viernes, 11 de marzo de 2011

Nunca me Abandones (Never Let Me Go)

Nota: Creo que es un record; este fin de semana se estrenaron en México tres películas cuyas críticas había publicado previamente en Imagen en Negativo. Como de costumbre, vuelvo a postearlas para comodidad de los lectores.

En cierto modo Never Let Me Go es una película de ciencia ficción, pero no del estilo futurista y épico que estamos acostumbrados a ver en el cine, sino del tipo filosófico y cerebral que aprovecha un entorno fantástico para examinar la condición humana desde nuevos puntos de vista. Por eso será mejor verla como un sólido drama que funciona en muchos niveles narrativos, todos ellos válidos y con distintas interpretaciones según la ideología particular del espectador.

Cuando empecé a escuchar buenos comentarios sobre esta cinta traté de mantenerme alejado de "spoilers", pero en vista de que no hay "twists" sorpresivos y sus temas son bastante obvios desde el principio, creo que no hace falta ser tan cuidadoso con la sinopsis. De cualquier modo, quien prefiera verla "en blanco", mejor deje de leer ahora. Never Let Me Go se ubica en un período histórico alterno, en el que ciertos avances médicos realizados a mediados del siglo veinte permitieron extender la vida humana hasta 100 años o más, gracias a "donadores" de órganos que son cuidadosamente criados en escuelas y "comunidades", hasta que se requieren sus servicios. La cinta comienza en 1978, y sigue el incierto romance entre tres de estos donadores: Tommy (Charlie Rowe), y las niñas Kathy (Izzy Meikle-Small) y Ruth (Ella Purnell), quienes compiten pasivamente por el afecto de Tommy. Sus rutinarias vidas en el idílico colegio Halesham están estrictamente vigiladas para mantenerlos alejados del mundo exterior, y condicionarlos para cumplir su destino, aunque quizás la estricta directora Miss Emily (Charlotte Rampling) tenga un plan diferente para la institución. Siete años después, en 1985, los ahora adolescentes Kathy (Carey Mulligan), Tommy (Andrew Garfield) y Ruth (Keira Knightley) salieron de la escuela y viven en "las cabañas", una modesta comunidad integrada por donadores y "cuidadores" que los asisten en sus ocasionales contactos con la sociedad real. Ahí continúa el triángulo amoroso de los jóvenes, aunque también les preocupan los misterios de su procedencia y las curiosas reglas que rigen el sistema de "donaciones". Finalmente, en 1994, los encontramos con mayor madurez emocional y con una idea más clara de los factores que determinaron su relación a lo largo de los años... y de lo que les depara el futuro.

En su más simple nivel, Never Let Me Go es un intenso drama romántico muy bien actuado y dirigido. Claro, tiene algunas propiedades únicas por la situación de los personajes y el cruel universo que los rodea, pero las emociones son honestas y perfectamente expresadas por el trío de actores principales. O, mejor dicho, el sexteto, pues el trabajo de los niños Charlie Rowe, Izzy Meikle-Small y Ella Purnell al principio de la película es tan bueno como el de Andrew Garfield, Carey Mulligan y Keira Knightley. Definitivamente merece aplauso la directora de “casting” Kate Dowd por haber encontrado niños que no solo fueran idénticos a sus versiones adultas, sino además excelentes actores por derecho propio que no le piden nada a sus colegas adultos. La búsqueda debe haber sido una pesadilla, pero el resultado valió la pena. Por su parte Mulligan, Garfield y Knightley llevan la parte más “jugosa” de la historia, enfrentando la difícil labor de "saltar en el tiempo" y mostrarnos a sus personajes en distintas etapas de su vida, sin perder la "textura" de su carácter ni la consistencia de sus respectivos arcos dramáticos. Todos tienen momentos para brillar, y aunque sus personalidades sean necesariamente simples, encuentran maneras de sorprendernos con gestos y reacciones de profunda sensibilidad.

En el aspecto más "sci-fi", Never Let Me Go examina un clásico dilema ético en la medicina moderna. Aunque nunca se menciona la palabra "clonación", es obvio que la trama busca responder la eterna pregunta de ¿qué tan humanos son los clones creados exclusivamente como depósitos de órganos para beneficio de sus "originales"? Afortunadamente el inteligente libreto de Alex Garland (basado en una novela de Kazuo Ishiguro) nunca cae en el burdo espectáculo o simplicidad moral de The Island (o, para el caso, de The Clonus Horror). De hecho, Never Let Me Go está tan libre de "ciencia" como es posible, centrándose en las emociones de los personajes y mostrándonos sus fascinantes puntos de vista, al mismo tiempo como víctimas de una sociedad injusta, y como heroicos mártires cuyo sacrificio salva vidas. Ese parsimonioso examen de sentimientos y personalidades tiende a hacer la película un poco lenta, pero nunca aburrida, pues los brillantes diálogos y excelentes actuaciones impulsan constantemente la historia, sin importar el nivel de análisis que el espectador quiera usar.

Manteniendo ese ambiguo propósito, la trama omite detalles sobre el sistema de "donadores" y la organización que los controla. En cierto modo parece frustrante dejar tantas preguntas sin respuesta pero, como dije antes, la intención del director Mark Romanek (y, supongo, del novelista Ishiguro) no es enfocarse en la tecnología, sino en observar el desarrollo de vidas desechables, limitadas externamente, pero con las mismas mareas internas que conducen al resto de la humanidad. Por otro lado, quizás la película sea simplemente una metáfora de la muerte, o del proceso que se requiere para aceptarla como parte de la vida, y no como una tragedia arbitraria que aniquila nuestros sueños y aspiraciones. Como sea, me pareció una obra excepcional, un poco lenta y fragmentada por su estructura tripartita, pero fascinante y muy satisfactoria. Desafortunadamente ha sido ignorada por el público y la crítica (¿ni una nominación para Óscares, BAFTA o Globos de Oro?), pero confío en que eventualmente encontrará su propio público, pues a fin de cuentas no importa si es drama, ciencia ficción o romance: calidad es calidad, y Never Let Me Go la tiene en todos los aspectos de su producción. Por otro lado lo que no tiene son las explosiones de The Island, así que cada quién decida qué tipo de parábola ética prefiere.
Calificación: 9

Los Niños Están Bien (The Kids are All Right)

No he visto muchas películas de Lisa Cholodenko, pero recuerdo vívidamente Laurel Canyon (2002), un drama romántico (¿supongo?) que me pareció fascinante por sus actuaciones y porque el libreto usó una situación bastante inusual para representar una clásica historia de decepción amorosa y realización personal. En otras palabras, ingredientes extraños para una receta familiar, lo cual funcionó mucho mejor de lo que esperaba. Y lo mismo aplica a The Kids are All Right, otra exótica "rebanada de vida" intensamente honesta y personal, auxiliada además por excelentes actores y una sensibilidad independiente que aporta mucha emoción con mínimo esfuerzo. Claro que no es una cinta perfecta, pero disfruté su desenfadado estilo (ocasionalmente pretencioso), muy distinto a los inflados dramas del cine comercial.

La trama se centra en una típica familia californiana; o quizás no tan típica, pues cuenta con dos madres: Jules (Julianne Moore) y Nicole (Annette Bening), quienes años atrás usaron un donador de esperma para concebir a sus hijos Joni (Mia Wasikowska) y Laser (Josh Hutcherson). Pero ahora el adolescente Laser tiene curiosidad por conocer a su padre genético, y con ayuda de Joni encuentran a Paul (Mark Ruffalo), quien resulta ser un individuo accesible y amistoso. El problema es que su bien intencionada influencia empieza a afectar en distintas maneras a los miembros de la familia, pues así como unos lo consideran mentor y confidente, otros sienten que es un intruso potencialmente destructivo. ¿Podrá sobrevivir esta familia la inesperada adición de un "padre postizo"?

El sub-género del drama familiar siempre corre el riesgo de sumergirse demasiado en los conflictos de los personajes, olvidando que deberían formar parte de una historia consistente, que mantenga nuestro interés más allá de "mira, la gente bonita también sufre". En el caso de The Kids are All Right creo que se mantiene ese precario balance entre drama y narrativa, pues si bien la trama es relativamente simple, las emociones y evolución de los personajes se encargan de impulsarla en forma realista, sin que sintamos constantemente la mano de la guionista/directora manipulando nuestros sentimientos. Ciertamente hay momentos angustiosos, revelaciones sorpresivas y hasta inesperado humor... pero nunca se sienten gratuitos, sino como parte integral de las personalidades que chocan con los vaivenes de la historia.

Claro que eso no impide un par de tropiezos en el camino hacia el conveniente final. Algunas escenas me hicieron rechinar los dientes por su incongruencia, incluyendo una cena familiar donde una canción de Joni Mitchell sirve como excusa para cambiar por completo la actitud de un personaje. Pero bueno... como dije, las actuaciones son suficientemente buenas para hacernos olvidar esos trucos del manual de escritores, de modo que podemos enfocarnos en la tensa red de lazos familiares que fundamentan la película. Julianne Moore y Annette Benning son el eje de la historia, y su química es tan buena que resulta fácil olvidar el ángulo lésbico cuando surgen los problemas inherentes en el matrimonio (cualquier matrimonio) tras veinte años de diaria convivencia. Los jóvenes Josh Hutcherson y Mia Wasikowska se muestran igualmente profesionales, y creo prudente confesar que no esperaba una actuación tan buena de Wasikowska. Desafortunadamente su papel en Alice in Wonderland fue absolutamente opacado por los caprichos visuales de Tim Burton, pero su trabajo en The Kids are All Right demuestra que hay gran talento detrás de su etérea apariencia. Finalmente, Mark Ruffalo es el indudable catalizador de los conflictos, y a pesar de sus malas decisiones y cuestionable ética no pierde la simpatía del espectador (o quizás sí... ustedes decidan).

Por alguna razón The Kids are All Right se presenta como una comedia adulta, pero quienes esperen reír mucho quedarán decepcionados... lo cual no significa que sea mala, sino que su intención no fue caer en el artificial esquema de Nancy Meyers, sino simplemente mostrar algunas inevitables realidades de la experiencia humana, incluyendo los giros inesperados de la vida, la inevitable confusión que traen consigo, y la gris escala moral con la que pueden evaluarse. Sí, a fin de cuentas es otro melodrama "indie" sobre gente progresiva e intelectual que parece estar por encima de la prole... pero creo que tiene suficiente realismo emocional y valor narrativo para recomendarla como una agradable alternativa a los lacrimosos dramas de Hollywood que solo buscan explotar los sentimientos del público. Ya tenemos bastante de eso con las adaptaciones de Nicholas Sparks.
Calificación: 8

Millennium 2: La Chica que Soñaba con un Cerillo y un Galón de Gasolina (The Girl Who Played With Fire)

Aunque me gustó mucho The Girl With the Dragon Tattoo, quise mantener bajas mis expectativas por The Girl Who Played With Fire, pues por ser una secuela consideré que no podría igualar la innovación de la original, ni repetir el maravilloso desarrollo de la relación entre los personajes principales. Y aunque así fue, el libreto logró mantener el mismo nivel de ingenio y complejidad (por no mencionar algunos de los mismos vicios), al mismo tiempo que la dirección (esta vez a cargo de Daniel Alfredson) evocó una similar atmósfera de suspenso y anticipación, aderezada por el gusto de conocer más detalles sobre el pasado de la enigmática Lisbeth Salander...

Como corresponde a la segunda parte de la trilogía "Millennium" (el nombre de una ficticia revista sueca de análisis económico y político), la trama de The Girl Who Played With Fire gira en torno a un reportaje sobre el tráfico sexual de mujeres rusas y asiáticas, en el que podrían estar implicados algunos prominentes miembros del estado sueco. Pero cuando el joven Dag Svensson (Hans-Christian Thulin) es brutalmente asesinado mientras investiga el asunto, el tenaz reportero Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) se da cuenta de que alguien está tratando de silenciar la noticia. Y, peor aún, la principal sospechosa del asesinato es Lisbeth Salander (Noomi Rapace), quien meses atrás salvó la vida de Mikael antes de huir del país. Entonces el tenaz director de la revista Millennium se da a la tarea de investigar la muerte de su reportero, no solo para encontrar a los culpables, sino para exonerar a Salander. Pero... ¿estamos seguros de que la volátil mujer es realmente inocente?

Tal vez el misterio central de The Girl Who Played With Fire es más predecible y convencional que la melancólica y tensa premisa de The Girl With the Dragon Tattoo, pero eso no le impide ser una sólida película por derecho propio. Habiendo dicho eso, creo que definitivamente conviene haber visto la primera cinta antes de abordar la secuela, no solo para apreciar la mencionada dinámica entre Mikael y Lisbeth, sino para entender la motivación de personajes que en ocasiones actúan contra todo sentido común. Por otro lado la secuela cumple su misión de enriquecer la narrativa introduciendo nuevos personajes y suficientes revelaciones para ganarse el título de “continuación”, sin perder de vista los temas establecidos anteriormente. No quiero hablar de más, pero podemos confiar en que "los hombres que odian a las mujeres" siguen siendo un punto importante en la pesimista visión de la humanidad que sugiere el finado autor Stieg Larsson.

De cualquier modo lo importante para mí fue la oportunidad de pasar otro rato con estos fascinantes personajes... aunque sospecho que algunos espectadores pensarán que el “rato“ fue demasiado largo.The Girl Who Played With Fire me mantuvo constantemente interesado en su argumento, pero no puedo negar que su metódico ritmo emula la parsimonia de la primera película, conduciendo su investigación sin melodrama innecesario ni clichés forzados por algún "focus group". Claro que hay peleas y persecuciones automovilísticas, pero nunca se sienten gratuitas o exageradas para satisfacer requerimientos comerciales. Simplemente son parte integral del argumento, y están diseñadas con el mismo realismo y naturalidad que contribuyeron al éxito internacional de las novelas que inspiraron estas películas. Sirva entonces como advertencia para quienes esperen una cinta de acción cocinada con la receta hollywoodense, pues lo que encontrarán es un flemático thriller con sabor a "vieja escuela" europea.

En cuanto a los actores, sobra decir que Noomi Rapace y Michael Nyqvist siguen dando perfecta vida al inusual dúo de investigadores amateur. Afortunadamente esta vez la historia dedica más tiempo al elenco secundario, donde encontraremos a Lena Endre como Erika Berger, editora de Millennium y ocasional pareja romántica de Mikael; a Per Oscarsson en el papel de un anciano amigo de Lisbeth con un gran secreto sobre el pasado de la joven; y desde luego Mikael Spreitz como un imponente villano, aún más amenazador por su impasible rostro. Por el lado negativo diré que el argumento nuevamente se fundamenta en coincidencias difíciles de tragar; también hay algunas escenas inconsistentes y quizás ilógicas (¿no hubiera sido más simple matar a ciertos personajes cuando hubo oportunidad, en vez de arriesgarse a que escapen?) y al menos una instancia de "villano parlanchín", siempre útil para atar los cabos sueltos de la historia. Ah, y además me decepcionó un poco el abrupto final, aunque confío en que se resolverá satisfactoriamente en The Girl Who Kicked the Hornet's Nest, la película final de la trilogía. En resumen, puedo recomendar The Girl Who Played With Fire como un sofisticado y entretenido thriller, tomando en cuenta que esa evaluación supone su función como pieza central de un fascinante rompecabezas aún por resolverse. Además, no quiero crear la impresión de que odio a Lisbeth Salander, pues las consecuencias parecen ser siempre fatales...
Calificación: 8.5

miércoles, 9 de marzo de 2011

Cine Clásico: Johnny Mnemonic (1995)

No es mi intención justificar las abundantes fallas de Johnny Mnemonic, ni convencer al lector de que en realidad es una buena película. Simplemente quería escribir sobre ella desde hace tiempo para, al menos, señalar algunos de los muchos interesantes conceptos que contiene, y ubicarla como parte importante del universo "cyberpunk" establecido por el novelista William Gibson (uno de mis escritores favoritos, incidentalmente) hace un cuarto de siglo. Entonces, comenzaré admitiendo que Johnny Mnemonic es, cuando mucho, un fracaso interesante con ínfulas semi-proféticas que solo consiguieron revelar la incompatibilidad de la filosa y etérea prosa de Gibson con el superficial estilo del cine moderno. Aún así me gusta mucho y la he visto más veces de las quisiera admitir.

La historia se desarrolla en el año 2021, y sigue las aventuras de Johnny Smith (Keanu Reeves), un "mensajero mnemónico" con un implante cibernético en el cerebro que le permite transportar grandes cantidades de información para clientes de dudosa legalidad que no desean exponer sus datos a la inseguridad del Internet (que para entonces es un vasto mundo de "realidad virtual" con grandes beneficios... y aún mayores riesgos). Sin embargo Johnny quiere retirarse del negocio y recuperar las memorias de su infancia, las cuales sacrificó para dar cabida al "disco duro" que reside en su cabeza. Para obtener el dinero que costará esa difícil operación, el amoral agente Ralfie (Udo Kier) le sugiere a Johnny aceptar un último trabajo para varios científicos japoneses que quieren desertar de su empresa, el emporio farmacéutico PharmaKom. El problema es que el mensajero debe almacenar más información de la que cabe en su implante, y el exceso empieza a producir un "desbordamiento sináptico" que lo matará en 24 horas. Peor aún, la mafia japonesa ("Yakuza") está detrás de la misma información, y sus matones no se detendrán hasta cortar la cabeza de Johnny para extraer el implante. Entonces, con ayuda de la mercenaria Jane (Dina Meyer) y de una misteriosa inteligencia artificial de origen incierto, el mensajero debe asociarse con distintas pandillas urbanas para escapar del Yakuza, conservar su cabeza y extraer la información que lo está matando.

Suena complicado y sin duda lo es. Y ni siquiera mencioné al fanático asesino cristiano interpretado por Dolph Lundgren; al doctor Spider (Henry Rollins), especializado en implantes biónicos y con la misión secreta de curar la epidemia que azota a la humanidad como resultado de excesiva interacción con el mundo digital; al legendario Takeshi Kitano como un inmutable líder criminal secretamente devastado por la muerte de su hija; ni al rapero Ice-T como el líder de la pandilla "LoTek", violentamente opuestos a la tecnología que contribuye a la deshumanización del planeta. En pocas palabras, hay DEMASIADO argumento para una película de 100 minutos, y aunque ese saturado y ambiguo estilo funciona muy bien en las novelas de William Gibson, su compresión en un corto libreto provoca un diluvio de información, personajes y conceptos que nadie se detiene a explicar, y que no tienen mucho sentido a menos que el espectador haya leído novelas como Neuromancer, Count Zero y Mona Lisa Overdrive, las cuales forman la "trilogía del Sprawl" que inició el movimiento literario "cyberpunk" a mediados de los ochentas.

Pero no sería justo culpar únicamente a Gibson y su abarrotado libreto. El director Robert Longo hizo su debut en esta complicada película (mala idea) y aunque su celebridad en el mundo artístico de Nueva York denota un sólido talento visual, no logró una afortunada transición al entorno narrativo del cine. Además eran los noventas, cuando empezó a estar de moda el tema "cibernético", y por lo tanto la cinta incluye algunos inevitables efectos digitales (sobre todo al final), ambiciosos para aquel entonces, pero que hoy no impresionarán a nadie. Y, claro, el diseño de producción debe sujetarse al bajo presupuesto de la película, creando un mundo "futurista" del mismo bajo nivel que consiguieron otras cintas de aquel entonces, como Cyborg, Nemesis o Split Second. Finalmente... las actuaciones. Sospecho que ninguno de los actores tenía idea de lo que estaba pasando, y como resultado sus diálogos son atonales, fríos y carentes de convicción. O tal vez todo eso es parte de la "visión" de Longo. Como sea, comprendo perfectamente por qué Johnny Mnemonic fue un fracaso en la taquilla, con el público y con los críticos. Aún así sostengo que tiene muchas buenas ideas como para descartarla como una simple cinta de acción noventera.

Entre tales ideas podría señalar (¿spoilers, supongo?): el disco duro en el cerebro, que no solo suena tremendamente útil y futurista, sino que de algún modo representa la persistencia del humano y del espacio físico en un mundo controlado por presencias virtuales y redes informáticas. Créanme que desde entonces sueño con algo similar; desafortunadamente parece que aún falta mucho para tal "gadget" (¿iBrain, Sr. Jobs?). También me gustan los detalles que se arrojan casualmente, pero que podrían servir por sí mismos como tema de interesantes películas: el delfín hacker heroinómano, cuya adicción fue creada por la Marina de los Estados Unidos para controlarlo; la economía fundamentada en "naciones corporativas", donde la gente no es leal a una bandera o a un gobierno, sino a una marca comercial y una junta de directores; el títere virtual que se controla moviendo la mano sobre sensores láser; la inteligencia artificial que creó conciencia y escapó al Internet, desde donde manipula eventos globales con un misterioso fin; el filamento mono-molecular empleado como arma ("veo que transformaste tu vergüenza en herremienta"); y, finalmente, la pandilla "LoTek", subsistiendo por debajo de la sociedad sobre-digitalizada como "primitivos urbanos", empleando tecnología del siglo pasado para combatir la del siglo veintiuno.

En fin... se que todo esto es una simple diatriba de "fanboy". Como dije al principio, no puedo alegar que Johnny Mnemonic sea una "joya incomprendida", ni un "clásico de culto" (¿o quizás sí?). Simplemente quise revisitar una de mis películas favoritas y expresar su valor como complemento de las novelas de William Gibson... para nada necesario, pero divertido y creativamente ejecutado. Finalmente, solo queda agradecer que su sonoro fracaso haya evitado, hasta el momento, la adaptación cinematográfica de más obras del autor, que seguramente correrían el mismo destino (bueno, la excepción es New Rose Hotel, pero es una película tan distinta y extraña que es fácil olvidarla). Sé que para mucha gente el "ciber-cine" comenzó con The Net y el inocente encanto de Sandra Bullock; pero para mi fue Johnny Mnemonic, y por eso tengo gran afecto por su incoherente libreto, malas actuaciones y pobre dirección. Si tuviera un disco duro en el cerebro, no faltaría esta película en mi "playlist" esencial. Detrás de la excelsa Hackers.
Calificación: 8.5

lunes, 7 de marzo de 2011

Paper Man

Como ávido lector de comics, me interesa cualquier nueva interpretación que pueda hacerse sobre el mito del superhéroe, pues admito que en el "arte secuencial" es cada vez más difícil encontrar innovación o algún enfoque distinto de los clichés que vienen arrastrándose desde hace setenta años. Por eso me interesó la película Paper Man; a primera vista parecía similar a obras como Kick-Ass o Defendor, pero con una sensibilidad más “indie“. Sin embargo resultó algo muy distinto, pues, para empezar, el único superhéroe que aparece en ella es imaginario. Afortunadamente el sólido elenco y el ingenioso libreto de los directores Kieran y Michele Mulroney logran hacer una película medianamente entretenida, aunque realmente no tenga mucho que ver con superhéroes.

El nada heroico protagonista es Richard Dunn (Jeff Daniels), un escritor maduro de poco éxito, tratando de vencer su bloqueo creativo y, con suerte, restaurar la relación con su esposa Claire (Lisa Kudrow). Como primer paso deciden separarse por una temporada, y Richard se muda a una casa en un pequeño pueblo turístico del norte de los Estados Unidos, donde su único acompañante es el Capitán Excelente (Ryan Reynolds), un amigo imaginario que lo acompaña desde la infancia, a veces ayudándolo a superar su timidez, y en otras ocasiones fomentando su aislamiento e inmadurez emocional. Pero todo podría cambiar cuando Richard conoce a Abby (Emma Stone), una adolescente con similares problemas psicológicos relacionados con una tragedia en su pasado. Así comienza a desarrollarse una curiosa amistad que podría ayudarlos a superar sus respectivos conflictos internos o sumirlos aún más en su depresión.

Conviene señalar desde el principio que muchos de estos melodramas independientes tienden a ser bastante pretenciosos. Los diálogos frecuentemente se sienten rebuscados, no son tan inteligentes como quisieran parecer, y a veces están rodeados por una aura de pseudo-intelectualismo que puede ahuyentar a algunos espectadores. Paper Man sufre de todos esos síntomas; pero la salvación de todo melodrama "indie" es tener suficientes momentos de honestidad emocional, personajes interesantes y un "gancho" que les de identidad propia y nos haga olvidar por un momentos sus caprichos de escuela de cine. Paper Man consigue redimirse (en mi humilde opinión) gracias a los energéticos actores que comienzan como clichés (el escritor fracasado, la esposa irritante, la adolescente perturbada) para transformarse eventualmente en personas con sustancia, cuyo carácter parece bien fundamentado por sus experiencias y su pasado. Jeff Daniels y Emma Stone navegan con seguridad su extraña relación, y aunque no me pareció creíble que se hicieran amigos tan rápido (o en circunstancias tan sospechosas), eventualmente encuentran el tono justo que hace más fácil aceptar el intangible lazo entre sus compatibles "almas en pena". Lisa Kudrow tiene el más ingrato papel de esposa intolerante que ya está cansada de las manías de su esposo. Creo que ya la hemos visto demasiadas veces en roles similares, pero la verdad es que le salen muy bien, y su voz es notablemente estridente cuando grita frases como "¡Lárgate!" y "¿Quién demonios es ella?".

Desafortunadamente lo mejor de la película es también lo más escaso... Ryan Reynolds en el papel del imaginario Capitán Excelente. Con excepción de su horriblemente artificial cabello rubio, tiene toda la apariencia de un superhéroe, y su actuación mantiene el nivel justo de humor y gravedad para hacerlo muy gracioso, sin perder de vista el significado psicológico de su presencia y sus consejos. Además, me da mucha risa cada vez que dice la palabra "evil"; ojalá su papel hubiera sido más extenso. Como sea, mi entusiasmo por la próxima versión filmada de Green Lantern se ha elevado considerablemente. Entonces, tal vez Paper Man me hubiera gustado más si consistiera tan solo una larga conversación entre Richard y el Capitán Excelente, pero supongo que así no habría mucho "drama" y crecimiento, así que puedo aceptar todos los elementos narrativos periféricos que rellenan la trama. Y si bien creo que Paper Man no es una película totalmente recomendable, puede funcionar para quien esté en el humor correcto para ver cine independiente, donde no hay efectos especiales o explosiones, sino conflicto interno, un poco de humor y relaciones humanas creíbles con un aderezo de pretensión. Sin olvidar, claro, frases como "Cuando el mundo está en peligro, cuando la maldad te rodea y el temor acecha... Capitán Excelente!". Sip... por eso leo comics.
Calificación: 7

domingo, 6 de marzo de 2011

Dulce Venganza (I Spit on Your Grave)

Nota: Esta vez no pasó mucho tiempo desde la publicación de esta crítica y el estreno de la cinta en México, pero como ya había salido de la página principal, la vuelvo a postear para comodidad de los lectores.

Allá por 1978, la película I Spit on Your Grave (también conocida como Day of the Woman) causó controversia por su violencia, "gore" y por atreverse a mostrar a una mujer tomando venganza por su propia mano contra los patanes que la violaron. Con el tiempo se convirtió en una cinta de culto, no tanto por sus valores intrínsecos, sino por haber sido censurada (o prohibida) en muchos países, lo cual solo la hizo más popular. Como sea, respeto su importancia dentro del género de horror (no cabe duda que sentó las bases para muchas modernas heroínas), pero dentro del cine de "venganza femenina", prefiero obras como Thriller: A Cruel Picture y Ms. 45, pues me parecen mejor estructuradas, actuadas y dirigidas.


Sin embargo, I Spit on Your Grave sigue siendo una experiencia intensa y visceral gracias a su manufactura semi-amateur, locaciones rurales y crudas actuaciones. Además, los métodos de venganza implementados por la audaz protagonista parecían una respuesta directa al entonces naciente cine slasher, lo cual añadió un nivel adicional a su simple narrativa. Entonces, con todo ese "equipaje cultural" que carga I Spit on Your Grave, ¿cómo sería un moderno re-make? Dados los estándares del horror contemporáneo, podemos estar seguros de que será más brutal, cruel y realista; pero ¿podrá alcanzar el mismo impacto histórico y emocional de su predecesora? La respuesta es "No", pero se nota que el director Steven R. Monroe y su valiente elenco lo intentaron con genuina energía. Y si olvidamos por un momento el legado de la original, encontraremos que esta nueva versión de I Spit on Your Grave resulta ser un perturbador, grotesco y satisfactorio relato de sangre, violencia y venganza.

El argumento es muy similar al de 1978, aunque esta vez se añaden detalles que dan más forma a la historia y cambian un poco el tono de la narrativa. Al principio conocemos a Jennifer Hill (Sarah Butler), una escritora en busca de paz y tranquilidad, que espera encontrar en una remota cabaña enclavada en los bosques de Louisiana. Desafortunadamente la atractiva mujer llama la atención de un grupo de hombres agresivos e ignorantes y, tras verla tomando el sol en bikini, invaden su cabaña con las peores intenciones. En un desesperado esfuerzo Jennifer logra escapar y encuentra a un policía que puede ayudarla... pero resulta ser cómplice de los delincuentes; entonces, en una horrible secuencia que se siente eterna, los hombres toman turnos para violarla, dejándola después abandonada en el bosque. Sin embargo Jennifer sobrevive, y solo habrá una manera de que logre sobreponerse a su espantosa experiencia...

Como esperaba, el re-make añade más sangre y un par de nuevos elementos narrativos. Algunos no conducen a nada (por ejemplo, el destino de la cámara con la que se filmó el crimen), pero otros profundizan en la vida privada de los violadores, revelando la hipocresía de monstruos que disfrazan su maldad tras una fachada de respetable civilización. Sin embargo el cambio más fundamental está en la venganza de Jennifer, pues añade un componente psicológico que en ciertos momentos me recordó los elaborados escenarios de la franquicia Saw. Afortunadamente I Spit on Your Grave se mantiene dentro de lo verosímil, y aunque sigue la fórmula del cine de tortura, esta vez la crueldad y la grotesca violencia se sienten justificadas y hasta satisfactorias. Por otro lado, esa deliberada actitud resta un poco del suspenso y espontaneidad de la cinta original, donde las acciones de la mujer y de sus atacantes parecían el resultado de reacciones impulsivas, y no de un plan maquiavélico. La diferencia es sutil pero significativa; y no podría decir si hace "mejor" el re-make... aunque definitivamente agradezco que el equipo creativo se haya esforzado por encontrar una variación que respete la premisa original y añada nuevo sub-texto para evitar que se convierta en un hueco ejercicio de efectos especiales y explotación sexual.

Hablando de lo cual, hay buenos efectos "gore" en I Spit on Your Grave. Desafortunadamente no son tan gráficos como yo esperaba, y siento que el director se acobardó (incluso en la versión “Unrated”) con algunas escenas que hubieran merecido mostrarse en todo su "esplendor" para obtener el máximo efecto catártico. Aún así, este re-make de I Spit on Your Grave me pareció una decente película de suspenso que encuentra un uso válido para los clichés de la porno-tortura, y aunque se nota su bajo presupuesto en la cinematografía y en algunas actuaciones, admito que resultó mejor de lo que esperaba. La primera mitad de la película es perturbadora, de mal gusto e imposible de "disfrutar"; definitivamente causará repulsión en muchas personas; pero la satisfactoria conclusión casi compensa lo que nos hace sufrir al principio. Entonces, a pesar de sus aciertos, no es el tipo de película que puede recomendarse para cualquier persona, y solo los fans del horror que puedan resistirla encontrarán que merece llevar el nombre de su predecesora. Lo cual podría ser un halago o un insulto, dependiendo de la sensibilidad del espectador.
Calificación: 7.5

sábado, 5 de marzo de 2011

Soy el Número Cuatro (I Am Number Four)

Llevo casi diez años quejándome de películas de fantasía que pretenden capturar el mismo público infantil de Harry Potter. Sin embargo, en los últimos meses parece haber menguado el diluvio de imitadoras. ¿La razón? Se me ocurre que el éxito de la serie Twilight provocó un "cambio de dirección" en los ejecutivos en Hollywood, y en vez de explorar variaciones de "niños mágicos que salvan al mundo", ahora están buscando desesperadamente nuevas instancias de "romances prohibido entre adolescentes con poderes sobrenaturales". Para bien o para mal, Soy el Número Cuatro pertenece a ese naciente sub-género, y aunque no es totalmente mala, tampoco tiene un ápice de originalidad o emoción real. Pero bueno... tal como ocurre con Twilight y sus secuelas, sé que no pertenezco al público meta de la cinta, así que solo podré dar el punto de vista de un anciano “geek“.

El número "cuatro" al que se refiere el título es el joven John Smith (Alex Pettyfer), uno de los nueve extraterrestres del planeta Lorien que se ocultan en la Tierra para escapar la amenaza de los mogadorianos, una raza de asesinos interplanetarios que no descansarán hasta exterminar a sus enemigos y conquistar nuestro planeta (o algo así). Por razones que no comprendí (o no explicaron), los villanos deben matar a sus víctimas en el orden correcto, y al principio de la película vemos cómo exterminan al número 3. Cuando se enteran de eso, John y su guardián Henri (Timothy Olyphant) deciden cambiar sus identidades y mudarse a un pequeño pueblo, donde teóricamente estarán a salvo de los mogadorianos. Al principio su plan parece funcionar, e incluso John ingresa a la escuela local donde conoce a Sarah (Dianna Agron), de quien empieza a enamorarse. Pero cuando alguien captura video del joven usando sus poderes y lo pone en Internet, los mogadorianos saben exactamente dónde atacar...

Traducción: el apuesto y misterioso joven con un secreto se enamora de la inteligente y artística muchacha normal. Y aunque el universo entero se oponga a la relación, su amor es tan fuerte y puro (y casto, desde luego) que trasciende cualquier obstáculo. O al menos así lo parece al principio. Admito que no termina como yo esperaba, pero eso no impide que Soy el Número Cuatro recorra terreno bien conocido, tanto en el cine fantástico como en el romance juvenil. Y no estoy en contra de ello; el director D.J. Caruso ha realizado películas huecas y poco originales, pero bastante dinámicas y entretenidas, lo cual me dio esperanzas de que su nueva cinta tendría elementos rescatables. Lamentablemente es muy poco lo que funcionó (para mi) en Soy el Número Cuatro, pues no logré interesarme ni en los personajes ni en su forzado romance, y mucho menos en los horriblemente trillados conceptos de ciencia ficción con los que pretende adornar su cansada narrativa.

Para empezar... ¿Mogadorianos? ¿Ese fue el mejor nombre que se le ocurrió al autor "Pittacus Lore" (en realidad pseudónimo de Jobie Hughes y James Frey) para los villanos de la novela en la que está basada esta película? Claro, el nombre por sí mismo no tiene importancia, pero es una buena muestra del nivel de creatividad que mantiene la película entera. Los héroes son apuestos jóvenes que parecen modelos; los villanos son calvos y pálidos, con dientes de piraña, y sufren el síndrome de "villano parlanchín", revelando sus planes o hablando de más cuando podrían fácilmente exterminar a los héroes. Los "poderes" de los "lorianos" (?) son suficientemente ambiguos para crear suspenso artificial y para llenar los enormes huecos de la historia. Pero eso sí, su manifestación siempre incluye elaborados efectos especiales para distraernos del horrible libreto. Hablando de lo cual, no me pregunten sobre la motivación de los mogadorianos, o su relación con el planeta Lorien... asumo que todos esos "detalles" se explicarán en futuras secuelas (ya sea literarias o cinematográficas); sin embargo un poco más de respaldo contextual tal vez hubiera ayudado a que me importara más el destino de los protagonistas.

Para ser justos, creo que la película mejora un poco durante los últimos veinte minutos, cuando por fin entra a escena (¿spoiler? Ni siquiera estoy seguro) la alien número 6, interpretada por Teresa Palmer (con los poderes de Nightcrawler), cuya energética actuación inyecta un poco de vida a la tediosa "batalla final" sobre un campo de fútbol americano. De hecho, creo que la cinta entera hubiera sido mucho más entretenida con Palmer como protagonista, en vez de la insípida pareja de Pettyfer y Agron. Pero bueno... quizás le den su lugar en las hipotéticas secuelas. Mientras tanto, estoy indeciso sobre Soy el Número Cuatro. Como fan de la ciencia ficción me pareció blanda y repetitiva; no obstante, el público de Twilight podría encontrar refrescantes las referencias interplanetarias, las batallas con rayos de luz, armas de energía y beagles extraterrestres... por no mencionar al nuevo galán Alex Pettyfer, tratando de robarle fans a Robert Pattinson. Dianna Agron es ciertamente atractiva, y agradezco que pueda hablar sin... las... irritantes... pausas... de Kristen Stewart. Y no puedo negar que me identifiqué un poco (muy poco) con el "sidekick" Sam (Callan McAuliffe), obsesionado con temas paranormales. Entonces, aunque el conjunto de todos estos elementos me haya parecido generalmente aburrido y muy poco memorable, quizás tenga aspectos positivos que pueden satisfacer al espectador en busca de "comida chatarra fílmica", bien servida pero carente de sabor. A fin de cuentas, lo único que aporta la película (en mi humilde opinión) es el miedo a las futuras usurpaciones del género fantástico que seguramente veremos en próximos romances juveniles. Estoy seguro de que en alguna elegante oficina de Hollywood alguien está diciendo: "Es como Twilight, pero con zombies y tiburones".
Calificación: 6

viernes, 4 de marzo de 2011

Invierno Profundo (Winter's Bone)

Cuando una película retrata una cultura muy regional corre el riesgo de confundir a un porcentaje de su audiencia, pues no todos reconocerán las referencias o atmósfera empleada en ella (por ejemplo, a mi me ocurrió con A Guide to Recognizing Your Saints, que reproduce la vida en un barrio específico de Nueva York en los años setentas). Invierno Profundo podría haber caído en un caso similar, pues se ubica en la remota región de las montañas Ozark, en el medio este de los Estados Unidos, cuyos habitantes son conocidos por su brusca y minimalista dinámica social, su legendario aislamiento y su economía insular. Sin embargo la inteligente historia, personajes únicos y sólidas actuaciones de la cinta trascienden dicho "regionalismo" para convertirse en una fascinante experiencia cinematográfica, no necesariamente "divertida", pero muy recomendable por su audacia y eficiente narrativa.

La protagonista de la historia es Ree Dolly (Jennifer Lawrence), una joven de diecisiete años que se ve obligada a criar a sus hermanos menores y manejar su humilde hogar, pues su madre tiene problemas psicológicos y su padre está ausente, probablemente huyendo de la justicia que lo busca por "cocinar" metanfetaminas (aparentemente el principal producto generado en la región). Por si no fuera ya bastante difícil la vida de Ree, un día se entera de que su padre usó la casa como garantía de la fianza que pagó para obtener libertad condicional... y, claro, como nunca compareció a su juicio, la empresa fiadora pretende quedarse con la casa, dejando a la familia en la calle (o, mejor dicho, en el bosque). Entonces la muchacha comienza una improvisada búsqueda de su padre, encontrando a cada paso amenazas, desconfianza y abundantes secretos que ocultan los taciturnos habitantes del pueblo, muchos de ellos parientes de la familia Dolly, pero no por ello más amistosos... o menos peligrosos.

Los habitantes de las Montañas Ozark se han usado frecuentemente en frívolas cintas de terror como villanos despiadados e ignorantes, listos para matar (o incluso devorar) a los "invasores" de la ciudad. Invierno Profundo no es una película de terror, sino un intenso drama familiar, y por lo tanto su enfoque es mucho más sobrio y realista. Dentro de sus principales atributos está el de nunca burlarse ni menospreciar a los personajes, sino simplemente observar las contradictorias actitudes que se revelan durante la investigación de la protagonista. Hablando de lo cual, la nominada al Oscar Jennifer Lawrence realiza un trabajo realmente extraordinario. Hubiera sido fácil apegarse a los clichés de "campirano ignorante", pero su expresivo rostro revela la inteligencia y tenacidad que la impulsan cuando otros se hubieran rendido. El resto del elenco es prácticamente invisible (lo digo como un halago), pues es imposible distinguir a quienes son actores "reales" y a quienes son auténticos habitantes de las Ozarks que la directora Debra Granik usó para llenar algunos papeles secundarios. Basta decir que todos inspiran igual temor.

Como dije al principio, Invierno Profundo no es una película agradable, y aunque tiene buenos momentos de suspenso, tampoco es un "thriller" convencional. En cierto modo podría describirse como una versión rural y deprimente de Nancy Drew... o como un grotesco híbrido de The Third Man y Deliverance (sí, incluso con música de banjo). A fin de cuentas no importa mucho definirla o clasificarla; lo importante es recomendarla por sus sinceras actuaciones; por la dirección de Granik, engañosamente sencilla pero repleta de fascinantes detalles y observaciones sobre el carácter de sus personajes; y sobre todo por su desoladora atmósfera, que parece extinguir cualquier optimismo que pudiéramos sentir durante los fugaces momentos de la trama que favorecen a Ree. Sea cual sea el resultado de su búsqueda sabemos que no puede realmente haber un final feliz; a lo más que podemos aspirar es a tener algún tipo de resolución que ofrezca un poco de esperanza como recompensa a las difíciles situaciones que la joven enfrenta. Quizás sea un mensaje demasiado real para ver Invierno Profundo como mero entretenimiento; sin embargo cumple (en mi humilde opinión) con los requisitos del mejor arte cinematográfico. Solo no me pidan verla de nuevo.
Calificación: 8

miércoles, 2 de marzo de 2011

Black Lightning

Aunque el cine fantástico ruso tiene un par de películas famosas (Solaris, de 1972, y la menos conocida Battle Beyond the Sun, de 1959), se puede decir que nunca había tenido un "blockbuster" de terror o ciencia ficción hasta el lanzamiento de Night Watch (2004), del director Timur Bekmambetov, cuya bizarra combinación de mitología vampírica, criaturas metamórficas e investigadores estilo X-Files trascendió fronteras y encontró fans en todo el mundo (incluyéndome). La secuela, Day Watch (2006) no tuvo tanto éxito, pero dejó claro que Rusia se había convertido en un legítimo contendiente en el género, con efectos especiales de primera línea, sólidos recursos de producción y directores visionarios con buena aptitud tanto para las escenas de acción como para el desarrollo de personajes interesantes. Ahora, siguiendo los pasos de esos dos hitos del cine ruso llega Black Lightning, un relato de super-héroes más accesible que la densa serie Watch, pero también más genérico y predecible.

Para bien o para mal, Black Lightning sigue de cerca (quizás demasiado) la fórmula de Spider-Man, aunque los "poderes" del protagonista sean totalmente distintos. Ustedes decidan. Al principio de la historia conocemos al joven Dima Maykov (Grigory Dobrygin), estudiante universitario de humilde familia que sufre por no tener automóvil ni dinero para cortejar a la guapa Nastya (Ekaterina Vilkova). Su afable padre se compadece de él, y en su cumpleaños le regala un coche... pero resulta ser un viejo Volga, decrépita reliquia de la era soviética que solo avergüenza más a Dima. Sin embargo, el vetusto automóvil tiene un par de secretos... incluyendo la capacidad de volar. Y, claro, Dima hace lo que todos haríamos en esas circunstancias: se convierte en el repartidor de flores mejor pagado de Moscú. Entonces su vida parece prosperar, pues por fin tiene suficiente dinero para salir con Nastya (quien parece ser un poco convenenciera, pero bueno). Desafortunadamente una tragedia personal (que tal vez pudo evitar) le enseña a Dima que con un coche volador viene gran responsabilidad, y decide usar el vehículo para combatir el crimen organizado de la ciudad. Desde luego, sus hazañas llaman la atención del millonario villano Victor Kuptsov (Viktor Verzhbitskiy), quien decide apoderarse del Volga para sus perversos fines personales...

Sé que suena absolutamente ridículo, y quizás lo sea; pero bajo la diestra mano de los directores Dmitriy Kiselev y Aleksandr Voytinskiy (y, supongo, del productor Timur Bekmambetov) la historia se transforma en una fantasía dinámica y divertida, que complace en varios niveles. Para empezar, tenemos el simple espectáculo visual del auto volador, fantásticamente representado por el estudio de efectos especiales Asymmetric VFX. El truco no fue solo hacernos creer en un Volga que desafía la gravedad, sino planear las escenas para estirar al máximo la credulidad del espectador sin llegar a romperla (por lo menos al principio, pues durante el clímax ocurren cosas demasiado exageradas, incluso en este inverosímil contexto). En segundo lugar tenemos la clásica fórmula del superhéroe que empieza como un perdedor y eventualmente desarrolla conciencia, enfrenta su destino y adquiere madurez para usar juiciosamente sus habilidades. Y, finalmente, tenemos un sub-texto de ciencia ficción poco probable, pero internamente lógico y consistente, que de paso nos da una deliciosa mirada a la "carrera armamentista" de la Unión Soviética durante la Guerra Fría, digna de una buena película de James Bond.

Resultado global: un entretenido híbrido de clichés norteamericanos e ideología rusa, en las proporciones correctas para darle un exótico sabor post-Perestroika, pero sin perder el atractivo comercial de sus contrapartes hollywoodenses. Claro que eso no la hace perfecta. Los actores están bien seleccionados para llenar sus pre-fabricados papeles, pero no ofrecen actuaciones sobresalientes. El humor del libreto a veces se apoya en ironía fallida (al menos así quiero interpretar el chiste recurrente del borrachín que tira su botella cada vez que ve al coche volador). Y, finalmente, el argumento tiende a complicarse demasiado al final, dándole al villano una motivación francamente ilógica y poco creíble; ¿cuál demonios sería el punto de destruir...? Bueno, me abstendré de revelar "spoilers". Supongo que es uno de esos villanos que anteponen la maldad al sentido común.

Si tuviera que comparar, diría que me gustaron más Night Watch y Day Watch que Black Lightning, tan solo porque las dos primeras me pusieron a pensar (aunque fuera por culpa de su densidad narrativa y confusa estructura), mientras que Black Lightning me hizo bostezar en un par de ocasiones con su predecible libreto. De cualquier modo puedo recomendarla, no solo como curiosidad cultural, sino por el entretenimiento que puede ofrecer al aficionado a la ciencia ficción (o más bien fantasía) que no tema probar una interpretación distinta de los temas que conocemos de memoria en el moderno cine superheroico. Como sea, espero sinceramente que continúe esta tendencia del cine ruso, pues con todo y sus defectos me parece que urge una sana competencia entre las "potencias" cinematográficas del mundo, y el público siempre saldrá beneficiado... Al menos hasta que Hollywood seduzca y arruine a los directores de Black Lightning.
Calificación: 7.5

lunes, 28 de febrero de 2011

Amigos con Derechos (No Strings Attached)

¿No vi esta película hace unas semanas? Un momento… No, esa fue Love and Other Drugs. Aunque, para ser justos, el mundo nunca puede tener suficientes historias sobre parejas atractivas que deciden tener una relación puramente sexual, para luego descubrir que se están enamorando, lo cual desde luego arruina todo. ¿A quién no le ha ocurrido lo mismo?

La pareja central de Amigos con Derechos está formada por Adam (Ashton Kutcher) y Emma (Natalie Portman), amigos desde la infancia que dejan de verse durante varios años, hasta que casualmente se encuentran y, casi sin proponérselo, empiezan a tener furtivos "encuentros" que los dejan sexualmente satisfechos sin complicaciones sentimentales. La situación parece perfecta para ambos, pero cuando empiezan a surgir atisbos de romance deberán cuestionarse si quieren proceder con algo que podría convertirse en "amor", o si es mejor romper la relación que complicará innecesariamente sus vidas.

En el contexto de las comedias románticas la idea de “sexo sin amor“ puede ser atractiva, pues representa algo así como un "anti-romance" que desafía las expectativas y convencionalismos del género. Desafortunadamente nadie (que yo sepa) se ha atrevido a llevar el concepto hasta sus consecuencias naturales, sin interponer el obligatorio romance que conduzca al inevitable final feliz. Quizás si el director Ivan Reitman hubiera encontrado una manera realista y satisfactoria de mantener la integridad de sus personajes e ideología, Amigos con Derechos sería más interesante. Desafortunadamente Reitman y sus guionistas ni siquiera lo intentan, y el resultado es una película predecible e irritante que no ofrece sorpresa alguna, ni emociones, ni muchas risas. En parte puedo atribuir el problema al blando argumento que salpica los diálogos con groserías y gráficas referencias sexuales para parecer sofisticado, cuando en realidad está traicionando su desesperación por hacernos reír, aunque sea con su “audacia”. Sin embargo, creo que los principales culpables son los actores.

No quiero odiar automáticamente todo lo que hace Ashton Kutcher (les aseguro que no tengo nada en su contra), pero es tan fácil odiarlo que ni siquiera puedo fijarme en su desempeño. De cualquier modo asumo que sigue teniendo fans que quizás disfrutarán Amigos con Derechos por la breve aparición de su trasero desnudo, o su característica actitud de nerd inmaduro combinada con apariencia de modelo masculino. En cuanto a Natalie Portman, es más difícil describir la situación. Honestamente creo que es una de las mejores actrices trabajando actualmente (mucho más talentosa que divas veteranas como Meryl Streep, Nicole Kidman o Jessica Simpson) (¡Ja! Quería ver si estaban prestando atención). Sin embargo, reconozco que la comedia no es uno de sus puntos fuertes. O, mejor dicho, no es su punto fuerte el estilo de comedia que usa Amigos con Derechos, pues por más que se esfuerza no logra hacer creíble la “química” con Kutcher, ni escucharse sincera con parlamentos como "That hole is my bitch!". Por otro lado, esa limitación en su rango actoral quizás impedirá que tome el camino de Reese Witherspoon, Kate Hudson o Amanda Seyfried, desperdiciando su talento en horribles comedias románticas. De cualquier modo aprecio el compromiso que Portman muestra con el horrible guión, y su entusiasmo para enfrentar tantas escenas en ropa interior.

En fin... supongo que hay suficiente "star power" en Amigos con Derechos para dejar satisfechos a algunos espectadores, lo cual respeto totalmente. Pero en lo personal sentí que fue una oportunidad desperdiciada de hacer algo más interesante con el concepto de los "amigos con beneficios". Hablando de desperdicios, también agradecí los esfuerzos del elenco secundario (incluyendo a las sólidas comediantes Abby Elliot, Lake Bell, Mindy Kaling y Greta Gerwig), que de vez en cuando me hicieron sonreír (por ejemplo, con la imitación que Elliot hace de un cierto pez pixariano). En cuanto al semi-legendario cineasta Ivan Reitman, creo a estas alturas se ha convertido en mejor productor (Up in the Air) que director (My Super Ex-Girlfriend); ojala siga prosperando en esa capacidad. Entonces, aunque no puedo recomendarla, admito que puede existir un público para Amigos con Derechos. Lástima que estoy demasiado viejo y feo para identificarme con los problemas de la gente bonita; de otro modo seguramente me hubiera parecido más realista esta película. Ni hablar; salí perdiendo por partida doble.
Calificación: 5