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Algunas personas encontraron la cinta Brick pretenciosa e impenetrable, pues su incongruente mezcla de comedia juvenil y thriller "noir" ciertamente parecía obtusa e incompatible. Pero la combinación me pareció ingeniosa y, al igual que mucha gente, terminé disfrutando esa interpretación de dos muy antiguos géneros enriquecidos por su estimulante interacción. Desde luego, ese modesto triunfo creó saludables expectativas sobre la obra futura del director Rian Johnson. Si pudo lograr tanto con pocos recursos en su opera prima... ¿qué maravillas nos esperarían cuando Hollywood lo descubriera?
La respuesta a esa pregunta llega en la forma de la película Estafa de Amor, y aunque no fue una declarada maravilla, ciertamente ofrece una brillante historia conducida por excelentes actores y por la estilizada dirección de Johnson, quien nos muestra una nueva faceta de su talento y demuestra que Brick no fue una dichosa casualidad, sino el debut de una auspiciosa carrera.
La trama sigue a los hermanos Bloom, Stephen (Mark Ruffalo) y Bloom (Adrien Brody), expertos estafadores que, con ayuda de su reservada asistente Bang Bang (Rinko Kikuchi) diseñan elaborados fraudes para ganar dinero, pero siempre bajo la premisa de darle a su "cliente" lo que desea... incluso si el precio resulta más elevado de lo que esperaba. Al principio de la película los encontramos celebrando su más reciente golpe, que podría ser el último de su carrera, pues Bloom quiere retirarse (como aparentemente ha expresado en numerosas ocasiones). Pero Stephen lo convence de realizar un último "trabajo", cuyo teórico beneficio no sólo sería económico, sino espiritual y anímico, ya que podría cumplir el añorado deseo de Bloom: una vida real e impredecible, libre del artificio y complicados manejos de Stephen. ¿La víctima? Una "fotógrafa epiléptica" llamada Penélope (Rachel Weisz), inteligente e inmensamente rica, pero prisionera de su excentricidad y aislamiento social. Y desde luego, como puede suponerse, la estafa estará llena de secretos y ocultas intenciones. Pero tal vez no importe mucho, siempre y cuando todos obtengan lo que quieren... aún si no lo saben.
Me gustó mucho Estafa de Amor, pero (para variar) tengo algunas quejas sobre su preciosista y rebuscado tono. Al igual que hizo en Brick, Rian Johnson ubica la historia en un mundo ligeramente estilizado, lleno de simpáticas coincidencias y reflexivos detalles que no necesariamente contribuyen a la trama, pero definitivamente la enriquecen con niveles adicionales de significado, simbolismo, o simple valor estético. El lado negativo de esta interpretación "creativa" es que en muchas ocasiones cruza la línea de la artificialidad, y los personajes dejan de sentirse honestos, para convertirse brevemente en sobre-diseñadas piezas del rompecabezas narrativo que el director nos invita a descifrar. Desde luego respeto la bizarra sensibilidad de Johnson, y siempre preferiré una película con excesiva ambición en vez de escueta pereza y desgano. Pero la abundancia de extravagantes personajes y afectados diálogos me "sacaron" frecuentemente de la película. Mmh... quizás ahora entiendo mejor a los detractores de Brick.
A pesar de esas infundadas quejas, disfruté muchísimo el trabajo de los actores y el espléndido libreto, que en cierto modo sigue la clásica estructura del "gran golpe", pero con un sabor fresco y realmente impredecible... cosa que yo consideraba casi imposible después de tantas (¡TANTAS!) cintas sobre fraudes donde la revelación final es penosamente evidente. Adrien Brody es particularmente efectivo en el papel del cansado y deprimido Bloom (nunca se aclara en la película, pero ¿supongo que su nombre completo es Bloom Bloom?). Y no será sorpresa que Rachel Weisz se robe la película como la luminosa Penélope, cuyo florecimiento emocional impulsa la trama y contribuye a sus mejores momentos. También digna de aplauso es Rinko Kikuchi (irreconocible para quienes la recuerden por su deprimente participación en Babel) como la muda pero expresiva Bang Bang, siempre preparada para cualquier eventualidad. Y desde luego debo mencionar a los geniales Robbie Coltrane y Maximilian Schell en papeles memorables a pesar de su brevedad.
Se estrena con muy poca publicidad y saboteada por un ridículo título que sugiere una insulsa comedia romántica; sin embargo Estafa de Amor es en realidad una divertida y muy recomendable película difícil de clasificar, pero muy fácil de apreciar. Podría describirla como un híbrido entre el cine "noir" de David Mamet (incluso con Ricky Jay como narrador) y la exuberante serie televisiva Pushing Daisies... ciertamente una extraña combinación que no debería funcionar tan bien, pero que de algún modo resulta mejor que la suma de sus partes gracias al brillante elenco, su visionario director y una familia de personajes con "sabor" casi literario, que a fin de cuentas representan distintas facetas de la humanidad, mejor definidos por sus obsesiones que por sus tenues personalidades. Y aunque de vez en cuando pude notar los trucos de esta estafa narrativa, sus atributos me hicieron caer voluntariamente en la trampa, de la que salí bastante satisfecho, aunque con la inconfundible sensación de haber sido repetidamente engañado. Pero bueno... a fin de cuentas ¿no es esa una apropiada definición del cine?
Calificación: 9
El Desinformante (si el distribuidor puede darle un giro arbitrario de 180 grados al significado del título original, yo puedo darme el lujo de omitir las exclamaciones) está basada en hechos reales aunque, como nos advierte desde el principio, se cambiaron algunos elementos para mejorar la narrativa. Según mi exhaustiva investigación (5 minutos en Wikipedia), el guión sigue con bastante fidelidad la auténtica historia de Mark Whitacre, quien a principios de los noventas denunció las actividades ilegales de varias empresas especializadas en aditivos alimenticios. Sin embargo, la más importante alteración que el director Steven Soderbergh hizo al relato fue convertirlo en una bizarra comedia de muy irregular tono que falla en muchos aspectos, pero destaca en otros. En pocas palabras, un típico experimento fílmico de este innovador director, más interesado en explorar las posibilidades del cine que en obtener éxito económico... o en hacer una película que deje satisfechos a todos sus espectadores.
La historia, repleta de traiciones, intriga y espionaje corporativo, gira alrededor del mencionado Mark Whitacre (Matt Damon), dedicado trabajador, amante padre de familia y buen esposo que entra en contacto con el agente del F.B.I. Brian Shepard (Scott Bakula) cuando denuncia una potencial extorsión por parte de un competidor japonés. Entonces la buena relación entre ambos hombres invita a Whitacre a hacer una confesión adicional, revelando una conspiración global de manipulación de precios. Shepard, desde luego, reporta el explosivo secreto a sus superiores, y se organiza una investigación a gran escala. Pero, conforme avanzan las pesquisas sobre tales crímenes, la situación se vuelve más confusa, llegando a extremos que ninguno de los participantes hubiera sospechado.
Me abstendré de especificar esas situaciones, pues si algo funciona en la película es su constante revelación de nueva información que cambia el contexto de los hechos, y eventualmente altera por completo nuestra interpretación de los personajes, su motivación e incluso nuestra objetividad como espectadores. En ese aspecto me pareció muy bien llevada la historia, pues con cada sorpresa nos encontramos tan confundidos como los investigadores, y juntos debemos dilucidar el significado de los conflictivos testimonios. Pero de algún modo encontré forzado e inoportuno el denso barniz de comedia que Soderbergh decidió aplicar a la película entera.
Por sí mismos los hechos reales que relata El Desinformante son bastante absurdos, y difícilmente hubieran inspirado una adusta y tensa película al estilo de State of Play o The Insider. Por eso entiendo que Soderbergh haya decidido aprovechar los más descabellados elementos de la historia como fundamento de una comedia. Pero la verdad es que no me pareció muy graciosa. Por más juguetona música de Marvin Hamlisch que sature cada escena, y a pesar de los incongruentes comentarios oblicuos del protagonista, rara vez me hizo reír. Ciertamente hay humor en el relato... pero no es el tipo de humor que el director trata de vendernos, incluso llenando el elenco con actores cómicos en serios papeles secundarios. Entre los que reconocí están Patton Oswalt, Scott Adsit, Joel McHale, Paul F. Tompkins, ¡y los "Smothers Brothers"! (de hecho me dio gusto verlos, pues pensé que ya habían abandonado este mundo).
Claro que la actuación más importante es la de Matt Damon, y me pareció brillante. Sin embargo los elementos que la enmarcan demeritan su labor y restan dignidad a la narrativa. Por otro lado, me gustó la más sutil sátira del mundo corporativo norteamericano, que llega en el momento justo para recordarnos por qué estamos sumidos (o saliendo, según a quien decidan creerle) en una crisis económica mundial.
Como siempre, me pareció interesante el enfoque de Steven Soderbergh hacia esta inusual historia, pero como experiencia fílmica no fue muy satisfactoria. Quizás pueda recomendar El Desinformante más por su audacia e innovación que por sus logros intrínsecos, y definitivamente será más apreciada por quienes gusten del cine que intencionalmente rompe fórmulas e ignora géneros. En lo personal, me hubiera gustado un manejo de humor más sutil y crítico... pero no me arrepiento de haberla visto. Sin embargo, sospecho que muchos no pensarán igual. Procedan con cautela.
Calificación: 6.5
Originalmente vi Silencio en el Lago en DVD (bajo el nombre de Eden Lake) hace varios meses, e incluso entonces me pareció un tardío refrito de las cintas de tortura tan populares hace un par de años (aunque el sub-género abarque décadas). Desde sus créditos mismos se desinfló mi interés, pues no esperaba otra cosa además de los clásicos maniáticos torturando personas normales que tienen que transformarse en similares monstruos para salir con vida, o morir en el intento. Y, efectivamente, la historia no varía mucho de ese bien conocido argumento. Pero al menos alcanza buenos niveles de intensidad y suspenso, gracias a la discreta dirección de James Watkins y al truco de usar villanos de corta edad, retando las expectativas del público y añadiendo un nivel adicional de incertidumbre moral.
Las víctimas en cuestión son Steve (Michael Fassbender) y Jenny (Kelly Reilly), perfecta pareja británica de clase media que decide pasar un fin de semana acampando a la orilla de un hermoso lago. Y, desde luego, encuentran a un grupo de odiosos truhanes juveniles, cuyas "travesuras" se incrementan hasta llegar a la captura y franca tortura de Steve. Entonces Jenny, tímida maestra escolar, debe acopiar valor y férrea voluntad para salvar a su prometido y escapar con vida de sus agresores.
Los primeros veinte minutos de la película funcionan bastante bien, estableciendo la agradable vida de la pareja y logrando que nos interesemos ellos. Al mismo tiempo se siembran arteramente semillas de angustia, pues sabemos que su felicidad no durará mucho. Los actores Michael Fassbender y Kelly Reilly cumplen perfectamente su trabajo, y es fácil aceptar la evolución que experimentan bajo los rigores de su horrible experiencia. Cuando empiezan los problemas la historia sigue exactamente el curso esperado, con momentos de sangre, tensión y algunas convenientes coincidencias que rompen el flujo de la trama. Y, claro, siempre queda la incógnita sobre el desenlace... ¿Decidirá el director darnos un final feliz y satisfactorio, o uno triste y frustrante?. Desde luego no revelaré cual de los dos elige, pero honestamente no importa mucho, porque a fin de cuentas se reduce a un simple capricho del escritor, y no una conclusión lógica o incontrovertible.
Habiendo dicho eso, admito que hay peores películas con la misma premisa... pero también mejores. No obstante, Silencio en el Lago entretiene sin insultar la inteligencia del espectador y oprime los botones psicológicos necesarios para máximo impacto (que no fue mucho por lo previsible de su historia). La puedo recomendar para quien todavía encuentre interesante ver maniáticos sin motivación torturar gente inocente. Pero los que estamos aburridos de esa "fase" del horror, no encontraremos en Silencio en el Lago algo que redima el sub-género o le de nueva vida. Y lo peor es que tal vez no sea culpa de la película misma, sino de tantas otras mediocres obras que ya saturaron el mercado con el mismo tema.
Calificación: 7
Estoy acostumbrado a ver supuestas películas de "ciencia ficción" para encontrar que son simples relatos de aventuras ubicados en un contexto futurista, extraterrestre o "hi-tech". El énfasis casi siempre está en explosiones y efectos especiales, ignorando el auténtico fundamento del género: ideas provocativas, reflexiones sobre la condición humana y especulación sobre el futuro de la especie. Por eso las genuinas películas de Ciencia Ficción (con mayúsculas) son raras y demasiado esporádicas, de modo que cuando aparece una es motivo de júbilo. Sector 9 representa una de esas ocasiones, y aunque no sea perfecta ofrece abundante satisfacción para ambas facetas del público: los que buscan acción y efectos; y los que quieren algo más sustancioso para alimentar el cerebro.
Los primeros minutos de Sector 9 emplean el bien conocido formato pseudo-documental para ilustrarnos sobre ciertos extraordinarios eventos que enfrentó el planeta a fines del siglo veinte: En esta "realidad alternativa" llegó una enorme nave espacial a la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica, donde permaneció suspendida en el aire durante largo tiempo. Entonces, tras meses de tensa contemplación, una fuerza multinacional decidió abordar el inmóvil transporte, encontrando una raza de extraterrestres enfermos y desnutridos. Con los ojos del mundo encima, el gobierno sudafricano echó mano del más básico instinto humanitario y trasladó la extraña tripulación a tierra firme, donde fueron albergados a un "ghetto" llamado "Sector 9", donde a lo largo de veinte años prosperaron hasta formar una extraña comunidad que adoptó una combinación de costumbres humanas con sus propias prácticas alienígenas. Pero los humanos que rodean el campo de refugiados no está contento con sus exóticos vecinos, y cuando comienza propiamente la historia presenciamos los primeros esfuerzos por re-ubicar a las "langostas" (como se les llama despectivamente a los visitantes), llevándolos a un nuevo campamento, lejos de la ciudad y de la población humana.
El encargado del traslado es el afable Wikus van De Merwe (Sharlto Copley), empleado gubernamental de bajo nivel que enfrenta el reto con entusiasmo y buenas intenciones, quizás sin darse cuenta del racismo que empapa hasta sus más benévolos comentarios. Desafortunadamente la mentalidad de los extraterrestres es distinta a la humana, y no entienden la razón de su súbita movilización, lo cual provoca enfrentamientos y violencia, exacerbados por la presencia de la mafia nigeriana en el Sector 9, y el contrabando de armas extraterrestres que el gobierno trata de combatir. Y, además de todo, encontramos a un "langosta" observador e inteligente, que ve la re-ubicación como una oportunidad para llevar a cabo un audaz plan de escape...
Es bastante obvia la metáfora del "apartheid" que fundamenta este relato de intolerancia y choque de culturas. Pero más allá de eso podemos ver la fascinante ambigüedad moral del protagonista, y la asombrosa evolución emocional que experimenta a lo largo de la película, llevándonos a comprender que los "villanos" no son necesariamente quienes tienen odio en su corazón y armas en la mano, sino también quienes racionalizan su comportamiento para disfrazar (aunque sea en su mente) hasta las peores conductas humanas. Otro muy interesante aspecto es el mencionado choque de culturas, que señala con bastante precisión el prejuicio humano contra todo lo que se desvíe de la apariencia tradicional y el comportamiento que consideramos lógico y natural, pero que a fin de cuentas es tan arbitrario como cualquier sistema de normas que pueda imaginarse. Y, claro, tanta alegoría social podría hacerse pesada si no fuera por la fantástica sátira que ocasionalmente provoca una sonrisa entre el denso drama, probando que el director y guionista Neill Blomkamp toma en serio su película, pero no lo suficiente para negar el intrínseco humor de algunas escenas. En resumen, un excelente balance de ideas, drama, humor y suspenso.
Hablando de lo cual, Sector 9 no es sólo juicio político y conceptos abstractos. La densa historia se acompaña con extraordinarios efectos especiales y precisa dirección para plasmar muchas fantásticas secuencias de acción que no solo asombran por su perfecta manufactura técnica, sino porque respaldan el libreto y obedecen a la imaginativa pero consistente lógica que gobierna esta realidad alternativa. El estudio Weta merece todo tipo de premios por la perfecta unión de realidad y ficción, no sólo en los elementos "extraterrestres" (aunque tan sólo eso bastará para satisfacer las fantasías alienígenas de los más devotos "fanboys"), sino por la creación de auténticas actuaciones que nunca traicionan su origen sintético al compararse con los curtidos y diversos habitantes de Johannesburgo. Quienes hayan visto el cortometraje del mismo director que dio origen a la película notarán la misma atmósfera y tono, pero multiplicada varias veces gracias a la influencia del productor Peter Jackson y al apoyo económico de su muy auspiciosa casa productora.
Para no seguir vomitando hipérbole, simplemente diré que Sector 9 es una de las más ambiciosas películas de ciencia ficción que he visto en mi vida, pues no sólo abarca temas potentes y controversiales, sino que logra hacerlo con inusitada inteligencia, dinamismo y excelentes actuaciones, sin perder de vista el simple placer de ver una obra emocionante y repleta de suspenso. Creo que es absolutamente deplorable (aunque comprensible) que haya pasado sin pena ni gloria por la taquilla norteamericana (y quizás mundial), mientras que la hueca y estridente Transformers: Revenge of the Fallen quede como el mayor éxito económico del año. Pero bueno... también hay un robot en Sector 9; quizás eso atraiga una fracción del inmenso público de Transformers. Y aunque no aparezca Megan Fox, les garantizo que hay imágenes más fascinantes y memorables en esta brillante cinta. Sólo queda esperar que su lanzamiento en DVD capture al público que no logró apreciarla en el cine, y ojalá que así sea, porque Sector 9 pide a gritos una secuela, totalmente necesaria para continuar la interesante historia... a diferencia de otras que sólo son excusas para repetir sus mismos errores.
Calificación: 10
Tras la decepción de Superman Returns, DC Comics se vio redimida por el gran triunfo crítico y comercial de la excelente The Dark Knight. Sin embargo, estoy temiendo que esa victoria creó irreales expectativas que sabotearán las futuras películas de esa casa editorial (con mayor presión desde que se convirtió en compañía productora). Como muestra, puedo señalar las numerosas y frustradas adaptaciones de Wonder Woman, Justice League, Supermax (con Green Arrow), Aquaman (producida por Leonardo DiCaprio), Green Lantern (con Ryan Reynolds) y la supuesta Plastic Man de los Hermanos Wachowski. O están detenidas indefinidamente, o su avance procede a paso de tortuga, y conforme pasa el tiempo sus teóricos estrenos parecen más lejanos, en vez de acercarse. Obviamente los "ejecutivos" están re-planteando estrategias y coadyuvando sinergia corporativa (traducción: delegando culpa mientras tratan de descifrar lo que hizo The Dark Knight tan exitosa). Habiendo dicho eso, debo confesar que me alegran las demoras; honestamente no tengo fe alguna en que el estudio Warner Bros. (dueños de DC Comics) logre triunfar nuevamente con alguna de esas hipotéticas películas. Con mayor seguridad los venerados superhéroes terminarían sufriendo el indigno destino de Superman, Constantine o Catwoman.
Pero, viéndolo desde el lado amable, los retrasos y conflictos del "mundo real" han dejado el campo libre para la realización de efectivas cintas animadas cuyos creadores comprenden realmente la esencia de los comics, respetan los personajes y pueden aprovechar la animación para contar historias que serían prohibitivo filmar con actores reales. Y lo mejor de todo es que no están sujetos a las exigencias y caprichos de los ejecutivos, agentes y abogados de Hollywood. Después de todo, son "caricaturas"... ¿a quién le importan?
Superman/Batman: Public Enemies es prueba clara de que "menos es más", y aunque no se acerca a la extraordinaria Justice League: The New Frontier, sin duda representa una muy divertida mirada a los más populares personajes de DC Comics. Al principio de la película nos enteramos de un hecho sorprendente... gracias a la crisis económica mundial, el magnate (y eterno villano) Lex Luthor (voz de Clancy Brown) se postuló como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, y de algún modo logró ganar con la promesa de redimirse por su pasado criminal para ayudar al país y sus ciudadanos. Superman (voz de Tim Daly) no cree sus buenas intenciones, pero de todos modos accede a colaborar con Luthor, pues un peligro mayor amenaza a la Tierra entera: un asteroide de kryptonita se aproxima velozmente a nuestro planeta, prometiendo devastación global y la extinción de millones de vidas. Sin embargo, Luthor aprovecha esa cooperación para ponerle una trampa a Superman, inculpándolo por la muerte del rehabilitado villano Metallo (voz de John C. McGinley) y emitiendo una orden de arresto, que Superman se rehúsa a cumplir. Entonces, con ayuda de su amigo Batman (voz de Kevin Conroy), los dos más famosos héroes del planeta tienen que evadir la horda de villanos ansiosos por cobrar la recompensa de mil millones de dólares que Luthor ofrece por la captura de Superman... y al mismo tiempo deberán encontrar una solución al creciente peligro del asteroide que se aproxima.
Aunque sus métodos difieren en práctica e ideología, Batman y Superman han trabajado juntos en incontables ocasiones, al menos dentro del universo impreso. Sus aventuras conjuntas aparecen en comics como Justice League of America, World's Finest, e incluso en Superman/Batman, un título dedicado exclusivamente a tales colaboraciones. En esos relatos su relación es ocasionalmente áspera, algunas veces amistosa y otras antagónica... pero siempre sustentada por tremendo respeto mutuo... y de vez en cuando un poco de humor. En ese aspecto creo que Superman/Batman: Public Enemies captura con precisión los vaivenes emocionales de esa dinámica, con diálogos inteligentes y creíbles que reflejan perfectamente sus personalidades... al menos en el nivel "lite" de la animación televisiva. Y aunque la historia está parcialmente basada en el arco narrativo "Public Enemies" del comic Superman/Batman, el tono y sensibilidad del libreto se acerca más a las respectivas series animadas de estos personajes, lo cual implica buena calidad técnica y narrativa, aunque moderada por las limitaciones de presupuesto y del más estricto mercado familiar. En otras palabras, no hay que esperar animación muy detallada, inusitada violencia o humor adulto... aunque hay por ahí un par de chistes sobre la notable figura de Power Girl.
A fin de cuentas creo que he disfrutado estas modestas películas animadas mucho más que la gran mayoría de las espectaculares y costosas cintas "reales" sobre superhéroes (con algunas honorables excepciones), y por eso reitero mi opinión de que en el sencillo medio animado es más fácil encontrar la “voz” de los comics, donde el énfasis está en el carácter de los personajes y en la coherencia narrativa, y no en los efectos especiales o los salarios de las super-estrellas de Hollywood que accedieron a ponerse las mallas. Si tenemos suerte, las futuras producciones de esta serie (entre las que están Justice League: Crisis on Two Earths y quizás Teen Titans: The Judas Contract) continuarán esta optimista tendencia, dejando satisfechos tanto a "fanboys" como a espectadores casuales que busquen una buena historia de moderna fantasía heroica. Tal vez entonces este limitado nicho gane el respeto del público general, y finalmente se comprenda que no por ser "caricaturas" tienen menos validez como sano y satisfactorio entretenimiento popular. Ya es hora de que aprendamos esa lección, y Superman/Batman: Public Enemies es un gran paso en la dirección correcta.
Calificación: 8
Entre mis películas favoritas de todos los tiempos está la poco conocida The American Astronaut, y no puedo describir mi entusiasmo cuando me enteré de que se había estrenado su secuela, Stingray Sam. Bueno... no es exactamente una secuela, pero podría decirse que ocurre en el mismo universo, donde los "cowboys" viven en la "nueva frontera" del espacio exterior, pasando su tiempo con labores de dudosa legalidad, bares de mala muerte y muchos números musicales. Bueno... tampoco estoy seguro de que sea el mismo universo, pues hay algunas marcadas diferencias en la civilización que sostiene esa precaria estructura social. Y, si bien aparece el mismo actor principal, está interpretando a un personaje distinto.
Muy bien... ¿a quién engaño? Ni siquiera se trata de una película. Stingray Sam se distribuyó originalmente en forma de seis capítulos diseñados para verse en reproductores móviles (iPods, teléfonos, PSP, etc.), y aunque puede adquirirse como DVD, la experiencia resulta muy distinta a la de una película normal. Por un lado, no esperaría menos del creativo e innovador director Cory McAbee, cuya imaginación y divertido estilo trasciende la humilde manufactura de este proyecto. Pero al mismo tiempo extrañé la cohesión narrativa y desarrollo dramático que tanto disfruté en la más convencional forma de The American Astronaut. De cualquier modo Stingray Sam es una experiencia única y muy recomendable para quien guste del cine realmente independiente, no sólo por evadir el sistema de los grandes estudios, sino por la inconformidad que muestra hacia las fórmulas establecida y reglas de Hollywood.
Como dije, la historia se divide en seis episodios, a lo largo de los cuales vemos al cantante Stingray Sam (Cory McAbee) y su antiguo socio, Quasar Kid (Crugie) emprendiendo una extraña misión de rescate a cambio de su libertad, pues ambos son buscados por la ley. La misión consiste en rescatar a una niña, concebida secretamente por un humilde carpintero que trabaja como decorador del hombre más famoso del universo, líder de una dinastía necesariamente masculina, pues la tecnología que permite el embarazo de varones ha vuelto obsoletas a las mujeres... y en algunos casos ilegales. Pero no será tan fácil el rescate de la pequeña, pues el dueto de "héroes" deberá enfrentar obstáculos burocráticos, miniaturización forzada... y una intensa adicción a las aceitunas que podría poner a Quasar Kid en contra de su socio Sam...
El tiempo combinado de los seis capítulos apenas rebasa la hora, y si bien esa corta duración permite incluir varias memorables y graciosas canciones (cortesía del grupo musical The Billy Nayer Show), no basta para construir una historia sólida o profunda. Lo más que podemos esperar son divertidas y dinámicas viñetas con mucha "exposición" (narrada por David Hyde Pierce) y mínima trama, lo cual disminuye la riqueza de los pintorescos personajes y la emoción en sus interacciones. Sin embargo, me gustaron las simpáticas actuaciones, y los múltiples detalles de humor absurdista (como el complicadísimo "saludo secreto" y la bizarra lógica detrás de la fertilidad masculina).
En fin, supongo no es justo comparar con tanta insistencia los dos proyectos de McAbee, puesto que Stingray Sam tiene metas muy distintas a las de The American Astronaut; pero no puedo evitarlo debido a mi obsesivo fanatismo por esta última, y mi aprecio por su independiente creador. Entre otras cosas es importante considerar que Stingray Sam fue financiada específicamente para medios móviles por el Instituto Sundance (sospecho que como respuesta/imitación del éxito obtenido por Dr. Horrible's Sing Along Blog, del genial Joss Whedon), y hay que admirar que McAbee lograra mantener la misma atmósfera de casual "western espacial" en este reducido formato, y de paso rindiera homenaje a los seriales fílmicos tan populares a principios del siglo veinte. A fin de cuentas no hay que evaluar Stingray Sam bajo los mismos criterios de una película, sino como un legítimo proyecto artístico que combina el estilo del cine clásico con tecnología moderna (pero no excesiva), filtrada a través de la particular sensibilidad y visión de su polifacético realizador. Quizás esta vez no cumplió mis elevadas expectativas... pero sin duda disfruté la experiencia y esperaré con igual entusiasmo las futuras producciones de Cory McAbee... incluso si decide permanecer en el volátil "mini-cine" que alimenta el impredecible mercado del entretenimiento móvil. Pero definitivamente preferiré verlas en una pantalla más grande.
Calificación: 8.5
Otra película del muy irregular Harold Ramis... y con la palabra "irregular" no me refiero a sus movimientos intestinales. O quizás sí, porque no habría otra descripción para un bodrio como Analyze That. Pero al mismo tiempo Ramis nos ha dado algunas excelentes comedias, desde el re-make de Bedazzled hasta la clásica Groundhog Day. ¿Cuál de sus dos extremos nos aguarda en Año Uno? La respuesta es: los dos.
El guión de Año Uno parece una bizarra combinación de Forrest Gump, History of the World, Part 1 y The Life of Brian, pero ubicada en el Antiguo Testamento, en vez del Nuevo. Comenzamos con una primitiva tribu de cazadores y recolectores en la que Zed (Jack Black) y Oh (Michael Cera) representan lo peor de ambos oficios. Entonces, después de un particularmente aparatoso accidente, son expulsados de la comunidad para buscar sustento por su cuenta... lo cual termina beneficiándolos, pues cuando los miembros de su tribu son capturados por un regimiento romano para ser vendidos como esclavos, sólo Zed y Oh escapan, y se dan a la tarea de liberar a sus amigos, especialmente a las guapas Eema (Juno Temple) y Maya (June Diane Raphael). Y así, por azar o destino, su misión los lleva a presenciar importantes momentos bíblicos, desde el "accidental" asesinato de Abel (Paul Rudd) a manos de su hermano Caín (David Cross), hasta el frustrado sacrificio filial de Abraham (Hank Azaria), quien está extrañamente obsesionado con la circuncisión de todo varón que se preste a ello. Eventualmente el dúo de ineptos héroes llega a la legendaria ciudad de Sodoma, donde no sólo encontrarán a la tribu en cautiverio, sino inesperados cuestionamientos sobre su llamado, su futuro... y la existencia de Dios mismo.
Año Uno resultó ser una muy extraña mezcla de sofisticado humor post-moderno, reflexiones teológicas... y chistes sobre orina, flatulencia y excremento. Por cada hilarante observación del lacónico Michael Cera hay otra burda escena de irritantes gracejadas que no arrancan una sola sonrisa; y por cada humorístico desplante de Jack Black tenemos la aparición de algún famoso comediante penosamente desperdiciado en un "cameo" patoso e innecesario (aunque me gustó la aparición de Kyle Gass). En general considero que hay más cosas buenas que malas a lo largo de la película; pero la impredecible esquizofrenia del libreto resta puntos por su inconsistencia y voluble tono.
Además, debemos contemplar otro obstáculo potencial: Michael Cera y Jack Black son dos de mis actores favoritos; sin embargo no albergo ciegas ilusiones sobre su talento real. En otras palabras, no los considero buenos intérpretes, pero creo que hacen excepcionalmente bien lo poco que saben hacer. Y también sé que tienen muchos detractores que ya están aburridos de sus rancias rutinas. Entonces, gran parte del entretenimiento que el espectador logre destilar de esta película se fundamentará en la tolerancia que tenga por el escueto y sutil monótono de Cera, y por el impertinente y altanero estilo de Black. Por ingenioso que sea un chiste, causará enojo en vez de risa si el comediante resulta antipático para el público. Y de igual manera, algunos mediocres momentos de humor funcionarán mejor cuando se aprecia la gracia natural del actor. Como he dicho antes, la comedia es el género más subjetivo que existe, y Año Uno representa un claro ejemplos de ello. Hablando en lo personal, si los protagonistas hubieran sido Adam Sandler y Martin Lawrence, sin duda me hubiera salido del cine en los primeros diez minutos.
Por lo demás, la dirección de Ramis es rutinaria e impersonal. Si hubiera tenido el valor de ser más subversivo o incluso profano, la película tendría una identidad definida y contundente. Pero quizás el miedo al boicot o las violentas reacciones de los más fanáticos católicos lo llevaron a diluir la controversia religiosa del libreto, que en su forma actual termina en una nota conciliadora e inofensiva. Pero bueno... supongo que su propósito era hacernos reír mientras pensamos un poco, y no escribir un pesado tratado religioso que quizás hubiera obstruido los contados momentos de humor que funcionan.
Creo que con tantas quejas y oblicuos halagos sería hipócrita recomendar Año Uno, pero de todos modos voy a hacerlo, repitiendo la advertencia sobre la subjetividad del gusto personal. Me gustó la interacción entre Cera y Black; aprecié el uso de algunas referencias bíblicas no sólo como chiste sino como perspicaz crítica social; y admito que reí bastante con el humor escatológico. Pero las más aparatosas y convencionales escenas de simplón humor (el aceite en el pecho, las caídas y demás "slapstick") me parecieron torpes y mal planeadas. Entonces, tenemos el rango completo de Ramis en una sola película; dependerá de cada espectador si su tolerancia tiende hacia el extremo positivo o en el negativo.
Calificación: 6.5
Primero, un recuento rápido: en el año 2000, la cinta Final Destination propuso una innovadora premisa acerca de los sobrevivientes de una catástrofe, y los extraños modos como mueren como consecuencia de haber alterado el "plan de La Muerte" (así, con mayúsculas). Me gustó mucho esa idea, pero me desagradó la torpe palabrería del libreto y las ridículas situaciones de las muertes. Tres años después llegó Final Destination 2, que disfruté muchísimo por la simplificación de su estructura, la constante tensión, sardónico humor y la sublime combinación de efectos prácticos y digitales para crear algunas de las muertes más grotescas (y divertidas) que he visto en el cine de terror. En el 2006 regresó el director de la original para realizar Final Destination 3, reproduciendo la fórmula establecida en la segunda parte, ya un poco rancia, pero aún entretenida. Y ahora nos llega una nueva secuela, con altas expectativas por el regreso de David Ellis (director de la segunda), y con el atractivo adicional de la tercera dimensión. ¿Bastará ese "gimmick" para darle nueva vida (ahem) a esta tambaleante franquicia?
La rígidamente modular historia de Destino Final 4 comienza en una carrera de automóviles, a la que asisten Nick (Bobby Campo), su novia Lori (Shantel VanSanten) y sus amigos Hunt (Nick Zano) y Janet (Haley Webb). Todos se están divirtiendo, hasta que Nick experimenta una vívida visión profética de un aparatoso accidente que causará el colapso de las gradas, matando a decenas de espectadores. Nick suplica a sus acompañantes que abandonen el lugar, y en la conmoción resultante los cuatro amigos y otras personas son escoltadas al exterior por el guardia de seguridad George Lanter (Mykelti Williamson). Unos segundos después el accidente ocurre tal como Nick predijo, y el asombrado grupo sobrevive milagrosamente por haber salido del estadio justo a tiempo. Pero durante los días siguientes algunos de los sobrevivientes empiezan a morir en circunstancias muy extrañas, haciendo que Nick y Lori sospechen que la Muerte los está alcanzando en el mismo orden en el que hubieran fallecido durante el accidente. Entonces, con ayuda de Lanter, tratarán de romper la cadena de muertes... o al menos sobrevivir tanto como sea posible.
En otras palabras, exactamente lo mismo que vimos en las películas anteriores. La tragedia inicial es distinta, pero la trama sigue el mismo diseño, ritmo y resultado. En un par de ocasiones el guión intenta confundirnos con alguna pista falsa, pero a fin de cuentas los personajes son tan genéricos y desechables que no importa mucho el orden en el que mueran, siempre y cuando ocurra con ingenio y estilo. En ese simple aspecto la película cumple medianamente su función, aunque me pareció mucho menos sangrienta e impactante que las previas secuelas. La causa fue sin duda un excesivo énfasis en trucos digitales, rompiendo el excelente balance entre métodos modernos y tradicionales que tan bien emplearon las películas anteriores.
Pero lo peor es el desperdicio de varias interesantes tangentes que el escritor abandona de inmediato, quizás por temor de ofender al público o complicar la hueca historia. Para empezar, nadie cuestiona el origen de las visiones, o de la razón de su supervivencia; simplemente lo aceptan porque así lo dicta la historia. Y cuando uno de los protagonistas revela que QUIERE morir, plantea una interesante disyuntiva sobre cómo afectaría eso al "plan de La Muerte". Sin embargo no hay tiempo de explorar tal idea, pues ya es hora de que alguien más muera de forma gráfica y sangrienta. Hubiera sido un buen momento para extender el alcance de la historia y quizás preparar el terreno para películas futuras; pero bueno... simplemente lo dejaron pasar. Estimo que todo eso denota un perezoso escritor, un director más interesado en los aspectos técnicos de la película que en su narrativa, y un productor desinteresado en la franquicia.
Y ni siquiera he hablado del espantoso elenco. Con la excepción de Mykelti Williamson (quien no tiene mucho que hacer) y la guapa Krista Allen (con sólo un par de escenas) el resto de los actores son tan malos que casi me alegró verlos perecer violentamente. Sus actuaciones son tan blandas y pasivas que no hay suspenso alguno, ni convicción en sus supuestos esfuerzos por sobrevivir. En cierto modo comprendo la causa de este pobre elenco. Al ser una película fundamentada en efectos especiales, resulta fácil (y económico) contratar actores desconocidos y baratos cuya única función sea darle rostro a las víctimas. No estoy diciendo que las películas anteriores contaran con brillantes actores, pero al menos había un tenue barniz de talento que garantizaba el interés del espectador. O tal vez el director consideró que los planos actores ganarían un poco de profundidad con el efecto de tercera dimensión. Ja.
Creo que no puedo recomendar Destino Final 4. Quizás la disfruten más quienes desconocen las torcidas delicias de las dos previas películas. Pero aquellos que esperen otra dosis de buen suspenso, efectos y humor, será mejor que busquen en otro lado. El título en inglés ("The Final Destination") sugiere la conclusión de la saga, y si fuera cierto no me importaría, pues la decepción que me causó esta película no inspira optimismo sobre futuras secuelas. Y si los cineastas no tienen el valor o inteligencia para refrescar la franquicia, mejor déjenla descansar. Al menos hasta que se le ocurra a alguien filmar un re-make en diez años.
Calificación: 5
En general me han gustado las películas de Quentin Tarantino, pero no lo considero el infalible genio que muchos claman. Como cualquier cineasta, ha tenido sus altas y bajas; cada quién elija donde se ubican esos puntos en los casi veinte años que llevamos observando su filmografía. Al menos para mi fue particularmente decepcionante Death Proof, la menos exitosa mitad del interesante proyecto Grindhouse. Con laaargas y tediosas escenas de insípidos diálogos y sin aparente rumbo fijo, me pareció la imperdonable indulgencia de un director borracho de poder y con ciego amor por su libreto y sus actores... dos cosas por lo general loables, pero que en ese caso funcionaron en su contra, permitiendo que su entusiasmo por el cine setentero de explotación nublara su usualmente clara visión.
Por eso tenía un poco de desconfianza con Bastardos Sin Gloria; otro homenaje a un género popular en décadas pasadas que se extinguió con el paso del tiempo para quedar como una curiosidad histórica, más divertida por su anacronismo que por sus valores cinematográficos intrínsecos. Y aunque he disfrutado de muchas cintas de "naziploitation", difícilmente podría considerarlas dignas de un renacimiento.
Al menos esa era mi percepción antes de ver Bastardos Sin Gloria. Ahora, tras haberla visto, siento que la intención de Tarantino se dividió en dos facetas que coexisten en la misma película: por un lado quiso hacer una película catártica con abundante acción y violencia; y por otro lado un tenso drama sobre el conflicto ideológico detrás de la Segunda Guerra Mundial. A fin de cuentas creo que tales facetas no están bien balanceadas, pero que al menos se ayudan mutuamente para lograr una experiencia emocionante y agradable, aunque no muy memorable.
La publicidad de Bastardos Sin Gloria sugiere que girará en torno a un despiadado escuadrón de soldados norteamericanos trabajando en secreto para exterminar la mayor cantidad posible de nazis en Francia durante la ocupación alemana de la Segunda Guerra Mundial. Pero en realidad el Teniente Aldo Raine (Brad Pitt) y sus "bastardos" son parte de un numeroso elenco y, al menos hasta la última media hora, se mantienen sólo oblicuamente relacionados con los más interesantes aspectos del libreto.
Entre esos aspectos tenemos los esfuerzos de varios miembros de la resistencia, tanto francesa como alemana, por sabotear un acto oficial al que asistirán los más altos niveles del Tercer Reich, incluyendo a Hitler mismo. Eventualmente ese evento reunirá a todos los insurgentes (norteamericanos, británicos, alemanes y franceses) en un cine de París, donde varios planes colisionarán de extraña manera para llevarnos a un final inesperado, no muy creíble, pero satisfactorio. Lástima que el camino a tal desenlace esté plagado de problemas similares a los de Death Proof.
Para no repetir mi letanía de quejas, sólo diré que Tarantino necesita urgentemente un editor, productor o incluso un amigo que logre inculcarle un poco de disciplina narrativa. Por mucho que el director/guionista disfrute escribiendo largos pasajes de jugosa conversación, debe comprender que no puede perder de vista la estructura global de la película. Y por entretenida que pueda ser una escena con nazis enfrascados en un juego de salón, su propósito principal debería ser contar la historia con más método y menos floritura. Desde luego no quiero dictarle a Tarantino cómo debe expresar su creatividad; pero como espectador de cine puedo señalar los obstáculos que encontré para sumergirme mejor en una historia por lo demás interesante y bien planeada.
O quizás no tan bien planeada; creo que los elementos de acción y violencia fueron los menos afortunados en la película, lo cual incluye a Pitt y su equipo, donde encontramos buenos actores sin mucho que hacer. En sus peores momentos sentí lástima por B.J. Novak, reducido a un "prop" por largos minutos de estoica actitud mientras Pitt nos endilga su forzado "encanto sureño"... una predecible y forzada pose del desenfado americano que trata de contrastar con los estirados y formales nazis. Considero a Pitt como un gran actor, aunque esta vez terminó irritándome tanto como los villanos.
Por el contrario, el aspecto de espionaje y conspiración de la resistencia me pareció fascinante, no sólo por la diestra dirección de Tarantino, sino por el excelente trabajo de los actores (en su mayoría europeos), que no necesitan tantos aspavientos para representar su conflictiva posición de odio a los nazis y obligada colaboración mientras se lleva a cabo el gran plan. Mélanie Laurent destaca con particular efectividad en el papel de la dueña de un cine con un pasado tortuoso; y desde luego Christoph Waltz se roba la película como el odioso Coronel Landa, experto cazador de judíos y seguidor incondicional de la ideología y preceptos generados por el Führer.
¿Ven? Bastardos Sin Gloria me contagió su verborrea. Sólo diré, entonces, que me pareció un gran paso adelante después de Death Proof, pero aún lejana de los mejores momentos de Tarantino. Como homenaje al cine de los setentas me pareció tan acertada como Kill Bill, aunque menos dinámica y divertida. Pero de cualquier modo merece una recomendación, pues si bien sufre de abundantes fallas, hay una muy buena historia oculta en su laberíntica estructura, y excelentes actores que sacan adelante hasta las más engorrosas escenas. Sin duda seguiré viendo las películas de Tarantino; pero ojalá termine pronto su obsesión con rendir culto a todos los géneros que disfrutó en su juventud, y trate de hacer algo original. Admiro su entusiasmo, pero ya es hora de que vuelva a ganar nuestra confianza. Y creo que no lo hará repitiendo el pasado, sino extendiendo su visión hacia el futuro. Veremos si lo logra.
Calificación: 8.5
Hace alrededor de veinte años el escritor Clive Barker fundió mi cerebro con The Books of Blood (Los Libros de Sangre), colección en varios tomos de sus historias cortas, que parecían surgir de la nada (Inglaterra) y fueron inmediatamente aclamadas como un parte aguas en el género fantástico, mostrando que la más brutal violencia podía co-existir con brillante prosa; y que las más grotescas descripciones de horrores humanos y sobrenaturales resultan aún más terroríficas cuando se expresan con un lenguaje casi poético, rara vez visto en el género. De hecho, creo que no sería hipérbole decir que desde que descubrí a H.P. Lovecraft en los setentas, no había disfrutado tanto de un relato de terror, tanto por su argumento como por las palabras que lo integran.
Supongo que cada quien tendrá su cuento favorito de Barker; el mío es posiblemente In the Hills, the Cities, pero The Midnight Meat Train podría estar en segundo lugar. Por eso leí con cierto temor los reportajes sobre su adaptación a cine, aprobada por Barker mismo e incongruentemente dirigida por el cineasta japonés Ryuhei Kitamura, más famoso por su cine de acción (Versus) y kaiju (Godzilla: Final Wars). Pero me alegra decir que la combinación resultó bastante afortunada, y aunque tengo algunas reservas sobre el guión escrito por Jeff Buhler, y sobre el actor principal, me parece que el producto final es una buena película de terror con suficiente sangre, drama y estilo para satisfacer hasta a los más recelosos fans de Barker y del terror en general.
El tren mencionado en el t
ítulo es en realidad el Metro de la ciudad de Nueva York, donde se rumora la presencia de un "carnicero"... un asesino serial que ha evadido a la policía durante largo tiempo a pesar de que usa los vagones como escenario de sus crímenes. Al mismo tiempo conocemos a Leon (Bradley Cooper), fotógrafo con aspiraciones artísticas que incluyen capturar el auténtico espíritu de la ciudad con sus retratos de sitios y personas pintorescas que encuentra en las calles de Nueva York. Pero uno de los sujetos que atraen su atención parece altamente sospechoso... y podría tratarse del "carnicero" del Metro. Leon empieza a obsesionarse con el inescrutable individuo, e inicia una investigación particular que lo llevará a los más oscuros pasajes subterráneos de la ciudad, donde el carnicero lleva a cabo sus matanzas con un siniestro propósito...
Primero, los aciertos: Vinnie Jones brilla en el casi mudo papel del carnicero. La intensidad de su rostro y su lenguaje corporal, a la vez ágil, metódico y eficiente dan terrorífica vida al personaje, incluso si se desvía del prosaico y anónimo asesino que Barker describe en el cuento corto. En muchas ocasiones hemos visto a Jones parodiando su ruda imagen como elemento humorístico en alguna comedia, y resulta muy agradable tener esta vez al actor ejercitando una genuina expresión de quirúrgica agresión y gélido propósito. En corto, me atrevo a decir que sin Jones fracasaría la película entera. Del otro lado tenemos como antagonista al más blando Bradley Cooper. No es mal actor, y sin duda es bien parecido, pero simplemente no iguala a su contrincante en presencia escénica y carisma. Cooper me pareció adecuado como "sidekick" en la serie televisiva Alias; sin embargo encuentro dudosos sus tímidos intentos por posicionarse como galán y estrella, aunque admito que funciona bien como parte de un ensamble, como demostró en The Hangover. Como sea, en The Midnight Meat Train cumple su trabajo y "vende" la obsesión del fotógrafo, aunque no tiene tanta suerte en las escenas finales... si bien no es por completo su culpa.
Lo cual nos lleva a las fallas. Como siempre ocurre al adaptar una historia corta a cine, el guionista debe "inflar" la trama para alcanzar los tradicionales 100-120 minutos de una película contemporánea. Por eso entiendo las largas digresiones sobre la carrera artística del fotógrafo (que nos permite ver una galería con las pinturas de Barker), el desmoronamiento de su relación con su novia Maya (Leslie Bibb) e incluso los diálogos filosóficos con su amigo Jurgis, interpretado por Roger Bart (después de todo, hacen falta más víctimas del carnicero). Pero al final me decepcionó la ausencia del punto más importante en la historia corta. Desde luego no lo revelaré para evitar spoilers, pero baste decir que el golpe histórico y cultural con el que Barker concluyó su relato se ve reducido a un par de genéricas escenas de terror y violencia, que medianamente cumplen su propósito de darnos un desenlace satisfactorio, pero sin adecuada sustancia que respalde el predecible "twist" final.
En fin, a pesar de esa desilusión quedé gratamente sorprendido por The Midnight Meat Train. Creo que es una sólida adaptación de Barker, menos satisfactoria que Hellraiser, en el mismo rango de Nightbreed y Lord of Illusions, aunque definitivamente superior a la pobre Rawhead Rex. La exuberante visión de Ryuhei Kitamura aporta un buen contraste con la sombría historia, y su estilizada dirección me invita a disculpar algunos dudosos efectos de sangre digital, vistosos y creativos pero poco realistas. Entonces puedo recomendarla (sobre todo en su versión sin censura) como una película de terror que definitivamente resalta entre los anónimos slashers, rancios re-makes y blando horror juvenil moderno. En algunos sentidos The Midnight Meat Train evoca el cine urbano de terror de los setentas, pero la creativa sensibilidad de Kitamura le da un sabor dinámico y moderno que rara vez se encuentra en el producto de Hollywood. Veremos si Kitamura regresa con sus zombies y monstruos asiáticos, o si permanece en América, dando lecciones sobre cómo hacer terror contemporáneo.
Calificación: 8