Como decía mi abuelito: "Zapatero a tus zapatos".He leído comics desde niño, pero quizás los hubiera dejado atrás junto con la infancia (como le ocurre a mucha gente) si no hubiera sido por la obra de Frank Miller. Su famoso período en Daredevil, seguido por su doble triunfo revitalizando a Batman (con The Dark Knight Returns y Batman: Year One) llegó en el momento justo para enseñarme las alturas narrativas y visuales a las que podían llegar los comics cuando se atrevían a trascender los entretenidos pero vacuos nichos de super-héroes y humor infantil (aunque también le debo ese favor a Grant Morrison, Alan Moore y Neil Gaiman). Y aunque la posterior carrera de Frank Miller nunca igualó esas icónicas obras, sobra decir que se ha mantenido como un pilar en el arte secuencial, cuyos trabajos continúan avanzando los límites del medio y estableciendo estándares que el resto de sus colegas aspiran a seguir.
Por todo eso y más, sus fans quedamos encantados con la noticia de que, tras el éxito comercial y artístico de la película Sin City (inspirada en otra de sus famosas obras), Miller mismo se encargaría de escribir y dirigir la adaptación fílmica del seminal comic The Spirit, creado por el legendario Will Eisner, quien durante los cuarentas y cincuentas básicamente modernizó el naciente medio del comic y resultó ser tan influyente en el futuro de esta disciplina como medio siglo después lo sería Frank Miller. Las optimistas noticias siguieron llegando con la lista de estrellas (especialmente femeninas) que se integraron al elenco, y aunque el papel principal quedó en manos de un actor casi desconocido, tuve confianza en que Miller sabía lo que hacía, y que de ninguna manera traicionaría la obra de Eisner, su ídolo, amigo y mentor. Pero, como en uno de los amargos y cínicos finales del comic The Spirit, nuestro optimismo fue grotescamente pisoteado por la película que ahora tenemos que sufrir.
The Spirit sigue las aventuras del epónimo héroe, alter-ego del ex-policía Denny Colt (Gabriel Macht), quien después de morir en el transcurso de su peligrosa profesión regresa a la vida como un vigilante justiciero e inmortal, protegiendo a los ciudadanos de Ciudad Central contra los coloridos villanos que acechan en sus calles. Al principio de la película conocemos al Pulpo (Samuel L. Jackson), eterno enemigo de Spirit, quien desesperadamente busca un artículo que le conferirá gran poder; pero por diseño o accidente el valioso objeto cae en manos de Sand Saref (Eva Mendes), amiga de Colt que prefirió seguir una vida criminal. Y así, durante casi dos horas vemos un desfile de ambiguas y tediosas escenas que de algún modo siguen la obsesión del Pulpo con su invaluable objeto y de Colt con capturar al Pulpo. Enjuague y repita.
La verdad es que hay muchas cosas positivas en The Spirit, pero por cada vistosa imagen, seductora "femme fatale" o graciosa línea de diálogo, hay que soportar un guión turbio e incoherente, repleto de aburridos monólogos y escenas que no parecen tener punto, quedándose además mucho más tiempo del que necesitan... o merecen. Podría achacar tales fallas al editor de la película, pero eso no explica las planas actuaciones ni el más plano nivel emocional de la película, que pretende ser operática y extravagante, pero que sólo consigue frustrar con sus constantes cambios de tono y su pretenciosa actitud. No hace falta decir que Miller seguramente vio trabajando a su colega Robert Rodríguez en Sin City y decidió copiar el mismo estilo visual (después de todo, él lo inspiró con sus novelas gráficas) y técnica de personajes reales sobre fondos digitales. Es una lástima que lo que no copió fue la más básica labor del director: guiar a los actores, proveer contexto emocional y orquestar escenas con ritmo y significado. El resultado es una cinta visualmente impresionante pero narrativamente hueca, que efectivamente ignora todo lo bueno del comic The Spirit y abraza todo lo malo del cine moderno.
En fin, no culpo a Miller por haber reunido un elenco de guapas actrices para dar vida a las múltiples mujeres que habitan el mundo de Spirit, sólo para después ignorar sus actuaciones; tampoco lo culpo por haber fallado al escribir un libreto para cine, que obviamente requiere talento muy distinto al necesario para crear un gran comic. Pero sí lo culpo por la arrogancia representada en esta película, que muestra todos los síntomas de haber sido creada por un "artista" más interesado en el estilo que en la sustancia de su obra. Jeph Loeb, otro gran escritor de comics, estuvo envuelto en la temprana pre-producción de The Spirit, y supuestamente su interpretación de la historia era más parecida al cine "noir" de los cuarentas, lo cual hubiera resultado más apropiado para respetar el espíritu de The Spirit (je). Pero Miller descartó el trabajo de Loeb cuando se incorporó al proyecto, y aunque su nueva visión es definitivamente atractiva en un nivel, pierde toda relevancia al carecer de aventura, suspenso y emoción. De cualquier modo seguiré admirando a Miller... siempre y cuando se quede en el medio artístico que mejor domina. Zapatero a tus zapatos... y dibujante a tu tintero.
Calificación: 5



















