justificación narrativa, y sin los elementos que le dieron modesto éxito a la película original. No veo razón alguna para recomendarla, excepto para fanáticos obsesivos de 30 Days of Night que tengan curiosidad por ver las nuevas aventuras del personaje central. Aunque, ¿saben qué?… mejor lean los comics. Así apoyarán una industria un poco menos mercenaria.
Calificación: 5