martes, 31 de enero de 2012

Drive: El Escape (Drive)


Cuando se dio a conocer el proyecto de Drive: El Escape, pensé que sería una típica película de acción automovilística (al estilo de Gone in 60 Seconds o The Fast and the Furious), pero con más altas aspiraciones artísticas y con un excelente actor al frente del elenco. Sin embargo, bajo la dirección del danés Nicolas Winding Refn, la cinta resultó ser algo muy distinto, más ambicioso e interesante, pero sin abandonar los momentos de acción que el título prometía. En resumen: una de las más agradables sorpresas del año (y no importa que lo diga en Enero).

El mencionado protagonista es simplemente el Conductor (Ryan Gosling), mecánico de oficio que en su tiempo libre hace "stunts" automovilísticos para los estudios de Hollywood, apoyado por su amigo y agente Shannon (Bryan Cranston), quien tiene sueños de entrar al circuito NASCAR con su joven protegido. Sin embargo el Conductor tiene una ocupación secreta, como chofer de criminales que necesitan un experto al volante para escapar de la policía después de algún "golpe". Pero las cosas se complican cuando el Conductor empieza a interesarse en su vecina Irene (Carey Mulligan), cuyo esposo está en presidio; y conforme la trama se interna más en el mundo criminal de Los Ángeles, el Conductor descubre nuevos riesgos y oportunidades que tendrán un precio más elevado del que imagina.

El inescrutable protagonista, la inocente damisela en peligro y la amenazadora atmósfera del bajo mundo criminal en la gran ciudad nos indican que estamos en pleno territorio "noir", pero con una veta existencial que añade un interesante componente emocional, el cual es tan esencial para el suspenso como las persecuciones, peleas y balaceras. En otras palabras, encontré tan interesante el misterio criminal como el gradual análisis del Conductor, lacónico e inexpresivo, pero con un caldero de conflictivas emociones en su interior. El libreto (basado en una novela de James Sallis) es como un mecanismo de relojería, perfectamente construido y balanceado para provocar el máximo impacto sin traicionar su concisa narrativa y sobria manufactura. El tema automovilístico y el sutil "cool" de Ryan Gosling están invitando comparaciones con Bullit y Steve McQueen, pero el tono de la cinta me recordó más un exótico híbrido de Vanishing Point y Point Blank; e incluso el estilo "retro" (pero no muy retro) empleado por Winding Refn acentúa la ilusión de que estamos viendo algún "noir" perdido que tuvimos la inmensa fortuna de re-descubrir.

Además del intenso Gosling y la conmovedora Carey Mulligan, Drive: El Escape está repleta de sólidos actores de carácter que aportan mucho a sus bien definidos roles; Bryan Cranston es brillante, como siempre, en el papel de jefe/agente/mejor amigo del Conductor, con grandes planes para el futuro que desafortunadamente intersectan con ciertos elementos del mundo criminal. Ron Perlman y Albert Brooks son mafiosos de poca monta; patéticos villanos con más talento para la violencia que para los negocios ilegales. Brooks resulta particularmente efectivo porque sabe aprovechar su tradicional aire cómico como inesperado contraste de los momentos más fuertes que le asigna el libreto (cuando dice: "No te preocupes, eso fue todo" se me hizo un nudo en la garganta...) Y ¿qué decir de la fantástica música de Cliff Martínez? No es un nombre muy conocido en el mundo de las bandas sonoras, pero sus composiciones pulsan al ritmo exacto que requiere cada escena, e incluyo en esa descripción las excelentes canciones "pop" que parecen salir de algún olvidado drama juvenil ochentero de Howard Deutch.

Sin tratar de encasillarla en categorías que no harán justicia a su tremenda narrativa, solo diré que Drive: El Escape es una experiencia única y cien por ciento recomendable... una cinta de acción inteligente, o un drama con temas universales de lealtad y redención vestidos con una sensibilidad moderna y altamente estilizada que no se siente pretenciosa ni forzada. De hecho, Drive: El Escape funciona por todo aquello que NO hace... romance sin escenas de amor, acción sin el falso barniz de Hollywood, y drama que vive en los silencios de los personajes, en vez de manifestarse con obvios diálogos o exageraciones histriónicas. Y, claro, mi apatía por los Óscares se multiplica al ver que esta extraordinaria cinta solo tiene una condescendiente nominación técnica. Pero, ¿saben qué? Realmente no importa, pues así se acentúa su sensación de "joya perdida" que merece ser vista por todos los fans del buen cine, y sobre todo por quienes añoran los thrillers de antaño. Ya no los hacen como antes, excepto cuando ese es el propósito específico de su talentoso director. Y por favor no la confundan con Drive Angry.
Calificación: 10

lunes, 30 de enero de 2012

Poder y Traición (The Ides of March)


En su corta pero ecléctica carrera como director, George Clooney ha mostrado notable flexibilidad en sus temas y estilos, pero siempre acompañados por una sólida visión que lo pone a la par de cineastas más experimentados (e incluso en ventaja sobre otros de mayor renombre); y si bien Poder y Traición (¿no encontraron un título más genérico?) podría considerarse como su película más "normal" hasta el momento, su argumento estridentemente político y su trillado mensaje podría convertirla en su obra menos ambiciosa, y por lo tanto más decepcionante. Afortunadamente cuenta con un excelente ensamble de actores (incluyendo a Clooney mismo) para rescatar parcialmente la cinta y ayudarle a trascender su función de cansada retórica propagandista.

La película se desarrolla durante la campaña política de Mike Morris (George Clooney), un gobernador con aspiraciones a la presidencia de los Estados Unidos, aunque antes debe ganar la candidatura de su partido, por la cual compiten otros políticos más experimentados y corruptos. Afortunadamente Morris tiene de su lado un par de excelentes estrategas, Paul Zara (Philip Seymour Hoffman) y su joven asistente Stephen Meyers (Ryan Gosling), cuyos altos principios morales y habilidad administrativa lo hacen tan valioso que hasta su rival Tom Duffy (Paul Giamatti) quiere contratarlo para trabajar con la competencia. Sin embargo Meyers cree realmente en la visión de Morris, y hace hasta lo imposible por ocultar un escándalo que podría dañar la reputación del gobernador. Y así, entre más profundiza en la campaña, el idealista joven se da cuenta de que no hay lugar en la política para un hombre de altos principios e inquebrantable moralidad, así que Meyers deberá decidir qué es más importante en su vida... ¿comprometer sus principios para obtener la victoria de su candidato, o seguir su conciencia y poner en peligro el futuro de su país?

Antes que nada, conviene aclarar que Poder y Traición no es OTRA cansada denuncia contra George W. Bush, el conflicto en Irak o la guerra contra el terrorismo. Creo que ya superamos esa etapa, aunque desde luego quedan abundantes temas para examinarse en el cine "con conciencia". Lo que Clooney quiere hacer con Poder y Traición no es atacar a un partido político en particular, ni a un individuo o ideología concreta, sino al sistema mismo, donde la rectitud y honestidad se convierten en obstáculos para avanzar en el camino hacia el poder. Sin duda es un mensaje loable e importante, pero... ¿realmente necesita repetirse? ¿No basta con ver las noticias para darnos cuenta de que así ha sido siempre, y probablemente seguirá siéndolo? En cierto modo hubiera preferido que el libreto contara con algún otro ángulo (¿la crisis económica, la adicción al petróleo, los escándalos electorales?), pues tal vez así hubiera sido más interesante esta simplista lección sobre las obvias realidades de la política contemporánea, donde la imagen lo es todo, y las buenas intenciones son para los tontos que aún creen en los discursos de los candidatos.

Además, no me pareció muy realista la existencia de un gobernador honesto, inteligente y justo, que se niega a participar en los más sucios trucos del oficio para garantizar su candidatura a la presidencia. ¿Entonces cómo demonios llegó a ser gobernador? ¿Besando bebés y saludando de mano a sus votantes? Y, para el caso, ¿cómo es posible creer en un brillante estratega político que trabaja en función de sus elevados principios morales, y no por el dinero o poder que pueda ganar a largo plazo? Ya no estamos en la era de Mr. Smith Goes to Washington, donde Jimmy Stewart cambiaba el curso del país con integridad y una sonrisa. Y aunque es verdad que las cosas se agrian rápidamente para los personajes de Poder y Traición, el drama solo funciona si creemos en su rectitud al principio de la película. En fin... supongo que podría funcionar como un cuento de hadas político, cuyos irreales personajes no deben tomarse como individuos, sino como metáforas y analogías necesarias para llegar a la moraleja final.

Hablando de lo cual, por lo menos me gustó la conclusión de la película, abrupta pero provocativa, con un "cliffhanger" sutil que puede resolverse según el gusto del espectador. Eso y las mencionadas actuaciones fueron lo que mantuvieron mi interés durante el resto de Poder y Traición, pues además de los siempre confiables Ryan Gosling y George Clooney, tenemos excelente desempeño por parte de Philip Seymour Hoffman como el abrumado líder de la campaña, aparentemente paranoico hasta que nos damos cuenta de que tiene mucha razón para serlo; Paul Giamatti, perfecto como rival de Zara, con una carga sobrehumana de cinismo y desdeño por los bufones políticos para quienes trabaja (creo que la película me hubiera gustado más si él fuera nuestro personaje principal); Evan Rachel Wood como la casualmente sexy e inocente asistente que empieza a enamorarse de Meyers; y Marisa Tomei en el corto pero jugoso papel de reportera política, gran aliado o peligroso enemigo, según se cumplan sus caprichos laborales. En resumen, un gran ensamble de actores para dar sustancia a una historia bien escrita pero demasiado ligera en su forma y elemental en su fondo. Aún así aprecio las buenas intenciones de George Clooney, el director, y sin duda seguiré viendo sus películas; solo espero que encuentre material más ingenioso, o al menos más creíble para sus futuras obras... sobre todo si quiere que voten por él cuando se meta a la política.
Calificación: 7

domingo, 29 de enero de 2012

La Invención de Hugo Cabret (Hugo)


Honestamente no tenía altas expectativas sobre La Invención de Hugo Cabret, pues aunque admiro la obra de Martin Scorsese, me parecía extraño que un director conocido por retratar con devastadora crudeza el mundillo criminal de Nueva York, decidiera realizar una cinta familiar llena de fantasía... y en 3D. Sin embargo, el talento de Scorsese como director es innegable, y aunque la cinta dista mucho de ser mi favorita, es indudablemente una de las obras más personales de este cineasta, además de que cuenta con abundantes virtudes técnicas y narrativas para transformarla en una memorable experiencia cinematográfica... en más de un sentido.

La historia se desarrolla en el mágico París de los años treintas, y se centra (al menos durante la primera mitad) en Hugo Cabret (Asa Butterfield), un pequeño huérfano que vive en los pasadizos de una estación ferroviaria, manteniendo en funcionamiento los múltiples relojes que marcan los horarios de los trenes. Hugo heredó este trabajo de su finado Tío Claude (Ray Winstone), pero debe hacerlo en secreto, pues si lo descubre el adusto Inspector Gustav (Sacha Baron Cohen), se lo llevará al orfanato, donde Hugo no podría continuar su principal obsesión: reparar un curioso autómata humanoide que fabricó su padre (Jude Law) hace muchos años, y que tal vez oculta en su complejo mecanismo de relojería un último mensaje para su hijo. De vez en cuando Hugo necesita piezas mecánicas, y las roba de un humilde juguetero local llamado Monsieur George (Ben Kingsley), quien resulta tener una extraña conexión con el autómata de Hugo. Entonces, auxiliado por su amiga Isabel (Chloe Moretz), el niño trata de averiguar en qué circunstancias el anciano conoció a su padre... y lo que descubren cambiará sus vidas para siempre.

La verdad es que al principio no me estaba gustando La Invención de Hugo Cabret. El idealizado entorno parisino creado por Scorsese y su diseñador de producción Dante Ferretti es ciertamente impresionante, pero exuda una artificialidad tan marcada que por un momento pensé que estaba viendo una película de Ron Howard o alguien similar. Vamos, hasta el movimiento de los extras me parecía intolerablemente estudiado, así como los detalles "pintorescos" de la estación ferroviaria... la señora con su perrito ladrador, la vendedora de flores, el gendarme atolondrado que es al mismo tiempo villano y víctima de irritante "slapstick". En corto, parecería que Scorsese vertió en una sola película todo el sentimentalismo y cursilería que acumuló en 40 años de carrera. Sin embargo, cuando la historia cambia de rumbo (con sonoros rechinidos de los engranes narrativos, por cierto), La Invención de Hugo Cabret toma una personalidad totalmente distinta, ignorando a su epónimo protagonista para examinar la vida secreta de Monsieur George, y ahí es donde empezó a gustarme la cinta hasta culminar con un perfecto final, quizás un poco meloso pero muy satisfactorio para fanáticos del cine.

No quiero revelar demasiado para preservar las deliciosas sorpresas del libreto, así que será mejor verter halagos en los actores, empezando por Ben Kingsley como el anciano juguetero que no logra ocultar su genialidad detrás de su amargado exterior e intolerante carácter. El niño Asa Butterfield gana de inmediato la simpatía del espectador con su expresivo rostro, y aunque debemos creer que es un genio de la relojería, nunca cae en antipáticas posturas de niño precoz; indudablemente fue un gran hallazgo sin el cual La Invención de Hugo Cabret no funcionaría tan bien. Por otro lado, la niña Chloe Moretz tiende a caer ocasionalmente en esa precocidad de Canal Disney, pero logra compensarla con emociones honestas y sólida actuación, lo cual es decir bastante cuando tiene que compartir la pantalla con luminarias como Kingsley, Emily Mortimer o el mismísmo Christopher Lee, en un raro papel de afable bibliotecario. Sin embargo, el héroe de la película sigue siendo Martin Scorsese, en plena posesión de su impecable sentido narrativo y enérgica dirección para rescatar hasta las partes más dudosas de la historia. De hecho, mis críticas estarían más dirigidas hacia el guión de John Logan (basado en un libro de Brian Selznick), pues aunque se está vendiendo como una película familiar (¿mencioné el 3D?), estimo que la hora final resultará aburrida para los niños, mientras que el principio quizás desconcertará al auténtico público de la cinta ("movie geeks" como yo).

Pero bueno, con todo y sus inconsistencias, cambios de rumbo y excesiva artificialidad, La Invención de Hugo Cabret resultó ser una fascinante experiencia cinematográfica que vale la pena verse en la pantalla grande, no solo por su espectáculo visual (el uso de la tercera dimensión es bastante bueno, aunque no lo consideraría indispensable para disfrutar la cinta) sino por el mensaje que nos deja sobre el cine como expresión artística. En cierto modo hubiera preferido ver una cinta seria de Scorsese sobre estos temas, pero incluso bajo el disfraz de cine infantil cumple su propósito de enseñarnos, divertirnos y conmovernos, no necesariamente en ese orden. Pero por favor que no se haga costumbre... quiero ver de nuevo a este director trabajando en su tradicional cine realista. No necesitamos más amenazas como Robert Zemeckis o el mencionado Ron Howard, usualmente buenos directores hasta que pierdan los estribos y la visión cuando hacen cine "para niños" que solo provoca dolores de cabeza. Tuvimos suerte esta vez, y no es necesario arriesgarse de nuevo.
Calificación: 8.5

viernes, 27 de enero de 2012

Inframundo: El Despertar (Underworld: Awakening)


Las películas Underworld y Underworld: Evolution me parecieron razonablemente entretenidas a pesar de estar sobrecargadas con una torpe y complicada mitología que, en mi humilde opinión, salía sobrando y solo servía para llenar los huecos entre las dinámicas escenas de acción. Quizás por eso me gustó más la tercera parte, Underworld: Rise of the Lycans, una eficiente precuela con menos palabrería, más acción y por fin un argumento claro (bueno, relativamente) que no requería conocer cada detalle de las aristocráticas dinastías vampíricas ni su voluble relación con los hombres lobo, sus eternos enemigos. Para la cuarta parte, Inframundo: El Despertar, los directores Måns Mårlind y Björn Stein tomaron la acertada decisión de emular la simplificación de su predecesora, pero esta vez llevándonos al futuro cercano, donde la guerra secreta entre vampiros y lobos (o "lycans") palidece frente a la nueva amenaza que enfrentan... el hombre.

Al principio de Inframundo: El Despertar nos enteramos de que la existencia de vampiros y hombres lobo ya no es un secreto; y la humanidad, para variar, declaró la guerra contra ambas criaturas, desatando una cacería masiva conocida como "la limpia", durante la cual fueron exterminados todos los "infectados". O casi todos. La hermosa y letal Selene (Kate Beckinsale) fue capturada al principio de la guerra, y durante doce años estuvo cautiva en un misterioso laboratorio donde el cruel Dr. Lane (Stephen Rea) la usó como sujeto de variados experimentos. Entonces, cuando Selene es liberada, trata de encontrar otros sobrevivientes de su especie que le ayuden a entender lo que está ocurriendo. Pero antes, deberá averiguar quién la ayudó a escapar... y ¿con qué fin?

Que quede claro... Inframundo: El Despertar es ridícula en todos sus aspectos, desde el solemne melodrama vampírico (cuya gravedad depende exclusivamente de los acentos británicos del elenco), hasta las absurdas escenas de acción que desafían toda ley física (y de sentido común) mientras siguen copiando desvergonzadamente el estilo de The Matrix (¡13 años después!) Pero al menos la protagonista tiene una motivación concreta, las peleas están bien coreografiadas y claramente editadas (aunque el "wire work" es terrible), y los efectos especiales, tan artificiales como siempre, se regodean en la clasificación "R", ofreciendo toda la sangre y vísceras que se nos negó en las previas películas.

En otras palabras, estos directores suecos saben cómo divertir al público, y no se avergüenzan por satisfacer nuestras fantasías adolescentes con excesos visuales que disimulan exitosamente la falta de una narrativa original. De hecho, lo único sorprendente del libreto es que se hayan necesitado seis guionistas para escribirlo, cuando cualquier autor de "fanfic" hubiera bastado para reciclar los mismos temas de siempre y repetir la fórmula básica de "discusión en la guarida gótica - ataque de lobos - discusión en la guarida industrial - ataque de humanos - repetir al gusto". No obstante, aprecio que la historia nos ponga automáticamente del lado de los vampiros, y nunca se contemple nuestra lealtad como espectadores hacia los demás humanos, que en este caso son simple carne de cañón y fuente alimenticia para los "héroes". Es obvio que los vampiros son "cool", y eso basta para desear que ganen en el conflicto tripartita.

En una película con estas dudosas "virtudes" parecería irrelevante preocuparnos por las actuaciones, pero vale la pena señalar el sólido trabajo de Kate Beckinsale como la invencible Selene, cuya férrea convicción nos ayuda a mantener una conexión emocional con la trama... por no mencionar su afinidad hacia los ajustados uniformes de piel (o plástico, o lo que sea) que lucen perfectamente su figura en "slo-mo" y complementan su imagen anti-heroica. Como dije antes, es una elemental fantasía adolescente, y se enorgullece de serlo. Menos fantástico pero igualmente cliché es el confiable Stephen Rea como “científico loco” obsesionado con encontrar aplicaciones militares para los poderes de los vampiros. Y, finalmente, también me gustó la adición de la niña India Eisley como "mcguffin" de la historia, pues nos evita otra cansada sub-trama romántica y nos da un pequeño atisbo a los instintos maternales de Selene, visibles incluso a través de su gélida mirada e intensa actitud.

Entonces, aclaro que Inframundo: El Despertar no es una buena película, pero a fin de cuentas corrigió algunos problemas de la franquicia (al mismo tiempo que creó otros nuevos) y se esforzó lo suficiente por ofrecer hora y media de hueca diversión que no necesita tomarse en serio para entretenernos con malos efectos, buenas peleas y una estética de video juego repleta de "headshots", ataques "combo" y "bosses" cada vez más grandes y peligrosos. Tomó cuatro películas, pero creo que la serie Underworld finalmente encontró la receta correcta y, a falta de más Blades o BloodRaynes, se perfila como heredera y redentora del legado vampírico que se había extraviado por culpa de cierta saga romántica cuyo título no me interesa repetir. Solo diré que soy Team Selene de aquí en adelante.
Calificación: 7.5

jueves, 26 de enero de 2012

Burke and Hare


Otro director aclamado en los ochentas que no ha hecho mucho recientemente es John Landis, más conocido por algunas excelente comedias (Coming to America, Spies Like Us), pero igualmente venerado en el género de terror por haber realizado la mega-clásica An American Werewolf in London (aunque si examinamos su filmografía veremos que el resto de sus incursiones en el horror van de lo mediocre a lo olvidable). Tras 13 años de ausencia en el cine (pero no de la televisión) regresa ahora con la cinta Burke and Hare, donde justamente combina horror y comedia en un relato basado en hechos reales (bueno, "inspirado"). Y si bien la mezcla de géneros me pareció demasiado inestable, admito que sus elementos individuales bastaron para mantenerme entretenido, aunque no podría afirmar cuál de las dos facetas de la cinta funciona mejor.

Los epónimos protagonistas de Burke and Hare son William Burke (Simon Pegg) y William Hare (Andy Serkis), dos inmigrantes irlandeses tratando de sobrevivir en la ciudad escocesa de Edimburgo a principios del siglo diecinueve. Sus intentos de comercializar un "musgo medicinal irlandés" terminan en desastre, pero casualmente se enteran de un negocio lucrativo para empresarios con pocos escrúpulos... la venta de cadáveres. Aparentemente en aquel entonces Edimburgo era "la capital europea de la medicina", con dos renombradas escuelas en constante competencia por ganar el favor de la Corona gracias a sus avanzadas técnicas médicas. Sin embargo, la enseñanza de cirugía y anatomía requiere una constante provisión de cadáveres frescos, la cual se suplía con los cuerpos de criminales recién ejecutados. Pero cuando el artero Dr. Monro (Tim Curry) usa su influencia política para acaparar esos cadáveres, su rival, el Dr. Knox (Tom Wilkinson), se ve obligado a buscar "suministros" por otros medios... y ahí es donde entran Burke y Hare, quienes inicialmente venden cuerpos de personas fallecidas por causas naturales. Pero cuando la demanda supera la oferta, deciden organizar misteriosos "accidentes" que generan más difuntos. Desafortunadamente el súbito incremento de mortalidad en los barrios bajos levanta las sospechas del paranoico Capitán McLintoch (Ronnie Corbett). ¿Cuánto tiempo podrán Burke y Hare mantener su acomodado estilo de vida con esta sórdida actividad?

Entonces, por un lado tenemos como elemento cómico las mórbidas aventuras de los atolondrados protagonistas, que no son retratados como monstruos desalmados, sino como hombres desesperados por salir adelante en un entorno económico sumamente deprimido (¿suena familiar?) Y, claro, nunca está de más un poco de motivación romántica en la forma de Ginny Hawkins (Isla Fisher), una guapa bailarina con el sueño de poner en escena una versión femenina de Macbeth. Burke queda prendado de la chica y decide financiar el proyecto, lo cual es excusa suficiente para ignorar su conciencia, más pesada con cada nuevo asesinato. Por otro lado Hare debe lidiar con su alcohólica esposa Lucky (Jessica Hynes), quien resulta tener sorprendente visión a largo plazo para el negocio de la muerte. Por el lado serio tenemos el fantástico trío de Tim Curry como el Dr. Monro, malo para la medicina, pero bueno para la política; Tom Wilkinson como el brillante Dr. Knox, cuya investigación podría salvar miles de vidas, siempre y cuando acepte la inconveniencia de financiar algunos asesinatos; y Hugh Bonneville como Lord Harrington, el aristócrata encargado de supervisar ambas escuelas de medicina como representante de la Corona. Francamente, me hubiera gustado ver una versión seria de esta historia centrada en esos personajes y sus peligrosos recorridos entre la luz de la ciencia y las sombras de la política.

Y ahí está el problema principal de Burke and Hare. Los elementos cómicos funcionan (casi siempre) gracias a las simpáticas actuaciones y sólidos instintos humorísticos de Simon Pegg y Andy Serkis, pero una y otra vez me encontré deseando que la cinta definiera mejor su carácter. En otras palabras, la comedia estorba constantemente al drama histórico, y el drama histórico se siente fuera de lugar en el contexto del humor negro empleado por Landis. Es como ver dos películas muy diferentes por el precio de una, pero mezcladas de una manera tan forzada e inconsistente que cuesta trabajo apreciar sus bondades individuales. Pero bueno... en el plano técnico Burke and Hare trasciende su bajo presupuesto con buena cinematografía (cortesía de John Mathieson), excelente diseño de producción y escenarios tan realistas que casi sentimos el lodo en los pies y la fetidez del aire en nuestra piel. Landis es definitivamente un buen director con amplia experiencia y pleno control de sus herramientas cinematográficas, pero esta vez le falló el "selector de estilos", y el resultado es una película cuya suma de aciertos no logra superar sus problemas. Podría recomendarla para fans de Landis (quienes sin duda apreciarán los cameos de figuras como Ray Harryhausen, Jenny Agutter, Christopher Lee, Costa-Gavras y Stephen Merchant, por no mencionar al auténtico William Burke), pero existen muchas otras "comedias de terror" mejor balanceadas y más graciosas que conviene re-visitar para disfrutar esta difícil, pero potencialmente satisfactoria combinación de géneros. Sin ir más lejos, An American Werewolf in London es un buen ejemplo... ojalá Landis hubiera seguido su propia receta al realizar Burke and Hare.
Calificación: 6.5

martes, 24 de enero de 2012

5 Days of War


Aunque el director finlandés Renny Harlin es responsable por algunas horribles películas de las últimas décadas, no podemos ignorar sus momentos positivos, especialmente cuando no está lidiando con los altos presupuestos y grandes estrellas de Hollywood, sino dedicándose a la creación de modestas cintas independientes que siempre resultan entretenidas a pesar de sus abundantes fallas. Por eso me interesaba su más reciente obra, 5 Days of War, en la que combina su tradicional estilo de abigarrada acción con un mensaje político sincero, aunque tan obvio que se vuelve ridículo. En otras palabras: clásico Harlin.

Basada en hechos reales, 5 Days of War gira en torno a la invasión de Georgia, una de las repúblicas que ganaron su independencia tras la caída de la Unión Soviética a fines de los ochentas. Durante las siguientes dos décadas Rusia trató de ganar influencia sobre estos territorios aledaños, pero Georgia fue la que más resistió, buscando alinearse económica y políticamente con la Unión Europea. La tensión entre ambas naciones explotó en agosto del 2008, cuando tropas rusas incursionaron en territorio de Georgia, y durante los siguientes cinco días asolaron la región provocando cientos de muertes y el desplazamiento de miles de familias que perdieron sus casas y abandonaran sus comunidades. En esa terrible situación encontramos al reportero Thomas Anders (Rupert Friend) y su camarógrafo Sebastian Ganz (Richard Coyle) tratando de ayudar a la joven campesina Tatia (Emmanuelle Chriqui), quien busca desesperadamente a su familia luego de un bombardeo aéreo. Durante la búsqueda los reporteros graban actos de brutal violencia, y tratan desesperadamente de contactar a las agencias noticiosas del resto del mundo para difundir lo que está ocurriendo, y quizás crear presión política que detenga el genocidio. Mientras tanto, en el palacio nacional, el Presidente Saakashvili (Andy García) trata desesperadamente de ganar aliados en las Naciones Unidas, pero parece que a nadie le interesan los problemas de una región con poco petróleo o valor económico...

El mensaje de la película es contundente y una vez más revela la hipocresía de naciones empeñadas en "liberar" pueblos oprimidos, pero solo cuando hay algo valioso de por medio. La república de Georgia (al igual que Rwanda, Armenia y Bosnia) no tiene mucho valor estratégico o económico, y por lo tanto no mereció la atención de quienes podrían haber hecho algo para ayudarla. Habiendo dicho eso, el libreto de 5 Days of War exagera tanto su postura política que termina sintiéndose como burda propaganda, traicionando sus deberes de thriller político (o simple cinta de acción) para repetirnos una y otra vez el heroísmo del Presidente Mikheil Saakashvili, el salvajismo de la milicia rusa (integrada en gran parte por mercenarios y ex-criminales), y la indiferencia de las Naciones Unidas. Claro que hay una buena razón para estas exageraciones... 5 Days of War fue parcialmente financiada por el gobierno de Georgia, y supongo que el director Renny Harlin tuvo que aceptar muchas "sugerencias" de sus benefactores para pintarlos como ángeles y mártires rodeados de demonios. Pero bueno, por el lado amable este patrocinio permitió el uso de auténticas locaciones y genuino "hardware" militar, de modo que las escenas de acción son muy impresionantes, con auténticos helicópteros, tanques y aviones rusos atacando sus objetivos, en vez de los baratos efectos digitales que veríamos en una típica cinta directa a DVD.

Desafortunadamente el drama humano no es resultó tan interesante como la acción, aunque se nota el esfuerzo de los actores por capturar el horror, confusión y angustia de vivir en el pesadillesco entorno de la guerra. Hay algunos nombres famosos en los créditos de 5 Days of War, pero generalmente están relegados a papeles cortos. El mejor ejemplo es Heather Graham, prominentemente mencionada en la caja del DVD aunque su participación se limita a los primeros dos o tres minutos de la cinta. Val Kilmer tiene varias escenas, pero sigue siendo un personaje secundario, y lo mismo aplica a Andy García como el presidente de Georgia, cuyas escenas seguramente se filmaron en uno o dos días (me abstendré de comentar sobre su ridículo acento ruso). Los protagonistas reales son Rupert Friend, Emmanuelle Chriqui y Richard Coyle, perfectamente funcionales como encarnación de clichés vivientes, pero no necesariamente poseedores de suficiente personalidad o carisma para sostener el interés del espectador durante dos horas.

Quizás con un director más prestigioso y actores de mayor renombre, 5 Days of War pudo ser uno de esos dramas políticos con múltiples nominaciones al Óscar para demostrar la conciencia social de "la Academia". Pero en manos de este modesto director logró al menos ser una sólida "película B" que cumple su propósito de entretenernos, ilustrarnos un poco sobre una negra página de la historia moderna, y emocionarnos con algunas sólidas escenas de acción y suspenso mientras seguimos a los reporteros en su transición de simples observadores a héroes humanitarios. Como sea, la película no es muy creíble, y su rimbombante retórica política dificulta tomarla en serio, pero siento que merece una tímida recomendación porque al menos aspiró a trascender la baja ambición habitual este particular nicho cinematográfico. Además... ¿Val Kilmer en un baño de burbujas? ¿Quién podría resistirse a eso?
Calificación: 7

domingo, 22 de enero de 2012

El Examen (Exam)


En general me gustan las historias "embotelladas" (es decir, limitadas a una sola locación) pues, cuando están bien realizadas, logran destilar la esencia misma del arte teatral, capturando nuestra atención con simples palabras, actuaciones y sobre todo una fuerte narrativa. En años recientes hemos visto un resurgimiento de este estilo cinematográfico (quizás como reacción natural contra la tendencia general al "cine espectáculo" de Hollywood), y aunque dichas cintas no siempre sean sobresalientes o memorables, al menos garantizan una experiencia diferente, más ambiciosa en el plano intelectual, y más simple en el visual. La nueva (no tan nueva) cinta británica El Examen encaja en esa descripción, partiendo de una premisa ingeniosa pero fallando a lo largo del camino por tergiversar demasiado su argumento y no seguir sus propias reglas. Aún así ofrece algunas ideas interesantes y buenas observaciones sobre los peligros del sistema económico contemporáneo.

Los noventa minutos de El Examen transcurren en una oficina engañosamente simple, con sillas y mesas, pero sin ventanas, a donde llegan ocho candidatos para una inusual entrevista de trabajo, donde sus únicos materiales son sendos lápices y hojas de papel. Aparentemente este es el paso final de un largo y difícil proceso de selección, y quien resulte elegido tendrá un envidiable trabajo con increíble sueldo y prestaciones. Sin embargo no queda claro en qué consiste la entrevista, pues el estricto supervisor (Colin Salmon) los deja solos tras impartir una bizarra lista de instrucciones (por ejemplo, nadie debe "arruinar" su hoja de papel, ni tratar de salir del cuarto, ni entablar comunicación con el guardia que los vigila). Entonces, sin saber qué se espera de ellos, los candidatos (identificados tan solo por sus características físicas: rubia, morena, blanco, negro, etc.) empiezan a proponer teorías sobre el camino a seguir... y sobra decir que la cooperación degenera rápidamente en traiciones, agresión y hasta violencia, de modo que no solo está en juego el empleo, sino sus vidas mismas...

Me gusta la premisa, y definitivamente hay algunos buenos actores en el reducido elenco, pero el libreto (escrito por el director Stuart Hazeldine) avanza irregularmente entre clichés predecibles y giros incongruentes, hasta llegar a un torpe final que comete el error de introducir elementos casi fantasiosos para justificar algunas de sus más ridículas situaciones. No solo parece un taimado truco para crear sorpresa artificial, sino que arruina la experiencia del espectador que trataba de resolver el misterio al mismo tiempo que los personajes... solo para darse cuenta al final de que no había manera de resolverlo lógicamente, sino solo con las trampas del guionista. Mis disculpas si esto suena confuso, pero obviamente no deseo revelar más de lo necesario, y arruinar lo poco que ofrece esta contradictoria película. Después de todo, la tolerancia y expectativas que cada quien tenga hacia este tipo de "acertijos cerebrales" podría cambiar por completo su opinión de la obra.

A fin de cuentas puedo darle una leve recomendación a El Examen, pues si bien resulta ocasionalmente aburrido su desarrollo y frustrante su conclusión, debo admirar la audacia del planteamiento narrativo y la dirección que nunca se siente estática o repetitiva a pesar de las limitaciones de su escenario. Habiendo dicho eso, puedo recordar muchas otras películas "minimalistas" que me parecieron más interesantes, entretenidas o ingeniosas (por ejemplo, Buried, Cube y Black Water), así que definitivamente hay mejores alternativas para disfrutar esta moda cinematográfica, que desde luego es más difícil de lo que parece. Y, claro, también hay peores muestras, así que al menos debemos darle crédito a El Examen por haber logrado bastante con muy poco. Si tan sólo se hubieran esforzado más...
Calificación: 6.5

sábado, 21 de enero de 2012

Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo (Spy Kids: All the Time in the World in 4D)


Las cintas Spy Kids y Spy Kids 2: Island of Lost Dreams me gustaron mucho porque capturaron el tono y sensibilidad del mejor cine infantil, travieso y subversivo pero sin caer en la vulgaridad y sin insultar la inteligencia de su público. La tercera cinta (Spy Kids 3-D: Game Over) estiró demasiado el concepto y perdió el foco en los personajes, quienes eran lo mejor de la saga; y ahora la cuarta película, Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo, trata de revivir la franquicia con una nueva familia de espías, algunos viejos conocidos y un argumento potencialmente creativo que, sin embargo, no logró aprovecharse con el ingenio que yo esperaba. En resumen: parece una barata secuela directa a DVD tratando de explotar la nostalgia de las previas películas, pero sin alcanzar el mismo nivel de humor y energía.

Al principio de la cinta vemos en acción a Marissa Wilson (Jessica Alba), experta agente de la organización OSS que no se detiene ante nada para cumplir su misión... ni siquiera su avanzado embarazo. Pero cuando nace su bebé, Marissa decide abandonar la peligrosa profesión de espía para pasar más tiempo con su esposo Wilbur (Joel  McHale) y sus hijastros Cecil (Mason Cook) y Rebecca (Rowan Blanchard), ninguno de los cuales conoce su emocionante pasado. Sin embargo, cuando el villano Time Keeper empieza a acelerar el tiempo para llegar más rápido al fin del mundo, Marissa es reclutada nuevamente por su jefe Danger D’Amo (Jeremy Piven) para detener la catástrofe. Y cuando los esbirros de Time Keeper atacan el hogar de la familia Wilson, los niños se dan cuenta del secreto que guarda un collar especial, y se ven obligados a ayudar en la misión con el apoyo de su perro robótico Argonauta (voz de Ricky Gervais). ¿Podrán superar sus conflictos fraternales para cooperar y salvar al mundo? ¿Y podrán perdonar a su madrastra por mentirles durante todos estos años?

Primero lo bueno: Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo ofrece un buen ensamble de actores para interpretar a esta nueva familia de espías, empezando por los niños Rowan Blanchard y Mason Cook, quizás menos energéticos y vivaces que los originales, pero aún así simpáticos y espontáneos. En el papel de sus padres, Jessica Alba y Joel McHale forman buena pareja y mantienen una interacción natural y creíble, sin exagerar los momentos humorísticos ni forzar sus emociones durante las obligatorias escenas de conflicto familiar (¡Oh, no! ¡El padre trabaja mucho y no tiene tiempo para pasar con sus hijos! ¡Los niños extrañan a su madre biológica y resienten la llegada de la nueva esposa de su padre!) Generalmente no soy fan de las actuaciones de Jessica Alba, pero reconozco que por fin encontró su nicho... cine familiar construido con clichés fácilmente asimilables que no requieren actuaciones serias ni talento significativo. Parece un insulto, pero en realidad me gustó su trabajo y su buena disposición tanto para las escenas "dramáticas" como para las secuencias de acción. Sin embargo (en mi humilde opinión), quien se roba la película es el perro Argonauta, en parte por al encanto y habilidad del animalito, y en parte por la hilarante voz de Ricky Gervais, siempre listo con el comentario perfecto para acentuar el humor de la escena o para satirizar las fórmulas que recicla el libreto (sobra decir que recomiendo la versión subtitulada, y no la doblada). Tampoco diré que me hizo reír constantemente, pero en una cinta tan blanda como Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo, definitivamente tiende a destacar cualquier cosa con un poco de "actitud" adicional (perdón por usar esa palabra).

Por lo demás, la cinta es básicamente lo que esperamos de la fábrica casera de Robert Rodríguez: efectos especiales de baja calidad pero alta imaginación; lecciones didácticas sobre apoyo familiar y unidad entre hermanos; y un agradecido mensaje sobre el valor de la inteligencia por encima de los "gadgets" y demás tecnología que abunda en esta saga. En cuanto a Rodríguez mismo, su dirección es tan ágil como siempre, aunque se nota un cierto desinterés en la franquicia, como si la cuarta parte fuera tan solo una cláusula en su contrato con Dimension Films, o una fuente rápida de dinero para financiar su siguiente capricho digital. De cualquier modo supongo que puedo recomendarla como casual entretenimiento familiar apto para pasar un rato agradable durante el fin de semana; pero creo que sería más divertido revisitar las primeras dos películas y apreciar lo que en aquel entonces logró Rodríguez con menos dinero, menos tecnología, y más entusiasmo. O, para el caso, también recomiendo la poco vista Shorts (del mismo director) como cine familiar exuberante y creativo que no necesita respaldo de tres previas películas para capturar nuestra atención (y nuestro dinero). Y, bueno, sobra decir que incluso con sus fallas y ocasional apatía, Mini Espías 4: Los Ladrones del Tiempo es más entretenida y coherente que The Adventures of Sharkboy and Lava Girl. Supongo que sirvió la lección y Rodríguez ya no deja que sus hijos escriban los guiones de sus películas.
Calificación: 6.5 (sería 6 sin Ricky Gervais)

viernes, 20 de enero de 2012

La Chica del Dragón Tatuado (The Girl with the Dragon Tattoo)


No sé qué tan necesario era este re-make, pero algo es cierto: eligieron al director perfecto para llevar a la pantalla el famoso libro de Stieg Larsson, cuyos sórdidos elementos podrían haber degenerado en un festín de excesos (tal como amenazan los sobre-producidos créditos iniciales); pero bajo la segura mano de David Fincher, La Chica del Dragón Tatuado mantiene un tono sobrio y controlado que lentamente incrementa la presión hasta su memorable final. Y, claro, la selección de actores fue tan buena que casi me hizo olvidar al elenco original. Casi.

La Chica del Dragón Tatuado sigue una tardía investigación sobre el asesinato de la joven Harriet Vanger (Mathilda von Essen), ocurrido a fines de los sesentas en la pequeña isla Hedeby, donde reside una familia de acaudalados industrialistas suecos. El patriarca Henrik Vanger (Christopher Plummer) lleva cuarenta años obsesionado con la desaparición de su sobrina favorita, y comisiona al reportero Mikael Blomkvist (Daniel Craig) para re-abrir la investigación y buscar pistas que la policía pudiera haber pasado por alto en aquel entonces. Blomkvist no tiene muchos deseos de aceptar el trabajo, pero finalmente decide hacerlo para distraerse de ciertos problemas legales que tuvo con un corrupto empresario que lo acusó de difamación. Y así empieza el reportero con su metódico análisis de fotografías, periódicos y entrevistas con testigos que estuvieron en la isla durante aquel fatídico día hace cuatro décadas. Paralelamente vemos las aventuras de la joven Lisbeth Salander (Rooney Mara), "hacker" antisocial con un turbulento pasado, cuya habilidad para la investigación la acerca gradualmente a la misión de Blomkvist, hasta que terminan colaborando en la búsqueda del asesino. Pero quizás encontrarán algo mucho más peligroso que la aislada desaparición de una adolescente sueca...

Como primera parte de una trilogía, La Chica del Dragón Tatuado se toma su tiempo para establecer a los personajes, no solo en sus actitudes y carácter, sino en los muy distintos entornos que los rodean; y aunque el misterio de Harriet es bastante interesante, lo mejor de la película es conocer gradualmente a Mikael y Lisbeth, contrastando sus métodos, personalidades, y las reacciones que tienen ante los descubrimientos de la investigación. Daniel Craig posee la rara habilidad de "pensar en cámara", dejándonos ver en sus ojos el movimiento de los engranes cerebrales que van conectando las pistas hasta llegar a su inevitable conclusión. Por su parte, Rooney Mara enfrenta con aplomo el difícil papel de Lisbeth Salander, y aunque el libreto del sobrevalorado Steven Zaillian altera un poco al personaje, creo que la actuación respeta lo establecido en la novela al mismo tiempo que añade la interpretación particular de la actriz, quizás un poco más suave que Noomi Rapace en la original, pero igualmente intensa y creíble. El elenco secundario también brilla hasta en las más cortas participaciones, destacando como valiosas adiciones Steven Berkoff en el papel de Dirch Frode, secretario personal de Henrik Vanger, cuya lealtad no logra disimular el desagrado de remover tragedias pasadas; y Yorick Van Wageningen como el guardián legal de Lisbeth, un papel ingrato y desagradable que el actor logra humanizar a pesar de sus horrendas acciones.

En lo que respecta a Fincher, disfruté mucho su habitual despliegue de escenas meticulosamente planeadas, pero sin extinguir la espontaneidad de las actuaciones ni la tensión de los diálogos. Para fans de la novela o la película original (como yo), advierto que hay algunos cambios sustanciales en esta nueva interpretación, pero de ninguna manera hacen la película "peor" o "mala"; simplemente distinta, y quizás en algunos casos facilitan el flujo narrativo evitando distracciones que funcionaban mejor en el libro, pero que quizás no había tiempo para cubrir en esta película, ya de por sí bastante larga. Lo cual me lleva a la posible razón por la que La Chica del Dragón Tatuado no tuvo el éxito económico que merecía; con dos horas y media de duración puede parecer demasiado lenta para quien espera un típico thriller hollywoodense lleno de acción y violencia. Admiro que Fincher posea la convicción de mostrar durante largos ratos a los personajes en pasiva reflexión, o mirando pensativamente la pantalla de su computadora... pero quizás no todas las audiencias aceptarán el reto de prestar atención a cada detalle de la investigación, y terminarán aburriéndose porque la película se niega a darnos el argumento pre-digerido para nuestra comodidad. O quizás la cinta no tuvo éxito simplemente porque ya existe una perfecta adaptación cinematográfica de esta misma historia, y mucha gente consideró redundante una nueva versión, por buena que fuera.

Como sea, creo que puedo recomendar La Chica del Dragón Tatuado pues, independientemente del libro o la cinta original, posee suficientes atributos narrativos, visuales y técnicos para garantizar el entretenimiento del espectador, siempre y cuando pueda tolerar el pausado ritmo y sistemático desarrollo de una historia fundamentada en observación y deducción, donde tenemos pequeños descubrimientos incrementales en vez de grandes escenas dramáticas culminadas por una gran revelación final. Bueno, sí existe una revelación final pero, como dije antes, lo importante es disfrutar el desarrollo y la química entre los personajes. En cuanto a las dos partes restantes de la trilogía, veremos si el éxito de La Chica del Dragón Tatuado justifica la realización de dos secuelas y, sobre todo, si Fincher decide tomar un proyecto tan ambicioso (y tan difícil, pues la estructura de ambas es más complicada que la de esta primera parte). Y en caso de que no sea así, no importa tanto, pues ya tenemos este interesante experimento para demostrar que Fincher aún puede encontrar perspectivas novedosas en un género que él mismo ayudó a crear con sus célebres obras pasadas. Después de todo, si pudo hacer Facebook interesante, no debería extrañarnos que ahora logre cautivarnos con dos horas y media de fotos viejas y amarillentos periódicos.
Calificación: 8.5

martes, 17 de enero de 2012

Diario de un Seductor (The Rum Diary)


Allá por el año 1998 la película Fear and Loathing in Las Vegas (del legendario director Terry Gilliam) usó un exuberante estilo y surrealistas imágenes para capturar la prosa del novelista y reportero Hunter S. Thompson, interpretado con febril energía por Johnny Depp. No puedo decir realmente que sea una gran película, pero sin duda es una de mis experiencias cinematográficas favoritas (aunque a veces me da dolor de cabeza). Por esa razón mis expectativas sobre Diario de un Seductor resultaron demasiado elevadas y, en retrospectiva, fue un error esperar "Fear and Loathing 2: Puerto Rico". En vez de eso, el director Bruce Robinson (más conocido como guionista de cintas como The Killing Fields, In Dreams y Jennifer Eight) nos entrega una especie de "precuela" donde conocemos a Thompson (o al menos a su alter-ego "Paul Kemp") durante sus primeros días como reportero en tierra extraña, sumergiéndose en sus vicios y tratando de usar su voz literaria con fines humanitarios... si es que las borracheras y las chicas le dejan tiempo suficiente.

Basada en la novela semi-autobiográfica The Rum Diary, Diario de un Seductor comienza en 1960 con la llegada de Paul Kemp (Johnny Depp) a San Juan, capital de Puerto Rico, con la esperanza de obtener empleo en el periódico norteamericano local, dirigido por el irascible Sr. Lotterman (Richard Jenkins). Kemp obtiene el trabajo, no tanto por su talento, sino porque el periódico está en bancarrota y su director necesita alguien confiable que se ocupe de trivialidades diarias, como reportar torneos de boliche o escribir la sección de horóscopos. Lamentablemente Kemp no es muy confiable, y su dedicación al alcohol solo se amplifica cuando conoce a los demás empleados (y ex-empleados) del diario, incluyendo al fotógrafo Bob Sala (Michael Rispoli) y al borracho profesional Moburg (Giovanni Ribisi). Sin embargo, su instinto periodístico olfatea una buena historia cuando conoce a Hal Sanderson (Aaron Eckhart), un taimado millonario con deshonestos planes para explotar comercialmente las playas de la isla. Entonces Kemp y su tropa de ineptos se dan a la tarea de investigar el asunto, lo cual consiste en beber mucho, seducir a Chenault (Amber Heard), la novia de Sanderson, y hacer enojar al sufrido Lotterman.

Para ser honestos no conozco la novela en la que se basa la película, pero he leído suficientes escritos de Hunter S. Thompson para saber que, en efecto, tienden a ser difusos y enmarañados. En ese aspecto, supongo que Diario de un Seductor cumple su propósito, pues la trama vaga sin rumbo durante largos ratos, dividiendo su atención entre escenas inconexas y sub-tramas innecesarias. Sin embargo, la prosa de Thompson era lo suficientemente colorida y contundente para invitarnos a seguir leyendo, incluso cuando extraviaba su camino original; pero esa fascinante cualidad se perdió en esta adaptación cinematográfica, de modo que la película degenera casi de inmediato en un cansado y aburrido desfile de escenas carentes de energía o interés. Por suerte Johnny Depp saca a pasear nuevamente su confiable imitación de Hunter S. Thompson, y su habitual carisma hace parcialmente tolerables las casi dos horas de la película; y también ayuda mucho su familiaridad con el humor del finado autor, el cual le permite decir con hilarante seriedad frases como "Su cabeza se atravesó en el camino de nuestras flamas".

Por lo demás, la cinta es visualmente atractiva, capturando la exótica atmósfera de la isla (aunque las peleas de gallos me agriaron bastante la experiencia) junto con la textura visual del cine sesentero. Y, bueno, a riesgo de parecer sexista, debo incluir como parte del atractivo la presencia de la guapa Amber Heard en un papel que no me queda claro si es un simple objeto sexual para satisfacer las fantasías autobiográficas de Thompson, o si pretende ser una exageración satírica de la clásica "mujer fatal", invariablemente peligrosa, llena de secretos, y siempre atraída por el "chico malo", ya sea un perverso millonario o un reportero alcohólico fácilmente manipulable (si bien confieso que no me preocupó definirla cuando la vemos bailando seductoramente durante el Carnaval de San Juan).

Entonces, no sabría cómo evaluar Diario de un Seductor (no por su título en español, seguramente). Como comedia tiene algunos buenos momentos, pero globalmente no es muy graciosa; como romance es totalmente inverosímil; y como "thriller tropical" (por llamarle de algún modo) carece de suspenso, coherencia o una estructura que sepa explotar la lucha del reportero rebelde contra el corrupto empresario. Y aún si tomáramos todos esos elementos como simples adornos de una biografía sincera y personal, tampoco encontré suficiente introspección en la personalidad de Thompson (perdón, "Kemp") para salir del cine con un mejor entendimiento de este controversial escritor. Solo queda entonces clasificarla como un capricho artístico de Johnny Depp para honrar la memoria del escritor, quien aparentemente fue su amigo antes de su suicidio en el 2005. Quizás este experimento pueda resultar interesante para fanáticos incondicionales de Depp o para estudiosos de Hunter S. Thompson; pero para audiencias casuales será probablemente una tediosa decepción parcialmente redimida por el carisma de su actor principal y por algunas risas bien ganadas por el elenco secundario. O tal vez el secreto sea verla en un estado de intoxicación similar al de los personajes; quizás así realmente parezca "Fear and Loathing 2: Funny Spanish"; pero prefiero quedarme con la duda.
Calificación: 6

lunes, 16 de enero de 2012

Vengador Anónimo (Seeking Justice)


No tenía intención de ver Vengador Anónimo, pero por azar me encontré cerca del cine con un par de horas libres y en el momento correcto, así que decidí arriesgarme... ¿qué tan mala podría ser? La publicidad y el título sugerían un típico relato de venganza personal en el más puro estilo del cine B, y además aparece en ella Nicolas Cage, quien es un buen actor cuando quiere... aunque resulta más divertido cuando no quiere. Para mi sorpresa, la película desafió mis bajas expectativas con un argumento más ambicioso de lo esperado, y aunque eventualmente se enreda demasiado para su propio bien, rara vez me pareció aburrida o predecible. Digamos que de todos modos me decepcionó, pero no como yo pensaba.

Al principio de Vengador Anónimo conocemos a Will Gerard (Nicolas Cage) y su esposa Laura (January Jones). Él es profesor de literatura y ella toca el violonchelo en una orquesta sinfónica de Nueva Orleans. La vida del matrimonio parece perfecta... hasta que Laura es brutalmente violada al salir de un concierto. Mientras la traumatizada mujer se recupera en el hospital, un misterioso individuo llamado Simon (Guy Pearce) le pregunta a Will si le gustaría que alguien matara al hombre que violó a su esposa. A cambio, Will le deberá un favor a Simon. El abrumado esposo acepta la extraña proposición, y unas horas después recibe confirmación de que el violador está muerto. Seis meses después Laura está recuperándose del trauma y sus vidas parecen volver a la normalidad; y entonces aparece Simon exigiendo a Will el favor prometido, el cual, obviamente, consiste en matar a otro criminal que ha evadido la ley. ¿Logrará este simple maestro de escuela cumplir su parte del trato? Y, ¿cuál es el auténtico propósito de Simon y la siniestra organización que representa?

El concepto me pareció muy interesante... una especie de thriller híbrido, construido con partes de Fight Club, Straw Dogs y Strangers on a Train. La mezcla funciona bastante bien hasta la mitad de la película, cuando entramos a terrenos conspiratorios que rápidamente se vuelven confusos, inverosímiles y hasta ridículos (¿de qué lado está el policía interpretado por Xander Berkeley? No tengo idea) Sin embargo, el director Roger Donaldson (técnicamente competente pero carente de visión personal) mantiene un ritmo ágil que nos impide cuestionar más de la cuenta las incongruencias del libreto y nos invita a aceptar las aventuras del protagonista, lo cual no es difícil, pues Nicolas Cage muestra sorprendente moderación y disciplina en su interpretación de un hombre normal atrapado en circunstancias extraordinarias. No diré que sea una gran actuación, pero aprecio que no se comporte como un maniático escapado del manicomio en todas las escenas (solo en algunas). January Jones cubre eficientemente su ingrato papel de esposa atormentada, mientras que Guy Pearce exuda suficiente misterio para confundirnos sobre sus auténticas motivaciones.

Entonces podríamos decir que el libreto de Vengador Anónimo es simultáneamente lo mejor de la película y su principal obstáculo, pues comienza con una sólida idea, la desarrolla bien durante un rato, pero pierde el rumbo y el foco narrativo durante su segunda mitad, hasta llegar a un final flojo y demasiado conveniente... en el Superdome de Nueva Orleans (no pregunten). En cuanto a la acción, hay un par de modestos stunts, peleas y persecuciones cuya relativa simplicidad traicionan su bajo presupuesto (aunque me gustó la escena de "suspenso gramatical"). En lo personal no me importó esta falta de espectáculo, pero supongo que podría molestar a quienes esperaban una película más "Hollywood".

De cualquier modo puedo recomendar Vengador Anónimo, no necesariamente en el cine, sino como casual entretenimiento en TV, Netflix o cualquier otra forma de distribución digital que no exija mucho dinero o esfuerzo. Por otro lado, si quieren ver mejores películas sobre venganza, sugiero buscar Oldboy, I Spit on Your Grave (para el ángulo femenino de una trama similar) o, ¿por qué no? la clásica Death Wish, también titulada "Vengador Anónimo" en español (aunque nada tenga que ver una con la otra). Honestamente creo que esta historia hubiera funcionado mejor como una barata producción directa a DVD enfocada en el suspenso y las actuaciones; o tal vez como una gran “película evento” luciendo costosas secuencias de acción. Pero bueno... esta versión intermedia resultó mejor de lo que esperaba, y sin duda pudo ser mucho peor, así que tuvimos suerte. Con Nicolas Cage es difícil predecir estas cosas.
Calificación: 6.5

domingo, 15 de enero de 2012

Caballo de Guerra (War Horse)


Me gustan mucho los animales, y por eso desde niño me interesaban todos los libros y películas sobre aventuras cuadrúpedas, aladas y acuáticas, las cuales (viéndolo en retrospectiva) estaban generalmente construidas con las mismas fórmulas y clichés. Creo que ese considerable "equipaje emocional" acumulado a lo largo de varias décadas me impidió disfrutar Caballo de Guerra tanto como lo merecería su inspiradora historia y asombrosa manufactura, que emula por igual los épicos "westerns" de John Ford, los elegantes dramas de Victor Fleming y los melodramas bélicos de Howard Hawks.

La trama de Caballo de Guerra comienza con el nacimiento de Joey (interpretado por Finder y otros 13 caballos), el protagonista equino que seguiremos durante varios años, desde su entrenamiento como animal de tiro en la granja de la familia Narracott, donde forma un fuerte lazo con el joven Albert (Jeremy Irvine); hasta sus azarosas aventuras durante la Primera Guerra Mundial, donde vivió los horrores del combate en ambos lados del conflicto. Al mismo tiempo vemos cómo Albert se enlista en el ejército para intentar reunirse con su caballo, y descubre que la vida en el campo de batalla es muy distinta a la de la granja.

Como pocos directores, Steven Spielberg sabe "oprimir los botones" de la audiencia, provocando sin dificultad alguna las apropiadas reacciones emocionales que elevan la historia y nos permiten sumergirnos en las aventuras de sus personajes. Sin embargo, con un relato tan obviamente manipulador como Caballo de Guerra, el talento de Spielberg se vuelve un poco redundante y, en mi humilde opinión, nos satura rápidamente con escenas y situaciones diseñadas para conmovernos a pesar de sentirse un poco forzadas y convenientes. En otras palabras: por empeñarse tanto en hacernos llorar, el director a veces produce el efecto contrario. O tal vez fue simplemente que mi cinismo de multiplicó como mecanismo de defensa contra el embate sentimental de la película. No sé... ustedes decidan.

Lo que definitivamente me dejó impresionado fue la impecable producción de Caballo de Guerra. El legendario cinematógrafo Janusz Kaminski (colaborando por decimotercera vez con Spielberg) se esmera por lograr que cada cuadro sea un primoroso paisaje pastoral, o un dramático retrato del atractivo elenco (incluyendo a Joey), o una dinámica composición militar rebosante de energía y detalle histórico. Y desde luego debo aplaudir el trabajo del estudio Framestore en las épicas escenas de acción que duplican la escala e intensidad de Saving Private Ryan (sin sangre, por supuesto... Caballo de Guerra es estrictamente PG-13), pero en el más primitivo y visceral entorno de la Primera Guerra Mundial. Y aunque los caballos digitales no siempre logran engañarnos, me alegra que hayan empleado esa técnica para evitar poner en riesgo animales reales durante los más extremos momentos de acción o crueldad. Además, mención honorífica para el estudio Neil Corbould SFX por su caballo animatrónico, absolutamente indistinguible de su contraparte orgánica.

Entonces, volviendo a mi punto inicial, la trama me pareció un poco floja, afectada y predecible; y con más de dos horas de duración, podemos esperar algunos pasajes lentos o repetitivos. El drama humano no funciona tan bien como debería y se ve opacado por el que se desarrolla entre los caballos (aunque podría ser una decisión intencional del director). Sin embargo, para niños y jóvenes que no conocieron aquellas "aventuras del mundo natural" producidas por Disney o Coronet Films en los sesentas y setentas, Caballo de Guerra será una impresionante sorpresa (quizás demasiado impresionante para niños pequeños) llena de aventuras, emoción y ciertamente tristeza por el maltrato de los animales durante tiempos de guerra (por si no bastara el maltrato en circunstancias "normales"). En el contexto de la filmografía de Steven Spielberg me pareció buena, pero muy distante de su mejor trabajo. No obstante, amerita una recomendación no solo por sus altos valores de producción y considerable nivel de entretenimiento, sino como argumento para reforzar mi preferencia por los animales sobre las personas. Como si necesitara más razones...
Calificación: 8

sábado, 14 de enero de 2012

Tenemos que Hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin)


Tenía cierta idea sobre el argumento de Tenemos que Hablar de Kevin, pero lo que no esperaba es el increíble estilo narrativo empleado por la directora Lynne Ramsay para contar esta historia sobre una familia cuya aparente normalidad esconde profundas y peligrosas vetas de disfunción que eventualmente terminan en tragedia. Tanto por su tema como por su ritmo podría decirse que Tenemos que Hablar de Kevin ofrece una perspectiva complementaria de la cinta Elephant (de Gus Van Sant), pero al mismo tiempo me recordó la ultra-realista sensibilidad de Ken Loach, donde hasta los momentos más prosaicos toman alto peso emocional cuando terminamos de armar las piezas del rompecabezas dramático que poco a poco nos entrega el director (o directora). En ese sentido me pareció una obra sobresaliente, aunque definitivamente no es el tipo de experiencia que ofrece simple entretenimiento, sino una sensación de dolor y sorpresa difícil de olvidar.

El argumento de Tenemos que Hablar de Kevin (basado en una novela de Lionel Shriver) nos relata en forma no lineal la vida de la familia Khatchadourian, desde el nacimiento de su hijo Kevin (interpretado por Jasper Newell de niño y Ezra Miller como adolescente) hasta el presente, cuando el joven está encarcelado por algún horrible crimen, y su madre Eva (Tilda Swinton) sufre los reproches de la sociedad que la considera responsable por los actos de su hijo. Y así, como espías atemporales, presenciamos aquellos momentos familiares que por sí mismos no parecen tener mucha relevancia, aunque en conjunto revelan la transformación de un "niño problema" en un adolescente agresivo con funesto potencial de violencia. ¿Es culpa de la madre? ¿O fue ella tan solo otra víctima de un individuo cruel y manipulador?

A veces me dan desconfianza las películas con una estructura caprichosa que saltan hacia adelante y atrás en el tiempo, pero en este caso la forma contribuye poderosamente al fondo, armando la historia de manera casual hasta que nos abruma con la enormidad de lo que estamos presenciando. Además, el título de la cinta se vuelve arteramente irónico cuando consideramos que Tenemos que Hablar de Kevin tiene pocos diálogos, y sus más intensas escenas son mudas pero repletas de significado en simples miradas, expresiones y lenguaje corporal. Rara vez podremos ver una obra tan magníficamente dirigida, donde cada escena aporta un nuevo ángulo a la trama, y no hay elemento que se haya ignorado como herramienta de la narrativa global. Lo cual, desde luego, incluye la ecléctica banda sonora, integrada por canciones que a veces contrastan fuertemente con las imágenes que acompañan, causando una respuesta visceral; mientras que en otras ocasiones funcionan como irónicos acentos que establecen perfectamente el melancólico tono de la cinta.

Sin embargo, la piedra puntal de la película es Tilda Swinton, en una de las mejores actuaciones de su carrera (lo cual ya es decir bastante). Este es el tipo de actuación que realmente captura al espectador, pues de algún modo nos transmite la turbulencia interna del personaje en su aparentemente impasible rostro y calmada actitud. Los demás actores son también sobresalientes (en particular los niños y adolescentes que interpretan a los hijos), pero la cinta es definitivamente de Swinton y, en mi humilde opinión, la pondría en el elevado nicho que el año pasado ocupó Natalie Portman en Black Swan. Simplemente no había visto una mejor actuación femenina (o masculina, para el caso) desde entonces. Obviamente todos estos halagos justifican una entusiasta recomendación para Tenemos que Hablar de Kevin, aunque advierto de nuevo que no es una película fácil ni divertida; no es uno de esos dramas catárticos que nos hacen llorar un poco y nos dejan satisfechos al salir del cine; por el contrario, incluso podría ser algo deprimente por mostrar una faceta de la sociedad cuya existencia conocemos pero preferimos ignorar. En resumen, una extraordinaria película que no quiero volver a ver jamás, a menos que sea en "clips" cuando Swinton gane el Óscar.
Calificación: 10