lunes, 26 de septiembre de 2011

Hanna

Cuando vi los cortos de Hanna pensé que sería algo así como la secuela no oficial de Léon - The Professional que siempre imaginé: la niña entrenada para matar siguiendo los pasos de su padre (o lo que sea) con lujo de estilizada violencia y dinámica cinematografía. La realidad resultó un poco distinta, y aunque Hanna definitivamente me gustó y la recomendaría, conviene tomar en cuenta algunos factores atenuantes para no crear expectativas irreales... lo cual fue mi error.

La epónima Hanna (Saoirse Ronan) vive en el bosque con Erik Heller (Eric Bana), un hábil y mortal ex-agente secreto que lleva años entrenando a la niña en todas las disciplinas imaginables para garantizar su supervivencia cuando lleguen los enemigos de quienes se han escondido durante mucho tiempo. Eventualmente la gélida agente Marissa Wiegler (Cate Blanchett) descubre la ubicación de los fugitivos y ordena su captura inmediata. Pero no será fácil, pues Hanna y Erik tienen preparado un complejo procedimiento de escape que lleva a la niña hasta el medio oriente, donde una amable familia le ofrece transporte y refugio temporal. Este primer contacto con la civilización aturde a Hanna y la hace “bajar la guardia”, sobre todo cuando encuentra a Sophie (Jessica Barden), su primera amiga. Pero, claro, Marissa y su equipo de crueles mercenarios le siguen la pista de cerca, y será cuestión de tiempo para que llegue la temida confrontación... ¿o será la culminación de una misión de venganza?

Como dije, mis expectativas por una realista cinta de espionaje probablemente nublaron mi percepción inicial de Hanna, pues encontré un tanto irregular su tono, a veces inflexiblemente realista y en otros momentos demasiado estilizado y fantasioso para tomarse en serio. Como ejemplo puedo señalar (ligero SPOILER de algo que ocurre en los primeros veinte minutos de la película) el escape de la niña de un complejo de alta seguridad donde la interrogan sobre la ubicación de su padre. El director Joe Wright combina solemnes procedimientos militares e intriga de la Guerra Fría con secuencias de acción que parecen salir de un comic de Warren Ellis (lo cual es un halago, realmente). En otras palabras, hay escenas meticulosamente realistas, seguidas por escenas "spy-pop" al estilo de The Man From U.N.C.L.E., con vastas guaridas subterráneas, luces estroboscópicas y genéricos soldados en uniformes sesenteros listos para ser despachados por la ingeniosa niña. No me malinterpreten... disfruté mucho esa secuencia, así como el resto de la película; pero no pude evitar pensar que Wright debió decidirse por un solo camino, ya fuera un intenso thriller de espionaje moderno, o una fantasía comiquera para deleitar a los "fanboys" (como yo).

Pero bueno, las actuaciones son tan buenas, y la dirección de Wright tan dinámica que no me costó trabajo asimilar esta extraña fusión de estilos, y para la segunda mitad de Hanna ya me habían capturado por completo la historia, los entrañables personajes (incluyendo a la perfecta villana), y los atisbos de una conspiración que se dibuja vagamente en la periferia del misterioso mundo de alto espionaje creado por el guionista Seth Lochhead. Hablando de actuaciones, sobra decir que Saoirse Ronan se lleva las palmas con su interpretación de la feroz Hanna, quien es al mismo tiempo una peligrosísima adversaria y una niña inocente que perdió su infancia en aras de una causa que ni siquiera alcanza a comprender. Sus secuencias de acción están muy bien coreografiadas, y casi nos hacen creer que puede aniquilar un escuadrón de soldados a pesar de su ligera complexión y pasiva mirada. Por su parte, Eric Bana tiene un papel más genérico y no muy bien desarrollado, aunque podría ser intencional para conservar el misterio central del argumento durante el mayor tiempo posible. Como sea, su transformación de ermitaño montañés a agente secreto es creíble y muy divertida. Finalmente tenemos a la siempre confiable Cate Blanchett como la agente Weigler, cuya despiadada mirada basta para convencernos de que ha hecho cosas horribles en el pasado... y quizás no solo por defender la seguridad de su país, sino porque secretamente disfruta el poder e impunidad de su posición.

Entre mis escasas quejas (además de las antes mencionadas) es que la historia se siente un poco plana y monótona. A fin de cuentas Hanna es una persecución de noventa minutos, lo cual no deja mucho tiempo para profundizar en los elementos más provocativos y enigmáticos del argumento. No es una falla significativa (y quizás ni siquiera sea una falla, sino una válida decisión del director), pero definitivamente me dejó con ganas de más fondo y menos forma. Además, me decepcionó un poco que la clasificación "PG-13" mantenga la acción inocua e indolora; creo que si la violencia hubiera sido más brutal y realista hubiera servido mejor como contraste para acentuar el drama del personaje y la contradicción de su existencia. O quizás fue simplemente que mi fetiche de “gore” no quedó satisfecho; ustedes decidan. Entonces, hasta cierto punto Hanna me pareció menos que la suma de sus partes; sin embargo, dichas partes son tan buenas (¿mencioné la extraordinaria banda sonora de The Chemical Brothers?) que superan con creces sus limitaciones narrativas para convertirla en una emocionante, entretenida y hasta emotiva cinta de acción cuyo énfasis está en los personajes, y no en vacuos efectos especiales o innecesarios giros sorpresivos. Definitivamente merece una recomendación, y aunque el final es perfecto en su forma actual, no me molestaría ver un par de secuelas donde pudiéramos explorar más a fondo el fascinante universo de Hanna y su misterioso pasado. O, siguiendo el ejemplo de los comics, quizás podríamos ver un "team-up" de Hanna y Hit Girl; pero por favor, que sea "R" en vez de "PG-13".
Calificación: 8

domingo, 25 de septiembre de 2011

Delirios Siniestros (Hierro)

No es raro que la pérdida de un hijo sea un tema tan frecuente en el cine dramático pues, además de oprimir los "botones emocionales" de casi cualquier persona, no requiere muchas explicaciones para transmitir al espectador el sufrimiento de los personajes. Y, claro, lleva consigo la implícita promesa de que seguiremos a los padres (en singular o plural) durante el catártico proceso de recuperación, incluso si el final no fuera necesariamente feliz. La cinta española Hierro (estrenada en México bajo el engañoso título de "Delirios Siniestros") representa una bizarra re-invención de esta fórmula, y aunque ofrece considerables innovaciones estilísticas y técnicas, me costó trabajo interesarme en sus revueltos giros y ambiguos simbolismos... o lo que sea.

La historia comienza cuando María (Elena Anaya) y su pequeño hijo Diego (Kaiet Rodríguez) salen de vacaciones en un "ferry" rumbo a las Islas Canarias, específicamente a la Isla El Hierro. Durante el trayecto María se queda dormida, y al despertar descubre que Diego desapareció sin dejar rastro alguno. La policía examina la embarcación de proa a popa, e incluso organizan expediciones de rescate, en caso de que el niño hubiera caído al mar... pero regresan sin resultado alguno. Meses después María regresa a la isla por solicitud de las autoridades, y comienza a indagar por su cuenta con ayuda de su mejor amiga Laura (Bea Segura). Entonces empieza a tener febriles visiones de su hijo, las cuales parecen ofrecer pistas de su ubicación... a menos que sean manifestaciones psicológicas de su intensa culpa y dolor.

Entiendo que el director (y ex-animador) Gabe Ibáñez no está necesariamente interesado en seguir una historia lineal, sino en hacernos partícipes del horror y desolación que la protagonista experimenta por haber extraviado a su hijo. Sin embargo Hierro no es un drama fundamentado en el llanto y el colapso familiar (como lo fue Rabbit Hole, por ejemplo), sino una especie de viaje metafórico donde la culpa, esperanza y dolor toman distintas formas en la torturada mente de María. O al menos así lo interpreté yo. Pero si abandonamos la palabrería pseudo-intelectual, también podríamos describir la película como un confuso y leeeeento experimento artístico que no satisface en el nivel narrativo ni en el emocional. Cada quién sabrá cómo asimilar este curioso... ¿drama sobrenatural? ¿Thriller psicológico? ¿Fábula espiritual? Ni siquiera estoy seguro de cómo describirla.

Lo que puedo asegurar es que no se trata de una película de terror, como pretende hacernos creer la publicidad que le hizo el distribuidor mexicano (el colmo de las malas “traducciones“: cambiar el nombre de una película que ya tiene un buen título en español) (Aunque, ahora que lo pienso, no es la primera vez que ocurre). De cualquier modo, Hierro muestra muchos aciertos en el aspecto técnico, empezando por la excelente cinematografía de Alejandro Martínez que transforma cualquier locación (ya sea una agreste playa negra o la inmunda guarida de un ermitaño) en un cuadro de onírica y perturbadora belleza; hasta la inquietante banda sonora de Zacarías M. de la Riva, a veces elegantemente minimalista y a veces sofocantemente cacofónica, pero siempre subrayando la atmósfera mitad macabra y mitad melancólica del relato. Y desde luego incluyo entre los aciertos la intensa actuación de Elena Anaya, quien sabiamente evita todo exceso histriónico para ser el único punto estable en el cada vez más difuso desarrollo de la trama.

Sin embargo, no puedo decir que la experiencia total haya sido particularmente interesante, memorable o entretenida. Respeto la visión del director y aplaudo su valor para barnizar una historia "normal" con una espesa capa de simbolismo (o lo que sea) para darle mayor profundidad y ponernos a pensar (sin duda lo consigue); y desde luego esperaré el momento de ver este talento aplicado a una estructura dramática menos enredada y más concreta. Pero mientras eso ocurra, solo puedo recomendar Hierro como un frustrante experimento no exento de virtudes, aunque no las suficientes para compensar por completo la obtusa narrativa y el previsible final. Finalmente, no es culpa del director ni de la película, pero TACHE al distribuidor que trató de engatusar incautos (como yo) disfrazando este drama como película de terror (“Delirios Siniestros - De los productores de El Orfanato y El Laberinto de Pan“). Me sorprende que no hayan metido el nombre de Guillermo del Toro por ahí (“Una película realizada por un humano como Guillermo del Toro”)
Calificación: 7

sábado, 24 de septiembre de 2011

Si Fueras Yo (The Change Up)

Por alguna razón las películas sobre "cambio de cuerpo" siempre habían sido provincia del cine infantil (o al menos juvenil), pero esta vez Si Fueras Yo trata de trasplantar aquella clásica fórmula al vulgar y escatológico terreno de la moderna comedia adulta, con resultados bastante irregulares. Sin embargo, aunque los protagonistas sean dos hombres maduros (en vez de madre e hija, padre e hijo, joven y anciano, etc.), podemos estar seguros de que las lecciones impartidas serán exactamente las mismas, incluso si para aprenderlas es necesario comer excremento de bebés digitales, seducir a la secretaria, y participar en una película "lorno" (light porno). Ojalá fuera tan gracioso como suena.

Las víctimas del intercambio de cuerpos son Dave (Jason Bateman) y Mitch (Ryan Reynolds), mejores amigos desde la infancia aunque sus vidas tomaron rumbos muy distintos. Dave goza un perfecto matrimonio con la guapa Jamie (Leslie Mann), es padre amoroso de tres hijos y trabaja como abogado estrella que pronto será ascendido a socio en su prestigiosa firma... siempre y cuando logre cerrar un gran negocio con una empresa japonesa. Por su parte, Mitch es un soltero irresponsable, sin metas en la vida, y con un fuerte resentimiento contra su padre. Un día salen juntos de juerga, se emborrachan y, mientras orinan en una misteriosa fuente, terminan confesando que cada uno envidia la vida del otro; Mitch añora la estabilidad doméstica y laboral de Dave; mientras que éste extraña sus días de libertad como soltero sin ataduras que le impidan recuperar su juventud perdida. La fuente cumple mágicamente sus deseos y a la mañana siguiente Dave despierta en el cuerpo de Mitch, y viceversa. Pero cuando accidentalmente empiezan a arruinar sus “vidas prestadas", se dan cuenta de que la vida perfecta no es tan fácil como parece.

Hace algunos años David Dobkin dirigió la exitosa The Wedding Crashers, pero fue posteriormente responsable por las atroces Mr. Woodcock y Fred Claus; tomando en cuenta esa filmografía podríamos decir que Si Fueras Yo es un promedio de los aciertos y fallas de aquellas cintas; por un lado, el libreto construye una sólida y creíble amistad entre dos hombres de personalidades distintas pero compatibles; tienen buena química e incluso logran cierto realismo en los fugaces momentos dramáticos que no son arruinados por vulgaridades o exageraciones. Pero el resto de la película muestra poca ambición narrativa, chistes demasiado predecibles y situaciones inverosímiles, no necesariamente por la "magia" implícita en la premisa, sino porque los personajes secundarios tienen que comportarse como auténticos idiotas para que los idiotas protagonistas puedan continuar su cadena de idioteces sin preocuparse por estorbosa lógica o inconveniente credibilidad.

Dentro de lo bueno puedo señalar el trabajo de Jason Bateman y Ryan Reynolds, cuyas actuaciones carecen de sustancia pero derrochan simpatía (aunque ambos actores tengan sus detractores) para expresar adecuadamente un "bromance" fundamentado en años de experiencias compartidas. Lo que pudo cuidarse mejor fue la individualidad de los personajes, independientemente del actor que los represente. En otras palabras, no pude evitar recordar otras ilustres cintas de este género, como el re-make de Freaky Friday, donde Lindsay Lohan y Jamie Lee Curtis mostraron inusitado talento para interpretarse mutuamente, hasta el punto en que dejábamos de ver a la actriz y aceptábamos al personaje. Por el contrario, Reynolds y Bateman no parecen interesados en crear una ilusión similar; simplemente se cambian de ropa y dicen más (o menos) groserías según el papel que interpreten. Tampoco estoy pidiendo un "duelo de actuaciones"; simplemente pienso que el humor se hubiera enriquecido usando protagonistas muy diferentes entre sí, para acentuar el "intercambio" con genuina actuación. Por ejemplo, imaginen si en vez de Bateman estuviera Jonah Hill; o si en vez de Reynolds hubieran contratado a Chris Rock. O lo que sea... cada quien imagine su propia combinación; el punto es que desperdiciaron la oportunidad de sorprendernos con algo que no fuera fluidos corporales.

A pesar de todo, admito que reí lo suficiente durante Si Fueras Yo para recomendarla como una válida re-interpretación de una fórmula predecible pero entretenida, corta en ingenio pero abundante en carisma y personalidad. Habiendo dicho eso, hay mejores comedias adultas, y desde luego mejores cintas sobre "intercambio de cuerpos"; la combinación resultó novedosa en unos aspectos y trillada en otros, y aunque pudo ser más ambiciosa e inteligente, sirve para pasar un rato de insulso entretenimiento con algunas lecciones que probablemente ya habíamos estudiado y rápidamente olvidado... al igual que ocurrirá con esta película. Pero antes de que se borre de mi memoria, seguiré imaginando candidatos de intercambio: ¿Qué tal George Clooney y Señor Chang? ¿O Channing Tatum y una bolsa de canicas? No, perdón; creo que eso ya ocurrió en la vida real.
Calificación: 6.5

viernes, 23 de septiembre de 2011

Destino Final 5 (Final Destination 5)

No lo niego; empecé odiándola, pero la saga de Final Destination se ha convertido en una de mis franquicias favoritas en el género del terror, aún cuando generalmente cuentan con pobres libretos, insulso drama y malas actuaciones. Sin embargo, su elemento redentor siempre han sido las ingeniosas "muertes" con las que La Muerte (así, con mayúsculas) despacha a sus desechables personajes, lo cual basta para crear una experiencia divertida (aunque igualmente desechable) para seguidores del género, y en particular para fans del "gore". Como uno de esos fans, gustosamente toleré la ineptitud narrativa de Destino Final 5 porque al menos cumple la promesa de sus predecesoras, e incluso supera a la cinta previa, que me pareció la más floja de todas.

¿Hace falta escribir una sinopsis? Bueno, aunque sea para enterarnos del nombre de los actores (lo cual tampoco será de gran ayuda). Al principio de Destino Final 5 encontramos a los empleados de la empresa Presage (jo, jo, jo) preparándose para emprender un viaje en camión a un "retiro corporativo". Sin embargo, el chef Sam Lawton (Nicholas D‘Agosto) tiene una súbita visión de inminente desastre y, en franco estado de pánico, se baja del camión junto con las pocas personas que toman en serio su advertencia. Naturalmente la catástrofe ocurre tal como la describió, y los seis sobrevivientes no encuentran explicación para la premonición, aunque agradecen estar con vida. Sin embargo, como les advierte nuestro viejo amigo Tony Todd, "nadie puede burlar a La Muerte sin pagar las consecuencias". Y entonces, en los siguientes días, vemos cómo cada uno de ellos muere en circunstancias "accidentales"... lo cual despierta las sospechas del Agente Block (Courtney B. Vance), quien está seguro de que uno de los sobrevivientes está detrás de los presuntos asesinatos.

Como dije, no esperaba personajes profundos o interesantes... y aún así los primeros diez minutos de Destino Final 5 me parecieron casi intolerables. No sé si el problema fueron los actores carentes de personalidad, o los torpes diálogos de "exposición" que débilmente establecen la situación, o simplemente que el director Steven Quale (ex-protegido de James Cameron) no quiso gastar energía en desarrollar personajes que, a fin de cuentas, serán carne de cañón; el caso es que esta quinta parte cuenta con el peor ensamble de actores de la saga, y por lo tanto son vanos sus esfuerzos por generar drama y envolvernos en sus particulares sub-tramas. Por suerte la Gran Catástrofe llega bastante rápido (en mi humilde opinión es la segunda mejor de la serie, después del impresionante accidente automovilístico de Final Destination 2), y a partir de ahí empieza a mejorar la película... al menos hasta que pierde impulso cerca del final.

Olvidemos todo eso; lo importante, como dije, son las muertes. Desde luego me abstendré de revelar detalles, pero sí diré que todas fueron satisfactoriamente "jugosas" y realizadas con la acostumbrada mezcla de trucos digitales y efectos prácticos, lo cual consigue algunas excelentes imágenes de grotesco "gore" que perdurarán en la memoria del espectador. Algunas me parecieron demasiado simples y abruptas, sin duda para incrementar la sorpresa y "shock value"; otras abusan del efecto 3D, que a estas alturas no sorprende a nadie... pero las que más me gustaron fueron las que se extienden con deliciosa parsimonia, apretando poco a poco las tuercas de la tensión mientras la cámara recorre sádicamente los "puntos de peligro", como retándonos a adivinar de dónde provendrá el golpe fatal. En esos breves momentos Destino Final 5 se pone a la par de las mejores de la serie (la segunda y la tercera, en mi humilde opinión) y no decepcionará a sus fans (espero).

Lo que no funciona muy bien es la introducción de nuevas reglas a la vaga mitología que viene complicándose desde el primer capítulo. Entiendo que los escritores quisieron añadir una nueva variable ética para (teóricamente) hacer más interesante el desarrollo, y más intenso el final. Lástima que la total ausencia de interés por los personajes destruya las buenas intenciones de estos cineastas. Pero bueno... al menos justificaron el regreso de Tony Todd como el misterioso emisario de La Muerte (o lo que sea), lo cual me permitió disfrutar su participación como único actor “real“ de la cinta (lo cual también ha ocurrido en mediocres obras “indie“ donde lo contratan por “name value“, y no para aprovechar su talento). Y ya que estoy esforzándome por encontrar halagos para el elenco, diré que el comediante David Koechner no quedó tan mal como "comic relief corporativo"; y Courtney B. Vance toma su papel de detective con suficiente seriedad para hacernos creer que conducirá a algo interesante (SPOILER: Su esfuerzo no sirve de nada).

Entonces... malos actores, ridículos diálogos e inexistente drama. Sin embargo la fórmula subsiste gracias a los efectos especiales y al suspenso que el director logra crear a pesar de las múltiples fallas y carencias de su película. Además, como premio de consolación, la cinta nos regala un ingenioso epílogo que amarra un sangriento moño en la saga completa. Digamos que Destino Final 5 sería un mejor cierre que la cinta anterior, engañosamente titulada The Final Destination… aunque no me opondría a seguir viendo secuelas bianuales, siempre y cuando mantengan el mismo nivel de impacto visceral. En resumen: más de lo mismo, pero mejor en algunos aspectos y peor en otros. La balanza queda en el lado positivo y puedo recomendarla para quienes sepan lo que les espera. Y también para quienes sientan paranoia en presencia de ventiladores, velas, y sombras inexplicables. A veces es mejor no saber de dónde nos llegará el destino.
Calificación: 7

martes, 20 de septiembre de 2011

Tucker & Dale vs. Evil

Con frecuencia me quejo de las pésimas películas de terror que se exhiben en cines, mientras que muchas cintas con el potencial de resucitar (y a veces redefinir) el género languidecen en la oscuridad del mercado directo a DVD, gracias a un pobre sistema de distribución incapaz de reconocer genuina calidad narrativa (o al menos visceral) cuando tienen la suerte de encontrarla. Desafortunadamente Tucker & Dale vs. Evil es otra reciente víctimas de este inexplicable fenómeno... enlatada durante casi dos años y sin un contrato de distribución definido, pero con un gran número de adeptos gracias a su aplaudida presencia en múltiples festivales de cine, donde ha dejado al público encantado con su diestra combinación de humor y suspenso. En fin... no tiene caso gastar más tiempo regurgitando esa triste situación. Será mejor centrarse en la película misma, agradecer su llegada a VoD, y recomendarla como una de las mejores "comedias de horror" que he visto en muchos años.

Al principio de Tucker & Dale vs. Evil encontramos a un grupo de estudiantes en camino a los Montes Apalaches, donde planean pasar varios días acampando y disfrutando de la naturaleza (traducción: sexo y alcohol). Sin embargo su entusiasmo disminuye cuando se detienen a cargar gasolina y tienen un pequeño altercado con dos ignorantes rufianes que los miran sospechosamente... sobre todo a la guapa Allison (Katrina Bowden). Temiendo por su vida los jóvenes huyen despavoridos y, cuando establecen su campamento, el nervioso Chad (Jesse Moss) les revela que hace veinte años ocurrió una masacre en ese mismo lugar, donde varios jóvenes fueron torturados y salvajemente asesinados por los primitivos habitantes locales. ¿Se repetirá la historia? Mientras tanto, Tucker (Alan Tudyk) y Dale (Tyler Labine), los mencionados patanes rurales, llegan a su "casa vacacional" (en realidad una inmunda cabaña derruida en mitad del bosque) con intención de renovarla y pasar unas excelentes vacaciones pescando y bebiendo cerveza. Pero cuando encuentran accidentalmente a Allison nadando semi-desnuda en una laguna cercana, sus destinos se entrelazan y, claro, podemos suponer que habrá considerable derramamiento de sangre.

Será difícil escribir sobre Tucker & Dale vs. Evil sin revelar los fantásticos giros que da la historia, o los ingeniosos cambios de punto de vista que usa el director Eli Craig para crear dos historias paralelas y hasta cierto punto contradictorias, pero al mismo tiempo consistentes y complementarias. Baste entonces decir que el libreto (escrito por el mismo Craig y el productor Morgan Jurgenson) es simultáneamente hilarante, violento y emotivo, sobre todo cuando juega con nuestra percepción del "terror rural" para explorar nuevas posibilidades narrativas que sería difícil encontrar en una simple parodia/homenaje. Ah, y tampoco hay que olvidar el componente romántico, quizás la parte más débil de la película, pero aún así divertida y más o menos creíble.

Además del brillante guión, hay que atribuir el éxito de la película a sus actores principales. Tyler Labine y Alan Tudyk hacen pareja perfecta como Tucker y Dale, sin duda ignorantes y poco refinados, pero no por ello malas personas... y mucho menos estúpidos. Su amistad es palpable de principio a fin, y su actitud casual y benevolente los mantiene en el rango humano, aún cuando sus acciones bordean en la caricatura. Pero la mayor sorpresa (al menos para mi) fue Katrina Bowden en el papel de Allison, la universitaria "secuestrada" cuya compasión se transforma lentamente en afecto por sus "captores". Habiéndola visto durante varios años como la vacua e ingenua Cerie en 30 Rock, esperaba que su actuación en Tucker & Dale vs. Evil sería de típica "chica final" con cara bonita y nula sustancia; sin embargo terminó destruyendo esa expectativa con una interpretación honesta, cálida y hasta convincente... siempre y cuando estemos dispuestos a aceptar su incipiente romance con un rústico zafio.

Será mejor detenerme ahí; me gustaría seguir escribiendo sobre las escenas que más me hicieron reír, o los momentos de inesperado "gore" que me provocaron deliciosa sorpresa, o los diálogos tan sentidos que casi me conmovieron; pero no quiero arruinar las sorpresas de Tucker & Dale vs. Evil, pues gran parte de su encanto radica en descubrir gradualmente sus revelaciones e ingeniosas re-interpretaciones de clichés que se considerarían defectos en cintas más genéricas y menos inteligentes. Si tuviera alguna queja es que hay un par de escenas y reacciones inverosímiles que rompen el flujo de la cinta (como ejemplos podría señalar la "batalla final", y una improvisada sesión de terapia grupal), amén de una o dos actuaciones que rebasan el límite de exageración apropiado para la historia. Pero por lo demás, creo que Tucker & Dale vs. Evil será una de mis películas favoritas del año, y uno de los más claros ejemplos de la injusticia que corrompe el sistema de distribución cinematográfico. Parece mentira que llegue al cine basura como Beastly y Exorcismus, mientras que obras como Tucker & Dale vs. Evil tienen que soportar años de oscuridad debido a... no sé... ¿ceguera, terquedad o simple estupidez por parte de ejecutivos ineptos? Por otro lado, esto explicaría por qué hay tantas secuelas, imitaciones y re-makes. Si los "estudios" no reconocen calidad cuando la encuentran, ¿cómo podemos esperar que sean capaces de producirla?
Calificación: 9

domingo, 18 de septiembre de 2011

Una Sola Noche (Last Night)

Como individuo con poca experiencia (o interés) en asuntos "del corazón" (y no me refiero a mis palpitaciones), encuentro generalmente aburridos los dramas románticos, pues además de que suelen abusar de los mismos clichés una y otra vez, su intención de conmovernos o hacernos llorar se siente aún más forzada y deshonesta cuando no está bien manejada, lo cual ocurre en la mayor parte de los casos. Sin embargo, decidí ver Una Sola Noche porque me pareció interesante su elenco, además de que prometía una perspectiva distinta a la clásica premisa de "matrimonio en problemas" (por no mencionar que me encontré en el cine con un poco de tiempo libre). Para mi sorpresa, la película terminó gustándome por su detallada narrativa, y porque se atreve a plantear interesantes preguntas sobre el matrimonio, la fidelidad, y las responsabilidades de la pareja. Cierto, estos son temas que he tratado de evadir durante toda mi vida, pero como experimento mental me pareció fascinante y digna de recomendación. Veamos por qué.

La trama se centra en Michael (Sam Worthington) y Joanna Reed (Keira Knightley), una pareja felizmente casada, aunque se encuentran en el punto donde ya terminó el enamoramiento inicial y empiezan a aflorar los clásicos problemas de la rutina marital. Una noche, durante una fiesta de negocios, Joanna nota que Michael está conversando con Laura (Eva Mendes), una atractiva compañera de trabajo, y hay algo en su lenguaje corporal que despierta sospechas de infidelidad. Y lo peor es que al día siguiente Michael y Laura saldrán en un viaje de negocios; pero Joanna trata de controlar sus celos para evitar una pelea. Sin embargo, los papeles se invierten cuando Joanna encuentra casualmente a Alex (Guillaume Canet), con quien tuvo una intensa relación años atrás, cuando vivía en París. Y así vemos cómo ella pasa el día en compañía de su "ex", mientras que Michael tiene una cena casual con Laura. Es obvio que la pareja casada siente atracción por sus respectivas tentaciones, y durante esa fatídica noche tendrán que decidir hasta dónde están dispuestos a llegar...

El "gancho" narrativo de Una Sola Noche es hasta cierto punto el suspenso de "¿lo harán o no lo harán?", pero más allá de eso me gustó que el libreto (escrito por la directora Massy Tadjedin) no se queda en el simple nivel de una fábula moralista, sino que nos envuelve gradualmente en el juego de emociones, circunstancias y decisiones que influirán en el destino de la pareja. El ritmo de la película tiende a ser lento, y quizás dejará insatisfechos a los espectadores que prefieren el desbocado melodrama que vimos en cintas como Closer o Eyes Wide Shut. Por el contrario, Una Sola Noche prefiere fijar su atención en los pequeños detalles... la expresión de Joanna cuando imagina el rumbo que pudo tomar su vida si se hubiera quedado en París; las furtivas miradas de Michael a la escultural Laura, quien a su vez parece disfrutar la atención... Con esto quiero decir que Una Sola Noche no es un catártico dramón de telenovela, sino un metódico e inteligente estudio de caracteres que encontré más satisfactorio por razón de su minimalismo emocional y su claridad temática.

Pero, como siempre, el guión no sería nada sin los actores, y en este caso resulta particularmente importante la contribución de Keira Knightley y Sam Worthington. Desde luego no es sorpresa que Knightley sea una excelente actriz, pero aún así me dejó asombrado la convicción y aplomo que muestra como "mujer casada". No estoy seguro, pero este podría ser su primer papel genuinamente adulto (y no me refiero a su edad, sino a la madurez de su interpretación). Por su parte, Sam Worthington demuestra un rango dramático muy superior al que le hemos visto en sus múltiples roles de acción, y espero que lo tomen en cuenta para futuras películas que no incluyan necesariamente robots post-apocalípticos, humanoides azules o dioses griegos. Los actores secundarios también tienen lo suyo, pero definitivamente este es "El Show de Sam & Keira". Excelente trabajo de estos a veces menospreciados actores.

Tomando en cuenta que los dramas románticos generalmente me hacen pensar "¿faltará mucho para que termine?", me pareció notable que Una Sola Noche lograra capturar mi atención de principio a fin, y me dejara pensando un buen rato después de salir del cine. Por lo tanto estimo que será aún más provocativa y relevante para gente casada, pues podría incitar interesantes (o incómodas) discusiones sobre ¿cuál es peor: la infidelidad física o emocional? ¿Es alguna vez justificable? ¿Podrían existir circunstancias atenuantes? E incluso, ¿podría beneficiar a la pareja? Claro que en posición de "loser" soltero (solterón) mi percepción podría ser distinta pero, independientemente del estado civil, Una Sola Noche me pareció un fascinante drama bien escrito, mejor actuado y precisamente dirigido por una cineasta que obviamente tiene amplia comprensión de la condición humana. Será interesante ver si continúa por el camino "artístico", o si ésta fue su "carta de presentación" para entrar a Hollywood y enfocarse en material más ligero y comercial. Como sea, me gustaría ver el resultado.
Calificación: 8

sábado, 17 de septiembre de 2011

No Temas a la Oscuridad (Don't Be Afraid of the Dark)

Hace algunos meses comenté que Don't Be Afraid of the Dark (1973) es una de las pocas películas que justificarían un re-make contemporáneo debido a que su barata manufactura televisiva desmeritó su ingenioso argumento y sombría atmósfera de "gótico suburbano". Y ahora nos llega por fin No Temas a la Oscuridad, la nueva versión realizada bajo el auspicio del productor Guillermo del Toro, que seguramente superará en todo a la modesta original, ¿cierto? Bueno, sin duda la supera... pero no estoy seguro de que eso la convierta automáticamente en una mejor película.

El nuevo libreto de Matthew Robbins y del Toro respeta los rasgos básicos de su predecesora, pero introduce un nuevo punto de vista para contar la historia: el de la pequeña Sally (Bailee Madison), quien al principio de la película llega a vivir con su padre divorciado Alex (Guy Pearce), y su nueva novia Kim (Katie Holmes) en una remota mansión que ambos están renovando para luego venderla. Por si no fuera suficiente el trauma de la separación de su madre, Sally se siente fuera de lugar en la enorme casa, y en sus exploraciones descubre un sótano oculto, donde escucha voces fantasmales saliendo de un viejo depósito de ceniza empotrado en la pared. Contra los consejos de su padre, Sally abre el depósito... y accidentalmente libera algo que estuvo encerrado durante muchos años, y que ahora empieza a manifestarse de siniestras maneras en los oscuros rincones de la mansión. El único que parece conocer el secreto es el viejo intendente Harris (Jack Thompson), pero curiosamente sufre un "accidente" que lo deja hospitalizado con graves heridas. Y, claro, Alex y la comprensiva Kim ignoran los cuentos de la niña, pues consideran que simplemente está buscando atención. Mientras tanto, la presencia (o presencias) amenaza con llevarse a Sally para siempre...

Estoy tratando de conservar el secreto de la "presencia", pero la verdad es que No Temas a la Oscuridad nos lo revela en los primeros minutos (¡incluso antes de los créditos!) Eso fue lo primero que me desagradó del nuevo enfoque tomado por el director Troy Nixey; la película nos muestra sus cartas desde el principio, y por lo tanto extingue cualquier posibilidad de misterio o suspenso sobre los eventos que se desarrollan en la siniestra mansión. Entonces, lo único que resta es presenciar las cada vez más agresivas manifestaciones y esperar con mínima sorpresa el desenlace final. Por más sobresaltos (telegrafiados) que nos recete el editor, y por más detalles "delTorescos" que adornen el diseño de producción (misteriosos jardines con árboles susurrantes, mágicos estanques con peces coloridos, tumbas rodeadas de ramas torcidas), la triste verdad es que No Temas a la Oscuridad desperdició la oportunidad de duplicar la creciente tensión y atmósfera de su predecesora, así como de mantenernos en la incertidumbre sobre la realidad de los fenómenos, que en la cinta original podrían haber sido simples alucinaciones de una mujer agobiada por las presiones de ser una "esposa perfecta" para su exigente marido.

Lo cual nos lleva a mi queja principal... ¿hacía falta introducir una niña para reconfigurar la historia y transformarla en un cuento de hadas "dark"? En mi humilde opinión este cliché abarata la narrativa, pues ya lo hemos visto demasiadas veces como truco fácil para amplificar las (nulas) emociones generadas por la trama. ¡La vida de una niña inocente está en juego! Los escritores suponen que el suspenso será mayor y, como audiencia, estaremos apretándonos las manos para que no le pase nada. Bostezo. Solo faltó un perro en peligro para hacer la cinta más manipuladora (de hecho, eso tal vez hubiera despertado un poco más mi interés). Y tampoco ayuda que la actriz infantil Bailee Madison tenga un rango de expresión muy limitado y poca convicción en los momentos de terror. Sé que no todos los actores pre-adolescentes pueden tener el talento de Elle Fanning o Chloe Moretz, pero si los productores decidieron poner la película entera sobre los hombros de una niña, al menos debieron esforzarse más es la búsqueda de alguien que realmente lograra transmitir la angustia y horror de la situación. En otras palabras, no basta con dar gritos casi ultrasónicos.

Pero bueno... siendo realistas, hay que aceptar que muy poca gente vio la película de culto original, así que todas estas quejas podrían ser absolutamente irrelevantes (¿podrían?). Como simple película de terror, creo que No Temas a la Oscuridad puede ofrecer un rato de estilizado entretenimiento, competentes efectos especiales y adecuadas actuaciones. Tanto Guy Pearce (como el amoroso pero incrédulo padre) y Katie Holmes (como la "madrastra malvada" que genuinamente desea congraciarse con la niña) se sienten ligeros y poco convincentes. Son como "props" adicionales controlados por el guión para llenar los huecos según las necesidades de cada escena; cuando la niña explora el asqueroso sótano, están convenientemente ausentes; pero a la primera señal de "historias fantásticas", no pierden un segundo para llamar al psicólogo infantil. Es una lástima, pues ambos son buenos actores que merecían un libreto mejor escrito. Entonces, no se cumplió mi ilusión de que el re-make No Temas a la Oscuridad superaría a la original; o, mejor dicho, se cumplió en todos los aspectos técnicos, pero no en los narrativos. Aún así podría subsistir por sí misma como olvidable horror moderno ligeramente más interesante que cualquier genérico "slasher" o "fantasma vengativo". El cine de terror está en condiciones tan malas que incluso un fracaso parcial es motivo de recomendación. Ni hablar; para quitarme el mal sabor quizás veré de nuevo mi DVD de Critters. ¡Perdón! ¿Acaso revelé el secreto de "la presencia"?
Calificación: 6.5

viernes, 16 de septiembre de 2011

Amigos con Beneficios (Friends With Benefits)

No se si será una coincidencia cósmica o una genuina tendencia social pero, por la razón que sea, el concepto de "amigos con derechos" está de moda en Hollywood. La nueva película Amigos con Beneficios es la tercera producción en menos de un año que gira en torno a esa premisa (después de Love and Other Drugs y No Strings Attached). Y, naturalmente, el mismo tema se utiliza con frecuencia en series televisivas como How I Met Your Mother, Happy Endings y Community, por no mencionar la pésima comedia apropiadamente titulada Friends with Benefits (adivinen de que trata), tan mala que probablemente será cancelada antes de que termine este párrafo. Pero bueno, el punto es que todas estas obras tienen en común la loable intención de subvertir las convenciones empleadas por las comedias románticas, presentando una visión más actual y menos idealizada de las relaciones personales. Sin embargo casi siempre terminan cayendo en los mismos clichés que buscaban evadir.

Caso concreto: Amigos con Beneficios. La trama gira en torno a la ambivalente relación entre Jamie (Mila Kunis), una tenaz "head hunter" corporativa; y Dylan (Justin Timberlake), talentoso diseñador gráfico de Los Ángeles que acepta mudarse a Nueva York por insistencia de la joven, quien recibirá una jugosa comisión por haberlo reclutado. Al principio Dylan está contento con su nuevo empleo, pero se siente solo en la gran ciudad; y como Jamie es la única persona que conoce, empiezan a salir con frecuencia, aunque ninguno de los dos está listo para empezar una relación romántica. Sin embargo no pueden negar su mutua atracción, y por eso deciden entablar una relación meramente sexual, muy pasional en la alcoba, pero sin sentimientos que compliquen la situación. Y al principio funciona... pero será inevitable que el amor empiece a insinuarse en los pensamientos de la pareja, lo cual podría alejarlos para siempre.

Solo una cosa me interesaba en Amigos con Beneficios: la presencia del director y co-escritor Will Gluck, un menospreciado humorista cuya casual energía contribuyó directamente (como director, productor, escritor, creador, etc.) en muchas de mis comedias favoritas, tanto en cine (Fired Up, Easy A) como en televisión (The Loop, Andy Richter Controls the Universe, Grosse Pointe). Si alguien podía encontrar nuevas vertientes narrativas en la cansada premisa de "pareja sexual sin complicaciones románticas" seguramente sería Gluck, cuyo ágil estilo se especializa en combinar ingenio verbal, mal gusto y emociones sorpresivamente honestas. Sin embargo, esta vez el resultado fue... mediocre. Por más que Amigos con Beneficios trate de parecer aguda e irreverente, no consigue innovar sustancialmente sobre lo que hemos visto en otras películas. Y si bien me pareció periódicamente graciosa por sus chispeantes diálogos y escandalosa franqueza, creo que el "casting" falló a tal grado que amenaza con arruinar la película entera.

Primero, lo bueno (o, mejor dicho, lo menos malo): Mila Kunis es exactamente lo que necesita la historia. Su interpretación de Jamie es hasta cierto punto realista como mujer independiente, liberada y con un saludable sentido del humor, que en algunos momentos parece un mecanismo de defensa para ocultar una secreta vulnerabilidad. Me cae bien esta actriz, aunque tiende a repetir el mismo papel en todas sus películas (sí, incluyendo Black Swan) y por lo tanto es difícil evaluar su rango actoral. Pero bueno... en este caso funciona razonablemente bien para las modestas ambiciones del guión. Y por otro lado tenemos a Justin Timberlake, la roca que hunde Amigos con Beneficios. Nunca me interesó su carrera musical (con excepción de los "cortos digitales" que hizo con Andy Samberg), pero como actor me parece carismático, agradable y con una casual simpatía respaldada por el sentido del humor que muestra en casi todo lo que hace (desde su participación "dramática" en The Social Network hasta sus frecuentes apariciones en Saturday Night Live). El problema es que no saba actuar. Encontré imposible aceptarlo como "diseñador solitario sin amigos" porque, simplemente, es incapaz de generar las emociones que deberían definir a su personaje. De hecho, ni siquiera parece el personaje de una historia; solo es Justin Timberlake leyendo un libreto. Y si a eso añadimos el estilo excesivamente casual y "cool" que el director aplica a la cinta entera, tenemos como resultado una experiencia terriblemente forzada, graciosa de vez en cuando, pero a fin de cuentas menos inteligente y satisfactoria de lo que pretende ser.

En cuanto a la historia misma, podemos confiar en que seguirá exactamente la ruta que esperábamos desde el principio. Por más distracciones que Gluck arroje a la pantalla (¡Gratuito cameo de Shaun White! ¡Woody Harrelson gay! ¡Niño mago! ¡Jason Segel y Rashida Jones en una película dentro de la película!) no puede evitar tocar las mismas bases y usar los mismos temas que tanto abusa este género. Y cuando se toma la molestia de señalarlos no parece más inteligente, sino simplemente más cínica en su interpretación de las emociones humanas. Sin embargo es posible que Amigos con Benficios parezca más graciosa, real o perspicaz para quienes estén tratando de conciliar una relación basada únicamente en sexo, y por lo tanto se vean reflejados en esta historia (¡mucha suerte!). Pero como simple entretenimiento no sentí que sus ocasionales atributos y esporádicas risas compensaran sus constante e irritantes fallas. Mejor suerte para Gluck en su siguiente proyecto; ojalá regrese a televisión, donde creo que su particular visión tiende a prosperar con mayor consistencia. Y para Timberlake… seguramente tendrá una exitosa carrera como actor siempre y cuando encuentre papeles que no le exijan actuar (sugiero que estudie la carrera de Channing Tatum).
Calificación: 6

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ironclad

No entiendo bien la razón de su súbita popularidad, pero me da gusto que estén produciéndose tantas películas de tema medieval dedicadas a mostrar la brutalidad de aquel período en combinación con historias maduras e interesantes. Quizás son un poco repetitivas y vienen acompañadas por su propia variedad de fórmulas y clichés... pero definitivamente representan una agradable variación después de tantos robots gigantes, superhéroes atormentados y anti-héroes criminales que durante un buen rato han acaparado el cine “de acción“. Ironclad es un claro ejemplo de este nuevo cine medieval, fundamentado en hechos históricos, repleto de estereotipos, y orgulloso de empapar la pantalla con sangre derramada durante las violentas peleas con espadas, mazos y flechas. En otras palabras, es cine épico en un nivel íntimo (?) fundamentado en la fuerza de sus personajes y en la intensidad de sus emociones, y no en el número de "extras sintéticos" que pueda meter en un campo de batalla digital.

Al principio de Ironclad recibimos una pequeña lección de historia sobre las circunstancias que llevaron a la firma de la Magna Carta, semilla ideológica del sistema social y político que gozamos actualmente. En las primeras décadas del siglo trece, el Rey John de Inglaterra oprimía con tal despotismo a su pueblo que los barones del reino se rebelaron con ayuda de ciertas facciones religiosas, obligándolo a firmar el famoso documento que proclamaba los derechos de los ciudadanos y limitaba el poder de la monarquía. Pero después de ese final feliz, el Rey John (Paul Giamatti) decide recuperar su antiguo poderío y, con el apoyo financiero del Papa, organiza un ejército de mercenarios nórdicos con el fin de reconquistar Gran Bretaña. El primer paso será tomar el castillo de Rochester, cuya ubicación le da enorme valor estratégico; pero cuando el Arzobispo Langdon (Charles Dance) se entera de los planes de John, encomienda al Barón Albany (Brian Cox) la tarea de defender el castillo para impedir que caiga en manos de la corona. Para realizar esa imposible labor, Albany recluta a los soldados que colaboraron con él durante la rebelión, incluyendo al ex-templario Marshal (James Purefoy), quien perdió su fe y su entusiasmo por la guerra después de presenciar tantas atrocidades durante las Cruzadas; al experto arquero Marks (Mackenzie Crook); y el cínico Becket (Jason Flemyng), ahora más interesado en vino y mujeres que en ideologías políticas. Y así comienza el sitio de Rochester, con una veintena de hombres defendiendo el futuro del reino contra un ejército invasor de miles, encabezado por el cruel Rey John...

El marco histórico le da cierta profundidad y quizás un aire de "cine de arte", pero no nos engañemos... Ironclad es una película de acción que se regodea en la brutalidad de sus peleas y en la valentía de sus héroes. Quizás por su origen británico se siente más "culta" que similares obras norteamericanas, como The Eagle o Season of the Witch; pero eso no le impide usar los mismos clichés y personajes arquetípicos del cine de acción. Por ejemplo, todos conocemos la escena en la que el malo usa una mujer como escudo mientras amenaza con matarla; entonces el héroe hace un preciso disparo que mata al villano y deja asombrada a la chica. En Ironclad tenemos exactamente esa escena (pero con espadas, naturalmente), así como muchas otras que salen del más trillado cine de acción ochentero (otro ejemplo: la mujer cura tiernamente las heridas del héroe mientras el aire se carga de romance... ugh). Y ni hablemos del villano... Paul Giamatti se divierte de lo lindo interpretando al Rey John como un psicópata hambriento de poder y enamorado de su propia grandeza (en otras palabras, una mezcla de Al Pacino en Scarface y Gary Oldman en True Romance). Su actuación es tan exagerada que bordea en la comedia... y sin embargo sirve perfectamente para sentar el tono de la película y poner en el contexto adecuado a sus melodramáticos héroes.

Lo cual nos lleva al abigarrado grupo de soldados, mercenarios y criminales que defienden el castillo Rochester. Como podemos suponer, se trata de una colección de pintorescos "desadaptados" con personalidades bien definidas, desde el templario hastiado de la guerra hasta el ex-soldado que solo pelea por dinero (y mujeres), sin olvidar al monosilábico titán que compensa su corto intelecto con devastador talento para matar a sus enemigos (o a quien se le ponga enfrente, para el caso). En el papel de "héroe por default" tenemos a James Purefoy (sin duda aprovechando la experiencia con espadas que ganó en Solomon Kane y en la serie Rome) como el trágico y lacónico guerrero que no necesita muchas palabras para expresar el remordimiento que carga en su interior. Brian Cox merece mención como el Barón Albany, quien acepta la misión suicida con la pragmática filosofía del auténtico patriota. Me gustó en particular su monólogo sobre "amar a su país, pero no a su gobierno", lo cual sigue tan vigente hoy como hace ochocientos años (cada quien busque sus propios paralelismos). Desafortunadamente el lado femenino del elenco carece del mismo detalle y variedad, aunque no es culpa de las actrices, sino del libreto. Kate Mara tiene el papel de Lady Isabel, cuyas insinuaciones amorosas hacia el callado y misterioso Marshal se vuelven cansadas y hasta irritantes. Supongo que el director Jonathan English quiso sazonar la violencia con un poco de romance prohibido pero, en mi humilde opinión, no funcionaron esas escenas, y siento que Ironclad debió omitirlas para tener un ritmo más ágil que permitiera enfocar por completo la narrativa en el conflicto de rebeldes e invasores.

Aunque tenga algunas quejas sobre Ironclad, la verdad es que me entretuvo muchísimo, no solo por las súper-violentas peleas, sino por las balanceadas actuaciones y los coloridos personajes, que podrán ser clichés, pero no por ello carecen de humanidad para alejarlos de la caricatura. Comparándola con la nueva ola de cine medieval, la pondría por encima de The Eagle, Season of the Witch y, por supuesto, Your Highness; y más o menos al mismo nivel de Black Death y Centurion. Sus respectivas historias, áreas geográficas y períodos culturales son muy distintos, pero todas ofrecen el puro deleite de aventuras sangrientas, batallas por honor, y ausencia total de "corrección política". Quizás los puristas preferirán el celo histórico y atmósfera épica de obras clásicas como Excalibur o Braveheart, pero yo prefiero estas modernas interpretaciones tan solo por su alto coeficiente de diversión y desvergonzada violencia. Por otro lado, tal vez la decepción que me provocó el re-make de Conan the Barbarian influyó en mi percepción de Ironclad; la única manera de resolver el dilema será en una brutal pelea entre espada y “morning star”; escojan a su favorito (pero no se sienten muy cerca, o podrían terminar accidentalmente decapitados).
Calificación: 8.5

lunes, 12 de septiembre de 2011

Miss Bala

Con frecuencia (y con razón) me han acusado de malinchismo por no ver más cine mexicano. Sin embargo, no puedo evitar que mis prejuicios se vean reforzados por las películas mexicanas que SÍ he visto recientemente, y que me han decepcionado tanto como las que me alejaron del "producto local" hace muchos años. Afortunadamente de vez en cuando surge una película que parece redimir la industria nacional, y aunque no soy tan idiota (a pesar de las apariencias) para pensar que Miss Bala marcará un mágico giro ascendente en la calidad del cine mexicano, al menos triunfa por derecho propio y nos muestra lo que es posible cuando existe genuino talento detrás del enorme esfuerzo requerido para filmar una película en este país.

La "miss" del título es Laura Guerrero (Stephanie Sigman), una atractiva joven con sueños de fama que decide entrar al concurso de belleza "Miss Baja California". El primer paso es asistir con su mejor amiga a una fiesta en Tijuana, donde podrán conocer gente importante que, teóricamente, les ayudará en su ascenso al éxito. Sin embargo la "fiesta" degenera en una terrible balacera entre narcotraficantes y agentes de la DEA, y aunque Laura sobrevive milagrosamente, ignora el paradero de su amiga. Entonces comete el error de pedirle ayuda a un policía local que trabaja secretamente (no muy secretamente, por cierto) para un cártel, y Laura termina en manos de los narcotraficantes. Viendo la utilidad de una guapa "reina de belleza", el cruel Lino (Noé Hernández) decide usarla para sus propios fines, primero como mensajera, y después en misiones más riesgosas. Y así, sin proponérselo y sin saber cómo escapar (o, mejor dicho, sin saber qué hacer después de escapar), Laura se sumerge cada vez más en la corrupción, violencia y ambición del narcotráfico, mientras su vida sale totalmente de control...

Sé que están de moda las películas y series de televisión que denuncian la violencia y corrupción del narcotráfico en México, así como la impotencia (o complicidad) del gobierno en este problema; Miss Bala encaja temáticamente en este nicho, pero su ejecución es tan ambiciosa y elegante que se convierte en algo muy distinto... algo así como un "thriller de arte" que no se intimida con la violencia (física o mental) ni pierde de vista la evolución de sus personajes. El director Gerardo Naranjo nos cuenta la historia con un extraordinario lenguaje cinematográfico que quizás en algunos momentos se sienta un poco rebuscado y efectista, pero que de cualquier modo ofrece un contundente impacto narrativo y emocional. De hecho, el cineasta muestra auténtica visión en todos los niveles de su obra, y aprovecha eficientemente sus recursos para crear escenas que se sienten al mismo tiempo cuidadosamente coreografiadas e impredeciblemente naturales, dándole a la película un aire casi documental sin jamás romper el íntimo lazo entre el espectador y la protagonista, ya sea en una tensa conversación privada, o en una espantosa balacera callejera (la cual inevitablemente me hizo pensar en Heat, de Michael Mann).

Admito que al principio de Miss Bala me molestó un poco la actuación de Stephanie Sigman; pero conforme avanzó la cinta me di cuenta de que captura con perturbadora precisión la impotencia (espiritual, anímica y cultural) del individuo ante factores externos que no alcanza a comprender por falta de contexto, experiencia, o simple sentido común. Esto añade otro nivel más al ya de por sí complejo arco dramático de la protagonista, y estimo que la dualidad de víctima/criminal será uno de los puntos divisorios entre la audiencia. Pero incluso si no tragamos las ocasionalmente inexplicables actitudes de Laura, el mensaje sigue siendo igualmente válido, y la experiencia sensorial suficientemente intensa para salir satisfechos del cine... aunque quizás un poco deprimidos. Creo que ya llegué a la edad en la que encuentro pesado ir al cine y salir más abatido de lo que entré (y ya que me había recuperado de The Whistleblower…)

El resto del elenco muestra igual o superior talento, y merece especial mención Noé Hernández como el violento y calculador Lino, quien forja una presencia intimidante sin emplear los fáciles trucos del "villano hollywoodense". Su actuación me puso a pensar que el crimen organizado es una de las pocas actividades donde tienden a ascender los individuos con genuino talento para dicha actividad, y no solo aquellos que ansían dinero, poder o satisfacer alguna psicosis personal. Como frívola comparación podemos tomar el cine, donde algunos logran hacer películas porque tuvieron la suerte de estar en el momento justo y en el lugar apropiado; o porque tuvieron los contactos adecuados para recibir oportunidades que se niegan a los simples mortales. Pero siempre se notará la diferencia cuando esas arbitrarias condiciones están en afortunada conjunción con el ingenio narrativo, visual y poético (¿por qué no?) de un auténtico cineasta con mucho que decir, y con el talento para expresarlo de manera impactante y memorable.

Mis únicas quejas sobre Miss Bala es que se siente un poco larga, y en algunas ocasiones creo que Naranjo exagera un poco el efecto dialéctico de sus escenas (por ejemplo en la secuencia del puente y el concurso). No estoy negando que estas cosas ocurran; simplemente comento que su presentación de contrastes cae de vez en cuando en la manipulación, lo cual no hace falta cuando ya estamos hipnotizados por la historia de Miss Bala y su trágica protagonista. Por lo demás, merece una entusiasta recomendación, especialmente para gente prejuiciosa como yo, que no esperábamos encontrar algo tan maduro e impresionante en la producción mexicana. Quisiera pensar que este logro impulsará la creación de obras similares, pero estoy seguro de que no abundan los cineastas del calibre de Naranjo, así que probablemente mi entusiasmo se transformará en la acostumbrada decepción cuando empiecen a llegar las imitaciones imperfectas de esta casi perfecta obra. Pero bueno, por lo pronto podré disfrutar algunos días sin el peso del malinchismo en mi conciencia.
Calificación: 9

domingo, 11 de septiembre de 2011

Conan el Bárbaro (Conan the Barbarian)

Me gustan las dos, pero honestamente no guardo mucho afecto por la película Conan the Barbarian (1982) ni su inferior secuela, Conan the Destroyer (1984); sin embargo, durante mi adolescencia leí algunos de los cuentos originales de Robert E. Howard (o quizás habrán sido las secuelas de L. Sprague de Camp, no recuerdo), y me gustó mucho su desvergonzado abuso de sexo, violencia y absurdas manifestaciones de heroísmo machista, que ahora interpreto como posible parodia de un género famoso por sus excesos estilísticos y repetitivas fórmulas (aunque hay mucho debate sobre este punto). Como sea, creo que la nueva película Conan el Bárbaro tomó la decisión correcta al ignorar la primera película, y no intentar ser un re-make, sino una nueva adaptación de las novelas "pulp" que dieron fama al personaje a principios del siglo veinte. Sin embargo, las buenas intenciones del director Marcus Nispel no bastaron para producir una buena película... aunque podría funcionar como entretenimiento ligero y un tanto frívolo, lo cual coincide con la opinión que muchas personas tienen de las aventuras literarias de Conan el Bárbaro.

Como puede esperarse, Conan el Bárbaro es una de esas películas que arrancan con una solemne narración para informarnos sobre el mágico universo que habitan sus personajes. En resumen, nos enteramos de que en la Era de Hybórea hubo una gran batalla por la posesión de una máscara mágica, la cual se rompió en varios pedazos que se ocultaron para que ningún tirano pudiera abusar de su poder. El guardián de uno de esos fragmentos es Corin (Ron Perlman), a quien encontramos años después viviendo como líder de una tribu cimeriana, mientras le enseña a su hijo Conan (Leo Howard) los “secretos del acero”. A pesar de su corta edad, el joven Conan se ha convertido en uno de los guerreros más valientes de su tribu, pero ni su pericia logra ahuyentar al villano Khalar Zym (Stephen Lang) cuando llega en busca de la reliquia, la cual obtiene tras matar a Corin y arrasar con el pueblo. Veinte años después encontramos a Conan ya adulto (ahora interpretado por Jason Momoa) obsesionado por vengar la muerte de su padre, y recorriendo el mundo en compañía de piratas y ladrones para encontrar alguna pista que lo lleve al misterioso tirano que porta el emblema de la serpiente. Mientras tanto, Khalar Zym y su cruel hija Marique (Rose McGowan) buscan la fuente de "sangre pura" que les permitirá consolidar su poder y cumplir sus planes de conquista global. Pero Conan encuentra primero ese ingrediente esencial y, cuando se entera de su importancia, planea utilizarlo para cumplir su venganza...

Los primeros veinte minutos de Conan el Bárbaro me parecieron inesperadamente buenos, gracias al dinamismo de su narrativa y a la estoica presencia de Ron Perlman, quien interpreta a Corin con tal dignidad y convicción dramática que se roba la película entera. Desafortunadamente su participación es corta, y cuando la atención de la trama se enfoca en la mutua cacería de Conan y Khalar Zym, automáticamente disminuye la emoción y el interés. De ahí en adelante el "drama" está compuesto de clichés heroicos, diálogos de opereta y, eso sí, constante violencia para mantener la atención del espectador y hacernos creer que la historia está avanzando. Pero bueno, en el simple aspecto visceral la película cumple su compromiso con la versión literaria de Conan, pues la sangre (a veces digital y a veces práctica) fluye con abundancia y complementa las bien coreografiadas peleas entre héroes y villanos. Mis respetos para el editor Ken Blackwell, quien logra un excelente ritmo y claridad en dichas batallas y escenas de acción. En particular me gustó la secuencia de la arena, uno de los mejores momentos de la película que no incluyan a Ron Perlman. Lamentablemente no ocurre lo mismo al final, cuando regresa la clásica confusión y caos visual del cine de acción moderno, lo cual solo hace más frustrantes algunas escenas pobremente iluminadas donde no se entiende lo que está pasando. O quizás fue una estrategia diseñada para cubrir algunos efectos digitales de cuestionable calidad.

En cuanto al protagonista, creo que Jason Momoa tiene el físico correcto y hasta la actitud desafiante y sardónica de Conan; desafortunadamente no es muy buen actor, y tampoco ayuda que el libreto lo pinte como un troglodita carente de personalidad, profundidad emocional o cualquier rasgo que lo haga humano. En ningún momento sentí su deseo de venganza, ni rastro alguno de conflicto interno; pero bueno... comprendo que debe ser difícil encontrar un genuino actor con esos enormes músculos. Y, aceptémoslo, el estándar establecido por Arnold Schwarzenegger tampoco exige mucho talento histriónico, sino simplemente la habilidad de blandir una gran espada, pelar los dientes y gritar mientras embiste al enemigo. Es una lástima, pues hubiera sido interesante explorar otras facetas en este incomprendido héroe. Quizás dentro de treinta años alguien más intentará hacerlo.

Irónicamente, en esta película empapada de testosterona me gustaron más las actuaciones del elenco femenino. Rose McGowan exagera con gran entusiasmo en su papel de Marique, la malévola hija de Khalar Zym, cuyos ambiguos poderes mágicos la convierten en un enemigo particularmente peligroso (aunque por alguna razón no los usa cuando más falta le hacen). Comparado con ella, su padre es un "malo" tan genérico que cuesta trabajo tomarlo en serio como el antagonista principal de la película, a pesar de estar interpretado por Stephen Lang, cuya experiencia en miradas duras y maniáticos gestos quedó ampliamente demostrada en Avatar. Por otro lado tenemos a Rachel Nichols en el ingrato papel de Tamara, aliada temporal de Conan que además debe fungir como interés romántico, damisela en peligro y "mcguffin" de la historia; no estoy seguro de que Nichols sea una gran actriz, pero su experiencia en G.I. Joe: The Rise of Cobra y en la serie de TV Alias le enseñó a dominar estos papeles de acción sin comprometer sus atributos femeninos y al mismo tiempo mostrando más energía y personalidad que el resto de los actores (con la obvia excepción de Perlman). No sé si la historia se repita, pero en caso de que alguien esté planeando una nueva versión de Red Sonja, propongo a Rachel Nichols como perfecta candidata al papel (y ya sabemos que se ve bien como pelirroja).

Entonces, creo que la película Conan el Bárbaro es una pobre adaptación de una icónica figura literaria, pero al menos intentó preservar los elementos superficiales más identificados con el personaje (sangre, sexo y violencia - por no mencionar misoginia y homo-erotismo), así que puedo recomendarla con mínimo entusiasmo para quienes disfruten del cine "peplum" (también conocido como "sandalias y espadas") que pone más énfasis en la acción y el diseño de producción que en la integridad narrativa, la fuerza de los personajes o el realismo emocional. Quizás fue un error esperar estos últimos atributos en una película del director Marcus Nispel... pero bueno, si Albert Pyun consiguió algo mejor con poquísimo dinero en The Sword and the Sorcerer, creo que está justificada mi decepción por esta costosa cinta "de estudio" que trató de romper el esquema "Hollywood" sin realmente esforzarse lo suficiente. Para el caso, me quedo con la original de Arnold Schwarzenegger; al menos el tiempo le ha dado más valor como reliquia cultural y como involuntaria comedia política.
Calificación: 6.5