
Allá por el año 2005 George W. Bush comenzó su segundo período como presidente; Corea del Norte anunció que poseía armas nucleares; y el Papa Juan Pablo II falleció tras una larga enfermedad. Pero el año mejoró (o empeoró) considerablemente cuando Jessica Alba apareció en bikini en la película Into the Blue, cuya sencilla historia parecía una excusa para mostrar a la joven actriz (pre-embarazo) nadando ondulantemente en las azules aguas de Las Bahamas, en busca de un tesoro submarino o huyendo de peligrosos narcotraficantes. Creo que también ocurrían otras cosas, pero mi mente piadosamente las ha bloqueado.
Ahora, el año 2009 nos encuentra con nuevo presidente en Estados Unidos, nuevo Papa, nuevos proyectiles coreanos... y la secuela Into the Blue 2: The Reef, que intenta duplicar el tono y atractivo de la cinta original, fallando miserablemente y hundiéndose bajo el peso de su incompetencia. Esta vez la acción se desarrolla en Hawaii, donde encontramos a Sebastian (Chris Carmack) y su novia Dani (Laura Vandervoort) trabajando en su desvencijado yate acarreando turistas y dando lecciones de buceo. Pero el joven tiene una secreta obsesión: encontrar el tesoro del buque español San Cristóbal, hundido en los alrededores de Oahu en el siglo diecisiete. Tras cuatro años de infructuosa búsqueda, Sebastian y Dani empiezan a cuestionar su difuso estilo de vida, pero el viento cambia de rumbo cuando son contratados por los enigmáticos Carlton (David Anders) y Azra (Marcha Thomason) ¡para buscar precisamente ese tesoro submarino! ¡Qué coincidencia! Desafortunadamente al poco tiempo se revela que el auténtico propósito de la expedición es recuperar varios cofres metálicos que un contrabandista abandonó en mitad de un arrecife cuando fue abordado por la guardia costera. Sobra decir que el contenido de los cofres resulta ser más siniestro de lo que la pareja suponía... y deberán usar todo su ingenio para escapar del inestable Carlton y de los múltiples mafiosos que también desean recuperar los cofres.

Hablando de personajes, debo señalar la absoluta repulsión que genera la pareja de Mircea Monroe ("Kimi") y Mark Kubr ("Milos") como los mejores amigos de los protagonistas. Gran parte de la primera hora se ocupa en examinar sus problemas románticos, y durante largo rato no supe si sus personajes estaban diseñados para ser comic relief, o para aportar un par de breves desnudos, o simplemente como relleno narrativo. Eventualmente se revela que la película quería hacerlos entrañables para tener mayor impacto cuando se convirtieran en víctimas potenciales de los criminales que persiguen a los héroes. Pero en realidad son una pérdida de tiempo tan grande como este párrafo que los describe.

Admito que la media hora final recupera un poco de interés cuando nos revela el contenido de los misteriosos cofres; honestamente no esperaba esa noticia, ni la auténtica motivación de los villanos. Pero es tan sólo otra oportunidad perdida que no se aprovecha para mejorar la película, sino sólo para hacernos desear que alguien con más ingenio o creatividad hubiera realizado esta inútil secuela, que desde luego no puedo recomendar para nadie, excepto quizás para fans de la serie Smallville que tengan deseos de ver a Supergirl en bikini. No es Jessica Alba, así como Into the Blue 2: The Reef no se acerca siquiera a la original Into the Blue... lo cual puede sonar como halago, pero en realidad es el más amargo insulto. No gasten su dinero ni su tiempo buscando entretenimiento oculto en estas mediocres arenas.
Calificación: 5
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