miércoles, 30 de septiembre de 2009

Green Lantern: First Flight

Nunca fui asiduo lector de Green Lantern, aunque me gusta el personaje. O, mejor dicho, me gusta el origen y conflictos humanos del original Hal Jordan (especialmente en sus políticamente cargadas colaboraciones con Green Arrow). Todos los demás elementos "cósmicos" de la saga (como las aventuras interplanetarias, o las crónicas del planeta Oa) me parecen confusos y mal planeados. Es como una irregular combinación de fantasía y ciencia ficción para niños que posteriormente se adaptó a un público más maduro, pero respetando muchos conceptos ridículos o anacrónicos para no ofender a los seguidores de la todopoderosa "continuidad". En otras palabras, un potencial desastre narrativo. Por eso no albergaba gran esperanza hacia la cinta animada Green Lantern: First Flight. Sin embargo, después de haberla visto, gané nuevo respeto por ese "desastre", gracias a su grata estrategia de abordar los temas cósmicos con inesperado método y mesura, dando como resultado una película con suficiente fantasía para satisfacer a los fans del personaje, pero sin perder de vista los más básicos pilares dramáticos que sustentan su mitología.

Sólo los primeros minutos de la película se desarrollan en la Tierra, donde encontramos a Hal Jordan (vo
z de Christopher Meloni) aburrido en su trabajo como piloto de pruebas. Pero su vida se hace inesperadamente más interesante cuando es elegido por el agonizante extraterrestre Abin Sur (voz de Richard McGonale) como nuevo poseedor de un poderosísimo anillo que da forma física a la voluntad de quien lo usa, y al mismo tiempo lo identifica como parte de una organización de defensores del universo conocido como el Escuadrón Linterna Verde. Pero antes de incorporarse definitivamente a tan distinguida unidad, Jordan es trasladado hasta el lejano planeta Oa, donde deberá entrenarse bajo la dura disciplina de un veterano Linterna Verde llamado Siniestro (voz de Victor Garber). Su primera misión consiste en auxiliar en la captura de un alienígena criminal con acceso a una sustancia que podría destruir galaxias enteras. Pero durante la investigación Jordan empieza a sospechar que su cruel y violento mentor tiene un propósito distinto, y quizás desea apoderarse del arma para beneficio particular...

Algunas recientes películas directas a DVD de DC Comics han decepcionado por su mediocre animación, demeritando sus usualmente competentes guiones y su fiel interpretación de los superhéroes que retratan. Afortunadamente Green Lantern: First Flight rebasa ese bajo estándar con dinámicas escenas, excelente diseño de producción y la adición de bien implementados elementos tridimensionales... nada nuevo, pero su aplicación en la medida y momentos correctos realzan la historia sin perder su austera manufactura, comparativamente barata para criterios de Hollywood. Pero la principal virtud de la película son los diálogos y las voces que los expresan, creando personajes instantáneamente interesantes cuya veracidad no depende de la técnica que les da vida, sino de su inherente personalidad, construida en igual medida por los actores de voz y por los escritores del guión. La directora Lauren Montgomery armó un gran equipo y, como siempre, el anónimo héroe Andrea Romano brilla detrás de las cámaras (o dibujos) con su perfecto "casting" y su precisa coordinación de voces, tan confiable hoy como hace diecisiete años, cuando su contribución al excelente programa Batman: The Animated Series (con ayuda de Paul Dini y Bruce Timm, quien también produce esta película) revolucionó los superhéroes representados en cualquier medio.

El argumento de Green Lantern: First Flight tiene algunos agujeros, y contamina su multi-cultural entorno intergaláctico con algunos clichés demasiado humanos; pero bueno... después de todo no se trata de Robert Heinlein o Isaac Asimov, y esas leves objeciones no me impiden recomendarla, con la advertencia de que será mejor recibida por fans del personaje que por espectadores casuales y simples curiosos que quieran ver cómo se ha desarrollado este venerable, aunque no muy popular rincón del universo DC. Y quizás funcione también como "curso relámpago" para familiarizarse con la mitología del personaje antes de la supuesta versión de "acción viva" que nos vienen prometiendo desde hace varios años (con Ryan Reynolds en el papel principal, según los últimos reportes). Aunque, siendo honestos, dudo que esa hipotética y costosa versión supere los simples logros de Green Lantern: First Flight, por la sencilla razón de que no muchos ejecutivos y creativos en Hollywood entienden que el fundamento de los mejores superhéroes no radica en sus poderes, sino en su personalidad y conflictos morales. Esa es una lección que sólo se aprende con genuino amor por el medio de los comics; sólo pregúntenle a Andrea Romano y Bruce Timm.
Calificación: 7

lunes, 28 de septiembre de 2009

Grace

Sería un error ubicar la cinta Grace en el poco imaginativo sub-género del terror dedicado a los "niños diabólicos". La intención de esta sobria e inteligente película no es sorprendernos con las travesuras de un infante maligno, sino mostrar el horror humano y realista del amor llevado a extremos criminales... aunque perfectamente comprensibles. El uso de un bebé como eje de la historia aporta un tono muy particular, a la vez ambiguo y simple, pues es fácil entender la disyuntiva moral de la situación cuando se toma en cuenta la inocencia de la criatura. Madeline Matheson (Jordan Ladd) es la madre de tal bebé, y al principio de la película se muestra ansiosa por tener un hijo después de varios embarazos fallidos, que le han dejado poca fe en la medicina convencional. Por eso, cuando finalmente logra concebir, decide seguir un camino naturista y "alternativo"; aunque parece terminar nuevamente en tragedia cuando un accidente automovilístico la deja viuda y en peligro de perder a su hija, que todos los médicos asumen muerta en el vientre. Sin embargo la partera naturista le ayuda a proceder con el nacimiento, y ocurre un milagro: ¡la pequeña bebé está viva! Obviamente Madeline está feliz, y nombra "Grace" a la recién nacida... pero al poco tiempo se da cuenta de que su hija tiene "requerimientos especiales"... que incluyen beber sangre.

Esta notable película visita con mayor franqueza los mismos temas que el reciente re-make de It's Alive! apenas sugirió, pero la calidad de los actores y la intensidad de sus emociones hace que Grace sea mucho más honesta, satisfactoria... e inquietante. El noventa por ciento de su éxito radica en Jordan Ladd, cuyo difícil papel la somete a una devastadora secuencia de eventos, quizás ubicados en el terreno de lo fantástico, pero absolutamente realistas gracias al feroz instinto materno que sostiene a lo largo de la película. Me agradaba esta actriz, pero nunca consideré su trabajo particularmente notable (aunque ya se notaba inusual fuerza en Madhouse). Ahora resulta obvio que solo necesitaba un buen papel y un director que supiera aprovechar su expresivo rostro e implacable compromiso hasta con el más difícil material.

Ladd no es la única que merece aplauso. La veterana canadiense Gabrielle Rose muestra también hipnótica intensidad en el papel de la suegra de Madeline y abuela de la recién nacida. Su tensa relación con la protagonista empeora después del accidente, y se torna en una tensa lucha por obtener la custodia de la bebé, pues no considera a su nuera capaz de criarla tras el impacto emocional de perder a su marido. Esa sub-trama no sólo añade conflicto externo a la historia y justifica su eventual desarrollo (por no mencionar el derramamiento de más sangre), sino que sirve como reflexión paralela sobre el instinto maternal fuera de control en un contexto más tradicional. Además, las manifestaciones de esos sentimientos en la vida privada de la suegra nos ofrecen varios perturbadores momentos, algunos tan fuertes como los que genera la trama principal. Rose hace un excelente trabajo filtrando humanidad en algunas difíciles escenas que tal vez pocas actrices hubieran enfrentado.

No obstante sentí algunas irregularidades en el libreto; por ejemplo, el fracturado arco dramático de la partera "new age" interpretada por Samantha Ferris. El desempeño de la actriz es bueno, y la filosofía naturista del personaje ofrece un adecuado contraste con la cuestionable ética de los médicos "reales". Sin embargo nunca me quedó clara la motivación de sus acciones, especialmente en la segunda mitad del guión. No me malinterpreten... me gustó el final y la evolución que experimenta la mujer... pero no entendí exactamente cómo llegó ahí. También sentí lenta la parte media de la película, quizás debido a las múltiples escenas redundantes que establecen la condición de la niña. Es bastante obvio lo que está ocurriendo y creo que no hacía falta alargar el inexistente misterio, incluso si con ello se buscaba producir más suspenso y expectativa sobre la conclusión. La primera parte del libreto es tan eficiente y concisa que todo queda claro durante los primeros cuarenta y cinco minutos, de modo que el resto del melodrama simplemente repite lo que ya vimos y entendimos. No es un problema mayor, pero siempre irrita un poco notar la típica estrategia del "rellenar" historias que tal vez no cubrían el tiempo necesario para venderse como largometrajes. Finalmente, como observación personal, me pareció un poco excesivo el uso de documentales sobre animales para enfatizar los puntos sobresalientes de la trama. Incluso me hizo reír que la televisión de Madeline estuviera eternamente sintonizada en una versión pesadillesca de Animal Planet, donde el sufrimiento de los animalitos reflejaba su propia situación.

Muchos directores contemporáneos pretenden hacer películas de terror serias y duras, libres del humor ochentero y del post-modernismo popular en los noventas. Pero en su intento por llenar la pantalla de sadismo y brutalidad olvidan las emociones de los personajes, y sólo logran que sus excesos viscerales se transforman en aburrimiento. Grace prueba que no hace falta verter litros de sangre, ni asesinar múltiples víctimas para causar una reacción en el espectador. Bajo la mano de un buen director como Paul Solet, la simple expresión de maternidad incondicional basta para generar genuina angustia y terror. Y si además de eso la historia tiene algo que decir, la experiencia resulta aún más satisfactoria. En fin, Grace es una muy recomendable película directa a DVD que debió estrenarse en cines antes de ser relegada a este menospreciado método de distribución. Ojalá sea descubierta por bastante gente, pues no es común la gestación de cintas tan profundas en el género de terror, y su ocasional brote es un auténtico regalo al genuino aficionado. ¡Felicidades! Fue niña.
Calificación: 9

domingo, 27 de septiembre de 2009

El Solista (The Soloist)

Tiendo a ver con recelo cualquier película que incluya una "estrella" interpretando a un personaje con facultades mentales disminuidas. No importa si la actuación sea buena o mala... el simple hecho de que un famoso actor (casi siempre son hombres) quiera imitar algo tan ajeno a su realidad me parece imposible de asimilar, pues en la inmensa mayoría de las veces termina pareciendo una burda parodia... un ofensivo chiste a costa de quienes realmente sufren similares afecciones. La única vez que he tragado una actuación así fue con Leonardo DiCaprio en What's Eating Gilbert Grape... pero incluso estoy haciendo trampa con esa excepción, pues en aquel entonces (principios de los 90s) el joven DiCaprio era un casi desconocido actor infantil con un par de películas familiares y series televisivas en su filmografía. Incluso cuando Robert De Niro intentó enfrentar un reto parecido en Awakenings (antes de que perdiera interés por su oficio) no creí ni por un segundo su actuación. Por eso admito haber visto El Solista con muy poco entusiasmo y gran desconfianza.

El Solista
está basada en un libro que colecciona los artículos escritos por el periodista Steve López sobre Nathaniel Ayers, distinguido alumno de la famosa academia Juilliard, cuya obsesión musical se transformó en algún tipo de esquizofrenia que lo llevó a vivir como indigente en las calles de Los Ángeles, donde López lo encontró accidentalmente. Reconociendo una buena historia, el compasivo periodista investiga el pasado de Ayers, en busca de parientes o algún lazo que pudiera rescatarlo de su situación. Pero por cada paso adelante hacia una vida normal, el torturado músico da un paso atrás debido a su inestable condición, hasta que López debe cuestionarse si está realmente ayudando a su protegido, o simplemente explotándolo.

A pesar de mis dudas, la experiencia no fue tan mala como yo esperaba, aunque tampoco la considero particularmente recomendable. Robert Downey Jr. es el indudable dueño de la película; su interpretación recae en el característico estilo del actor (que termina pareciendo algo así como Tony Stark: Periodista), pero su fina sensibilidad para identificar el nudo emocional de la historia basta para hacerlo creíble y honesto. Por más rápidos chistes e improvisados comentarios que adornen sus diálogos, nunca traiciona el propósito y sentimiento de la escena. Jamie Foxx tiene el más peligroso papel del músico indigente, y me alegra decir que quedé gratamente sorprendido, pues su convicción y realismo demuestran auténtica inmersión en el personaje, evitando crear un simple "muestrario de escenas" listo para exhibirse en los Óscares. Creo que Foxx es un buen actor, aunque no está exento de aceptar papeles que simplemente no van con su personalidad, o que exceden su talento. Afortunadamente esta vez no fue así. También me gustó la evolución del periodista; al principio López no se interesa en el indigente por su inherente bondad o altruismo, sino porque olfatea una buena historia, indispensable para la supervivencia del periódico que cada día enfrenta más problemas para competir con la televisión, Internet y demás proveedores electrónicos de noticias. Entonces, presionado por su editora, López persigue un fácil artículo de interés humano. Pero conforme de desarrolla su investigación vemos cómo el cínico interés se transforma en una conexión humana genuina y tangible. Me pareció una buena decisión mostrar esa ambigüedad moral, evitando de paso que la trágica historia colapse en un lacrimoso drama forzado y artificial.

Sin embargo al mismo tiempo sentí la historia cansada, fría e impersonal, y se lo atribuyo a la falta de enfoque del libreto y la difusa dirección de Joe Wright. Este cineasta británico obtuvo considerables aplausos por sus dos previas obras, Atonement y Pride and Prejudice. Pero ahora, en su debut norteamericano, deja que la historia vague sin punto por largo rato, perdiendo de vista el flujo narrativo y tomando algunas muy dudosas decisiones dramáticas. Gran parte de las dos horas se invierten en escenas repetitivas que no impulsan la trama ni expresan algo nuevo sobre los personajes. Y para darle un poco de vida a la inerte historia el director abusa de su dinámica cinematografía, moviendo constantemente la cámara y orquestando complicadas coreografías escénicas para capturar precisos momentos entre sus actores. Sin duda es una impecable muestra de visión y elegancia, pero se siente totalmente fuera de lugar en lo que debería ser una narración más íntima y sincera, libre de afectaciones que obstruyan el trabajo de los actores y la experiencia del espectador.

Hay una buena historia en El Solista, pero está sepultada en un pantano de floja narrativa y caprichos estilísticos. También guarda en algún lado válidos comentarios sobre las instituciones que pretenden ayudar a los indigentes, llenas de buenas intenciones pero finalmente paralizadas por cuestiones legales, políticas y económicas. Y, desde luego, cuenta con buenas actuaciones, no sólo de los co-protagonistas, sino de un distinguido elenco secundario que incluye a Catherine Keener, Tom Hollander, Lisa Gay Hamilton, Rachael Harris y Stephen Root (estos dos últimos como breve "comic relief" que de cualquier modo disfruté bastante). Por un lado admiro que el director no haya simplemente explotado el sentimentalismo de la historia para hacernos llorar durante dos horas. Pero tampoco puedo recomendar una película de incierta intención y aburrido desarrollo. Supongo que funciona como curioso experimento para estudiosos de cine, y quizás deje satisfechos a quienes se conformen únicamente con el trabajo del elenco. Sin embargo, en el más amplio sentido cinematográfico me cuesta trabajo recomendarla, pues sus fallas tal vez exceden sus virtudes. Y, para terminar en una nota positiva, diré que sigo considerando a Joe Wright como un interesante director, siempre y cuando encuentre un guión apropiado. Creo que El Solista es un mediano tropiezo en una carrera que podría sorprendernos en el futuro. Quizás entonces no sentiré que se desperdició el talento de sus actores.
Calificación: 6.5

sábado, 26 de septiembre de 2009

Terror en la Antártida (Whiteout)

Algunas de las mejores películas basadas en cómics no tienen nada que ver con super-héroes... y, como Terror en la Antártida demuestra, algunas de las peores tampoco necesitan mallas, capas y poderes para aburrirnos con una historia monótona y trillada. Hace más de diez años el estudio independiente Oni Press publicó la novela gráfica Whiteout (en forma de mini-serie), escrita por el entonces desconocido Greg Rucka, quien eventualmente se convertiría en una estrella del medio gracias a su notable trabajo en más populares títulos, desde Wolverine hasta Batman. Y aunque me gusta su moderno enfoque de esos héroes, nunca leí aquella novela gráfica, de modo que no trataré de evaluar la fidelidad de la adaptación cinematográfica que ahora nos atañe. Sólo diré que tampoco me quedaron ganas de leerla.

Como su título indica, Terror en la Antártida se desarrolla cerca del Polo Sur, en la base multi-nacional Amundsen-Scott, donde científicos y representantes de muchos países realizan estudios en uno de los más hostiles entornos del planeta. Ahí encontramos a la guapa Carrie Stetko (Kate Beckinsale), alguacil encargada de mantener el orden en la apartada instalación, donde reina una atmósfera de optimismo, pues la gran mayoría de sus habitantes están por regresar a sus hogares mientras pasa el duro invierno austral. Sin embargo la partida de Stetko podría retrasarse por una inesperada sorpresa: el descubrimiento de un cadáver en mitad del blanco desierto. Las inusuales circunstancias del aparente crimen (y sus repercusiones políticas) requieren que la alguacil inicie una detallada investigación, que pondrá en peligro su vida y la de sus compañeros, pues el asesino está entre ellos, y no se detendrá hasta eliminar a todos los testigos de un secreto sepultado en la nieve...

No estoy seguro si lo siguiente puede considerarse un spoiler, pero decidí incluirlo en esta crítica, pues estimo que hará más accesible la película para quienes esperan algo distinto (como me ocurrió a mi): A pesar de que el frío entorno de Terror en la Antártida evoca cintas de horror y ciencia ficción como The Thing, The Last Winter y Fritt Vilt, no hay elementos sobrenaturales o fantasiosos en la trama. Así de simple. La historia se reduce a un típico misterio policíaco, donde la protagonista sigue débiles pistas y su dudosa intuición para resolver un crimen y encontrar al culpable (o culpables) de los cada vez más numerosos asesinatos, así como la motivación de los villanos y el esperado "mcguffin" que impulsa la trama. Como vaga innovación en la receta tenemos la adición de un elemento "slasher" (en la forma de un asesino enmascarado), pero a fin de cuentas la película no llega más allá de un mediocre episodio de Murder, She Wrote ubicado en la nieve... y con una protagonista mucho más guapa que Angela Lansbury.

Además de su obvio atractivo físico, Kate Beckinsale es una decente actriz, aunque rara vez tiene oportunidad de demostrarlo. Su papel en Terror en la Antártida busca explotar simultáneamente ese talento dramático (bien empleado en cintas como Nothing But the Truth) y su aptitud para realizar convincentes escenas de acción (como logró en Underworld). Desafortunadamente el libreto no garantiza un desempeño de similar calibre, pues los personajes apenas llegan a los más burdos arquetipos del género, desde el compasivo mentor que apoya a la heroína (Tom Skerrit como un veterano doctor), hasta el misterioso agente que colabora en la investigación a pesar de su sospechosa actitud (Gabriel Macht, tratando de hacer que el público olvide The Spirit). El argumento parte de una premisa interesante, pero la desperdicia con demasiadas pausas y tangentes que diluyen el suspenso potencial de la situación, por no mencionar la conclusión blanda y perfectamente predecible que frustrará a quienes la hayan adivinado durante los primeros 15 minutos de la película.

Entonces, quien espere algún hirsuto monstruo, etéreo alien o tenebroso fantasma que añada suspenso a la simple trama policíaca, mejor rente algunas de las mencionadas películas de "horror invernal". Como dije, me gustó el comienzo de Terror en la Antártida, el establecimiento de su premisa y las actuaciones de Beckinsale y Skerrit (a quien recuerdo con cariño como el Capitán Dallas en la original Alien). Pero ninguno de esos débiles atributos justifica una recomendación, aunque supongo que los lectores de la novela gráfica original podrían interesarse en verla traducida a cine (luchen contra ese impulso, por favor). El director Dominic Sena prometía mucho tras el estreno de su impresionante debut, Kalifornia, hace más de quince años; sin embargo su filmografía declinó notablemente, y ahora Terror en la Antártida marca oficialmente el final de mi interés por su carrera. Mis disculpas, pero una gratuita escena de regadera con Kate Beckinsale no basta para convencer a este cínico fanboy.
Calificación: 5

viernes, 25 de septiembre de 2009

Rescate del Metro 1 2 3 (The Taking of Pelham 1 2 3)

Como un perro que orina el árbol frente a su casa, el director Tony Scott marca la película Rescate del Metro 1 2 3 con su abigarrado y frenético estilo visual, que al mismo tiempo provoca epilepsia en el público y elimina todo recuerdo de la versión original, filmada en 1974. Es fácil hacerlo, pues no se trata de una cinta particularmente famosa, y sospecho que poca gente la considera un clásico del cine universal; aún así fue un adecuado thriller con buenas actuaciones y realista "sabor" urbano. El re-make, por el contrario, no podría ser más artificial y forzado gracias a su obtuso libreto, complicada edición y, sobre todo, por el exaltado dramatismo con el que busca reemplazar el genuino suspenso de su predecesora.

La trama se centra en Walter Garber (Denzel Washington), supervisor del tren
subterráneo en Nueva York que súbitamente se encuentra negociando la liberación de varios rehenes cuando el ambicioso e inestable criminal Ryder (John Travolta) secuestra un vagón del tren con la aparente intención de extorsionar al gobierno y recibir una buena cantidad de dinero... aunque tal vez tenga un siniestro propósito adicional. Lo que deja claro desde el principio es que sólo quiere hablar con Garber, y conforme se extingue el plazo que el criminal fijó para recibir su dinero, cada uno de los hombres tratará de obtener más información sobre el otro, no sólo para salir con vida de la situación, sino para poder manipular mejor a su adversario.

En su más básica forma, el argumento se reduce a la extensa conversación entre el sencillo trabajador y el sagaz secuestrador. Idealmente, la fuerza de los personajes y la lucha de intelectos bastarían para hacer los diálogos interesantes y mantener la atención del público. Sobra decir que el guión no lo consigue y, para compensar, añade demasiados elementos periféricos diseñados para expandir la trama y sorprendernos con revelaciones inesperadas. Algunas funcionan, mientras que otras se sienten como irrelevante relleno. Peor aún, cuando finalmente descubrimos el alcance del plan concebido por el villano, cambia el foco de la historia y diluye la poca química que se había desarrollado entre los personajes. Y cuando llega al previsiblemente violento final, descubrí que no me importaba mucho quién gana o qué secretos guardaba el libreto.

A fin de cuentas la película logra entretener, pero casi por accidente, pues sus esfuerzos por emocionarnos terminan aburriendo o saboteando los contados elementos que realmente funcionan. Entre ellos está el talento y convicción de Denzel Washington, cuya sólida y centrada presencia funciona como antídoto contra la exagerada locuacidad del villano interpretado por John Travolta... y contra el característico despliegue de
distracciones y afectada cinematografía que Scott impone en el espectador a modo de “estilo”. Esta técnica me recuerda los comediantes que hacen mucho aspaviento, gritan y dicen muchas groserías contando un mal chiste; algunas personas ríen tan solo por el espectáculo; otras esperan el desenlace del chiste para ver si merece aplauso. Supongo que ambos enfoques son perfectamente válidos; sólo hubiera deseado que Rescate del Metro 1 2 3 se inclinara más por el segundo. Como recomendación alternativa puedo mencionar la mini-serie televisiva The Kill Point; también sigue la lucha por liberar rehenes durante un asalto (esta vez en un banco), pero la astucia de los personajes, la química entre héroes y villanos, y la motivación de los asaltantes muestran auténtico ingenio, en vez del hueco y fugaz delirio que Rescate del Metro 1 2 3 nos quiere hacer sentir con sus arbitrarios balazos y tediosas persecuciones.

Esta es la cuarta colaboración de Tony Scott y Denzel Washington, y creo que muchos coincidirán en que es también la peor, lo cual dice mucho cuando el criterio de comparación incluye Deja Vu y Man on Fire (divertidas pero en muchos aspectos ridículas). Sin embargo, admiro la tenacidad de ambos artistas, pues el próximo año nos depara una nueva colaboración (Unstoppable) con similar tema ferroviario. Sólo queda esperar que los tropiezos de Rescate del Metro 1 2 3 hayan servido como dura lección para aprender que... Olvídenlo ¿a quién engaño? Seguramente será otro refrito de la febril acción de Scott sostenida por el estoico trabajo de Washington. Al menos los perros aprenden de sus errores...
Calificación: 5

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Cine Clásico: Split Second (1992)

El intenso actor Rutger Hauer adquirió fama en su natal Holanda gracias a las películas que realizó con su paisano Paul Verhoeven (entre mis favoritas: Soldier of Orange y Spetters); sin embargo no obtuvo reconocimiento mundial hasta que interpretó al violento pero sensible "replicante" Roy Batty en la clásica Blade Runner. A partir de entonces su presencia se volvió común en el cine norteamericano de las tres siguientes décadas, y aunque sigue actuando en papeles más "dignos" que aprovechan su icónico estatus (como los que realizó en Batman Begins o Sin City), siento que sus mejores momentos como actor están en las múltiples "películas B" que realizó a fines del siglo veinte. Probablemente las más populares sean The Hitcher (versión original, desde luego) y Ladyhawke, pero mi favorita es la menos conocida Split Second.

Estrenada en 1992, la película se desarrolla en el lejano "futuro" del año 2008, cuando el calentamiento global ha provocado inundaciones en gran parte del mundo, incluyendo Londres, donde se ubica la historia. Ahí conocemos al rudo policía Harley Stone (Rutger Hauer), rebelde, indisciplinado y odiado por sus superiores, aunque todos reconocen su talento y devoción por la profesión. Pero una sombra oscurece su pasado: hace años Stone se enfrentó a un asesino serial llamado Scorpio, y durante la confrontación murió su mejor amigo. Como recuerdo adicional de tal fracaso Stone tiene grandes cicatrices en su cuerpo... y un extraño nexo psíquico con el asesino, lo cual será muy útil, pues el criminal está matando de nuevo... aunque las marcas de enormes dientes y el aterrado testimonio de los testigos sugieren que Scorpio ya no es humano, sino algo mucho más peligroso e impredecible. Entonces, auxiliado por su nuevo compañero, el recto y reflexivo Dick Durkin (Alastair Duncan), Stone debe atrapar al monstruo, y de paso salvar a su ex-novia Michelle (Kim Cattrall), quien parece haber sido elegida como la siguiente víctima.

Sé que este argumento suena exactamente igual a tantas otras cintas de suspenso de bajo presupuesto, en las que un atormentado policía alcohólico debe luchar contra sus propios demonios internos para redimirse y capturar a un asesino. Pero Split Second es totalmente distinta; para empezar, Stone no es alcohólico, sino adicto al chocolate y al café. Bueno, en realidad no es muy distinta, pero al menos nos ofrece brutal sangre y violencia, sarcásticas risas producidas por el travieso humor del libreto, y un antagonista sobre-humano que parece una mezcla de Alien y motociclista, impulsado por magia negra y referencias astrológicas que añaden un inesperado sabor sobrenatural a sus cruentos asesinatos. Y aunque se produjo a principios de los noventas, Split Second conserva el ochentero balance de ridículas posturas heroicas, modestos efectos prácticos, y una banda sonora electrónica (no, no es de Tangerine Dream) que trasciende su artificialidad y consigue acentuar las emociones de la trama. Y no hablemos del estilo visual, con suficiente neón, filtros azules y niebla artificial para filmar diez videos de Duran Duran.

Bajo la dirección correcta, Rutger Hauer puede ser un sólido actor de carácter, pero sus papeles en el cine de acción rara vez pueden considerarse "buenos". Sin embargo sus gélidos ojos y carisma europeo bastan para dar gravedad a personajes mal definidos, haciéndolos automáticamente más interesantes. Además, sospecho que Hauer tiene un sano sentido del humor, y reconoce tácitamente el absurdo de estos papeles, añadiendo el más sutil barniz de comedia a sus adustas interpretaciones. No hay mejor ejemplo de ello que la escena en Split Second donde Stone le muestra su placa de policía a un perro que gruñe amenazadoramente. La estrategia funciona y el feroz animal retrocede. ¿Lo que vimos fue un perro súper-inteligente, o un policía súper-estúpido? No lo sé, pero la mera existencia de esa escena incrementa mi aprecio por el actor. Además... ¿qué otra película mostraría a su rudo héroe despertando con una paloma en la cabeza?

Podemos confiar que toda película "B" que se precie de serlo usará como víctima al compañero del protagonista, para añadir motivación adicional en la persecución del villano. Split Second no deja que ese cliché impida la creación de un interesante "sidekick", en la forma de Alastair Duncan, cuya exagerada interpretación (lo digo como un cumplido) gana la simpatía del espectador, complementando maravillosamente bien al serio y agresivo anti-héroe. Me gusta también que eventualmente los papeles se invierten, y el neurótico Stone debe convertirse en la voz de la razón para controlar al cada vez más paranoico y enardecido Durkin. Además, la manufactura británica de la película aporta el beneficio de poblar los papeles secundarios con notables actores de carácter, cuya larga carrera teatral añade clase y credibilidad a este humilde proyecto. Así tenemos a los geniales Pete Postlethwaite, John Bennett e Ian Dury (sí, el cantante de culto new wave post-punk) llenando papeles genéricos que van desde el iracundo jefe de Stone hasta un despectivo policía. Y no puedo dejar de mencionar al excéntrico Michael Pollard como el "cazador de ratas", cuya actuación (quizás improvisada) se queda en la memoria a pesar de sólo durar unos cuantos minutos. En el aspecto femenino tenemos la agradable presencia de Kim Cattrall, cuya actuación no es buena, pero de cualquier modo apropiada para el papel de damisela en peligro. La mayor parte de la gente conoce a esta actriz como la liberal Samantha en Sex and the City, pero pocos saben que hace veinte años Cattrall se perfilaba como una potencial "scream queen" gracias a su trabajo en el género fantástico, desde la blanda comedia Mannequin hasta la divertida Big Trouble in Little China, sin olvidar su memorable aparición como la vulcana Valeris en Star Trek: The Undiscovered Country. Por eso es un placer verla (luciendo su esbelto físico, como siempre) en Split Second, mucho antes de que la televisión de cable la hiciera famosa.

Admito que Split Second es uno de esos "gustos adquiridos", cuya apreciación no será necesariamente compartida por todo el público. Pero al menos hay que reconocer su dinámica e innovadora implementación de un argumento rancio y predecible, con ayuda de sutil humor, buen diseño de producción (el monstruo será una réplica del Alien, pero no por eso deja de ser terrorífico) y la divertida química entre la "pareja dispareja" de Hauer y Duncan. Lamentablemente el DVD de Split Second fue descontinuado hace mucho tiempo (al menos en su forma legal), pero aún se pueden encontrar paleolíticas copias en VHS, quizás una tecnología más apropiada para disfrutar esta anacrónica película cuya semi-profética visión del siglo veintiuno sólo incrementa su cociente de entretenimiento. En cuanto a Rutger Hauer, me da gusto su casi legendario estatus actual, pero me gustaría verlo de regreso, aunque sea una vez más, en el más simple y divertido cine de acción de bajo presupuesto. Sospecho que el lacónico holandés aceptaría el reto.
Calificación: 8

lunes, 21 de septiembre de 2009

Obsesión Criminal (Anamorph)

Uf... otro thriller policíaco sobre la cacería de un asesino serial con pintorescos métodos de operación. No debería extrañarme... supongo que con el fin del verano tendremos ahora un período de "relleno" antes de que lleguen las películas "de prestigio" con aspiraciones al Oscar que se estrenan durante el otoño e invierno. Mientras tanto, los distribuidores exhibirán las rancias sobras que tengan por ahí, con la esperanza de capturar un poco de dinero durante la temporada baja. Muy bien... no tengo objeción contra esa estrategia; incluso las sobras pueden tener buen sabor si son preparadas por un hábil "cocinero".

Obsesión Criminal
no tuvo buen cocinero, aunque sus ingredientes sean de calidad ligeramente superior. El asesino serial en turno tiene la costumbre de expresar su creatividad convirtiendo a sus víctimas en obras de arte brutalmente sangrientas pero curiosamente cautivadoras. Su técnica favorita es el "anamorfismo", la cual oculta una imagen dentro de otra que sólo puede ser vista desde la perspectiva correcta (de ahí viene el título original de la película, "Anamorph"... ojalá no haya espectadores confundidos que esperen una versión cinematográfica de la serie infantil Animorphs). Y conduciendo la investigación está el detective Stan Aubrey (Willem Dafoe), lacónico y eternamente deprimido pues se siente culpable por la muerte de una mujer durante el arresto de otro asesino con similar manía. Sobra decir que nuestro detective contradice a sus superiores, bebe demasiado, y mantiene una extraña relación con Sandy (Clea DuVall), una ex-adicta e inestable mujer.

Lo que sí encontré levemente innovador fue la técnica del asesino, bien representada por excelente diseño de producción y realistas efectos especiales que transforman grotescas carnicerías humanas en obras de bizarra belleza y fuerza estética. Incluso por un momento tuve la esperanza de que el trillado argumento policíaco fuera sólo un marco para examinar provocativas disyuntivas éticas sobre la creación del arte y la justificación del homicidio en ese contexto (bueno, al menos desde el punto de vista de un maniático asesino). Pero no... nada de eso ocurrió. Simplemente el cansado desfile de escenas mostrando al detective deprimido, a sus superiores preocupados; a su rival despectivo; los "flashbacks" de la tragedia en su pasado. Y, desde luego, las múltiples "instalaciones" del asesino, que fueron lo mejor de la película porque al menos ofrecen imágenes poco vistas en este anquilosado sub-género.

Otro destacado ingrediente es el protagonista. Willem Dafoe ha tenido igual práctica como héroe y villano, de modo que su interpretación del melancólico detective muestra inusual profundidad, incluso si el libreto no aporta mucho material para dibujar al personaje. Obsesión Criminal no es tan mala que nos haga sentir pena por Dafoe; pero el recio trabajo del actor inspira a pensar qué tan buena pudo haber sido con un libreto más inspirado y un director con visión que llegara más allá de los burdos trucos digitales con los que pretende resolver la película. Y no quiero recordar el abrupto y vago final, que seguramente busca darnos pistas sobre ciertos misterios arrastrados desde el comienzo. Quizás si la viera nuevamente encontraría adicional significado que haría la experiencia más satisfactoria. Pero la cinta no es suficientemente buena para justificar una repetición.

Quien no haya visto muchas películas independientes sobre policías alcohólicos persiguiendo astutos asesinos, quizás encuentre interesante Obsesión Criminal. Supongo que el sólido trabajo de Willem Dafoe y las pesadillescas imágenes que nos ofrecen los artesanos de efectos especiales garantizan una poco entusiasta recomendación, atenuada por el cansado libreto, confuso final y pretenciosa ambición "artística" del director Henry Miller (no, no se trata del célebre novelista zombificado). Cada vez que se declara extinto el cine sobre asesinos seriales, vuelve con renovado ímpetu y menor creatividad; Obsesión Criminal fue un buen esfuerzo por superar esas bajas expectativas, aunque se quedó corta. Tal vez el siguiente aspirante descubra la mezcla justa de misterio, sangre e ingenio. Lo que será más difícil encontrar es interés en el género.
Calificación: 6.5

domingo, 20 de septiembre de 2009

Mi Segunda Vez (The Rebound)

Estas son las películas más difíciles de criticar... no aquellas que provocan náusea por su horrible calidad técnica o creativa; ni las que renuevan mi fe en el cine con algún inusual despliegue de genialidad... sino las simplemente mediocres que proveen la mínima cantidad de entretenimiento necesaria para no aburrirnos, pero sin ambición alguna de trascender esa básica función y decir algo más, o hacernos sentir algo. Pero bueno... la ventaja es que son ligeras para digerir y fáciles de olvidar.

Mi Segunda Vez
comienza con un súbito golpe a la estabilidad familiar de Sandy (Catherine Zeta-Jones). Mientras revisa el video de una fiesta de cumpleaños, la cuarentona pero atractiva ama de casa descubre una accidental grabación de su esposo en un acto sexual con otra mujer. Como consecuencia Sandy abandona al infiel marido y emprende la reconstrucción de su vida, encontrando un atractivo empleo y un nuevo departamento para vivir con sus hijos Sadie (Eliza Callahan) y Frank (Andrew Cherry). Pero la transición de ama de casa a madre trabajadora no es tan fácil, y la abrumada mujer termina contratando al afable joven Aram (Justin Bartha) para cuidar a los niños mientras ella trabaja. Y, claro, lo que comienza como relación laboral se transforma en romance; pero la marcada diferencia en edades podría traer problemas más graves que los simples chistes y miradas indiscretas de sus amigos y familiares...

La dirección de Bart Freundlich no podría ser más blanda e impersonal. Su previa filmografía de anónimas obras televisivas y cine independiente no genera grandes expectativas, pero sin duda pudo haber imprimido un poco más de creatividad o vida en el plano libreto. Habiendo dicho eso, debo admitir paradójicamente que entre los contados aciertos de Mi Segunda Vez está la naturalidad de los personajes y sus actitudes. Agradecí mucho que no hubiera "meet cute" (el encuentro casual y humorístico de los protagonistas con el que comienzan las peores comedias románticas), ni ridículas humillaciones públicas para demostrar el amor entre la pareja, ni artificiales obstáculos en el romance para generar suspenso sobre su invariable reconciliación. Bueno, sí hay obstáculos, pero se sienten más honestos y realistas por basarse lógicamente en las edades de los personajes. Lo que no encontraremos son apuestas, secretos, imposturas, traiciones o alguno de los otros trucos baratos que usan los guionistas para justificar el drama de sus pútridas comedias. Y aunque Catherine Zeta-Jones y Justin Bartha no sean exactamente una pareja candente, al menos se siente creíble su afinidad y atracción, a diferencia de tantos otros romances forzados por el libreto y carentes de "química".

Como dije, es una paradoja, porque quizás esos puntos positivos se convierten también en las fallas de la película. No sentí interés alguno en el futuro de la pareja, ni en su evolución. Los actores son atractivos pero no actúan mucho. De hecho, el único momento específico que perdura en mi memoria es una escena en la que Sandy asiste a una clase de defensa personal, y pelea contra un "criminal" disfrazado de luchador de sumo. Desde luego la escena está diseñada para generar risas, pero por un instante vemos en los ojos de la mujer la intensa emoción y frustración de su reciente divorcio. Recordé entonces que Catherine Zeta-Jones es una muy buena actriz cuando la película lo requiere, y es una lástima que por los limitados confines de la comedia romántica no se haya intentado siquiera explotar ese enorme talento. Pero bueno, al menos no le arrojaron un pastel a la cara, ni la hicieron emular las "graciosas" torpezas de Sandra Bullock o Kate Hudson.

Como punto de comparación, creo que me gustó más No Reservations, la previa comedia romántica de Zeta-Jones. Tuvo muchos clichés, pero me hizo reír y tuvo el apoyo de un mejor elenco secundario. No obstante, puedo darle una débil recomendación a Mi Segunda Vez, aunque sea tan sólo por ofrecer un enfoque más real y creíble del romance moderno. Pudo fácilmente haber sido una estridente comedia sexual sobre "cougars" y "MILFs", pero tomó un camino más sensible, aunque demasiado blando. Tampoco fue muy graciosa, ni emotiva, o siquiera romántica (aunque ¿qué se yo de eso?). Pero supongo que no ofenderá a nadie, e incluso podría inspirar a otras amas de casa con fantasías de inocuo romance para hacer más llevadero su auténtico matrimonio. Prometo no decírselo a nadie.
Calificación: 6.5

sábado, 19 de septiembre de 2009

Portadores (Carriers)

Después del viaje en el tiempo, creo que mi sub-género favorito de ciencia ficción es “el fin del mundo”. Mis relatos preferidos sobre el tema están confinados a la literatura (Blood Music, de Greg Bear; y Earth Abides, de George R. Stewart), y espero que se queden ahí. Pero en el cine siempre disfruté el concepto de un planeta Tierra casi vacío, ya sea realizado con minimalistas imágenes (como en la saga de Mad Max) o visualizado con la épica paleta de los efectos especiales modernos (como en The Day After Tomorrow). No sé si disfruto esas historias por la latente misantropía que me hace añorar la Tierra libre de la infección humana, o si sea simplemente porque es un concepto provocativo, que muchos artistas han aprovechado para examinar a la humanidad en su más pura condición, reducida a la lucha por la supervivencia y preservación de la especie. Como sea, la película Portadores pertenece a tal sub-género, y aunque me decepcionó en muchos aspectos terminó dejándome más o menos satisfecho... una vez que entendí su propósito.

Portadores no pierde tiempo con tediosas narraciones para explicar la situación en la que encontramos a los protagonistas. Brian (Chris Pine), su hermano menor Danny (Lou Taylor Pucci) y las muchachas Bobby (Piper Perabo) y Kate (Emily VanCamp) conducen por una desértica autopista hacia la playa que visitaban en su infancia. Pero no se trata de una alegre vacación juvenil, sino una desesperada peregrinación en busca de refugio a largo plazo, pues una enfermedad contagiosa ha exterminado a gran parte de la humanidad, destruyendo todos los servicios públicos y estructura social. Los escasos sobrevivientes pasan su tiempo en busca de provisiones, y la lucha por gasolina, agua o alimento es frecuentemente mortal. Y así vemos cómo ese primitivo entorno altera drásticamente los cómodos conceptos de humanidad que hoy damos por sentados.

Gracias a la cobertura que Portadores tuvo en Fangoria y sitios de Internet especializados en lo macabro, yo esperaba una simple película de terror post-apocalíptico al estilo de la más reciente Resident Evil o (con suerte) la obra de George A. Romero. Ahora, después de verla, creo que es mucho más preciso describirla como un intenso drama, pues su argumento ignora la fantasía para centrarse totalmente en el desmoronamiento de la humanidad moderna, y el reemplazo de la “civilización” por un sistema de valores casi animales, en los que la compasión y altruismo se han convertido en artefactos obsoletos y hasta peligrosos, ya que obstruyen con emociones el más llano objetivo de la supervivencia. Entonces, no hay que esperar batallas contra zombies, "headshots", canibalismo o elementos sobrenaturales. Portadores se limita a reflejar (con bastante éxito) uno de los más básicos temores expresados en el género fantástico: el hombre es el peor enemigo del hombre.

Debo advertir que llegué a tales conclusiones hasta muy avanzada la película. La primera hora estuve refunfuñando por la exasperante estupidez de los personajes, sus odiosas actitudes y la increíble falta de lógica en el libreto. Por ejemplo, ¿quién elige un elegante Mercedes Benz como vehículo para explorar el mundo post-apocalíptico? ¿Por qué los protagonistas tienen solo una triste pistola para defender sus vidas y provisiones? La película sugiere que los jóvenes se han mantenido vivos durante mucho tiempo (quizás años) gracias a varias inflexibles reglas que establecieron como código de conducta ¿Por qué entonces se comportan como niños indisciplinados cuando encuentran posible refugio? En fin, hay demasiadas escenas similares, en las que la creación de "drama" sacrifica la consistencia del libreto. Entiendo esa necesidad, pero creo que pudo cubrirse con un poco más de integridad e inteligencia.

Por lo demás, las actuaciones me parecieron adecuadas, pero es difícil evaluarlas cuando todos los diálogos son gritos y recriminaciones. Los efectos especiales son escasos (como dije, no es una cinta de horror sangriento) y la sensación de aislamiento y aridez está bien recreada con ayuda de las desérticas locaciones. El final es apropiadamente realista y desalentador, aunque me parecieron risibles los filosóficos monólogos que pretenden darnos una profunda lección de vida. A fin de cuentas Portadores es un impresionante debut norteamericano de los hermanos Pastor (Alex y David), cineastas catalanes que obtuvieron independientemente cierto renombre por su trabajo en su natal España. No digo que hayan llegado los redentores del drama fantástico, pero ciertamente me interesará seguir su carrera, y puedo recomendar esta película a quienes busquen un buen rato de post-apocalíptico suspenso... siempre y cuando no les moleste soportar algunos antipáticos personajes.
Calificación: 7.5

viernes, 18 de septiembre de 2009

Dorothy Mills, El Exorcismo (Dorothy Mills)

Dorothy Mills es claro ejemplo de una película corta en innovación que logra ser rescatada de la mediocridad por la fuerza de sus actuaciones y su angustiosa atmósfera, complementada por increíbles locaciones y deslavada cinematografía. Aunque la película resulta moderadamente satisfactoria, no puedo ignorar la tenue decepción que provoca el desperdicio de tan buenos elementos en una historia previsible, inconsistente y en ocasiones lenta. No obstante, creo que merece una ligera recomendación, especialmente si la comparamos con tantos recientes "thrillers" que también reciclan sus ideas, pero con menor talento y visión.

El argumento gira en torno a la inves
tigación que realiza la psicóloga Jane Morton (Carice Van Houten) sobre la condición mental de la joven Dorothy Mills (Jenn Murray), acusada de haber torturado a un bebé que estaba cuidando. Las circunstancias del crimen son inciertas, y los tribunales quieren cerciorarse de que la muchacha tenga la capacidad mental para ser enjuiciada. Pero Jane encuentra numerosos obstáculos en su indagación; para empezar, los hechos ocurrieron en una remota isla irlandesa, y sus aislados habitantes se muestran hostiles y despectivos hacia la doctora de la ciudad, que parece invadir su territorio con "ciencia" que descarta las sencillas tradiciones y costumbres de la comunidad. Y aunque Jane supone que los problemas de Dorothy obedecen a una rara pero tratable enfermedad mental, algunos vecinos aseguran que se trata de influencia sobrenatural. La psicóloga descarta tales supersticiones... hasta que empieza a experimentar eventos que no puede explicar. ¿Quién tendrá razón? ¿Y sobrevivirá la doctora para averiguarlo?

Las mesuradas actuaciones de Carice Van Houten y Jenn Murray sirven como un eje emocional rebosante de contraste y riqueza dramática. La lacónica psicóloga es el ancla que mantiene bajo control a la violenta Dorothy, víctima de las fuerzas (naturales o paranormales) que la llevan al borde de la locura. Además, el obligatorio pasado tormentoso de ambas funciona como motivación compartida para resolver los problemas que las acechan. Si alguna de las actrices fallara en su desempeño la película colapsaría bajo el peso de sus clichés, y por los exagerados giros de su rebuscada historia. Afortunadamente ambas cumplen impecablemente su labor, y de paso logran que Dorothy Mills rebase los modestos confines de su original lanzamiento en DVD. Me dio gusto que al menos en mi país tuviera exhibición en cines, después de tantos chascos del mismo género que prometen mucho y logran poco.

Dorothy Mills repite temas y elementos de Half Light (la memoria de un niño ahogado), The Exorcism of Emily Rose (la lucha entre ciencia y religión), The Dark (pueblo del Reino Unido con macabros secretos en su pasado... y muchas ovejas), The Wicker Man (culto religioso en una isla) y otras más que no quiero revelar para evitar los temidos "spoilers". Esta variedad de "inspiraciones" sirvieron como distracción en sus más cansados momentos, pues encontré interesante identificar de dónde había salido tal o cual escena... con lo cual quiero decir que ya hemos visto todo lo que ofrece esta película, aunque admito que está bastante bien hecha. La dirección de Agnès Merlet mantiene la energía baja, casi somnolienta; pero compensa con buenas dosis de tensión inducida por la incertidumbre que compartimos con la protagonista sobre el misterio principal. El deprimente paisaje sumido en lluvia y neblina no sólo funciona como perfecto marco de los perturbadores eventos, sino como explicación del aislamiento y apatía de los habitantes, así como su agresividad antes los "extraños". Ojalá se hubiera puesto igual cuidado en el guión, que en más de una ocasión nubla intencionalmente la "realidad" de la historia con decisiones estilísticas tal vez diseñadas para generar ambigüedad, pero que me parecieron simples trucos para confundir al espectador y hacerle sentir que estaba viendo una película mejor construida o más profunda.

A fin de cuentas considero que Dorothy Mills fue una experiencia positiva. Quizás la ambivalencia que siento por su balance de fallas y aciertos denota que sus creadores mostraron mayor ambición creativa de la usualmente encontrada en este tipo de películas, lo cual siempre admiro... aunque el resultado no sea perfecto. Pero con las expectativas correctas se puede disfrutar como adecuada distracción con suficiente suspenso para satisfacer a un público poco exigente. Su título en español (El Exorcismo) sugiera algo intenso y terrorífico; sin embargo conviene aclarar que la película no busca realmente asustarnos, sino inquietarnos con la extraña condición de la epónima Dorothy, y hacernos partícipes en la intriga de un análisis psicológico que tal vez invite a cuestionar nuestras propias creencias. En ese aspecto funciona; pero no hay que esperar vómito verde o cabezas giratorias. Por eso me gustó la sutileza de Dorothy Mills, y su "minimalista" interpretación del miedo religioso; muchas veces menos es más.
Calificación: 7