miércoles, 18 de noviembre de 2009

The Canyon

Muy bien... lo admito. La única razón por la que me interesó la película The Canyon fue la presencia de la actriz Yvonne Strahovski, más conocida como la Agente Walker en Chuck, uno de mis programas de televisión favoritos. Y quizás por mi baja expectativa, la película terminó entreteniéndome por ser un modesto pero eficiente thriller con decentes actuaciones, fantásticas locaciones y un tono que evoluciona de lo artificial a lo realista con perturbadora velocidad.

El argumento sigue a Nick (Eion Bailey) y Lori (Yvonne Strahovski), recién casados que deciden pasar su luna de miel en una pintoresca expedición en burro por el
Gran Cañón de Colorado, famoso parque nacional de agreste belleza y onírica atmósfera que yace en el desierto del suroeste de los Estados Unidos. El problema es que, sin experiencia en esos asuntos y con pobre sentido de planeación, Nick y Lori descubren que no podrán emprender su paseo sin haber solicitado previamente un permiso. Por eso, con ciertas reservas pero deseosos de no desperdiciar sus vacaciones, aceptan el dudoso ofrecimiento del pintoresco Henry (Will Patton), un semi-alcohólico ex-guía que les promete una expedición privada en la que seguirán los pasos del famoso aventurero John Wesley Powell, el primer hombre blanco que exploró el Gran Cañón un siglo atrás.

Sin embargo, como puede esperarse, las cosas empiezan a salir mal, y eventualmente Nick y Lori descubren que están extraviados, sin provisiones y con poca esperanza de ser rescatados. Entonces deben hacer acopio de fuerza e ingenio para escapar con vida de su horrible situación... lo cual no será fácil, pues además del hambre, heridas y deshidratación, los acechan depredadores listos para aprovechar la fácil presa fuera de su elemento.

El libreto de The Canyon no ofrece muchas sorpresas, pero al menos proporciona la adecuada dosis de suspenso y emoción para mantenerse a flote durante casi dos horas, aunque estimo que podrían eliminarse 20 minutos sin perder sus más importantes elementos. Y de paso se agilizaría el ocasionalmente lento ritmo, evitándonos varias redundantes escenas de angustia y acusaciones entre la irritada pareja. Otro problema es que cuesta trabajo simpatizar con ellos debido a su estúpido comportamiento y pésimas decisiones; y no me refiero solamente a la contratación del guía alcohólico, sino a ciertos eventos obviamente diseñados para generar drama aunque traicionen la personalidad establecida de los protagonistas. Pero supongo que tales fallas eran de esperarse en un austero proyecto directo a DVD sin grandes pretensiones de elevado arte cinematográfico.

¿Y Strahovski? Supongo que hace un buen trabajo en el típico papel de damisela en peligro que debe adaptarse a las brutales circunstancias sin perder la esencia de su personaje. Lamentablemente la dirección de Richard Harrah no aspira a trascender los más básicos requerimientos del género, y por lo tanto no sentí que aprovechara por completo el probado talento de esta actriz. Pero bueno... después de tantas baratas películas de horror encontré The Canyon refrescante por su simple realismo, demostrando que no hacen falta caníbales mutantes, monstruos extraterrestres o asesinos enmascarados para amenazar la vida de una pareja común y corriente. Basta con la cruel e implacable naturaleza (auxiliada por cierta estupidez) para demostrar la fragilidad de nuestra existencia, y recordarnos el error de confundir "pintoresco" con "inofensivo". Pero su más valioso mensaje es que no debemos planear excursiones sin consultar antes al confiable Internet... ni contratar guías en bares de mala muerte. Dejémosle eso a Indiana Jones.
Calificación: 6.5

martes, 17 de noviembre de 2009

Retrato de Familia (Fireflies in the Garden)

Inspirada en igual medida por el poema de Robert Frost Fireflies in the Garden (Luciérnagas en el Jardín) y por la supuesta auto-biografía del director y guionista Dennis Lee, Retrato de Familia se siente como un pretencioso relato adolescente escrito por un joven resentido por su padre, simultáneamente tratando de ganar su orgullo y denunciar los malos tratos sufridos en la infancia. Afortunadamente la sobria dirección, magnífica cinematografía y sobre todo el sobresaliente elenco rescatan la película de ser un genérico drama familiar independiente, como tantos otros que fracasan anónimamente cada año en su búsqueda de éxito econónimo o al menos algún tipo de validación artística.

La trama retrata un período de crisis y revelación en la extensa familia Waechter, reunida por una tragedia que revive dolorosos recuerdos y la posible esperanza de redención para Michael (Ryan Reynolds), fam
oso escritor con serio rencor contra su estricto padre Charles (Willem Dafoe), cuya altanera y dominante actitud mantuvo emocionalmente reprimida a su esposa Lisa (Julia Roberts) durante largo tiempo. Agregando sabor a la tensa situación tenemos a Jane (Emily Watson), hermana de Michael, demasiado independiente para encajar en la familia; a Kelly (Carrie-Ann Moss), ex-esposa de Michael con posibles deseos de reconciliación; y misceláneos parientes y amigos, cada uno con su particular drama personal que en mayor o menor medida afecta a los demás. En resumen, una densa red de relaciones coloreadas por la gama entera de sentimientos humanos.

Retrato de Familia es una de esas películas que no busca contar una historia en el sentido convencional, sino mostrar el desarrollo que experimentan sus personajes, impulsados por su compleja interacción en el presente y el pasado. Y, como puede esperarse, su éxito depende de un alquímico balance entre emociones honestas, actuaciones creíbles y un difícil ritmo que permita "respirar" las escenas, sin apresurar la narrativa pero sin causar aburrimiento en el espectador. El director Dennis Lee logra consistentemente mantener ese balance, con ayuda de su notable ensamble de actores. Y aunque en ocasiones la magia se disipa por alguna obtusa metáfora (como la de los guantes de hule) o incongruente escena (como el "minuto de silencio" en el funeral), en general disfruté el poco tiempo que pasamos con esta disfuncional, pero apasionada familia.

Habiendo dicho eso, me pareció ligeramente irregular la selección de actores. Todos realizan un buen trabajo, pero no por ello encajan por completo en sus personajes. ¿
Hayden Pannettiere como hermana de Julia Roberts? ¿Ioan Gruffud como...? Bueno, me abstendré de revelar spoilers. Baste decir que algunas diferencias de edad, tipo físico o incluso acentos rompen un poco la ilusión "familiar" y nos recuerdan que estamos viendo a un grupo de extraños simulando lazos inexistentes.

A fin de cuentas no sé si sobraron personajes o si faltó tiempo para profundizar en ellos, pero el final abrupto me dejó insatisfecho, sobre todo por la brusca adición de un clásico final feliz algo arbitrario e inesperado. Sin embargo me inclino a recomendar Retrato de Familia tan sólo por la fuerza de sus actores y la excelente cinematografía de Danny Moder, quien encuentra belleza tanto en pintorescos bosques y barrios suburbanos, como en charcos de agua y prosaicos muebles de cocina. Ryan Reynolds demuestra una vez más que su rango supera al "cínico bufón" que por lo general interpreta; y me dio gusto ver a Willem Dafoe y Julia Roberts en genuinos papeles dramáticos que lucen su talento mucho mejor que los típicos papeles de villano y frívolo romance (respectivamente) en el que han estado encasillados durante gran parte de su carrera. No creo que Retrato de Familia se quede mucho tiempo en la memoria; pero sin duda tiene suficientes atributos para merecer la oportunidad de encontrar a su propio su público.
Calificación: 7

lunes, 16 de noviembre de 2009

El Secreto de la Sirenita (Ponyo on the Cliff)

El aclamado director Hayao Miyazaki es sin duda uno de los modernos titanes de la animación mundial, aunque sus obras no han tenido tanta difusión como merecerían. Desafortunadamente su más reciente película Gake no ue no Ponyo (con el título internacional de Ponyo on the Cliff y estrenada en mi país como El Secreto de la Sirenita) parece sufrir el mismo destino con un estreno casi secreto en pocas salas y nula publicidad. Es una lástima, porque es una de las películas animadas más fantásticas que he visto, con imágenes de gran fuerza y etérea belleza que cuentan una historia rebosante de imaginación, a la vez simple en su desarrollo pero profunda en su contenido.

Ponyo on the Cliff
se ubica en un pequeño pueblo costero, donde el pequeño Sosuke (voz de Hiroki Doi) encuentra un pez dorado con extrañas características, y decide adoptarlo, poniéndole el nombre de Ponyo. Pero el misterioso Dr. Fujimoto (voz de Joji Tokoro), quien vive en un extraño laboratorio bajo las olas, exige el regreso del pez, que resulta ser su hija Brunhilda (voz de Yuria Nara). Con la ayuda de mágicas criaturas acuáticas la niña-pez regresa, pero no antes de probar sangre humana (cuando su amigo se hace una pequeña herida en un dedo), lo cual altera su DNA y empieza a transformarla en humana. Entonces, deseosa de regresar con Sosuke, Ponyo escapa del laboratario y sin darse cuenta libera una mágica sustancia que desata una inmensa tormenta, inundando el pueblo costero y aislando la casa de Sosuke y su madre Risa (voz de Tomoko Yamaguchi). Y la única que puede resolver tan aparatosos problemas es la Diosa del Mar (voz de Yuki Amami) que además de todo resulta ser la madre de Ponyo...

Como se pude notar, Ponyo on the Cliff no obedece fórmulas hollywoodenses, no tiene números musicales ni héroes o villanos bien definidos. Simplemente es un relato muy divertido, ingenioso y repleto de auténtica magia que no requiere explicaciones para disfrutarse intensamente. Sería un error compararla con la cinta de Disney The Little Mermaid sólo porque ambas están inspiradas por la misma fábula tradicional de Hans Christian Andersen. Son tan distintas que no tendría sentido decir que Ponyo on the Cliff sea "mejor" (aunque sin duda la disfruté más), pues se fundamenta en un sistema de valores diferente, en el que no importa vender juguetes ni satisfacer exigencias mercadológicas, sino simplemente realizar la visión de un genuino artista, cuya asombrosa imaginación forja un relato de inusual estructura e impredecible argumento, pero con personajes emotivamente humanos y realistas... incluso cuando están navegando en barcos de juguete o conversando con una diosa marítima japonesa.

No intentaré expresar con simples palabras la fantástica experiencia que ofrece Ponyo on the Cliff; no podría describir la muda y enigmática secuencia inicial que nos introduce a los personajes principales; ni la perfecta conjugación de escenas vastamente distintas pero complementarias (como los viajes en automóvil por la carretera, que luego vemos inundada y transitada por criaturas marítimas prehistóricas). Y, claro, no hay que olvidar el sutil pero siempre presente mensaje ecológico que caracteriza la obra de Miyazaki. Realmente no me pareció del todo inapropiado el plan del Dr. Fujimoto.

Entonces, sólo queda darle la más entusiasta recomendación a Ponyo on the Cliff (o, El Secreto de la Sirenita). Quizás su historia sea más corta y ligera que el de las más densas películas del Estudio Ghibli (como Princess Mononoke, Spirited Away o Kiki's Delivery Service), pero el despliegue de magia e imaginación supera cualquier obra previa. Y sobre todo la recomiendo a quienes hayan quedado decepcionados por las películas de animación tridimensional que se han estrenado recientemente. Miyazaki y el Estudio Ghibli demuestran una vez más que la animación tradicional dibujada a mano sigue siendo un método válido para contar historias fantásticas y deleitar nuestros sentidos con imágenes e ideas que nunca habíamos visto. Definitivamente lo importante no es la técnica, sino la calidad de la narrativa y la creatividad del artista.
Calificación: 10

domingo, 15 de noviembre de 2009

Amelia

De niño tuve la fortuna de crecer en una casa repleta de libros, y a lo largo de mi infancia encontré varios que leí y re-leí obsesivamente. Entre ellos estaban Las Aventuras de Tom Sawyer, Robin Hood... y una biografía de Amelia Earhart, cuyo autor desafortunadamente he olvidado (buscando en Amazon encontré demasiados con el simple título de "Amelia Earhart", y no reconozco sus modernas portadas). Lo que sí recuerdo es que estaba escrito para el lector juvenil, más interesado en las hazañas de aviación de esta legendaria mujer, y no tanto en su importante papel como proto-feminista, celebridad y promotora de la aviación comercial. Quizás por eso me decepcionó un poco la nueva película Amelia, pues pone en segundo plano su vida como aviadora, para centrarse en su turbulenta personalidad, los efectos positivos y negativos de la fama y el triángulo romántico que mantuvo con dos hombres que quizás la amaron en distintos niveles. Pero aún con ese amplio ángulo narrativo, la directora Mira Nair apenas logra esbozar a la persona real detrás de la leyenda.

La película
Amelia presta poca atención a la infancia de Amelia Earhart (Hilary Swank), con apenas un par de funcionales "flashbacks" para ilustrar su temprano interés en la aviación. Cuando comienza realmente la historia, Earhart se prepara para realizar su famoso vuelo trasatlántico. Pero su amigo y promotor George Putnam (Richard Gere) la decepciona con la noticia de que, por razones publicitarias y financieras, ella sólo será pasajera en el vuelo, acompañando al piloto oficial y al navegante. Desde luego eso no le gusta mucho a la obstinada mujer, pero accede porque sabe que abrirá oportunidades futuras para ella (y para todas las mujeres) que de otro modo perdería. Y vaya si surgen nuevas oportunidades. Con su implacable voluntad y talento como piloto, Earhart rompe récords y barreras, no sólo en el aire, sino en la sociedad de los años treintas, sumida en la depresión... y en la represión del sexo femenino. Y así vemos cómo su carrera atrae fama y fortuna que ella apenas tolera como condición para seguir volando. Pero nunca es suficiente, y eventualmente Earhart planea el viaje alrededor del mundo que cambiaría su vida para siempre...

La directora Mira Nair tiene talento para generar emociones potentes y honestas en sus películas; por eso me sorprende que después de la excelente The Namesake realice ahora la tímida biografía de una mujer famosa por su pasión e intensidad. Quizás Nair reconoció que su fuerza está en el melodrama y no en la aventura, y su influencia desbalanceó en la película, minimizando los más significativos atributos de la historia que nos cuenta. De cualquier modo nos ofrece varias recreaciones de los vuelos que realizó Earhart, pero no logran expresar la dificultad, tensión y peligro que realmente representaron. Hay majestuosas tomas aéreas, competentes efectos especiales y maravillosa cinematografía... pero muy poca sensación de la libertad y júbilo que impulsaron a Earhart en su afición y oficio.

Sin embargo, me inclino a recomendar Amelia simplemente por el gran trabajo que desempeña el elenco principal. Hilary Swank no sólo se parece físicamente a Earhart, sino que expresa a la perfección el encanto rural que cautivó a sus seguidores y dificultó su forzosa integración en la "alta sociedad" donde apenas encajaba. Sin duda es una actuación sobresaliente atrapada en una película mediocre. Por su parte Richard Gere resulta sólido y consistente como George Putnam, incondicional apoyo de la aviadora y pareja romántica... al menos en la limitada proporción que lo permitía la progresiva mentalidad de esta gran mujer. Ewan McGregor y el genial Christopher Eccleston tienen papeles cortos pero memorables que ganan mucho con el peso dramático de ambos actores; y aunque sólo tiene un par de escenas, me gustó muchísimo la participación de Cherry Jones (más conocida como la presidente Taylor en la previa temporada de 24) en el simpático papel de Eleanor Roosevelt, otra proto-feminista atrapada por las costumbres de su época.

Hace varios años se estrenó una película para televisión llamada Amelia Earhart: The Final Flight, con Diane Keaton en el papel principal, y creo que profundizó de manera más efectiva en los orígenes de la aviadora, y la motivación de su obstinado impulso aventurero. Sin embargo, Amelia la supera en valores de producción, calibre dramático y fidelidad histórica. Ninguna de las dos cintas es perfecta, pero juntas forman una más completa imagen de Amelia Earhart... aunque ninguna fue tan sustancial y entretenida como aquel libro de mi infancia. O tal vez sea sólo la nostalgia. Como sea, Amelia es una funcional biografía impulsada por la excelente actuación de su actriz protagónica y adornada por un robusto elenco secundario que no es muy bien aprovechado, pero definitivamente apreciado. Me gustaría pensar que el futuro nos depara una mejor película sobre esta aviadora, pero me temo que su caducidad cultural está por expirar, y este fue el último esfuerzo por contar su vida en la pantalla grande. Como tal, desearía que hubiera sido mejor, pero la verdad no es mala... simplemente blanda e insípida. Aunque no quiero descartar la posibilidad de que inspire a algún espectador (o espectadora); ese sería el mejor tributo posible para Earhart.
Calificación: 7

sábado, 14 de noviembre de 2009

2012

Nadie consideraría a Roland Emmerich como un buen director en el sentido tradicional; sin embargo admito que me gusta ver sus películas porque tiene obvio talento para construir épicas ridículamente exageradas, espectaculares y muy entretenidas, sin olvidar la adición de la más tenue sustancia narrativa para hacernos sentir que estamos viendo una película real, y no sólo el "reel" de varias casas productoras de efectos especiales. Claro que un estilo tan elemental corre el riesgo de perder de vista el drama a favor del espectáculo, y cuando eso ocurre hemos tenido que soportar bodrios de la talla de 10,000 B.C. y la odiosa re-interpretación de Godzilla, que no sólo pisoteó el legado de cientos de artistas japoneses, sino que cometió el pecado de hacer aburrida la invasión de un monstruo gigante en Nueva York. En fin, cuando consideramos que la mejor película de Emmerich posiblemente sea Independence Day, nos damos cuenta de que sus obras requieren un sistema muy específico de valores para juzgarlas, pues funcionan mejor como experiencias comunales que como cine formal. Habiendo establecido ese indulgente criterio, creo que 2012 queda en algún difuso punto medio de su filmografía, pues si bien nos proporciona las imágenes más sensacionales que he visto en el género de desastres, al mismo tiempo falla miserablemente en su intento por crear el drama que debería respaldar la catástrofe que con tanto gusto nos muestra.

Es bien sabido que el mundo terminará en el año 2012. O, mejor dicho, es bien sabido por aquellas personas que interpretaron arbitrariamente el final del "ciclo largo" del calendario Maya. Pero bueno... la primera opción es mucho más entretenida, así que sigamos el juego. Al principio de la película presenciamos el descubrimiento del fenómeno que destruirá al planeta en ese año, o al menos lo alterará de manera tan significativa que muy pocos seres quedarán con vida. Dicho fenómeno tiene que ver con tormentas solares, incremento de neutrinos y pañales para niñas con suficiente edad para no necesitarlos (o algo así... hay tantos personajes que me confundí un poco). Entonces vemos cómo varios grupos de personas enfrentan las tremendas catástrofes que se desatan alrededor del mundo. Jackson Curtis (John Cusack) y su familia escapan devastadores terremotos en Los Ángeles y se refugian el el Parque Nacional Yellowstone... donde explotará el volcán más grande del mundo. Por otro lado el geólogo Adrian Helmsley (Chiwetel Ejiofor) asesora al Presidente Wilson (Danny Glover) y trata de convencer al traicionero burócrata Carl Anheuser (Oliver Platt) de que la gente tiene derecho a enterarse de la inminente tragedia. Y también tenemos a un dueto musical en el Mar de Japón que re-descubre las virtudes del alcohol (al menos en lo que respecta al fin de los tiempos); a un monje tibetano que toca su campana para celebrar la titánica inundación en los Himalayas; al billonario ruso que no escatima dinero para garantizar su supervivencia (y la de sus antipáticos hijos); y al valeroso perrito que nos da a todos una lección de tenacidad e ironía.

Como es tradicional en las cintas sobre desastres, no basta con presenciar la muerte de millones de personas; necesitamos un foco emocional para capturar el drama personal de la situación. Para bien o para mal, 2012 nos da abundantes focos, con la esperanza de que alguno funcione y nos haga sentir algo... lo que sea para disimular que los actores están solamente llenando el tiempo entre secuencias de efectos especiales. Y no son malos actores... el problema es que no tienen motivación (ni tiempo) para construir actuaciones honestas o creíbles, y además los personajes que interpretan tampoco resultan particularmente interesantes. Gran parte del problema es el libreto, que no consigue integrar las historias individuales en una narrativa cabal y consistente. Claro, eventualmente los más importantes personajes coinciden en un mismo lugar y momento para el "dramático" desenlace, pero su trayecto a ese punto fue tan forzado que no puede tomarse en serio, ni como genuino drama ni como farsa cómica con reiterativos chistes de dudoso humor (al menos yo interpreté como chiste las numerosas ocasiones en las que un personaje salta un abismo conduciendo incongruentes vehículos; ocurre tantas veces que parece un chiste recurrente en Los Simpsons). En otras palabras: no me dejó satisfecho como un básico drama, ni como una comedia de acción.

Desde luego estoy consciente de que el gancho de la película no son los actores ni la historia, sino el espectáculo, y en ese aspecto debo aplaudir el extraordinario trabajo de los estudios Digital Domain, Hydraulx, Sony Pictures Imageworks, Double Negative, y una decena más de casas de efectos especiales (no estoy bromeando, ¡solo vean los larguísimos créditos!), cuyo impresionante trabajo satura los sentidos y captura elocuentemente El Fin del Mundo. O, mejor dicho, el Fin de los Estados Unidos y China. Claro, me gustó ver la devastación en conocidas locaciones de los Estados Unidos (¡esta vez indultaron a Nueva York!), pero me quedé con ganas de ver más catástrofes globales (además de Estados Unidos y China sólo vemos breves atisbos de Brasil, Japón y la India). Quizás así se hubieran justificado las dos horas y media de la película, por no mencionar las largas y aburridas escenas de conflicto familiar, risible pseudo-ciencia y conspiraciones gubernamentales (¡Obama también hubiera rehusado escapar!).

Hablando de escapar, mejor me detengo antes de divagar con otras letanías sobre la absurda "ciencia" que sustenta el argumento o el vago e insatisfactorio tema global de la película (¡todos somos uno!). Casi extrañé las burdas homilías ecológicas de The Day After Tomorrow, en vez de los plañideros e inverosímiles llamados a la unidad mundial de 2012 (no quiero revelar spoilers, pero el final es a la vez caprichoso y un poco ofensivo). Entonces, sólo diré que recomiendo 2012 porque cumple medianamente su promesa de asombrarnos con tremendas imágenes que hubieran hecho llorar a Cecil B. DeMille, D.W. Griffith, Irwin Allen y demás directores de antaño con predilección por las catástrofes a gran escala. Sin duda vale la pena verse en un cine con pantalla grande y buen sonido para absorber cada uno de los mágicos pixeles con los que se dibuja la destrucción de continentes y la reconciliación de una familia (ugh... perdón). Desde luego la película falla en el aspecto dramático, pero realmente ¿quién iría a verla por eso? Y, para niños que sigan mojando su cama, será una eficiente lección: dejen de hacerlo o se acabará el mundo. No hay mejor motivación.
Calificación: 7

viernes, 13 de noviembre de 2009

Los Abrazos Rotos

En más de una ocasión he mencionado que no soy fan de Pedro Almodóvar. Desde luego lo considero un cineasta extraordinario, pero en muchos de sus trabajos muestra una sensibilidad que siento rebuscada o hasta sórdida. Y no me refiero a los temas difíciles que usualmente aborda, sino al tono que emplea para contar esas historias. Sin embargo, comprendo que el problema es sólo mío; tal vez estoy tan acostumbrado al artificio de Hollywood que el brutal realismo de Almodóvar me incomoda por no sentirse como simple entretenimiento, sino como cruda denuncia de la grotesca humanidad. Los Abrazos Rotos sigue exactamente esa descripción, pero quizás su sincero homenaje al arte cinematográfico la hizo más apetecible para mi barato gusto.

El argumento abarca dos importantes
momentos en la vida del protagonista. Catorce años atrás se le conocía como Mateo Blanco (Lluís Homar), exitoso director de cine que mantuvo una relación con Lena (Penélope Cruz), la actriz principal de la película que entonces filmaba. Pero en la época actual lo encontramos viviendo solo bajo el nombre de Harry Caine, guionista invidente cuya plácida existencia se sacude con la llegada de Ray X (Rubén Ochandiano), quien de inmediato despierta dolorosos recuerdos de su previa "vida". Y, conforme se van revelando tales recuerdos, nos damos cuenta de la cadena de eventos que llevaron a Mateo a abandonar su identidad, con la esperanza de aislarse del trágico pasado y recuperar alguna semblanza de felicidad.

Por la razón que sea, Los Abrazos Rotos me parece la película más asimilable de Almodóvar. Su dirección es sumamente pasional, pero balanceada por un estricto método que extrae lo mejor de sus actores, logrando que su inmersión en los personajes sea total. No hace falta decir que Penélope Cruz es asombrosa como Lena, como al guapa mujer atrapada en un matrimonio desolador. Lluís Homar también impresiona con su papel dual... no interpreta exactamente dos personas distintas, pero sí dos personalidades cuyas similitudes subrayan las más sutiles diferencias. Y el veterano José Luis Gómez conjuga perfectamente el amor por su infiel esposa con la amargura de no poder hacerla feliz. Y finalmente, Blanca Portillo como la asistente Judit logra conmover con su devota fidelidad hacia su torturado jefe y amigo. En corto, un perfecto elenco respaldado por jugosas escenas de amor, intriga y traición.

Lo cual me lleva a señalar lo mucho que disfruté las referencias que Almodóvar hace a algunas memorables obras de la cinematografía mundial. Y no sólo en la trama, que gira en torno al mundo del cine (desde el aspecto financiero hasta el proceso creativo), sino en traviesos momentos que duplican famosas escenas de cintas clásicas (me pareció reconocer homenajes a Hitchcock, Orson Welles y Luis Buñuel, aunque debe haber muchos más que no reconocí); y, claro, también hay referencias a su obra previa, en particular a Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios. Sin embargo, Los Abrazos Rotos no es sólo un "greatest hits" de los grandes maestros, ni un gran chiste privado de Almodóvar. Por el contrario, tales "homenajes" se integran perfectamente al sobresaliente libreto, que cobra vida con la vívida cinematografía del genial Rodrigo Prieto (Frida). Su uso de colores es fascinante; no necesariamente por "simbolismo" o significado (que no me atrevo a analizar), sino simplemente por composición y diseño. Pero incluso si estuviera filmada en los deslavados colores del VHS la película resultaría impactante por la historia que cuenta, y por la intensidad de sus personajes.

Admito que no he visto todas las películas de Almodóvar, debido a esa inexplicable aversión que desarrollé por su exagerado estilo. Pero el mejor halago que puedo darle a Los Abrazos Rotos es que me ha hecho reconsiderar tal actitud, y aunque no espero un mágico redescubrimiento de su filmografía, sin duda seré más receptivo a sus futuras obras. Por todo eso, y sus considerables aciertos, esta película merece una entusiasta recomendación, sobre todo para fans del cine clásico que quizás disfruten una experiencia más rica por los detalles que adornan la sólida historia y las magistrales actuaciones. Para el público mexicano debo advertir que hay algunos ocasionales obstáculos culturales (sobre todo por las periódicas diferencias en el lenguaje que me dejaron perplejo en un par de escenas), pero nada que obstruya el impacto de la cinta y su fuerza narrativa. He leído que muchas personas consideran Los Abrazos Rotos como una obra menor de Almodóvar. Sin embargo a mi me pareció una de las mejores... lo cual podría ser malo o bueno viniendo de alguien que no aprecia del todo al cineasta. Ustedes decidan.
Calificación: 9

jueves, 12 de noviembre de 2009

Crank 2: High Voltage

En las últimas décadas parece haberse declarado una tácita competencia por ver quién se atreve a realizar la película de acción más exagerada, más ridícula e imposible. En algún momento de los ochentas alguien decidió abolir ("destruir" sería más apropiado) la barrera de la credibilidad y el buen gusto, y esa audaz decisión abrió las puertas para que los cineastas dejaran volar su imaginación, creando algunas muy buenas películas de ese género, pero también algunas de las peores. Lo curioso es que ambas categorías son totalmente intercambiables según el gusto del espectador, y así como hay quienes aplauden la exageración como máximo nutriente del aficionado al cine de acción, otros consideran más importante el realismo, pues cuando las "hazañas" del héroe o villano rebasan las más extremas posibilidades del mundo real, corren el riesgo de caer en el terreno de la caricatura o la parodia, restando seriedad, impacto y emoción a la historia. Y por otro lado tenemos películas como Crank 2: High Voltage, a la que no podría importarle menos la diferencia entre ambos criterios.

Crank 2: High Voltage empieza donde terminó la anterior: el indestructible Chev Chelios (Jason Statham) acaba de caer de un helicóptero, sin paracaídas. Un misterioso equipo de rescate lo recoge (literalmente despegándolo del piso con una pala) y lo somete a una complicada operación (en una especie de burdel/hospital), reemplazando su infalible corazón por uno artificial. Varias semanas después Chelios se entera de que su corazón fue usado para extender la vida de un líder criminal y, claro, se da a la tarea de recuperarlo, lo cual implica toda la violencia que pueda comprimirse en hora y media de película. El gran reto que esta vez enfrenta el protagonista es mantener cargada la pila de su corazón artificial, y para lograrlo debe someterse constantemente a choques eléctricos, descargas y otros inusuales métodos para generar electricidad y mantenerse vivo el tiempo necesario para completar su misión de supervivencia... y venganza.

Disfruté bastante la original Crank, y me alegra decir que Crank 2: High Voltage multiplica varias veces los excesos, ritmo y humor de la original. Incluso me atrevería a decir que esta vez los directores Brian Taylor y Mark Neveldine encontraron un adecuado balance entre ridícula exageración y consistencia. En otras palabras, no hay un micro-segundo de la película que pueda considerarse creíble... pero los directores muestran suficiente disciplina para no violar la lógica interna de la película, ni "sacarnos" de la misma con absurdas proezas humanas que se burlen del espectador (como ocurrió, por ejemplo, en la cinta Shoot 'Em Up). La única excepción es la aparente inmortalidad del protagonista; sin embargo, no lo vemos volando por el aire en artificiales acrobacias de "wire-fu", ni derribando aviones con flechas, ni disparando pistolas con provisión infinita de balas. No importa la desorbitada actitud de la película ni sus descomunales desafíos de la realidad "real"; los cineastas impusieron sensatas reglas; y al seguirlas estrictamente lograron una película absolutamente irreal que al menos se siente... ¿verosímil?. Y cuando añadimos grandes dosis de negro humor y un alucinante estilo visual, tenemos como resultado un híbrido que no se detendrá ante nada para mantenernos entretenidos y emocionados hasta los créditos finales.

En el polo negativo (¡ja!), podemos notar frecuentes rechinidos en los engranes de la historia cada vez que los cineastas deforman la narrativa para justificar escenas forzadas u obligatorias. El ejemplo más claro de este problema es la segunda ronda de sexo público entre Chelios y su atractiva novia Eve (
Amy Smart); pero también puedo incluir todas las participaciones del aliado con Síndrome de Tourette, y los vagamente ofensivos balbuceos étnicos de la exótica Bai Ling.

Crank 2: High Voltage es lo más cercano que he visto en la pantalla a la intensidad e inmersión de un videojuego (y no me refiero a los divertidos créditos iniciales), pues de algún modo transforma la experiencia pasiva del cine en algo dinámico y energético gracias a su espontánea locura e impredecibles situaciones. Todo puede pasar (y pasa), pero respetando los parámetros establecidos por el juego mismo. En fin... creo que sólo estoy complicando la descripción de algo que no puedo capturar con meras palabras. Baste decir que recomiendo Crank 2: High Voltage como una experiencia única en el cine de acción, que nos permite visitar un mundo imposible repleto de febriles personajes e inesperados momentos de humor (como la escena "kaiju"... los fans de Godzilla sabrán a qué me refiero). Desde luego no todo el mundo asimilará los desvaríos de esta cinta pero quienes aprecien el entretenimiento puro (con un tenue barniz de narrativa) sin gran preocupación por el "realismo", seguramente se divertirán bastante.
Calificación: 8.5

martes, 10 de noviembre de 2009

Los Fantasmas de Scrooge (A Christmas Carol)

La venerable novela A Christmas Carol, de Charles Dickens, ha sido filmada en numerosas ocasiones (una rápida búsqueda en IMDb arroja más de veinte resultados, sin contar las que usan un nombre distinto), y aunque no he visto todas las adaptaciones, sí leí la novela. Por eso me atrevo a decir que esta nueva versión, titulada Los Fantasmas de Scrooge (supongo que el tradicional nombre de "Canción de Navidad" no atraería a la joven audiencia), es una de las más fieles al texto original... al menos cuando se ciñe a la narrativa formal y no pierde el control de su avanzada (pero fallida) tecnología. Pero dejemos esa discusión para más adelante.

La bien conocida trama se centra en las lecci
ones morales que tres fantasmas dan al avaro anciano Ebenezer Scrooge (voz de Jim Carrey) en la Nochebuena. El Fantasma de las Navidades Pasadas ofrece a Scrooge una mirada a su infancia, donde empezó a perder la fe en sus semejantes y el gozo en su corazón. Después el Fantasma de las Navidades Presentes le muestra el contraste entre la humildad de una familia y su alegre celebración navideña; y finalmente el Fantasma de las Navidades Futuras le da una prueba de su inevitable futuro, y el efecto que tuvo en quienes lo conocieron. ¿Bastarán las lecciones para que el anciano reconsidere sus cruel y amargada conducta?

Antes de ver Los Fantasmas de Scrooge tuve que decidir entre asistir a un cine donde se exhibe doblada al español, pero con la espectacularidad visual del proceso tridimensional; o a uno con la proyección normal en dos dimensiones, pero con las voces originales de los actores y los diálogos en inglés. Me decidí por lo segundo, y no me arrepiento, pues a pesar de la hueca dirección de Robert Zemeckis, encontré varios sólidos momentos dramáticos forjados por el consistente trabajo de voz que aportan Jim Carrey, Colin Firth, Gary Oldman, Bob Hoskins, Fay Masterson, Fionnula Flanagan y muchos otros. Pensé que habría más humor espontáneo (al estilo de Jim Carrey), pero me equivoqué, aunque eso no restó mérito a diálogos y actuaciones. De hecho, en un par de ocasiones cerré los ojos, para no distraerme con los rostros muertos de los "actores", y el resultado fue bastante entretenido. Pero cuando abría los ojos volvía a ver los cadáveres vivientes, sin alma o conciencia que forman el elenco visual de la película.

Los Fantasmas de Scrooge es el tercer capricho tridimensional de Robert Zemeckis (¡su última película "real" fue hace casi diez años!) y no sé si se trate de tenacidad, ego u obstinación lo que le impide aprender la clara lección: no importa cuánto gaste en tecnología y magia digital, está aún muy lejos de duplicar con éxito la auténtica emoción que proyecta una actuación humana. No niego que haya imágenes espectaculares en la película (aunque dudo mucho su utilidad); pero los actores digitales NO REEMPLAZAN A SUS CONTRAPARTES REALES. Como he dicho antes, si contrató a Jim Carrey y Colin Firth... ¿para qué sustituirlos con imperfectas copias? Quizás un método híbrido (como en 300 o Sin City) hubiera dado mejor resultado, pues le permitiría tener vastos escenarios virtuales para hacer volar su cámara (una obvia obsesión de Zemeckis), pero con la ventaja de actores reales que sostengan la historia con emociones creíbles y profundas. O, en todo caso, debería imitar a Pixar y rechazar el foto-realismo a favor de personajes caricaturizados, pero mucho más entrañables. En fin... no perderé más tiempo repitiendo la misma letanía. Baste decir que en los dos años transcurridos desde Beowulf han mejorado las técnicas de iluminación global, simulación de fluidos, colisiones, efectos atmosféricos y "shaders" orgánicos. Pero nada de eso excusa la pérdida del elemento humano en la pantalla.

Como dije al principio, me gustó el trabajo vocal del elenco, y respeto que Zemeckis haya seguido de cerca el argumento y diálogos de la novela, excepto cuando siente la necesidad de agilizar la pausada narrativa con alguna dinámica digresión tridimensional que le permita satisfacer su fetiche tecnológico (no recuerdo que el protagonista volara por el aire tantas veces en el libro original). Supongo que puedo recomendarla como muestrario técnico y obligatoria dosis de "espíritu navideño". Pero urge que el Fantasma del 3D Innecesario visite a Zemeckis para ayudarle a ver la obvia realidad que está evadiendo. Y ojalá lo haga rápido, pues sospecho que James Cameron necesitará también una visita en poco tiempo...
Calificación: 6.5

lunes, 9 de noviembre de 2009

Assassination of a High School President

¿Otro "noir" ubicado en una escuela preparatoria? Parece que al director Brett Simon le gustó tanto Brick que decidió rendirle homenaje con Assassination of a High School President. Algunos dirán que el término "homenaje" debería reemplazarse por "plagio", pero creo que la combinación de detectives y "high school" ofrece suficiente material para soportar la existencia de ambas películas, pues funcionan en distintos niveles. Además, Assassination of a High School President me pareció mucho más comercial y accesible que la afectada y tergiversada Brick, mejorando así sus posibilidades de atraer al público juvenil que busca algo más sofisticado que High School Musical, pero menos violento que Heathers o Elephant.

La historia se desarrolla en la exclusiva preparatoria St. Donovan, donde encontramos al inteligente pero tímido Bobby Funke, menospreciado por todos debido a su pobre situación social
(no tiene novia, automóvil, ni pertenece a algún equipo deportivo). Incluso sus "amigos" del periódico estudiantil lo consideran mediocre y negligente. Pero cuando el iracundo Director Fitzpatrick (Bruce Willis) descubre el robo de las respuestas de un próximo examen, Bobby ve la oportunidad de probar su talento, e inicia una peculiar investigación que culmina con la publicación de un escandaloso artículo en el periódico, donde revela al culpable. El triunfo vuelve a Bobby instantáneamente popular, e incluso se gana la confianza (y otros favores) de Francesca Fachini (Mischa Barton), la más guapa estudiante de la escuela... y ex-novia del aparente ladrón. Pero conforme Bobby se integra al grupo de estudiantes "populares" empieza a notar discrepancias en su propia investigación, y concluye que el robo de respuestas fue un ardid para encubrir otro crimen... ¿pero cual?

Para bien o para mal, Assassination of a High School President evita (en lo posible) los estilizados diálogos del cine "noir", pero integra muy bien sus demás clichés al ambiente estudiantil, desde la autoridad que desconfía del protagonista, hasta la constante amenaza del velado villano. Y no pueden faltar las pistas falsas, trampas, confesiones y, por supuesto, la mujer fatal en busca de redención por su misterioso pasado. El problema que encuentro con esta alquímica combinación de géneros es que la película no es muy absorbente o ingeniosa como thriller detectivesco. Resulta fácil adelantarse al protagonista e identificar al culpable mucho antes de la revelación "sorpresiva". Y como comedia juvenil, tampoco es muy graciosa, aunque admito haber reído en varias ocasiones, pero más por su incongruente yuxtaposición de elementos que por el auténtico humor del libreto.

A pesar de esas irregularidades narrativas me gustó el desempeño de los actores. En mayor o menor medida todos añaden una pizca de humor a sus interpretaciones, y el resultado es un afable ensamble comprometido con sus papeles pero sin las plañideras o excesivamente intensas actitudes que con frecuencia nos endilga el cine independiente. En el papel principal el joven Reece Thompson carga la película con aplomo y ligereza, adoptando naturalmente las diversas facetas de su personaje y evadiendo las afectaciones que podrían haber seducido a un actor poco familiar con el "noir". En cuanto a Mischa Barton, creo que es mejor actriz de lo que mucha gente considera, aunque su talento se vea opacado por su celebridad. Habiendo dicho eso, añadiré que esta vez no noté complejidad emocional en su representación de mujer fatal; ciertamente es atractiva, pero muy lejana al arquetipo ideal de "fría pasión" que impulsa los mejores relatos del género. Por otro lado tenemos a Bruce Willis, cuyo corto papel genera la mayor cantidad de risas en la primera actuación genuinamente buena que le he visto en mucho tiempo. Quizás hay algo de auto-parodia en su interpretación del inflexible y amenazador director escolar; pero también hay auténtica melancolía oculta detrás de su estudiada aspereza.

Assassination of a High School President no es indispensable para aficionados al cine juvenil, ni para devotos del noir. No obstante puedo recomendarla como simple pasatiempo con sutil sabor policiaco, algunas risas y un guión transparente pero suficientemente enredado para mantener la atención del espectador durante noventa minutos. Si la comparamos con Brick, diría que ésta es la versión "lite" de ese inusual híbrido (cada quien decida si eso es bueno o malo). Y de cualquier modo es mucho más digna e interesante que el 99 por ciento de las comedias juveniles que infestan el mercado directo a DVD. No hay que ser detective para deducir que el público es quien sale ganando... siempre y cuando encuentre motivo y oportunidad para verla.
Calificación: 8

domingo, 8 de noviembre de 2009

Mi Vida en las Ruinas (My Life in Ruins)

Hace varios años los productores Tom Hanks y Rita Wilson tuvieron un inesperado golpe de suerte con la humilde película My Big Fat Greek Wedding, una simple comedia romántica con sabor étnico y creatividad limitada. Por alguna razón fue un considerable éxito de taquilla, y ahora intentan reproducir la fórmula con la misma actriz... y nuevos clichés. Definitivamente no soy parte del público para el que Mi Vida en las Ruinas fue realizada, pero aún así comprendo la blanda atracción de su empalagoso argumento y su válido mensaje sobre la magia del amor... y de la historia antigua.

En
Mi Vida en las Ruinas encontramos de nuevo a la simpática Nia Vardalos en el papel de Georgia, otra mujer treintañera con dificultades románticas y poca dirección en su vida. Una decepción laboral la llevó de regreso a su nativa Grecia, donde trabaja como guía de turistas para grupos de habla inglesa. Pero su entusiasmo por las ruinas y los relatos históricos no resulta muy atractivo para sus clientes, que sólo quieren ir a la playa y comprar ridículos "souvenirs". Sin embargo, Georgia conoce a un sagaz anciano norteamericano cuyas palabras de aliento la inspiran a recuperar su "kefi" (alegría de vivir), lo cual tratará de hacer con la ayuda de otros turistas... y del atractivo chofer de su autobús.

Mi Vida en las Ruinas es el tipo de inocente película que uno puede encontrar durante un vuelo en avión, o llenando espacio en el horario diurno de algún canal de cable dirigido a mujeres o familias. Su blando romance es perfectamente inofensivo; su simplón humor no requiere pensamiento alguno para ser asimilado; y su estrella resulta simpática y atractiva, pero no excesivamente sensual o provocativa. Sin embargo, mis quejas no radican en esa insípida combinación de genéricos elementos, sino en que el guión no se esfuerza por despertar reacciones honestas en el espectador. Todas las emociones se sienten artificialmente inducidas, y no hay truco que el director Donald Petrie no se atreva a emplear para dar vida a la trama, desde la anciana irreverente con inesperados vicios, hasta el matrimonio infeliz que reanima su romance al final de la película.

S
i quisiera clasificar Mi Vida en las Ruinas diría que se trata de una comedia romántica; afortunadamente entre sus escasas virtudes cuenta con la adición de elementos periféricos que distraen la atención del predecible romance que desarrolla la protagonista. El veterano Richard Dreyfuss parece divertirse en un papel que no requiere ni un ápice de su talento; el resto del elenco es anónimo pero funcional; y Vardalos tiene el encanto personal necesario para sostener precariamente la película hasta su desabrida conclusión. Quien haya pensado que My Big Fat Greek Wedding es una de las mejores películas en la historia quizás encuentre más divertida Mi Vida en las Ruinas (no estoy juzgando su decisión). Para mi fue una experiencia tan sosa que está borrándose rápidamente de mi memoria (o podría ser la edad), aunque admito que obtuve el mínimo nivel de entretenimiento para no dormirme en el solitario cine (en serio, rara vez me toca encontrar el cine absolutamente vacío). No puedo recomendarla, pero tampoco la condeno por tener aspiraciones tan bajas que logra cumplirlas sin esfuerzo alguno.
Calificación: 6