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domingo, 19 de febrero de 2012

El Vengador Fantasma 2 (Ghost Rider: Spirit of Vengeance)


La única vez que leí comics de Ghost Rider con cierta regularidad fue a mediados de la década pasada, cuando formó parte de la línea "Marvel Knights", la cual pretendía ser una colección de títulos dirigida a "lectores maduros", con historias más violentas, crudas y sórdidas de las que habitualmente encontramos en los comics "normales" de Marvel. Sin embargo los abandoné rápidamente, pues comprendí que lo que Ghost Rider necesitaba no era más violencia o groserías, sino escritores que encontraran un ángulo apropiado para explotar el (dudoso) potencial del personaje. Desafortunadamente lo mismo aplica a la cinta El Vengador Fantasma 2, pues aunque los directores Mark Neveldine y Brian Taylor ciertamente elevan la intensidad de la acción y la ferocidad del protagonista, el argumento es un desastre de principio a fin que carece de cohesión narrativa, y solo aporta un desfile de situaciones para lucir bizarros ángulos de cámara, "stunts" en cámara lenta y notables efectos especiales. Aún así logra divertir, pero deja la amarga sensación de que pudo ser más.

En la primera Ghost Rider vimos cómo el motociclista Johnny Blaze (Nicolas Cage) hizo un trato con Mefistófeles que lo dejó con la identidad alternativa del Vengador Fantasma, un flamígero demonio con cara de calavera destinado a castigar transgresores y arrebatarles el alma (o algo así... no me pidan explicar la revuelta cosmogonía de la saga). Al final de aquella cinta (¿spoiler?) Blaze decidió quedarse con la maldición y usar sus poderes para beneficio de la humanidad. Pero al comenzar El Vengador Fantasma 2 lo encontramos viviendo casi como ermitaño en Europa, tratando de evitar situaciones que despierten al demonio que lleva dentro. Por eso rechaza al misterioso Moreau (Idris Elba) cuando le pide ayuda para salvar a un niño de las garras del Rourke (Ciarán Hinds), la más reciente encarnación del Demonio. Pero cuando Moreau ofrece levantar la maldición a cambio de su ayuda, Blaze se une renuentemente a la cruzada del extraño sacerdote... lo cual no solo implica mantener vivo al niño Danny (Fergus Riordan), sino ayudar a su madre Nadya (Violante Placido) y rechazar los constantes ataques de varios agentes demoníacos, dirigidos por el implacable Carrigan (Johnny Whitworth).

Así es... otra aventura modular con un "mcguffin" (el niño) como detonador del argumento, y con una anti-héroe en busca de redención para justificar la violencia en secuencias de creciente complejidad, pero nulo suspenso. Me gustaron las películas Crank y Crank: High Voltage, en las que los directores Neveldine/Taylor forjaron su frenético estilo visual (al mismo tiempo que experimentaron con la ausencia de argumento coherente), pero la fórmula no se adapta muy bien al mundo de los super-héroes, pues por mucha acción que incorporen a la trama, no existe conexión alguna con el espectador, ni emociones que respalden las hazañas del protagonista. En otras palabras, no sentí el menor interés por el sufrimiento de Johnny Blaze, ni tragué su incongruente drama personal, ni sentí amenaza alguna por parte del blando super-villano. Creo que hasta en Thor se hizo un mejor esfuerzo por esbozar el crecimiento del personaje y las lecciones que aprende con cada experiencia.

Habiendo dicho eso, sería un error esperar que El Vengador Fantasma 2 se ajuste al universo fílmico de Marvel. Su estilo es evidentemente distinto, y de cualquier modo el personaje de Ghost Rider no encajaría en el entorno de The Avengers, así que conviene reducir expectativas y no juzgarla en el contexto incorrecto. Cuando mucho, podemos tomarla como un muestrario de delirante cinematografía y efectos especiales que, en mi humilde opinión, justifican el precio del boleto, aunque me duela decirlo, pues generalmente estoy en contra de la mentalidad "estilo sobre substancia". Pero cuando el "estilo" es tan arrollador y contundente, tengo que aceptar derrota ideológica. La presentación del Vengador Fantasma es simplemente increíble; me gustó que gran parte de las escenas transcurrieran de día (en particular una asombrosa persecución en carretera), pues podemos apreciar con lujo de detalle los increíbles "stunts" y los efectos especiales, no siempre realistas pero invariablemente dinámicos y divertidos. La simulación de fuego y humo es asombrosa; por otro lado, las cadenas digitales nunca me parecieron convincentes, y hay algunos "dobles sintéticos" demasiado notorios. Lástima que para disfrutar estas escenas debamos aguantar una historia trillada y aburrida que casi nos hace añorar el "drama" de la primera película.

Hablando de lo cual, el eje de la saga sigue siendo Nicolas Cage, y aunque esta vez su actuación no fue tan profunda como esperaba (?), tiene buenos momentos de humor... cuando no lo intenta. Sus "chistes" son torpes y previsibles; pero sus momentos de seria introspección llevan ese irreverente sarcasmo que tan bien maneja Cage, y que arrancan una sonrisa al hacernos cómplices del humor, en vez de víctimas (también admito que me hizo gracia su risa de "lindo pulgoso"). Redondeando el elenco tenemos a Idris Elba cobrando un cheque fácil como el enigmático sacerdote "biker"; Ciaran Hinds como el Demonio más insípido del mundo; Violante Placido como obligatoria cara bonita que no teme entrar a la pelea cuando hace falta; y... ¡¿Christopher Lambert?! (lo siento, no hay “cameo“ de Stan Lee - aunque pensándolo bien, Lee no tuvo nada que ver con la creación del personaje). Pero bueno... las auténticas estrellas de El Vengador Fantasma 2 son definitivamente los efectos y el exuberante estilo visual de los directores. No debería bastar para rescatar la película, pero de algún modo lo consigue (en mi humilde opinión), y no me arrepiento de verla porque mostró imágenes que permanecerán en mi memoria durante bastante tiempo (esa grúa minera será difícil de olvidar) Y ni siquiera he mencionado la orina de fuego...
Calificación: 7 (si fuera fiel a mis principios posiblemente le pondría 5)

martes, 22 de marzo de 2011

S.W.A.T.: Firefight

Allá por el 2003 la película S.W.A.T. fue otro de tantos refritos basados en populares series de televisión y, en mi humilde opinión, no fue ni el mejor ni el peor; simplemente entretenido y olvidable. Por eso me sorprendió enterarme de que ahora, ocho años después, alguien decidió hacer una secuela directa a DVD, seguramente con la intención de iniciar una franquicia de bajo costo, con un título conocido y una fórmula narrativa similar a las de ciertos programas de televisión contemporáneos que combinan acción policíaca, melodrama y efectos especiales para distraer de sus repetitivos argumentos y pre-fabricados personajes. Más sorpresa aún fue descubrir que S.W.A.T.: Firefight resulta tan entretenida como la original gracias a la estilizada dirección de Benny Boom (¿será su nombre real?) y al interesante elenco compuesto por actores desconocidos pero bien seleccionados. Por otro lado también me pareció tan olvidable como su predecesora, pues su argumento carece de originalidad e ingenio, con la falla adicional de un final que traiciona a los personajes en aras del espectáculo... y ni siquiera lo hace bien.

Como recordarán (?) la primera S.W.A.T. dividió su historia en dos partes; la primera cubrió el entrenamiento de los oficiales que aspiran a trabajar en la división de Armas y Tácticas Especiales; y en la segunda mitad los vimos enfrentando una peligrosa misión. S.W.A.T.: Firefight le da un atinado giro a esa estructura, conservando el concepto de "pez fuera del agua" pero sin perder tiempo en el tedioso entrenamiento de novatos. El protagonista es Paul Cutler (Gabriel Macht), oficial estrella de la división S.W.A.T. en Los Ángeles y experto en negociación que nunca ha perdido un rehén. Por eso el gobierno lo asigna como asesor y entrenador de la división S.W.A.T. en Detroit, la cual desea obtener una certificación oficial de Seguridad Nacional y Respuesta al Terrorismo. Cutler acepta a regañadientes el cargo, y desde luego sus discípulos en Detroit ven con malos ojos al recién llegado; pero conforme participan juntos en operativos reales y rudos entrenamientos, empiezan a respetarse mutuamente... lo cual será indispensable para sobrevivir los ataques de Walter Hatch (Robert Patrick), un enigmático villano con conexiones gubernamentales que busca vengarse de Paul por la muerte accidental de una mujer.

Como dije, el argumento de S.W.A.T.: Firefight no es muy original, y creo que funciona mejor como drama policíaco que como cinta de acción. Para empezar, me gustó la relación que se desarrolla entre Cutler y los oficiales de Detroit. Los actores tienen buena química y hacen creíble una amistad forjada tras años de alto riesgo y mutua confianza en sus habilidades. El libreto mantiene al mínimo los conflictos internos basados en indisciplina o posturas machistas (bueno, con una o dos excepciones). En otras palabras, la película no pinta a los policías como niños malcriados con armas de alto poder, ni como superhéroes invencibles, sino como adultos responsables (quizás un poco arrogantes) que entienden el peligro que corren día a día, y la responsabilidad que tienen con los ciudadanos. Vamos, hasta las ocasionales escenas románticas se manejan con sutileza, incluso si su única función es establecer una "damisela en peligro" que añada suspenso al final de la cinta.

Lo cual me lleva a lo mejor de S.W.A.T.: Firefight: el villano. Robert Patrick nos da una de sus clásicas actuaciones honestas y creíbles para compensar parcialmente la superficialidad con la que está escrito su personaje. Y desde luego aprecio su gris moralidad, pues no se trata de un maniático tratando de conquistar al mundo, sino de un hombre con misterioso pasado que solo busca vengar la muerte de un ser querido. Desde luego eso no justifica sus violentas acciones, pero le da una motivación menos arbitraria que la megalomanía que hace tan aburridos a los habituales villanos del cine B. Finalmente, no puedo dejar de mencionar a la guapa Kristanna Loken, cuya aparición es demasiado corta y solo alcanza para compartir una escena con Patrick. Se nota que hay gran potencial en esta reunión de "Terminators"; lástima que la historia tome un rumbo distinto.

Aunque Robert Patrick se robe la película, debo darle crédito a Gabriel Macht por su sólido desempeño como protagonista. La verdad es que nunca tragué a este actor en otras cintas (como Love and Other Drugs y Whiteout), quizás por la mala impresión que me dejó The Spirit; pero en S.W.A.T.: Firefight me recordó una especie de "Aaron Eckhart lite", cuya fuerza no está en sus proezas físicas, sino en la humanidad que imprime en su personaje. Y en lo que respecta a la dirección, no puedo negar que disfruté las escenas inspiradas por los videojuegos de primera persona (o "first person shooters"). Sin duda es un truco barato para añadir visuales frenéticos e impacto visceral, pero me gustó la técnica y su moderado uso como un adorno ocasional que nos pone “en los ojos” de los policías durante alguna peligrosa operación. Por último debo señalar (como siempre) que todas estas virtudes y halagos deben tomarse en el contexto del cine B directo a DVD; por lo tanto S.W.A.T. Firefight no es realmente una buena película; más bien es como un competente episodio de NCIS o Flashpoint (la única serie de ese estilo que me gusta). Como tal, sirve para pasar un rato entretenido y absolutamente desechable, alimentado por bajas expectativas y la sorpresa de encontrar una secuela con suficiente valor para desviarse de la norma y encontrar su propia voz. Incluso si no tiene mucho que decir.
Calificación: 7

lunes, 6 de diciembre de 2010

Cyrus

No tenía muchas ganas de ver Cyrus, pero cuando descubrí que tuvo algunas nominaciones en los Independent Spirit Awards (cuya credibilidad parece ligeramente superior a la de los Óscares) decidí arriesgarme a pesar de que todo indicaba una vulgar y simplona comedia al estilo de Judd Apatow. Afortunadamente fue muy distinta a lo que yo esperaba gracias a un bizarro libreto que aspira a un nicho más elevado, donde existe auténtica profundidad en los personajes y sólidas interpretaciones de un elenco que sin duda merece las nominaciones recibidas. Sin embargo el tono de la película es tan incierto que me costaría trabajo recomendarla, excepto para fieles seguidores del ambiguo cine "indie". No lo digo como insulto... aunque entiendo por qué podría interpretarse así.

El argumento se centra en el clásico anti-protagonista de las comedias contemporáneas: un "loser" de mediana edad pero emocionalmente subdesarrollado, tímido, divorciado e incapaz de mantener relaciones estables. Su nombre es John (John C. Reilly) y con la ayuda de su amable ex-esposa Jamie (Catherine Keener) conoce en una fiesta a Molly (Marisa Tomei), hermosa, accesible e inexplicablemente interesada en él; en otras palabras, la mujer perfecta. Contra todo sentido común su relación prospera, y John empieza a pensar que su vida realmente está cambiando. Pero (como siempre), surge un obstáculo inesperado en su felicidad: Cyrus (Jonah Hill), el hijo adulto de Molly, no desea "perder" a su madre; y, para evitarlo, emprende la misión de sabotear la relación por todos los medios posibles.

Como dije al principio, hay elementos de comedia moderna en Cyrus (¡Sorprendieron al protagonista masturbándose! ¡Jo, jo, jo!); pero la intención de la historia y los pintorescos personajes pertenecen por completo a la tendencia actual del cine independiente, obsesionado con el "humor incómodo" de cintas como Sideways, The Savages o Friends With Money, las cuales no son graciosas en el sentido convencional, pero pueden provocar risa por la disparidad de elementos que muestran, o por las traviesamente inapropiadas situaciones que retratan, o simplemente porque no sabemos si reír u horrorizarnos con los extremos a los que llegan sus personajes. Es un balance difícil de alcanzar, y no estoy seguro de que Cyrus lo obtenga, pues a pesar de que incluye escenas divertidas y sólido melodrama, no me pareció ni muy graciosa ni muy honesta en su representación de relaciones disfuncionales.

Por otro lado me gustó el trabajo de John C. Reilly y Jonah Hill, cuyas interpretaciones se sienten improvisadas y naturales pero siempre cuidadosas de no caricaturizar ni exagerar los defectos de sus personajes. Solo así funciona el conflicto pasivo-agresivo entre ambos y evita que la conclusión parezca el apresurado final de un sit-com barato. Claro, los dos tienen experiencia en este tipo de rutinas, como demostraron (aunque no juntos) en Step Brothers, The Good Girl, y Funny People. De cualquier modo encajan bien en sus papeles, saben lo que se espera de ellos y lo hacen sin pretensiones artísticas ni afectaciones abstractas. Marisa Tomei también logra encariñarnos con su personaje a pesar de la relación perturbadoramente cercana que tiene con su hijo; y Catherine Keener aporta un poco de "credibilidad indie" en el desechable pero divertido papel de ex-esposa del protagonista. A fin de cuentas no creo que haya suficiente sustancia ni suficientes risas en el edípico triángulo amoroso de la trama, y por eso sentí que Cyrus se vuelve monótona y plana una vez que se establece la premisa básica del argumento. Claro que lo mismo pensé de otras célebres comedias independientes, y eso no impidió que ganaran una saludable dotación de admiradores. El "mumblecore" triunfa de nuevo.
Calificación: 7

lunes, 19 de abril de 2010

Give 'Em Hell, Malone

El "noir" de los cuarentas y cincuentas es uno de los géneros cinematográficos (y literarios) más fáciles de imitar, pero más difíciles de capturar sin caer en el ridículo o en la comedia accidental. Y aunque sospecho que algunos puristas podrían considerar la modesta cinta Give 'Em Hell, Malone como una mediocre parodia, en mi humilde opinión cumplió con los requisitos para considerarla al mismo tiempo un afectuoso homenaje y respetuosa imitación del género. Pero, más allá de su intención, creo que se trata una sólida película "noir" con un argumento interesante, honestas actuaciones, e incluso cierta sustancia detrás de los personajes para enriquecer esta clásica historia del detective que debe mantener su humanidad para sobrevivir la influencia de peligrosos criminales, sórdidos secretos... y mujeres fatales.

El detective en turno es Malone (Thomas Jane), y al principio de la película lo encontramos en una cruenta balacera con genéricos criminales que luchan por la posesión de un maletín metálico. Al final de la batalla Malone gana el preciado premio (con un par de balas en sus costillas); sin embargo su victoria es efímera, pues el elegante villano Whitmore (Gregory Harrison) no se da por vencido, y recluta al temible Boulder (Ving Rhames) y al inestable Matchstick (Doug Hutchison) para recuperar el maletín. Entonces, para salir con vida, Malone tendrá que aliarse con la atractiva pero misteriosa Evelyn (Elsa Pataky), quien obviamente esconde sus propias intrigas. Y, a fin de cuentas, ¿qué es lo que contiene el maletín? En palabras de Malone: "El significado del amor".

Naturalmente el libreto es una colección de encuentros con asesinos, aliados e informantes que no siempre contribuyen significativamente a la trama, pero que al menos mantienen la película en constante movimiento, con abundantes oportunidades de suspenso, violencia y estilizados diálogos. Ahí es donde brilla la dirección del veterano Russell Mulcahy, pues a pesar de los altibajos de su carrera, sigue mostrando pleno control del lenguaje visual, ritmo y edición para crear un flujo narrativo consistente, aunque no siempre profundo. Además, su frecuente trabajo en televisión y “películas B” le ha enseñado a obtener un producto entretenido y estéticamente atractivo sin tropezarse con su propia ambición. Quizás por eso los vestuarios, vehículos y escenarios de Give 'Em Hell, Malone muestran una curiosa combinación de nostalgia y modernidad; así se consigue una buena atmósfera "noir" al mismo tiempo que se evitan los problemas técnicos de recrear un entorno de los años 40s, como Sin City logró digitalmente. Por cierto, me parecen injustas las comparaciones entre esa película y Give 'Em Hell, Malone, pues el que ambas usen los mismos arquetipos de la literatura detectivesca no significa que una sea copia de la otra. Para usar una analogía apropiada, diría que se trata de dos botellas de whiskey de distinta marca, pero similar composición. No. Eso pareció lección de química. ¿Ven lo difícil que es capturar el auténtico sabor "noir"?

Los actores contribuyen al homenaje con sinceras interpretaciones libres de ironía, evitando la tentación de tomar a broma sus personajes o la historia. Thomas Jane quizás sea demasiado "bonito" para un anti-héroe noir, pero tiene la actitud y voz perfecta para dar vida al tosco detective con puños de hierro y coraza emocional que oculta su cálido interior, como lo demuestran las simpáticas escenas que comparte con su madre Gloria (Eileen Ryan). Ving Rhames y Doug Hutchison hacen buena pareja como los esbirros del villano, aunque no hay mucha innovación en sus obligatorios despliegues de silenciosa amenaza y maniática obsesión, respectivamente. Por otro lado, me temo que Elsa Pataky fue el punto débil del elenco; sin duda posee el rostro (y cuerpo) de mujer fatal, pero carece de la pasión e intensidad que distingue a las más icónicas damas del género.

Tal vez Give 'Em Hell, Malone sea más estilo que sustancia, pero la combinación de actores, atmósfera "noir" y un laberíntico libreto con buen final dan como resultado una agradable experiencia de cine B que honra el legado de Chandler, Thompson y Bogart, al mismo tiempo que adopta un tono apropiado para "enganchar" audiencias modernas con los métodos de antaño. Además, confirma que Russell Mulcahy aún tiene mucho que ofrecer, y podría sorprendernos como lo hizo hace un cuarto de siglo con Highlander, siempre y cuando encuentre un proyecto adecuado. ¡Ya sé! ¿Qué tal la adaptación cinematográfica de The Spirit? No, perdón. Alquien más se encargó de arruinar eso. Quizás en el re-make...
Calificación: 7.5

sábado, 26 de septiembre de 2009

Terror en la Antártida (Whiteout)

Algunas de las mejores películas basadas en cómics no tienen nada que ver con super-héroes... y, como Terror en la Antártida demuestra, algunas de las peores tampoco necesitan mallas, capas y poderes para aburrirnos con una historia monótona y trillada. Hace más de diez años el estudio independiente Oni Press publicó la novela gráfica Whiteout (en forma de mini-serie), escrita por el entonces desconocido Greg Rucka, quien eventualmente se convertiría en una estrella del medio gracias a su notable trabajo en más populares títulos, desde Wolverine hasta Batman. Y aunque me gusta su moderno enfoque de esos héroes, nunca leí aquella novela gráfica, de modo que no trataré de evaluar la fidelidad de la adaptación cinematográfica que ahora nos atañe. Sólo diré que tampoco me quedaron ganas de leerla.

Como su título indica, Terror en la Antártida se desarrolla cerca del Polo Sur, en la base multi-nacional Amundsen-Scott, donde científicos y representantes de muchos países realizan estudios en uno de los más hostiles entornos del planeta. Ahí encontramos a la guapa Carrie Stetko (Kate Beckinsale), alguacil encargada de mantener el orden en la apartada instalación, donde reina una atmósfera de optimismo, pues la gran mayoría de sus habitantes están por regresar a sus hogares mientras pasa el duro invierno austral. Sin embargo la partida de Stetko podría retrasarse por una inesperada sorpresa: el descubrimiento de un cadáver en mitad del blanco desierto. Las inusuales circunstancias del aparente crimen (y sus repercusiones políticas) requieren que la alguacil inicie una detallada investigación, que pondrá en peligro su vida y la de sus compañeros, pues el asesino está entre ellos, y no se detendrá hasta eliminar a todos los testigos de un secreto sepultado en la nieve...

No estoy seguro si lo siguiente puede considerarse un spoiler, pero decidí incluirlo en esta crítica, pues estimo que hará más accesible la película para quienes esperan algo distinto (como me ocurrió a mi): A pesar de que el frío entorno de Terror en la Antártida evoca cintas de horror y ciencia ficción como The Thing, The Last Winter y Fritt Vilt, no hay elementos sobrenaturales o fantasiosos en la trama. Así de simple. La historia se reduce a un típico misterio policíaco, donde la protagonista sigue débiles pistas y su dudosa intuición para resolver un crimen y encontrar al culpable (o culpables) de los cada vez más numerosos asesinatos, así como la motivación de los villanos y el esperado "mcguffin" que impulsa la trama. Como vaga innovación en la receta tenemos la adición de un elemento "slasher" (en la forma de un asesino enmascarado), pero a fin de cuentas la película no llega más allá de un mediocre episodio de Murder, She Wrote ubicado en la nieve... y con una protagonista mucho más guapa que Angela Lansbury.

Además de su obvio atractivo físico, Kate Beckinsale es una decente actriz, aunque rara vez tiene oportunidad de demostrarlo. Su papel en Terror en la Antártida busca explotar simultáneamente ese talento dramático (bien empleado en cintas como Nothing But the Truth) y su aptitud para realizar convincentes escenas de acción (como logró en Underworld). Desafortunadamente el libreto no garantiza un desempeño de similar calibre, pues los personajes apenas llegan a los más burdos arquetipos del género, desde el compasivo mentor que apoya a la heroína (Tom Skerrit como un veterano doctor), hasta el misterioso agente que colabora en la investigación a pesar de su sospechosa actitud (Gabriel Macht, tratando de hacer que el público olvide The Spirit). El argumento parte de una premisa interesante, pero la desperdicia con demasiadas pausas y tangentes que diluyen el suspenso potencial de la situación, por no mencionar la conclusión blanda y perfectamente predecible que frustrará a quienes la hayan adivinado durante los primeros 15 minutos de la película.

Entonces, quien espere algún hirsuto monstruo, etéreo alien o tenebroso fantasma que añada suspenso a la simple trama policíaca, mejor rente algunas de las mencionadas películas de "horror invernal". Como dije, me gustó el comienzo de Terror en la Antártida, el establecimiento de su premisa y las actuaciones de Beckinsale y Skerrit (a quien recuerdo con cariño como el Capitán Dallas en la original Alien). Pero ninguno de esos débiles atributos justifica una recomendación, aunque supongo que los lectores de la novela gráfica original podrían interesarse en verla traducida a cine (luchen contra ese impulso, por favor). El director Dominic Sena prometía mucho tras el estreno de su impresionante debut, Kalifornia, hace más de quince años; sin embargo su filmografía declinó notablemente, y ahora Terror en la Antártida marca oficialmente el final de mi interés por su carrera. Mis disculpas, pero una gratuita escena de regadera con Kate Beckinsale no basta para convencer a este cínico fanboy.
Calificación: 5

viernes, 23 de enero de 2009

El Espíritu (The Spirit)

Como decía mi abuelito: "Zapatero a tus zapatos".

He leído comics desde niño, pero quizás los hubiera dejado atrás junto con la infancia (como le ocurre a mucha gente) si no hubiera sido por la obra de Frank Miller. Su famoso período en Daredevil, seguido por su doble triunfo revitalizando a Batman (con The Dark Knight Returns y Batman: Year One) llegó en el momento justo para enseñarme las alturas narrativas y visuales a las que podían llegar los comics cuando se atrevían a trascender los entretenidos pero vacuos nichos de super-héroes y humor infantil (aunque también le debo ese favor a Grant Morrison, Alan Moore y Neil Gaiman). Y aunque la posterior carrera de Frank Miller nunca igualó esas icónicas obras, sobra decir que se ha mantenido como un pilar en el arte secuencial, cuyos trabajos continúan avanzando los límites del medio y estableciendo estándares que el resto de sus colegas aspiran a seguir.

Por todo eso y más, sus fans quedamos encantados con la noticia de que, tras el éxito comercial y artístico de la película Sin City (inspirada en otra de sus famosas obras), Miller mismo se encargaría de escribir y dirigir la adaptación fílmica del seminal comic The Spirit, creado por el legendario Will Eisner, quien durante los cuarentas y cincuentas básicamente modernizó el naciente medio del comic y resultó ser tan influyente en el futuro de esta disciplina como medio siglo después lo sería Frank Miller. Las optimistas noticias siguieron llegando con la lista de estrellas (especialmente femeninas) que se integraron al elenco, y aunque el papel principal quedó en manos de un actor casi desconocido, tuve confianza en que Miller sabía lo que hacía, y que de ninguna manera traicionaría la obra de Eisner, su ídolo, amigo y mentor. Pero, como en uno de los amargos y cínicos finales del comic The Spirit, nuestro optimismo fue grotescamente pisoteado por la película que ahora tenemos que sufrir.

The Spirit sigue las aventuras del epónimo héroe, alter-ego del ex-policía Denny Colt (Gabriel Macht), quien después de morir en el transcurso de su peligrosa profesión regresa a la vida como un vigilante justiciero e inmortal, protegiendo a los ciudadanos de Ciudad Central contra los coloridos villanos que acechan en sus calles. Al principio de la película conocemos al Pulpo (Samuel L. Jackson), eterno enemigo de Spirit, quien desesperadamente busca un artículo que le conferirá gran poder; pero por diseño o accidente el valioso objeto cae en manos de Sand Saref (Eva Mendes), amiga de Colt que prefirió seguir una vida criminal. Y así, durante casi dos horas vemos un desfile de ambiguas y tediosas escenas que de algún modo siguen la obsesión del Pulpo con su invaluable objeto y de Colt con capturar al Pulpo. Enjuague y repita.

La verdad es que hay muchas cosas positivas en The Spirit, pero por cada vistosa imagen, seductora "femme fatale" o graciosa línea de diálogo, hay que soportar un guión turbio e incoherente, repleto de aburridos monólogos y escenas que no parecen tener punto, quedándose además mucho más tiempo del que necesitan... o merecen. Podría achacar tales fallas al editor de la película, pero eso no explica las planas actuaciones ni el más plano nivel emocional de la película, que pretende ser operática y extravagante, pero que sólo consigue frustrar con sus constantes cambios de tono y su pretenciosa actitud. No hace falta decir que Miller seguramente vio trabajando a su colega Robert Rodríguez en Sin City y decidió copiar el mismo estilo visual (después de todo, él lo inspiró con sus novelas gráficas) y técnica de personajes reales sobre fondos digitales. Es una lástima que lo que no copió fue la más básica labor del director: guiar a los actores, proveer contexto emocional y orquestar escenas con ritmo y significado. El resultado es una cinta visualmente impresionante pero narrativamente hueca, que efectivamente ignora todo lo bueno del comic The Spirit y abraza todo lo malo del cine moderno.

En fin, no culpo a Miller por haber reunido un elenco de guapas actrices para dar vida a las múltiples mujeres que habitan el mundo de Spirit, sólo para después ignorar sus actuaciones; tampoco lo culpo por haber fallado al escribir un libreto para cine, que obviamente requiere talento muy distinto al necesario para crear un gran comic. Pero sí lo culpo por la arrogancia representada en esta película, que muestra todos los síntomas de haber sido creada por un "artista" más interesado en el estilo que en la sustancia de su obra. Jeph Loeb, otro gran escritor de comics, estuvo envuelto en la temprana pre-producción de The Spirit, y supuestamente su interpretación de la historia era más parecida al cine "noir" de los cuarentas, lo cual hubiera resultado más apropiado para respetar el espíritu de The Spirit (je). Pero Miller descartó el trabajo de Loeb cuando se incorporó al proyecto, y aunque su nueva visión es definitivamente atractiva en un nivel, pierde toda relevancia al carecer de aventura, suspenso y emoción. De cualquier modo seguiré admirando a Miller... siempre y cuando se quede en el medio artístico que mejor domina. Zapatero a tus zapatos... y dibujante a tu tintero.
Calificación: 5