viernes, 9 de diciembre de 2011

El Enviado (11-11-11)

Antes que nada, una breve introducción para los "no iniciados". Desde hace varios años (quizás décadas) empezó a formarse un movimiento "new age" (por llamarlo de algún modo) en torno a los números 11:11, los cuales estaban encontrando muchas personas en relojes (y otras cotidianas ocurrencias) con una frecuencia que excedía el simple azar... casi como si fuera un mensaje cósmico de incierto significado. Entonces, los "expertos" en estos temas empezaron a formar una compleja mitología alrededor de esos números (y otros similares, como 12:34, 2:22, etc.), que sugería influencias sobrenaturales, entidades celestiales y, desde luego, profecías centradas en las fechas que incluyen tales números. Independientemente de la legitimidad de este movimiento (el cual, en mi humilde opinión, tiene la misma credibilidad que los "demonios de las multitudes" y el estudio de los "rods"), el director Darren Lynn Bousman decidió realizar una película centrada en dicho tema para aprovechar la cercanía del 11 de Noviembre del 2011 (11-11-11). Sobra decir que la fecha vino y se fue sin consecuencia aparente; pero bueno, aunque sea tarde nos llega la película 11-11-11 (titulada en México "El Enviado") para disipar nuestras dudas... o profundizar el misterio.

Al principio de El Enviado conocemos a Joseph Crone (Timothy Gibbs), un exitoso escritor de misterios que sufre una severa depresión tras el fallecimiento de su esposa e hijo en un incendio que tuvo sospechosas conexiones con los números 11:11. Empeorando la situación, Crone sufre un horrible accidente automovilístico el 8 de Noviembre del 2011, aunque sobrevive milagrosamente; y ese mismo día recibe la noticia de que su padre está agonizando en Barcelona, donde lo cuida su hermano Samuel (Michael Landes), cuya intensa fe cristiana siempre chocó con el escepticismo de Joseph. Sintiéndose culpable por haber abandonado tanto tiempo a su familia, el escritor viaja a España el 9 de Noviembre... y de inmediato empieza a experimentar extraños eventos, como la presencia de amenazadoras figuras en las sombras de la vieja casona donde languidece su padre. Entonces, a pesar de sus reservas sobre todos los temas espirituales, Crone reconoce gradualmente que está pasando algo extraño, y todo apunta a que su destino será determinado por lo que ocurra el 11 de Noviembre del 2011, fecha que está a unos días de cumplirse.

Creo que hay algunas buenas ideas en El Enviado, y una honesta intención de fusionar las creencias espirituales con un punto de vista pragmático y escéptico. Sin embargo el director y guionista no supo exactamente cómo conciliar la mitología del 11:11 con sus experimentos dialécticos sobre religión e influencia divina (o satánica), de modo que el libreto degenera rápidamente en una confusa mezcla de tediosas conversaciones entre el escritor ateo y su hermano sacerdote; y varios intentos por asustarnos con las siniestras entidades que rodean a los personajes. A decir verdad, la dirección de Bousman logra orquestar un par de genuinos sobresaltos realizados "a la antigua", sin efectos digitales ni exageraciones melodramáticas. Pero conforme pasa el tiempo y no vemos la relación de los "sustos" con la trama principal, el proceso termina sintiéndose repetitivo y artificial, como un desesperado intento por mantener el "status" de película de terror, pero sin resolver la frustrantemente ambigua mitología que el guión trata de forjar.

A pesar de todo debo confesar que me gustó el desenlace de El Enviado, cuando por fin se atan los cabos sueltos y se revela la importancia de la fecha, así como el propósito de los mensajes cósmicos recibidos por el protagonista. Lamentablemente esto ocurre en los últimos dos o tres minutos de la cinta, y además requiere el viejo truco de repetir muchas escenas para que, retrospectivamente, nos demos cuenta de su importancia y de su función en el rompecabezas de la trama. O, con más cinismo, podríamos verlo como un débil esfuerzo por decir "¿Ven? ¡Todo estaba planeado desde el principio!", mientras que la sensación que deja El Enviado es de una historia improvisada y caprichosamente armada con elementos que nunca "pegaron" mientras la veíamos. En lo que respecta a sus aspectos técnicos, la cinta es razonablemente competente; las actuaciones cumplen su función sin pena ni gloria; las locaciones españolas aportan una atmósfera sombría (aunque no negaré que también le da un cierto aire a Filmax - no lo digo como insulto) y la cinematografía aporta considerable suspenso con las bien planeadas apariciones de entidades en rincones oscuros que nos dejan dudando si realmente vimos algo o si fue nuestra imaginación.

Honestamente no sé si hubiera sido posible realizar una buena película fundamentada en algo tan arbitrario e incompleto como la mitología del 11:11; quizás Bousman debió expresar sus ideas en un entorno más puro, sin contaminarlo con teorías "new age" carentes de lógica o fundamento; por otro lado, eso no le hubiera dado la gratuita publicidad de la fecha 11-11-11 ni la curiosidad de quienes conozcan estos temas. También vale advertir que NO es una película apocalíptica, al estilo de 2012 o Knowing, así que no esperen catástrofes ni destrucción global. De cualquier modo no puedo recomendar El Enviado ni como pseudo-estudio de espiritualidad alternativa, ni como un misterio interesante, y mucho menos como película de terror, pues aunque ofrece buena atmósfera, un sólido final y un par de honestos escalofríos, la trama es tan lenta y enredada que pone a prueba nuestra paciencia para tolerar su tergiversada premisa. Es una lástima, pues generalmente he disfrutado el trabajo de Bousman en el cine fantástico (por ejemplo Mother's Day, Saw II y Saw III) y siento que conoce suficiente del género para evitar sus más comunes trampas. Desafortunadamente en esta ocasión no vio las señales de un bodrio, hasta que fue demasiado tarde para quienes tuvimos la mala suerte de verlo. Quizás eso es lo que los números trataron de advertirnos durante todo este tiempo.
Calificación: 5-5-5

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Chillerama

Me da gusto que el formato de antología esté regresando lentamente al cine de terror, pues aunque tiene sus riesgos particulares (segmentos demasiado breves o largos, calidad impredecible, incompatibilidad de temas, etc.) a fin de cuentas nos ofrecen varios relatos cortos, lo cual incrementa las probabilidades de encontrar uno que nos guste; e incluso si los demás no son particularmente buenos, al menos serán cortos y pasarán rápido. El año pasado, alrededor de estas fechas, pudimos disfrutar la notable Trick 'r Treat; y ahora llega la pintoresca Chillerama con cuatro historias dirigidas por sendos directores cuyo nombre y experiencia en el género de terror nos dan cierta confianza de que veremos algo fuera de lo común. O al menos entretenido.

Y vaya si Chillerama cumple. Su tono vulgar y su estilo "retro" podrán decepcionar a los fans del horror más solemne y formal, pero quien sepa apreciar el negrísimo humor de los relatos y el burdo homenaje que hacen al cine clásico, sin duda quedará satisfecho con los excesos estilísticos, ingeniosas premisas y grotesco "gore" que ofrece esta energética producción independiente, sin duda destinada a la categoría de culto en años futuros.

Al principio de Chillerama nos enteramos de que el autocinema Kaufman se dispone a cerrar sus puertas para siempre. Pero en su última noche de operación el afable dueño preparó un programa único, titulado "Chillerama", donde exhibirá varias películas de terror de extrema rareza, lo cual atrae a un gran número de fans ansiosos por ver estas olvidadas joyas del género fantástico. Desafortunadamente uno de los empleados del autocinema tuvo un "encuentro cercano" con un zombie (el cadáver de su ex-esposa, nada menos), y conforme avanza la noche se extiende la infección entre la audiencia, hasta que la plácida noche de cine se convierte en una orgía (literalmente) de sangre, vísceras y violencia.

Pero antes de que eso ocurra, veremos las tres películas elegidas por el afable Sr. Kaufman (Richard Riehle). La primera es Wadzilla, un homenaje al cine de monstruos gigantes de los cincuentas, con un giro decididamente escatológico. El protagonista es Miles Munson (Adam Rifkin), un tímido oficinista con problemas reproductivos que el Dr. Weems (Ray Wise) trata de solucionar con una medicina experimental. Sobra decir que la condición de Munson empeora rápidamente... y, para colmo, todo esto ocurre durante la primera cita con la chica de sus sueños. La segunda película es I Was a Teenage Werebear, y comparte la estética de los "musicales de playa" de los sesentas (al estilo de Gidget y Beach Blanket Bingo). El protagonista es Ricky (Sean Paul Lockhart), un estudiante "confundido" que no está muy interesado en su atractiva novia. Pero cuando es mordido por el misterioso Talon (Anton Troy) comienza una terrible transformación que lo obligará a definir de una vez por todas su preferencia sexual. Finalmente, la tercera película es The Diary of Anne Frankenstein, en el que el mismísimo Adolf Hitler (Joel David Moore) descubre el diario del Dr. Victor Frankenstein y procede a construir con piezas de cadáveres su propia criatura, la cual entrenará para matar a sus enemigos (o incluso a sus asustados subordinados). Desafortunadamente la criatura parece tener un origen étnico muy poco compatible con Hitler y su doctrina nazi...

Los directores de Chillerama son más conocidos por cintas tan variadas como Detroit Rock City (Adam Rifkin), Hatchet (Adam Green), 2001 Maniacs (Tim Sullivan) y Wrong Turn 2: Dead End (Joe Lynch), pero lo que tiene su obra en común es un exuberante sentido del humor y una energía que ayuda a distraernos de sus ocasionales fallas. Lo mismo ocurre con Chillerama, aunque podríamos decir que muchas de sus "fallas" son en realidad referencias intencionales a las películas que emulan. Wadzilla emplea simpáticos efectos prácticos (cortesía de los siempre creativos Hermanos Chiodo), pero tiene el peor trabajo de "green screen" que he visto en tiempos recientes. I Was a Teenage Werebear usa máscaras caseras en sus monstruos, así como los más baratos "props" de plástico para representar el desmembramiento de sus víctimas; pero lo peor son los números musicales, horriblemente producidos e interpretados por voces que sería amable llamar "amateur". El segmento Zom-B-Movie (que engloba las demás historias) se siente más moderno y menos afectado, aunque tampoco podríamos aplaudir sus zombies caseros e ineptos fluidos "day-glo". Finalmente, The Diary of Anne Frankenstein (mi segmento favorito, por cierto) evade algunos de estos problemas con sólida cinematografía monocromática e hilarantes detalles de edición y diseño que enorgullecerían al mismísimo Ed Wood.

Lo asombroso es que, a pesar de tantas limitaciones (intencionales o accidentales), Chillerama resulta ser una experiencia muy entretenida, graciosa y hasta inteligente por la sagacidad con la que captura la esencia de los períodos históricos que la inspiraron. Por lo tanto merece una sincera recomendación, con la obligatoria advertencia de que su vulgar sentido del humor podría ofender a algunos espectadores. Pero bueno... quiero pensar que quienes reconozcan las películas previas de estos directores estarán preparados para el espermatozoide carnívoro de Wadzilla, para el romance homosexual entre "hombres-oso" de I Was a Teenage Werebear, y para la incorrección política de The Diary of Anne Frankenstein. Más antologías como esta, por favor; su ejecución podrá ser algo rústica, pero respeto su honesta intención de divertirnos a toda costa, y su obvio amor por el género de terror. De hecho, me gustaría que Chillerama se convirtiera en el comienzo de una franquicia con entregas anuales; hay mucho material para satirizar, y muchos directores que merecen la oportunidad de trabajar en este formato más flexible y creativo. Bueno, creo que hasta Uwe Boll podría sorprendernos bajo estas condiciones.
Calificación: 8.5

lunes, 5 de diciembre de 2011

Anónimo (Anonymous)

Como aficionado a la literatura sobre conspiraciones, "conocimiento secreto" y demás curiosidades históricas de dudosa veracidad, he leído un poco sobre las teorías que proponen la falsedad de William Shakespeare como autor de las obras teatrales, poemas y sonetos que lo hicieron tan famoso... y, honestamente, no me parecen teorías muy convincentes. Incluso sin ser historiador, y sin confirmar las contradicciones de fechas y lugares, me queda claro que el punto focal de estas "conspiraciones" es simplemente alegar que Shakespeare no pudo haber escrito las más aclamadas obras del lenguaje inglés porque no tenía las conexiones sociales, educación o cultura necesarios para lograrlo. En otras palabras, estos investigadores suponen que la genialidad de un individuo está determinada por su dinero o posición social, y que ningún "plebeyo" podría poseer el talento necesario para destacar en su oficio. Bajo esa lógica, todos los millonarios deberían ser genios artísticos y científicos... y sin embargo seguimos esperando que Paris Hilton cure el cáncer.

Pero bueno... aparentemente el director Roland Emmerich quiso llevar a la pantalla un relato basado en tales hipótesis para demostrar de una vez por todas que es un director "serio", y que no todas sus películas necesitan mostrar catástrofes globales, invasiones extraterrestres o épicas batallas. En cierto modo creo que hizo un buen trabajo, pero quizás debió afinar el libreto (escrito por John Orloff), pues sus frecuentes saltos cronológicos, intrigas cortesanas y numerosos personajes hacen la historia confusa, lenta y a veces aburrida. Afortunadamente las cosas mejoran conforme avanza la trama, y para el final no importa mucho si Anónimo fue una absoluta falsedad histórica, ya que su argumento se torna interesante, ágil y satisfactorio.

Como dije, hay demasiados personajes en juego, y casi medio siglo de historia comprimidos en las dos horas y cuarto de Anónimo, así que solo mencionaré los elementos principales: Edward de Vere, el Conde de Oxford (Rhys Ifans) es un respetado miembro de la aristocracia que usa su talento literario para escribir obras teatrales con fuertes mensajes revolucionarios. Para proteger su reputación (y su vida), Edward recluta al joven escritor Ben Jonson (Sebastian Armesto) como "frente" para tomar el crédito por los libretos. Sin embargo un inculto y borracho actor llamado William Shakespeare (Rafe Spall) se da cuenta del plan, y sorpresivamente se adjudica la autoría de las aclamadas obras. Al mismo tiempo vemos cómo los manuscritos de Oxford resuenan entre la corte y la realeza. La Reina Isabel (Vanessa Redgrave) aplaude el humor e ingenio de las obras, mientras que el puritano William Cecil (David Thewlis) las condena como "obra del diablo". Y así van entretejiéndose ambas narrativas hasta culminar en golpes de estado, ejecuciones e indulgencias, explicándonos por qué hasta el día de hoy seguimos considerando al “idiota” Shakespeare como figura central del lenguaje inglés.

Como podemos suponer, no hay aliens o dinosaurios en Anónimo; sin embargo eso no significa que la cinta carezca de efectos especiales. Por el contrario, Emmerich no resistió la tentación de usar las más modernas técnicas de captura digital y escenarios virtuales para recrear el Londres del siglo dieciséis, lo cual logra con absoluto realismo y atención al detalle; desde el lodo en el piso hasta la increíble réplica del célebre teatro Globe (donde Shakespeare puso en escena sus obras para el público londinense - en la vida real), todos los elementos visuales son sobresalientes, aunque quizás de vez en cuando llaman la atención más de lo necesario. El aspecto narrativo sufre también de excesos, y estimo que la cinta pudo durar media hora menos eliminando algunos de los más enredados planes de los villanos (o incluso de los héroes), y quizás preocupándose menos por la (aparentemente numerosa) descendencia ilegítima de la "reina virgen". De hecho, siento que un enfoque más "indie" hubiera hecho que Anónimo se convirtiera en auténtico "cine de arte", en vez de ser un costoso capricho disfrazado de película culta.

Como sea, creo que Emmerich demostró que puede hacer cine con ideas, aunque sigo sin aceptar sus teorías sobre William Shakespeare (para el caso, Kit Marlowe o el mismo Ben Jonson parecerían candidatos más verosímiles para satisfacer la conspiración). Los actores hacen un sólido trabajo, destacando Rhys Ifans como el sagaz Oxford, Vanessa Redgrave como la Reina Isabel (en sus años maduros) y Rafe Spall como William Shakespeare, quien evoca suficiente humanidad para rescatar el papel de ser un simple "comic relief". Entonces, recomendaría Anónimo como una interesante hipótesis histórica y curiosidad cinematográfica para el espectador tenaz que logre superar la tediosa hora inicial y que no tema descifrar la maraña de motivos, afiliaciones y traiciones de los "lords", "ladies" y demás figuras de la corte isabelina. Y, para estudiosos de los efectos especiales, una vez más Emmerich demuestra su buen ojo técnico y su capacidad para hacer espectáculos visuales... incluso cuando no se lo propone.
Calificación: 7.5

domingo, 4 de diciembre de 2011

La Piel que Habito

Nunca he sido fan del español Pedro Almodóvar, aunque sin duda admiro su visión y audacia para recorrer espacios narrativos inusuales y poco visitados por otros directores. Pero al mismo tiempo encuentro indigesto su estilo exageradamente melodramático y forzado, donde esos "temas inusuales" se transforman en un fin por sí mismos, en vez de servir como herramientas para contar una historia concreta, o para dar mayor profundidad a sus personajes. En otras palabras, si sus películas fueran edificios, siento que la decoración "kitsch" tomaría precedencia sobre la integridad de las paredes. Sin embargo mi opinión cambió por completo cuando vi Los Abrazos Rotos, la cual me pareció una obra increíblemente madura, enfocada y satisfactoria, que incluso me dio la tímida esperanza de que Almodóvar hubiera dejado atrás el "cine de autor" sustentado por caprichosas fantasías personales, para abordar una nueva etapa de su carrera, más "seria" (por llamarla de algún modo) y por lo tanto más atractiva para quienes estábamos cansados de sus abigarradas cintas.

Desafortunadamente fueron ilusiones infundadas, pues su más reciente película, La Piel que Habito, es un regreso a ese Almodóvar exagerado y difuso, tan empeñado en sorprendernos con su ingenio y escandalizarnos con su audacia que (accidental o intencionalmente) sabotea su interesante argumento con excesivos personajes, hueca grotesquería e innecesarias vueltas para llegar a un mensaje al mismo tiempo simple e inescrutable. La trama es demasiado complicada para resumir sin revelar "spoilers", así que para efectos prácticos diré que La Piel que Habito gira en torno al brillante doctor Robert Ledgard (Antonio Banderas) y su obsesión por crear piel sintética para ayudar a las víctimas de quemaduras deformantes. Y, curiosamente, el "conejillo de indias" donde Ledgard lleva a cabo sus experimentos es Vera Cruz (Elena Anaya), una guapa mujer que permanece prisionera en el piso superior de la elegante casa del doctor. Sobra decir que la relación entre ambos es bastante complicada, y eventualmente tendrá consecuencias que ninguno de los dos esperaba.

Mucho se ha mencionado que La Piel que Habito es una película de terror, o al menos una interpretación del terror filtrado por la creativa sensibilidad de Almodóvar; sin embargo a mi me pareció simplemente otro de sus melodramas donde no hay suspenso ni miedo real, sino un grupo de turbios personajes torturados "a fuego lento" por la obsesión, por trágicos secretos familiares, y desde luego por la lucha interna y externa de su identidad sexual. El problema es que nunca encontré el "unificador dramático" que diera significado o validez a estos graves conceptos, ciertamente provocativos en manos de Almodóvar, pero que parecerían ridículos si los encontráramos en su contexto natural... por ejemplo, en una telenovela mexicana o en una película de "porno-tortura". Hablando de lo cual, los muy comentados elementos de "horror clínico" que el director incorpora en su melodrama parecen homenajes (o "préstamos") de películas genuinamente interesadas en la examinar la voluble relación entre cuerpo y mente, como Dans Ma Peau, Les Yeux Sans Visage y desde luego la obra clásica de David Cronenberg. Sobra decir que todas estas me parecen alternativas más apetecibles e interesantes que la estéril La Piel que Habito.

A pesar de tantas quejas y reservas debo darle una recomendación a esta película, tan solo por su notable calidad visual (un aspecto que Almodóvar nunca descuida) y por la interesante estructura del libreto, el cual juega con el tiempo, los "flashbacks" y las premoniciones con tal destreza que logró sorprenderme en muchas ocasiones por la manera como desafía nuestra percepción de ciertas escenas (aunque desafortunadamente el gran "twist" puede adivinarse con demasiada anticipación, lo cual reduce considerablemente su impacto). Las actuaciones son... buenas, supongo. Antonio Banderas y Elena Anaya se sienten fríos y distantes, incluso en momentos de álgida emoción, y quiero pensar que fue una decisión artística del director. El elenco secundario tiene mayor libertad de actuar naturalmente, lo cual aprovechan Marisa Paredes, Jan Cornet y Blanca Suárez para afianzar su lugar en esta bizarra fábula psico-sexual. O como quieran llamarle. A fin de cuentas La Piel que Habito me pareció una experiencia única (para bien o para mal) que será asimilada por cada espectador según su particular tolerancia o afinidad por el exuberante estilo de Almodóvar. Me gustaría decir que el mensaje justifica los medios, pero tras dos horas de científicos locos, ambigüedad sexual y horror médico, no estoy seguro si el cineasta quiso decirnos que nuestro exterior afecta nuestro interior más de lo que quisiéramos admitir; o si fue lo opuesto, y quiso expresar que por más que intentemos alterar nuestra apariencia nunca podremos eliminar los traumas del espíritu. Ambas ideas son válidas... ojalá Almodóvar se hubiera preocupado más por definir su postura, o al menos por compartir sus emociones al respecto.
Calificación: 7

sábado, 3 de diciembre de 2011

Gato con Botas (Puss in Boots)

Aunque la saga de Shrek decayó sustancialmente en tiempos recientes, lo que siempre la rescató fueron sus simpáticos personajes secundarios; y si bien yo hubiera preferido ver un "spin-off" del Burro, parece que el elegido para iniciar su propia franquicia fue el Gato con Botas, cuya primera cinta resulta estar cocinada en el mismo molde de Shrek... mucha aventura, un poco de romance y abundante "meta-humor" centrado en los clichés de los cuentos de hadas. No diré que este pseudo-debut sea tan ingenioso u original como lo fue en su momento Shrek, pero al menos me pareció una sólida comedia familiar adornada con divertidas voces, excelente animación y un personaje principal con suficiente versatilidad y carisma para garantizar futuras secuelas, siempre y cuando no caiga en los mismos vicios de su fuente original.

La trama de Gato con Botas sigue al epónimo forajido y aventurero (voz de Antonio Banderas) quien trata de limpiar su nombre y pagar una vieja deuda (o algo así), para lo cual necesita robar los frijoles mágicos que conducirán al castillo en las nubes de un gigante, cuyo tesoro más preciado es el ganso que pone huevos de oro. Pero para lograrlo, el Gato deberá forjar una incierta alianza con Humpty Dumpty (voz de Zach Galifianakis), su amigo de la infancia; y con la inescrutable Kitty Softpaws (voz de Salma Hayek), cuya habilidad acrobática y destreza física ocultan un terrible secreto. Sin embargo la misión será muy riesgosa, pues los dueños actuales de los frijoles mágicos son Jack y Jill (voces de Billy Bob Thornton y Amy Sedaris, respectivamente), una especie de Bonnie y Clyde medievales con un amplio historial de terror en la campiña española. Pero el enemigo más peligroso será la desconfianza que el Gato siente por su "socio" Humpty, quien ya lo traicionó una vez cuando eran jóvenes...

No esperaba mucho de esta "precuela lateral", y por eso me sorprendió encontrar en Gato con Botas un libreto bastante bien escrito, con inesperado detalle en el desarrollo de sus personajes y con un apropiado balance entre el drama, el humor y la aventura. Quizás por estar viejo aprecié más la interacción de los protagonistas y la gradual revelación de sus historias personales, mientras que las secuencias de acción me aburrieron por ser tan genéricas e infladas. No digo que estén mal hechas... por el contrario, muestran cierta imaginación y están precisamente dirigidas; sin embargo se sienten como interrupciones obligatorias en una narrativa que quizás hubiera funcionado mejor con un estilo más sutil... casi como una historia de espías. Pero con dos gatos y un huevo humanoide.

Como sea, entiendo la necesidad de ruido y movimiento en una película familiar, y aunque me hastiaron tantas innecesarias persecuciones, caídas y precarios escapes de la muerte, a fin de cuentas me gustó Gato con Botas por la historia que cuenta, y no tanto por la manera como la presenta. Antonio Banderas y Salma Hayek realizan un buen trabajo prestando sus voces al Gato y a Kitty, mientras que Zach Galifianakis muestra inesperado talento para crear un personaje sin su característica barba, y sin usar su incómoda variedad de humor. La calidad de animación es sobresaliente, y aunque las imágenes no alcanzan el realismo de Rango (por usar un ejemplo), muestran consistencia con el estilo caricaturizado de Shrek. Hablando de lo cual, me gustó que no hicieran Gato con Botas demasiado dependiente de aquella serie, y que no metieran excesivos detalles o "cameos" que pudieran restar fuerza al personaje principal. Así, el director Chris Miller muestra respeto por el público y confianza en el comienzo de una nueva saga. Habiendo dicho eso, insisto en que me hubiera gustado ver la misma dedicación y talento empleados en una película sobre el Burro con la voz de Eddie Murphy.
Calificación: 8

viernes, 2 de diciembre de 2011

Una Loca Aventura Medieval (Your Highness)

Nota: Por fin se estrena esta película en cines de México (con un "ingenioso" título) y, como de costumbre, publico nuevamente la crítica para comodidad de los lectores.

Quizás será por falta de "experiencia" que no encuentro muy gracioso el humor "stoner" (dícese del humor orientado a los consumidores de drogas, particularmente marihuana). Claro, me he reído con películas como Harold and Kumar Go to White Castle y Pineapple Express, pero siento que estoy perdiendo una parte fundamental de la comedia... o quizás mi problema es que están diseñadas para verse en un estado de conciencia alterado, y solo así podrían apreciarse plenamente. Como sea, el caso es que no tenía mucho interés en la nueva cinta Your Highness (del mismo director de Pinapple Express), aunque definitivamente me intrigó la combinación de humor irreverente y fantasía heroica. ¿Sería una sucesora espiritual de Monty Python and the Holy Grail? ¿O una versión "lite" de The Lord of the Rings filtrada a través de una espesa nube de “ganja“?


Los protagonistas de Your Highness son Fabious (James Franco) y Thadeous (Danny McBride), hermanos de noble cuna pero totalmente distintos en su temperamento y actitud. Fabious es un heroico aventurero, siempre listo para aceptar misiones de gran riesgo en las que hay que rescatar una princesa o matar algún monstruo que amenaza a los súbditos de su padre, el Rey (Charles Dance). Por otro lado, Thadeous es perezoso, cobarde, y pasa demasiado tiempo fumando "hierbas" con los trolls cercanos al castillo donde vive. Y, claro, desde niño siente envidia por el éxito de su hermano, lo cual llega al punto máximo cuando Fabious regresa de su más reciente aventura comprometido con la guapa doncella Belladonna (Zooey Deschanel), con quien planea casarse de inmediato. Desafortunadamente la joven es secuestrada por el malévolo brujo Leezar (Justin Theroux), y Fabious recluta de inmediato a sus mejores hombres para emprender una misión de rescate. Thadeous no tiene intención alguna de acompañarlo, pero el Rey lo presiona para demostrar que ya es un hombre, y por lo tanto un candidato viable para heredar la corona. Entonces, sin otra alternativa, el cobarde Thadeous se integra al grupo e inicia su primera aventura... y sobra decir que durante la misión habrá amplias oportunidades de que los hermanos se conozcan mejor, enfrenten peligros sobrenaturales y aprendan nuevas cosas sobre sí mismos.

A lo largo de Your Highness se nota el considerable esfuerzo de los guionistas Ben Best y Danny McBride por conjugar géneros cinematográficos tan distintos; sin embargo se siente constantemente el roce de elementos incompatibles que nos "sacan" de la historia por su inescapable incongruencia. Entonces, en algunos momentos nos puede atrapar la clásica fórmula de una fantasía heroica más o menos entretenida... hasta que se ve interrumpida por algún parlamento anacrónico que destruye la ilusión y frena el flujo de la narrativa. En otras ocasiones nos estaremos riendo con el aspecto "stoner" y los chistes contemporáneos... pero entonces aparecerá algún cliché de Dungeons & Dragons que descarrila el humor y nos regresa a la "realidad" pseudo-medieval de la película. Supongo que ese brusco contraste de estilos podría considerarse como parte de la comedia, y quizás habrá espectadores que encuentren graciosas estas yuxtaposiciones (por ejemplo, la descripción de sexo manual en un contexto de caballeros medievales). Pero honestamente no funcionó para mi, y hubiera preferido algo más exagerado en cualquiera de los dos extremos, en vez de esta inestable combinación de ingredientes que no logran mezclarse por más que los junten a la fuerza.

No obstante, por irregular que sea la narrativa, me hicieron reír muchas escenas que trabajan mejor como "sketches" aislados que como partes integrales de la narrativa. También me gustó mucho la química entre los personajes, y la brutalmente honesta sátira de los clichés de la fantasía heroica (el anciano oráculo me pareció particularmente hilarante). Pero lo mejor de la película fue la interacción de los dispares hermanos; James Franco y Danny McBride consiguieron un raro balance de amor/odio fraternal cuya honestidad casi rescata la película entera. Fue una gran decisión darles inesperada profundidad emocional para evitar que se convirtieran en simples antagonistas sin otro propósito que insultarse mutuamente. Sus acompañantes tienden a ser unidimensionales, pero como la mayor parte son víctimas o genéricos oponentes, supongo que no tiene tanta importancia. Incluso el villano interpretado por Justin Theroux nunca parece genuinamente amenazador, sino tan solo un obstáculo menor destinado al fracaso. Por el lado femenino, Zooey Deschanel se limita a ser una típica doncella en peligro sin mucha oportunidad de actuar. Y, claro, la siempre fascinante Natalie Portman se luce interpretando una valerosa guerrera que desafía las expectativas de los misóginos hermanos. Me hubiera gustado que su participación fuera más extensa, pues tarda casi una hora en incorporarse a la trama, y después desaparece durante largos períodos de tiempo. No diría que su actuación sea muy buena (no hace falta, realmente), pero su energía levanta automáticamente cada escena donde participa, y creo que debieron aprovecharla mejor. Ah, y su muy comentada escena en bikini dura menos de un segundo, así que por favor ajusten sus expectativas.

Entonces, Your Highness no logró ser una secuela extra-oficial de Monty Phyton and the Holy Grail, ni una versión psicodélica de Lord of the Rings, sino un imperfecto híbrido de dos estilos que nunca debieron combinarse (en mi humilde opinión). Sin embargo tiene buenos personajes y suficientes momentos de hilaridad para recomendarla a pesar de sus excentricidades (y recuerden que esas "excentricidades" podrían funcionar como chistes para muchos espectadores). Igualmente aprecio el talento y dinero invertidos para crear el mundo medieval, aunque no puedo dejar de pensar que pudo aprovecharse para producir una película “seria” más interesante (por ejemplo, algo de Fritz Leiber o Anne McCaffrey). Pero bueno... Después de todo tengo que respetar el espíritu experimental del director David Gordon Green, y su instinto para seleccionar actores. A pesar de que suena extraña, la combinación de James Franco, Danny McBride y Natalie Portman resultó mejor de lo que esperaba, y me gustaría verlos en una película mejor escrita, y que no requiera “aditivos químicos” para disfrutarla como debe ser. Mis experiencias con sobredosis de azúcar no me invitan a probar cosas más exóticas.
Calificación: 7

lunes, 28 de noviembre de 2011

Secreto de Estado (Secret Défense)

Me da pena confesarlo, pero las películas francesas que más me gustan no son las de François Truffaut, Claude Chabrol o Eric Rohmer, sino aquellas que tienden a copiar las fórmulas modernas de Hollywood, pero añadiendo un particular "sabor" europeo que puede crear la ilusión de originalidad hasta en los más rancios clichés de acción, suspenso o terror. Por eso me interesó ver Secreto de Estado; su argumento sobre espionaje e intriga política carece de pretensión y ofrece amplias oportunidades para emocionarnos, además de que su construcción emula las mejores historias del género, donde la división entre "buenos" y "malos" está determinada por meras facciones políticas, y no por las acciones de los personajes.

Al principio de Secreto de Estado nos enteramos de que un grupo terrorista en Damasco está organizando un ataque sobre Francia, como "castigo" por la política exterior intervencionista que ha afectado varios países islámicos. Al mismo tiempo, en París, una joven llamada Diane (Vahina Giocante) decide abandonar la prostitución para conseguir un trabajo como traductora en el Medio Oriente, pero reprueba su examen final. Sin embargo, el enigmático Alex (Gérard Lanvin) ve potencial en la chica, y la recluta como agente de la Dirección General de Seguridad Exterior (versión francesa del FBI y la CIA combinados), donde comienza su arduo entrenamiento. Simultáneamente vemos cómo Pierre (Nicolas Duvauchelle), un narcotraficante de poca monta, es arrestado y condenado a varios meses en presidio, donde es "adoptado" por una pandilla "jihadista" que quizás lo está preparando para algo más importante. Sobra decir que eventualmente se cruzarán los destinos de Diane y Pierre, con muchas vidas en juego.

Desafortunadamente Secreto de Estado llega a México con tres años de retraso, así que algunos de sus elementos ya se sienten anticuados (por ejemplo, las menciones de Osama Bin Laden o las críticas contra G.W. Bush); pero nada de eso impide disfrutar el excelente argumento, estructurado como un rompecabezas cuya solución parece cambiar con cada pieza revelada. Nunca es confuso ni tergiversado... pero definitivamente hay que prestar atención para seguir la complicada cadena de causas, consecuencias, trampas y traiciones que forman el diario entorno de los terroristas y los agentes que pretenden detenerlos. Me gustó mucho que el libreto de Julien Sibony y del director Philippe Haïm no recaiga en arbitrarios roles de héroes y villanos, sino que usa a los protagonistas como inocentes guías para mostrarnos las interioridades del combate contra el terrorismo, donde presenciamos el frío raciocinio que deben usar los líderes de ambos bandos, y los sacrificios personales de los "novatos", ya sea que estén aprendiendo el arte del espionaje, o entrenándose en los inmisericordes campamentos donde se gestan los "mártires" listos para morir en defensa de su religión.

Otra cosa que me gusta del cine francés es que desconozco a la mayoría de sus actores, y por lo tanto es más fácil aceptarlos como los personajes que interpretan, sin contaminación de previos papeles. Y, claro, ayuda que tengan talento. En este caso tenemos a Vahina Giocante como la agente primeriza, un poco insegura de su aptitud, pero con increíble valor y tenacidad para cumplir su misión (en retrospectiva siento que la serie televisiva norteamericana Covert Affairs podría haber sido inspirada por esta película). Gérard Lanvin es el inescrutable jefe del servicio secreto, posiblemente tan cruel y despiadado como los terroristas que persigue... aunque tal vez eso sea lo indicado para ganar una guerra invisible. Finalmente, Nicolas Duvauchelle no tiene dificultad para hacernos creer su conversión espiritual, e incluso logra mantener un aire de víctima cuando se prepara para asesinar a cientos de inocentes.

Realmente no tengo quejas sustanciales contra Secreto de Estado (excepto una horrible escena con un perro que me hizo cerrar los ojos), así que solo queda darle una sólida recomendación, especialmente para aficionados al cine de espías que prefieran el suspenso y la intriga por encima de la acción. Quizás la trama sea muy lenta para fans de The Bourne Identity, y desde luego vale aclarar que tampoco encontrarán las exageraciones y fantasías de James Bond. En mi humilde opinión, eso es lo que la hace buena, pero entenderé si otras personas lo consideran como un defecto. Después de todo, el "sabor europeo" del cine francés no será apetecible para todos los paladares.
Calificación: 9

domingo, 27 de noviembre de 2011

Los Muppets (The Muppets)

Como ocurrió con muchas personas de mi generación, los Muppets fueron parte importante de mi vida. Su "época dorada" se identifica con los años setentas (cuando se transmitía el exitoso programa The Muppet Show), pero creo que yo los disfruté más durante mi adolescencia a fines de los ochentas, cuando el ecosistema televisivo aún era suficientemente flexible para sostener series tan impredecibles y experimentales como Storyteller, Dog City y The Jim Henson Hour. Sin embargo, las décadas siguientes acarrearon dos tragedias... el fallecimiento de Jim Henson, y la posterior adquisición de los Muppets por el emporio Disney. Desde entonces solo los vimos en un par de mediocres películas y especiales televisivos donde brillaba por su ausencia la "voz" de Henson (literal y figuradamente), que siempre sentó el tono afable y subversivo de sus personajes. En resumen, parecía que el espíritu de los Muppets había sido diluido por la influencia corporativa de sus nuevos dueños.

Afortunadamente el actor, escritor y productor Jason Segel (más conocido por el sitcom How I Met Your Mother) y el director James Bobin (creador de Flight of the Conchords, nada menos) lograron reunir suficiente influencia (o favores) para crear una nueva película, titulada simplemente Los Muppets, con el fin de resucitar a los personajes, introducirlos a una nueva generación y (teóricamente) devolverles su original sentido del humor. No saben cómo me complace decir que, sin ser perfecta, Los Muppets logró generalmente todo lo que se proponía, y me dejó con ganas de verlos más seguido (¿quizás semanalmente en TV? No me atrevería a soñar con tanta felicidad), siempre y cuando puedan mantener este mismo nivel de energía, humor y "muppetosidad".

Al principio de Los Muppets conocemos a Gary (Jason Segel) y su hermano Walter (Peter Linz), quienes crecieron disfrutando El Show de los Muppets, el cual inspiró a este último para enfrentar las dificultades de crecer entre humanos (¿mencioné que Walter también es un títere de fieltro?). Pero cuando Walter, Gary y su tolerante novia Mary (Amy Adams) viajan a Los Ángeles para visitar el legendario estudio de Los Muppets, descubren que está a punto de ser adquirido por el malévolo Tex Richman (Chris Cooper), quien pretende demolerlo para extraer petróleo del subsuelo. Para evitarlo, Walter, Gary y Mary localizan a Kermit (Steve Whitmire) y lo convencen de organizar un espectáculo final que les permita salvar el estudio. Y así comienza la aventura, primero reclutando a los antiguos miembros del elenco, como Fozzie (Eric Jacobson), Rowlf (Bill Barretta), Gonzo (Dave Goelz) y Miss Piggy (quien no está segura de querer participar, pues aún tiene sentimientos conflictivos respecto a Kermit); y después organizando el espectáculo, buscando la manera de transmitirlo por televisión y logrando que el público realmente lo vea. Sin embargo, Richman no quiere perder su petróleo, y con ayuda de sus fieles asistentes Bobo (Bill Barretta) y Deadly (Matt Vogel) se prepara para sabotear los esfuerzos de los Muppets...

La historia no es muy original, e incluso copia intencionalmente elementos de la original The Muppet Movie, con la que debutaron en cine allá por 1979. Pero no tiene importancia; después de todo, los Muppets tiene personalidades tan definidas y simpáticas que no necesitan un complicado "arco narrativo" para entretenernos y hacernos reír; por eso el clásico concepto de "salvemos el teatro" funciona a la perfección para motivarlos, crear un poco de drama, y mantenernos en suspenso hasta el final (que quizás no sea exactamente como esperamos). En cierto modo extrañé algunas voces originales (desafortunadamente Frank Oz se rehusó a participar en esta nueva producción, y algunos de los "performers" clásicos ya se retiraron, como Richard Hunt), pero los titiriteros que tomaron sus lugares muestran igual "chispa" y entusiasmo, aunque las voces no sean exactamente iguales (por cierto, es buen momento de señalar que vi la versión original en inglés con sub-títulos; no dudo que el gremio del doblaje hispano haya hecho un buen trabajo en la versión en español, pero prefiero escuchar las voces "reales" y el libreto genuino, en vez de una interpretación regional que quizás pierda algo en la traducción - sí, ya sé que soy un malinchista). Si tuviera alguna queja sería que el final se siente abrupto y un poco torpe; y además la sub-trama romántica entre Gary y Mary no funcionó para mí, a pesar de que me caen bien ambos actores. Por otro lado, el romance en peligro nos da uno de los mejores números musicales de la película, así que tampoco puedo quejarme demasiado (sí, hay varias canciones a lo largo de la película y, asombrosamente, todas son parte integral de la narrativa... bien planeado, Sr. Segel).

Entonces, Los Muppets me hizo reír, me hizo llorar, y revivió mi gusto por el legado de Jim Henson, que parece estar en buenas manos por primera vez en mucho tiempo. Anécdota personal: antes de que empezara la película pasaron en el cine los "trailers" de varias cintas familiares próximas a estrenarse. Todas estaban realizadas en animación por computadora, todas se veían idénticas, y todas vendían el mismo rancio humor, los mismos personajes pre-fabricados y la misma frenética acción para distraer a los niños. Por el contrario, Los Muppets no tiene mucha acción, mínimos efectos especiales y aunque sus personajes están literalmente pre-fabricados (con tela, fieltro y plástico), poseen mucha más vida y personalidad que cualquier creación digital. Su sentido del humor no insulta al público, los momentos emocionales se sienten honestos y, a fin de cuentas, me dejó más satisfecho que cualquier comedia en años recientes. Espero que no haya sido una reacción provocada por simple nostalgia; sinceramente pienso que hay magia en el arte de los títeres, y pocas personas han sabido aprovecharlo como Jim Henson. La prueba está en que sus creaciones trascendieron a su creador.
Calificación: 9

sábado, 26 de noviembre de 2011

La Cosa del Otro Mundo (The Thing)

La original The Thing, de 1982, no solo es una de mis películas favoritas de John Carpenter, sino quizás una de las mejores cintas de terror de los ochentas, pues combina sólidas actuaciones, increíbles efectos especiales (cortesía del legendario Rob Bottin), y un inteligente libreto que explota al máximo la paranoia y fatalista atmósfera del cuento corto Who Goes There? (escrito por John W. Campbell, Jr.) en el que se inspiró a grandes rasgos. Además, The Thing es frecuentemente mencionada como uno de los pocos re-makes que superan a la original, pues ya se había filmado una adaptación de esta historia en 1951, bajo el más sensacionalista título de The Thing From Another World. ¿Será posible que se repita la historia ahora que se estrena una nueva versión de La Cosa del Otro Mundo? No, pero al menos el resultado me pareció bastante aceptable.

La trama empieza cuando un grupo de geólogos noruegos descubre accidentalmente una estructura metálica bajo las nieves de la Antártida... junto con un extraño espécimen orgánico de procedencia desconocida. Reconociendo la importancia del hallazgo, el líder de la expedición contrata a la estudiante norteamericana Kate Lloyd (Mary Elizabeth Winstead) para que los ayude a extraer la criatura del hielo. Kate no solo tiene amplia experiencia en recuperación de tejidos fósiles, sino que por su juventud será fácil de controlar, lo cual es muy importante para mantener en secreto el descubrimiento. Sin embargo el éxito se convierte en terror cuando el espécimen de algún modo revive y procede a absorber a varios miembros del equipo, tomando su forma e identidad. Entonces Kate y los científicos restantes tratarán de exterminar a la criatura, evitar que escape a la civilización y, con suerte, sobrevivir hasta que llegue ayuda. Pero será muy difícil lograrlo sin saber quién es realmente humano y quién esconde a "la cosa" bajo su apariencia humana.

La dirección de Matthijs van Heijningen Jr. (famoso en Holanda como director de comerciales) se siente un poco restringida por las monótonas locaciones, y porque necesariamente debe respetar los hechos establecidos en la película de 1982, pero aún así logra encontrar su propia identidad... incluso cuando copia escenas de aquella cinta. Por otro lado, su manejo del elenco internacional es bastante bueno, y aunque la atmósfera se siente más ligera y menos claustrofóbica que en la versión de Carpenter, cumple su propósito de mantenernos en suspenso y sorprendernos con un par de grotescas transformaciones, un poco de "gore", y la necesaria incertidumbre sobre la identidad de los personajes y sus intenciones. Después de todo, puede haber villanos que no sean necesariamente alienígenas...

Al principio tuve dudas sobre el uso de una joven actriz norteamericana en el papel principal, pues parecía un débil intento por atraer al público adolescente y justificar el uso del idioma inglés en un elenco lleno de actores escandinavos. Afortunadamente Mary Elizabeth Winstead se gana rápidamente la confianza del espectador gracias a una actuación que evoca la vulnerabilidad de una típica "chica final", el pragmatismo de un científico enfrentando lo desconocido, y la convicción de una actriz que no toma a la ligera su papel solo por tratarse de un simple re-make de terror (vale decir que Winstead tiene amplia experiencia en el cine fantástico, con obras como Sky High, Final Destination 3 y la tristemente menospreciada Scott Pilgrim Vs. the World).

El resto de los actores encaja a la perfección en la trama, aunque la abundancia de espesas barbas, gruesos abrigos y cabello hirsuto hace muy difícil distinguirlos y preocuparnos por sus horripilantes muertes. Hablando de lo cual, lo más importante para muchas personas serán los efectos especiales, y me alegra decir que, sin alcanzar la demencial belleza y elegancia de la original, esta nueva La Cosa del Otro Mundo ofrece ingeniosos momentos de monstruosas manifestaciones donde combina la técnica tradicional de látex y animatronics con hábiles trucos digitales, no siempre realistas, pero con diseño suficientemente bueno para compensar sus imperfecciones técnicas. Hubiera sido fácil que van Heijningen y su equipo abusaran de los efectos, pero mostraron disciplina y se mantuvieron en el rango apropiado para aceptar la bizarra biología del alien, así como su facilidad para manipular tejidos y adaptarse a cualquier situación. Por cierto, me gustó que la nueva "prueba de humanidad" haya sido tan distinta de la que usó Carpenter hace casi treinta años.

Por el lado negativo, sentí el ritmo de la narrativa un poco acelerado. Los personajes aceptan la situación demasiado rápido y toman decisiones precipitadas que a veces se sienten como atajos del libreto, y no como reacciones naturales de gente sometida a circunstancias extraordinarias. De cualquier modo, La Cosa del Otro Mundo resultó mejor de lo que esperaba, especialmente si logramos evaluarla bajo sus propios méritos y sin expectativas irreales. De ninguna manera reemplaza a sus predecesoras, pero tampoco necesita hacerlo para que podamos disfrutarla como una entretenida precuela que respeta la saga y aporta algunos interesantes momentos de moderada originalidad. Habiendo dicho eso, creo que pudieron encontrar un perro que se pareciera más al de la película anterior...
Calificación: 8

viernes, 25 de noviembre de 2011

La Última Pelea (Warrior)

Cuando entré a ver La Última Pelea pensé que sería una pobre imitación de Rocky, pero ubicada en el violento mundo del MMA (Mixed Martial Arts - Artes Marciales Combinadas). Sin embargo la realidad fue muy distinta, pues resultó ser una sólida cinta más parecida a The Fighter, en la que igualmente seguimos el ascenso y rivalidad de dos hermanos en un brutal deporte, balanceando la acción con un denso drama familiar donde la reparación de rencores domésticos termina siendo tan importante como el triunfo en el inmisericorde cuadrilátero (u octágono, o lo que sea).

Los hermanos en cuestión son Brendan (Joel Edgerton) y Tommy Conlon (Tom Hardy), cuyas vidas tomaron rumbos muy distintos tras el fallecimiento de su madre hace varios años. Brendan formó una familia con su esposa Tess (Jennifer Morrison) y encontró trabajo como maestro de escuela, mientras que Tommy se enlistó en el ejército, donde sufrió experiencias sumamente dolorosas. Entonces, en parte por necesidad y en parte para superar traumas personales, ambos deciden regresar al deporte de las artes marciales combinadas, el cual abandonaron cuando se rompió su relación fraternal. Pero ahora la meta de los hermanos Conlon es el prestigioso torneo "Sparta", donde está en juego una cuantiosa suma de dinero que podría resolver sus respectivos problemas. ¿Tendrán la habilidad física y la fibra moral para llegar a la cima?

Primero lo bueno. Honestamente no esperaba ver una cinta de artes marciales tan bien actuada y producida. Para bien o para mal, este tipo de historias están usualmente relegadas al cine "B", donde la acción toma precedencia sobre elementos "triviales", como actuaciones y narrativa. Por el contrario, La Última Pelea cuenta con un libreto bien construido, actuaciones creíbles y precisa dirección de Gavin O‘Connor, quien nunca pone un aspecto de la película por encima del otro, sino que los transforma en ingredientes complementarios de una receta que culmina de manera catártica y satisfactoria, aunque no exenta de la melancolía que nos acompañó durante el desarrollo de la historia. Los actores Joel Edgerton y Tom Hardy quizás no estén al nivel de Marky Mark y Bruce Wayne en la mencionada The Fighter, pero de cualquier modo funcionan a la perfección como hermanos/rivales con turbulentas emociones por debajo de su lacónica superficie; y desde luego trabajan igualmente bien durante las peleas, vistosamente coreografiadas y editadas para hacernos sentir el sudor, los golpes y las complejas "llaves" utilizadas en este feroz deporte.

Por el lado negativo, el libreto hace uso excesivo de clichés deportivos y melodramáticos. Por ejemplo: dificultades financieras que impiden pagar la hipoteca (tema tópico que se está volviendo repetitivo); el ex-soldado que no encuentra su lugar en la vida civil; el rencor entre hermanos demasiado orgullosos para conceder el perdón; y los obligatorios "daddy issues", esta vez dirigidos en contra de Nick Nolte, quien interpreta (¿qué más?) al padre ex-alcohólico cuyo sincero arrepentimiento no basta para recuperar el amor, o siquiera el respeto de sus hijos. A decir verdad, todos estos conceptos parecen salir del "Manual Básico del Guionista"; pero eso no impide que ganen validez y resonancia emocional bajo la mano de un hábil director y un elenco apropiado.

¿Ven? Cuatro párrafos y apenas he mencionado las peleas. Eso debe decir algo (y no me refiero a mi verborrea). Regresando al tema, creo que carezco de los conocimientos sobre MMA para evaluar los encuentros que luce La Última Pelea. Ciertamente me impresionó el desempeño de los actores (o sus dobles) en el octágono de alambre (seguramente tiene un nombre más "cool"), pero al mismo tiempo me sentí perdido durante escenas que requieren conocer las reglas del deporte (por ejemplo, no entendí el final de una tremenda pelea donde una señal parece darle el triunfo al luchador que parecía estar perdiendo). Pero bueno, aún así disfruté La Última Pelea y, a menos que tenga terribles errores que enfurezcan a los fans (lo cual dudo mucho), imagino que será doblemente apreciada por los seguidores de este controversial deporte. Entonces, no ganará premios por originalidad, pero la cinta merece una recomendación, no solo por contar bien su historia, sino por desafiar nuestras expectativas sobre lo que puede alcanzar una película fundamentada en tipos rudos golpeándose y ahorcándose para entretenimiento de un delirante público. Lo malo es que de ahora en adelante me costará trabajo tomar en serio la obra de Seagal, Van Damme y Lundgren. Mala suerte chicos... la competencia se puso difícil, y no podrán vencerla con simples golpes.
Calificación: 8

jueves, 24 de noviembre de 2011

The Captains

Aunque el reciente re-boot de Star Trek inyectó nueva energía en la veterana franquicia y le dio futuro como cine "blockbuster", el culto de fans llamados "trekkies", "trekkers" o "losers" gira primordialmente alrededor de las series televisivas ubicadas en el optimista y exótico futuro creado por Gene Roddenberry hace alrededor de 45 años. Yo soy uno de esos "trekkies" que durante la infancia esperaba ávidamente los "repetidos" de la original Star Trek, en la adolescencia devoré cada episodio de Star Trek: The Next Generation, y envejecí acompañado por las subsiguientes series, desde la grave y dramática Star Trek: Deep Space Nine hasta la "retro-ligera" Enterprise (sin olvidar la incomprendida y frecuentemente mediocre Star Trek: Voyager). Sin embargo estoy consciente de que los trekkies estamos en proceso de extinción (no solo por edad, sino por la hibernación de la franquicia), y por lo tanto el nuevo documental The Captains será de interés para una minoría cada vez más reducida. Pero decidí escribir sobre ella porque, a fin de cuentas, la encontré muy entretenida, manipuladora y hasta emotiva. No esperaba menos de William Shatner en su faceta de director.

El documental está formado por entrevistas entre William Shatner (el original Capitán Kirk) y los actores y actriz que dieron vida a los capitanes en sus respectivas series televisivas y películas: Patrick Stewart (Jean-Luc Picard en ST:TNG), Avery Brooks (Benjamin Sisko en ST:DS9), Kate Mulgrew (Kathryn Janeway en ST:V), Scott Bakula (Jonathan Archer en Enterprise) y Chris Pine (el joven Kirk en la reciente película Star Trek). También hay ocasionales contribuciones de gente relacionada con Star Trek (como Robert Justman, Jonathan Frakes, Nana Visitor, Robert Picardo y, sorprendentemente, Christopher Plummer - Chang en Star Trek VI: The Undiscovered Country), pero el grueso de la cinta son las interesantes conversaciones entre Shatner y sus colegas, a veces recordando nostálgicamente su paso por los escenarios de Paramount, o recontando sus inicios en el oficio de la actuación, o buscando sentido en el fenómeno Star Trek. Y, claro, el siempre oportunista director aprovecha la ocasión para incorporar pasajes auto-biográficos donde vemos su ascenso de actor radial en Canadá hasta ícono cultural contemporáneo.

En el pasado hemos tenido bastantes documentales sobre Star Trek (como los divertidos Trekkies y su secuela), pero en general se centraron en los fans, desde aquellos que fueron influenciados positivamente por la ciencia y utopía social, hasta los que cayeron en mórbidas obsesiones por algún aspecto de la franquicia. Por eso me pareció buena idea que The Captains decidiera alejarse del culto (no totalmente, pues también hay breves miradas a los asistentes de una convención de Las Vegas - no, desafortunadamente no aparecí entre las multitudes) para fijarse en los actores que fueron objeto de esa obsesión, lo cual ofrece una perspectiva curiosamente ignorada durante tantos años. Supongo que debió pasar mucho tiempo para que se sintieran cómodos hablando libremente sobre las experiencias, buenas y malas, que les dejó Star Trek.

Sin embargo, Shatner no busca escándalos ni chismes de la farándula, sino genuinas reflexiones sobre lo que representó para estos actores interpretar aquellos papeles, tanto interna como externamente. Así tenemos a Kate Mulgrew comentando sobre la dificultad práctica de actuar en una serie de televisión y criar por sí sola a dos hijos; a Patrick Stewart aceptando que su larga carrera en la renombrada Compañía Real de Shakespeare fue la preparación apropiada para encarnar al Capitán Picard; a Scott Bakula lamentándose por las consecuencias de su profesión en sus matrimonios; y a Avery Brooks evadiendo respuestas con su acostumbrada mezcla de profundidad espiritual e incoherencia, que hace imposible determinar si es realmente un genio de la actuación o si perdió la razón hace mucho tiempo (su respuesta a la pregunta "¿Qué hay después de la muerte?" es una improvisada pieza musical de jazz). Para bien o para mal, el que menos aporta al documental es Chris Pine; quizás por su juventud, o porque Star Trek fue para él simplemente otro trabajo, y aún no ha sentido (y quizás nunca sienta) los efectos a largo plazo de participar en el fenómeno.

Pero bueno... como dije al principio, este es un documental hecho para trekkies que trata de ver más allá de los aliens, las naves y el "techno-babble", para centrarse en los humanos detrás de los íconos. En ese aspecto es muy entretenido y razonablemente bien balanceado, aunque sus intentos de ponernos a pensar, hacernos llorar o iluminarnos sobre Star Trek a veces funcionan y a veces no. Para variar, es difícil determinar dónde termina la pomposidad de William Shatner y dónde comienza su sardónico sentido del humor... pero en el contexto apropiado resulta ser uno de sus mejores atributos. Entonces, no hace falta recomendar The Captains, pues cada quien sabrá si suena como un buen modo de invertir hora y media, o como un ridículo embuste para exprimir unos dólares más de una saga cuya caducidad expiró hace treinta años. Y, bueno, para fans del meta-Shatner, solo diré una cosa: sí, canta una canción. Con Avery Brooks en el piano. Casi pierdo el sentido.
Calificación: 8