lunes, 28 de febrero de 2011

Amigos con Derechos (No Strings Attached)

¿No vi esta película hace unas semanas? Un momento… No, esa fue Love and Other Drugs. Aunque, para ser justos, el mundo nunca puede tener suficientes historias sobre parejas atractivas que deciden tener una relación puramente sexual, para luego descubrir que se están enamorando, lo cual desde luego arruina todo. ¿A quién no le ha ocurrido lo mismo?

La pareja central de Amigos con Derechos está formada por Adam (Ashton Kutcher) y Emma (Natalie Portman), amigos desde la infancia que dejan de verse durante varios años, hasta que casualmente se encuentran y, casi sin proponérselo, empiezan a tener furtivos "encuentros" que los dejan sexualmente satisfechos sin complicaciones sentimentales. La situación parece perfecta para ambos, pero cuando empiezan a surgir atisbos de romance deberán cuestionarse si quieren proceder con algo que podría convertirse en "amor", o si es mejor romper la relación que complicará innecesariamente sus vidas.

En el contexto de las comedias románticas la idea de “sexo sin amor“ puede ser atractiva, pues representa algo así como un "anti-romance" que desafía las expectativas y convencionalismos del género. Desafortunadamente nadie (que yo sepa) se ha atrevido a llevar el concepto hasta sus consecuencias naturales, sin interponer el obligatorio romance que conduzca al inevitable final feliz. Quizás si el director Ivan Reitman hubiera encontrado una manera realista y satisfactoria de mantener la integridad de sus personajes e ideología, Amigos con Derechos sería más interesante. Desafortunadamente Reitman y sus guionistas ni siquiera lo intentan, y el resultado es una película predecible e irritante que no ofrece sorpresa alguna, ni emociones, ni muchas risas. En parte puedo atribuir el problema al blando argumento que salpica los diálogos con groserías y gráficas referencias sexuales para parecer sofisticado, cuando en realidad está traicionando su desesperación por hacernos reír, aunque sea con su “audacia”. Sin embargo, creo que los principales culpables son los actores.

No quiero odiar automáticamente todo lo que hace Ashton Kutcher (les aseguro que no tengo nada en su contra), pero es tan fácil odiarlo que ni siquiera puedo fijarme en su desempeño. De cualquier modo asumo que sigue teniendo fans que quizás disfrutarán Amigos con Derechos por la breve aparición de su trasero desnudo, o su característica actitud de nerd inmaduro combinada con apariencia de modelo masculino. En cuanto a Natalie Portman, es más difícil describir la situación. Honestamente creo que es una de las mejores actrices trabajando actualmente (mucho más talentosa que divas veteranas como Meryl Streep, Nicole Kidman o Jessica Simpson) (¡Ja! Quería ver si estaban prestando atención). Sin embargo, reconozco que la comedia no es uno de sus puntos fuertes. O, mejor dicho, no es su punto fuerte el estilo de comedia que usa Amigos con Derechos, pues por más que se esfuerza no logra hacer creíble la “química” con Kutcher, ni escucharse sincera con parlamentos como "That hole is my bitch!". Por otro lado, esa limitación en su rango actoral quizás impedirá que tome el camino de Reese Witherspoon, Kate Hudson o Amanda Seyfried, desperdiciando su talento en horribles comedias románticas. De cualquier modo aprecio el compromiso que Portman muestra con el horrible guión, y su entusiasmo para enfrentar tantas escenas en ropa interior.

En fin... supongo que hay suficiente "star power" en Amigos con Derechos para dejar satisfechos a algunos espectadores, lo cual respeto totalmente. Pero en lo personal sentí que fue una oportunidad desperdiciada de hacer algo más interesante con el concepto de los "amigos con beneficios". Hablando de desperdicios, también agradecí los esfuerzos del elenco secundario (incluyendo a las sólidas comediantes Abby Elliot, Lake Bell, Mindy Kaling y Greta Gerwig), que de vez en cuando me hicieron sonreír (por ejemplo, con la imitación que Elliot hace de un cierto pez pixariano). En cuanto al semi-legendario cineasta Ivan Reitman, creo a estas alturas se ha convertido en mejor productor (Up in the Air) que director (My Super Ex-Girlfriend); ojala siga prosperando en esa capacidad. Entonces, aunque no puedo recomendarla, admito que puede existir un público para Amigos con Derechos. Lástima que estoy demasiado viejo y feo para identificarme con los problemas de la gente bonita; de otro modo seguramente me hubiera parecido más realista esta película. Ni hablar; salí perdiendo por partida doble.
Calificación: 5

domingo, 27 de febrero de 2011

Sanctum 3D: Viaje al Fondo de la Tierra (Sanctum)

Voy a hacer una predicción: en uno o dos años, el Blu-Ray de Sanctum 3D será universalmente utilizado en tiendas y hogares para lucir las propiedades de las televisiones tridimensionales que para ese entonces estarán inundando el mercado (asumiendo que dicha tecnología prospere como esperan sus fabricantes). Y seguramente Sanctum 3D venderá muchas televisiones, pues ofrece imágenes realmente impresionantes, que lucen como nunca había visto el proceso de filmación en 3D. Si tan solo hubieran escrito un argumento suficientemente bueno para hacerle justicia a la cinematografía...

Inspirada "en hechos reales", Sanctum 3D nos muestra las aventuras de un audaz equipo de espeleólogos (segunda vez que uso esa palabra esta semana) que exploran la imponente caverna Esa’ala en Nueva Guinea, encontrando profundas fosas, inmensas galerías y traicioneros ríos subterráneos jamás visitados por el hombre. Desde luego se trata de una actividad muy peligrosa, y no tarda mucho en llegar una inesperada tragedia que pone al grupo en peligro mortal, obligándolos a tomar muy difíciles decisiones para salvar a tantos miembros como sea posible. Aunque, a dos kilómetros de profundidad, no serán muchos los que saldrán vivos.

Con el nombre de James Cameron en los créditos de la película (como productor ejecutivo y rey del mundo), podemos esperar en Sanctum 3D el mismo espíritu de exploración y tecno-fetichismo que guiaron sus documentales sobre las maravillas (humanas, naturales e hipotéticas) del mundo submarino. Para bien o para mal, creo que un documental sobre la (ficticia) caverna Esa’ala (quizás basada en “el Sótano de las Golondrinas”) hubiera resultado más interesante que esta tediosa interpretación melodramática, repleta de odiosos personajes, malas actuaciones y forzados conflictos, diseñados para exaltar las "extremas" personalidades de los exploradores. Particularmente irritantes fueron Rhys Wakefield como el miembro más joven del equipo, con abundantes "daddy issues" que deberá resolver antes de alcanzar su auténtico potencial como aventurero (y galán "teen"); y desde luego Ioan Gruffudd como el adinerado y psicótico líder de la expedición, dispuesto a correr cualquier riesgo para satisfacer sus caprichos personales. Sabemos que es un rebelde que juega bajo sus propias reglas, porque un personaje se encarga amablemente de señalar: "El juega bajo sus propias reglas". Gracias, película; nunca lo hubiera imaginado. Por cierto, ese es el nivel general de los diálogos y del libreto entero; solo faltó el clásico "Go, go, go!".

Hablando de jugar bajo sus propias reglas, me pareció extraño que Sanctum 3D combine efectos especiales extraordinarios con otros tan malos que parecen sacados de película directa a DVD. Seguramente el profundo bolsillo de Cameron y sus relaciones con los estudios que hicieron posibles las maravillas artificiales de Avatar podrían haber logrado una mejor integración entre las escenas reales con las de origen obviamente digital. Quizás hay una lección oculta en ese fenómeno: si tienes los recursos para capturar imágenes fantásticas en escenarios naturales (o sets construidos), no las mezcles con reproducciones simuladas en la computadora, pues siempre terminarán perdiendo en la inevitable comparación. Pensándolo bien, no es una lección oculta, sino bastante evidente. Sr. Director Alister Grierson, por favor tomar nota para la próxima.

A fin de cuentas no me importa si está basada (perdón, "inspirada") en hechos reales o si es una fantasía creada por el ministerio de turismo de Nueva Guinea (o Australia, que es donde se filmaron algunas locaciones). El director y los guionistas debieron hacer un mejor esfuerzo por capturar nuestra atención, en vez de copiar desvergonzadamente escenas de The Abyss ("¡La tormenta se convirtió en huracán!"), The Descent y, ¿por qué no?, hasta The Cave (no, no hay monstruos caníbales en Sanctum 3D, pero quizás así hubiera sido un poco más entretenida). A pesar de todo debo darle una renuente recomendación por lo único que funciona... las impresionantes imágenes subterráneas en tercera dimensión creadas por el heroico director de fotografía Jules O‘Laughlin y el diseñador de producción Nicholas McCallum, quienes definitivamente son las únicas estrellas que brillan en esta aburrida película. Solo queda esperar que en el futuro alguien escriba una buena historia, con personajes interesantes e ingeniosa narrativa en la que pueda aprovecharse mejor esta tecnología. Claro que, con esos atributos, no haría falta el "gimmick" del 3D para vendernos la película.
Calificación: 6.5

sábado, 26 de febrero de 2011

Venganza Letal (Faster)

Antes que nada, una pequeña aclaración para evitar confusiones (especialmente la mia): En un par de meses podremos ver a Dwayne Johnson en Fast Five, la quinta película en la exitosa franquicia de The Fast and the Furious, donde seguramente conducirá autos veloces y aprovechará al máximo su imagen de "tipo rudo". Pero antes de eso podemos verlo en la cinta Faster (titulada en México "Venganza Letal") conduciendo autos veloces y aprovechando al máximo su imagen de "tipo rudo". Quién sabe por qué este actor elegiría hacer dos películas tan próximas y tan similares en títulos y temas, pero bueno... al menos Venganza Letal me pareció suficientemente entretenida para pasar un rato ameno repleto de drama y violencia, aunque libre de innovación narrativa. Veremos si Fast Five puede lograr lo mismo.

Ya nos enteraremos en algunos meses; por el momento centrémonos en Venganza Letal. Como bien describe su título, el argumento sigue la vertiginosa cruzada del experto Conductor (Dwayne Johnson), recién salido de presidio tras cumplir una condena de diez años por participar como chofer en un robo bancario. Entonces, sin perder un segundo, comienza su misión de venganza contra las personas que considera responsables por la muerte de su hermano. Sabiendo que eso ocurriría, una misteriosa figura contrata a un implacable Asesino a sueldo (Oliver Jackson-Cohen), para eliminar al Conductor. Y, claro, los cadáveres y destrucción que ambos dejan a su paso llaman la atención del Policía (Billy Bob Thornton) y su compañera Cicero (Carla Gugino), quienes descubren inesperadas conexiones entre los recién asesinados.

No hay nada innovador en Venganza Letal, pero el director George Tillman, Jr. aprovecha esa falta de originalidad para convertir la cinta en un diestro homenaje al cine de explotación y venganza que fue tan popular en los setentas. Los protagonistas ni siquiera tienen nombres propios, y están identificados por su función en la trama: conductor, policía, asesino... no hace falta saber más sobre ellos. Sin embargo los guionistas Tony y Joe Gayton trascienden esa simplificación al introducir aspectos contradictorios y hasta interesantes de los personajes, elevando la película por encima del simple "thriller" que pudo haber sido. Para empezar, el Conductor no se regodea en la muerte de sus enemigos; gracias a la sólida (y casi muda) interpretación de Dwayne Johnson queda claro que el protagonista solo cumple su deber para honrar la memoria de su hermano muerto, y que en realidad no encuentra placer en la venganza. Quizás nunca ganará un Oscar, pero en años recientes Johnson ha demostrado inusitado rango en todo tipo de películas, desde la comedia hasta la acción, y aunque sus proyectos no siempre sean buenos (¿alguien dijo "Tooth Fairy"?) estoy convencido de que puede abordar casi cualquier papel con aplomo y credibilidad que pocas "estrellas" poseen.

Por su parte, el Policía interpretado por Billy Bob Thornton es corrupto, drogadicto y divorciado; clásico arquetipo "noir". Pero sus intentos de redimirse ante los ojos de su hijo se sienten sinceros, y lo que podría haber sido un cliché viviente se transforma en una persona real, tratando de sobreponerse al vicio para restaurar los fragmentos de su casi extinta dignidad. Finalmente tenemos a Oliver Jackson-Cohen (por un momento pensé que era Jake Gyllenhaal) como el Asesino, aparentemente frío pero con turbulentas emociones en su interior. Al principio parece el típico matón británico, sofisticado e impasible, pero nos sorprende con su inusual pasado, sus razones para entrar al oficio de asesino a sueldo, y su cálida relación con la guapa Lily (Maggie Grace), por no mencionar sus conversaciones con una psiquiatra que le recomienda balancear mejor los distintos elementos de su vida. Redondeando el elenco tenemos a la siempre confiable Carla Gugino como la perspicaz detective que olfatea algo oculto detrás de los asesinatos; a Jennifer Carpenter como una mujer con misteriosos nexos con el Conductor; y a Adewale Akinnuoye-Agbaje en el corto pero jugoso papel de ex-criminal con genuinas intenciones de purgar los crímenes del pasado.

Para disfrutar Venganza Letal no hay que esperar una cinta de ridícula acción, ni acrobacias inhumanas, ni tremendas persecuciones automovilísticas (bueno, hay una entre un Chevelle SS y un Ferrari 360, pero es relativamente corta y nadie choca). Lo que la película ofrece es un par de interesantes personajes, dinámica dirección y actuaciones ligeramente superiores a las del genérico cine policíaco que hemos visto en años recientes. También complacerá a los fans del cine de explotación que estén abiertos a la experiencia de ver una moderna re-interpretación del género, quizás menos cruda que sus predecesoras, pero con iguales intenciones de apelar a nuestro gusto por la catártica violencia y anti-héroes que no pierden su humanidad entre todo el drama. No esperaba esto de George Tillman, Jr., un director más famoso por sus películas "raperas", pero agradezco que haya incursionado en nuevo territorio. Ojalá Hollywood lo tome en cuenta para proyectos futuros de más elevado perfil. ¿Quién sabe? Tal vez hasta podría dirigir The Fast and the Furious 12: Out of Gas.
Calificación: 7

viernes, 25 de febrero de 2011

127 Horas (127 Hours)

No sé si fue bueno o malo que Danny Boyle ganara tantos premios y reconocimiento por Slumdog Millionaire. Por un lado me gusta que se reconozca el talento visual y narrativo que nos dio cintas como 28 Days Later y A Life Less Ordinary; por otro lado, parece que su futura obra será automáticamente catalogada como "competidora de los Oscares" (al menos por un tiempo), lo cual podría perjudicarlo al crear expectativas irreales de sus películas y alterar la percepción del público, siempre listo para derribar a sus "ídolos". Lo cual nos lleva a 127 Horas, un notable drama inspirado en hechos reales que cobran vida bajo la diestra mano de Boyle, dándonos una fascinante experiencia cinematográfica... que a fin de cuentas no llega más allá de su efímero encanto.

El protagonista es Aron Ralston (James Franco), entusiasta montañista y espeleólogo que un día parte (sin avisar a nadie) en una expedición personal por el pintoresco cañón Blue John, en el estado norteamericano de Utah, donde la agreste belleza del paisaje contrasta con los peligros ocultos en su topología. Después de ayudar a dos paseantes extraviadas, Aron sigue su expedición... hasta que cae accidentalmente en una grieta, donde queda inmovilizado por una roca que oprime su brazo derecho. Entonces, durante las siguientes 127 horas, el joven contempla todas las soluciones posibles para salir con vida de la horrible situación, mientras recuerda pasajes importantes de su vida que nos ilustran sobre su ideología y personalidad. Pero cuando sus memorias empiezan a convertirse en alucinaciones, se da cuenta de que el peligro principal no está en los elementos, sino en perder la razón, lo cual seguramente sellaría su destino.

Sabiendo de antemano el tema general del argumento, pensé que 127 Horas tomaría un camino similar al del thriller Buried, contagiando al espectador con la claustrofobia de un protagonista atrapado en un espacio reducido. Sin embargo, la visión de Danny Boyle es mucho más ambiciosa y espectacular, pues incluso con su actor principal confinado a un agujero en la roca, la cámara es siempre dinámica e impredecible, capturando cada escena desde el ángulo o emplazamiento que nos transmite el mayor impacto emocional (y no solo me refiero a la cámara de video con la que Aron captura sus cada vez más fatalistas pensamientos). En otras palabras, 127 Horas se siente tan ágil como cualquier cinta de acción gracias a la fantástica dirección de Boyle, tan energética que nos deja sin aliento en algunas secuencias, y tan precisa que no pierde un solo detalle de la actuación de James Franco, la cual contribuye igualmente a capturar la atención del espectador. De hecho, me atrevería a decir que, incluso sin los trucos de cámara y fluida cinematografía (de Enrique Chediak y Anthony Dod Mantle), sería apasionante contemplar la batalla interna entre el abatimiento del protagonista y su deseo de vivir.

Por cierto... qué carrera tan inusual está llevando James Franco. Hace apenas un par de años los medios de comunicación se burlaban de él por trabajar en una telenovela y por sus eclécticas decisiones profesionales (y no olvidemos su famosa foto universitaria). Sin embargo parece que sabía lo que estaba haciendo, pues en unos cuantos meses recuperó la credibilidad gracias a su desempeño en cintas como Milk, Howl y ahora 127 Horas. Quizás no sea un trabajo tan excepcional como el de Natalie Portman en Black Swan o Christian Bale en The Fighter, pero sin duda merece la atención que está recibiendo. Ojalá la canalice para beneficio de su carrera futura... y del público. En cuanto al elenco secundario, apenas se puede mencionar, pues es obvio que la película entera pertenece a Franco. De cualquier modo se aprecia la participación de Amber Tamblyn y Kate Mara, no solo ofreciendo gratuitos "sport-bras", sino una económica y muy eficiente introducción a la personalidad de Aron.

Sin embargo (aquí vienen las inevitables quejas)... Por mucho que haya disfrutado 127 Horas, no me pareció tan memorable como otras obras de Boyle (o, para el caso, como otras cintas que he visto este año). Su manejo del suspenso, la angustia, y el colapso emocional del protagonista es impactante mientras dura la película; así mismo me impresionó el virtuosismo visual del cineasta, comportándose casi como un Michael Bay "indie", pero con justificación emocional y narrativa de sus malabares cinematográficos. Y aún así siento que la experiencia fue un poco hueca e insustancial (bueno, quizás no olvidaré cierta brutal escena que ocurre cerca del final). En resumen: creo que 127 Horas merece una sólida recomendación por su dirección, actuaciones y, simplemente, porque cuenta una historia fascinante. No reemplazará a Sunshine como mi película favorita de Danny Boyle, pero quizás esté en un nivel similar que la mencionada Slumdog Millionaire... un buen gancho temático, drama, humor inesperado y un protagonista que nos inspira con su sufrimiento. Claro que Slumdog Millionaire no contó con la presencia de Scooby Doo...
Calificación: 9

jueves, 24 de febrero de 2011

All-Star Superman

El escritor de comics Grant Morrison tiene tantos adeptos como detractores, y aunque me cuento entre los primeros (The Invisibles es mi serie de comics favorita), entiendo bien a los segundos. El exuberante y excesivo estilo de Morrison puede volverse frustrante e incomprensible (¿alguien dijo “Final Crisis“?), pero tiendo a pensar que en el medio del comic es mejor tener un escritor con genuino entusiasmo y abundantes ideas (quizás demasiadas), en vez de media docena de mercenarios "yes-men” regurgitando los éxitos del pasado. Sin embargo, esa fecunda creatividad puede ser contraproducente cuando desafía el “status quo” de algún super-héroe, y exaspera a los más devotos seguidores de la continuidad establecida por DC Comics desde hace siete décadas. Para bien o para mal, mucha gente consideró la mini serie All-Star Superman como uno de esos desafíos. Sin duda tuvo buenas ventas y recibió muchos premios, pero la re-interpretación del más icónico super-héroe del mundo no le cayó muy bien a algunos puristas que la denunciaron como un capricho “pop“ con miras meramente comerciales (¡duh!). Lo curioso es que, en mi humilde opinión, Morrison no descartó la rica historia del personaje, sino que la usó como alimento para su febril imaginación, dando como resultado historias inusuales pero respetuosas del legado de Superman.

Menciono todo eso como preámbulo porque la adaptación animada All-Star Superman me pareció una película excelente que se atreve a escapar del universo “normal” de las previas cintas animadas de DC Comics. Por ello puede resultar un poco inaccesible para quien no conozca la versión impresa; pero para lectores del comic será una experiencia única, aunque no libre de problemas. El argumento comienza con un accidente a bordo de la primera nave espacial tripulada que estudia de cerca al sol. Superman (voz de James Denton) llega a tiempo, rescata a los científicos, y de paso descubre que su eterno enemigo, Lex Luthor (voz de Anthony LaPaglia), planeó el sabotaje. Sin embargo el propósito real de Luthor es mucho más siniestro, pues sabe que al saturar el cuerpo de Superman con radiación solar, comenzará una reacción en cadena a nivel molecular que terminará matándolo. Entonces, cuando Superman se da cuenta de que su fin se acerca, decide usar el tiempo que le queda para resolver algunas cuestiones personales, al mismo tiempo que continúa su incansable defensa de la Tierra contra enemigos del pasado, presente y futuro. Pero, antes que nada, revelará su identidad secreta a la persona que ama... No, no es Jimmy Olsen, sino Lois Lane (voz de Christina Hendricks).

Al igual que su versión impresa, All-Star Superman contiene momentos de increíble ingenio, impacto emocional y destreza narrativa (la conversación entre Lex Luthor y Clark Kent es simplemente brillante). Pero al comprimir tantas “mini-historias” en una corta película de ochenta minutos, hasta los elementos más fuertes tienden a debilitarse y perderse entre el alud de ideas, personajes y conflictos que se quedan en el aire, o que se resuelven demasiado rápido. Debió ser muy difícil para el recientemente finado guionista Dwayne McDuffie (veterano de Marvel y DC) descartar algunas notables sub-tramas de la miniserie (¿dónde está Krypto?) y alterar otras para tener cierta cohesión narrativa de principio a fin; aún así la adaptación animada de All-Star Superman se siente tan saturada y caótica como las moléculas kryptonianas de Superman. Pero bueno... en cierto modo tiene sentido. Uno de las mejores atributos (o peores, según el gusto personal) de las cintas animadas de DC es que están dirigidas a lectores de comics, así que sus creadores asumen cierto conocimiento por parte del espectador y no pierden tiempo en establecer el contexto del personaje o su historia. El problema es que esa estrategia funciona mejor en relatos auto-contenidos, como las notables Batman: Under the Red Hood o Superman/Batman: Public Enemies. En el caso de una semi-antología como All-Star Superman, se escucha ocasionalmente el crujido de los engranes al tratar de imponer un flujo integral en una narrativa fragmentada.

Habiendo dicho eso, All-Star Superman me pareció sobresaliente en todos los aspectos. El diseño de los personajes es perfecto (no en balde se apega bastante a las líneas del genial dibujante Frank Quitely), los efectos especiales están juiciosamente empleados, e incluso la calidad de la animación supera el más tosco y barato tratamiento que vimos en Wonder Woman o Green Lantern: First Flight. Mi única queja sería con algunas de las voces; los papeles secundarios son perfectos (incluyendo a Anthony LaPaglia como Lex Luthor, Frances Conroy prestando su voz a Martha Kent y Ed Asner como el inevitablemente gruñón Perry White). Sin embargo James Denton y Christina Hendricks como Superman y Lois Lane, respectivamente, me parecieron un poco blandos. Quizás por ser actores "reales" y no estar habituados al trabajo de "voice over", carecen de la experiencia necesaria para imprimir más personalidad a sus voces. Por otro lado, el tono general de All-Star Superman es mucho más humano y menos heroico que el del universo DC, así que quizás fue correcto seleccionar voces que fueran en contra de lo que habíamos visto en las otras obras animadas. No sé... quizás la segunda o tercera vez que la vea (y les aseguro que voy a hacerlo) dejará de "brincarme" ese detalle.

Entonces, puedo recomendar con entusiasmo All-Star Superman... aunque estimo que la experiencia será más satisfactoria para lectores del comic que para espectadores casuales en busca de simple acción super-heroica. Grant Morrison inyectó nueva energía y vitalidad en un personaje de setenta años que ha sido re-trabajado y re-inventado en numerosas ocasiones, y lo hizo sin el típico "borrón y cuenta nueva" que es tan popular en el medio. Su trabajo fue al mismo tiempo inspirado y elegantemente simple. Y si bien la película All-Star Superman traslada muchos de los elementos sobresalientes del autor (y del dibujante), creo que no funcionó tan bien como su contraparte impresa. Aún así, se ha convertido en mi película animada favorita de DC Comics... después de Justice League: The New Frontier. Está difícil que la desbanquen, al menos hasta que alguien se atreva a hacer una adaptación fiel de The Invisibles.
Calificación: 9

lunes, 21 de febrero de 2011

Cortes Rápidos: Mega Python Vs. Gatoroid, Mean Girls 2, Red: Werewolf Hunter

Mega Python Vs. Gatoroid

Siempre digo que no me gusta ver películas del estudio The Asylum pero, ¿cómo puedo resistir el título de Mega Python Vs. Gatoroid? ¡Soy humano! No puedo ignorar la promesa de serpientes y lagartos gigantes. Y tampoco puedo resistir al elenco encabezado por Debbie (perdón, “Deborah”) Gibson y Tiffany, dos cantantes juveniles de los ochentas famosas en igual medida por sus blandos himnos pop, y por la supuesta rivalidad que dividió a una generación entera (quizás estoy exagerando). Claro que ambas divas tienen experiencia en películas de similar calibre; no olvidemos que Gibson fue lo mejor de Mega Shark Vs. Giant Octopus, mientras que Tiffany enfrentó previamente pirañas gigantes en Mega Piranha. Sobra decir que Mega Python Vs. Gatoroid es otro mega-chasco de similar tamañoide.

El argumento es una mágica sinfonía de estupidez: la obstinada activista Nikki Riley (Deborah Gibson) libera algunos reptiles que se encontraban enjaulados en un misterioso laboratorio, y a los pocos días la alguacil Terry O’Hara (Tiffany) empieza a recibir reportes de enormes serpientes atacando a la fauna del pantano local, particularmente a los cocodrilos. ¡Ironía! Por querer proteger a las serpientes, Nikki causó accidentalmente un desastre ecológico. Pero no importa, pues la solución al problema es obvia: inyectar esteroides y hormona de crecimiento en pollos y dárselos a los cocodrilos, para que crezcan y puedan defenderse de las agresivas serpientes. Sin embargo la naturaleza es impredecible, y cuando las serpientes también consumen la carne contaminada empiezan a crecer, de modo que Terry y Nikki tendrán que cooperar y resolver sus diferencias para evitar que las enormes criaturas consuman a los espectacularmente estúpidos habitantes de la región... y quizás al mundo entero.

Dentro de todo, me gusta que The Asylum regrese al humor de sus antiguas producciones, en las que admitían tácitamente su incompetencia y nos invitaban a ser cómplices del chiste. También aprecio que la trama tenga alguna semblanza de estructura, en vez de parecer una secuencia de escenas improvisadas y unidas arbitrariamente por un editor invidente (¿mencioné que la directora de la cinta es Mary Lambert, más conocida por Pet Sematary y The In Crowd?). Y, sobre todo, disfruté el inevitable humor de las actrices principales gritando al espacio vacío que sería posteriormente habitado por pésimas criaturas digitales. Entonces, no diré que Mega Python Vs. Gatoroid sea “tan mala que es buena”, pero sin duda me pareció suficientemente ridícula para ser entretenida e hilarante. Les aseguro que he tenido peores experiencias en el cine con películas “serias”, así que no puedo negarle una renuente recomendación a esta reunión de monstruos. Y de serpientes y cocodrilos.
Calificación: 5


Mean Girls 2

Entre mis comedias juveniles favoritas está Mean Girls (2004), escrita por Tina Fey como una versión moderna de Heathers, quizás sin asesinatos ni suicidios, pero con similar humor negro y sardónica visión de las mareas políticas en una “high school” norteamericana, dominada con puño de hierro por un grupo de niñas perfectas que son igualmente odiadas y adoradas por sus “súbditos”. Y como Mean Girls tuvo considerable éxito económico (sospecho que no solo por sus virtudes intrínsecas, sino por la alarmante escasez de buenas cintas en ese género), se volvió candidata perfecta para recibir una secuela directa a DVD, que ahora tenemos oportunidad de disfrutar. O, mejor dicho, “disfrutar”.

Hasta donde puedo ver, el único actor de Mean Girls 2 que regresa de la original es Tim Meadows como el sufrido director de la preparatoria North Shore (lo cual no habla muy bien de su carrera post-Saturday Night Live), a la que llega la joven Jo Mitchell (Meaghan Martin), cuyo padre es mecánico de autos de carreras. Las niñas perfectas, apodadas "las plásticas”, reconocen el potencial de la chica nueva y le ofrecen ingresar al exclusivo grupo pero Jo las rechaza, pues los constantes cambios de ciudad le han enseñado a no hacer amigos para no sufrir decepciones cuando tenga que abandonar la escuela. Desde luego las plásticas no están acostumbradas al rechazo, y proceden a hacerle la vida imposible a Jo, quien se ve obligada a contraatacar con las mismas armas, y con ayuda de Abby (Jennifer Stone), la tímida niña que no sabe el grave secreto que oculta Jo…

Tengo una teoría sobre el origen de Mean Girls 2. Se me ocurre que empezó como una honesta manifestación de “girl power” combinada con un examen (no muy original) de los temas pseudo-feministas empleados en la primera película, pero algún comité de ejecutivos pensó que no había suficiente romance, y decidieron insertar a la fuerza un genérico galán que arruinó la cinta, pues no solo estorba en la trama principal sino que sabotea el mensaje de auto-suficiencia femenina que parece enarbolar el argumento. Y si a eso añadimos la torpe dirección y pobre edición, tenemos una tambaleante película con incierto ritmo, irregular estructura, y sin las risas suficientes para justificar su existencia como secuela de una brillante comedia. Pero para que este escrito no forme parte del “burn book”, terminaré diciendo que me gustó la actuación de Meaghan Martin en el papel principal, y de Jennifer Stone como su inocente amiga. Por cierto… ¿fue mi torcida imaginación, o noté cierta tensión romántica entre ellas? Un momento… ¡tal vez por eso metieron al galán masculino! Para evitar acusaciones de “guardianes de la moral” que no toleran ideas contrarias a su propia ideología!. ¿De qué estoy hablando? Es tan solo Mean Girls 2, otra mediocre secuela directa a DVD que está muy por debajo de su predecesora. Solo un idiota se pondría a sobre-analizarla tanto.
Calificación: 5


Red: Werewolf Hunter

Como fan de The Guild y Dr. Horrible’s Sing Along Blog, fui uno de tantos “geeks” que recibimos con placer la reciente noticia de que Felicia Day está trabajando en una nueva serie web basada en el videojuego Dragon Age. Aún faltan meses para el debut de ese proyecto (y aún más para la quinta temporada de The Guild), pero la noticia me dio finalmente valor para ver Red: Werewolf Hunter, una barata cinta directa a DVD (o televisión; pues está co-financiada por el canal SyFy) que reinterpreta el cuento de Caperucita Roja como una película de horror y aventuras en la que una audaz mujer llamada Virginia “Red” Sullivan (Felicia Day) pertenece a una familia que desde hace siglos caza hombres lobo. Pero las cosas se complican cuando Nathan (Kavan Smith), su prometido, se entera del secreto y se convierte en blanco fácil de los lupinos monstruos. ¿Podrá Red (apodada así por su cabello rojo) salvar a su prometido, mantener la tradición familiar y evitar ser devorada, como le ocurrió a su abuelita?

No es una idea muy original. El hábil director Neil Jordan hizo algo similar hace veinticinco años con The Company of Wolves, y la directora Catherine Hardwicke está por estrenar Red Riding Hood con Amanda Seyfried en un papel similar. Pero Red: Werewolf Hunter tiene a su favor un elenco “geek-friendly” que incluye, además de Day, a Kavan Smith (Stargate: Atlantis, Eureka), Stephen McHattie (Watchmen, Pontypool) y Carlyn Burchell (nada de ciencia ficción, pero atractiva para cualquier nerd). Desafortunadamente los ilustres intérpretes se sienten desperdiciados, pues no hay mucho que recomendar en esta lenta y confusa película, que gasta gran parte de su tiempo en repetitivos diálogos, “tensos” recorridos por las decrépitas casas de un pueblo abandonado, y (no podían faltar) paseos sin rumbo ni propósito alguno (excepto inflar la duración de la película) por los bien conocidos bosques de Canadá donde se han filmado bastantes bodrios similares a éste. Creo que ya estoy reconociendo árboles específicos que he visto muchas veces detrás de zombies, slashers aliens y otras criaturas.

Pero el bajo presupuesto y genéricas locaciones no son los únicos problemas que aquejan a Red: Werewolf Hunter. La trama carece de cohesión, y a veces parece construida a partir de dos películas distintas. En una tenemos el drama familiar de Virginia, sus hermanos y su prometido; en la otra vemos el juego de cacería humana que les gusta practicar a los lobos. No es sino hasta el final cuando el director Sheldon Wilson recuerda unirlas, justo a tiempo para llegar al “épico” final que más o menos funciona, al menos para los estándares de este nicho cinematográfico. En fin… dentro de lo positivo puedo señalar la actuación de Felicia Day, sincera y energética; y la de Stephen McHattie, cuya experiencia como eterno cínico le da un poco de chispa a su villano parlanchín. Los efectos especiales también me parecieron inesperadamente competentes; bueno, las criaturas son horrendas, pero las transformaciones están bien diseñadas y ejecutadas. De hecho, creo que me gustaron más que las de Twilight: Eclipse (¿o fue New Moon? Lo que sea). El punto es que no me arrepiento de haber visto Red: Werewolf Hunter, pero tampoco puedo recomendarla (excepto a fanáticos de Felicia Day), pues sus escasos atributos parecen premios de consolación y no componentes de una buena película. A fin de cuentas es lo que esperaba, así que no puedo quejarme (más). Pero hubiera deseado que fuera una agradable sorpresa, en vez de una rutinaria dosis de mediocridad. Esperemos que Dragon Age: Redemption tenga más éxito.
Calificación: 5

domingo, 20 de febrero de 2011

El Rito (The Rite)

¿Otra película sobre exorcismos "inspirada en hechos reales"? ¡Claro! ¿Por qué no? Al menos la presencia del aclamado actor Anthony Hopkins es garantía de calidad, ¿cierto?

Sarcasmo.

Aunque hay buenas intenciones y algunos buenos momentos en El Rito, el resultado general es una cinta lenta y pretenciosa que pretende evaluar sobriamente la validez de la posesión demoníaca y la actitud de la Iglesia (así, con mayúscula) respecto a ese fenómeno. Desafortunadamente El Rito no funciona ni como película de terror ni como análisis de una cuestionable situación; y menos cuando la comparamos con cintas que lo han hecho mejor, como The Exorcism of Emily Rose.

Pero bueno... veamos por qué. El protagonista es el aspirante a sacerdote Michael Kovak (Colin O‘Donoghue), quien está a punto de renunciar al noviciado en la ciudad de Chicago hasta que su comprensivo superior le sugiere tomar un curso de exorcismo en Roma, pues cada vez hay más casos de posesión demoníaca en el mundo, y hacen falta personas preparadas para salvar la vida y las almas de las víctimas. Con poca convicción Michael acepta y, como puede esperarse, la "escuela de exorcismo" solo incrementa sus dudas sobre la existencia de Dios y el Demonio. Entonces se le asigna la tarea de ayudar al veterano Padre Lucas Trevant (Anthony Hopkins), y ahí es cuando Michael empieza a tener contacto con víctimas "reales" de posesión satánica, lo cual erosiona lentamente la incredulidad del joven sacerdote... y lo prepara para la prueba más difícil que deberá superar.

Admiro la intención del director Mikael Håfström y del guionista Michael Petroni (basado en un libro de Matt Baglio) por presentar una visión balanceada de la posesión demoníaca y del exorcismo. Pero, a fin de cuentas su misión de "asustarnos" prevalece, y desafortunadamente no logran encontrar el ángulo apropiado para lograrlo. Entonces deben recaer en los típicos clichés del sub-género, como el obligatorio niño maligno, la mujer que grita maldiciones y contorsiona su cuerpo, el sacerdote con crisis de fe que ve "señales" por todos lados, los poseídos que conocen hasta los más íntimos secretos de los exorcistas... ¿les suena familiar todo esto? Y lo peor es que cuando El Rito se toma demasiado en serio termina cayendo en el humorismo involuntario, lo cual resta aún más credibilidad a sus "hechos reales" (la mula satánica no tiene precio; espero que se convierta en una figura de culto con cientos de “remixes” en YouTube).

Después de hacer un par de mediocres películas de terror en Suecia (como Strandvaskaren), el director Mikael Håfström fue seducido por Hollywood y terminó haciendo mediocres películas de terror, aunque con actores más famosos. En el caso de El Rito la atracción principal es sin duda Anthony Hopkins, cuya actuación no es necesariamente "buena", sino entusiasta y expresiva, sacando provecho de algunos buenos diálogos y generando la gravedad que habitualmente tienen sus personajes, lo merezcan o no. Lástima que al final pierda el control, aunque no sea su culpa, sino del guión que lo traiciona con un giro sorpresivo cuyo propósito es completar el desarrollo de su joven colega. Por cierto, debo decir que Colin O’Donoghue tiene un buen desempeño en ese ingrato papel, pues su evolución me pareció creíble gracias al trabajo del actor y a las "pistas" que se van revelando sobre su pasado y sobre el origen de su crisis de fe. Sonará como herejía, pero siento que la presencia de Hopkins salió sobrando, pues opaca la más interesante historia del sacerdote joven. Si el guión no hubiera intentado hacer "Merrin y Karras: Investigadores", quizás El Rito serviría mejor como "drama sobrenatural", en vez de empeñarse tanto por ser una cinta de terror. Ah, y ¡qué desperdicio del gran Rutger Hauer!

En fin... por la razón que sea, parece que las películas sobre exorcismos y demonios están proliferando, así que seguramente podremos esperar más refritos de estos cansados clichés. Algunos serán mejores que otros, pero al menos El Rito demostró que la fama o talento de los actores no es el factor determinante de la calidad. Sin embargo, insisto en que la mula satánica tiene potencial; ojala tenga un buen agente.
Calificación: 6

sábado, 19 de febrero de 2011

El Discurso del Rey (The King's Speech)

Desde antes de ver El Discurso del Rey queda claro que será una de esas películas con una trama ligera e intrascendente, aunque adornada con muy buenas actuaciones y producida con todo el refinamiento y afectado encanto del moderno "cine de arte" británico. Como tal, resulta enormemente entretenida, ocasionalmente conmovedora (sin caer en el sentimentalismo) y muy satisfactoria... aunque al final nos demos cuenta de que acabamos de recibir una lección de historia banal y por completo olvidable.

Dicha historia se desarrolla en Londres durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, y concierne al Príncipe Albert (Colin Firth), hijo del Rey George V (Michael Gambon) y hermano menor del Duque de Windsor (Guy Pearce), heredero directo de la corona. Desafortunadamente Albert sufre de tartamudeo tan severo que lo ha aislado de sus deberes reales, aunque él parece contento viviendo con su esposa Elizabeth y sus dos hijas (una de las cuales es la actual reina de Inglaterra). Sin embargo, el advenimiento del radio y su importancia como herramienta política inspira a Elizabeth a buscar una cura para su marido, y como último recurso pide ayuda a Lionel Logue (Geoffrey Rush), un terapista australiano con métodos inusuales para curar el tartamudeo en sus pacientes infantiles. ¿Pero podrá usar esas mismas técnicas en el obstinado príncipe que jamás ha hablado con un plebeyo "normal"?

Desde luego hay más elementos históricos en la trama, incluyendo el escándalo social que alteró la línea hereditaria de la corona inglesa (por cierto, será interesante ver otra versión de Wallis Simpson en la película que Madonna está dirigiendo) y la amenazante sombra de la expansión nazi que resultaría en la Segunda Guerra Mundial, lo cual aporta un buen contexto sobre la importancia de la dicción y talento retórico para los gobernantes del nuevo siglo. Pero básicamente El Discurso del Rey es un ameno recuento del "bromance" entre el Príncipe Albert (alias "Bertie") y el doctor Lionel Logue, cuya relación comienza fundamentada en la necesidad y luego se extiende a la mutua comprensión de sus respectivas personalidades. Más allá de eso, supongo que la historia también pretende ser un examen de la diferencia de clases en el Reino Unido, así como de las tradiciones monárquicas que tanta división provocan incluso en estos días (no puedo culpar a los que están hartos del culto a la "familia real" y sus excesos).

Pero todo eso es secundario; lo importante para disfrutar El Discurso del Rey es regodearse en el excelente trabajo de Colin Firth y Geoffrey Rush, desbordantes de pasión histriónica pero sin llegar a la exageración teatral que en ocasiones vemos en películas "serias". Por otro lado, ninguno de los dos actores consiguen "perderse" en sus personajes y, por talentosos que sean, a fin de cuentas nunca olvidé que estaba viendo a Colin Firth y Geoffrey Rush en un duelo de actuación. De cualquier modo sus interpretaciones validan la película, y además están perfectamente complementados por sus respectivas parejas fílmicas, Helena Bonham Carter y Jennifer Ehle, quizás en papeles secundarios pero no por eso menos creíbles. Finalmente, me gustó ver a Timothy Spall como Winston Churchill... siempre he pensado que nació para ese papel, y con suerte algún productor se dará cuenta de ello para darnos una biografía de ese fascinante sujeto. Cambiando de tema, se me ocurre que El Discurso del Rey podría ser una revelación para fans de Harry Potter que solo han visto a algunos de estos excelentes actores y actrices (Michael Gambon, Helena Bonham Carter, Timothy Spall) como caricaturas mágicas con nombres chistosos (o piratas fantasmales, en el caso de Rush).

En muchas de estas "películas de época" el énfasis está en decoraciones y ambientación, pero el director Tom Hooper está más interesado en explorar la psicología de sus personajes y su crecimiento emocional. Por eso, quien vaya a ver El Discurso del Rey para admirar fastuosos bailes de la realeza o protocolos monárquicos (al estilo de The Young Victoria o The Queen) saldrá decepcionado, pues la mayor parte de la historia se desarrolla en prosaicas oficinas, consultorios y cabinas. Aún así la cinta es visualmente impresionante gracias al director de fotografía Danny Cohen y a la diseñadora de producción Eve Stewart, quienes visten cada escena con rasgos y colores únicos, enfatizando cada detalle visual para enriquecer el sobrio estilo de la narrativa. En resumen, creo que El Discurso del Rey es una película muy recomendable, entretenida y con el sub-texto social adecuado para darle profundidad y distraernos de su inescapable intrascendencia. En otras palabras, perfecta para los Óscares, lo merezca o no.
Calificación: 8.5

viernes, 18 de febrero de 2011

Solteros en el Tiempo (Hot Tub Time Machine)

Nota: Ya conocen la rutina; por fin se estrena esta película en México, de modo que publico nuevamente la crítica para comodidad de los lectores.

Era de esperarse que el éxito de la cinta The Hangover apresuraría la llegada de algunas imitaciones con el mismo humor a la vez cálido y vulgar, combinado con personajes memorables y (lo más importante) actores poco conocidos que no cobren los estratosféricos sueldos de Adam Sandler o Will Ferrell. Para mi sorpresa, Hot Tub Time Machine resultó ser una sólida competidora en esa carrera, y aunque su inverosímil premisa impide una estructura más lógica y creíble, no puedo negar que reí en muchas ocasiones por el honesto trabajo de sus intérpretes... y el indulgente humor nostálgico que empapa cada una de sus escenas.

Como toda buena comedia,
Hot Tub Time Machine comienza con un intento de suicidio... o quizás fue un accidente, según explica Lou (Rob Coddry) a sus amigos Adam (John Cusack) y Nick (Craig Robinson) cuando lo visitan en el hospital. Sin embargo ambos saben que habría suficiente razón para que el alcohólico Lou lo intentara, pues su vida está en franca decadencia (y la de ellos tampoco va muy bien). Para alegrarlo un poco, deciden pasar un fin de semana en el Valle Kodiak, centro vacacional de esquí y deportes invernales donde disfrutaron unos memorables días en su adolescencia. Cuando llegan al nevado sitio encuentran que el tiempo ha dejado su huella, y el otrora elegante hotel es ahora una decrépita pocilga. De cualquier modo tratan de mantener su optimismo, y organizan una fiesta en el "jacuzzi" de su habitación... pero el accidental derramamiento de una bebida en los controles de temperatura provoca un extraño fenómeno que los lleva de regreso al año 1986, para revivir aquel fin de semana que determinó el curso de sus vidas. Entonces, el trío de amigos deberá enfrentar la decisión de repetir sus errores y preservar su vida actual, o cambiar las cosas y arriesgarse a alterar el futuro de manera impredecible.

No se si fue bueno o malo fundamentar gran parte del humor de Hot Tub Time Machine en la nostalgia y cultura de los ochentas. Por un lado hay graciosas observaciones sobre los cambios en hábitos e ideología a lo largo de treinta años; por otro lado, las constantes referencias a íconos ochenteros podrían limitar el atractivo de la película para las nuevas generaciones que no vivieron aquella risible década. Como sea, yo también fui adolescente en esos años, y encontré divertidas las menciones de Red Dawn, Alf, Rambo, la Guerra Fría, James Spader... bueno, son demasiadas para enumerar. Y claro, también tenemos la épica banda sonora, que va desde Poison y Public Enemy hasta Spandau Ballet y Men Without Hats (¿Ven? La tendencia de poner nombres ridículos a bandas de rock no empezó con Vampire Weekend ni Panic! At the Disco). Puntos extra para la película por su ridículamente fiel recreación de un famoso video musical durante sus créditos finales. Es uno de esos detalles que rematan la experiencia con una sincera sonrisa que hace parecer la película mejor de lo que en realidad fue.

Independientemente de la nostalgia y atmósfera "retro", la cinta funciona por el competente trabajo de sus actores, incluyendo a John Cusack, ícono ochentero por derecho propio; Craig Robinson, otro actor secundario de The Office con inmenso potencial de estrellato, al igual que ocurrió con Ed Helms en The Hangover; Clark Duke como el clásico nerd sin amigos que teme enfrentar una vida sin Internet ni Stargate (sobra decir que me identifiqué con él, excepto que yo no tolero el aburrimiento de Second Life); y Rod Corddry en un papel adecuado para el maniático humor que lo trasformó en comediante de culto (al igual que el mencionado Helms, Corddry también es veterano de The Daily Show). Por el lado femenino la película es menos afortunada (y no me refiero al considerable atractivo de sus actrices, sino a su función dramática); Lyndsy Fonseca y Collette Wolfe son simples "plot points" con caras bonitas, y Lizzy Caplan tiene el ingrato papel de interés romántico, absolutamente forzado y desechable. Finalmente, no se si ya estoy viejo y mi libido está enfriándose, pero la escena "topless" de Jessica Paré me causó más pena que excitación. Esta notable actriz canadiense parecía tener un futuro brillante hace diez años, y ahora está reducida a proveer pechos genéricos en vulgares comedias de segunda. Tal vez ella sí necesita una máquina del tiempo para corregir su futuro. En fin, una buena lección para las aspirantes a actriz en Hollywood...

A primera vista la trama de Hot Tub Time Machine suena como el febril sueño de un mediocre escritor de ciencia ficción (y quizás lo fue), pero el ángulo fantástico es tan solo una excusa para añadir humor grotesco y surrealista al cliché de "adulto revive su juventud" . Por lo tanto no hay que perder tiempo analizando su arbitraria lógica, señalando sus anacronismos (Theater of Pain es de 1985) o buscando los agujeros y paradojas de su argumento; simplemente conviene dejarnos llevar por su absurda premisa y acompañar a los personajes en su honesto viaje de revelación personal. Continuando la comparación con The Hangover diré que aquella me gustó más porque detrás del humor había una historia ligera y bien estructurada, con arcos narrativos creíbles para cada personaje. La ambición de Hot Tub Time Machine definitivamente no llega tan lejos, pero cumple su misión de hacernos reír sin descuidar el contenido emocional. En resumen, digamos que es una versión adulta de Back to the Future, pero con menos ciencia y más sexo oral. Ah, y también más Mötley Crüe.
Calificación: 8

domingo, 13 de febrero de 2011

Duro de Vender (The Goods: Live Hard, Sell Hard)

Me costó trabajo no salirme del cine mientras veía Duro de Vender. De hecho, no sé ni por qué entré. Para empezar, no soporto a Jeremy Piven; lo encuentro antipático, y me parece demasiado “natural” su talento para interpretar idiotas arrogantes que debemos encontrar adorables porque en el fondo tienen buen corazón, o algo así. No trago. Además, creo que ya estoy viejo para apreciar estas historias del rebelde que desafía a la autoridad y triunfa no por inteligencia o talento, sino tan solo por su descarada "actitud".

En fin… lo que me atrajo a la cinta fue un elenco secundario repleto de buenos comediantes, de esos que vemos frecuentemente en papeles pequeños (tanto en cine como en televisión), con rostros familiares aunque no recordemos sus nombres. No sé cuántas comedias fallidas me han parecido más entretenidas por la heroica labor de estos "soldados desconocidos". En Duro de Vender la lista es larga, e incluye a David Koechner, Ed Helms, Tony Hale, Ken Jeong, Wendie Malick, Craig Robinson, Jessica St. Clair, y Kristen Schaal (por no mencionar el cameo de Will Ferrell). Sin embargo, a pesar de tanto talento en la pantalla, la película apenas se mantiene en el borde de lo tolerable.

Y lo peor es que la premisa no es mala: una agencia de autos usados está pasando por una mala racha económica que la ha dejado al borde de la bancarrota. Como último esfuerzo, el dueño decide hacer una gran barata de tres días. Si no logran vender un considerable número de automóviles, el banco se quedará con el negocio. Entonces, para que eso no ocurra, el desesperado patrón contrata un equipo de vendedores mercenarios, expertos en técnicas de alta presión que (según ellos) siempre producen resultados. Y así, a lo largo de los tres días, vemos cómo lo que parecía un trabajo cualquiera empieza a convertirse en una cruzada personal para el manipulador Don Ready (Jeremy Piven), vendedor estrella que secretamente está huyendo de un doloroso evento de su pasado (que involucró penes de hule y un disfraz de Abraham Licoln).

Con un guionista inteligente esta historia podría haber sido una versión moderna e irreverente de Tin Men o Cadillac Man (no me atrevería a decir Glengarry Glen Ross); pero las tácticas "creativas" de Ready y sus vendedores son simplemente estúpidas y nada graciosas (fingir que el dueño de la agencia está a punto de morir, contratar bailarinas exóticas como edecanes y lanzar numerosas diatribas racistas o políticamente incorrectas). Y, claro, debemos aceptar que todas las mujeres encuentran irresistibles las estrategias sexuales de los vendedores (y vendedora). No obstante, como dije al principio, las pocas sonrisas que provoca la película son gracias a los actores secundarios, aunque eso difícilmente bastaría para darle una recomendación a esta tediosa comedia que fundamenta su humor en la irritación del espectador. En resumen, hubiera preferido gastar los noventa minutos de Duro de Vender viendo episodios de The Office (con malos vendedores que de vez en cuando triunfan sobre su ineptitud), Community (con un arrogante protagonista que sí me parece gracioso) y The Loop (por su una rara combinación de vulgaridad y sátira laboral). Pero es demasiado tarde; me dejé engañar por el "sales pitch" de Duro de Vender, y acepté una oferta que debí rechazar. Caveat emptor.
Calificación: 5 (los fans de Jeremy Piven podrían añadir un par de puntos a la calificación; respeto su opinión aunque no la comprendo)