lunes, 16 de mayo de 2011

El Defensor (The Lincoln Lawyer)

Los dramas legales nunca han estado entre mis películas favoritas, pero sin duda puedo disfrutarlos cuando saben emplear las clásicas herramientas de lógica, análisis y deducción para ilustrarnos sobre la complicada relación entre “ley” y “justicia”, sobre todo cuando está sustentada por una historia interesante y personajes que nos hagan creer la importancia de los graves temas que manejan. En otras palabras, prefiero que sean más como Amistad o Paths of Glory, y menos como Chicago o Erin Brockovich (aunque respeto sus... singulares interpretaciones del circo legal). La nueva película El Defensor presenta un caso inusual, pues sabe usar los tradicionales clichés del género para mostrarnos las aventuras de un abogado muy peculiar; sin embargo su estructura y mecanismos dramáticos son más parecidos al del cine policíaco, con el abogado fungiendo también como investigador de un horrible crimen. Esta combinación da como resultado una experiencia inverosímil pero entretenida, que igualmente funciona bien durante sus momentos de acción, y cuando está en el juzgado gritando "¡objeción!".

El "defensor" del título es Mick Haller (Matthew McConaughey), abogado muy informal que trabaja desde el asiento trasero de su automóvil Lincoln, recorriendo las calles de Los Ángeles con su chofer Earl (Laurence Mason) y usando sus múltiples contactos, carisma y constante palabrería para liberar criminales a cambio de dinero y favores de la gente que contrata sus servicios (por lo general también criminales, aunque más "honestos"). Obviamente Haller no es el abogado más ético que existe, pero es bueno en su trabajo y por eso es respetado tanto en círculos legales como entre los delincuentes. Sin embargo su cliente más reciente es muy distinto de los drogadictos y traficantes con los que usualmente convive. Esta vez se trata de Louis Roulet (Ryan Phillippe), un magnate de bienes raíces que fue acusado de violar y golpear brutalmente a una prostituta, aunque él alega que se trata de una trampa para extorsionarlo. Haller ve la oportunidad de representar a un "pez gordo" y procede a construir su defensa... pero durante las pesquisas empieza a sospechar que hay algo más siniestro detrás del crimen, y que su intervención en el asunto no fue tan casual como parece.

El concepto es bastante interesante y parece una buena alternativa al monopolio de John Grisham y sus relatos de corrupción urbana o pintoresco "gótico rural" (por cierto, El Defensor está basada en una novela de Michael Connelly, ex-reportero criminal de Los Ángeles que supuestamente basó el personaje de Mick Haller en varios "abogados automovilísticos" activos en esa ciudad). Aclaro: aunque El Defensor no posea el característico melodrama y sofisticación de Grisham, tampoco pretende ser realista, sino una idealizada interpretación del sistema legal donde las fiscales son notablemente hermosas (cortesía de la siempre eficiente Marisa Tomei), los colaboradores son demasiado pintorescos (en este caso John Leguizamo como un parlanchín policía, y el genial William H. Macy como un tenaz investigador que parece una especie de Sasquatch sureño) y cada caso es fácilmente resuelto con los contactos del protagonista y la "lengua dorada" con la que convence a todo el mundo. Aún así el argumento está bien construido y nos mantiene en suspenso durante casi toda la película, sobre todo cuando se complica con revelaciones inesperadas y la amenaza de violencia en contra del abogado mismo.

En el papel principal Matthew McConaughey ofrece una interpretación genuinamente buena, al mismo tiempo exuberante y modulada, con la auténtica naturaleza de su personaje oculta (pero no invisible) detrás de la arrogancia y narcisismo. Por su frecuente aparición en comedias románticas y aventuras familiares es fácil olvidar al buen actor que impresionó hace una década en Frailty y Amistad; es bueno ver que sigue activo y que aún puede sorprendernos cuando encuentra el material apropiado. El resto del elenco está integrado por brillantes actores de carácter que desafortunadamente no tienen mucho que hacer, al menos desde el punto de vista dramático. Desde los mencionados Tomei, Leguizamo y Macy, hasta Bryan Cranston, Josh Lucas y Michael Peña, todos se sienten creíbles y cumplen su labor con decoro, pero nadie destaca realmente, ni amenaza con "robarse" la película. Este es "El Show de McConaughey" de principio a fin, así que quienes encuentren antipático al actor probablemente no disfrutarán tanto esta cinta.

Los abogados y el mundo legal siempre han sido una fuente de inspiración para la cultura popular, y El Defensor se gana su lugar como entretenimiento ligero junto a películas como A Few Good Men y The Firm, aunque por su frivolidad y falta de realismo yo la ubicaría muy por debajo de obras "serias" como The Verdict y To Kill a Mockingbird. Merece una recomendación por la actuación de McConaughey, por las vueltas que da la historia (algunas un poco previsibles, pero bueno...) y por la enérgica dirección de Brad Furman, quien posee el balance justo de estilo y disciplina para llevar la historia con vigor, pero sin distraernos con adornos innecesarios. Tengo entendido que el personaje de Mick Heller ha aparecido en varias novelas, y francamente no me molestaría ver una secuela cinematográfica que continuara las aventuras de este abogado, éticamente ambiguo en lo que respecta a la ley, pero firme en asuntos de justicia. Y de paso podrían aprovechar mejor a los excelentes actores secundarios; son demasiado buenos para ser simples engranes de la trama.
Calificación: 7.5

sábado, 14 de mayo de 2011

Priest - El Vengador (Priest)

Estrictamente hablando, Priest - El Vengador está basada en un "manga" coreano (¿manhwa?) que nunca he leído. Pero no importa, pues para efectos prácticos la película es una combinación de elementos bien regurgitados por el género fantástico. Para empezar, tenemos a Paul Bettany en un papel de guerrero religioso muy similar al que interpretó en Legion (¡con el mismo director!). El escenario es el mundo totalitario y tecnológicamente avanzado de Babylon A.D.; los villanos son vampiros con variaciones físicas que dependen de su pureza genética, como en Daybreakers. Los criaturas que acechan a los héroes son creaciones digitales similares a las de I Am Legend o, para el caso, de videojuegos como Dead Space y Doom 3. Y las batallas tienen el mismo estilo "cool" de Underworld, con artes marciales en cámara lenta, exóticas armas y acrobacias inhumanas (e inverosímiles) que supuestamente deben asombrarnos. En otras palabras, no hay un ápice de originalidad en Priest - El Vengador, pero al menos es demasiado corta para aburrirse y cuenta con un buen ensamble de actores que casi lograron interesarme en sus genéricas misiones.

Rindiendo tributo a su origen gráfico, Priest - El Vengador comienza con un prólogo animado donde se recuenta la larga batalla entre humanos y vampiros que dejó el planeta devastado y estéril. Pero cuando la humanidad estaba al borde de la extinción surgió una casta de guerreros entrenados por la Iglesia, y por fin lograron repeler la infestación vampírica. Entonces comenzó el lento proceso de reconstruir la civilización con base en religión y tecnología, al mismo tiempo que los guerreros sacerdotes pasaron al olvido. Sin embargo el período de paz está por terminar, pues en las afueras de las ciudades fortificadas se reportan nuevos ataques de vampiros, más violentos y sanguinarios que antes. Y cuando la joven campesina Lucy Pace (Lily Collins) es secuestrada por un vampiro particularmente maquiavélico, el veterano sacerdote Priest (Paul Bettany) debe retomar las armas, incluso si eso implica desafiar las órdenes de sus superiores, quienes tratan de suprimir la verdad para continuar su dominio sobre la gente.

No serán muy innovadores, pero hay conceptos en la historia de Priest - El Vengador que merecían una exploración más profunda para realmente "capturarnos" en su disfuncional atmósfera post-apocalíptica. Para empezar, me gustó la combinación de sensibilidad "western" con alta tecnología (como en Serenity), la metáfora de soldados que no encuentran su lugar en tiempos de paz (como en Rambo: First Blood) y la idea de "ciudades-estado" fortificadas contra la devastación del "mundo exterior" (como en Aeon Flux y The Gene Generation). Los personajes son demasiado simples y están claramente divididos entre buenos y malos, pero al menos tienen un pasado interesante y motivaciones ocultas (como en… todas las películas de acción). Desafortunadamente nada de esto consigue despertar el más tenue atisbo de emoción, y por lo tanto la cinta termina siendo una colección de secuencias narrativamente huecas, sólido diseño de producción y escenas de acción pre-fabricada que no genera suspenso alguno, ni preocupación por el destino de los protagonistas. Como sea, al menos me gustó ver a Paul Bettany, Karl Urban y Maggie Q divirtiéndose un poco con sus bizarros personajes. Y el nombre de Sam Raimi en los créditos (como co-productor) me invitó a encontrar un poco de humor intencional en la avalancha de clichés y portentosos diálogos.

Finalmente diré esto: el director Scott Charles Stewart aprovecha su experiencia como supervisor de efectos especiales para balancear trucos digitales con creaciones prácticas, evitando la saturación de "CGI" que ha arruinado otras películas con excesiva artificialidad (excepto al final). Por otro lado, lo que no pudo evitar fue una mala conversión a 3D que solo oscurece algunas escenas ya de por sí mal iluminadas, y entorpece ciertas peleas importantes, incluyendo la ridícula batalla final sobre los vagones de un tren (como en… todas las películas jamás realizadas, y Torque). Entonces, espero que haya quedado claro: Priest - El Vengador es una insípida sopa cocinada con rancias sobras de otras películas. Definitivamente hay mejores platos para saciar nuestro antojo de fantasías vampíricas, épicas post-apocalípticas y trágicos anti-héroes imitando a Clint Eastwood. Pero como rápida botana para un fin de semana aburrido supongo que Priest - El Vengador podría cumplir su cometido, siempre y cuando no busquemos algo inteligente, profundo, y muchos menos original. Después de todo, ¿quién buscaría eso en una película de Hollywood?
Calificación: 6

viernes, 13 de mayo de 2011

Sangriento Día de las Madres (Mother's Day)

La original Mother's Day fue una de tantas “b-movies" que vi en los ochentas, y honestamente no la recuerdo con particular afecto (o, para el caso, con mucho detalle), así que no podré seguir mi habitual rutina de quejarme porque este re-make, Sangriento Día de las Madres, no alcanza el elevado estándar de calidad establecido por su predecesora... sobre todo porque dicha predecesora nunca tuvo un alto estándar de calidad. Habiendo dicho eso, me agrada la idea de que Hollywood esté escarbando en el catálogo de Troma Films en busca de ideas "frescas", pues sin duda no pasará mucho tiempo antes de que alguien tenga la brillante idea de hacer nuevas versiones de The Toxic Avenger, Class of Nuke 'Em High o (¿por qué no?) Surf Nazis Must Die. Casi puedo ver a Queen Latifah o Jennifer Hudson diciendo "I wanna buy a gun".

Pero bueno... al menos tengo que reconocer el esfuerzo del director Darren Lynn Bousman (responsable de Saw II, III y IV y del extraño musical “gore” Repo! The Genetic Opera) por añadir sustancia, drama y hasta comentario social a su versión de Sangriento Día de las Madres, sin escatimar la irreverencia, sangre y violencia que distinguió a la original (¿ven? Ya empecé las comparaciones; no puedo evitarlo, ¡es como una enfermedad!). La trama comienza con una animada reunión en el hogar de Daniel y Beth Sohapi (Frank Grillo y Jaime King, respectivamente), hasta que se ve brutalmente interrumpida por la invasión de Ike Koffin (Patrick John Fluger) y sus hermanos, quienes están huyendo de la policía tras un robo frustrado. Y justamente eligieron ocultarse en esa casa porque los ladrones solían vivir ahí, antes de perder el inmueble por no pagar la hipoteca (¡qué actual!). Entonces, con la situación cada vez más tensa entre ladrones y rehenes, los hermanos Koffin deciden hablarle a su madre, quien seguramente sabrá qué hacer. Y sobra decir que la Madre (Rebecca de Mornay), resulta ser una implacable figura materna que no solo quiere salvar a sus hijos, sino castigar a la pareja que compró su hogar...

Por lo general me dan desconfianza las películas fundamentadas en la premisa de "invasión casera", pues casi siempre se emplea como truco barato para crear conflicto y forzar situaciones violentas sin necesidad de cultivar personajes interesantes o de crear una historia sólida (dos ejemplos de este irritante fenómeno: The Strangers y el re-make de Black Christmas). Claro que hay fascinantes excepciones que usan la misma fórmula para desarrollar algo extraordinario (como A'l Interieur). Sangriento Día de las Madres comparte esa admirable ambición, creando una compleja red de relaciones, secretos y traición entre sus personajes, pero a fin de cuentas se queda corta por culpa de algunas malas actuaciones, un ritmo demasiado lento y un libreto repleto de trampas y situaciones inverosímiles que se fundamentan en la estupidez de los personajes. No sé cuántas veces los rehenes tienen oportunidad de eliminar a sus captores, pero fallan por simple ineptitud o capricho del escritor.

Sin embargo no todo es malo. Sangriento Día de las Madres ofrece algunas escenas grotescas y perturbadoras, no solo por el "gore" que derrama con tanto entusiasmo, sino por la enfermiza relación entre la madre y sus odiosos hijos, a quienes manipula diabólicamente bajo la excusa de "unión familiar" y amor materno. De hecho, Rebecca de Mornay es la mejor razón para ver la película. Su inquietante actuación mantiene el balance justo entre férrea intensidad y traviesa exageración, convenciéndonos de ser al mismo tiempo un temible monstruo humano y una madre amorosa, dispuesta a todo para proteger a su familia. Igualmente creíble es Jaime King en un sufrido papel protagónico con mayor profundidad emocional que cualquier "chica final" del cine slasher. Y también me gustó el trabajo de Shawn Ashmore (no confundirlo con su hermano Aaron) como un doctor atrapado entre su ética profesional y su instinto de supervivencia. Los demás actores (incluyendo egresados de Battlestar Galactica y The 4400) muestran razonable fuerza de carácter, pero el guión los condena al rol de víctimas idiotas o estereotipos dramáticos (¿me pregunto si la pareja con problemas maritales encontrará nueva motivación para resolver sus diferencias?).

Entonces, Sangriento Día de las Madres no será una gran película de horror, pero tampoco es una de aquellas blandas confecciones pre-fabricadas que Hollywood cocina regularmente para el público adolescente. Por el contrario, los temas y personajes adultos que maneja representan un cambio refrescante después de tantas obras estelarizadas por estudiantes de "high school" preocupados por la graduación, o algo así. Supongo que ese simple hecho basta para darle una moderada recomendación, complementada por el mencionado gore y por el honesto trabajo de King y De Mornay, quienes obviamente tomaron en serio su trabajo y resistieron la tentación de burlarse del género fantástico y sus bien conocidos clichés. Además, sospecho que Sangriento Día de las Madres será particularmente divertida para quienes solo recuerdan a Rebecca De Mornay como la idealizada chica perfecta de Risky Business. Los años han sido amables para esta menospreciada actriz, tanto en el aspecto físico como en la maduración de su talento. No me extrañaría que tomara el lugar de Adrienne Barbeau o Linnea Quigley como "matriarca" del horror directo a DVD; aunque no me extrañaría que recibiera mejores ofertas de "las grandes ligas".
Calificación: 7

miércoles, 11 de mayo de 2011

Birdemic: Shock and Terror

Aunque Birdemic: Shock and Terror ya tiene algún tiempo ganando adeptos entre los masoquistas fanáticos de las malas películas, yo me resistí a verla porque me dolía gastar veinte o treinta dólares (incluyendo envío) comprando un DVD que probablemente no disfrutaría. Así que la dejé pasar... pero en ningún momento olvidé que existía una película cuya excelsa mediocridad estaba creando fuertes mareas especulativas en el Internet. ¿Sería acaso una "meta-broma" para conocedores del más ofensivo detritus fílmico? ¿O quizás sea una de esas películas intencionalmente malas para hacernos reír a sus costillas? ¿O podría ser en realidad una funesta obra realizado por cineastas completamente ignorantes de cualquier precepto cinematográfico establecido en la historia del séptimo arte? Afortunadamente un amigo viajó recientemente a los Estados Unidos, y le dije: "Si encuentras Birdemic por menos de 10 dólares por favor cómprala y te la pago cuando regreses". El resultado fue mejor de lo que pude imaginar: mi amigo encontró el Blu-Ray de Birdemic... por noventa y nueve centavos. Si eso no es una crítica elocuente de la película, no sé que más decir.

Y, sin embargo, después de haberla visto pienso que hubiera pagado con gusto esos veinte o treinta dólares... o quizás hasta cien, pues Birdemic: Shock and Terror no es simplemente una "mala película". Es un evento cultural que desafía el concepto mismo de la realidad y pone en cuestión todo lo que uno creía saber sobre cine. "Cine"... que hueca suena esa palabra después de experimentar Birdemic: Shock and Terror.

Es difícil capturar el tono exacto de Birdemic, así que será más eficiente recontar su argumento de manera escueta y lineal, para no arruinar sus abundantes sorpresas y demoledoras revelaciones. Al principio de la película vemos la rutina de Rod (Alan Bagh), vendedor de software que en un mismo día concreta una venta de un millón de dólares y encuentra casualmente a la guapa modelo Nathalie (Whitney Moore), a quien invita a comer. Así comienza su romance, que procede entre eventos afortunados; Rod se vuelve multi-millonario cuando la compañía para la que trabaja es adquirida por un conglomerado informático. Su iniciativa ecológica recibe 10 millones de dólares para desarrollar tecnología verde. Mientras tanto Nathalie gana la codiciada posición de "cover girl" para el catálogo de Victoria's Secret. Pero ninguno de los dos deja que el éxito suba a sus cabezas, como podemos confirmar cuando los acompañamos a una cena en un restaurante vietnamita... o cuando van al cine a ver An Inconvenient Truth y después comentan sobre el daño que estamos causando al planeta, y sobre lo bueno que sería que todos usáramos automóviles híbridos, como el de Rod... o cuando bailan espasmódicamente en un club de R&B... o cuando visitan una feria local donde se celebra la cosecha de calabazas. Incluso presenciamos la primera vez que hacen el amor en un inmundo motel con manchas en las paredes. Al día siguiente (¿coincidencia?) las aves empiezan a atacar a la humanidad, causando devastación a gran escala. Rod y Nathalie escapan del motel defendiéndose con ganchos de ropa, y en el camino recogen a dos niños, cuyos padres murieron bajo los picos y garras de las agresivas aves. Entonces comienza su peregrinación, tratando de buscar refugio, alimento, armas, y más oportunidades de explicar por qué estamos dañando a la Tierra. Mientras tanto, las aves siguen atacando, y quizás se acerca el fin de la humanidad...

Quien tenga la (mala) fortuna de ver el "trailer" de Birdemic: Shock and Terror quizás pensará que su fama proviene de los horribles efectos especiales. Pero, aunque parezca imposible, los efectos no son lo peor de la cinta. Cada aspecto de la producción muestra una impresionante falta de talento, criterio artístico o simple sentido común. El audio es tan malo que los sonidos ambientales frecuentemente ahogan los diálogos (supongo que deberíamos agradecerlo). La edición es tan torpe que nunca existe continuidad visual o narrativa, por no mencionar que el editor deja siempre un embarazoso "freeze frame" al final de cada escena, que el "cross fade" no alcanza a ocultar. Y, ¿qué decir de las actuaciones? La atractiva Whitney Moore es una actriz indiscutiblemente mala, y aún así resulta ser lo mejor de la película. Por su parte el héroe y protagonista Alan Bagh ni siquiera puede caminar con naturalidad cuando está en cámara. Y sus reacciones emocionales son menos realistas que las parvadas de pájaros digitales que infestan la segunda mitad de la trama. Finalmente, tenemos lo mejor de todo: el libreto. Aprecio que el director James Nguyen haya tratado de darnos un mensaje ecológico, pero quizás pudo ser más sutil, y no repetirlo constantemente en boca de todos los personajes disponibles. El mejor es sin duda el ermitaño que vive en el bosque protegiendo los árboles de la contaminación. Es una escena que simula la inquietud de una pesadilla desconectada de la realidad, como si tuviéramos una elevada fiebre.

Pero bueno... el poeta más elocuente del mundo no podría describir adecuadamente las virtudes de Birdemic: Shock and Terror, y mucho menos yo, así que solo queda verla y confirmar todas estas aparentes exageraciones. Como dicen los vendedores callejeros, "que no le cuenten, que no le platiquen". Y en cuanto a su legitimidad... me declaro incapaz de determinar si Birdemic es el producto de un genio loco con un torcido sentido del humor, o de un idiota que un buen día dijo "Voy a hacer una película" y procedió a seguir sus erróneos instintos sin preocuparse por cuestionar su habilidad (no niego que esa iniciativa merece un poco de admiración). Sin embargo la cinta nos deja algo valioso. Cuando algún día salgamos enojados del cine por haber visto una irritante comedia romántica o una aburrida película de acción, podremos reflexionar un momento para recordar que siempre hay cosas peores. O, alternativamente, podemos enojarnos más al pensar que Birdemic, con todo y sus defectos, incoherencia y franca ineptitud, logró divertirnos durante hora y media, cosa que no consiguen muchas películas de Hollywood realizadas profesionalmente. Como sea, no cabe duda que Birdemic es un componente esencial en la armadura psicológica de todo cinéfilo, y aunque no puedo recomendar que paguen por verla (este es un raro caso donde la piratería parece un imperativo moral, y no una debilidad ética) vale la pena el sacrificio para extender nuestros horizontes culturales, incrementar la tolerancia a la tortura y adquirir inmunidad contra futuras obras del director James Nguyen. En resumen: Birdemic: Shock and Terror es una obra importante que revela los riesgos y oportunidades del cine "do-it-yourself", y sin duda será estudiada por futuras generaciones curiosas por saber exactamente cuándo empezó el Apocalipsis. ¿Cuántas películas pueden decir lo mismo?
Calificación: -10 (a fin de cuentas es un 10)

lunes, 9 de mayo de 2011

Megan is Missing

A pesar de ser subgéneros relativamente jóvenes, tanto la “porno-tortura” como los documentales simulados llegaron muy rápido al punto de la saturación, y hoy en día resulta difícil entusiasmarnos por otro pseudo-documental “inspirado en hechos reales”, o por otra visita al tedioso cliché “maniático que tortura mujeres sin razón aparente”. ¿Qué podría esperarse entonces de Megan is Missing, una nueva cinta directa a DVD que combina ambos estilos con fúnebre solemnidad y perturbador realismo? Para mi sorpresa la experiencia fue bastante buena como simple película de terror, aunque sobra decir que no incluye absolutamente nada innovador u original en su breves 85 minutos de duración. Y, créanme que en el ingrato territorio directo a DVD, eso es causa suficiente para recomendarla.

Aparentemente Megan is Missing está “inspirada” en media docena de casos reales, en los que varias adolescentes desaparecieron tras entablar comunicación via Internet con una misteriosa persona. Para efectos de la película las protagonistas son Megan Stewart (Rachel Quinn) y Amy Herman (Amber Perkins), de 14 y 13 años, respectivamente. Aunque mantienen una estrecha y sincera amistad, sus personalidades y vida familiar son significativamente distintas; Megan es la más “madura” y experimentada; usa drogas con cierta frecuencia, y tiene amigos “cool” (lo cual significa “imbéciles”). Por su parte, Amy es tímida, aún virgen (motivo de burla, obviamente) y cauta en sus interacciones sociales. Pero cuando Megan desaparece misteriosamente después de concertar una cita con un “admirador”, Amy comienza una investigación personal que la llevará a descubrir horribles verdades sobre su amiga... y sobre el mundo real.

El argumento suena idéntico a la cinta Elsewhere, donde Tania Raymonde y Anna Kendrick interpretaron amigas con la misma dinámica y atrapadas en eventos similares. Sin embargo Megan is Missing usa la mencionada mecánica del documental falso para crear su propia identidad, empleando películas caseras, imágenes de “webcams”, video de cámaras de seguridad, grabaciones de teléfonos móviles y reportes noticiosos para armar la historia de Megan y Amy. El resultado es al mismo tiempo simple y complejo, pues aunque cae en el clásico error de abarcar demasiado material (¿en serio hay adolescentes que graban ABSOLUTAMENTE todas sus conversaciones? ¿Y las muchachas usan cámaras de video en vez de espejos para maquillarse? Caray, ya estoy viejo), tiene el acierto de ocultar lo suficiente para mantenernos en suspenso sobre el destino de las protagonistas, y para darnos algunas desagradables sorpresas durante los tensos minutos finales.

Donde Megan is Missing falla un poco es en las actuaciones. Las actrices Rachel Quinn y Amber Perkins están bien seleccionadas y son totalmente creíbles como niñas de 13 o 14 años, pues no parecen supermodelos de 25 años interpretando adolescentes (como ocurre con tanta frecuencia). Desafortunadamente la naturaleza misma de la película requiere que todos sus diálogos parezcan naturales y espontáneos, lo cual no siempre consiguen; y por lo tanto hay varias escenas torpes y forzadas que traicionan la artificialidad de la supuesta “realidad“ que el director Michael Goi trata de construir. Lo mismo aplica a las “amigas” que ocasionalmente aparecen en los videos. Pero bueno, si podemos ignorar ese tropiezo ocasional, la película nos recompensará (no sé si sea la palabra correcta) con una historia interesante, escalofriante y genuinamente perturbadora.

Los últimos veinte minutos de Megan is Missing le valdrán una pequeña mención en los anales del cine de horror. No hay mucha sangre, pero no se necesita para transmitir el horror de las protagonistas, ni las espantosas circunstancias que las rodean. También en esos momentos se siente un poco la exageración del director, aunque quizás esté justificada cuando recordamos los casos tristemente reales en los que se basa la cinta. Supongo que un poco de “licencia dramática” podría salvar la vida de alguien que se impresione con los excesos de este “documental”. Y, finalmente, una queja inusual: en cintas como REC, Lake Mungo y The Last Exorcism se utilizó con gran efecto la baja calidad del video capturado con teléfonos o cámaras sencillas. Por alguna razón (técnica o artística) Megan is Missing usa video demasiado “limpio”, y eso rompe la ilusión “documental” de muchas escenas (por ejemplo, la fiesta donde comienzan los problemas). Digo que es una queja inusual porque generalmente irritan las imágenes borrosas o excesivamente granulosas. En este caso hubieran ayudado a “vender” mejor la premisa.

Además del horror, la cinta hace un comentario sobre los medios de comunicación y su tendencia a explotar tragedias ajenas para obtener ratings, incluso llegando a alterar “la verdad” para hacer más amarillistas las noticias. No es un mensaje nuevo pero funciona en el contexto de la trama, y hasta aporta un par de sombrías sonrisas. Entonces, Megan is Missing se siente como una demencial combinación de iCarly y Hostel, o como una versión más explícita del famoso serial web Lonelygirl15. Su gran virtud es que nunca toma pesadas posturas morales, y por eso funciona como sólida obra de terror, como advertencia para la “generación Skype”, y como pseudo documental que podría haber estado mejor actuado (?) y dirigido, pero que de cualquier modo cumple decorosamente su función narrativa. Supongo que nunca estará de más recordar que el Internet tiene abundantes beneficios (comunicación instantánea, acceso a la información, este blog), pero también oculta muchos peligros latentes (depredadores, “bullying”, este blog), los cuales tienden a ignorarse por parecer invisibles... hasta que dejan de serlo.
Calificación: 7.5

sábado, 7 de mayo de 2011

La Mujer que Vino del Mar (Ondine)

Me gustan las películas del director Neil Jordan. O, mejor dicho, me gusta su estilo de dirección, aunque no siempre encuentre interesantes o entretenidos los argumentos de sus obras. Pero incluso en esos raros casos (por ejemplo We‘re No Angels) creo que su particular sensibilidad, su destreza para manejar actores y sus precisa visión pueden rescatar historias predecibles o cansadas. En cierto modo eso podría decirse de La Mujer que Vino del Mar, una amable fantasía romántica un poco frívola y superficial, pero muy entretenida, honesta y hasta conmovedora.

La historia comienza cuando el humilde pescador Syracuse (Colin Farrell) encuentra en las redes de su barco a una atractiva mujer a punto de ahogarse en las frías aguas de la costa irlandesa. Cuando la joven revive declara que su nombre es Ondine (Alicja Bachleda) y se rehúsa a recibir atención médica. De hecho no quiere que nadie más la vea, así que Syracuse acepta hospedarla en su casa mientras se aclara la situación. Sin embargo es descubierta por Annie (Alison Barry), la hija enferma del pescador, quien sospecha de inmediato que Ondine es en realidad una “selkie”... una ninfa acuática con poderes mágicos. Como sea, las dos empiezan a desarrollar una fuerte amistad, al mismo tiempo que Syracuse se enamora de Ondine. Pero eventualmente habrá que decidir... ¿se trata realmente de un ser sobrenatural, o simplemente una mujer huyendo de su pasado?

Imagino que el título de la cinta evocará imágenes de sirenas, pero La Mujer que Vino del Mar está basada en una leyenda europea distinta, así que no esperen ver a la guapa actriz/cantante polaca Alicja Bachleda con cola de pescado y bikini de conchas. De hecho, el balance entre fantasía y realidad está tan bien manejado que el espectador nunca está seguro de la dirección que tomará la película, y eso contribuye a darle un tono al mismo tiempo misterioso y emotivo, sin caer en empalagosas rutinas de Disney, y sin perder la etérea atmósfera de cuento de hadas que conjuran Jordan y el tremendo director de fotografía Christopher Doyle (por cierto... ¿Por qué Doyle no tiene al menos diez Oscares en su vitrina? Después de crear preciosas imágenes para cintas como Hero, Rabbit Proof Fence, The Quiet American, The Limits of Control y ahora La Mujer que Vino del Mar, parecería justo que “la Academia” le tirara un hueso).

De cualquier modo el aspecto “mágico” de la la película es tan solo el catalizador que detona el drama familiar entre el pobre pescador Syracuse, su cruel ex-esposa Maura (Dervla Kirwan) y la pequeña Annie, atrapada entre su indiferente pero estable madre, y el padre que realmente la quiere, aunque no haya alcanzado la madurez necesaria para criarla. De hecho, me atrevería a decir que la pequeña Alison Barry se roba la película con su precoz pero simpática interpretación de niña enferma con más claro entendimiento de la situación que los prejuiciosos adultos que la rodean. Desde luego eso no significa que el elenco adulto haga un mal trabajo. Por el contrario, Colin Farrell nos entrega otra de sus intensas actuaciones, llena de detalles y profundidad emocional. Su frecuente participación en thrillers y cintas de acción a veces me hacen olvidar el gran talento dramático de este actor, pero por suerte tenemos directores como Woody Allen y Neil Jordan para recordarlo. Por su parte la polaca (¿nacida en México?) Alicja Bachleda tiene un razonable desempeño en el papel de Ondine. Quizás parezca un poco inexpresiva, pero en cierto modo su frialdad le da un aura de misterio que insinúa su origen sobrenatural. Y, claro, no podía faltar una aparición del gran Stephen Rea, talismán de Jordan y siempre digno de verse en cualquier papel, por corto que sea (amable sacerdote y confesor, en este caso).

Me gustó La Mujer que Vino del Mar por atreverse a ser un moderno cuento de hadas sazonado con crudas dosis de realidad. Quizás sea la cinta más ligera de Neil Jordan (después de High Spirits), pero sin duda merece una recomendación para fans de este director, y para quien quiera ver una fantasía que no insulte la inteligencia del espectador, ni trate de vendernos juguetes o Cajitas Felices de McDonalds. Es una lástima que haya tardado tantos años en llegar a México, y que además de todo la estrenen el mismo fin de semana que Fast Five, pero bueno... confío en que encontrará su público. Claro que, siendo una película familiar, sería difícil anunciarla como “del director de The Crying Game”.
Calificación: 8.5

viernes, 6 de mayo de 2011

Rápidos y Furiosos 5in Control (Fast Five)


Es inusual y hasta notable que la quinta parte de una franquicia logre superar a las cuatro películas previas, aunque quizás sea injusto comparar Rápidos y Furiosos 5in Control con sus predecesoras, pues esta nueva cinta cambia bastante su fórmula, alejándose de los “arrancones” y carreras automovilísticas para incorporarse al género de robos y estafas (“heist movies”). Pero no hay que preocuparse; a pesar de cambiar de giro, la historia conserva el fetiche automotriz y la actitud desafiante de los rudos héroes que ya conocemos. En resumen, una transición bastante afortunada que no se detiene ante nada para divertir al espectador... aunque nadie la acusará de ser inteligente, lógica o realista. Creo que dejamos atrás ese anhelo hace tres o cuatro secuelas.

El director Justin Lin (quien previamente dirigió The Fast and the Furious: Tokyo Drift y Fast & Furious) sabe que tiene la mesa puesta, y por lo tanto no pierde tiempo en repetir el “origen” de los personajes ni en explicarnos sus relaciones y lealtades (las cuales fueron repetidamente establecidas en las cuatro previas películas). Eso nos permite entrar de lleno a la acción, empezando con la audaz fuga de Dominic Toretto (Vin Diesel) mientras es trasladado al presidio donde cumplirá una larga condena. Sus fieles colaboradores, el ex-agente del FBI Brian O’Conner (Paul Walker), y su hermana Mia Toretto (Jordana Brewster) logran liberarlo, y el trío se traslada a Brasil para escapar de la justicia. Entre otras cosas, ahí encuentran una fuerte motivación para retirarse definitivamente del crimen, y para lograrlo se ven obligados a realizar un último “trabajo” que les dará suficiente dinero para “desaparecer” sin dejar rastro alguno. Claro que no pueden dar un golpe tan grande sin ayuda, así que reclutan a algunos viejos amigos, cada uno con habilidades particulares que serán indispensables para robar 100 millones de dólares. Desafortunadamente el plan se complicará aún más con la presencia del implacable agente Hobbs (Dwayne Johnson), encargado de atrapar a Toretto y su pandilla por cualquier medio necesario...

Al igual que en las películas anteriores, no conviene analizar demasiado el argumento de Rápidos y Furiosos 5in Control (que en lo sucesivo llamaré "Fast Five", pues siento pena ajena al escribir el título que recibió en México). Para no abandonar el elemento automovilístico, todas las partes de la misión criminal deben estar relacionadas con veloces coches y locaciones que permitan tener guapas chicas moviendo el trasero enfrente de automóviles exóticos, al ritmo de rap brasileño. Qué conveniente. Pero bueno, quien vaya a ver una película como Fast Five no esperará los bizantinos argumentos de David Mamet ni la elegancia descriptiva de Terrence Malick, sino ¡acción, acción, acción! Me alegra decir que, dentro de esos parámetros, Justin Lin realiza un excelente trabajo, alternando delirantes secuencias de destrucción automovilística con breves momentos de introspección, cuyos abundantes clichés no impiden su función de dar sustancia a la trama y motivación a los personajes. En otras palabras, Fast Five sabe cuándo acelerar hasta el fondo para divertirnos, y cuándo aplicar los frenos para que no perdamos de vista la dinámica emocional de los protagonistas.

En cierto modo ayuda que el elenco se extienda considerablemente. Los “anti-héroes” principales siguen siendo Vin Diesel, desbordante de carisma y estoicamente silencioso; Paul Walker, mucho mejor intérprete hoy que hace diez años, cuando parecía un cero a la izquierda en la original The Fast and the Furious; no sé si será la edad o la experiencia, pero esta vez no parece un maniquí viviente, sino una persona real atrapada entre su ética personal y un estilo de vida inescapable; y Jordana Brewster, cumpliendo decorosamente su función de interés romántico y cara bonita. Sin embargo el libreto de Chris Morgan añade abundantes cómplices sacados de las películas anteriores (incluyendo a Tyrese Gibson, Ludacris, Matt Schulze, Sun Kang, Gal Gadot y el dueto puertorriqueño de Tego Calderón y Don Omar), usándolos razonablemente bien para distribuir el peso de la historia, lo cual hace más ágil el drama y más dinámica la acción. Todos tienen oportunidad de lucirse (aunque sea como burdo “comic relief”) y hacen ligeramente más creíble el “gran golpe” final (pero no esperen demasiado).

Del otro lado de la ley tenemos al temible agente Hobbs. Me agradó mucho la adición de Dwayne Johnson como el feroz policía que no teme crear incidentes internacionales mientras persigue a sus “presas”, de paso haciéndonos reír con su hilarante arrogancia como representante de los Estados Unidos (asumo que el humor fue intencional). Y, claro, nos da exactamente lo que esperábamos: una brutal pelea entre “The Rock” y Vin Diesel ¿quién ganará? (Spoiler: el público). Por su parte, Joaquim de Almeida es un villano adecuado pero bastante genérico, que pudo haber salido de cualquier cinta de acción realizada en los últimos treinta años. Pensándolo bien, quizás fue la decisión correcta usar un villano tan sobrio; ya hay suficientes personajes excéntricos como para forzar otra caricatura en el papel antagónico.

A fin de cuentas creo que el ganador de la película es el director Justin Lin, quien se consagra como un auténtico artesano de la acción, y no un mero agitador sin talento. Como muestra me gustaría señalar una de las pocas secuencias en Fast Five que no incluye automóviles; hay una frenética persecución en el laberinto de una favela, y si bien no es la escena más espectacular de la cinta ni la más elaborada, me sorprendió que Lin (con ayuda de tres brillantes editores) consiga mantener el suspenso, la emoción y la claridad narrativa mientras sigue a una docena de personajes de tres distintas facciones (policías, criminales y villanos) a través de la compleja geografía de la favela. Puedo imaginar el confuso desastre que resultaría si un director menos talentoso (digamos, Len Wiseman o Brett Ratner) intentara hacer algo similar. Entonces, Fast Five merece una sincera recomendación como entretenimiento puro que acepta sus límites dramáticos, reconoce el valor del balance narrativo, y aprovecha al máximo sus recursos para crear fantásticas secuencias de acción que son sin duda absurdas, pero curiosamente apropiadas para el universo de The Fast and the Furious (y libres de la excesiva manipulación digital que casi arruinó Fast & Furious). Quizás los más fieles fanáticos a la cultura automotriz extrañarán el “auto-porn” de las cintas anteriores, pero yo creo que su ausencia se compensa con amplias dosis de emoción y suspenso que las simples carreras nunca ofrecieron. Ah, y no olviden esperar durante los créditos finales para ver el posible camino que tomará la próxima secuela. Yo me apunto desde ahora mismo.
Calificación: 9

miércoles, 4 de mayo de 2011

Red Hill

Aunque el cine australiano tiende a copiar los bien conocidos temas de Hollywood, generalmente los adorna con una sensibilidad muy peculiar que les da a sus películas una perspectiva distinta, más honesta y sencilla, pero sin perder la complejidad narrativa que puede hacerlas más satisfactorias que sus contrapartes norteamericanas. Lo hemos visto recientemente en el cine de horror; y con la nueva cinta Red Hill podemos confirmar que incluso el “western”, uno de los géneros más característicos de los Estados Unidos, puede reinventarse con inusual vigor e ingenio cuando se pone en manos de un talentoso director de “down under”.

El título de Red Hill se refiere a un pequeño y rústico pueblo ubicado en las agrestes planicies de Australia, a donde llega el comisario Shane Cooper (Ryan Kwanten) para incorporarse a la reducida fuerza policiaca local. Sus colegas muestran desconfianza por el recién llegado pero no hay tiempo de discusiones, pues el peligroso asesino Jimmy Conway (Tom E. Lewis) escapó de una prisión cercana, y se sospecha que se dirige al pueblo para vengarse del Alguacil Bill (Steve Bisley), quien lo puso tras las rejas hace quince años. Entonces, en su primer día de trabajo, Cooper tendrá que enfrentar peligros que jamás imaginó cuando se mudó al supuestamente tranquilo pueblo de Red Hill...

El libreto usa la perspectiva del novato para introducirnos gradualmente a los personajes y circunstancias de la trama, de modo que vamos descubriendo el complicado balance de poder en el pueblo, así como las amenazas periféricas que complican más la situación (incluyendo la proximidad de una gran tormenta y la presencia de algún animal salvaje que está atacando al ganado local). Así, durante la primera media hora, el director Patrick Hughes establece las bases del suspenso y nos prepara para el catártico final, repleto de balazos, peleas y conflictos personales. Por su parte, Ryan Kwanten puede parecer un poco blando como protagonista, pero su aparente pasividad sirve para contrastar esa disciplina y ética profesional con las brutales conductas de los policías locales y de los habitantes del pueblo, acostumbrados a lidiar con situaciones que rara vez se encuentran en la sociedad civilizada. Esa confrontación de valores no solo aporta profundidad a la película, sino que forma el eje emocional de la historia, obligándonos a cuestionar quienes son realmente “los buenos” y “los malos”.

En el papel del villano Tom E. Lewis es simplemente sobresaliente. Su impasible rostro (marcado por profundas cicatrices) y frialdad sobrenatural le dan una tremenda aura amenazadora, pero su expresivo rostro nos recuerda constantemente la humanidad oculta bajo su misión de venganza. Algunos personajes se burlan de la extrema respuesta del Alguacil Bill cuando se entera de que el prisionero escapó, pero cuando vemos a Conway en acción nos damos cuenta de que está plenamente justificada. Habiendo dicho eso, me desagradó encontrar algunas “trampas” en el libreto. Los policías se comportan estúpidamente en más de una ocasión, dejando pasar varias oportunidades de exterminar al villano de manera simple y eficiente. Pero bueno... me siento inclinado a disculpar esos pequeños tropiezos iniciales porque Red Hill mejora conforme se desarrolla la historia, hasta llegar a la potente conclusión, al mismo tiempo emotiva, fatalista y satisfactoria.

Aunque se desarrolla en la época actual, la atmósfera de Red Hill evoca la de los “westerns” tradicionales, no solo por las impresionantes planicies y paisajes australianos, sino por el espíritu de la historia y la pureza de sus personajes. La yuxtaposición de elementos modernos y antiguos se siente orgánica y natural en la mayor parte de los casos (por ejemplo, en el uso de caballos en vez de automóviles), aunque en otras ocasiones puede volverse irritante (la banda sonora tiene preciosos pasajes que recuerdan a Morricone, pero también hay incongruentes canciones de rock pesado que se sienten fuera de lugar). Lo importante es que, como dije al principio, Red Hill toma los clichés del “western” (la cacería del fugitivo, el pueblo sitiado, la búsqueda de justicia por mano propia) y les da nueva vida en un entorno contemporáneo, pero sin perder la esencia que los hace emocionalmente resonantes y entretenidos. Incluso la modestia de la producción (tomen en cuenta que es cine independiente australiano) contribuye a su estilo seco y económico, sin adornos innecesarios ni excesos estilísticos. En otras palabras, una apasionada destilación de vaqueros con mucho carácter, lealtades divididas y la búsqueda de la justicia cuando no basta la ley. Creo que John Wayne estaría orgulloso (y también los Hermanos Coen).
Calificación: 8.5

lunes, 2 de mayo de 2011

Heartless

Durante bastante tiempo estuve escuchando buenos comentarios sobre Heartless, la nueva (ya no tan nueva) película del director Philip Ridley; pero por alguna razón tardó varios años en encontrar distribución mundial en DVD. Y ahora que la he visto, debo unirme a la aclamación general... aunque con varias reservas. Sin duda es una sólida película "de arte" que navega la delgada línea entre drama y horror; y su brillante elenco realiza un estupendo trabajo definiendo cada personaje y dándoles una vida que parece trascender su mera función en la trama. Sin embargo, a fin de cuentas me pareció un poco densa y confusa, como si quisiera decir muchas cosas sin saber exactamente cómo expresarlas.

El protagonista de Heartless es Jamie Morgan (Jim Sturgess), un joven tímido y trabajador que toda su vida ha sufrido insultos y vejaciones a causa de una mancha con forma de corazón que tiene en el rostro. A pesar de ello Jamie trata de vivir normalmente, trabajando como asistente de su hermano fotógrafo y viviendo en compañía de su cariñosa madre Marion (Ruth Sheen)... hasta que una noche descubre la existencia de demonios acechando en las calles de Londres. ¿O son solo pandilleros con máscaras? Eso es lo que afirman los medios de comunicación y la policía, pero Jamie está convencido de que son monstruos reales. Entonces, buscando venganza por la muerte de un familiar, el joven descubre que la verdad es mucho más extraña de lo que imagina...

Esta descripción podría sugerir que Heartless es una genérica combinación de horror y acción, pero en realidad la historia es mucho más rica y complicada, lo cual es al mismo tiempo bueno y malo. Por el lado amable tenemos un misterio interesante que se resuelve (parcialmente) a la mitad de la película, dando pie a una enfoque temático más profundo y cerebral que examina lugares oscuros de la sociedad moderna y de la naturaleza humana. Sin embargo, esa elevada ambición filosófica termina ofuscando el camino narrativo, y para cuando llega el clímax no sabemos si estamos viendo una película de terror con pretensiones de arte, o un sincero manifiesto ideológico disfrazado de entretenimiento popular para su más fácil digestión.

Cualquiera que sea la respuesta, no puedo negar que Heartless me mantuvo atento a pesar de su incierto propósito. El libreto podrá dar más vueltas de lo conveniente, pero la historia me pareció fascinante, y sin duda tendrá mayor resonancia con personas que en algún momento se hayan sentido aisladas por su apariencia física. Afortunadamente el director Philip Ridley evita que la cinta degenere en un lacrimoso melodrama, empleando una narrativa "no literal" que nos mantiene en constante suspenso, respaldado por el excelente trabajo de Jim Sturgess. Honestamente no sé por qué este actor no es más famoso, o por qué no le ofrecen roles más importantes (¿tal vez los rechaza para quedarse en el Reino Unido?). Como sea, la colaboración entre actor y director es muy afortunada, pues solo un intérprete con gran talento podría sobrellevar los bruscos cambios de tono que exige la historia, y solo un director experimentado podría arriesgarse a dar esas vueltas sin perder al flujo de la trama ni alienar al público (demasiado). Compartiendo el esfuerzo tenemos a los veteranos Ruth Sheen y Timothy Spall (aunque sea en breves "flashbacks") como los padres de Jamie; a Justin Salinger como su comprensivo hermano; y a la guapa Clémence Poésy en el papel de interés femenino con misterioso pasado. Su personaje es relativamente corto, y aún así logra expresar en cada escena los volubles sentimientos que el protagonista le inspira (para bien o para mal).

Finalmente quiero mencionar la excelente banda sonora, integrada por canciones co-escritas por el multifacético Ridley, e interpretadas por Sturgess. En ocasiones se sienten un poco "emo", pero cumplen su función de enriquecer el marco emocional de la cinta, y podrían ser sólidos "singles" por derecho propio. También me gustó el uso de tristes barrios londinenses, cuyos sombríos edificios repletos de graffiti y sombras se prestan para ocultar demonios, tanto humanos como sobrenaturales. Entonces, no me pregunten cuál fue el mensaje de Heartless, ni me pidan explicar su "lógica de sueño"; prefiero contemplar esta película como una obra inusual e imperfecta que reta nuestras expectativas y al mismo tiempo satisface nuestra necesidad de entretenimiento con "algo más" detrás de las imágenes. No es una cinta normal de terror (aunque incluya "gore"), ni un genérico drama "indie" (aunque tenga un atribulado protagonista), sino una inestable combinación de ambos que se rehúsa a seguir las reglas de ambos géneros... y de algún modo funciona por ello. O quizás sea el capricho pretencioso e indescifrable de un director con "daddy issues". Darnos las herramientas para tomar nuestra propia decisión es uno de los mejores atributos del arte, y Heartless lo consigue, para bien o para mal.
Calificación: 8

domingo, 1 de mayo de 2011

Thor

Inicialmente parece extraña la idea de un director "clásico" como Kenneth Branagh al frente de una película sobre superhéroes, pero en el caso de Thor resulta apropiado, pues el comic siempre usó melodrama shakesperiano y lenguaje arcaico para contar las aventuras del Dios del Trueno, los conflictos políticos/familiares en el mitológico reino de Asgard, y su interacción con el universo de Marvel Comics. Y aunque Branagh hace un buen trabajo en el aspecto dramático, me pareció un poco incierto en lo que respecta a la acción; afortunadamente el excelente elenco y la perfecta química entre los personajes bastan para hacer de Thor una divertida experiencia que quizás será recordada como una de las cintas "menores" de Marvel, un poco intrascendente pero no por ello mala ni aburrida.

El argumento comienza en el desierto de Nuevo México, donde la astrofísica Jane Foster (Natalie Portman) conduce experimentos con ayuda del profesor Erik Selvig (Stellan Skarsgård) y su amiga Darcy (Kat Dennings). Aparentemente Jane ha estado monitoreando la aparición de extrañas auroras en el cielo nocturno y, para su sorpresa, esa noche el fenómeno es de inusual violencia... y trae consigo a un hombre alto y rubio que alega ser el Thor, el Dios del Trueno (Chris Hemsworth). Entonces nos trasladamos al reino de Asgard, ubicado en un planeta donde la magia y la ciencia van de la mano, y nos enteramos de las extrañas circunstancias que trajeron a Thor a la Tierra, entre los cuales está la amenaza de guerra interplanetaria, la sucesión a la corona del Rey Odín (Anthony Hopkins), y la rivalidad entre Thor y su hermano Loki (Tom Hiddleston).

La verdad es que prefiero al personaje de Thor en dosis pequeñas o como parte de un ensamble, tal como lo fue en los inicios del seminal comic The Avengers y en su moderna reinterpretación de The Ultimates. Por esa razón no tenía grandes expectativas sobre una película dedicada exclusivamente a este superhéroe; sin embargo, el actor Chris Hemsworth (más conocido para fans de la ciencia ficción como el padre de Kirk en la reciente Star Trek) ofrece una perfecta interpretación que combina el operático y pomposo Thor "clásico" con el dinámico e inestable Thor moderno. No sé cómo les caiga este "mash up" a los puristas fanáticos de la era Kirby/Lee, pero a mi me pareció una buena decisión, especialmente porque la cinta Thor no es solo un conveniente origen del superhéroe, sino un eficiente preámbulo de la muy esperada película The Avengers, la cual (teóricamente), servirá como apoteótico punto de unificación para universo fílmico de Marvel.

Por ejemplo, tenemos al sufrido Agente Coulson (Clark Gregg) conduciendo las indagaciones científicas de S.H.I.E.L.D. con su acostumbrada astucia y eficiencia. También hay un cameo de uno de mis Avengers favoritos (aunque sin su tradicional uniforme); y, claro, podemos esperar una escena post-créditos donde se establecen un par de conceptos que seguramente veremos expandidos en aquella futura cinta. Pero bueno... tampoco sería justo considerar Thor como un "trailer" extra-largo de The Avengers. Como dije al principio, es una película entretenida por derecho propio gracias a la competente dirección de Kenneth Branagh, quien salta de un planeta a otro con perfecto ritmo y conduce con mano firme el ingenioso arco dramático del protagonista. También merece aplauso el resto del elenco, empezando por Natalie Portman. A fin de cuentas su papel es un poco superficial y "mcguffinesco", pero consigue amplificar las emociones que el guión apenas esboza, las cuales son indispensables para entender la motivación de Thor en los momentos culminantes de la cinta. Además, a riesgo de parecer sexista, diré que Portman es una de las pocas estrellas de cine femeninas que pueden interpretar a una astrofísica sin que parezca una ridícula fantasía “geek“. Igualmente destaca Stellan Skarsgård como el profesor de Jane. Su participación es relativamente corto y parecería irrelevante si no fuera por el peso dramático que aporta el actor con su mera presencia. Y, con suerte, lo veremos haciendo cosas más interesantes en The Avengers (¿Spoilers?). En el obligatorio papel de “mejor amiga” tenemos a la siempre divertida Kat Dennings enfrentando con aplomo la función de comic relief; afortunadamente resulta bastante graciosa y no se siente como un estorbo, sino como parte orgánica de la historia (aunque quizás mi gusto personal por esta actriz está nublando mi percepción). Finalmente, me dio gusto ver en una película "grande" a Jaimie Alexander, veterana del cine de terror directo a DVD. Me gustaría que la incluyeran en futuras secuelas (o "spin-offs"); o por lo menos que su presencia en una cinta de alto perfil le ayude a conseguir proyectos más sustanciosos.

Y ahora, las inevitables quejas, comenzando por el guión; o, mejor dicho, por algunos elementos del guión. El legendario escritor J. Michael Straczynski ha forjado una impresionante carrera en todos los medios posibles (especialmente comics), y sé que tiene muchísimos fans... pero no me cuento entre ellos, pues rara vez trago su estilo excesivamente melodramático (no digo que sea malo; simplemente lo encuentro un poco empalagoso). Y aunque hizo un trabajo impecable en la estructura de Thor (con ayuda de Mark Protosevich), hay muchas "trampas" en la historia que revelan cierta pereza narrativa. No quiero revelar demasiado, pero varias veces me sacó de la película algún cliché o coincidencia forzada que demerita la sólida construcción del resto de la historia. Además creo que no sacaron mucho provecho de Loki, uno de los mejores villanos del universo Marvel (sí, tal vez lo hagan en otra película, pero un personaje tan fuerte necesitaba una introducción más contundente). Pasando al aspecto técnico, me decepcionó el manejo de algunas escenas de acción filmadas con excesivo "CGI" de cuestionable calidad (como casi todo lo que incluye a los gigantes de hielo) o con demasiados close-ups que pretenden sumergirnos en las peleas y solo consiguen hacerlas confusas e incomprensibles. Por cierto, vi la versión en 2D; sospecho que algunas de estas escenas serán aún más enfadosas en 3D. Ah, y una última queja de naturaleza musical: si pudieron conseguir Iron Man (de Black Sabbath) para Iron Man, ¿por qué no usar God of Thunder (de Kiss) en Thor? No está mal la canción final de Foo Fighters, pero aún así parece una oportunidad desperdiciada. (Es más; como protesta voy a escucharla ahora mismo a todo volumen).

Ya me extendí demasiado, así que solo añadiré que Thor fue una agradable sorpresa y una competente re-invención de un superhéroe difícil de manejar, tanto por su origen "místico" como por sus ambiguos poderes (mis condolencias para fans del Dr. Don Blake). En general me gustaron más las escenas terrestres que el drama "cósmico", y creo que la acción pudo estar mejor dirigida; sin embargo los actores sostienen el interés del espectador y le dan una perspectiva humana al conflicto interplanetario (o interdimensional, o lo que sea). Como punto de comparación diría que Thor me pareció mucho mejor que Fantastic Four o Ghost Rider, pero ligeramente menos satisfactoria que The Incredible Hulk o X-Men Origins: Wolverine (ambas también redimidas por su elenco). De cualquier modo, sospecho que la comparación más importante será con una cinta de la competencia: Green Lantern. Con el triple "punch" de Marvel representado por Thor, X-Men: First Class y Captain America: The First Avenger, DC Comics está en desventaja, y tendrá que lucirse para no quedar como "la perdedora del verano". Deberían hacer un comic sobre esa pelea.
Calificación: 7.5