domingo, 30 de septiembre de 2012

Dredd, El Juez del Apocalipsis (Dredd)

Conviene aclarar desde el principio que nunca he sido particularmente aficionado a la revista británica 2000 AD, donde se publican los comics de Judge Dredd desde 1977. Me gusta el estilo visual establecido por el co-creador Carlos Ezquerra (aunque mi versión favorita de Dredd es la de Simon Bisley) y la distópica atmósfera del mundo futurista diseñado por el escritor John Wagner, pero el personaje central tiende a ser tan inflexible y repetitivo que puede llegar a cansar. Por otro lado, esto plantea la interesante oportunidad de enriquecer la narrativa por medio del pesadillesco entorno urbano, los comentarios sociales, y el abigarrado reparto de personajes secundarios, desde bizarros villanos extra-dimensionales como Judge Death, hasta psíquicos con perspectiva humanista, como Judge Anderson. Y ahora, en la nueva película Dredd, el director Pete Travis (cuya filmografía va del competente thriller Vantage Point hasta el devastador drama político Omagh) y el guionista Alex Garland (declarado "fanboy" de 2000 AD y frecuente colaborador de Danny Boyle) logran respetar ambos aspectos del Juez Dredd con una historia simple en su fondo pero con suficiente estilo y violencia en su forma para satisfacer medianamente las expectativas de los fans, así como las de espectadores casuales que solo buscaban una sólida cinta de acción para pasar el rato.

Aproximadamente cien años en el futuro, la Tierra se ha convertido en un semi-desierto radioactivo, y la humanidad se ha congregado en "mega-ciudades" sobre-pobladas y afligidas por abundante desempleo, crimen y vicios. En el territorio anteriormente conocido como los Estados Unidos existe ahora Mega-City One, con ochocientos millones de habitantes que hacen lo que pueden para sobrevivir. La ley está representada por "jueces" bien armados y altamente entrenados que funcionan como policías, jurados y hasta verdugos de criminales que ameritan la pena máxima. Al principio de la película conocemos al Juez Dredd (Karl Urban), de implacable tenacidad e inflexible actitud, preparándose para una inesperada misión: acompañar a la novata Juez Anderson (Olivia Thirlby) durante veinticuatro horas para evaluar su comportamiento y determinar si será parte del escuadrón o si será rechazada. Las calificaciones de la muchacha durante el entrenamiento no fueron muy buenas, pero la Juez Superior (Rakie Ayola) está dispuesta a darle una segunda oportunidad porque sus poderes psíquicos (producto de mutación por la atmósfera radioactiva) podrían hacerla muy útil en la lucha contra el crimen. Entonces, con su protegida a cuestas, Dredd investiga el asesinato de tres pandilleros en un enorme rascacielos conocido como "Peach Tree"... donde tiene su base de operaciones una impredecible y peligrosa criminal llamada "Ma Ma" (Lena Headey), quien controla la producción y tráfico de una nueva droga llamada "Slo-Mo", y no desea jueces interfiriendo en sus negocios. Entonces Dredd y Anderson se ven súbitamente atrapados en un inmenso edificio lleno de criminales que harán hasta lo imposible por eliminarlos para ganar el favor de Ma Ma.

Un momento... ¿policías atrapados en un edificio lleno de criminales? ¿No fue ese el argumento de The Raid: Redemption? Bueno, quizás haya similitudes superficiales en la premisa, pero afortunadamente son películas tan distintas que no justifican acusaciones de plagio. Dredd lleva un ritmo más pausado, aunque nunca es aburrida; y si bien ofrece bastantes balaceras, persecuciones y "headshots" en cámara lenta (la droga "Slo-Mo" convenientemente frena la percepción del tiempo, de modo que sus usuarios pueden ver con angustiante lentitud cómo las balas destrozan sus cuerpos, lo cual da pie a varios "ballets de violencia" grotescamente hermosos aunque demasiado artificiales), el director no pretende marearnos con excesiva acción, pues prefiere poner énfasis en la personalidad de Dredd y su relación con la insegura Juez Anderson, al mismo tiempo más vulnerable por su falta de experiencia, pero más poderosa por sus poderes psíquicos. Olivia Thirlby ofrece una notable actuación (para los estándares del cine de acción) que nos permite un atisbo a sus dudas y temores por debajo de la apariencia de profesionalismo y fortaleza que debe mantener en un puesto tan peligroso y a la vez tan esencial para el funcionamiento de la ciudad. Karl Urban logra dar sorprendente profundidad al Juez Dredd a pesar de que nunca vemos su rostro (el casco de los jueces apenas deja ver la boca y la barbilla); es un difícil reto para cualquier actor, pero me alegra que hayan respetado ese elemento del comic para preservar la metáfora de la justicia sin rostro ni emoción que Wagner y Ezquerra usaron como base de su "Dirty Harry futurista".

Lo cual conduce a mi principal queja sobre Dredd... Mega-City One. El estudio británico Baseblack hizo un buen trabajo creando vastas tomas de la "mancha urbana" que se extiende hasta el horizonte, con incontables rascacielos de un kilómetro de altura... pero las escenas que se desarrollan en las calles de la ciudad se sienten demasiado "normales" (la película se filmó en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, sin mucho disfraz ni adorno), y no logran evocar plenamente el mundo post-apocalíptico de los comics. Se me ocurre que el presupuesto del inútil re-make de Total Recall hubiera estado mejor empleado recreando Mega-City One, para hacer justicia (jo, jo) al diseño establecido por los dibujantes originales. Pero bueno... es una queja menor y de cualquier forma la mayor parte de la película se desarrolla en el interior de un edificio, así que tampoco es muy relevante. Más afortunado es el diseño de producción (realizado por el artista de comics "Jock"), pues aunque altera el clásico diseño del uniforme de los jueces y sus motocicletas "Lawmaster", se siente consistente con los posibles avances de la tecnología actual, y resulta más creíble que el abigarrado universo que vimos en la cinta Judge Dredd, estelarizada por Sylvester Stallone en 1995.

Lo que funciona en Dredd es la caracterización del protagonista, su interacción con la insegura Juez Anderson y el choque de perspectivas (pero no de intención) que ocasionalmente nos pone a reflexionar sobre la validez de un sistema judicial obviamente fascista, pero quizás necesario cuando las condiciones sociales se degradan hasta extremos intolerables. También me gustó la música electrónica de Paul Leonard-Morgan, apropiadamente "retro" y muy adecuada para acentuar el suspenso (aunque faltó en los créditos la canción I Am the Law de Anthrax). Entonces, estimo que la ausencia de grandes estrellas, aparatosas secuencias de acción y la modestia de los efectos especiales podrán decepcionar a personas acostumbradas a los huecos espectáculos del cine fantástico hollywoodense (como el mencionado re-make de Total Recall o los tediosos caprichos de Michael Bay), pero en lo personal disfruté Dredd justamente por la ausencia de esas distracciones y su honesto esmero por retratar a la persona detrás de la máscara. Creo que puedo recomendarla como decente adaptación del comic, aunque no necesariamente como una cinta de acción que ganará a todos sus espectadores. Y aunque dudo que veamos una secuela (¿quizás directa a DVD?), definitivamente pagaría por visitar nuevamente Mega-City One para cazar más criminales junto al Juez Dredd. No por nada ha sobrevivido treinta y cinco años como "comic de culto" e inspiración de incontables "vigilantes" en la pantalla y la literatura.
Calificación: 8

sábado, 29 de septiembre de 2012

La Casa de al Lado (House at the End of the Street)

Sin averiguar demasiado, voy a proponer una hipótesis para explicar el estreno de La Casa de al Lado: se filmó originalmente en el 2010, pero lleva un par de años “enlatada” porque probablemente nadie tenía interés en distribuirla; sin embargo, cuando la actriz Jennifer Lawrence se convirtió en celebridad instantánea gracias al éxito de The Hunger Games, los productores decidieron arriesgarse a invertir en un lanzamiento nacional en cines, con la esperanza de que los fans de Katniss Everdeen llenarían las salas en busca de blando terror "PG-13". No sé si los productores ganarán esa apuesta, pero al menos puedo decir que la experiencia no fue del todo mala dentro de lo que puede ofrecer un modesto "thriller psicológico" que, en circunstancias normales, probablemente encontraríamos en televisión (canal Hallmark o Lifetime) o en el estante inferior del videoclub, donde sólo nos agachamos a buscar cuando no quedan copias de los títulos más populares.

La historia comienza en una casa cercana al bosque, donde presenciamos el brutal asesinato de los esposos Jacobson a manos de su propia hija Carrie Ann (Eva Link), una niña de trece años con obvios trastornos emocionales. Según leyenda local, la niña se ahogó en un río cuando trataba de escapar de la policía, aunque nunca se recuperó el cuerpo (qué curioso…) Varios años después encontramos a la doctora divorciada Sarah Cassidy (Elisabeth Shue) y su hija adolescente Elissa (Jennifer Lawrence) mudándose a la casa vecina, que consiguieron a muy bajo precio por estar tan cerca del sitio donde ocurrieron aquellos asesinatos. Se supone que la fatídica “casa Jacobson” está abandonada desde entonces, pero durante la noche pueden verse luces en las ventanas; entonces, tras investigar un poco con sus paranoicos vecinos, Sarah y Elissa se enteran de que el joven Ryan Jacobson (Max Theriot), hijo de la pareja asesinada, regresó a ocupar el inmueble para restaurarlo antes de venderlo. Como buena vecina, Elissa intenta congraciarse con el joven y terminan haciéndose amigos. Pero no sabe que alguien la observa desde el bosque, con intenciones poco amigables... ¿quién podrá ser?

Suena como una historia penosamente trillada y previsible, y hasta cierto punto lo es. Afortunadamente el director Mark Tonderai saca máximo provecho del blando material y logra algunos buenos momentos de suspenso, aunque a veces se da por vencido y recae en los típicos sobresaltos baratos para convencernos de que estamos asustados (nota: no lo estamos, pero gracias por intentarlo). Por el lado del elenco puedo afirmar que Jennifer Lawrence tiene auténtica "madera de estrella"; es buena actriz y posee esa indescriptible cualidad que mantiene nuestros ojos pegados a la pantalla (y no me refiero a sus ajustados "tops"). Carisma, presencia escénica... sea lo que sea, Lawrence consigue cargar la cinta entera sobre sus hombros. En el ingrato papel de madre divorciada, Elisabeth Shue muestra buen dominio de un personaje inconsistente y demasiado voluble (primero comprensiva y luego intolerante, según lo requiera el libreto). Y Max Theriot es un adecuado galán atormentado que despierta los instintos protectores de la protagonista. Hay más personajes, pero ninguno rebasa su función de engrane en la trama (por ejemplo, los obligatorios "bullies" escolares, la anónima "mejor amiga" de Elissa, y el clásico policía que no espera refuerzos para investigar el sótano misterioso).

Esperaba muy poco de La Casa de al Lado y no diré que superó mis expectativas, pero ciertamente logró sostenerse por méritos propios durante una hora y cuarenta minutos, gracias en parte a un ingenioso "twist" que revivió mi interés durante el tercer acto, cuando ya había abandonado esperanza de encontrar algo interesante u original. Y si a eso añadimos el trabajo de las actrices principales, se acumulan suficientes razones para darle una modesta recomendación a este simple thriller que cumple su propósito de entretener sin causar pena ajena, al mismo tiempo que evita los peores síntomas del "síndrome Teen Wolf" (películas mediocres resucitadas por la posterior fama de su protagonista). Quizás La Casa de al Lado no me dejó totalmente satisfecho como ferviente fan del terror, pero puedo apreciar las virtudes de una película emocionante y perfectamente apropiada para el público pre-adolescente que quiere más Katniss mientras llega la secuela de The Hunger Games. A fin de cuentas, cuando la "chica final" es buena actriz, no hace falta excesiva violencia o "gore" para disfrutar la experiencia.
Calificación: 7

viernes, 28 de septiembre de 2012

Vecinos Cercanos del Tercer Tipo (The Watch)

Hasta este momento me interesaban los proyectos de Akiva Schaffer, Jorma Taccone y Andy Samberg, más conocidos como integrantes de la "troupe" cómica The Lonely Island; sin embargo, la experiencia ha demostrado una y otra vez que cuando trabajan individualmente tienen menos suerte que cuando colaboran como trío; en otras palabras, la combinación de talentos es "más que la suma de sus partes". Menciono esto porque la cinta Vecinos Cercanos del Tercer Tipo, dirigida por Schaffer y con cameos de Samberg y Taccone, está muy lejos de alcanzar el humor, energía e irreverencia que encontramos habitualmente en su trabajo colectivo. Peor aún, la cinta desperdicia un interesante (aunque bastante inverosímil) concepto con amplio potencial humorístico, y tampoco sabe aprovechar un sólido elenco de comediantes que buscan en vano el "ángulo" apropiado para hacernos reír.

No sé qué tan secreto sea el "twist" de Vecinos Cercanos del Tercer Tipo (el "trailer" revela todo, así que no es exactamente misterioso), pero trataré de ser discreto: Evan Trautwig (Ben Stiller) es el entusiasta y sociable gerente de una mega-tienda Costco ubicada en un pintoresco y tranquilo suburbio de Ohio, donde todos se conocen y mantienen sus céspedes verdes y bien cortados. Entonces, cuando el guardia nocturno de la tienda es brutalmente asesinado, Evan se da cuenta de que la comunidad no es tan segura como pensaba, y decide organizar un grupo de vigilancia con algunos de sus vecinos. Desafortunadamente solo consigue reclutar a tres voluntarios, y durante la primera “junta estratégica” se da cuenta de que ninguno tiene interés real en la seguridad del barrio, pues lo único que quieren es tomar cerveza y pasar un buen rato lejos de sus familias. Sin embargo, cuando se revela el auténtico peligro que acecha en las sombras, deberán hacerse más responsables si es que quieren salvar sus vidas... y quizás hasta el planeta entero.

En cierto modo entiendo lo que intentó hacer el director y sus guionistas (entre los que se encuentra Seth Rogen, aunque no aparece en la película). La combinación de géneros contradictorios puede dar buenos resultados, pero en el triste caso de Vecinos Cercanos del Tercer Tipo, la mezcla de comedia y fantasía nunca "cuaja", y se siente como una arbitraria colección de escenas incongruentes que no contribuyen a una narrativa, sino solo existen como “mini-sketches“ de mediocre calidad. En el nivel de comedia es demasiado previsible, con los esperados chistes escatológicos y vulgaridades que ni siquiera funcionan (la tediosa escena de cinco minutos que gira en torno a orinar en un frasco revela bastante sobre la auto-indulgencia de los guionistas... y su probable nivel de intoxicación al escribir el libreto). En el aspecto de thriller también resulta un fracaso porque jamás alcanza el nivel de suspenso o amenaza necesarios para preocuparnos por los personajes, o por la subsistencia de la comunidad. Y mejor ni hablar del melodrama marital entre Evan y su esposa Abby (Rosemarie DeWitt, haciendo su mejor esfuerzo por integrarse a la estupidez de sus colegas), o de la "amistad en peligro" cuando llega el obligatorio conflicto emocional que separa a los "vigilantes" en un momento crucial de la historia.

Es una lástima, pues la alianza de Ben Stiller, Vince Vaughn, Jonah Hill y el genial Richard Ayoade (más conocido por el "sitcom" británico The IT Crowd, aunque personalmente prefiero su trabajo en Garth Marenghi's Darkplace) parece brillante en papel y promete más de lo que puede ofrecer Vecinos Cercanos del Tercer Tipo. Se nota que el director buscaba un balance similar al que consiguieron cintas como Shaun of the Dead o Attack the Block, pero no logró "pegar" los discordantes elementos en un todo íntegro y consistente con su (inexistente) lógica. Sé que el éxito económico de una película rara vez indica su calidad real, pero el rotundo fracaso de Vecinos Cercanos del Tercer Tipo parece ampliamente justificado en esta ocasión, pues no dejará satisfechos ni a los fans de la comedia moderna, ni a los "geeks" del género fantástico que buscan algo “cool” y diferente. Por todas estas razones sugiero evitarla como la plaga; pero si no queda más remedio… al menos los efectos especiales son moderadamente buenos, y la banda sonora incluye una amplia gama de clásicos abarcando cuatro décadas (desde The Doors hasta N.W.A.) De ser necesario enfóquense en esos fugaces atributos para sobrevivir la experiencia de este bodrio.
Calificación: 4

jueves, 27 de septiembre de 2012

The Tall Man

Francia nos ha dado algunas notables películas de terror en la última década y, como inevitable consecuencia, la industria cinematográfica norteamericana logró seducir algunos de esos directores para que intentaran rescatar el estéril cine fantástico producido de este lado del Atlántico. En algunas ocasiones la estrategia funcionó bien, y en otras no tanto; pero creo que nunca había rendido tan buenos resultados como en la nueva cinta The Tall Man dirigida por Pascal Laugier, más conocido por la controversial y perturbadora Martyrs, que en el año 2008 dividió al público con brutales escenas de sangrienta tortura y un abrumador mensaje de nihilismo y desesperanza. Por eso podría suponerse que su debut en inglés sería otra muestra de "porno-tortura intelectual", diseñada para satisfacer igualmente a los fans del "gore" y a los aficionados al cine de arte. Afortunadamente Laugier resultó ser un cineasta mucho más ambicioso y creativo, de modo que su nueva película es totalmente distinta a Martyrs pero no por ello menos perturbadora, a pesar de que no tiene una gota de sangre. Bueno, quizás una o dos gotas, pero no nos fijemos en detalles.

El pequeño pueblo de Cold Rock, ubicado entre los densos bosques del norte de los Estados Unidos, sufre una severa depresión económica desde que cerró la mina que daba empleo a la mayor parte de sus habitantes, dejándolos en la bancarrota y sin esperanzas de un mejor futuro. Y ahora, por si fuera poco, alguien o algo está secuestrando a los niños de la comunidad, que desaparecen sin dejar rastro alguno; aunque algunas personas, incluyendo la adolescente muda Jenny (Jodelle Ferland), aseguran haber visto un hombre alto vestido de negro que lleva los niños al bosque. La joven viuda Julia Denning (Jessica Biel) trabaja como enfermera en el pobre centro de salud local, y ha escuchado los rumores del “hombre alto”, pero no los creía hasta que su pequeño hijo es secuestrado una fatídica noche. Julia hace esfuerzos desesperados por alcanzar el destartalado camión donde el hombre de negro lleva al niño, pero tiene que abandonar la persecución cuando queda malherida por un accidente automovilístico. Entonces, con ayuda del tenaz Detective Dodd (Stephen McHattie), la mujer continuará la búsqueda que los llevará por un camino inesperado... sobre todo para los sencillos habitantes de Cold Rock.

Lo primero que conviene aclarar sobre The Tall Man es que no es una película de terror. Sin duda comparte muchos elementos y estructura con ese género, pero creo que sería más correcto clasificarla como un drama rural (quizás en el estilo de Winter's Bone) aderezado con suficiente suspenso para darle una atmósfera familiar que acentúa las sorpresas del argumento, escrito por el mismo Laugier para explorar ideas inesperadamente potentes y hasta controversiales. De hecho, el impacto de la trama no se basa en aplicaciones de látex y sangre artificial, como en Martyrs, sino en situaciones tristemente comunes en el mundo real; y por eso la cinta se siente más relevante y perturbadora. En otras palabras, es el tipo de película que se queda rondando en la cabeza durante muchos días después de verla, lo cual es testimonio de su calidad narrativa y del talento de Laugier para crear una obra profunda y meditativa, desafiando la expectativa del público y hasta los esquemas del género mismo.

Por otro lado, quizás ese "desafío" termine contrariando a los fans que esperaban otra dosis de sangre y solo encuentran un lánguido drama personal de casi dos horas donde los momentos de acción y violencia están muy espaciados por tensas conversaciones, búsquedas angustiantes y detalladas reflexiones sobre la dinámica familiar, así como observaciones secundarias sobre el colapso social y moral de pueblos pequeños olvidados por el resto del mundo. Incluso confesaré que sentí demasiado lenta la parte media de la película, donde Laugier incluye escenas que parecen redundantes o innecesarias, y solo sirven para estirar el melodrama. No obstante, cuando llegué al devastador final, me di cuenta de que esas escenas "innecesarias" eran en realidad piezas indispensables de una historia finamente planeada y perfectamente ejecutada. Pero bueno, eso lo aprendí en retrospectiva, y no niego que hubo momentos en que estuve acercando mi dedo el botón de "Fast Forward"; me alegra no haberlo hecho, y recomiendo un poco de paciencia para dejar que la historia siga su curso a su propio ritmo. El director obviamente sabe lo que hace.

Y eso no solo describe su trabajo en el aspecto narrativo, sino en el visual. La cinematografía de The Tall Man es extraordinaria (cortesía del director de fotografía Kamal Derkaoui). Su fría paleta de colores combinada con el sórdido drama y el esmero en las actuaciones me recordó el trabajo de David Fincher o Christopher Nolan. Suena como hipérbole, pero les aseguro que no exagero, y a partir de ahora esperaré grandes cosas de este director francés, sea cual sea el género en el que trabaje. Finalmente, debo extender un merecido reconocimiento a la actriz Jessica Biel. Su interpretación es tan buena que automáticamente se redime (en mi humilde opinión) por todas las atroces comedias románticas que empañan su filmografía. Su presencia en la cinta me daba desconfianza (ya saben... típica actriz de Hollywood tratando de ganar credibilidad artística por participar en una cinta "indie"), pero fue totalmente infundada. El resto del elenco es igualmente competente, incluyendo al pequeño Jakob Davies en el papel del niño secuestrado, y a Jodelle Ferland como la atemorizada joven muda que debe transmitir sus contradictorias emociones tan solo con los ojos y su expresivo rostro. Entonces, solo queda darle una entusiasta recomendación a The Tall Man, repitiendo la advertencia de que podrá aburrir a algunas personas y ofender a otras que no estén de acuerdo con las respuestas que el director ofrece a preguntas muy espinosas. Me preparé para ver una película de terror y lo que encontré fue algo mucho más ambicioso e intenso, que no olvidaré fácilmente. En resumen, me alegra mucho que no haya sido "Martyrs 2: Saw VII".
Calificación: 9

martes, 25 de septiembre de 2012

Piranha 3DD

Bajo la dirección del francés Alexandre Aja, la película Piranha 3D (me refiero al re-make del 2010, y no a la original de 1978) resultó medianamente divertida gracias a su media hora final, cuando Aja abandonó el tedioso melodrama familiar y el forzado romance juvenil para entregarse de lleno al "gore", acompañado de un irreverente sentido del humor que se burlaba de los clichés del cine de terror al mismo tiempo que los abrazaba con indescriptible entusiasmo. Y ahora en la secuela Piranha 3DD (si no se entiende el título, basta con echar una mirada al póster), el director John Gulager toma el ejemplo de su predecesor para ofrecernos una película repleta de escenas aburridas y personajes antipáticos (o al menos irrelevantes) que solo sirven para pasar el tiempo mientras llega la obligatoria masacre acuática, repleta de chicas esculturales, chorros de sangre y malos efectos especiales. En cierto modo Gulager realizó exactamente lo que necesitaba la secuela... pero no por ello deja de sentirse mediocre y apresurada.

La trama se desarrolla en el modesto balneario Big Wet, a punto de ser re-inaugurado tras una remodelación financiada por el oportunista Chet (David Koechner), quien pretende convertirlo en algo así como un "strip club" acuático, donde las "salvavidas" usan poca o nada de ropa, y hay una piscina especial para "diversión adulta" (desinfectada diariamente con cloro y ácido sulfúrico, desde luego). La joven Maddy (Danielle Panabaker), hijastra de Chet y co-propietaria del parque, está en desacuerdo con esta renovación pero no puede hacer nada para evitarla, así que al menos intenta usar sus conocimientos de biología marina para mantener un cierto nivel de seguridad en las instalaciones. Entonces descubre que Chet está llenando las albercas con agua de un pozo ilegal... el cual está conectado con el Lago Victoria, donde hace unos años murieron cientos de personas tras una infestación de pirañas prehistóricas que fueron accidentalmente liberadas de un lago subterráneo. Maddy advierte el peligro, pero su ambicioso padrastro no quiere arriesgar su inversión, y decide abrir el parque en la fecha planeada. ¿Se desarrollará la inauguración sin problema alguno y todos vivirán felices para siempre? ¿O llegarán las pirañas para encontrar un buffet gratuito con gran variedad de humanos para devorar?

Al menos diré esto: John Gulager fue la persona ideal para dirigir Piranha 3DD, pues su trabajo en la saga Feast demostró su dominio de un dinámico estilo narrativo y un torcido sentido del humor que no teme pisotear toda noción de "corrección política" para hacernos reír al mismo tiempo que nos horroriza con extremos despliegues de "gore" y grotescos momentos de "¿Se atrevieron a hacer eso?". Quizás Gulager se muestra un poco más moderado en Piranha 3DD, estirando la clasificación "R" tanto como sea posible sin cruzar al temido "NC-17"; pero aún así se nota su huella en abundantes escenas de mujeres desnudas corriendo en cámara lenta, pirañas mordiendo partes íntimas de la anatomía humana, o atreviéndose a matar personajes infantiles como un simple "gag" cómico. No me malinterpreten... me gusta ese estilo, y sin duda admiro su audacia para complacer a los fans que querían (queríamos) una dosis mayor de la medicina que ofreció la película anterior; sin embargo todos estos excesos visuales no alcanzan a disimular la indolencia creativa que impidió nuevamente construir una historia interesante en torno a esta variedad de pirañas ultra-agresivas. Quizás debieron pedirle consejo a James Cameron...

A fin de cuentas no puedo negar que reí en varias ocasiones con Piranha 3DD, disfruté los exagerados efectos de sangre (tanto prácticos como digitales), y aprecié la participación de actores valerosos que enfrentan su destino con aplomo (incluyendo uno o dos veteranos de la anterior Pirahna), destacando Katrina Bowden en un papel que me hizo sentir un poco de "pena ajena", viéndola como víctima genérica después del notable trabajo que hizo en Tucker & Dale Vs. Evil. Y, claro, el siempre entretenido David Hasselhoff (alias "The Hoff") demuestra suficiente buen humor para burlarse de su imagen pública, dominando todas las escenas donde se interpreta a sí mismo como un arrogante e inepto actor venido a menos que acepta acudir a la inauguración del balneario porque no tiene otra cosa mejor que hacer (habiendo dicho eso, los materiales extras del Blu-Ray sugieren que quizás Hasselhoff no estaba "actuando"). La única que escapa con cierta dignidad es Danielle Panabaker en el papel de renuente heroína, no tanto porque muestre genuino heroísmo, sino porque parece ser la única persona con un poco de sentido común en el hueco y predecible universo de Piranha 3DD.

Entonces, no es una buena película, ni aspiró a serlo; sin embargo cumplió su propósito como secuela y como "B-Movie", así que puedo recomendar Piranha 3DD por ser un mediocre ejercicio en exceso y vulgaridad que ocupará ochenta minutos de ocio y luego será olvidado para siempre. Si tan solo el director se hubiera esforzado por introducir una mitología consistente o algunos temas recurrentes, quizás la franquicia tendría futuro (como contraste podría señalar la serie Wrong Turn, cuyos productores supieron manipular la fórmula para darle cierta "personalidad" a cada secuela). Pero en vez de eso Gulager decidió repetir la ruta fácil de bikinis, "gore" y humor barato. No lo culpo por ello (debe haberse divertido bastante durante la filmación, por no mencionar el proceso de "casting"), pero quizás sea momento de dejar dormir estas pirañas durante otros treinta años, mientras a alguien se le ocurre una manera más ingeniosa de emplearlas. A menos que "the Hoff" quiera reclutar a Pamela Anderson para hacer "Piranhawatch"; me gustaría ver ese desastre, aunque fuera irónicamente.
Calificación: 7

domingo, 23 de septiembre de 2012

El Precio de la Codicia (Margin Call)

Nota: Por fin se estrena esta interesante película en México, y publico nuevamente la crítica para comodidad de los lectores.
La piratería que tanto asusta a los estudios de cine es hasta cierto punto inevitable; pero uno de los factores que podría reducirla es sincronizar globalmente el estreno de películas, no solo en cines (los costos de duplicación y traslado serían prohibitivos para producciones pequeñas), sino en medios de distribución digitales, para tener el mayor alcance posible y dar a todos los interesados la oportunidad de ver películas legalmente, en el dispositivo que les sea más práctico, y pagando un precio razonable, sin tener que esperar meses o años hasta que el lento proceso tradicional se encargue de llevarla a cada país y ciudad. Como hemos visto en el pasado, estos retrasos estimulan el "mercado negro" que simplemente trata de satisfacer los deseos del público. ¿Cuántas veces hemos visto en la calle pequeñas vendimias de DVDs con películas que aún no se estrenan en cines? Independientemente de su legalidad, los "piratas" tienen la agilidad y tecnología necesarias para llenar los huecos que los estudios dejan abiertos por falta de visión o interés.


¿Cómo se relaciona todo esto con la cinta Margin Call? Para bien o para mal, esta producción decidió unirse al pequeño pero creciente gremio de películas que se estrenan en cines (de Estados Unidos) al mismo tiempo que en "Video On Demand" y otras plataformas digitales, permitiendo a su audiencia potencial la flexibilidad de verla en su televisión, computadora o incluso en medios portátiles. Hasta el momento, estos procesos "experimentales" de distribución parecían limitados a modestas películas de terror; pero la calidad de producción de Margin Call y el alto perfil de sus actores la hacen un caso único, cuyo éxito o fracaso será importante para el futuro del cine en la “nube” digital. Espero sinceramente que la estrategia sea exitosa... pero supongo que el público tendrá la última palabra. Lo único que puedo asegurar es que me pareció una sólida e interesante película, recomendable en cualquier forma que quiera verse.


La trama gira alrededor del colapso económico del 2008 (no sé por cuánto tiempo estará de moda este tema); pero en vez de mostrarnos el sufrimiento de la "gente normal" o las conspiraciones internacionales que provocaron la recesión, Margin Call nos muestra 24 horas en la vida de los empleados de la anónima (y ficticia) casa de bolsa neoyorquina donde todo comenzó. ¿Y cómo comenzó? Con el despido de Eric Dale (Stanley Tucci), el director de "administración de riesgos", quien pide como "último deseo" que su protegido Peter Sullivan (Zachary Quinto) continúe analizando una importante ecuación financiera. Unas horas más tarde, siguiendo los consejos de su mentor, Peter descubre que el mercado de "riesgos" (básicamente compra y venta de hipotecas) está a punto de colapsar, y se lo informa a Sam Rogers (Kevin Spacey), su superior inmediato. Y así vemos cómo las funestas noticias van ascendiendo en la jerarquía corporativa, hasta llegar al omnipotente John Tuld (Jeremy Irons), quien debe tomar una decisión que determinará el curso de las finanzas mundiales en meses futuros... ¿aceptará afrontar una inmensa pérdida económica... o tratará de conservar su fortuna a costa de la gente que confió en él?


Aunque es fácil identificar a los villanos de Margin Call, el libreto se esfuerza por explicarnos que la culpa no solo fue de unos cuantos "peces gordos" demasiado ambiciosos, sino de un sistema financiero global fundamentado en fantasías y sostenido por la complicidad de todos los que aceptamos seguirle la corriente. Entonces, aunque me pareció interesante presenciar las interioridades de las altas esferas financieras donde se dicta nuestro futuro, creo que el valor de la cinta es metafórico, pues en sus variados personajes podemos encontrar paralelos del comportamiento que vimos en diversas instituciones gubernamentales y privadas envueltas en el escándalo. Y lo más triste es que, ya sea a nivel "macro" o "micro", el instinto de supervivencia individual parece tomar precedencia sobre el bienestar común. El personaje interpretado por Kevin Spacey lo dice con mayor elocuencia: "Voy a hacerlo, pero no por tu discurso, sino porque necesito el dinero".


Lo cual nos lleva al excelente elenco, donde podemos encontrar (además de Spacey) a Simon Baker, Zachary Quinto, Penn Bagdley, Demi Moore, Jeremy Irons, Stanley Tucci y Paul Bettany, todos ellos mostrándonos el lado humano de los "jugadores" que, ya sea por lealtad, ambición o compromiso, tomaron decisiones que favorecieron a las grandes empresas financieras y arruinaron la vida de miles de personas ignorantes del colapso... hasta que fue demasiado tarde. La dirección de J.C. Chandor le da un ritmo ágil a la cinta, pero sin apresurar las escenas ni las reacciones de los personajes. Y aunque el lenguaje y conceptos financieros que maneja son bastante complicados (al menos tres personajes dicen cosas como: "Explícamelo en idioma normal", y aún así la “explicación” es confusa), lo importante no es entender los detalles técnicos, sino comprender la falibilidad del espíritu humano y su propensión a caer en la trampa de la ambición. Entonces, Margin Call no tiene mucha acción ni suspenso, y su historia está confinada a un par de oficinas, pero aún así es una experiencia fascinante que merece el apoyo de cualquier persona interesada en este ignorado aspecto del colapso económico. Y, en un aspecto más general, ojalá suficiente gente pague por verla, pues además de que vale la pena, estarán impulsando la innovación en distribución digital... antes de que ocurra un colapso en la industria cinematográfica. Solo imaginen un futuro donde el entretenimiento quede reducido a "reality TV" y videos de gatos en YouTube...
Calificación: 8

viernes, 21 de septiembre de 2012

Resident Evil 5: La Venganza (Resident Evil: Retribution)

De las cuatro películas que integran la saga Resident Evil, solo me gustó realmente la tercera, Resident Evil: Extinction. Fue la única donde encontré una narrativa racional e interesante (dentro de lo posible), junto con personajes bien definidos que más o menos emulaban el comportamiento de humanos enfrentando gran peligro, en vez de ser rígidos "NPCs" de video juego, motivados únicamente por su función como víctimas o "mcguffins" de un argumento pre-fabricado. Atribuyo los aciertos de esa tercera parte al veterano director Russell Mulcahy, quien tomó momentáneamente las riendas de la franquicia en ausencia del director "fundador" Paul W.S. Anderson. Sin embargo, para bien o para mal, Anderson volvió para la cuarta parte, Resident Evil: Afterlife, e ignoró casi todo lo establecido por Mulcahy, regresando a los personajes desechables y estructura de videojuego. Y ahora para la quinta parte, Resident Evil 5: La Venganza, Anderson continua la cruzada anti-narrativa con su habitual dinamismo y espectacularidad visual... aunque, para mi sorpresa, la película funciona bastante bien una vez que se abandona la esperanza de encontrar un argumento lógico y original. Después de muchos intentos, Paul W.S. Anderson finalmente encontró la manera de hacer una película muy entretenida que no tiene escenas, sino niveles, tal como el videojuego que la inspiró.

El primer paso fue aceptar que la trama ya está ridículamente enredada; por eso Resident Evil 5: La Venganza nos ofrece al principio un agradecido resumen de lo ocurrido en las cuatro películas anteriores (omitiendo sabiamente todas sus incongruencias). Entonces la película comienza donde terminó Resident Evil: Afterlife: Alice (Milla Jovovich) acaba de liberar a las víctimas de crueles experimentos humanos que se llevaban a cabo a bordo del barco Arcadia, pero la Corporación Umbrella no está contenta con esa insubordinación y se dispone a eliminar a todos los "rebeldes", enviando un grupo de soldados bajo el comando de Jill Valentine (Sienna Guillory), quien alguna vez fue aliada de Alice, aunque ahora está controlada por la Corporación. A continuación Alice despierta en un agradable entorno suburbano, donde vive felizmente con su esposo Carlos (Oded Fehr) y su hija Becky (Aryana Engineer) como si nada hubiera ocurrido. Y entonces llegan los zombies, devastando el pueblo y destruyendo la utopía doméstica de la confusa mujer. Para variar, todo es una ilusión creada por la Corporación Umbrella; en realidad Alice se encuentra prisionera en un vasto complejo controlado por la diabólica Reina Roja, una inteligencia artificial que tomó el control de las operaciones tras la desaparición del director Albert Wesker (Shawn Roberts). Entonces, con ayuda de Ada Wong (Li Bingbing) y un grupo de rebeldes (entre los que se encuentran algunos rostros familiares), Alice tendrá que navegar los traicioneros niveles de la inmensa instalación para escapar con vida y, si es posible, descubrir los auténticos planes de la Reina Roja...

Otra vez no hay historia, pero al menos la protagonista tiene un propósito definido: trasladarse del punto A al punto B y llegar con vida a pesar de todos los peligros tecnológicos y orgánicos que acechan en las vastas secciones del complejo subterráneo. Si aceptamos esa premisa, encontraremos un desfile de impresionantes escenas de acción, mejor planeadas y filmadas que en las previas cintas de Anderson. Además, al incorporar muchos personajes que ya conocíamos (incluyendo varios que aparentemente habían muerto), el director se evita el trabajo de definir sus personalidades, e incluso consigue breves momentos (muy, muy breves) de subtexto emocional que nos hacen lamentar las muertes de los personajes o celebrar sus triunfos. Aún así Milla Jovovich sigue siendo la indiscutible piedra puntal de la franquicia, y a estas alturas es capaz de abordar cualquier situación con la convicción de que sabe lo que está haciendo y por qué está haciéndolo. Esa confianza se contagia al espectador y terminamos aceptando hasta los más arbitrarios momentos de la cinta... o al menos disculpamos la ausencia de explicaciones. Después de todo es un video juego, ¿cierto? No importa "por qué" siempre y cuando haya suficiente "eye candy" para pasar el rato.

Y vaya si hay "eye candy". Tengo muchas objeciones contra el flojo estilo narrativo de Paul W.S. Anderson, pero no puedo negar su fenomenal talento como productor, sacando el máximo provecho de cada centavo invertido en el proyecto. A pesar de su “mediano” presupuesto (65 millones de dólares, según Box Office Mojo), Resident Evil 5: La Venganza parece haber costado el doble, pues cuenta con increíbles escenarios, excelente cinematografía, y efectos especiales que combinan a la perfección el maquillaje práctico con trucos digitales para dar vida a las varias criaturas que amenazan a los héroes (¿Alguien llamó a Las Plagas?). Naturalmente tenemos también las acostumbradas acrobacias en cámara lenta para lucir el desempeño sobrehumano de Alice y su pericia para despachar zombies, mutantes o similares bichos. El "wire work" a veces tambalea un poco, pero es un detalle pequeño que no opaca el asombroso trabajo de media docena de casas especializadas en todo tipo de efectos (miniaturas, maquillaje, 3D... la combinación de técnicas es impecable). Anderson obviamente conoce a su audiencia y sabe dónde gastar el dinero.

Lo cual tal vez explica las pésimas actuaciones de Sienna Guillory, Li Bingbing y Johann Urb en los papeles de Jill Valentine, Ada Wong y Leon S. Kennedy, respectivamente. Quizás Bingbing tenga la excusa de no hablar inglés (se trata de una famosa actriz china haciendo su debut en un proyecto norteamericano, y sus parlamentos fueron obviamente doblados por otra persona), pero Guillory y Urb se ven tan acartonados que a veces provoca risa su exagerada seriedad y solemnes diálogos. Por otro lado, los tres se ven absolutamente idénticos a sus contrapartes en el video juego, así que no los contrataron por su talento histriónico. Además, como dije antes, Resident Evil 5: La Venganza (¿de quién fue la venganza, exactamente?) no es el tipo de película que requiera grandes actuaciones para entretenernos. El punto de la cinta es la creatividad de las escenas de acción, la estilización de la violencia y las interminables oleadas de antagonistas listos para ser abatidos por la heroína, hasta llegar al obligatorio "cliffhanger" que no resuelve nada concreto, pero al menos establece las bases de la próxima película. Ahora entiendo la estrategia de Paul W.S. Anderson... no le interesa contar una historia, sino garantizar su futuro empleo y el de su esposa Milla Jovovich. Ese cinismo es lo que distingue a un gran productor hollywoodense. Bien hecho señor Anderson. Aplauso lento.
Calificación: 8

jueves, 20 de septiembre de 2012

Bernie

La película School of Rock (2003), del director Richard Linklater, es definitivamente una de mis comedias favoritas, no solo por su excelente contenido musical, sino por el humor y energía del actor Jack Black (aunque comprendo por qué mucha gente no traga su "extrema" personalidad). Por eso me entusiasmó enterarme de que Black y Linklater colaborarían nuevamente en un proyecto llamado Bernie, basado en un extraño crimen cometido a fines de los años noventas en un pequeño pueblo de Texas. ¿Lograría el par capturar la misma magia a pesar del sórdido tema y tradicionalista locación? La respuesta es un definitivo "tal vez". El humor es muy distinto y el nivel de energía es mucho más conservador, pero en general persiste la alquímica mezcla de atributos que Black y Linklater aportan a una historia difícil de clasificar y fácil de disfrutar. Ah, y de paso Black encuentra nuevas oportunidades para cantar en cámara.

El epónimo Bernie Tiede (Jack Black) es un afable individuo de treinta y tantos años que ejerce considerable influencia en el pequeño pueblo tejano de Carthage, al que llegó originalmente para trabajar como director de funerales (perdón, asistente del director de funerales) en una modesta casa funeraria. Al principio llamó la atención su encanto personal y fino tacto para tratar a los dolientes, pero al poco tiempo Bernie se introdujo (con mucho éxito) en todos los aspectos sociales y culturales de Carthage, desde teatro amateur hasta organizaciones caritativas. Sin embargo su mayor triunfo llega cuando logra hacer amistad con la viuda Marjorie Nugent (Shirley MacLaine), una mujer cruel, amargada e inmensamente rica que no se lleva bien ni con los codiciosos miembros de su familia. Bernie, intuyendo el vacío emocional en la vida de Marjorie, empieza a visitarla y a tratar de aliviar su soledad. Entonces, para sorpresa de sus siempre fisgones vecinos, la viuda se vuelve gradualmente más sociable, apoyándose en Bernie como su gran amigo y compañero constante. ¿O acaso habrá algo más? La relación parece inocente, pero termina despertando las sospechas de algunas personas, incluyendo al Alguacil Buck (Matthew McConaughey), quien decide investigar por qué nadie ha visto personalmente a Marjorie desde hace varios meses...

Si no estuviera basada en una historia real (que refuerza el viejo adagio "la realidad es más extraña que la ficción"), sería difícil aceptar el bizarro comportamiento de Bernie, así como la inusual reacción del pueblo cuando se revela el secreto de su más admirado ciudadano. Jack Black demuestra su genuino talento como actor, alejándose de sus habituales bufonadas para crear un personaje al mismo tiempo natural e inescrutable, que podemos interpretar según nuestra percepción particular. El director subraya esa ambigüedad con una atmósfera tragicómica que nubla su genuina intención... ¿Es una comedia negra en el estilo de los Hermanos Coen? ¿Un cínico drama rural como In Cold Blood? ¿O simplemente un acertijo que ni siquiera el cineasta sabe resolver? A fin de cuentas no tiene importancia la respuesta, pues la fascinación de la cinta radica en sus dilemas éticos y en las contradictorias opiniones de la "gente normal" de Carthage.

De hecho, tengo la teoría de que el director usó esta singular historia tan solo como disfraz del auténtico propósito de Bernie: un examen simultáneamente crítico y afectuoso de las dinámicas sociales que mueven los pueblos pequeños, donde todos conocen (o creen conocer) la vida de los demás, y donde la opinión pública es más importante que la verdad objetiva (si es que existe tal cosa). Linklater emplea un estilo semi-documental para "llenar los huecos" de la trama... y no me refiero al estilo "documental" de frenética cámara en mano que tanto gusta en el género de terror, sino a un auténtico formato documental con entrevistas y comentarios de las personas reales que conocieron a Bernie, intercalados armónicamente con escenas interpretadas por Black, MacLaine y Matthew McConaughey quien, por cierto, ofrece una actuación muy divertida como el arrogante policía que por fin encuentra un caso suficientemente "jugoso" para aplicar sus agudos instintos investigadores (al menos en su propia opinión). Y, bueno, sobra decir que Shirley MacLaine es absolutamente perfecta como la viuda Nugent, al mismo tiempo dominante y vulnerable, lo cual explica hasta cierto punto su compleja relación con Bernie.

Afortunadamente no hay demasiadas explicaciones, y esa falta de respuestas es lo mejor de la película (en mi humilde opinión). El libreto quizás se ciñe a los "hechos reales", pero detrás de esos hechos hay un universo de posibles interpretaciones que queda a nuestro cargo definir. Para algunos el final será apropiado y evidente; para otros será injusto y deprimente. No obstante, como dije antes, lo importante no es tomar una postura absoluta, sino admirar el precario balance que Linklater y Black mantienen durante toda la película, dándole una identidad única y más memorable que si hubiera sido un melodramático recuento de un "escándalo grande en pueblo chico". Entonces, Bernie no fue "School of Rock 2" (afortunadamente), pero de cualquier modo merece una recomendación, con la advertencia de que el entorno semi-rural y la gentil ejecución podrían aburrir a los espectadores que buscaban un drama más obvio y contundente. Rara vez hay humor en un crimen, pero en este caso Linklater supo encontrarlo y transmitirlo sin ofender a las víctimas ni excusar a los culpables. Ah, y para fans de Tenacious D, prepárense para escuchar a Black cantando himnos religiosos y números de opereta; no lo hace mal, pero definitivamente prefiero "Kickapoo".
Calificación: 8.5

domingo, 16 de septiembre de 2012

Buscando un Amigo Para el Fin del Mundo (Seeking a Friend for the End of the World)

El fin del mundo es un tema común en el cine de ciencia ficción, pero de vez en cuanto es usurpado por otros géneros cinematográficos para darle una perspectiva distinta, aunque no necesariamente original. Un claro ejemplo es la nueva cinta Buscando un Amigo Para el Fin del Mundo, cuyo interés no radica en los aspectos físicos de la catástrofe, sino en las diversas reacciones de un grupo de personajes con diversas actitudes hacia su inminente extinción. Este enfoque fue previamente adoptado por cintas como Miracle Mile y On the Beach, pero sin duda hay lugar para nuevas interpretaciones igualmente válidas y con un importante mensaje: nuestra muerte no termina la vida; simplemente la define.

¿Suena aburrido y pretencioso? ¡Dieron en el clavo! La trama comienza con la revelación de que el asteroide "Matilda", con un diámetro de más de 100 kilómetros, hará colisión con la Tierra en tres semanas, lo cual probablemente significa el fin de la humanidad (y de muchas otras especies, aunque nadie parece pensar en ello). La noticia alarma un poco a Dodge Petersen (Steve Carell), pero la mayor sorpresa es que su esposa lo abandona de inmediato (literalmente de INMEDIATO), lo cual dice mucho de su situación matrimonial. Entonces Dodge regresa a sus labores diarias como vendedor de seguros, viendo cómo la sociedad colapsa lentamente a su alrededor... su oficina está casi desierta, sus amigos se entregan desenfrenadamente a toda clase de vicios y, en resumen, la tenue máscara de civilización empieza a desmoronarse cuando no hay que preocuparse por las consecuencias de la conducta personal. Sin embargo Dodge no comparte ese frenesí, y simplemente pasa el tiempo en su departamento, casi aliviado por el próximo fin del mundo. Pero cuando su vecina Penny Lockhart (Keira Knightley) entra bruscamente en su vida, Dodge parece encontrar una razón para luchar por el futuro, aunque sea tan breve, y juntos (con la adición de un perrito abandonado) emprenden un viaje hacia la ciudad de Somerset, en el estado norteamericano de Nueva Jersey, donde quizás encontrarán lo que necesitan para enfrentar el fin con serenidad, sabiendo que cerraron sus vidas adecuadamente. Pero no será tan fácil, pues en el camino encontrarán obstáculos (tanto externos como internos) que podrían descarrilar su peregrinación y abatir su espíritu.

La idea es interesante, y me gustó que la directora/guionista Lorene Scafaria (quien previamente escribió el brillante libreto de Nick and Norah's Infinite Playlist, una de mis comedias favoritas) mantenga estrictamente la atención en los personajes y sus emociones, rehusándose a girar la cámara hacia el cielo, o a mostrarnos un solo efecto especial que pudiera distraernos de su objetivo principal. Su estilo visual refleja ese mismo enfoque, y aunque de vez en cuando nos muestra ciertos pasajes de turbulencia social, la mayor parte de la historia ocurre en espacios íntimos, donde el conflicto se manifiesta en miradas, gestos y conversaciones, en vez de escenas con multitudes corriendo o similar caos urbano. Por eso resulta tan importante la selección de actores, y me alegra decir que Scafaria encontró a las intérpretes ideales para dar vida a estos contrastantes protagonistas, así como a cada uno de los roles secundarios. Steve Carell tiene perfectamente dominado el papel de "perdedor adorable" que no necesita hablar para expresar elocuentemente la mezcla de emociones contradictorias que lo mueven en cada momento. Keira Knightley puede pasar de la manía nerviosa a la solemnidad en cuestión de segundos, sin perder credibilidad ni la simpatía que debemos sentir por su personaje para acompañarla en su extraña misión. Y los personajes secundarios (prácticamente cameos, pues aparecen una sola vez) sacan máximo partido de comediantes como Rob Corddry, Patton Oswalt, Rob Huebel, Gillian Jacobs y hasta Nancy Carell, la esposa real de Steve Carell, en una graciosa y muda actuación.

¿Cuál es el problema entonces? El ritmo de Buscando un Amigo Para el Fin del Mundo me pareció mortalmente aburrido, y la "hiper-sensibilidad" de los personajes termina sintiéndose como una afectación forzada e irritante, de modo que perdí rápidamente interés en su melodramática cruzada existencial, a pesar de que me gustaron sus razones y el impulso inicial que los llevó a emprenderla. Siento que Buscando un Amigo Para el Fin del Mundo pudo ser un excelente cortometraje (de esos que ganan Óscares), pero al inflarlo hasta casi dos horas ganó relleno excesivo, lo cual diluye el impacto de las emociones y el suspenso del arco narrativo. Y si a eso añadimos momentos "cómicos" exentos de risas, notorios errores lógicos (¿quién diablos podría pensar que una pequeña avioneta llegará hasta Europa?) y un final ridículamente cursi, tenemos como resultado una experiencia tediosa que empezó bien pero se derrumbó bajo el peso de sus elevadas ambiciones. Aún así respeto lo mucho que logró Lorene Scarfaria, y no me opondría a ver su siguiente película, siempre y cuando escriba (o, mejor aún, co-escriba) un libreto más conciso y mejor estructurado, pues obviamente posee una "voz" interesante y suficiente talento visual para crear un producto atractivo y profesional. Nunca pensé decir esto, pero ahora Melancholia, de Lars von Trier, no me parece tan mala como antes...
Calificación: 6

sábado, 15 de septiembre de 2012

Ted

Confieso que fui gran admirador del programa televisivo Family Guy durante sus temporadas iniciales (pre-cancelación/resurrección); sin embargo, con los años fui perdiendo el gusto por el repetitivo estilo de su creador, Seth McFarlane, repleto de incongruentes "flashbacks" y bizarras referencias que muchas veces sacrifican la integridad de los personajes o la estabilidad de la historia. Ahora, para su debut como director de cine, McFarlane encontró un buen balance entre ambos extremos del humor, complementando los "asides" cómicos con personajes bien dibujados y una historia algo predecible, pero bien manejada en su estructura y sentimientos. Claro, hay bastantes oportunidades para lucir el característico humor vulgar y políticamente incorrecto de Family Guy, pero en general Ted me sorprendió con su esmero narrativo y calidez emocional.

La trama comienza a mediados de los ochentas, cuando el niño John Bennett (Bretton Manley) se siente fuera de lugar en su vecindario y sufre por no tener amigos. Por eso sus papás le regalan en Navidad un oso de peluche llamado "Ted", y John le pide al cielo el inocente deseo de que se convierta en su mejor amigo para siempre. Entonces, por alguna mágica influencia, Ted (voz de Seth McFarlane) cobra vida y se convierte en el inseparable compañero del niño. Treinta años después la amistad sigue tan sólida como siempre... aunque tal vez ha impedido que el adulto John (Mark Whalberg) madure emocionalmente y encuentre un trabajo decente. Su comprensiva novia Lori (Mila Kunis) no quiere interferir en esa amistad, pero al mismo tiempo está cansada de esperar que John cambie de actitud y tome responsabilidad por su vida, así que le pone un ultimátum. ¿Logrará John abandonar a Ted y convertirse en un hombre de provecho? ¿O perderá a su novia junto con toda esperanza de una existencia normal?

Gran parte del humor de Ted consiste en el contraste de ver al oso de peluche (una figura tradicionalmente infantil e inocente) disfrutando sus numerosos vicios y comportándose como un patán vulgar e irresponsable. El chiste funciona al principio (vean al oso fumando marihuana... vean al oso contratando prostitutas... vean al oso seduciendo a la rubia boba) pero se desgasta rápidamente. Por suerte la película no se fundamente únicamente en eso, y ofrece muchas otras cosas para hacernos reír y mantener el interés en las aventuras del dueto; para empezar, Mark Whalberg y Ted (¿o será Seth McFarlane?) tienen muy buena química y sus conversaciones están repletas de detalles graciosos, no siempre por lo que dicen, sino por cómo lo dicen. El "bromance" entre hombre y oso se siente sincero, y aunque es obvia la existencia de una co-dependencia nociva, no puede discutirse el genuino afecto que se tienen, y el apoyo que se dan cuando más lo necesitan. Además tenemos los mencionados "flashbacks" humorísticos e inesperadas referencias que van de lo simple ("Aún así es mejor que Katy Perry") a lo complejo (como la sátira dentro de una sátira que combina Airplane! y Saturday Night Fever), sin olvidar los obligatorios guiños a Star Wars, y la inesperada devoción hacia cierta película de ciencia ficción ochentera que me dio mucho gusto ver homenajeada.

En el ingrato papel femenino Mila Kunis encuentra un punto medio entre "novia tolerante" y "mujer regañona"; para bien o para mal su personaje se siente como un engrane en la narrativa y no como una persona real, pero bueno... su encanto natural ayuda a sobrellevar la parte más "normal" del argumento, e incluso gana a pulso un par de conmovedores momentos dramáticos. Los efectos especiales están perfectamente realizados, no solo dándole vida al oso de peluche, sino haciendo totalmente creíble su interacción con el mundo real (la escena donde lo vemos peleando es muy graciosa, pero lo que realmente llamó mi atención fue la perfecta integración entre 3D, efectos prácticos y material filmado). Excelente trabajo del Estudio Tippet al "vendernos" un personaje digital que jamás cuestionamos como mero "efecto especial". Entre los aspectos negativos de Ted señalaría la innecesaria secuencia de acción final. Entiendo la necesidad de introducir un elemento de peligro y una catarsis emocional para impulsar a los personajes y conducirlos a una conclusión satisfactoria (no necesariamente feliz), pero se siente un poco forzado, sobre todo porque el arbitrario "antagonista" se ve venir casi desde el principio de la película. Aún así creo que Ted merece una entusiasta recomendación como una ingeniosa y muy divertida comedia adulta (¡no es para niños!) que balancea el típico humor vulgar con personajes interesantes y situaciones creíbles (sí, aunque incluyan un oso de peluche mágico). El estilo de Seth McFarlane está presente de principio a fin, y me dio gusto confirmar que su talento llega más allá de burlarse de George Lucas o satirizar obsesivamente íconos ochenteros. Esperaré con interés su siguiente película, y creo que hasta le daré otra oportunidad a Family Guy, para ver cuántos otros elementos de la cultura moderna han caído bajo su filoso bisturí satírico. También tengo interés en saber cómo va la rivalidad entre Peter Griffin y el pollo gigante...
Calificación: 9

viernes, 14 de septiembre de 2012

Experimento Paranormal (Greystone Park)

¡Por fin! ¡Ya se estaban tardando en estrenar otra película realizada con la técnica de video casero! Podríamos pensar que la demora se debió a que los exhibidores estaban esperando algo de buena calidad... pero desde luego sería absurdo pensar que la calidad tiene algo que ver con estos estrenos. En el caso particular de la cinta Experimento Paranormal resulta obvio que lo único que garantizó su distribución fue el nepotismo y la casual presencia de un nombre famoso en los créditos. Fuera de eso, tenemos las mismas rutinas de cámara en mano, escenas borrosas y "actuaciones" fundamentadas en gritos, aspavientos y sobresaltos artificiales.

El nombre famoso es Oliver Stone, cuyo hijo Sean dirige Experimento Paranormal. Todo comienza en una típica cena familiar (¿todos usamos una "hookah" al final de las cenas familiares, cierto?) donde Oliver (Oliver Stone) recuenta una experiencia sobrenatural que vivió en su juventud y luego relató a su hijo Sean cuando era pequeño. Desde entonces Sean (Sean Stone) mostró interés en los fenómenos paranormales, y por eso decide invitar a sus amigos Alex (Alexander Wraith) y Antonella (Antonella Lentini) para investigar la leyenda del hospital psiquiátrico Greystone, donde supuestamente rondan los fantasmas de pacientes que sufrieron horribles "tratamientos" y torturas a principios del siglo pasado, hasta que un incendio cerró las puertas de la institución (aunque por alguna razón aún tiene servicio eléctrico). Entonces, con una cámara de alta definición y tres linternas, los jóvenes se introducen sin permiso en el viejo hospital (de noche, desde luego), y empiezan a explorar sus oscuros corredores y derruidas habitaciones, buscando el supuesto fantasma de un paciente con una historia particularmente trágica. Sean y sus amigos entran con actitud burlona, pero sus risa se transforman rápidamente en angustia cuando escuchan ruidos extraños y sienten una presencia maligna en los inmundos rincones del hospital...

Quien haya visto cintas como The Tunnel, Grave Encounters y Hidden 3D prácticamente ya vio Experimento Paranormal. La única diferencia es la mencionada presencia de Oliver Stone (quien aparece menos de cinco minutos), y el concepto de que la cámara a veces registra fenómenos que los ojos humanos no perciben, de modo que en algunas escenas podemos ver entidades “invisibles” acechando a los personajes. Solo así logra Sean Stone generar un poco de suspenso durante breves instantes, pero a fin de cuentas la película degenera en las habituales corretizas, griterías y convenientes fallas de la cámara cuando hace falta un sobresalto... o cuando no hubo dinero para efectos especiales. Y por si esa monotonía no fuera bastante para arruinar la experiencia, el argumento no tiene sentido. Oliver Stone cuenta la leyenda de Crazy Kate, un fantasma femenino que vive en el bosque y corta la cabeza de sus víctimas; Sean está interesado en el fantasma de Billy Lasher, el psicópata que mató a varias enfermeras y provocó el incendio del hospital Greystone. Sin embargo, las leyendas se fusionan inexplicablemente durante la caótica media hora final de la película, cuando Sean Stone pierde las riendas de la historia y arroja todo lo que puede a la pantalla para tratar de asustarnos, o al menos simular que tenía un plan definido desde el principio.

Francamente yo no vi ningún plan; la película se siente improvisada no solo en sus diálogos sino en la arbitrariedad de las manifestaciones sobrenaturales. El asunto de captar seres invisibles en cámara tenía potencial, pero lo ignoran cuando más falta hace; quizás eso hubiera separado esta cinta de todos los demás pseudo-documentales, que a estas alturas ya me parecen intercambiables e irreconocibles por méritos propios. Lo mejor que puedo decir de Experimento Paranormal es que la cinematografía parece superior al turbio estándar de "video casero" que se usa en este género (claro, me refiero a las tomas donde la cámara está relativamente quieta y nos deja ver las cosas con claridad... lo cual ocurre con menor frecuencia conforme nos acercamos al confuso final). En cuanto a los actores, no sé si son buenos o malos, pero cumplen su labor de cometer errores estúpidos, pelearse por cualquier cosa, y gritar groserías a guisa de diálogos. Al menos Antonella Lentini logra evadir los clichés de "virgen inocente" o "voluptuosa princesa" que normalmente encontramos en estas películas. En resumen, no sé si Sean Stone llegará a ser un gran director, o si habrá heredado el talento de su padre (después de todo Oliver Stone también empezó en el cine de terror); lo que puedo afirmar es que Experimento Paranormal tenía un par de puntos positivos que no supo aprovechar, de modo que no podría recomendarla ni como película de terror ni como pseudo-documental, a menos que la curiosidad por ver a Oliver Stone fumando una pipa comunitaria sea tan grande que justifique perder hora y media con actuaciones irritantes y tomas borrosas de sombras ambiguas y poco convincentes. Ni hablar... tendremos que esperar un par de semanas para ver qué otra película del mismo estilo nos recetan en México. Seguramente esa sí será buena.
Calificación: 5

jueves, 13 de septiembre de 2012

Starship Troopers: Invasion

La original Starship Troopers (de 1997) es una de mis películas favoritas de ciencia ficción, y aunque sus secuelas directas a DVD no alcanzaron el mismo nivel de ingenio narrativo o perfección técnica, me parecieron adecuadas "b-movies" que respetaron los preceptos básicos de su predecesora y continuaron la mitología establecida en la novela de Robert A. Heinlein, añadiendo un poco de sátira política, clichés heroicos y acción espacial. Sin embargo, la nueva cinta Starship Troopers: Invasion toma la inesperada ruta de la animación para continuar las aventuras de Johnny Rico y sus amigos, lo cual sin duda permite un nivel de espectacularidad visual que hubiera sido imposible en una cinta filmada tradicionalmente... pero al mismo tiempo los rígidos actores digitales simplemente no pueden expresar las emociones de sus contrapartes humanas. ¿Quién hubiera pensado que para la cuarta parte estaría extrañando el talento histriónico de Casper Van Dien y Denise Richards?

La trama no pierde tiempo y comienza con una aparatosa secuencia de acción para introducir a la nueva generación de "marines" que en esta ocasión combaten una infestación de "arácnidos" extraterrestres a bordo de una estación espacial. La misión termina en desastre, y el Mayor Henry Varro (voz de David Wald) es arrestado por insubordinación. Sin embargo, cuando el General Johnny Rico (voz de David Matranga) necesita al mejor escuadrón para una misión suicida, los marines se rehúsan a pelear a menos que sea bajo el comando de Varro. Rico acepta la liberación provisional del Mayor, y los envía a recuperar la nave John A. Warden, que la Capitán Carmen Ibanez (voz de Luci Christian) perdió durante una operación súper secreta organizada por su viejo amigo Carl Jenkins (voz de Justin Doran), ahora director de la enigmática división de Combate Paranormal. Y lo que Ibanez y los marines encuentran en la nave "abandonada" podría llevarlos a la victoria... o a la extinción de la humanidad en el universo entero.

La historia me pareció bastante buena, pues respeta los eventos de la primera película y al mismo tiempo introduce nuevas variables que encajan perfectamente en el canon de la saga. Además de los "bichos" clásicos hay nuevas criaturas que ofrecen mayor peligro para los soldados y reflejan insospechada complejidad en la biología extraterrestre, dejando claro que son criaturas guiadas por un pensamiento estratégico, en vez de simples instintos animales. El director Shinji Aramaki tuvo la buena idea de hacer Starship Troopers: Invasion independiente de las demás secuelas; en otras palabras, no hace falta verlas para disfrutar esta cinta, pero tampoco contradice lo que ocurrió en ellas (para fans de la continuidad, Starship Troopers: Invasion ocurre aproximadamente diez años después de Starship Troopers: Marauder). En lo que respecta a los personajes humanos, se nota el esfuerzo por darles personalidades concretas y rasgos únicos que los identifiquen durante las caóticas escenas de combate. Así tenemos a los clásicos clichés militares: el arrogante tipo rudo, el torpe novato, la lacónica "sniper" que tiene una cuenta pendiente con los bichos, la guapa mujer con un secreto en su pasado... bueno, no hace falta describir a todos. Baste decir que el libreto de Flint Dille logra darles cierta humanidad, aunque tiende a perderse cuando se ponen los uniformes blindados y se convierten en soldados genéricos e intercambiables. Las voces ayudan un poco, pero nadie resalta particularmente; se nota que ahorraron dinero contratando locutores en vez de actores (nota curiosa: aunque Casper Van Dien aparece como co-productor en los créditos, no usaron su voz para Johnny Rico, lo cual me pareció un error tremendo... pero bueno, quizás el presupuesto de la cinta no daba para tanto).

Como dije antes, me pareció extraña la decisión de hacer la película totalmente animada, pero existe un precedente: en el año 1999 la serie televisiva Roughnecks: Starship Troopers Chronicles sirvió como "secuela provisional" de Starship Troopers, y aunque la animación era de excelente calidad, los altos costos de producción y bajos “ratings“ acarrearon su cancelación después de una sola temporada. Afortunadamente Starship Troopers: Invasion tiene un mejor libreto y conserva el mismo excelente diseño de producción; quizás la animación no aspire al foto-realismo de Wall-E, pero se apega cómodamente al estándar de calidad que podemos encontrar en las "cut-scenes" de cualquier videojuego moderno. Y, claro, la flexibilidad del entorno digital permite un tono épico repleto de enormes naves espaciales, vastas batallas y escenas de acción asombrosamente detalladas (por fin vemos los "jumpsuits" tal como los describió Heinlein). Aún así no descartaría la opción de hacer otra secuela con el sistema "green screen" (al estilo de Sin City o Mutant Chronicles), lo cual permitiría tener actores reales capaces de expresar emoción (en vez de maniquíes estilo Polar Express), pero sin perder los fastuosos escenarios ni los efectos especiales que complementan la experiencia.

Entonces, Starship Troopers: Invasion me gustó más de lo que esperaba, y creo que se sostiene bastante bien por sí sola (para ser una cuarta parte), tanto en argumento como en ejecución. Puedo recomendarla para fans de la saga, y para audiencias que quieran ver una sólida "película B" de ciencia ficción con sangre (roja y verde), sexo (¿cuentan los desnudos digitales?) y suficiente acción y melodrama para mantener el interés durante noventa minutos. Mi única queja (además de las blandas voces y actores sintéticos) sería que por alguna razón el director abandonó por completo la sátira política que hizo tan memorables las demás cintas. Cierto, algunas secuelas llevaron demasiado lejos el humor (como ocurrió en Marauder), pero era uno de los elementos más característicos de la saga, e incluso le daba cierta "relevancia social" al ofrecer paralelos con el mundo actual donde el fascismo muchas veces se disfraza de patriotismo (o, peor aún, de religión). Creo que hizo falta ese “respaldo intelectual” pero, a fin de cuentas, me alegra que la saga cobre nueva vida, y me apunto desde ahora para apoyar las futuras secuelas, siempre y cuando mantengan el mismo estándar de calidad... más ambicioso de lo normal, pero sin olvidar su propósito de entretenernos a toda costa. El punto ideal del cine B.
Calificación: 8.5