domingo, 13 de diciembre de 2009

Asesino en Casa (The Stepfather)

Nunca me pareció excepcional, pero entiendo por qué la cinta The Stepfather disfrutó moderado éxito a fines de los ochentas. El ciclo del cine slasher estaba en decadencia, saturado con imitadores enmascarados de Jason Voorhees, cuya idea de "innovación" consistía en emplear nuevos utensilios de cocina para cometer sus asesinatos. Por eso fue refrescante en ese añoso entorno la aparición del "Padrastro", un villano sobrio, realista y perturbadoramente "normal". Además, desde luego, The Stepfather contó con las actuaciones de dos notables intérpretes; en el papel principal el siempre sólido Terry O'Quinn (hoy más conocido como Locke en Lost); y Jill Schoelen como la "chica final", prometedora actriz que algunos aclamaban como la siguiente Jamie Lee Curtis. No se cumplió esa predicción, pero tampoco disminuye el hecho de que el enfrentamiento entre ambos actores generó memorables resultados. Ahora, veintidós años después, le tocó el turno a esa obra semi-clásica para ser re-interpretada bajo el nombre de Asesino en Casa; y aunque logró evadir la profunda mediocridad de otros fallidos re-makes (como Black Christmas o Prom Night), tampoco resultó particularmente interesante o justificada.

La historia sigue básicamente el mismo camino: David Harris (Dylan Walsh) es un maniático asesino obsesionado con tener una familia perfecta, y para lograrlo se casa con mujeres viudas o divorciadas, a las que atrae fácilmente aparentando ser el marido perfecto. Pero cuando su nueva familia lo decepciona, el inestable padrastro los asesina y se muda a otra ciudad, donde el ciclo comienza de nuevo. Al principio de la película presenciamos las consecuencias de su más reciente “decepción”, la cual es rápidamente olvidada cuando David conoce a Susan Harding (Sela Ward), atractiva mujer con tres hijos, uno de los cuales está en un colegio militar. Seis meses después, Harris se ha infiltrado por completo en la familia Harding, y está por casarse con la ilusionada Susan. Entonces Michael (Penn Badgley), el hijo mayor, regresa de la escuela y de inmediato intuye que hay algo raro con su excesivamente afable padrastro. Pero... ¿vivirá lo suficiente para confirmar sus sospechas?

Entre los escasos atributos de esta película está la actuación de Dylan Walsh, quien resulta bastante creíble tanto en su faceta de "padre perfecto" como en la de "asesino serial". En el lado no tan positivo tenemos a Penn Badgley como el blando "héroe" que aparentemente estudió actuación en la Academia de Shia LeBeouf. Y, claro, la ausencia de una atractiva heroína (como en la cinta original) crea la necesidad de nuevo "atractivo visual"... ingrata labor que recae en la guapa Amber Heard, tristemente condenada a interpretar la mayor parte de sus escenas en bikini o ropa interior. Desde luego es atractiva y no niego que me haya gustado verla, pero una estrategia tan obvia y gratuita abarata la película y termina dejando un mal sabor; ¿de verdad era necesario tener tantas discusiones en la piscina? En fin, al menos Sela Ward tiene más suerte como la confiada prometida del villano, pues no cesa de defenderlo a pesar de toda la gente cercana a ella que está desapareciendo.

Incluso si ignoramos la venerable cinta original no veo mucha razón para recomendar Asesino en Casa, excepto para fanáticos obsesivos de Amber Heard y su colección de bikinis. El director televisivo Nelson McCormick hace su debut en la pantalla grande, pero no se esfuerza demasiado por mantener nuestro interés, y como espectador tampoco encontré aliciente para "meterme" en la película. Quizás Asesino en Casa sería vagamente apetecible en televisión por cable, como relleno de una noche de insomnio, pero en el cine no fue muy satisfactoria, ni valió la pena el tiempo invertido en ella. Aunque, por otro lado, puedo culpar a la serie televisiva Dexter por haber establecido un estándar tan elevado en el sub-género de asesinos seriales que ahora me cuesta trabajo aceptar cualquier obra menos ambiciosa o pulida. Como sea, hubiera preferido quedarme en casa, y recomiendo que hagan lo mismo.
Calificación: 5

sábado, 12 de diciembre de 2009

Agua Sangrienta (Black Water)

Por alguna razón (plagio, coincidencia o "zeitgeist") en el año 2007 se estrenaron cuatro películas sobre cocodrilos gigantes: Primeval, Lake Placid 2, Rogue y Black Water. Las dos primeras fueron previsiblemente malas, pues combinaron personajes estúpidos, sub-tramas incongruentes y bestias digitales de baja calidad. Por el contrario, Rogue me gustó bastante; en parte por sus actuaciones y buen manejo del suspenso; pero principalmente por las impresionantes locaciones australianas de agreste belleza y oculta amenaza. Entonces, habiendo saciado mi hambre de reptiles gigantes (al menos en aquel momento) terminé olvidando la existencia de Black Water... hasta ahora que fue tardíamente estrenada en mi país bajo el nombre de Agua Sangrienta. Y a pesar de mi baja expectativa salí satisfecho del cine gracias a su capaz elenco y a su enfoque más crudo y realista del eterno conflicto entre hombre (o mujer) y naturaleza.

El argumento sigue a un trío de turistas en un paseo por las espesas junglas de manglares en "los territorios" de Australia. La joven Lee (Maeve Dermody), su hermana Grace (Diana Glenn) y su esposo Adam (Andy Rodoreda), junto con el desenfadado guía Jim (Ben Oxenbould), se embarcan en un pequeño bote que súbitamente es volcado por un enorme cocodrilo, y los sobrevivientes del accidente trepan a un árbol para escapar del feroz reptil. Entonces, sin muchas esperanzas de rescate y con los elementos en su contra, buscan el modo de recuperar la lancha y escapar las fauces de la inteligente bestia.

Aceptémoslo: Agua Sangrienta es exactamente igual a Open Water, pero con cocodrilos en vez de tiburones... lo cual no es necesariamente malo. La simple pero emocionante historia ("inspirada" por hechos reales, para variar) está respaldada por notables actuaciones y la exacta dirección de David Nerlich y Andrew Traucki, quienes logran hacer bastante con muy poco. Me gustó la economía de la narrativa (y no me refiero a dinero, sino al conciso libreto) y la progresión lógica de la historia... aunque los personajes cometen algunos básicos errores que cuesta trabajo creer. De cualquier modo la minimalista producción contribuye a hacer más intensa e íntima la experiencia, pues resulta fácil compartir el terror de los personajes, sus ocasionales triunfos y frecuentes tragedias. Habiendo dicho eso, debo aclarar que Agua Sangrienta no está fundamentada en efectos especiales; casi no hay sangre y el cocodrilo es grande pero no irreal (ni digital); digamos que no lo veremos devorando multitudes sin estropear su digestión (como en la ridícula y divertida Supergator... un momento... ¿también es del 2007?... ¡Lo es! ¿Qué tendría el agua en ese año?).

En fin; puedo recomendar Agua Sangrienta como una agradable y tensa distracción de fin de semana; no será muy trascendente ni memorable, pero luce un buen equipo frente y detrás de las cámaras... con el adicional adorno de los habituales paisajes australianos que parecen de otro planeta. Consideraría esta película más o menos a la par de Open Water, menos ambiciosa que Rogue... y definitivamente más creíble que Supergator. Pero bueno... nadie es perfecto.
Calificación: 8

viernes, 11 de diciembre de 2009

La Caja (The Box)

El entusiasmo, fans y buena voluntad que el director Richard Kelly cosechó con su aplaudida cinta de culto Donnie Darko fueron rápidamente sofocados por su siguiente obra, la desastrosa (aunque en algunos aspectos fascinante) Southland Tales, un bizarro paseo por el "futuro" alternativo de los Estados Unidos, repleto de inciertas actuaciones, absurdo humor e inescrutables mensajes. Sin embargo esa rara confección incluyó ideas tan complejas e interesantes que, en mi humilde opinión, Kelly ganó otra oportunidad para demostrar que puede combinar elevados conceptos con una narrativa racional. Y por si eso no fuera un reto suficientemente grande, }encontramos ahora que su nueva película, La Caja, está basada en un cuento corto (muy corto) del legendario autor Richard Matheson, creando la incógnita sobre cómo lograría Kelly extender la trama sin perder la esencia de la obra original... y sin quedar atrapado en otro laberinto de ideas sin salida o coherencia.

El argumento de La Caja se desarrolla en 1976, y comienza con un escueto texto que nos informa sobre la muerte y posterior resurrección de una persona tras haber sufrido un accidente eléctrico. A continuación conocemos el hogar de la familia Lewis, estable pero preocupada por ciertos problemas laborales que hacen incierto su futuro económico; Arthur (James Marsden) trabaja como ingeniero en la NASA y tiene aspiraciones de ser astronauta; su esposa Norma (Cameron Diaz) es maestra escolar y cariñosa madre de su hijo pre-adolescente Walter (Sam Oz Stone), quien asiste a una costosa escuela privada. Pero quizás los problemas económicos de la familia Lewis están a punto de resolverse con la llegada del enigmático Arlington Steward (Frank Langella), un cortés hombre con serias lesiones en el rostro, quien les ofrece un millón de dólares por el simple acto de oprimir un botón en la parte superior de una pequeña caja de madera. La cuestión es que, si aceptan, morirá alguien a quien no conocen.

Inicialmente la pareja cree que se trata de un fraude o, en el mejor de los casos, un chiste de mal gusto. Pero ciertos extraños eventos los convencen de que la oferta es real, y así comienzan a cuestionar la moralidad de sus acciones, así como el costo de su futura felicidad contra el valor de una vida. Sin embargo, sea cual sea la decisión que tomen, el reservado Sr. Steward parece tener planes más siniestros para la afligida pareja, que podrían llegar más allá de lo que ambos imaginan...

Para empezar, me gustó mucho la manufactura de la película. La ubicación de la historia en 1976 tiene propósitos narrativos (que no revelaré), y también influye en la maravillosa cinematografía y diseño de producción, cuyos contrastes entre cálidos tonos pastel y fríos exteriores prestan una identidad visual única a la película... por no mencionar el desfile de extravagantes cortinas y tapices "kitsch". Kelly aprovecha al máximo esa estética para complementar su sombría dirección, y hasta las más coloridas escenas poseen un aire de melancolía y angustia que subraya la disyuntiva ética de los protagonistas. Los actores hacen un buen trabajo con sus ambiguos personajes, aunque quizás alguien más experimentado que James Marsden hubiera encontrado niveles adicionales en su interpretación del padre resuelto a todo para conservar la integridad de su familia. No digo que Marsden falle en su papel; solo sentí que se quedó emocionalmente corto en algunas escenas donde hacía falta mayor impacto emotivo. Por otro lado, Cameron Diaz comprendió el tono exacto de la historia, y aunque también tiene momentos de agudo drama, nunca degenera en un vacuo festival de lágrimas o fingida tristeza. Y finalmente, el genial Frank Langella enfrenta con aplomo la más difícil labor, no tanto por su desarrollo o importancia, sino porque su actuación debe competir con el extraordinario efecto que altera su rostro. Un actor menos consistente hubiera dejado que "el maquillaje hiciera el trabajo", pero Langella trasciende la técnica y evita que se pierdan sus significativas expresiones e implícitos sentimientos.

Sin embargo, lo importante es la historia... y ahí es donde tengo algunas reservas. Disfruté mucho la paulatina construcción del misterio central, pero Kelly sigue tropezando con sus propias ideas, que se amontonan como niños desorganizados en un desfile escolar. La Caja es ciencia ficción en el mismo estilo de Donnie Darko, interesada en los fenómenos internos del comportamiento humano, pero no muy bien equipada para representarlos congruentemente en la pantalla. Sus limitaciones se manifiestan sobre todo al final de historia, cuando debe admitir que está simplemente copiando los mismos mensajes y moralejas de otras películas y novelas del género. En ese aspecto resultan apropiadas las alusiones que el libreto hace a Arthur C. Clarke (y una de sus más famosas frases), pues establecen que Kelly trató de imitar la misma estrategia que empleaba ese autor: disfrazar una simplista parábola moral dentro de una complicada envoltura pseudo-científica y espiritual. No me malinterpreten... me gusta ese tradicional estilo; pero encontré difícil conjugarlo con los más frívolos elementos de la película, como algunos innecesarios efectos especiales que parecen diseñados para agilizar el pausado relato y llamar la atención del público inquieto por la ausencia de explosiones o persecuciones automovilísticas. Además, sentí que el excelente suspenso inicial no se justifica cuando llegamos a la predecible resolución, que reposa sobre un par de "deus ex-machina" demasiado convenientes y forzados.

A pesar de durar casi dos horas, La Caja se siente incompleta... como si se hubieran extirpado diez o quince minutos de escenas que quizás la hubieran hecho más satisfactoria, o al menos no tan arbitraria. Sin embargo me siento inclinado a recomendarla porque me pareció un eficiente punto medio entre la filosofía "pop" de Donnie Darko y el rebuscado esoterismo de Southland Tales, lo cual la convierte en la cinta más accesible de Richard Kelly... aunque eso no la haga automáticamente "buena". En resumen, la experiencia de La Caja me gustó y me frustró en iguales proporciones, y a pesar de su lento ritmo nunca me aburrió. A riesgo de sonar como apologista de este cineasta, diré que sigo impresionado por su imaginación y creativas ideas... pero al mismo tiempo me decepciona su inhabilidad para ensamblarlas con mayor estructura y disciplina. Como sea, el reto que ofrece esta película es preferible a la pretensión e ineptitud de recientes obras de "ciencia ficción" como Surrogates o G.I. Joe, que ni siquiera se esfuerzan por añadir sustancia a la acción. Pero, eso sí... muchas explosiones.
Calificación: 7

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Wrong Turn 3: Left For Dead

Allá por el año 2003 la cinta Wrong Turn repitió la gastada fórmula de The Hills Have Eyes, pero con suficiente energía y estilo para convertirse en un modesto éxito de taquilla; y aunque nadie pidió una secuela, cuatro años después se estrenó Wrong Turn 2: Dead End. Para mi gran sorpresa resultó ser un entretenido y violento refrito que añadió nuevos elementos a la incipiente franquicia, dándole una nueva identidad y, en mi humilde opinión, superando a la original en algunos aspectos. Desde luego ese inesperado fenómeno incrementó mi optimismo por la tercera cinta de la serie, Wrong Turn 3: Left For Dead... y sobra decir que terminé decepcionado.

Wrong Turn 3: Left For Dead
comienza con predecibles escenas de varios jóvenes remando en un caudaloso río, para luego acampar y divertirse en los aislados bosques del noreste de los Estados Unidos. Pero están demasiado cerca al territorio de "Tres Dedos" (Borislav Iliev), el sádico caníbal mutante que conocimos en la primera película. ¿Lograrán los jóvenes sobrevivir sus vacaciones?

¡Claro que no! En menos de diez minutos Tres Dedos los asesina brutalmente (con una excepción), y nos damos cuenta de que el comienzo fue un sarcástico truco para confundir nuestras expectativas. Entonces pasamos a la historia real, donde conocemos a Weathers (Gil Kolirin) y Chavez (Tamer Hassan), dos peligrosos delincuentes que serán transferidos a una prisión de máxima seguridad bajo la supervisión del guardia Nate (Tom Frederic). Pero cuando el camión que los transporta sufre un "accidente" en el bosque, los criminales y el policía deberán aliarse para mantenerse con vida, pues Tres Dedos está al acecho, y hará lo posible por exterminar (y quizás devorar) a estos molestos invasores de su territorio. Sin embargo, los rudos prisioneros no serán presas fáciles, e incluso podrían vencer al tenaz caníbal... si logran organizarse, cooperar y dejar a un lado sus rivalidades.

Me gustó la idea de enfrentar al grotesco villano contra enemigos igualmente peligrosos y agresivos, en vez de las llorosas víctimas pre-fabricadas que usualmente vemos en este tipo de películas. Sin embargo, el director Declan O'Brien y su guionista enredan demasiado la película, dividiéndola en varias vertientes que rara vez se conjugan para generar suspenso o terror. El villano Tres Dedos pasa a segundo plano durante gran parte del tiempo, lo cual nos da amplia oportunidad para "disfrutar" las repetitivas y tediosas discusiones entre prisioneros y policías. Después de un rato empecé a reír cada vez que alguien gritaba: "¡Te voy a matar!", pues nunca cumplían sus amenazas, incluso cuando hubiera sido lógico o al menos conveniente que así lo hicieran. Pero, claro, la película sería entonces demasiado corta, y faltarían víctimas para justificar las ocasionales intervenciones del deforme villano. Y ni siquiera he mencionado la sub-trama del dinero perdido en el bosque, el cual provoca todavía más discusiones y amenazas de muerte. En cierto modo aprecio que los cineastas intentaran añadir nuevos niveles a la narrativa; no obstante, la triste verdad es que O'Brien perdió el control de la historia y seleccionó mediocres actores para dar vida a los personajes, que apenas logran identificarse con sus más simples características: el racista, el mexicano, el traicionero... En resumen, buenas intenciones, pero mal implementadas.

Como parcial compensación por esa incongruente rutina policíaca tenemos algunos buenos momentos de violencia y creativas torturas (aunque los deficientes efectos digitales causan risa en vez de horror). Al principio encontré ridícula la conversión de Tres
Dedos en una especie de Rambo mutante, con ingeniosas trampas e insólitos métodos para despachar a sus víctimas. Pero conforme avanzó la película me empezó a divertir esa premisa, y cuando llegó el explosivo final quedé con la impresión de que, en efecto, Tres Dedos tenía la personalidad necesaria para convertirse en un barato Michael Myers campestre... respetando el status de ese gran villano, desde luego.

Para ser justos, diré que Wrong Turn 3: Left For Dead hubiera sido por sí misma una pasable película "B" con pocas aspiraciones y mediocres resultados. Incluso podría darle una tenue recomendación por su loable intento de romper los parámetros del género y buscar un ángulo fresco para una historia añeja. Pero con el antecedente de dos sólidas precursoras, la tercera resultó la peor del grupo, y aunque los más indulgentes fans del terror podrían (podríamos) encontrar potencial de futuras secuelas, creo que es buen momento para dejar descansar a los mutantes silvestres y buscar nuevos horizontes en el horror independiente. O, en su defecto, encontrar un director que realmente pueda explotar las inesperadas posibilidades de esta humilde serie.
Calificación: 6

lunes, 7 de diciembre de 2009

Llamando al Amor (The Other End of the Line)

Parece lógico suponer que el éxito de Slumdog Millionaire y la cada vez más notoria presencia de actores indios en el cine norteamericano llevaría a una inestable fusión de Hollywood y Bollywood. Bueno, no me refiero a una fusión de industrias, sino a sus particulares estilos conjugados en películas que intentarán satisfacer ambos mercados. El riesgo, desde luego, es que el producto resultante no sumará las ventajas de sus respectivas culturas, sino sus defectos. Y, claro, los fracasos iniciales son naturales en cualquier experimento, como ahora tenemos oportunidad de presenciar en la película Llamando al Amor (sublime título... lo recordaré por siempre).

Co-financiada por la megalítica casa productora india Adlabs Films y el tambaleante estudio norteamericano M
GM, Llamando al Amor es una comedia romántica fundamentada en un argumento que tenuemente justifica el romance entre Granger Woodruff (Jesse Metcalfe), ejecutivo neoyorquino, y Priya Sethi (Shriya Saran), atractiva operadora telefónica que trabaja en Mumbai para un banco internacional. Ambos tienen pareja, pero inician una tímida relación por teléfono como consecuencia de ciertos trámites financieros. Desde luego una cosa conduce a otra, y los protagonistas deciden reunirse en la ciudad de San Francisco, donde Granger cree que vive "Jennifer" (el nombre "profesional" de Priya). Entonces, contra los deseos de su tradicional familia, la joven viaja a los Estados Unidos para reunirse con el hombre que sólo conoce a larga distancia. ¿Podrá florecer el romance en tan inusuales circunstancias?

Con excepción del "sabor" indio que ocasionalmente tiene la película, no hay nada que la distinga de las demás comedias repletas de forzados sentimientos, "cómicas" confusiones y todos los predecibles momentos que hemos visto en incontables cintas del mismo género, algunas de ellas mejor ejecutadas. Es tan fácil adivinar el progreso de la trama que perdí rápidamente interés por la pareja, aunque imagino que el mero atractivo físico de ambos y el romance pre-fabricado bastará para hacer amena la experiencia a espectadores menos cínicos (y menos amargados) que yo. Me alegro por ellos, pero no fue mi situación.

Pero por abominable que me haya parecido
Llamando al Amor como comedia romántica, hay algo que me gustó: la revelación de algunas interioridades sobre el funcionamiento de los centros de llamadas que proliferan en la India como muy competitiva alternativa a similares servicios locales, desde soporte técnico hasta "telemarketing" y banco por teléfono. Desde luego estimo que la película nos presenta una versión cómicamente exagerada del entrenamiento y atmósfera que se respira en esos lugares. Sin embargo se siente suficientemente cercano a la realidad (o posible realidad) para iluminarnos sobre un anónimo aspecto de la industria moderna que quizás no conocíamos. Y la verdad me pareció tan interesante que hubiera deseado ver un documental sobre el tema, en vez de esta pobre y tediosa "comedia romántica".

Obviamente no puedo recomendar Llamando al Amor. Sin embargo, como alternativa para quienes estén interesados en Bollywood pero no quieran ver tres horas de bizantinas tramas y números musicales (como ocurre con gran parte de las películas producidas por esa industria), podría recomendar el más apetecible híbrido británico-indio que he disfrutado en películas como Bend It Like Beckham, Bride and Prejudice y Angus, Thongs and Perfect Snogging. Por lo demás, Llamando al Amor es un mal auspicio para futuras colaboraciones transcontinentales... aunque quizás el problema no sea la diversidad de culturas, sino haber contratado al director de la atroz Quest of the Delta Knights (¿quién hubiera pensado que sigue trabajando?). Pero bueno... supongo que Mira Nair no siempre está disponible.
Calificación: 5

domingo, 6 de diciembre de 2009

Buenas Costumbres (Easy Virtue)

Quizás por haber leído en mi infancia tantas historias de Agatha Christie, Raymond Chandler y Arthur Conan Doyle, encuentro fascinantes las primeras décadas del siglo veinte, no sólo por su importancia histórica y contrastantes extremos de progreso y anacronismo, sino porque básicamente representan el prototipo de la edad moderna. En las últimas cuatro décadas hemos experimentado impresionantes avances sociales y tecnológicos, pero fue durante los 20s y 30s cuando comenzó la tendencia de ver el desarrollo como un fin por sí mismo, y no como herramienta científica o económica. En resumen, podemos encontrar muchas similitudes entre las obsesiones modernas con las de aquel entonces, y por eso me interesan las películas (modernas o antiguas) que retratan fielmente esa época (o al menos lo intentan). Sirva todo este rollo personal para explicar por qué estoy recomendando la cinta Buenas Costumbres, a pesar de ser uno de esos irregulares melodramas afectados y proto-feministas que a primera vista parecen una simple excusa para lucir acentos ingleses, elegantes vestidos y fastuosas mansiones.

Basada en una obra teatral del célebre
Noel Coward (famoso por su agudas disecciones de la hipocresía británica), Buenas Costumbres sigue a la familia Whittaker, cuya fortuna está disminuyendo en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, aunque la madre Verónica (Kristin Scott Thomas) se aferra desesperadamente a los pocos vestigios de "status" social que aún puede mantener en su mansión de las afueras de Londres. Su esposo, el sarcástico y excéntrico James (Colin Firth) hace lo que puede para mantener la armonía en el hogar, que también incluye a sus hijas Hilda (Kimberley Nixon) y Marion (Katherine Parkinson), y al sufrido mayordomo Furber (Kris Marshall). Pero no será fácil cuando regresa a casa John (Ben Barnes), el hijo pródigo de la familia, con la sorpresa de su matrimonio con la norteamericana Larita (Jessica Biel), cuya moderna y liberada actitud choca de inmediato con los estándares acatados por las buenas familias británicas. Y paralelamente a la integración de la vivaz mujer en la estricta sociedad local (con todo el drama y comedia que podemos imaginar), vemos cómo la cultura inglesa empieza a asimilar los elementos "vanguardistas" que le permitirán competir en el "nuevo mundo" del siglo veinte.

Esta trama puede sonar como Jane Austen recalentada, pero lo que distingue la película es el realismo de los personajes. Kristin Scott-Thomas interpreta la clásica madre severa y tradicional que rechaza a su jovial nuera por no ser "de buena cuna"; sin embargo hay sólidas razones para su comportamiento que van más allá del simple ridículo social. El sarcasmo y afabilidad mostrado por Colin Firth oculta la tragedia y depresión en el pasado de su personaje; pero quien más me sorprendió fue Jessica Biel como la manzana de discordia, pues logra trascender la caricatura de la mujer liberada y progresiva que contagia a los adustos viejos de la previa generación (aunque no puedo negar que hay escenas que, en efecto, la reducen a una caricatura; afortunadamente son escasas y desaparecen en la segunda mitad de la película). En vista del previo trabajo de esta actriz en el género de acción y comedia, no esperaba una actuación con tanto detalle y honestidad. No digo que sea excepcional o merecedora de premios... simplemente superior a lo que yo esperaba.

Lamentablemente el sólido libreto pierde consistencia bajo la irregular dirección de Stephan Elliot, más recordado por la notable The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert. Su manejo de escenas dramáticas es firme y sincero, pero al mismo tiempo parece empeñado en añadir elementos de excesiva afectación y extravagancia que rompen el armónico tono obtenido por la trama y las actuaciones. ¿Fue una taimada analogía del choque entre lo nuevo y lo viejo? ¿O simplemente fueron tropiezos provocados por su desbocada creatividad y pobre sentido común? Lo ignoro, pero en general puedo señalar que entre los peores culpables está la banda sonora de la película, cuyos profusos esfuerzos por añadir humor se sienten inapropiados e irritantes (y no sólo me refiero a las adaptaciones "dixieland" de Car Wash y Sex Bomb). Parecería que el director teme que los incisivos diálogos y farsas costumbristas no basten para hacer reír al público. Y en cierto modo tiene razón; las sutiles y estudiadas ocurrencias del libreto no generan francas carcajadas, pero aun así me parecieron más satisfactorias que los incongruentes momentos de exagerada comedia (como el forzado asunto del pequeño perrito blanco).

A fin de cuentas puedo recomendar Buenas Costumbres a pesar de tantas quejas pues, como dije, me pareció un interesante estudio de la cultura y costumbres de principios del siglo veinte. No hay suficiente romance ni risas para considerarla una comedia romántica; ni trágicos secretos (bueno, unos cuantos) para ponerla en el mismo nivel de Atonement. Sin embargo logra señalar con estilo y elegancia algunas perennes verdades de la experiencia humana que siguen latentes, contrariamente a lo que podría parecer en esta época de comunicación instantánea y esporádica convivencia. En resumen, una película "de época" que no aprovecha su diseño de producción para ser frívola, sino que lo emplea como contexto de ideas eternas y profundas (pero no demasiado profundas).
Calificación: 7

sábado, 5 de diciembre de 2009

Caso 39 (Case 39)

Caso 39 sería predecible incluso si el tráiler (y demás publicidad) no hubiera revelado el misterio detrás de su flojo argumento. Para bien o para mal, la trama es una homogénea mezcla de los bien conocidos elementos que hemos visto en tantas otras películas sobre niños envueltos en eventos paranormales. Y, empeorando la situación, lleva casi dos años "enlatada", lo cual nunca es buena señal. Pero aunque su falta de innovación elimina el suspenso, no está exenta de interés, gracias a la concisa y ágil dirección del alemán Christian Alvart y a las actuaciones de sus dos actrices principales.

Al principio de la película conocemos a Emily Jenkins (Renée Zellweger), trabajadora social dedicada a rescatar niños atrapa
dos en familias abusivas. Un día, por azar o algo más, recibe el caso de la pequeña Lilith Sullivan (Jodelle Ferland), cuyos maestros sospechan que podría estar sufriendo maltratos en casa. Pero la situación resulta mucho peor de lo que imaginaban, y Emily apenas logra rescatar a la niña antes de ser brutalmente asesinada por sus perturbados padres. Entonces, conmovida por las penurias que Lilith ha soportado, Emily decide acogerla temporalmente en su casa, mientras se le encuentra una familia adoptiva. Pero al poco tiempo comienzan a morir personas cercanas a ella, y la escéptica mujer empieza a sospechar que hay algo extraño detrás de su pequeña protegida...

Ugh. Me gustaría advertir contra "spoilers", pero si el lector ha visto alguna de las decenas de películas sobre niños diabólicos, sabrá exactamente lo que le espera en Caso 39. No hay nada que no hayamos visto previamente, aunque debo dar crédito al director Christian Alvart y al editor Mark Goldblatt por mantener un buen ritmo y dejar que la película encuentre el paso adecuado para maximizar sus débiles sustos y sorpresas. Sí, hay demasiados sobresaltos artificialmente provocados con ruidos inesperados y apariciones repentinas, pero al menos comparten importancia con escenas bien estructuradas que muestran la paulatina comprensión de la protagonista, y su angustia al verse atrapada en una situación sin fácil salida.

Lo cual nos lleva a Reneé Zellweger, quien regresa al género de terror tras una ausencia de quince años (desde su indigna aparición en la merecidamente olvidada The Return of the Texas Chainsaw Massacre, allá por 1994). En años recientes ha cultivado una imagen distinta, pero su sincera interpretación de la trabajadora social que proyecta su tortuoso pasado en la inocente niña me pareció realista y efectiva. Incluso durante las exageradas y absurdas escenas finales, Zellweger nunca pierde de vista el carácter de Emily, ni traiciona la personalidad que construyó a lo largo de la película. Lástima que el libreto no la respalde con mejores diálogos y escenas. Por su parte, la niña Jodelle Ferland empieza un poco rígida y genérica, pero eventualmente desarrolla una tangible aura de amenaza acentuada por su dulce rostro y suave voz. Me gustó que no tratara de aparentar maldad, pues es ahí donde usualmente pierden credibilidad casi todos los niños actores que he visto en el pasado. Y aunque sólo tiene un corto papel secundario, quiero mencionar a Callum Keith Rennie (más conocido como el cylon Leoben en Battlestar Galactica) por su intensa interpretación del padre de Lilith. Después de Zellweger, me pareció el único interesado en "vender" la realidad de la historia, en vez de simplemente decir sus líneas con la entonación apropiada.

Creo que Caso 39 funcionará mejor para personas que no sean afectas al cine de terror, pues tendrán mejor oportunidad de ser sorprendidas por los clichés que los fans conocemos de memoria. Además, sin ser una buena película, posee suficientes elementos positivos para pasar un rato entretenido gracias al esfuerzo del elenco y la adecuada atmósfera que genera su equipo técnico. No hay mucha sangre, ni suspenso, ni terror real; pero está bien hecha y resulta más satisfactoria que muchas baratas secuelas y re-makes que he visto recientemente. Y aunque no aclamaré a Reneé Zellweger como la nueva "scream queen", me gustaría que incursionara con más frecuencia en el género... pero dudo que lo haga, pues sin duda pagan mejor las huecas comedias románticas que por lo general interpreta. Ni hablar... menos competencia para Cerina Vincent.
Calificación: 6

viernes, 4 de diciembre de 2009

Bienvenido a Woodstock (Taking Woodstock)

Antes que nada debo advertir que, a pesar de su nombre y su colorido póster, Bienvenido a Woodstock no es una moderna recreación del épico festival celebrado en agosto de 1969. De hecho, la cinta no incluye ni una canción original de Woodstock, ni bandas, ni escenas del concierto (bueno, una, pero muy lejana). El propósito de la película es mucho más modesto, pues centra su atención en las experiencias de Elliot Tiber, un joven judío que hizo posible el concierto cuando puso en contacto al organizador del evento con el dueño de la granja donde eventualmente se realizaría. Suena trivial, y lo es; pero durante dos horas podemos ver detalles sobre la organización del festival; el efecto que tuvo el espíritu "hippie" sobre la vida del joven y su familia... y el terror de la comunidad entera cuando se dio cuenta de que el evento sería mucho... MUCHO más grande de lo que imaginaban. Las personas que siempre quisieron enterarse de esos pormenores seguramente disfrutarán la película. Pero yo no me cuento entre ellas.

No es extraño que
Bienvenido a Woodstock tome el punto de vista de Elliot Tiber (Demetri Martin), pues el libreto está inspirado en el libro, que él mismo escribió. Cuando comienza la película lo encontramos promoviendo el turismo en Bethel, su pequeño pueblo, y al mismo tiempo esforzándose por comenzar su carrera como decorador de interiores. Sin embargo la situación económica es muy difícil, y cuando Elliot se entera de que las autoridades cancelaron un concierto masivo que iba a celebrarse en una granja cercana, el emprendedor joven ve la posibilidad de trasladarlo a su ciudad, lo cual no sólo generaría ingresos para la comunidad, sino para sus padres, que manejan un decrépito hotel a punto de cerrar por falta de clientes. Pero cuando Elliot se pone en contacto con Michael Lang (Jonathan Groff), el organizador "espiritual" de Woodstock, estalla una cadena de eventos que rápidamente salen de control, hasta transformarse en uno de los fenómenos culturales más importantes del siglo veinte.

Supongo que en papel parecía una buena idea... una historia sobre el festival de Woodstock, pero visto desde detrás del escenario... o, mejor dicho, detrás de la granja, donde podríamos apreciar el ángulo personal y humano del evento, y quizás ser testigos de los armónicos esfuerzos realizados por cientos de individuos para construir algo icónico y memorable que cambió el mundo. Sin embargo, el mediocre resultado de la película dista mucho de eso, y se reduce a un simplista melodrama saturado de clichés sesenteros, personajes planos y apáticas actuaciones que rara vez logran generar suficiente energía o credibilidad para hacernos partícipes del espíritu de Wooodstock (sea cual sea). Por más anticuadas expresiones que el guionista James Schamus incluya en el libreto ("Far Out!", "Groovy!"), y por más chicas en bikini (o nada) que el director Ang Lee ponga en la pantalla, no bastan para evocar la ideología "hippie" de la época, ni la exuberante libertad (algunos dirían "anarquía") que despertó el festival. Quizás hizo falta un guión más enfocado y menos difuso, que tuviera un propósito concreto en vez de simplemente desfilar escenas inconexas con torpe sentido narrativo y anacrónico humor. Pero eso sí... abundante "split screen".

Empeorando la situación tenemos un elenco dudoso y pobremente motivado, empezando por el blando Demetri Martin como el simplón protagonista. No soy fan de este comediante, quien parece aspirar al nicho de "perdedor simpático" que tan bien explotan Michael Cera y Jesse Eisenberg. Sin embargo Martin carece de similar presencia, credibilidad... o simpatía. Por su parte, la usualmente maravillosa Imelda Staunton se ve transformada en una caricatura de madre judía, estridente y hasta ofensiva. Emile Hirsch (por lo general un excelente actor) apenas sabe qué hacer con su papel del típico veterano de Vietnam con traumas psicológicos. El único que muestra cierta personalidad y convicción es Liev Schreiber como Vilma, un travesti veterano de Corea contratado como jefe de seguridad del hotel y sus alrededores. Lejos de parecer afeminado, su incongruente falda, ronca voz y cabello rubio lo hacen más temible y "real" que el resto de los apáticos actores.

Desde luego hay mejores películas y documentales sobre el genuino Woodstock; el clásico Woodstock: Three Days of Peace and Music es sin duda la pieza definitiva sobre el festival, mientras que la reciente retrospectiva Woodstock: Now and Then añade contexto histórico y nostálgicos recuerdos que revelan la influencia contemporánea del evento. Por eso Bienvenido a Woodstock me pareció un deshonesto truco para justificar la aburrida historia de un joven que "se encuentra a sí mismo" entre el caos de un legendario suceso. A pesar de su supuesta fidelidad histórica creo que la película no aporta nada a la mitología "hippie", ni nos muestra el lado humano del concierto, ni explica su relevancia cultural. En fin, supongo que hubo cientos de historias interesantes alrededor de Woodstock; lástima que el director Ang Lee eligió contarnos ésta.
Calificación: 5

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Doghouse

Hace poco escribí sobre la necesidad de una vertiente feminista en el cine de terror, y aunque sostengo esa opinión, no puedo descartar el valor humorístico y narrativo de las películas que adoptan la postura opuesta. En esa categoría podríamos incluir algunas cintas slasher, y gran parte de la "porno-tortura", pero más allá de esos simples sub-géneros existe la película Doghouse, del energético director Jake West. Su previa obra, Evil Aliens, encontró un pequeño pero rabioso culto de admiradores (entre los que me cuento), aunque igualmente alejó a muchos por su ofensivo humor y grotesca sensibilidad. Y estimo que esta vez ocurrirá lo mismo, pues los villanos de Doghouse no son alienígenas sedientos de sangre, sino mujeres que devoran hombres en un apartado pueblo británico. Muy sutil metáfora...

Los héroes (o anti-héroes) son un grupo de hombres que representan las múltiples facetas de la interacción masculina y femenina. Así tenemos al desvergonzado mujeriego sin respeto alguno por sus "víctimas"; al sufrido marido viviendo bajo la opresión de una castrante esposa; al nervioso pero optimista hombre próximo a casarse; al "nerd" temeroso del sexo opuesto; e incluso un homosexual, cuya distinta y particular perspectiva complementa el mensaje sociológico de la película, que puede resumirse en una frase: cuidado con las mujeres. En la vida real sería cuestionable, pero en el contexto de la película resulta apropiado, pues la trama sigue a ese grupo de amigos en un viaje por la pintoresca campiña inglesa, donde planean pescar, emborracharse y básicamente alejarse de las presiones que encuentran en su vida diaria (por culpa de las mujeres). Sin embargo, cuando llegan al pequeño pueblo donde se hospedarán, resulta evidente que algo extraño ocurrió; las calles están desiertas, hay sangre en las paredes, señales de lucha... y abundantes cadáveres, todos masculinos. Investigando la situación, los amigos descubren que las mujeres del pueblo se han transformado en horripilantes y feroces caníbales, que no se detendrán hasta haber devorado a los nuevos visitantes. Entonces, usando sus particulares habilidades masculinas (desde el uso contundente de palos de golf, hasta la creación de un lanzallamas con juguetes de plástico), los hombres tratarán de escapar con vida y, si es posible, descubrir la causa del desastre que podría extenderse al resto del país.

Será mejor establecer desde el principio que Doghouse parece ser el amargado (pero divertido) capricho de un hombre que perdió su fe en las mujeres, quizás como consecuencia de algún desencanto amoroso o difícil divorcio. No sé si el director Jake West sufrió alguna de esas experiencias; simplemente quiero usar esa idea para describir el travieso tono de esta película que, por lo demás, cumple su función de emocionarnos, hacernos reír, y sorprendernos de vez en cuando con alguna observación de inusual sagacidad, al menos en el contexto de una simple película británica de zombies... aunque los fans de la mencionada Evil Aliens no encontrarán raros estos atisbos de inteligencia compartiendo la pantalla con mutilaciones genitales y fuentes de sangre artificial.

Contribuyendo a hacer más apetecible el tosco mensaje de Doghouse tenemos a un simpático y realista elenco de actores que abordan con fervor sus misóginos papeles, enfrentando vigorosamente las abundantes escenas que combinan brutal violencia con reflexivos diálogos sobre la eterna guerra entre los sexos. Me pareció brillante la presentación de los "monstruos" femeninos como absurdas (e hilarantes) exageraciones de las actitudes que los hombres usualmente odian, desde los celos excesivos hasta los instintos maternales fuera de control. Filtrados por la enfermiza imaginación de West, estos atributos (o defectos) se convierten en terroríficas amenazas para los hombres de la película, quienes se ven obligados a contra-atacar con similares exageraciones de sus propios vicios y virtudes. Principalmente vicios. Y desde luego merece igual halago el excelente trabajo de maquillaje sangriento supervisado por Scott McIntyre, así como los efectos digitales del estudio men-from-mars (¡muy apropiado nombre!). A diferencia de Evil Aliens, esta vez encontré mejor balanceada la combinación de efectos prácticos y digitales para dar vida a las demoníacas mujeres y sus "jugosas" ejecuciones.

A pesar de su controversial tema y estilo, Doghouse me pareció muy divertida y recomendable, con la indispensable advertencia de que podría ofender a las personas que ponen la "corrección política" por encima del humor y el entretenimiento. Afortunadamente el amplio terreno del cine independiente permite la existencia de películas como esta, que no están necesariamente interesadas en complacer a la mayor cantidad posible de espectadores, sino en expresar las ideas de un cineasta audaz e innovador... incluso si el experimento termina explotando en su cara. Pero bueno... ya fue suficiente apología. Doghouse funciona muy bien como una ágil e ingeniosa película de terror, y como una sátira social que apenas oculta sus subversivas ideas detrás de las risas que genera. Por el momento sólo está accesible como DVD de Región 2, pero con suerte encontrará distribuidor mundial, pues ciertamente merece un público más amplio, que no sólo disfrute sus torcidos placeres, sino sus provocativas ideas... y su catártica carnicería.
Calificación: 8.5