lunes, 30 de julio de 2012

Indie Game: The Movie

A principio de los años ochentas mi mamá me llevó a Disneylandia, y desde luego yo estaba muy emocionado por conocer ese legendario parque de diversiones; sin embargo, al llegar al hotel en Los Ángeles descubrí dos extrañas máquinas que capturaron mi imaginación (y mis monedas) a tal grado que perdí interés en el "Reino Mágico", y le pedí a mi mamá que me dejara pasar las vacaciones en el lobby, jugando Asteroids y Space Invaders (afortunadamente no accedió a tan ridícula solicitud). Desde entonces me volví asiduo jugador de videojuegos, pasando por muchas consolas a lo largo de las décadas, hasta que finalmente regresé a la computadora como mi plataforma favorita para esta actividad. Eso me ha permitido ser testigo del increíble desarrollo que han gozado los videojuegos independientes en años recientes, gracias a distribuidores como Steam (a través del cual se estrenó esta película), Direct2Drive (ahora parte de GameFly) y GOG.com (Good Old Games), los cuales abrieron las puertas a programadores con buenas ideas y sólidos productos, pero que prefieren trabajar fuera de "la industria" y alejados de la influencia de titanes como Electronic Arts, Blizzard o Actvision. El documental Indie Game: The Movie examina este movimiento, centrando su atención en tres juegos cuyas distintas etapas de desarrollo revelan las ventajas, desventajas y potencial del mercado independiente, donde los riesgos son más grandes, pero también lo son las recompensas.

Los tres juegos en cuestión son Braid, Super Meat Boy y Fez. Braid nos muestra el mejor caso posible en el mundo de los juegos independientes; su creador Jonathan Blow tuvo una buena idea, supo adornarla con una sensibilidad artística única, y programó un innovador estilo de "gameplay" que combina el tradicional formato de plataforma con "rewind" cronológico (inspirado en Prince of Persia: The Sands of Time). Braid fue un éxito instantáneo cuando se publicó en el sistema XBox Live Arcade, y sentó el estándar de muchos títulos que le seguirían. El segundo juego nos muestra la parte intermedia del proceso creativo; el afable y optimista Edmund McMillen trabaja incansablemente en Super Meat Boy, un humorístico juego de plataforma cuyo bizarro y violento concepto parece demasiado arriesgado para el público general. ¿Será bien recibido por jugadores que están acostumbrados a productos más pulidos y mercadológicamete accesibles? Finalmente, el tercer juego nos muestra el lado oscuro del desarrollo independiente. Phil Fish lleva años trabajando en Fez, cuya premisa combina elementos en dos y tres dimensiones, e ignora clichés tan comunes como "boss battles" y penalizaciones. La idea es ciertamente creativa, y los breves fragmentos del juego que se revelaron al público en el año 2008 crearon furor entre la prensa especializada. Pero eso fue hace mucho tiempo y Fish aún no termina el videojuego, en parte por la enorme cantidad de trabajo, y en parte por los problemas legales que generó el rompimiento con su socio original. Entonces, con el riesgo de que Fez se transforme en "vaporware", Fish tendrá que superar tremendas presiones técnicas y financieras para presentar al menos una versión "beta" en la convención PAX, donde el público finalmente podrá evaluarlo en persona. ¿Será lo que esperaban, o ya habrán olvidado su entusiasmo inicial?

Quizás el tema suena un poco frío, pero los directores Lisanne Pajot y James Swirsky supieron entretejer las tres historias para crear una fascinante narrativa de épicas emociones que trascienden su simple escenario. El documental dirige su atención hacia los creadores, y solo tangencialmente a sus creaciones, de modo que el aspecto técnico de la programación y desarrollo nunca abruma o confunde; simplemente sirve como marco del drama humano y del suspenso que nos provoca la lucha por la supervivencia en un micro-universo altamente competitivo e impredecible, donde el éxito no siempre depende del talento personal, sino de la resistencia moral, así como de los vaivenes en una industria que no ha encontrado el balance entre arte y comercio. Por el lado negativo, este enfoque tan "humanista" hace que Indie Game: The Movie se sienta ocasionalmente como un "reality show", repleto de melodrama pre-fabricado y trucos editoriales diseñados para amplificar los vicios y virtudes de los personajes, ya sea el "genio incomprendido" que ganó millones pero se siente frustrado porque los jugadores no apreciaron el mensaje de su obra; o el sufrido programador que se vuelve víctima fácil del amarillismo periodístico cuando se encuentra al borde de un colapso nervioso.

Aún así me gustó bastante Indie Game: The Movie, y quizás me hubiera gustado más si dedicara menos tiempo al drama, y más a la historia de los juegos independientes, su evolución a nivel global, y sus perspectivas a futuro. Como ocurre con cualquier trabajo sobre el mundo digital, el documental se estrena con cierto grado de obsolescencia, pues no alcanzó a cubrir eventos recientes con el potencial de cambiar el rostro del mercado independiente, incluyendo el éxito del "crowdfunding" ofrecido por Kickstarter, la nueva alternativa de las plataformas móviles, y hasta el surgimiento de consolas independientes (como Ouya), cuyos creadores planean extender la revolución hasta el "hardware" mismo, otrora intocable. Y desde luego me hubiera gustado que entrevistaran a los héroes anónimos detrás de importantes juegos independientes como Torchlight, Alien Shooter, Defense Grid, Doom o alguno de los muchos otros que nos ofrecen horas de entretenimiento a un precio muy accesible, sin someternos a los caprichos de inmensas corporaciones más interesadas en nuestro dinero, que en ofrecernos una experiencia memorable frente a nuestras pantallas, ya sea un televisor, un monitor de computadora, o un teléfono móvil. Pero bueno, siempre habrá oportunidad de hacer una secuela y cubrir estos temas en la versión 2.0; quizás para entonces la industria “indie” ya habrá devorado a los grandes depredadores…
Calificación: 8.5

sábado, 28 de julio de 2012

Batman: El Caballero de la Noche Asciende (The Dark Knight Rises)

Allá por el año 2005, la cinta Batman Begins... no… ¡un momento!… las películas de Batman dirigidas por Christopher Nolan no requieren introducción, pues claramente integran una de las más aclamadas trilogías cinematográficas en la historia moderna, y representan un parteaguas en el cine de superhéroes gracias a sus excelentes actuaciones, tono sombrío e intensidad dramática. Habiendo dicho eso, tengo algunas reservas sobre el precario balance entre fantasía y realidad que Nolan empleó, y quizás eso me ha impedido disfrutar esta saga con el mismo entusiasmo que otras personas. Para bien o para mal Batman: El Caballero de la Noche Asciende sigue mostrando ese parcial desequilibrio narrativo, pero incluso bajo esas circunstancias me pareció una excelente película que concluye satisfactoriamente la trilogía y deja abierta la puerta para futuras re-interpretaciones de este icónico personaje.

La historia comienza ocho años después de los hechos que vimos en The Dark Knight. El Comisionado Gordon (Gary Oldman) conmemora el aniversario de la muerte de Harvey Dent, aparentemente asesinado por el vigilante llamado Batman, quien desapareció desde entonces. La ciudad goza un período de relativa tranquilidad, pero las cosas están por cambiar con la llegada de un violento criminal llamado Bane (Tom Hardy), quien sigue las órdenes de un corrupto empresario cuyo propósito es sabotear las finanzas de Wayne Enterprises para apoderarse de la compañía, aprovechando que Bruce Wayne (Christian Bale) abandonó sus deberes como director, y ahora vive como recluso en su mansión. Sin embargo Bane tiene un plan secreto de enorme ambición, y cuando el Comisionado queda temporalmente fuera de servicio, Wayne tendrá que vencer sus temores (y sus heridas físicas) para ponerse nuevamente el traje de Batman, esta vez auxiliado por un joven policía llamado John Blake (Joseph Gordon-Levitt). Y, por si no fueran suficientes problemas, una hábil ladrona llamada Selina Kyle (Anne Hathaway) trata de aprovechar la inestabilidad social de Gotham para robar a los ricos... y quedarse con el botín.

Esta sinopsis apenas esboza la compleja y sobre-cocinada historia de The Dark Knight Rises. Con casi tres horas de duración, Nolan nos bombardea con información, personajes y eventos que a veces enriquecen la narrativa, y a veces solo la ofuscan. La primera media hora me gustó mucho por su dinámica manera de incorporarnos a la nueva situación en Gotham, y al rol de los personajes en un entorno social quizás con menos crimen, pero no exento de injusticias; y los cuarenta y cinco minutos finales son un absoluto triunfo cinematográfico, no solo por la impactante acción, sino por la destreza de Nolan y sus guionistas (incluyendo a su hermano Jonathan y al experto en comics David S. Goyer) para atar múltiples cabos sueltos y resolver la enmarañada trama con impresionante congruencia, cuidando que el espectáculo no obstruya el trabajo de los actores ni la delicada caracterización de sus personajes. De hecho, creo que esa brillante secuencia final hará que mucha gente olvide la lenta hora intermedia, la cual podría acortarse significativamente sin sacrificar los mensajes y simbolismo que apoyan la historia. Además, como fan de Batman en los comics, aprecié la inclusión de varios elementos tomados de las sagas Knightfall y No Man‘s Land... aunque no siempre encajaron armoniosamente en el crudo y realista mundo de Nolan. Me abstendré de revelarlos para no caer en spoilers; solo diré que el director debió apoyarse un poco más en los comics y no despreciar su impresionante legado.

Por otro lado, me gustó que Batman tuviera una participación un poco reducida en The Dark Knight Rises; incluso Bruce Wayne toma un papel casi secundario en algunos pasajes, permitiendo que el peso de la historia repose en el resto del reparto. En cierto modo esto reduce la cantidad de acción y "stunts", pero al mismo tiempo nos recuerda que el "bati-universo" creado por Nolan no se fundamenta en tradicionales hazañas "super-heroicas", sino en el conflicto interno de los personajes, y en el drama que genera el choque de clases e ideologías en el realista contexto de Gotham. Por eso, en esta ocasión Christian Bale no alcanza a brillar tanto como el torturado Bruce Wayne, cediendo la atención a Gary Oldman como el comisionado Gordon, Michael Caine como el fiel mayordomo Alfred Pennyworth, Morgan Freeman como el genio Lucius Fox; y Joseph Gordon-Levitt en el ambiguo papel de John Blake, un joven policía tan tenaz y recto como Gordon, pero suficientemente idealista para tomar decisiones peligrosas e impulsivas. Tom Hardy hace lo que puede bajo la estorbosa máscara de Bane; y tampoco le ayuda que su voz esté tan obviamente re-trabajada en post-producción. Al menos Hardy domina el aspecto físico del personaje, y sus contadas peleas contra Batman (y otros) son adecuadamente brutales y violentas. Los roles femeninos están a cargo de Marion Cotillard como la inversionista que podría rescatar Wayne Enterprises de un "takeover"; mientras que Anne Hathaway resulta ser una inteligente y vulnerable Selina Kyle, alejándose de la energía sexual que vimos en los comics (o, para el caso, en la previa interpretación de Michelle Pfeiffer) para crear un personaje moralmente ambiguo, víctima de sus circunstancias pero con el potencial de redimirse bajo las condiciones apropiadas.

Sobra decir que The Dark Knight Rises es una película altamente recomendable, pues incluso cuando pierde el camino en tangentes innecesarias, o cuando la trama se vuelve demasiado inverosímil, o cuando la incierta cronología confunde el flujo de la historia... siempre podemos contar con la impecable dirección de Nolan para salvar la situación y regresarnos al nudo dramático, que en este caso no fue únicamente Batman ni Bruce Wayne, sino el fértil universo que los rodea. Además, ¿mencioné esa extraordinaria secuencia final? El uso de efectos prácticos no solo elimina la "fatiga digital" que provocaron otras recientes películas de super-héroes, sino que contribuye inmensamente a la textura física y casi tangible de la película, la cual nunca había sentido en una obra de este tipo. Entonces, no podría decir si The Dark Knight Rises supera a la previa The Dark Knight (digamos que hizo algunas cosas mejor, y en otras se quedó corta) pero quizás no sea necesaria una comparación directa, ya que las tres películas forman un épico tapiz narrativo que, además de encontrar ángulos frescos en un super-héroe creado hace más de setenta años, le dio nueva vida y una identidad única que supera todas las previas encarnaciones televisivas y cinematográficas del personaje. Ayer yo pensaba que la próxima adaptación animada de The Dark Knight Returns sería la mejor película de Batman jamás realizada. Pero hoy no estoy tan seguro…
Calificación: 9.5

viernes, 27 de julio de 2012

Melancholia


Nota: Apenas se estrena esta película en México y, como de costumbre, publico nuevamente la crítica para comodidad de los lectores.

No soy fan del director Lars von Trier, pero me gustan algunas de sus películas; otras, sin embargo, me causan profunda irritación por su pesado (y obvio) simbolismo, el cual se combina con pretensiones artísticas tan exageradas que las convierte en un chiste accidental. ¿O es accidental? La verdad nunca he podido determinar si la rimbombancia de obras como Manderlay y Antichrist, así como las declaraciones pro-nazis de von Trier y su auto-proclamación como "el mejor director del mundo" se debe a un ego desmedido, o a un artero chiste a costa de los medios de comunicación y la industria cinematográfica norteamericana. No obstante, cuando von Trier sabe lo que hace puede producir obras de inusual fuerza emocional y narrativa (Dancer in the Dark y Dogville son mis favoritas). Pero cuando su "diva interna" sale de control, crea obras como Melancholia, la cual no me pareció mala, sino simplemente arruinada por los caprichos estilísticos de su director.

La película comienza con un preludio cósmico, al estilo de The Tree of Life, donde presenciamos la destrucción de la Tierra como consecuencia de una colisión con un planeta de gran tamaño (sí, el "money shot" ocurre al principio, así que olviden cualquier tipo de suspenso en el argumento... o, para el caso, cualquier tipo de narrativa convencional). A continuación pasamos una insoportable hora en la boda de Justine (Kristen Dunst) y Michael (Alexander Skarsgard), donde salen a relucir muchos rencores familiares, incluyendo la enemistad entre Dexter (John Hurt), el bohemio padre de la novia, y su amargada ex-esposa Gaby (Charlotte Rampling); y la tensión entre Claire (Charlotte Gainsbourg), hermana de Justine, y su millonario esposo John (Keifer Sutherland), quien pagó por la costosa fiesta. Desafortunadamente el errático comportamiento de Justine arruina la celebración, y posteriormente la recién casada rechaza a su nuevo esposo en la noche de bodas. Ah, y entre todo esto, aparece una nueva estrella en el cielo.

Varios meses después encontramos a Justine sumida en una profunda depresión; su hermana Claire trata de cuidarla y alentarla, pero todo parece inútil. Entonces, cuando se revela que la estrella es un gran planeta llamado Melancholia, cuya trayectoria lo acercará peligrosamente a la Tierra, Justine parece mejorar gradualmente, mientras que su hermana se ve agobiada por el temor de una colisión con el misterioso cuerpo celeste, por más que su esposo John asegura que no ocurrirá tal cosa. Y así vemos cómo evoluciona la dinámica familiar en la remota mansión donde se cierne el drama incomprensible entre personajes antipáticos y pobremente definidos. ¿Sentiremos algo cuando finalmente ocurra la tragedia que ya sabemos que ocurrirá? Supongo que dependerá de cada espectador.

No hace falta pensar mucho para entender que Melancholia (la película) es un examen de la depresión, con Melancholia (el planeta) como una obvia metáfora de la aplastante ansiedad y apatía que afecta a las víctimas de esta condición. De hecho, me gustó la gradual reversión de roles que ocurre durante la segunda mitad de la película, cuando Justine empieza a ver el fin del mundo como un escape de su tristeza, mientras que su hermana (con esposo e hijo) lo ve como una catástrofe que le arrebatará todo lo que quiere en la vida. Ciertamente hay ingenio en la manipulación narrativa de von Trier, y desde luego la respalda con imágenes de impresionante belleza, de esas que se quedan en la memoria durante muchos días después de haber visto la película. Lo que no entiendo es ¿por qué envuelve estos notables elementos en un paquete tan absolutamente tedioso e irritante? Durante la horrible primera hora de Melancholia estuve a punto de apagar el DVD en varias ocasiones, no porque me estuviera aburriendo, sino porque me costó trabajo aguantar tanto tiempo con estos odiosos personajes. Sus particulares disfunciones quedan perfectamente establecidas en los primeros quince minutos... pero von Trier insiste en repetirlas una y otra vez, y de paso recrea la sensación de que somos asistentes involuntarios en una fiesta incómoda y molesta. Por un lado, bravo... pocas veces he experimentado ese nivel de realismo en una película. Pero por otro lado, ¿hacía falta contrariar de esa manera al espectador para contarle una historia tan simple?

En fin, obviamente el trabajo de von Trier es un gusto adquirido. Los devotos del "cine de arte" seguramente aclamarán Melancholia como una obra ferozmente personal que corona la filmografía del director. Y quizás tengan razón... pero creo que estamos frente a un caso claro de "el traje nuevo del emperador", así que me limitaré a decir que, en mi humilde opinión, von Trier está desnudo, pero nadie quiere reconocerlo (¿o quizás ?). Obviamente tiene abundante talento (después de todo, se trata del "mejor director del mundo"), pero su antagónica visión (o su torcido sentido del humor, ustedes decidan) tiende a trabajar en contra de sus mejores atributos como cineasta. Entonces, podría recomendar Melancholia por las imágenes que ofrece, por las hiper-naturales actuaciones y por su interesante examen de la depresión clínica; no obstante, conviene advertir sobre la desagradable experiencia global que deberemos soportar para apreciar los aciertos. Como alternativa de ciencia ficción cerebral, reflexiva y genuinamente interesante, sugiero la maravillosa cinta Another Earth; y como pseudo-análisis de la depresión, creo que The Virgin Suicides funciona mejor, y hasta tiene a la misma actriz. Pero en aquella cinta Kristen Dunst no hace desnudos gratuitos, así que elijan según su preferencia.
Calificación: 6.5

jueves, 26 de julio de 2012

Lockout

Durante los créditos iniciales de Lockout se nos informa que la película está “basada en una idea original de Luc Besson". Y creo que esta fue la idea: "Hey chicos, vamos a hacer un re-make de Escape From New York, pero en el espacio o algo así, para evitar demandas". Entonces, con ese concepto en la mano, el productor contrató a los directores de comerciales James Mather y Stephen St. Leger para que lo adaptaran a la fórmula de "euro-acción" que Besson está usando desde hace diez años: un rudo pero sensible anti-héroe enfrentando un desfile de anónimos villanos para rescatar a una víctima inocente. Pero en vez de usar los escenarios europeos de la saga The Transporter, ahora será en una prisión espacial. Qué innovador.

En el año 2079, un rudo ex-agente de la CIA llamado “Snow” (Guy Pearce) es falsamente acusado de haber asesinado a su mentor. Snow niega los cargos pero las pruebas son contundentes, y recibe una larga condena a bordo de la estación espacial MS-1, una prisión flotante de máxima seguridad en órbita de la Tierra. Sin embargo, un accidente a bordo de la estación libera a sus ocupantes, quienes de inmediato toman como rehenes a guardias y visitantes... entre los que casualmente se encuentra Emilie Warnock (Maggie Grace), la hija del presidente, en una rutinaria inspección humanitaria. Entonces el turbio Agente Langral (Peter Stormare) ordena a Snow que se infiltre en la prisión, rescate a Emilie y la ponga en una cápsula salvavidas que la traerá de regreso sana y salva a la Tierra. Como todo buen anti-héroe, Snow rechaza inicialmente la misión, pues cree que le están ocultando algo importante; pero termina aceptándola cuando se entera de que a bordo de la prisión está la única persona que podría exonerarlo de los cargos que injustamente le imputaron. Entonces, con mínimo armamento y mucha "actitud", el ex-agente se prepara para enfrentar a los quinientos prisioneros más peligrosos del mundo... y del espacio.

No esperaba mucho de Lockout, pero tenía ganas de verla porque ya no es tan fácil encontrar ciencia ficción interplanetaria (o al menos orbital), con naves espaciales y demás elementos del género. Y, bueno, la película no me decepcionó demasiado porque fue exactamente lo que yo esperaba: brutales peleas, un poco de forzado humor, y el más leve barniz de ciencia ficción, con el énfasis en "ficción", pues la "ciencia" de la película es virtualmente inexistente, y solo provocará risas por su inverosímil uso de clichés "espaciales". En otras palabras, la estación orbital podría haber sido una prisión en Bulgaria, o un campo terrorista en Afganistán, y hubiera sido exactamente lo mismo... Snow peleando contra un desfile de genéricos villanos y desafiando peligros cada vez mayores en su esfuerzo por rescatar a la hija del presidente. Y, claro, ¿será posible un poco de romance entre individuos tan diferentes? Creo que guardaré ese secreto.

Lo que definitivamente me decepcionó fue la clasificación "PG-13" de Lockout. Aunque compré el DVD "Unrated", los directores se mostraron demasiado tímidos en la intensidad de la violencia, así como en el potencial de los momentos "gore". No digo que esto sea necesario para hacer una buena película... pero en el caso particular de Lockout, hubiera sido un último recurso para hacerla más impactante y memorable, en vez de blanda y predecible. De hecho, hay numerosas instancias donde fue evidente la intención de hacer algo visualmente espectacular, pero una y otra vez se percibe la auto-censura que evita cruzar el umbral hacia la clasificación "para adultos". En cuanto a la historia, no hay mucho que analizar... obviamente Besson se inspiró en la premisa de Escape From New York, pero no se tomó la molestia de añadir la sátira social y subversivo humor de aquella cinta, de modo que Lockout carece de un trasfondo más interesante para validar sus genéricas peleas, explosiones y balaceras.

Al menos Guy Pearce parece divertirse un poco en el papel principal. No hay mucha oportunidad de "actuar" cuando el personaje es tan simple, pero bueno... lo encontré más o menos creíble como estrella de acción. Maggie Grace (más recordada por Lost) encuentra un balance adecuado entre "girl power" y damisela en peligro; lástima que el guión le asigne algunas decisiones profundamente estúpidas para impulsar la historia cuando no quedan alternativas lógicas. Esa es la ingrata labor de todo "mcguffin humano". En cuanto a efectos especiales, el estudio británico Bain VFX sigue el ejemplo de George Lucas y arroja por la borda toda consideración científica sobre gravedad, masa e inercia. Lo importante es que las naves se vean "cool" y que la acción sea suficientemente frenética para hacernos olvidar los enormes agujeros en la trama, o la tenue construcción de los personajes. A fin de cuentas no importa mucho la falta de originalidad en la trama de Lockout... el problema es que nadie se preocupó por establecer bases más firmes como sustento de la narrativa. El resultado es marginalmente entretenido, y creo que no me arrepiento de haberla visto (aunque sí de compararla... debí esperar su estreno en TV); pero definitivamente pudo hacerse una mejor película con estos elementos. Ni hablar... parece que me espera una velada con Fortress (otra cinta sobre prisiones futuristas) para quitarme el mal sabor.
Calificación: 6

martes, 24 de julio de 2012

De Roma con Amor (To Rome With Love)

El "renacimiento europeo" de Woody Allen continúa con la divertida cinta De Roma con Amor (¿no hubiera sido más apropiado "Para Roma con Amor"?), y mientras la veía creo que encontré el factor que determina la calidad de sus recientes obras: cuando Allen usa el "espíritu" de una ciudad como parte integral de la narrativa, las películas resultan bastante buenas (Match Point, Vicky Cristina Barcelona, Midnight in Paris). Pero cuando solo usa la ciudad en turno como pintoresco escenario, el resultado es menos memorable (Scoop, You Will Meet a Tall, Dark Stranger). Para bien o para mal, De Roma con Amor pertenece a esta segunda categoría, aunque de cualquier modo ofrece una entretenida experiencia repleta del clásico humor y agudas observaciones que marcan la obra de este cineasta.

De Roma con Amor divide su narrativa en cuatro historias independientes ubicadas en la pintoresca ciudad italiana: En la primera conocemos a John (Alec Baldwin), un famoso arquitecto norteamericano pasando unas vacaciones en Roma, donde vivió hace muchos años en su época estudiantil. Un día, buscando su viejo barrio, conoce casualmente a Jack (Jesse Eisenberg), otro joven estudiante de arquitectura con experiencias similares a las que tuvo John... quizás demasiado similares. En otro lugar de Roma encontramos a Leopoldo (Roberto Begnini), un hombre común de clase media, con una bonita familia y un empleo normal. Pero su simple vida sufre un inesperado cambio cuando se vuelve famoso de la noche a la mañana (literalmente), y entonces se ve obligado a experimentar las ventajas y desventajas de vivir como una celebridad. Mientras tanto, el maduro matrimonio de Jerry (Woody Allen) y Phyllis (Judy Davis) llega a Roma para visitar a su hija Hayley (Alison Pill) y conocer a la familia de su prometido Para variar, Jerry es ligeramente neurótico y está teniendo dificultades ajustándose al retiro, tras muchos años de trabajar en la industria discográfica. Sin embargo, lo que encuentra en el hogar de sus futuros suegros quizás lo inspire a abandonar el retiro para cumplir su más grande sueño. Finalmente Antonio (Alessandro Tiberi) y Milly (Alessandra Mastronardi) son una pareja de recién casados provenientes de un pequeño pueblo, y tienen ciertos temores sobre su mudanza a Roma, donde Antonio encontró un nuevo trabajo. Para celebrar la ocasión, Milly quiere hacerse un peinado especial y sale del hotel en busca de un salón de belleza, pero termina extraviándose en la gran ciudad. Al mismo tiempo Antonio recibe por error la visita de una sensual mujer llamada Anna (Penélope Cruz), con intenciones sospechosamente románticas...

Cuatro historias cortas con romance, humor y un poco de drama para recordarnos que no todo es tan simple como parece. Típica receta de Woody Allen que sigue funcionando gracias a su destreza para plantear situaciones extrañas y al mismo tiempo asimilables, habitadas por personajes idealizados, pero con el balance justo de humanidad para identificarnos con sus temores, ambiciones y esperanzas. Como dije al principio, De Roma con Amor es una de sus películas "lite", con un tono juguetón no exento de profundidad, de modo que las frecuentes risas van casi siempre acompañadas de algún mensaje o reflexión que enriquecen la experiencia y trascienden la mera intención humorística de las historias. Supongo que cada espectador tendrá su segmento favorito según sus gustos personales e ideología (la mía fue la de Woody Allen mismo, pues además de los simpáticos personajes incluye algunos brillantes momentos de humor surrealista que funcionan en muchos niveles); pero todas tienen algo valioso que decir y ninguna se siente como frívolo relleno. Bueno, quizás la de Begnini sea la menos "profunda", aunque debo decir que no entendí por completo la moraleja final. ¿Esa será realmente la opinión de Allen, o fue tan solo una sátira de la sátira?

Lo que no se puede dudar es el talento actoral seleccionado por el director. Inicialmente temí que la película fuera un cansado "choque de culturas" con antipáticos turistas norteamericanos comparando Roma con Nueva York, pero desde luego no fue así; el elenco está muy bien balanceado y luce por igual a las "estrellas" de Hollywood (como Alec Baldwin, Jesse Eisenberg y Judy Davis), y al "talento local" representado por Begnini, Alessandra Mastronardi y Alessandro Tiberi, por no mencionar simpáticos cameos de leyendas italianas como Ornella Muti, Antonio Albanese y quién sabe cuántas otras que no reconocí. En particular me gustaría señalar a Fabio Armiliato como el futuro suegro con inusual talento; sus escenas son graciosas y honestas tanto dentro como fuera de la regadera. También me gustó el inesperado uso de Ellen Page como "depredadora sexual" engañosamente frágil y modesta. Y ya que estamos hablando de "donnas fatales", Penélope Cruz merece mención especial por abordar con gran entusiasmo y absoluta convicción un papel inspirado por las "comedias pícaras" italianas de los años setentas. Edwige Fenech estaría orgullosa. O quizás celosa.

Entonces, hay mucho que disfrutar en los cuatro cuentos individuales de De Roma con Amor, así como en la manufactura global de la película. Sí, el guión es sumamente superficial, da algunas vueltas demasiado convenientes y toma extraños atajos lógicos en su narrativa; también encontraremos muchas escenas diseñadas para explotar descaradamente las más célebres atracciones turísticas en Roma, y creo que las historias podrían haberse ubicado en cualquier otra gran ciudad sin perder su humor o mensaje. Pero nada de eso disminuye el atractivo de las locaciones, de la excelente cinematografía (aplauso a Darius Khondji por no caer en el estándar visual de "folleto turístico" empleado en mediocres comedias románticas) ni de la pista musical, integrada por el tradicional swing y jazz que tanto le gusta a Woody Allen, junto con algunas piezas clásicas de la cultura popular italiana. Todos estos ingredientes sazonan a la perfección el sabor de este ligero pero delicioso platillo italiano. En el contexto de la obra de Allen quizás De Roma con Amor no está a la altura de sus obras más densas y memorables, pero puedo recomendarla como una de sus mejores comedias modernas, y como invaluable lección para directores jóvenes encasillados en las mismas fórmulas humorísticas de siempre; por favor aprendan un poco de este veterano. En cuanto a Allen, no puedo dejar de pensar sobre el siguiente paso en su "tour" europeo... ¿se atreverá a hacer algo sobre Alemania? Creo que tiene el potencial de crear algo increíblemente poderoso... o de increíble mal gusto. Como sea, estaré en la taquilla comprando mi boleto.
Calificación: 8.5

domingo, 22 de julio de 2012

Ese es Mi Hijo (That's My Boy)

En general tengo una regla muy estricta sobre las películas de Adam Sandler ("No ver películas de Adam Sandler"), pero soy una persona flexible y no me opongo a hacer excepciones cuando las circunstancias lo justifican. En el caso de la cinta Ese es Mi Hijo, las circunstancias fueron: a) Tuve que atravesar la ciudad entera para ver Valiente en inglés, y no quise regresar a mi casa de inmediato porque odio conducir en la lluvia, así que decidí quedarme a ver otra película, y el único horario que me acomodaba era el de la nueva película de Adam Sandler. Y b) Me animó que Andy Samberg estuviera en el elenco, pues me agrada su estilo de humor (al menos cuando colabora con su "troupe" cómica Lonely Island). Entonces, con el destino a mi favor (o en mi contra) entré a ver Ese es Mi Hijo, y quedé gratamente sorprendido... al confirmar que mi regla sigue vigente, y que debería seguirla rigurosamente en el futuro.

La "trama" comienza en la década de los ochentas, durante la adolescencia de Donny Berger (Justin Weaver), un idiota estudiante que de algún modo logra seducir a su atractiva maestra Mary McGarricle (Eva Amurri). Desde luego un tórrido romance entre maestra y alumno es absolutamente ilegal, y por eso Mary termina en presidio y embarazada, mientras que Donny se convierte en una celebridad instantánea gracias al escándalo sexual y a las películas que se hicieron sobre su vida. Sin embargo treinta años después encontramos a Donny (Adam Sandler) como una ex-estrella venida a menos, con enormes deudas financieras y sin aptitud alguna para encontrar un trabajo decente. Peor aún, su hijo "Han Solo" (Andy Samberg), producto de aquel romance ilícito, cambió su nombre a “Todd” y cortó relaciones con su padre hace muchos años debido al pésimo trabajo que hizo al criarlo. Entonces un productor de televisión le ofrece a Donny una jugosa suma de dinero si logra orquestar una reunión de Todd con su madre Mary, quien aún está en la cárcel. Desesperado por pagar sus deudas, Donny acepta y trata de congraciarse con su hijo, infiltrándose en su vida y poniendo en peligro su empleo y su próximo matrimonio con la perfecta chica Jamie (Leighton Meester). ¿Lograrán reconciliarse padre e hijo cuando se conozcan mejor? ¿O la vulgaridad e ignorancia de Donny terminará separándolos para siempre?

Traducción: casi dos horas de Adam Sandler haciendo una de sus voces "chistosas", mientras el libreto ignora toda cohesión narrativa para arrojar tantos chistes como pueda, con la esperanza de que algunos funcionen. Desafortunadamente esto rara vez ocurre, y aunque admito que sonreí en un par de ocasiones, a fin de cuentas los chistes fueron demasiado simples y predecibles, usando vulgaridad en lugar de ingenio y apoyándose en la errónea creencia de que cualquier cosa que diga Adam Sandler en su irritante voz será automáticamente graciosa. Mientras divagaba durante los más tediosos momentos de Ese es Mi Hijo, noté que la sala del cine estaba semi-vacía en un viernes por la noche. Al parecer muchos de los fans de Sandler ya se cansaron de soportar las mismas rutinas durante veinte años... o quizás ya maduraron. Para ser justos, Sandler ha intentado re-inventarse un par de veces con resultados razonablemente buenos, en cintas como Reign Over Me y Funny People. Pero, claro, ambas podrían considerarse fracasos de taquilla si las comparamos con la época dorada del comediante, cuando era actor de "Lista A" gracias al éxito de Big Daddy, The Waterboy o 50 First Dates. Por eso resulta natural que Sandler siga repitiendo sus mismos trucos en un vano esfuerzo de re-capturar el pasado. Me pregunto si en algún momento aprenderá la lección. Y al mismo tiempo no me interesa saber la respuesta.

Para no parecer tan amargado, trataré de mencionar algunas cosas positivas de Ese es Mi Hijo. A ver... cosas buenas, cosas buenas... debe haber alguna por ahí... ¡Ah! Me pareció acertada la decisión de emplear a Eva Amurri en el papel de la sensual maestra "asalta-cunas", y luego a Susan Sarandon (su madre en la vida real) para interpretar la versión "treinta años después". Ambas se ven muy bien, y su obvio parecido físico fue ciertamente sorprendente. También me gustó la banda sonora repleta de canciones ochenteras interpretadas por Mötley Crüe, Ratt, Kiss, Rush, Van Halen... y Vanilla Ice, quien tiene una importante participación en la película. Sigue siendo un pésimo actor, pero al menos se nota que tiene buen sentido del humor y puede reírse de su efímera carrera musical. Finalmente, la menospreciada actriz Leighton Meester luce más atractiva que nunca... aunque su belleza se ve empañada por las horribles e indignas escenas que le impone el director Sean Anders (previamente culpable de la atroz Sex Drive), así que no sé si podría contar su presencia entre los escasos aspectos positivos de la cinta. En fin, quienes sean fieles admiradores de Adam Sandler encontrarán las mismas rutinas y chistes de siempre (groserías constantes, gritos, fluidos corporales, anciana sexualmente activa, gordos corriendo en cámara lenta, etcétera), y supongo que disfrutarán la película, lo cual no tiene nada de malo. Pero quienes tengan curiosidad por ver si Sandler tiene algo nuevo que ofrecer, mejor esperen a su siguiente película... o a la siguiente... o mejor esperen un par de décadas, cuando comience su "fase seria" y trate de ganar un Óscar en algún drama de época. Entonces definitivamente me hará reír.
Calificación: 5

sábado, 21 de julio de 2012

Valiente (Brave)

Aunque no acostumbro buscar "trailers" en Internet, hace tiempo vi algunas escenas promocionales de Valiente y quedé bastante impresionado, no solo por la calidad de la animación, sino porque prometía una nueva faceta del estudio Pixar, más madura y sofisticada, pero sin perder los valores familiares que siempre ha cultivado. Sin embargo la realidad de la película resultó ser menos ambiciosa, pues aunque su argumento incursiona en arquetipos y entornos nunca antes visitado por este estudio, a fin de cuentas encontré una mecánica narrativa un poco floja, ciertamente pulida y funcional, pero menos atractiva por sus bajos niveles de energía y convicción.

Ubicada en el período medieval de Escocia, Valiente se centra en la Princesa Merida (voz de Kelly MacDonald), siempre en conflicto con su madre, la Reina Elinor (voz de Emma Thompson), porque la joven prefiere pasar su tiempo practicando el deporte de la arquería, e ignora todo lo relacionado con el protocolo real y sus deberes como princesa. Este conflicto de opiniones se acentúa cuando Merida llega a la adolescencia y los príncipes de tres reinos vecinos aspiran a casarse con ella; Merida, desde luego, rechaza rotundamente la perspectiva del matrimonio y tiene una fuerte discusión con su madre, quien no comprende por qué su hija se empeña en seguir un camino independiente de las rígidas costumbres de su pueblo. Descorazonada, Merida huye al bosque, donde encuentra a una extraña mujer con dudosos poderes mágicos y, tras mucha insistencia (y quizás un poco de soborno) la anciana le da a la princesa un hechizo para cambiar a su madre. Desafortunadamente el cambio resulta más radical de lo que Merida esperaba, y entonces la muchacha tendrá que madurar y echar mano de toda su destreza física y mental para salvar a su familia de un terrible destino.

Es justo decir que Valiente representa lo más cercano que Pixar ha estado del género de "cuento de hadas", una provincia que parecía exclusiva de Disney. Quizás se tardaron veinticinco años en abordar estos temas para no ofender a sus eternos distribuidores; o tal vez fue porque los tradicionales esquemas de princesas, magia y romance no coincidían con la sensibilidad del estudio. Como sea, me alegra decir que Valiente resulta mucho más inteligente, divertida y emotiva que cualquier "cuento de hadas" cocinado por Disney (o cualquier otro estudio - salvo Studio Ghibli) en las últimas décadas. Los guionistas evaden astutamente el humor post-moderno de Shrek, los valores hiper-modernizados de How to Train Your Dragon, y el obligatorio romance que casi siempre reduce el potencial dramático de las protagonistas femeninas, quienes se ven definidas no por méritos propios, sino por lo deseable que sea el galán que las pretende. En ese aspecto Valiente es tan independiente como su protagonista, y aprecio que la historia no gire en torno a clichés disneyanos, sino a una relación realista y sincera entre madre e hija. Digamos que la cinta nos presenta el lado femenino de Finding Nemo, donde una aventura obligó a replantear las actitudes de un padre e hijo, y les ayudó a comprenderse mejor cuando ampliaron sus puntos de vista. Por eso sospecho que Valiente será más valiosa como "lección de vida" para familias que viven el tenso período de conflicto "Adolescencia Vs. Menopausia", lo cual de paso refleja el nivel de madurez que alcanza la narrativa de esta obra, perfectamente apropiada para niños, pero con un mensaje que va más allá de las risas y la aventura.

En el aspecto visual, Valiente representa el mayor triunfo de Pixar y el increíble equipo de artistas que hicieron posible este nivel de realidad y belleza en cada cuadro de la película. No solo me refiero a los paisajes, efectos especiales y animación de los personajes, sino a esos minúsculos detalles que revelan más sobre la sensibilidad artística de los animadores, que sobre la tecnología que usan. Cosas tan simples como el temblor nervioso en la cola de un caballo, o una breve pausa en el diálogo de un personaje secundario (la cual me hizo reír más que cualquier elaborada rutina de "slapstick")... Valiente está repleta de fugaces momentos absolutamente brillantes y doblemente satisfactorios por formar parte de un todo tan pulido y espectacular. Las voces también forman parte integral de la textura dramática, y si bien algunos actores exageran demasiado el gutural acento escocés para enfatizar la comedia (Billy Connolly en particular), el resto del elenco transmite a la perfección las emociones de la historia, de modo que nunca escuchamos tan solo la locución de las "estrellas", sino la genuina voz de los personajes.

Ahora, tras dos párrafos de elogios, tengo que regresar a las razones por las que Valiente me pareció una de las películas "menores" de Pixar (conste que no dije "malas"). Me gustó mucho el establecimiento de la historia y su resolución, pero durante la hora intermedia parece que disminuye la energía de la película, y se limita a seguir un camino blando y prefabricado hasta su satisfactorio final. No encontré esas constantes manifestaciones de ingenio a las que estamos acostumbrados en el cine de Pixar. La bruja en el bosque, el asunto del "destino" y los fuegos fatuos, las travesuras de los trillizos pelirrojos... todos estos elementos funcionan bien en la mecánica de la trama, pero nunca alcanzan el nivel de asombro y riqueza que debió provocar esta inteligente re-interpretación del cuento de hadas. ¿Recuerdan el nudo en la garganta cuando se eleva la casa del anciano en Up, o la palpable angustia en la fundición de Toy Story 3? Valiente nunca logró capturarme hasta ese punto en las aventuras de sus personajes. Y, bueno, aunque disfruté la experiencia, al final me sentí un poco defraudado por no haber encontrado algo más "especial", que justificara la promesa tácita de esta nueva etapa de Pixar. No sé... quizás fue un problema de altas expectativas mías, o de que los directores estuvieron fuera de su elemento natural. Como sea, puedo recomendar Valiente como una sólida y divertida cinta familiar con un honesto y válido mensaje; pero creo que debió cuidarse un poco más el libreto para que su parte media no se sintiera como relleno, sino como pilar indispensable de una divertida historia. Como sea, me gustaría re-visitar en el futuro el universo establecido en Valiente... con excepción de Toy Story, es la única película de Pixar (hasta el momento) que genuinamente merece una secuela (o quizás precuela), y ese es el mejor halago que puedo hacerle.
Calificación: 8

viernes, 20 de julio de 2012

La Casa Silenciosa (Silent House)

Nos guste o no, la idea de hacer re-makes de películas extranjeras se ha convertido en una de las más populares tendencias de Hollywood (claro, no son los únicos, pero por simple volumen se ganan el título de "reyes del reciclaje creativo"). El proceso parece simple: se compran los derechos de una buena película realizada en otro idioma; se contratan actores con mayor atractivo comercial; se re-escribe el libreto desde la perspectiva cultural norteamericana; y finalmente (aquí viene el error fatal) se "corrigen" todas las "fallas" de la cinta original. Naturalmente esto casi nunca funciona como debería, y en la inmensa mayoría de los casos el re-make termina siendo una pobre copia carente de aquello que hizo notable a su predecesora. No obstante, las circunstancias específicas de La Casa Silenciosa ofrecen una variable interesante, pues la película original (La Casa Muda, producida en Uruguay) no me pareció particularmente buena... ¿será posible que la versión norteamericana logre introducir cambios que realmente mejoren la experiencia?

Al menos lo intentan. Aparentemente filmada en una toma continua de casi hora y media, la película comienza con la llegada de la joven Sarah (Elizabeth Olsen) a la vieja casa de campo familiar, con el fin de empacar su contenido antes de ponerla en el mercado. Es una labor ingrata, pero Sarah tendrá la ayuda de su padre y su tío. Sin embargo, al caer la noche, la chica descubre que alguien más está en la casa, acechándola y esperando el momento oportuno para atacar. ¿Podrá Sarah sobrevivir la noche y desentrañar el terrible secreto que oculta la casona?

La cinta uruguaya La Casa Muda me pareció un poco frustrante, confusa y repetitiva. Sin embargo cuenta con elementos bastante ingeniosos que sin duda atrajeron a los productores de este re-make. Para empezar, la premisa de grabar la película entera en una sola toma (aunque por supuesto hay amplias oportunidades para ocultar los cortes) añade cierta novedad y promueve un estilo narrativo único, al mismo tiempo caótico para acentuar el terror, y perfectamente planeado para apretar gradualmente las tuercas del suspenso y mantener la atención del espectador. Los directores Chris Kentis y Laura Lau (previamente responsables por la memorable Open Water) afrontan el reto con aplomo, y tienen éxito parcial al principio, cuando nos introducen a los misterios de la casa. Además, tuvieron el acierto de contratar una sólida actriz para interpretar a Sarah, cuyo rostro y reacciones son nuestra guía para navegar la impredecible arquitectura de la trama (y de la casa). Elizabeth Olsen demostró considerable talento en la cinta Martha Marcy May Marlene, y aunque el tema de La Casa Silenciosa sea muy distinto, debe expresar similares emociones de miedo, angustia y desorientación ante eventos que no comprende.

Desafortunadamente el libreto no aprovecha la capacidad de Olsen, pues por más que la actriz se esfuerce, no logra "vender" la realidad de la situación, ni convencernos de la lógica de sus acciones, sobre todo cuando empieza a cometer errores absurdos y tomar malas decisiones que no se sienten como producto del pánico, sino como artificios del libreto para continuar una historia tediosa e inerte. En otras palabras, Olsen es buena, pero no milagrosa. Por otro lado, siendo una película de terror, quizás podríamos disculpar estas inconsistencias siempre y cuando la narrativa cumpliera su misión de atemorizarnos. No hay tal; aunque los directores intentan muchos trucos para sobresaltarnos (incluyendo esa memorable secuencia iluminada por el flash de una cámara), se nota que no saben usar adecuadamente los esquemas del género, ni les interesa proponer nuevos mecanismos del terror. Simplemente fijan la cámara en el rostro de Olsen (y a veces en su generoso escote) y esperan que sus gritos, gimoteos y respiración cortada se encarguen del trabajo que ellos no supieron hacer (solo vean ese póster).

Sobra decir que tras sesenta minutos de la misma rutina yo ya estaba listo para salirme del cine, o al menos para ponerme a leer algo en mi teléfono (la sala estaba casi vacía, así que no había riesgo de molestar al inexistente público). No obstante decidí quedarme hasta el final, para ver si me aguardaba una conclusión satisfactoria. Absurdo optimismo. Tras recetarnos varios arbitrarios “twists” y clichés que más o menos siguen la pauta de la cinta original (aunque no recuerdo haber visto en aquella un excusado montado a la pared), el abrupto final llega sin previo aviso y sin preocuparse por dar una mejor explicación. Entonces, respondiendo mi pregunta original: No; el re-make de una película mediocre solo da como resultado una película aún peor, y de paso inscribe una marca negra en la filmografía de una buena actriz. Si por alguna razón les atrae mucho esta historia, recomiendo ver La Casa Muda, en vez de este refrito norteamericano. Al menos aquella tenía la excusa del bajo presupuesto y producción semi-amateur para disculpar sus fallas y limitaciones. Por su parte, La Casa Silenciosa cometió el error de acentuar lo malo e ignorar lo bueno de la cinta uruguaya, así que no puedo recomendarla como película de terror, y mucho menos como ejemplo de lo que debería ser un re-make. Claro que Hollywood aprende muy lentamente, así que seguirán intentándolo... e intentándolo... e intentándolo...
Calificación: 5

miércoles, 18 de julio de 2012

Sector 7

El cine asiático de monstruos gigantes (también conocido como "kaiju") siempre estuvo identificado con Godzilla, Gamera, Mothra y similares criaturas; pero en el año 2006 la película coreana The Host estableció un nuevo estándar de realismo logrado con efectos digitales que dejaban muy atrás la clásica técnica de "hombre con traje de goma" usada en décadas pasadas. Y ahora la cinta Sector 7 (también coreana) retoma el experimento digital comenzado por The Host, con extraordinarios resultados... al menos en el aspecto visual. La trama no pasa de ser una mala copia de Alien, aunque estando en el humor correcto puede ofrecer suficiente ingenio y suspenso para pasar un ameno rato de grotescos monstruos, exagerado melodrama y giros inesperados (bueno, no tan inesperados) que añaden una sensible dimensión ecológica al predecible argumento.

La trama se desarrolla a bordo de una plataforma petrolera ubicada en el "sector 7" del mar territorial coreano (o algo así). La tripulación está muy tensa y surgen frecuentes peleas entre técnicos y científicos, pues llevan más de un año tratando sin éxito de encontrar petróleo. El capitán quiere abandonar el proyecto y evacuar la plataforma, pero la audaz Riple... perdón, Hae-Jun (Ji-won Ha) insiste en seguir perforando para evitar el deshonor de la derrota. El capitán accede a permanecer un poco más de tiempo... y por fin logran encontrar el preciado oro negro... junto con un cardumen de pequeñas criaturas bio-luminiscentes que parecen inofensivas. Tres meses después, la tripulación está de mejor humor y trabajan incansablemente para recuperar el tiempo perdido. Pero cuando algunos técnicos mueren en circunstancias sospechosas, Hae-Jun y los sobrevivientes se dan cuenta de que hay una nueva forma de vida a bordo de la plataforma... algo que también salió del mar, y está cazando sistemáticamente a la tripulación.

Aunque emplea técnicas y elementos narrativos de The Host, creo que sería más apropiado comparar Sector 7 con aquellas cintas de variado presupuesto (y generalmente baja calidad) que infestaron el cine de terror ochentero, imitando la fórmula de Alien, pero sin alcanzar los mismos niveles de desempeño artístico o narrativo (entre mis favoritas: Leviathan, Deep Star Six y Lords of the Deep - pensándolo bien, esta última copiaba The Abyss). Sin embargo, Sector 7 tiene a su favor un libreto marginalmente creativo y salpicado con válidas ideas sobre la responsabilidad de la industria petrolera y los riesgos potenciales de "energías alternativas" que podrían resultar más perjudiciales que benéficas. Claro que estos elementos "socialmente relevantes" no ocupan mucho tiempo en el breve desarrollo de la película, ni nos estorban para apreciar el terror provocado por el monstruo y sus inescrutables ataques (¿podrá ser venganza?)

En ese aspecto Sector 7 sirve perfectamente como horror de modesta ambición y competentes resultados. La criatura es el atractivo principal, y me alegra decir que es excelente. El diseño, la animación, la integración con los elementos filmados... todo muestra valores de producción tan elevados como los que encontraríamos en cualquier "blockbuster" de Hollywood. Lo único que falla ocasionalmente es la composición de actores en escenarios digitales; la plataforma petrolera y el mar son bastante realistas, pero en muchas escenas se notan los efectos del deficiente "green screen" que provoca errores de perspectiva e iluminación inconsistente; como claro ejemplo puedo señalar la carrera de motos (¿carreras de motos sobre una plataforma petrolera? ¡Claro! ¿Por qué no?). Las actuaciones son más difíciles de evaluar, pues ocupan ese bizarro terreno tragi-cómico que a veces encontramos en el cine asiático. Quizás hay elementos culturales que no comprendo por ser "waeguk-saram" (equivalente coreano del "gaijin" japonés), o tal vez el director Ji-hoon Kim quiso balancear el drama con momentos ligeros; cualquiera que sea la razón, los "chistes" se sienten forzados, inoportunos, y nada graciosos.

Pero bueno, como dije antes, el punto de Sector 7 no es ganar premios para sus actores ni hacernos reír, sino emocionarnos con el suspenso de su narrativa, hacernos pensar un poco con los mensajes ecológicos que ofrece, y admirar al monstruo, de quien incluso podemos compadecernos cuando se revela su auténtico origen. Ji-won Ha es una adecuada "Ripley"; la música complementa la acción sin estorbar (y afortunadamente sin usar "K-Pop"); y si bien el "gore" es casi inexistente, podremos consolarnos con algunos sobresaltos bien ganados que no siempre pude predecir. Para bien o para mal Sector 7 no tiene elevadas aspiraciones culturales, pero de cualquier modo puedo recomendarla por su honesto valor como entretenimiento desechable, con un exótico sabor asiático que basta para darle un barniz de novedad a su añejo y reciclado argumento. Y, ¿mencioné que me encantó el monstruo? Productores de The Asylum, por favor tomen nota... es perfectamente posible realizar efectos de primera línea con poco dinero; pero primero necesitan interesarse en lograrlo.
Calificación: 7.5

martes, 17 de julio de 2012

God Bless America

El comediante Bobcat Goldthwait (nombre real: Robert Francis Goldthwait) ganó fama en los ochentas por interpretar a un patán quejumbroso en la serie de películas Police Academy, pero quien haya escuchado sus rutinas de "stand up" sabrá que detrás de su afectada voz y neurótica apariencia hay un individuo inteligente y profundamente crítico de la sociedad norteamericana. Y, bueno, su estilo de comedia no es exactamente fino o sutil, así que muchas veces su astuto mensaje termina extraviándose entre los estridentes monólogos humorísticos. Para bien o para mal, su carrera como director de cine ha encontrado el mismo problema, y por muy buenas que sean las intenciones de obras como Shakes the Clown y World‘s Greatest Dad, a veces resulta difícil separar la forma del fondo. Por eso no deberá extrañarnos que su más reciente película, God Bless America, sea simultáneamente exagerada, ofensiva y muy graciosa al mostrarnos los problemas de la sociedad contemporánea y la violenta solución que Goldthwait ofrece para exterminarlos.

Al principio de God Bless America conocemos a Frank (Joel Murray), un oficinista divorciado que pasa sus largas noches de insomnio viendo “programas de realidad” donde se exhiben y celebran los peores comportamientos de individuos arrogantes y antipáticos que se han convertido en ejemplo y guía de la sociedad norteamericana. Esta decadencia moral y cultural también se refleja en sus vecinos ruidosos e inconsiderados, que se sienten con derecho de hacer lo que quieran sin importar las molestias que ocasionen a los demás. Para empeorar las cosas Frank es despedido de su trabajo, y al poco tiempo su médico le informa que tiene un tumor craneal inoperable. Entonces el abatido hombre decide hacer algo útil con el tiempo que le queda de vida, e inicia una violenta cruzada para eliminar los malos elementos que están arruinando la cultura, empezando con la odiosa estrella de un programa sobre “princesas” adolescentes. Pero cuando Frank comete su primer homicidio “justificado”, es descubierto por Roxy (Tara Lynne Barr), una joven igualmente hastiada de la estupidez e ignorancia que soporta todos los días en la escuela y en su casa. Frank piensa que la muchacha lo denunciará a las autoridades… pero en vez de eso Roxy le pide unirse a la cruzada, y así es como emprenden un sangriento viaje cuya meta es resolver a balazos los problemas de la sociedad.

Obviamente God Bless America no debe tomarse en serio, pues se trata de una clara fantasía con fines catárticos, cuyo propósito tangencial es hacernos reflexionar sobre los nuevos valores que conducen la conducta contemporánea. Su teoría es que los medios de comunicación (y sus patrones corporativos) pretenden explotar el natural egoísmo, estupidez y arrogancia de las personas, para convertirlas en consumidores carentes de sentido común o pensamiento crítico. Sin duda es un problema con causas profundas, y creo que una simplista actitud de "vamos a matar a quienes lo merezcan" no es una solución real... pero al menos me dejó satisfecho en el más básico nivel visceral, y sospecho que ocurrirá lo mismo con otras personas (seguramente la escena del cine es una fantasía compartida por muchos espectadores). Sin embargo la película resulta menos exitosa desde el punto de vista narrativo; los personajes centrales tratan de conservar su humanidad durante la violenta cruzada, pero a fin de cuentas no pasan de ser huecos títeres diseñados para expresar los gustos e ideología del director. A pesar de ello, confieso que me identifiqué muchas veces con Frank y Roxy, no solo por su desprecio hacia la "cultura de la celebridad", sino por detalles más triviales, como la afición a la música de Alice Cooper y la fascinación con la filosofía de Star Trek: The Next Generation.

También ayuda que las actuaciones de Joel Murray (el menos famoso hermano de Bill Murray) y Tara Lynne Barr sean suficientemente buenas para aceptar sus excéntricas conductas, aunque estimo que no todos los espectadores coincidirán en esta percepción, pues la barata filosofía “pop” y afectados diálogos que comparten los protagonistas pertenecen a ese estilo post-moderno y rebuscado que hemos visto en las películas de Kevin Smith y Kevin Williamson. No son para todos los gustos, y mucho menos en el surrealista entorno de God Bless America, así que procedan con precaución. Por mi parte reí suficiente y aprecié el mensaje de Goldthwait, así que puedo darle una recomendación por su audaz intención de ponernos a pensar al mismo tiempo que nos hace reír con negro humor y absurdas situaciones. Dentro del micro-universo de cintas con argumento similar, no creo que God Bless America alcance a ser una moderna versión de Natural Born Killers, pero podría estar al nivel de la semi-clásica noventera Falling Down, donde el director Joel Schumacher hizo similares observaciones sobre los problemas de aquella década. De hecho, resulta interesante comparar los temas de Falling Down con los de God Bless América; parece que en veinte años las cosas han empeorado bastante, y resulta evidente que estamos perdiendo la batalla contra la infección de ignorancia y egoísmo que afecta a la sociedad. O quizás sea simple evolución natural, y la humanidad está adaptándose a un nuevo y diferente entorno de gratificación instantánea, saturación de información trivial y conexiones irrelevantes. Como sea, espero ya no estar vivo cuando lleguemos al punto crítico de esta "de-evolución" humana. Ya será problema de la generación que hizo famosa a la familia Kardashian y a los trogloditas de Jersey Shore.
Calificación: 8

domingo, 15 de julio de 2012

Amor, Honor y Libertad (The Lady)


En su faceta de productor y guionista, el francés Luc Besson lleva años cómodamente establecido en el cine de acción (aunque la calidad de sus obras sea bastante irregular); sin embargo, como director lo hemos visto últimamente incursionando en géneros tan diversos como la fantasía y animación digital... con resultados no siempre afortunados. Y ahora, en su primera película de acción viva desde que anunció su "retiro", Besson regresa a la biografía histórica (que tan bien abordó hace más de diez años con Joan of Ark) para enfocar su atención en otra valerosa mujer que contribuyó a la liberación de una nación. ¿Conservará el director su habitual habilidad narrativa y dinamismo visual? ¿O habrá sido Amor, Honor y Libertad un débil intento por ganar premios y credibilidad como director "serio"?

La mujer en cuestión es Aung San Suu Kyi (Michelle Yeoh), hija del primer gobernante democrático que tuvo Birmania... hasta que fue brutalmente asesinado por la junta militar que tomó el control del país durante los años cuarentas. Varias décadas después, a fines de los ochentas, encontramos a Suu Kyi como modesta ama de casa viviendo en Inglaterra con sus hijos adolescentes y su esposo Michael (David Thewlis), un afable profesor universitario. Un día Suu Kyi se entera de que su madre está gravemente enferma y se traslada a Birmania, donde es celosamente vigilada por espías que desconfían de los auténticos motivos de su visita. Mientras está en el hospital cuidando a su madre, la asombrada mujer es testigo de arbitrarias atrocidades cometidas por el gobierno militar, y por eso acepta el ofrecimiento de varios activistas políticos que quieren reclutarla como portavoz y representante del movimiento democrático cuyo fin es declarar elecciones libres. Y aunque Suu Kyi carece por completo de experiencia política, siente que es su deber preservar los ideales de su padre y ayudar al pueblo oprimido. Entonces los humildes ciudadanos de Rangún la reciben con brazos abiertos y nuevas esperanzas de libertad. Pero, desde luego, sus esfuerzos no son bien vistos por el gobierno, y Suu Kyi pronto enfrentará los métodos represivos de la dictadura militar...

Los hechos que retrata Amor, Honor y Libertad son fascinantes, pero no se adaptan fácilmente a las clásicas estructuras dramáticas del cine, y quizás por eso la cinta se siente un poco lenta y fragmentada. A la par de las experiencias de Aung San Suu Kyi como renuente figura política, también tenemos atisbos al impacto internacional del movimiento democrático en Birmania (también conocido como Myanmar); a la política interna del Comité del Premio Nobel; a la complicada vida familiar de Michael Aris, criando dos hijos adolescentes durante la ausencia de su madre; y a los corruptos líderes militares de Birmania, decidiendo la vida o muerte de prisioneros políticos por medio de azar y superstición. Claro, todos esos divergentes aspectos son necesarios para comprender el impacto de la cruzada democrática emprendida por Suu Kyi; y en verdad aprecio que Luc Besson no haya simplificado la trama para hacer más comercial su película; pero al mismo tiempo siento que hizo falta un arco narrativo mejor definido, que integrara estos divergentes elementos en un todo históricamente fiel y dramáticamente sólido. En fin... imagino que es difícil determinar lo que debe incluirse en un relato tan complejo como éste; ¿debería Besson poner más énfasis en la persona, o en la obra? O quizás estamos tan acostumbrados a la "estructura de tres actos" que cuesta trabajo asimilar un relato con los giros y tangentes de la vida real, en vez de seguir la típica ruta lineal hacia el obligatorio final feliz. O al menos inspirador.

Y ese es quizás otro "problema" de Amor, Honor y Libertad; la historia no termina, porque la labor de Aung San Suu Kyi en Birmania tampoco ha terminado, así que el final no alcanza el clímax dramático que esperábamos. En todo caso, nos entregaron ese clímax en pequeños incrementos a lo largo de dos horas, y por eso resulta comprensible que algunas personas hayan quedado insatisfechas con esta película. Honestamente yo no sabía nada de Aung San Suu Kyi, y apenas estaba enterado de la opresión política en Birmania (más que nada por lo que vi en la película Rambo); aún así disfruté parcialmente Amor, Honor y Libertad por la fuerza de su protagonista, la laberíntica estructura de su argumento, y su honesta función didáctica. Habiendo dicho eso, creo que un documental hubiera sido más eficiente para recontar esta historia, libre de expectativas dramáticas por parte del público, y más honesto en su interpretación de los hechos. Pero bueno, quienes decidan ver la película obtendrán como premio de consolación la excelente cinematografía característica de Luc Besson, los hermosos paisajes de un país exótico e incomprendido, y un ensamble de actuaciones generalmente buenas, destacando David Thewlis como el sufrido esposo; y Michelle Yeoh en su primer papel dramático real, donde demuestra que su talento va más allá del cine de artes marciales que la hizo famosa. Además, en su más básico nivel, Amor, Honor y Libertad será una "película final" más apropiada para Besson (si es que decide hacer efectivo su "retiro"), en vez de la tediosa saga animada de Arthur y los Minimoys. Algo es algo.
Calificación: 7