domingo, 15 de enero de 2012
Caballo de Guerra (War Horse)
Me gustan mucho los animales, y por eso desde niño me interesaban todos los libros y películas sobre aventuras cuadrúpedas, aladas y acuáticas, las cuales (viéndolo en retrospectiva) estaban generalmente construidas con las mismas fórmulas y clichés. Creo que ese considerable "equipaje emocional" acumulado a lo largo de varias décadas me impidió disfrutar Caballo de Guerra tanto como lo merecería su inspiradora historia y asombrosa manufactura, que emula por igual los épicos "westerns" de John Ford, los elegantes dramas de Victor Fleming y los melodramas bélicos de Howard Hawks.
La trama de Caballo de Guerra comienza con el nacimiento de Joey (interpretado por Finder y otros 13 caballos), el protagonista equino que seguiremos durante varios años, desde su entrenamiento como animal de tiro en la granja de la familia Narracott, donde forma un fuerte lazo con el joven Albert (Jeremy Irvine); hasta sus azarosas aventuras durante la Primera Guerra Mundial, donde vivió los horrores del combate en ambos lados del conflicto. Al mismo tiempo vemos cómo Albert se enlista en el ejército para intentar reunirse con su caballo, y descubre que la vida en el campo de batalla es muy distinta a la de la granja.
Como pocos directores, Steven Spielberg sabe "oprimir los botones" de la audiencia, provocando sin dificultad alguna las apropiadas reacciones emocionales que elevan la historia y nos permiten sumergirnos en las aventuras de sus personajes. Sin embargo, con un relato tan obviamente manipulador como Caballo de Guerra, el talento de Spielberg se vuelve un poco redundante y, en mi humilde opinión, nos satura rápidamente con escenas y situaciones diseñadas para conmovernos a pesar de sentirse un poco forzadas y convenientes. En otras palabras: por empeñarse tanto en hacernos llorar, el director a veces produce el efecto contrario. O tal vez fue simplemente que mi cinismo de multiplicó como mecanismo de defensa contra el embate sentimental de la película. No sé... ustedes decidan.
Lo que definitivamente me dejó impresionado fue la impecable producción de Caballo de Guerra. El legendario cinematógrafo Janusz Kaminski (colaborando por decimotercera vez con Spielberg) se esmera por lograr que cada cuadro sea un primoroso paisaje pastoral, o un dramático retrato del atractivo elenco (incluyendo a Joey), o una dinámica composición militar rebosante de energía y detalle histórico. Y desde luego debo aplaudir el trabajo del estudio Framestore en las épicas escenas de acción que duplican la escala e intensidad de Saving Private Ryan (sin sangre, por supuesto... Caballo de Guerra es estrictamente PG-13), pero en el más primitivo y visceral entorno de la Primera Guerra Mundial. Y aunque los caballos digitales no siempre logran engañarnos, me alegra que hayan empleado esa técnica para evitar poner en riesgo animales reales durante los más extremos momentos de acción o crueldad. Además, mención honorífica para el estudio Neil Corbould SFX por su caballo animatrónico, absolutamente indistinguible de su contraparte orgánica.
Entonces, volviendo a mi punto inicial, la trama me pareció un poco floja, afectada y predecible; y con más de dos horas de duración, podemos esperar algunos pasajes lentos o repetitivos. El drama humano no funciona tan bien como debería y se ve opacado por el que se desarrolla entre los caballos (aunque podría ser una decisión intencional del director). Sin embargo, para niños y jóvenes que no conocieron aquellas "aventuras del mundo natural" producidas por Disney o Coronet Films en los sesentas y setentas, Caballo de Guerra será una impresionante sorpresa (quizás demasiado impresionante para niños pequeños) llena de aventuras, emoción y ciertamente tristeza por el maltrato de los animales durante tiempos de guerra (por si no bastara el maltrato en circunstancias "normales"). En el contexto de la filmografía de Steven Spielberg me pareció buena, pero muy distante de su mejor trabajo. No obstante, amerita una recomendación no solo por sus altos valores de producción y considerable nivel de entretenimiento, sino como argumento para reforzar mi preferencia por los animales sobre las personas. Como si necesitara más razones...
Calificación: 8
sábado, 14 de enero de 2012
Tenemos que Hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin)
Tenía cierta idea sobre el argumento de Tenemos que Hablar de Kevin, pero lo que no esperaba es el increíble estilo narrativo empleado por la directora Lynne Ramsay para contar esta historia sobre una familia cuya aparente normalidad esconde profundas y peligrosas vetas de disfunción que eventualmente terminan en tragedia. Tanto por su tema como por su ritmo podría decirse que Tenemos que Hablar de Kevin ofrece una perspectiva complementaria de la cinta Elephant (de Gus Van Sant), pero al mismo tiempo me recordó la ultra-realista sensibilidad de Ken Loach, donde hasta los momentos más prosaicos toman alto peso emocional cuando terminamos de armar las piezas del rompecabezas dramático que poco a poco nos entrega el director (o directora). En ese sentido me pareció una obra sobresaliente, aunque definitivamente no es el tipo de experiencia que ofrece simple entretenimiento, sino una sensación de dolor y sorpresa difícil de olvidar.
El argumento de Tenemos que Hablar de Kevin (basado en una novela de Lionel Shriver) nos relata en forma no lineal la vida de la familia Khatchadourian, desde el nacimiento de su hijo Kevin (interpretado por Jasper Newell de niño y Ezra Miller como adolescente) hasta el presente, cuando el joven está encarcelado por algún horrible crimen, y su madre Eva (Tilda Swinton) sufre los reproches de la sociedad que la considera responsable por los actos de su hijo. Y así, como espías atemporales, presenciamos aquellos momentos familiares que por sí mismos no parecen tener mucha relevancia, aunque en conjunto revelan la transformación de un "niño problema" en un adolescente agresivo con funesto potencial de violencia. ¿Es culpa de la madre? ¿O fue ella tan solo otra víctima de un individuo cruel y manipulador?
A veces me dan desconfianza las películas con una estructura caprichosa que saltan hacia adelante y atrás en el tiempo, pero en este caso la forma contribuye poderosamente al fondo, armando la historia de manera casual hasta que nos abruma con la enormidad de lo que estamos presenciando. Además, el título de la cinta se vuelve arteramente irónico cuando consideramos que Tenemos que Hablar de Kevin tiene pocos diálogos, y sus más intensas escenas son mudas pero repletas de significado en simples miradas, expresiones y lenguaje corporal. Rara vez podremos ver una obra tan magníficamente dirigida, donde cada escena aporta un nuevo ángulo a la trama, y no hay elemento que se haya ignorado como herramienta de la narrativa global. Lo cual, desde luego, incluye la ecléctica banda sonora, integrada por canciones que a veces contrastan fuertemente con las imágenes que acompañan, causando una respuesta visceral; mientras que en otras ocasiones funcionan como irónicos acentos que establecen perfectamente el melancólico tono de la cinta.
Sin embargo, la piedra puntal de la película es Tilda Swinton, en una de las mejores actuaciones de su carrera (lo cual ya es decir bastante). Este es el tipo de actuación que realmente captura al espectador, pues de algún modo nos transmite la turbulencia interna del personaje en su aparentemente impasible rostro y calmada actitud. Los demás actores son también sobresalientes (en particular los niños y adolescentes que interpretan a los hijos), pero la cinta es definitivamente de Swinton y, en mi humilde opinión, la pondría en el elevado nicho que el año pasado ocupó Natalie Portman en Black Swan. Simplemente no había visto una mejor actuación femenina (o masculina, para el caso) desde entonces. Obviamente todos estos halagos justifican una entusiasta recomendación para Tenemos que Hablar de Kevin, aunque advierto de nuevo que no es una película fácil ni divertida; no es uno de esos dramas catárticos que nos hacen llorar un poco y nos dejan satisfechos al salir del cine; por el contrario, incluso podría ser algo deprimente por mostrar una faceta de la sociedad cuya existencia conocemos pero preferimos ignorar. En resumen, una extraordinaria película que no quiero volver a ver jamás, a menos que sea en "clips" cuando Swinton gane el Óscar.
Calificación: 10
viernes, 13 de enero de 2012
La Última Noche de la Humanidad (The Darkest Hour)
La nueva película La Última Noche de la Humanidad me pareció notablemente mala, pero debo reconocer esto: su mera existencia hace que otros recientes relatos sobre invasiones extraterrestres parezcan buenos en comparación. Y si bien eso no es razón suficiente para verla, al menos sirve como triste consuelo para quienes desperdiciamos hora y media en esta farsa carente de suspenso, originalidad o ingenio.
La trama sigue a dos programadores norteamericanos de visita en Moscú para finalizar un importante negocio, el cual falla estrepitosamente. Para curar su depresión, ambos jóvenes deciden asistir a un club nocturno, donde conocen a dos guapas turistas con las que entablan amistad de inmediato (aunque sea porque hablan el mismo idioma). Pero cuando apenas empieza la diversión hay un corte eléctrico, aparentemente provocado por un extraño fenómeno electromagnético en el cielo sobre Moscú... el cual resulta ser preámbulo de una invasión de etéreas criaturas extraterrestres semi-invisibles que proceden a desintegrar humanos a diestra y siniestra. Los cuatro jóvenes logran refugiarse en el fondo del club, y cuando finalmente emergen varios días después, encuentran la ciudad desierta y ocasionalmente patrullada por los invisibles invasores, a quienes solo pueden detectar por las perturbaciones eléctricas que generan a su paso. Entonces, sin conocer el rostro del enemigo, y extraviados en una ciudad extraña, el cuarteto (junto con otros esporádicos sobrevivientes) tratarán de escapar a algún lugar seguro. Pero... ¿acaso quedará algún lugar seguro en este mundo invadido?
Quizás en manos de un cineasta más talentoso el concepto de los aliens invisibles tendría mayor potencial, pero el director Chris Gorak (dando un gran paso atrás después de la sólida Right at Your Door) parece usarlo como excusa para ahorrar dinero en efectos especiales. Y, aceptémoslo, los efectos especiales tienden a ser el único elemento rescatable en muchas películas de este tipo (ejemplo reciente: Skyline). Entonces, sin muchos adornos visuales ni personajes interesantes, o siquiera un argumento inteligente, La Última Noche de la Humanidad nos deja a la deriva en su lerda narrativa sin algo a lo que pudiéramos aferrarnos para mantener nuestra atención.
Para empeorar las cosas, los protagonistas son huecos y previsiblemente antipáticos (¿se supone que debemos preocuparnos por ellos solo porque son norteamericanos perdidos en Rusia?), por no mencionar estúpidos, cosa que sus diálogos confirman repetidamente ("Los invasores vienen con un plan" "Sí... ¿y cuál es el nuestro?") Los esfuerzos de los guionistas (¿tomó tres personas escribir esto?) por explotar la naturaleza electromagnética de los aliens bordean en lo ridículo, o contradicen sus propias reglas (creo que debieron investigar mejor los límites de una "jaula de Faraday"), o simplemente conducen a escenas de acción forzadas y carentes de energía. Y, para colmo, el final de la película se siente como un apresurado intento por atar cabos sueltos, pero sin ofrecer una resolución concreta y satisfactoria que pudiera dar significado a los previos noventa minutos.
No veo razón alguna para recomendar esta tediosa película, excepto quizás para estudiosos del género "invasión extraterrestre" que estén cansados de usar la cinta Battle of Los Angeles (no confundir con Battle: Los Angeles) como ejemplo de lo que NO debe hacerse en este tipo de cine. Felicidades, ya tienen un nuevo espécimen para analizar. Y quizás La Última Noche de la Humanidad tenga atractivo parcial para los fans de las películas post-apocalípticas, pues nos muestra algunas desoladoras vistas de Moscú desierta, con interminables filas de automóviles abandonados y pequeños montones de polvo como único rastro de sus previos conductores. Pero por lo demás sugiero evitarla a toda costa, y en su lugar propongo buscar alguna de las abundantes películas (o series de televisión) sobre el mismo tema, muchas de las cuales son igualmente insulsas, pero con suficientes adornos visuales para disfrazar sus limitaciones narrativas y mantenernos entretenidos (no es la solución perfecta, pero bueno...) O, mejor aún, podríamos ver Attack the Block para disfrutar una invasión extraterrestre genuinamente original y divertida, con aliens que sí dan miedo. Lo único atemorizante de La Última Noche de la Humanidad es que alguien espere que paguemos por verla.
Calificación: 4
jueves, 12 de enero de 2012
The Scorpion King 3: Battle for Redemption
La original The Scorpion King me pareció un dinámico y divertido homenaje del cine "peplum" elevado por sólida dirección (de Chuck Russell), buenos momentos de acción y el carisma de su actor principal. Y aunque no fue tan popular como la trilogía de The Mummy (donde originalmente vimos al "Rey Escorpión"), el estudio Universal Pictures justificó en el 2008 la realización de una mediocre secuela directa a DVD dirigida por el veterano Russell Mulcahy, que fue generalmente repudiada por su confusa historia y terribles efectos especiales (aunque aún recuerdo con afecto el "invisible" escorpión gigante). Por eso fue una sorpresa descubrir que algún ejecutivo consideró buena idea hacer una tercera parte, titulada The Scorpion King 3: Battle for Redemption, la cual debería ser a toda ley horrible e innecesaria... y sin embargo me pareció bastante divertida gracias a su ingenioso libreto, sólida acción y exóticas locaciones que le dan un atmósfera genuinamente "mágica" y misteriosa. ¿Quién lo hubiera sabido?
El argumento de The Scorpion King 3: Battle for Redemption comienza con una grave narración que nos relata la caída de Mathayus (Victor Webster), el Rey Escorpión que perdió su reino y sus ganas de vivir cuando falleció su reina hechicera (Kelly Hu, a quien solo vemos en “flashbacks“ reciclados de The Scorpion King). Entonces, abatido y sin razón para vivir, Mathayus decide convertirse en guerrero mercenario, vendiendo sus servicios al mejor postor. Su más reciente "cliente" es el Rey Horus (Ron Perlman), preocupado por el avance de un ejército enemigo dirigido por su maniático hermano Talus (Billy Zane), quien busca desesperadamente un libro mágico que le dará control sobre un trío de guerreros sobrenaturales, haciendo su ejército invencible. Entonces Mathayus comienza su misión con ayuda del torpe pero poderoso guerrero Olaf (Bostin Christopher), primero tratando de apoderarse del libro antes de que lo encuentre Talus, y luego organizando el rescate de la Princesa Silda (Krystal Vee), poseedora de un amuleto mágico que es indispensable para liberar a los guerreros sobrenaturales. Mientras tanto, un rebelde llamado Cobra trata de combatir a todos estos invasores de su territorio...
Como puede verse, el libreto de The Scorpion King 3: Battle for Redemption tiene material suficiente para otras dos secuelas, y su principal defecto es que introduce demasiados elementos en casi dos horas de duración, haciéndola a veces cansada y aburrida. El director Roel Reiné tiene amplia experiencia en cine B (incluyendo Death Race 2, otra competente secuela directa a DVD) y debería saber que este tipo de películas funcionan mejor entre más ágiles sean, para mantener la atención del espectador y evitar que empecemos a cuestionar sus abundantes inconsistencias (por ejemplo... ¿dónde diablos se ubica la historia? El Rey Horus tiene nombre egipcio pero parece europeo, sus guardias tienen cierto aire del medio oriente, el ejército de Talus usa cascos de centurión romano, ¡y también hay ninjas!) Pero bueno... a pesar de este argumento sobre-saturado, debo decir que la narrativa está razonablemente bien estructurada con un flujo intuitivo entre escena y escena, de modo que casi siempre sabemos lo que está pasando, y entendemos la motivación y relación entre los numerosos personajes. Esto suena como un requerimiento básico en cualquier película pero, como bien sabemos, el "cine B" trabaja con reglas distintas, así que vale la pena mencionar cuando el director logra mantener el control de su narrativa.
Los actores también hacen lo suyo, reemplazando talento histriónico con abundante personalidad y buen sentido del humor. Generalmente encuentro irritantes los "sidekicks” chistosos, pero en esta ocasión me encontré sonriendo con los parlamentos de Olaf y su elocuente interacción con el protagonista. En lo que se refiere a la acción, hay interesantes despliegues de artes marciales (¿mencioné los ninjas?) así como épicas batallas con vistosos uniformes, cientos de extras reales (personas de verdad en vez de modelos digitales), ¡y hasta elefantes! Lo cual me lleva a aplaudir la decisión de filmar en Tailandia, donde los simples paisajes selváticos, ruinas y templos budistas ofrecen un entorno fascinante y totalmente distinto de los escenarios de yeso y cartón que estamos acostumbrados a ver en otras modestas cintas directas a DVD rodadas en Canadá o Checoslovaquia. También me gustó la ausencia de efectos digitales hasta que son realmente necesarios cerca del final, cuando aparecen los guerreros sobrenaturales; y aún ahí los trucos computarizados se mantienen como adornos sutiles, en vez de robar la atención con monstruos mediocres o excesivos "glows" (como ocurrió en The Scorpion King 2: Rise of a Warrior). Por otro lado, me hubiera gustado ver más "gore" en las mencionadas batallas; ¿de qué sirve tanto juego de espadas cuando las decapitaciones ocurren fuera de cámara?
Entonces, la combinación de mis bajas expectativas con los altos valores de producción de The Scorpion King 3: Battle for Redemption (por no mencionar su simpático sentido del humor) me invitan a darle una cauta recomendación para fans del cine de acción que puedan tolerar dudosas actuaciones y ocasional aburrimiento a cambio de una buena historia, competentes peleas y épicas batallas que desafían el modesto presupuesto de la película (alrededor de seis millones de dólares, según el comentario del director). Claro que mi recomendación solo es válida para fans del cine B que sepan evaluar las fallas y aciertos de una película en el contexto apropiado de su nicho cultural; The Scorpion King 3: Battle for Redemption me pareció una buena secuela directa a DVD, y nada más. Esperar otra cosa será invitar la desilusión; y para eso ya hay bastantes obras que justifican la mala reputación de este sub-género. En otras palabras, esperemos que Uwe Boll nunca se acerque a esta franquicia.
Calificación: 7
lunes, 9 de enero de 2012
Solos en la Oscuridad (Secuestrados - Kidnapped)
Hay algunos temas recurrentes en el cine de terror que no me molesta ver una y otra vez, como el asesino "slasher", la casa embrujada o el monstruo mutante. No digo que me gusten todas las cintas de este tipo, pero ciertamente encuentro sus fórmulas fundamentalmente divertidas. Sin embargo, no me ocurre lo mismo con películas sobre "invasión doméstica" (como Funny Games o The Strangers), quizás porque usualmente carecen de historia. O, mejor dicho, la situación es la historia, de modo que podemos esperar un ritmo lento, un desarrollo predecible y muy pocas variaciones, a menos que el director en turno decida arrojar un giro sorpresivo o un desenlace ingenioso que desafíe nuestras expectativas.
La cinta española Solos en la Oscuridad (título original: Secuestrados, y conocida internacionalmente como Kidnapped) no desafía expectativas, aunque realiza eficientemente su misión, presentando con gran realismo y crudeza la invasión de una casa y el secuestro de una adinerada familia a manos de un grupo de criminales encapuchados. Está bien dirigida, bien actuada, y su económica estructura nos muestra los hechos en tiempo real, con un mínimo de cortes, lo cual eleva el suspenso e incrementa la sensación de angustia. Y eso es todo... ochenta minutos de gritos, amenazas y violencia. La experiencia es sin duda impactante y perturbadora, pero por la ausencia de un arco narrativo interesante o personajes bien definidos terminó aburriéndome a pesar de sus considerables logros.
Desde luego esa es tan solo mi opinión personal. Sin duda habrá gente que aprecie más el horror de la situación que refleja, y el tal vez el suspenso bastará para sostener su atención durante la película entera. Pero, por mi parte, no pude evitar pensar en obras de trama similar que tuvieron la suerte de contar con un libreto más ambicioso, o una ejecución más creativa (como ejemplos podría señalar el reciente re-make de Mother's Day, la británica The Disappearance of Alice Creed o incluso la francesa A l'interieur). Habiendo dicho eso, aclaro que Solos en la Oscuridad no cae dentro del género de la "porno-tortura", pues si bien hay bastante sangre y abundante crueldad, su tono es totalmente distinto, más bien serio y hasta "artístico".
Entonces, no hay nada intrínsecamente malo en esta película (con la posible excepción de una paliza estilo Irreversible que se arruina por deficientes efectos especiales); simplemente digo que no me gustan las historias de este tipo, a menos que tengan una dimensión adicional que las eleve de su monótono nicho. O, en otras palabras, no encuentro entretenido ver el sufrimiento continuo de personajes desechables a menos que haya un propósito dramático específico, o un mensaje, o al menos que sirva como preámbulo de un relato más amplio (bastaría incluso con un simple relato de venganza, al estilo de I Spit on Your Grave). Aún así, tratando de ser objetivo, debo darle una recomendación a Solos en la Oscuridad porque cumple su propósito de aterrarnos con una horrible situación, al mismo tiempo que nos inquieta con la tácita pregunta "¿Qué haría yo en esa situación?" No obstante, siento que eso no basta para hacer una buena película; cuando mucho será una experiencia intensa que nos deja un mal sabor para el resto del día, sin ofrecer sólida satisfacción narrativa. Si el lector considera que eso será una agradable velada de cine, perfecto; ojalá la disfruten (aunque "disfrutar" no sea la palabra exacta). Francamente yo prefiero la menos artística pero más entretenida fantasía de Jason Voorhees o Chromeskull.
Calificación: 7
domingo, 8 de enero de 2012
Siempre el Mismo Día (One Day)
Después de la excelente película An Education, la directora danesa Lone Scherfig debe haber recibido cientos de ofertas para trabajar en Hollywood haciendo comedias románticas. Y aunque no cedió a esa (hipotética) tentación, la publicidad de su nueva película Siempre el Mismo Día parece empeñada en hacernos creer otra cosa; de hecho, quien vea el póster o trailer seguramente pensará que se trata de otra vacía historia de amor, como las que hemos visto decenas de veces (literalmente). Sin embargo, la realidad es muy distinta... aunque eso tampoco significa que sea una buena película.
La trama de Siempre el Mismo Día sigue la relación entre Dexter (Jim Sturgess) y Emma (Anne Hathaway) a lo largo de dos décadas, pero dejándonos ver únicamente un día de cada año (julio 15, para ser exactos). En su época universitaria (1988) Emma y Dexter compartieron una noche de pasión, y aunque no se transformó en romance, sirvió como inicio de una duradera amistad; y así, año tras año, vemos cómo cada uno sigue su vida por separado con las habituales alegrías y dolores de la vida adulta, desde tragedias familiares y problemas laborales hasta infidelidades de sus respectivas parejas. ¿Será posible que después de tantos años la amistad se transforme en otra cosa?
Después de todo sí suena como una comedia romántica, pero Scherfig aspira a mostrar una visión más realista de las relaciones modernas, libre de romance idealizado, conflictos forzados o aquellos típicos "grandes gestos" con los que todo se resuelve en películas más simples. Por el contrario, Siempre el Mismo Día se esfuerza por mostrarnos los momentos menos glamorosos de esa larga amistad, incluyendo las peleas, las pequeñas traiciones y las reconciliaciones que dan textura a una relación que trasciende el simple romance. En ese aspecto podríamos considerar la película como un "estudio de carácter" centrado en dos personas falibles e imperfectas, pero de algún modo compatibles en un nivel más profundo. Y, claro, con actores tan sólidos como Jim Sturgess y Anne Hathaway en los papeles principales, es fácil aceptar sus actitudes y sumergirnos en sus vidas.
Sin embargo la historia es tan "realista" que podríamos llamarla “prosaica”, y honestamente no me pareció muy interesante, sobre todo cuando la vemos solo en atisbos ocasionales. En otras palabras, cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes... mala suerte; ya pasó un año y todo es diferente. Y si bien me gusta que los personajes sean marginalmente originales y se rehúsen a seguir los estándares del cine romántico, tampoco me parecieron muy agradables. Dexter se comporta frecuentemente como un odioso patán, mientras que Emma es tan insegura que termina irritando con sus malas decisiones y falta de dirección. Y mejor no diré nada sobre una inesperada revelación que parece el truco de un guionista temeroso de no alcanzar un nivel emocional satisfactorio para el espectador. Ese final parecerá honesto y catártico para algunas personas, mientras que otras lo sentirán frustrante e innecesario. Por mi parte, ni siquiera me importó lo suficiente para decidirme por una de esas posturas (conviene aclarar, como siempre, que no soy una persona particularmente "romántica", y por lo tanto tiendo a ver este tipo de películas con la frialdad de un robot y la sensibilidad de un troglodita, así que es tal vez no supe apreciar la veta sentimental que yace al centro de la historia).
Entonces, solo recomendaría Siempre el Mismo Día para devotos de la guapa Anne Hathaway y para curiosos interesados en ver un drama honesto (pero no muy interesante) que desafía expectativas y no encaja fácilmente en los variados nichos de la cine romántico. En cuanto a Lone Scherfig, me sigue gustando su sobrio estilo narrativo y buen ojo para el "casting"; lástima que en esta ocasión le falló el material (basado en una popular novela de David Nicholls, quien también se encargó del libreto), y no alcanzó ni la audacia temática ni la profundidad narrativa de la mencionada An Education. Ni hablar; quizás tendrá más suerte otro día.
Calificación: 6.5
sábado, 7 de enero de 2012
Presas del Diablo (The Ward)
Nota: Por fin se estrena en México la nueva película de John Carpenter (con un título que nada tiene que ver con su argumento), así que publico nuevamente la crítica para comodidad de los lectores.A estas alturas ya no debería sorprenderme la desilusión de ver a mis antiguos héroes cinematográficos realizando películas mediocres que en nada se acercan a sus originales glorias. Por otro lado, quizás sea injusto esperar genialidad en todo lo que hagan, sobre todo considerando que son personas normales, muchos de ellos rondando su séptima década, y quizás algo cansados de una industria que ha cambiado sustancialmente en los últimos treinta años. Entonces, en aras de la objetividad, trataré de olvidar que la nueva cinta The Ward fue dirigida por el legendario John Carpenter, para evaluarla como cualquier otra cinta de terror directa a DVD. No prometo lograrlo, pero haré lo posible.
Al principio de la cinta encontramos a la perturbada joven Kristen (Amber Heard) incendiando intencionalmente una casa abandonada en mitad del campo; dos policías la sorprenden y, dándose cuenta de su frágil estado mental, deciden llevarla a un hospital psiquiátrico cercano, donde es internada para observación y diagnóstico. Pero desde la primera noche Kristen descubre una presencia sobrenatural rondando por el ala del edificio que comparte con otras cuatro muchachas similarmente trastornadas. Y, cuando no están peleándose por cualquier cosa o bailando a ritmo de “doo-wop”, las pacientes tienen suficiente libertad para buscar problemas con el personal que las cuida, o para husmear en los viejos archivos del hospital. Así es como como Kristen empieza a investigar el siniestro pasado del edificio, donde encuentra secretos que los doctores y enfermeras tratan de ocultar.

The Ward se desarrolla predeciblemente, distribuyendo a lo largo de sus noventa minutos los obligatorios sobresaltos y muertes violentas que esperamos ver en este tipo de películas. Sin embargo el énfasis no está en el "gore", sino en la atmósfera de amenaza que flota sobre los fríos corredores del hospital; en ese aspecto la película funciona razonablemente bien, pues conforme empeora la situación se incrementa el suspenso, y podemos compartir la creciente paranoia de Kirsten, atrapada entre personas inestables en las que no puede confiar. Sin embargo, el libreto se mantiene ambiguo sobre el aspecto sobrenatural, de modo que nunca estamos seguros si la joven está en la pista correcta, o si solo es víctima de alucinaciones; después de todo, está en un hospital psiquiátrico con buena razón. Esa incertidumbre hace un poco más interesante la genérica fórmula de The Ward, aportando una dimensión adicional a la receta de "fantasma vengativo" (un fantasma que, por cierto, es suficientemente tangible para recibir heridas de armas punzocortantes).

Por el lado negativo tenemos actuaciones forzadas y demasiado exageradas. Amber Heard me parece una actriz competente, capaz de abordar papeles muy distintos (desde la rebelde vengadora en Drive Angry hasta la "hija simulada" en The Joneses); sin embargo sus desmesurados gritos y excesivas reacciones en The Ward se sienten fuera de lugar, como si quisiera reemplazar con ruido las inexistentes emociones que debería expresar su personaje. Y lo mismo aplica a Danielle Panabaker (la chica seductora), Lyndsy Fonseca (la intelectual, con todo y lentes), Laura Leigh (la tímida) y Mamie Gummer (la agresiva). Aunque debo decir que las actuaciones mejoran conforme avanza la película, lo cual me hace pensar que les faltó tiempo de ensayo a las actrices para "encontrar" sus respectivos personajes y sentirse más cómodas en sus interpretaciones. Supongo que es un problema común en el cine independiente de bajo presupuesto.

No hay mucha innovación en The Ward, pero su ágil ritmo y buen manejo del suspenso (por no mencionar la inesperada revelación final) ayudan a compensar las irregularidades narrativas y las variables actuaciones. De hecho, creo que me hubiera gustado más si no usara tantos ridículos sobresaltos y música estruendosa para "asustarnos", ya que el misterio central y la dirección de Carpenter bastan para mantener el interés y envolvernos en su angustiante atmósfera. Entonces, puedo recomendarla como una decente película directa a DVD, ligeramente por arriba del promedio, pero muy por debajo de obras recientes como The Loved Ones, Stake Land o Monsters, que son genuinas herederas y redentoras del humilde horror independiente. Alguna vez John Carpenter formó parte de un movimiento similar... ahora simplemente se entretiene probando las fórmulas de sus discípulos. Ojalá The Ward haya sido más satisfactoria para él que para los que decidimos verla.
Calificación: 6.5
viernes, 6 de enero de 2012
J. Edgar
Regresando al terreno de las biografías que no visitaba desde Bird (hace casi veinticinco años), el director Clint Eastwood enfoca ahora su atención en un sujeto ciertamente fascinante, alrededor del cual flota una difusa nube de leyendas urbanas que amerita ser disipada: John Edgar Hoover, director del F.B.I. desde 1924 hasta 1972 (de hecho se podría decir que fue su fundador, pues el “Buró de Investigación“ era en aquel entonces una rama menor del Departamento de Justicia), quien es más recordado por su legendaria paranoia y su rumorada homosexualidad que por sus genuinos logros. La película J. Edgar trata de mostrarnos las múltiples facetas de este enigmático personaje, pero en su esfuerzo por alejarse del morbo y el escándalo termina siendo demasiado blanda y fría para realmente capturarnos con su difusa narrativa.
La trama de J. Edgar abarca las décadas del reinado de Hoover (Leonardo DiCaprio) como director del F.B.I., mostrándonos sus enfrentamientos con miembros de la política (como Robert Kennedy, hilarantemente interpretado por Jeffrey Donovan); sus inmisericordes cruzadas contra el crimen organizado; su manejo del tristemente célebre secuestro del hijo de Charles Lindbergh (Josh Lucas); la extorsión de gente famosa con sórdidos hábitos personales o ideología; y desde luego su obsesión por perseguir y eliminar los elementos comunistas de los Estados Unidos, que en cierto momento de la historia representaron un peligro real, con bombardeos y asesinatos perpetrados por extremistas "bolcheviques". Y así presenciamos una carrera de casi medio siglo, a lo largo de la cual Hoover trata de conciliar sus inflexibles estándares morales con sus auténticas emociones, que solo conocían las personas más cercanas a él, como su dominante madre Anna (Judi Dench), su confidente y secretaria Helen Gandy (Naomi Watts) y su protegido Clyde Tolson (Armie Hammer).
Es muy difícil escribir una sinopsis literal de J. Edgar porque el libreto (escrito por Dustin Lance Black) salta constantemente hacia adelante y atrás en el tiempo, visitando pasajes importantes de la carrera de Hoover, pero negándonos muchas veces el contexto necesario para apreciar la evolución (o corrupción) del protagonista a lo largo del tiempo. Parecería que Eastwood hizo su película exclusivamente para estudiosos de J. Edgar Hoover; o quizás para sus contemporáneos que vivieron en las noticias los eventos retratados por la cinta. Pero como espectador casual sentí frecuente frustración por no encontrar el hilo narrativo que diera cohesión a la historia. Aún así hay muchos buenos momentos en J. Edgar gracias a su notable elenco y al meticuloso trabajo de los diseñadores de producción para recrear los distintos períodos históricos. Quizás por eso a fin de cuentas me dio la impresión de estar viendo una de esas biografías de History Channel, donde se eliminaron los pasajes narrados y solo quedaron las recreaciones con actores. Sin duda es interesante y hasta podemos aprender algo... pero el resultado final se siente incompleto y menos satisfactorio de lo que esperábamos.
Por otro lado, quizás Eastwood no estaba interesado en comprimir una carrera de 48 años en tan solo dos horas de película, así que simplemente tomó puntos clave para que entendiéramos al hombre detrás de la leyenda; cualquier libro podría darnos el contexto cronológico de Hoover; pero hace falta el trabajo de un buen actor y un hábil cineasta para dar vida a un personaje lleno de contradicciones, cuya obsesión por sus causas (ya fuera la persecución del comunismo o la inmoralidad de Hollywood) mostraban al mismo tiempo su celo patriótico y el conflicto interno que lo impulsó durante su vida. Hablando de lo cual, Eastwood es especialmente cuidadoso al retratar la larga relación (nadie la llamaría "romántica") que Hoover mantuvo con su protegido Clyde Tolson, al mismo tiempo que atacaba públicamente a los homosexuales por amenazar las bases mismas de la sociedad norteamericana. Otro interesante contraste es el esfuerzo que Hoover hizo por modernizar las técnicas del F.B.I., introduciendo procedimientos científicos y el uso de huellas digitales para capturar delincuentes... pero también para mantener un registro de la población entera que le permitiría tener estricto control sobre cualquier disidente o indeseable que pudiera surgir. Y, claro, su manía de espiar a los ciudadanos y hacer grabaciones de conversaciones privadas le permitió encontrar tantos indeseables como fueran necesarios para promover su carrera política.
Supongo que Leonardo DiCaprio tendrá merecidas nominaciones por su interpretación de J. Edgar Hoover (auxiliado por efectos de maquillaje no siempre creíbles); pero también merece reconocimiento el elenco secundario, entre el cual puedo señalar a Judi Dench como la madre de Hoover, cuya influencia en su hijo parece tener dos filos; Naomi Watts como la fiel Helen Gandy, al mismo tiempo secretaria, esposa platónica y confidente leal que nunca traicionó la confianza de su jefe… incluso cuando se metía en situaciones claramente ilegales; y desde luego Armie Hammer como Clyde Tolson, cuya orientación sexual toma oblicuas formas en una sociedad tan estricta y conservadora. El apoyo de estos actores (entre muchos otros) complementa la hipnótica interpretación de DiCaprio, y contribuye a mantener la cinta en movimiento incluso cuando el libreto no sabe hacia dónde dirigirse. Entonces, puedo recomendar J. Edgar para quienes estén muy interesados en la vida y carácter de John Edgar Hoover; pero quienes solo busquen una entretenida película sobre "G-Men", mejor renten Public Enemies (imperfecta pero más dinámica) o, mejor aún, la original The Untouchables. Para bien o para mal, Clint Eastwood hizo demasiado bien su trabajo, poniendo al frente la personalidad de Hoover y sacrificando las emociones de su azarosa carrera. Pero bueno, para eso está Wikipedia.
Calificación: 6.5
lunes, 2 de enero de 2012
The Future
Para este momento el cine independiente está saturado de tragicomedias sobre excéntricos personajes enfrentando típicos problemas de aislamiento, melancolía o desamor. Sin embargo en el año 2005, cuando se estrenó la película Me, You and Everyone We Know, la fórmula aún parecía fresca y representó una muy agradecida alternativa en el cine de autor, el cual parecía sufrir un período de hibernación desde que cineastas como Steven Soderbergh o Richard Linklater se graduaron a las “grandes ligas“. Por alguna razón la directora de Me, You… tardó seis años en realizar su siguiente película, The Future, y me interesaba mucho verla para confirmar si July terminó siendo absorbida por el "status quo" del cine "indie", o si intentaría sentar nuevas bases para innovar tanto como lo hizo en su primera película. Lo curioso es que aún no sé la respuesta, pues la cinta es indudablemente difícil de digerir e imposible de clasificar.Al principio de The Future conocemos a Sophie (Miranda July) y su novio Jason (Hamish Linklater), viviendo modestamente en un anónimo suburbio de Los Ángeles donde él trabaja en soporte técnico telefónico, y ella es maestra de "pre-ballet" para niñas pequeñas. Es obvio que ninguno está satisfecho con sus vidas, pues ambos creían que para los treinta y tantos años serían ricos, o al menos tendrían una auténtica carrera, en vez de trabajos casuales de los que nunca escaparon. Quizás para llenar los huecos en su relación, Sophie y Jason deciden adoptar un gato lastimado que encontraron en la calle, a quien nombran Paw-Paw; pero antes de tenerlo en casa, el animalito debe pasar un mes en el hospital veterinario. Entonces la pareja se da cuenta de que, una vez que llegue Paw-Paw, tendrán que cambiar sus rutinas y ser más responsables, por lo que deciden aprovechar ese mes para re-plantear sus vidas y encontrar algo que realmente les guste y los deje satisfechos. Naturalmente, durante esos treinta días encuentran saltos en el tiempo, realidades paralelas y conversaciones con la Luna, mientras Paw-Paw nos narra sus expectativas sobre lo que será vivir "adentro" después de haber nacido "afuera".
Al igual que ocurrió con Me, You and Everyone We Know, el argumento de The Future sigue las inesperadas conexiones humanas que surgen cuando los protagonistas abandonan sus trabajos y empiezan sus nuevas vidas. Por lo tanto, la película se desarrolla como una serie de viñetas que van formando una narrativa difusa, de incierto tono y propósito, pero unificada por la sensibilidad etérea y rebuscada de la directora. Esto es a veces bueno y a veces malo. Cuando la trama se centra en los aspectos humanos y realistas de los personajes, puede crear momentos de conmovedora sinceridad y brillantes observaciones sobre la condición humana (y felina). Pero cuando se asoman los elementos fantásticos o imaginarios, o lo que sean, se sienten tan inexplicables y artificiales que descarrilan la película con su forzada búsqueda de una respuesta emocional. En otras palabras, creo que hay una buena película oculta en algún lugar de The Future; lamentablemente es difícil encontrarla cuando hay tantas interrupciones y digresiones "creativas" contaminando sus mejores atributos.
Desde un punto de vista más prosaico, admiré el trabajo del cinematógrafo Nikolai von Graevenitz, trabajando en video pero sin perder la rica textura de claroscuros y colores pastel que visten los minimalistas escenarios de la historia. También me gustó la selección de actores, no solo en los papeles principales sino en los secundarios, que a fin de cuentas es donde reside todo el carácter de la cinta. Y, claro, como amante de los animales aprecié los pasajes narrados por el gato (con la voz de Miranda July, aunque tan disimulada que no me enteré sino hasta los créditos finales), quien posiblemente ofrece la perspectiva más honesta y profunda de toda la película (auxiliado por ingeniosos efectos para dar mayor personalidad a estos monólogos... no se preocupen, el gato no "habla" digitalmente; sólo vemos ocasionalmente sus manos). Sin embargo, la confusa estructura de The Future y sus desafortunados momentos de falso sentimentalismo, por no mencionar el final abrupto y deprimente que no resuelve absolutamente nada, me impiden darle una recomendación. Aún así hay algunas cosas interesantes para fans del cine "indie" (como yo) que sepan conformarse con migajas de contenido en un plato de insípido relleno. Y desde luego me interesará ver hacia dónde se dirige la carrera de Miranda July; obviamente tiene cosas interesantes que decir, y me gustaría escucharlas cuando logre plantear mejor sus ideas y organizar su narrativa. Pero sospecho que eso también está en el futuro.Calificación: 5
domingo, 1 de enero de 2012
¡Feliz Año 2012!
Como siempre, quiero agradecer a todos su apoyo, comentarios y regaños durante el año pasado. Considero esa interacción como lo más valioso de Imagen en Negativo (en segundo lugar están los “clicks“ en los anuncios, y en tercer lugar las visitas de fotógrafos que se confundieron con el nombre del blog). Entonces, por favor reciban mis mejores deseos para el 2012, y que todos sus sueños se hagan realidad (excepto los de Roland Emmerich, en caso de que esté leyendo esto) (sí, claro). ¡Un abrazo y mucho éxito!
Muerte Bajo Tierra (Underground)
Perfecto. Otra mediocre película directa a DVD que por alguna razón llega a cines de México, exigiéndonos pagar por verla, cuando no funcionaría ni como relleno nocturno en algún canal de TV abierta. Ni hablar... la bazofia en turno se llama Muerte Bajo Tierra, y no podría ser más tediosa, predecible y antipática. En resumen, mal augurio para el 2012. Si a esto se referían los Mayas, voy a empezar a creer sus "profecías".
Al principio de Muerte Bajo Tierra vemos cómo un escuadrón de rudos soldados se infiltra en un búnker secreto, donde se llevaron a cabo grotescos experimentos para producir “soldados transgénicos“ (o lo que sea). Desde luego el experimento salió de control y escaparon varias criaturas humanoides altamente agresivas, que ahora los soldados deben exterminar sin piedad... pero ocurre exactamente lo opuesto. Entonces el gobierno decide simplemente sellar el búnker y relegarlo al olvido. Sin embargo, dos años después alguien decide usarlo para organizar un "rave" (¿aún existen?), y cuando se desata una pelea entre los ebrios asistentes, varios jóvenes se refugian en los niveles subterráneos del edificio, donde quedan atrapados con las criaturas mutantes. ¿Lograrán sobrevivir? ¿Logrará importarnos si lo hacen? Y, sobre todo, ¿lograré quedarme despierto durante los interminables 83 minutos de este bodrio?
Pues sí, aguanté la película sin dormirme, aunque siento que no perdería nada si hubiera tomado una siesta de cuarenta o cincuenta minutos, pues una vez que los personajes quedan atrapados, la trama se instala en una repetitiva rutina de "caminar por los corredores oscuros-ataque de monstruo-caminar un poco más-otro ataque de monstruo; repetir hasta el final". Hablando de "oscuros", quizás Muerte Bajo Tierra sería más tolerable si pudiéramos ver lo que está pasando. Muy bien, entiendo que los jóvenes están en un complejo subterráneo, donde lógicamente hay poca iluminación, y la oscuridad forma parte importante del terror... pero el director Rafael Eisnman exagera el concepto hasta niveles de incoherencia visual que solo hacen más irritante la experiencia, pues la confusa cinematografía no solo nos dificulta diferenciar a los personajes (¡como si fuera importante!), sino que hace casi invisibles los efectos "gore" resultantes de los ataques.
Y, bueno, no hablemos siquiera de actuaciones o diálogos como posibles redentores de la película; parecería que el guionista Charles Morris Jr. recibía dinero extra cada vez que usaba las frases "Oh, shit", "Go, go, go!", "Watch out!" y "Shut the fuck up!" Lo cual, de paso, nos da una buena idea sobre la ambición narrativa a la que aspira el libreto; tan solo eso bastaría para hundir la película incluso si sus elementos técnicos fueran sobresalientes. Entonces, para no gastar más tiempo en este detritus fílmico, recomendaré mantenerse tan lejos como sea posible de Muerte Bajo Tierra, no solo para evitar una horrible experiencia, sino para mandar un mensaje a los distribuidores que siguen poniendo esta basura en la pantalla grande, mientras que obras de mayor valía (por ejemplo, Tucker & Dale Vs. Evil o The Loved Ones) languidecen como joyas ignoradas en DVD o, mejor aún, solo ganan difusión por medio de distribución ilegal, negando regalías a cineastas que las merecen. Pero bueno, al menos así alguien disfrutará buenas películas, en vez de caer en la trampa de Muerte Bajo Tierra y cintas similares.
Calificación: 2
sábado, 31 de diciembre de 2011
El Conspirador (The Conspirator)
Como he mencionado con sospechosa frecuencia, soy aficionado a la literatura sobre conspiraciones desde que empecé a usar el Internet a mediados de los noventas, y descubrí el fascinante universo de foros y sitios donde investigadores serios y lunáticos gozaban igual oportunidad para proponer sus descabelladas teorías. Por eso yo esperaba que una película con el atractivo título de El Conspirador ofrecería una perspectiva más sórdida y entretenida de su tema central, a saber: la muerte de Abraham Lincoln y la conspiración detrás de su asesinato. Sin embargo (para bien o para mal) el director Robert Redford tenía planeado algo muy distinto, pues usó el mencionado magnicidio tan solo como detonante de una interesante historia sobre justicia, venganza y derechos civiles. Obviamente no fue lo que yo esperaba, y aún así pude disfrutarla... marginalmente.
De hecho, El Conspirador ni siquiera se centra en un conspirador, sino en una conspiradora. El 14 de Abril de 1865, durante los meses finales de la Guerra Civil norteamericana, un grupo de simpatizantes confederados orquestó un audaz golpe contra el gobierno, asesinando al Presidente Abraham Lincoln y atentando contra las vidas del Vicepresidente y del Secretario de Estado, quienes sobrevivieron. John Wilkes Booth, el asesino de Lincoln, murió durante la subsiguiente cacería policíaca, pero varios de sus secuaces fueron arrestados, y se descubrió que el complot se planeó en la casa de huéspedes de Mary Surratt (Robin Wright), una viuda sureña cuyo hijo tenía estrecha relación con Booth. Tan solo por eso Mary es arrestada, y la tarea de defenderla ante un juzgado militar recae en el joven abogado unionista Frederick Aiken (James McAvoy), quien encuentra la tarea ofensiva y a fin de cuentas inútil, pues la mujer es obviamente culpable. Sin embargo, conforme Aiken prepara el caso, se da cuenta de que no hay evidencia suficiente de que Mary haya sido cómplice de los asesinos. Pero, ¿logrará convencer a los jueces militares hambrientos de venganza?
Tanto por el período histórico como por el tema legal, esta película podría compararse con Amistad aunque, a diferencia de aquella, El Conspirador usa una narrativa mucho más fría y cerebral, libre de sentimentalismo o manipulación emocional. De hecho, el punto de la historia ni siquiera es determinar la culpabilidad o inocencia de Mary Surratt, sino simplemente respetar sus derechos civiles y no dejar que los factores externos (la Guerra Civil, el dolor colectivo de perder a un presidente querido) sirvan como excusa para ignorar la Constitución y pisotear la intención de quienes la escribieron. Obviamente el director Robert Redford quiso usar este poco conocido pasaje de la historia como analogía de lo que ocurre hoy en la "guerra contra el terrorismo", donde la privacidad, los derechos humanos y a veces la simple decencia tienden a desaparecer en aras de la seguridad.
Desafortunadamente la manera como Redford eligió transmitir su mensaje es tan lenta y repetitiva que podría aburrir al público con dos horas de seco drama legal, así como un héroe que reitera una y otra y otra vez las mismas frases ante jueces, amigos y hasta su novia Sarah (Alexis Bledel), tratando de convencerlos de que no está traicionando su afiliación política, ni poniéndose del lado de los asesinos, sino simplemente cumpliendo su trabajo como abogado, defendiendo la constitución y respetando los derechos de su clienta, sin importar su inocencia o culpabilidad, y sin dejarse influir por la opinión popular. Además, la producción de El Conspirador es tan modesta que casi la llamaría "minimalista", pues el noventa por ciento de la historia transcurre en las mismas tres locaciones: el juzgado militar (totalmente distinto a las opulentas cortes que vemos en las películas de John Grisham), la casa de huéspedes de Mary Surratt (la cual aún existe como museo), y la inmunda celda de la mujer. Para nada veremos majestuosas tomas de la ciudad de Washington en el siglo diecinueve, ni épicos combates de la Guerra Civil (aunque, estrictamente hablando, El Conspirador comienza en el campo de batalla... cuando ya terminó la batalla).
A pesar de todo la trama me pareció interesante, y las excelentes actuaciones de James McAvoy, Robin Wright, Evan Rachel Wood (como hija de la acusada) y Colm Meaney (como el juez principal) me ayudaron a superar los momentos cansados o lentos de la película; entonces, lo que parecía un suplicio de dos horas se convirtió en una fascinante lección de historia (o tanto como pueda serlo una película) y una válida alegoría del clima político contemporáneo. Por todo eso debo darle una recomendación a El Conspirador, aunque definitivamente no será para todos los gustos, ni cumplirá las expectativas de quienes busquen las fórmulas tradicionales del cine legal o de conspiraciones. Sé que esto suena más como advertencia que como recomendación, pero solo estoy tratando de anticipar lo que encontrarán en esta película... a menos que los esté engañando. Después de todo, no conviene saber demasiado sobre estos temas. ¡Sic semper tyrannis!
Calificación: 7.5
viernes, 30 de diciembre de 2011
Sherlock Holmes: Juego de Sombras (Sherlock Holmes: A Game of Shadows)
Hace dos años, cuando se estrenó la nueva versión de Sherlock Holmes, esperaba odiarla con pasión. Sin embargo, resultó ser una agradable sorpresa por re-interpretar al icónico personaje victoriano como un héroe de acción, sin perder sus tradicionales poderes deductivos y brillante mente analítica. Pero, más que nada, la película funcionó gracias a las divertidas actuaciones de Robert Downey Jr. y Jude Law, cuya excelente química nos hizo creer en su larga amistad y afinidad profesional. Y ahora la nueva secuela Sherlock Holmes: Juego de Sombras tiene el acierto de conservar esa graciosa relación (perdón, "asociación"), aunque comete el error de descuidar el argumento, recargándolo de escenas de acción y demorando demasiado en establecer el punto de la historia. Aún así me pareció entretenida, pero inferior a la original.
La trama da demasiadas vueltas y parece innecesariamente enredada, así que trataré de simplificarla: al principio de la película nos enteramos de que Sherlock Holmes (Robert Downey Jr.) está investigando una serie de asesinatos -incluyendo un atentado contra su fiel amigo, el Dr. John Watson (Jude Law)- pues sospecha que fueron orquestados por su archi-rival, el Profesor James Moriarty (Jared Harris); sin embargo el hábil villano es demasiado listo, y siempre está un paso adelante de los héroes... hasta que una enigmática mujer gitana llamada Simza (Noomi Rapace) les ayuda a encontrar la conexión entre los crímenes, revelando el auténtico plan de Moriarty... el cual pondrá en peligro el futuro de Europa, y quizás del mundo entero.
El argumento de Sherlock Holmes: Juego de Sombras pretende emular los laberintos lógicos de los cuentos de Sherlock Holmes, pero carece de la meticulosa elegancia y economía narrativa que Sir Arthur Conan Doyle usaba en sus obras. Por el contrario, el libreto de Michele y Kieran Mulroney es una arbitraria maraña de causas y consecuencias diseñada para simular ingenio, cuando en realidad se siente confuso y pobremente planteado (aunque sin duda mejora al final, cuando por fin encajan las piezas del rompecabezas). Sin embargo el desarrollo no es particularmente importante mientras cumpla su función de llevarnos por la acción y los momentos serios con cierta sensación de impulso dramático, dando amplias oportunidades para lucir la inteligencia de Holmes, la valentía y tenacidad de Watson, y la habitual destreza del director Guy Ritchie para plasmar con edición rápida y cámara lenta el proceso deductivo del detective. Sí, quizás exagera un poco con tantas secuencias de este tipo pero, caray, están tan bien realizadas que se disfrutan hasta cuando son obvio relleno y capricho estético, en vez de contribuir a la narrativa, como lo hicieron en la cinta original.
Y además, como dije al principio, la mayor atracción son las actuaciones de Downey Jr. y Law, repletas de chispeantes diálogos con el balance justo de humor para hacernos reír, sin perder el suspenso ni la sensación de amenaza que se cierne sobre los héroes. Por su parte, el elenco secundario es competente, aunque no siempre sea bien usado. Por ejemplo, Noomi Rapace participa en sólidos momentos de acción que la salvan de ser una simple damisela en peligro, pero a fin de cuentas no es más que una presencia femenina para balancear el "bromance" entre Holmes y Watson. También me gustó ver al genial Stephen Fry como Mycroft Holmes, el hermano de Sherlock; lástima que no hayan sabido integrarlo mejor a la trama (quizás como lo hizo Alan Moore en las novelas gráficas de The League of Extraordinary Gentlemen). Finalmente, el más desperdiciado es Jared Harris en el papel del Prof. Moriarty, uno de los más célebres villanos de la historia, aquí transformado en un aburrido catedrático; aunque admito que al final lo dejan brillar en una excelente escena ubicada alrededor de ciertas cataratas suizas...
Claro que nadie estará pensando en los tropiezos narrativos mientras admira las elaboradas secuencias de Sherlock Holmes: Juego de Sombras, como el atentado en el tren, o la increíble persecución por el bosque. Esa capacidad para entretener (incluso cuando no sabemos qué demonios está pasando) es lo que le merece una recomendación a esta secuela, no tan creativa ni fresca como la original, y por supuesto menos ingeniosa, pero después de todo con suficientes atributos para satisfacer a quienes sólo buscamos un rato de entretenimiento de fin de año en las salas de cine. Habiendo dicho eso, no me gustaría ver otra secuela si el director sigue enfocándose tanto en la acción que pierde de vista la intriga detectivesca que debería servir como núcleo de estas historias. Hay un gran acervo literario que podrían explotar, en vez de reemplazarlo por imágenes bonitas; eso déjenselo a Paul W.S. Anderson o Tarsem Singh. Holmes debería seguir siendo Holmes con o sin cámara lenta.
Calificación: 8
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