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En el 2005, la película Madagascar prometía una interesante historia, no sólo por alejarse de las fórmulas del cine infantil, sino por ofrecer un mensaje ecológico sutil y valioso. Pero mi decepción fue mayor cuando todo atisbo de sofisticación e inteligencia fue sepultado por estúpidos chistes y perezosas referencias que estaban totalmente fuera de contexto y que sólo sirvieron como pobres reemplazo de genuino humor. Pero al parecer mucha gente consideró hilarante la canción "I Like to Move It, Move It", de modo que ahora tenemos una secuela de aquella irritante película.
Madagascar 2 comienza con un "flashback" que revela importantes eventos en la infancia del león Alex (voz de Ben Stiller). Y por "importantes" quiero decir "inventados apresuradamente para disfrazar un simple refrito de la previa película". Después volvemos al presente, donde encontramos a los animales de la película previa viviendo una relajada existencia de fiestas y baile ("I Like to Move It, Move It") en Madagascar. Pero por razones poco creíbles deciden regresar a Nueva York y, para lograrlo, los siempre divertidos pingüinos restauran un avión con no muy buenos resultados, pues se estrellan en África. Y, claro, los animales protagónicos se encuentran una vez más en un ambiente desconocido, y tendrán que aprender nuevas reglas y actitudes para sobrevivir en un continente que ofrece diferentes retos y peligros.
Madagascar 2 parece estar basada en un libreto de dos o tres páginas, severamente "inflado" con números musicales y rutinas de comedia que ya estaban viejas cuando Henny Youngman las usaba en sus actos de cabaret a principios del siglo veinte (por no mencionar ¡casi diez minutos de créditos finales!). Y, claro, también tenemos el obligatorio drama familiar, pícaro romance y una importante misión que les dejará a los animales valiosas lecciones sobre el amor, la amistad y la vida. En otras palabras, otra película realizada con gran pericia técnica y mayor pereza narrativa, escrita por un comité y dirigida con la única visión de generar juguetes y alianzas estratégicas con quien quiera explotar la credulidad de los niños que sin duda verán esta película sin tantas objeciones.
Sabiendo que los agresivos pingüinos fueron el mejor elemento de la cinta original, la secuela dedica más tiempo a sus hazañas y militarizadas acciones. Pero francamente no basta para recomendar esta película, que no sólo se abstiene de ofrecer algo nuevo, sino que nos exige tragar los mismos chistes y tediosas rutinas de la película anterior. Acepto que sonreí en un par de escenas ("Necesitamos su corteza cerebral y sus pulgares opuestos"), pero la mayor parte del tiempo la pasé bostezando y deseando que terminara lo más rápido posible. Y que, si hubiera una tercera parte, estuviera dedicada exclusivamente a los pingüinos... pero lo dudo, pues nadie famoso les presta la voz.
Calificación: 5
Desde luego me da gusto presenciar el renacimiento creativo de Woody Allen, pero no tenía fe ciega en tal fenómeno. Cierto, la aclamada Match Point marcó el inicio de una nueva etapa en la carrera de un director que hasta hace pocos años parecía haber extinguido la flama de su genio (especialmente después de la intolerable Anything Else)... pero cuando Match Point fue seguida por la frívola comedia Scoop, pensé que el entusiasmo nos había durado poco. Afortunadamente después llegó la intensa Cassandra's Dream y ahora Vicky Cristina Barcelona, con la cual regresamos al genial Allen de antaño pero en una faceta más madura, aún capaz de crear personajes fascinantes y ubicarlos en circunstancias que no sólo resultan interesantes, sino que examinan acertadamente las volubles relaciones humanas y su difícil conciliación con lo que entendemos como “felicidad“.
Como someramente anuncia el título, Vicky Cristina Barcelona sigue las aventuras de Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson) en Barcelona, donde pasan un verano mientras la primera concluye sus estudios de historia catalana. Las mujeres son buenas amigas, pero con actitudes totalmente opuestas y por eso, cuando el sofisticado artista Juan Antonio (Javier Bardem) les sugiere compartir un sensual fin de semana, Vicky se escandaliza mientras que Cristina acepta con entusiasmo la oferta. Sobra decir que ese fin de semana desata una serie de eventos que no sólo afectará los planes de las amigas, sino que posiblemente las cambiará para siempre, alterando la perspectiva con la que enfrentan la vida.
Hay gente que prefiere al Woody Allen que hacía traviesas comedias con excéntricos personajes que emulaban el estilo y ritmo del cine de los 30s y 40s; otros prefieren al Allen profundo y contemplativo que realizó sobrios dramas donde la dinámica romántica y familiar era fríamente analizada por personajes inteligentes y en ocasiones despiadados. Pero finalmente, tal vez gracias a su "segundo aire", Allen logró combinar ambos enfoques con excelente resultado. Vicky Cristina Barcelona tiene pasajes bastante graciosos, pero nunca son a costa de la dignidad de sus personajes, y el análisis que hace de sus relaciones románticas y de su visión de la vida resulta fascinante y honesto, aunque no se ajusta necesariamente a lo que mucha gente consideraría como "normal" o "aceptable". Esa es la madurez a la que me refería al principio. Allen siempre se mostró interesado en diseccionar la relación de pareja, pero sin lograr trascender la clásica "guerra entre los sexos". Vicky Cristina Barcelona añade niveles adicionales a ese análisis, y aunque el resultado sea aún más ambiguo, también se siente mucho más honesto y realista. En otras palabras, en vez de buscar culpables por las fallas en una relación, esta vez la cinta acepta la complejidad de la batalla misma, donde el conflicto interno es tan difícil como el externo.
Pero a fin de cuentas, Vicky Cristina Barcelona no es una sesión de terapia de parejas, sino una película perfectamente estructurada y muy entretenida, adornada con un brillante elenco que ofrece actuaciones sinceras y creíbles en el atractivo entorno de Barcelona, luciendo (de manera sutil pero constante) sus mejores atributos, desde la arquitectura de Gaudi hasta sus pintorescas calles, restaurantes y parques (cosa que sin duda hará muy feliz a la Oficina de Turismo de esa ciudad). Mi expectativa sobre la película era moderadamente baja, y quizás por eso la disfruté tanto, aunque debo confesar que el uso de un narrador me pareció artificial e innecesario, como si Allen hubiera tenido pereza de escribir escenas que mostraran lo que la omnisciente voz nos describía. Sin embargo, al final me di cuenta de que resultó ser una útil herramienta para agilizar la narrativa y mantener la historia en constante movimiento, evitando pesadas escenas explicativas que hubieran robado energía de la trama principal.
Como sea, Vicky Cristina Barcelona es la cinta que más me ha gustado en la nueva etapa de Allen, y confío en que su obra siga mostrando el mismo control sobre los elementos humorísticos y dramáticos, conjugado con su aguda visión y preciso análisis de la humanidad. Allen siempre me ha parecido un director interesante, pero ahora estoy cerca de considerarlo indispensable, y prometo no dudar más de su renacimiento... al menos hasta que vuelva a trabajar con Jason Biggs.
Calificación: 9
Hace apenas una semana me quejaba de la falta de comedias juveniles, y ahora justo a tiempo llega la excelente Nick y Norah: Una Noche de Música y Amor (título que acortaré a Nick y Norah por motivos obvios), una de las mejores obras del género que bajo la relajada dirección de Peter Stollet (escritor del futuro re-make de Footloose - ¿podría darnos una sorpresa y resultar bueno?) combina en perfecta proporción humor inteligente y genuinamente gracioso, con romance sincero y realista.
Como algunas de las mejores cintas del género, Nick y Norah está basada en una novela (al igual que Fast Times at Ridgemont High, Drive Me Crazy y... mmmh... debe haber más), y quizás por ello se puede dar el lujo de tener personajes muy bien construidos, que son instantáneamente reconocibles, pero a la vez alejados de los clichés acostumbrados... no hay villanos atléticos y fortachones, no hay adultos idiotas ni declaraciones de amor en la fiesta de graduación, aeropuerto o evento deportivo. Sin embargo, logra capturar certeramente la emoción, confusión y éxtasis del amor adolescente... combinado con la obsesión musical que tantos experimentamos en esa edad.
La trama se centra en la floreciente relación entre Nick (Michael Cera), un joven músico recientemente abandonado por su novia Tris (Alexis Dziena), y Norah (Kat Dennings), una adolescente mitad rebelde y mitad conformista que pasa su tiempo rescatando a su amiga Caroline (Ari Graynor) de sus hazañas alcohólicas. Al principio de la película Nick está tratando de recuperar a la infiel y voluble Tris con una serie de CDs grabados con canciones que expresan sus sentimientos. Lo que no sabe es que Tris tira los discos a la basura, de donde son rescatados por Norah, quien los encuentra perfectos para su sensibilidad musical. Y, cuando Nick y Norah finalmente se conocen buscando la secreta ubicación de un concierto en el que tocará su banda favorita, reconocen inmediatamente la perfecta conexión que comparten... y que está en peligro de colapsar cuando Tris decide recuperar a su ex-novio.
Estoy seguro que alguien más ya habrá hecho la comparación, pero Nick y Norah es una combinación joven de Before Sunrise y After Hours. Por un lado, retrata una interminable noche en la que se desarrolla orgánicamente una relación entre dos jóvenes que casi por accidente encuentran a su pareja perfecta en circunstancias que no necesariamente conducirían al romance. Y por el otro, sigue las bizarras aventuras nocturnas en Nueva York de un grupo de coloridos personajes en una frenética búsqueda, donde el trayecto se vuelve más importante que el destino final. Pero sin duda lo mejor de la película son los personajes y el fácil modo como interactúan, no porque el guión lo dicte así, sino porque la ilusión de realidad es perfecta, y simplemente están reaccionando tal como esperaríamos que lo hicieran si los conociéramos. Y, claro, el secreto está en convencernos de que así es.
Como podía esperarse, otro acierto de Nick y Norah radica en el elemento musical de la película, que funciona como motor de la historia y como fondo, dándole una agradable textura que va desde la sólida banda sonora (aunque debo confesar que sólo reconocí las canciones de Spice Girls, Hot Chocolate y Modest Mouse, y eso sólo porque emplearon sus más famosas piezas), hasta una escena clave que se desarrolla en un icónico pero poco conocido lugar de legendaria fama en Nueva York. No puedo ignorar tampoco la sutil sátira que el guión hace sobre el mundillo de la música "underground", del cual se burla juguetonamente con varias acertadas escenas en las que vemos simultáneamente la frivolidad y el entusiasmo que hace a muchos de esos grupos irresistibles pero fácilmente reemplazables.
No quiero que suene a hipérbole, pero Nick y Norah: Una Noche de Música y Amor se ha ubicado de inmediato entre mis cinco comedias juveniles favoritas (el resto de la lista cambia día con día), y la puedo recomendar con entusiasmo a espectadores de todas las edades que estén cansados de los artificiales romances e irritantes personajes que usualmente vemos en el género. Michael Cera es el heredero indiscutible del legado "nerd-cool" que unos pocos enarbolaron orgullosamente (como Anthony Michael Hall y Corey Haim), mientras que Kat Dennings logra ser atractiva por su naturalidad (como Molly Ringwald y Mary Stuart Masterson) y no por parecer modelo de revista femenina. En resumen, un oasis de originalidad y talento en un desierto de clichés.
Calificación: 10
Hace casi diez años The Blair Witch Project causó revuelo a nivel mundial por su (entonces) original concepto y su minimalista ejecución. Personalmente me gustó bastante por la innovación mostrada, aunque me decepcionó que no fuera ni remotamente tan espeluznante como proclamaba la publicidad. Como sea, parecía que los directores Edward Myrick y Eduardo Sánchez tenían un brillante futuro asegurado en el género; no obstante, su carrera desde entonces ha mantenido un perfil bajo, trabajando en modestas cintas directas a DVD que no han tenido particular trascendencia, aunque su calidad sea ligeramente superior a la norma de las que encontramos en ese nivel.Como prueba inmediata tenemos Miedo al Amanecer, que por alguna oscura negociación se ve proyectada internacionalmente en cines, cuando no gozó de ese privilegio en su país de origen. La trama sigue la fórmula común en el género, aunque con un par de variaciones que añaden interés: un grupo de estudiantes decide pasar sus vacaciones de verano en una rústica casona ubicada en los pantanos de Louisiana; pero para la joven Megan (Elizabeth Harnois), el viaje es más terapéutico que recreativo, pues recientemente perdió a su hermana gemela Sofie, quien se suicidó en misteriosas circunstancias. Sin embargo, parece que no habrá mucho descanso, pues una extraña presencia empieza a sentirse en la casa, manifestándose en forma de ruidos, objetos que inexplicablemente cambian de lugar y una siniestra figura que intenta comunicarse con Megan. Entonces, como cualquier persona haría, los jóvenes deciden aprovechar el próximo solsticio de invierno para hacer una invocación vudú y desentrañar el misterio de la oscura figura. Desde luego, las cosas no salen como ellos esperaban...Miedo al Amanecer combina con cierto éxito clichés comunes en varias generaciones de películas de fantasmas, desde la opresiva atmósfera gótica de Don't Look Now (1973) hasta los ambiguos fantasmas femeninos del cine oriental moderno; afortunadamente los emplea con moderación y no los convierte en el fin mismo de la película, sino que los usa como herramientas para contar una historia lógica e interesante cuyo sólido desarrollo y realistas personajes conducen a un final inesperado que funciona muy bien, tanto en el aspecto narrativo como en el visceral. También agradezco bastante la mesura de la dirección y la atractiva cinematografía, que evita caer en los irritantes vicios que la truquería digital pone a la mano de menos creativos cineastas.No obstante, debo señalar que (paradójicamente) el punto débil de la película son los efectos especiales. Podemos esperar las acostumbrados escenas de tensión que culminan en un sobresalto, pero cuando lo que encontramos resulta ser un pobre efecto digital, tiende a reducir el impacto de la escena (o, en el peor caso, produce risas en vez de temor). Sin embargo creo que el resto de la película se sostiene bastante bien gracias al competente elenco de incipientes estrellas juveniles con cierto renombre en cine y televisión (Elizabeth Harnois y Hilarie Burton aparecieron en la serie One Tree Hill; Amanda Seyfried en Veronica Mars y Shawn Ashmore es más conocido como Iceman en la saga X-Men), acompañados por algunos veteranos que prestan peso y gravedad a la trama, especialmente el siempre confiable R. Lee Ermey como un sospechoso granjero que podría tener algo que ver con los eventos paranormales que persiguen a la protagonista.Considero que Miedo al Amanecer supera las expectativas establecidas por tantas otras cintas de terror juvenil directas a DVD que simplemente se limitan a repetir la fórmula de slashers, zombies o tortura. Cierto, es un re-make de una película danesa (que no he visto), y tal vez de ahí proviene el ingenio del argumento, pero de un modo u otro me pareció una experiencia interesante a pesar de sus fallas, bien producida y con una inquietante conclusión que no hace trampa y resuelve satisfactoriamente los misterios de la trama. Entonces habrá que pasar por alto las actuaciones planas y el afectado drama para disfrutar plenamente esta película; creo que no es mucho pedir, y la cinta recompensará el esfuerzo con moderado entusiasmo. Además, no puede realmente desagradarme una película que incluye una mención de la revista Fortean Times.Calificación: 7
Quienes estén familiarizados con el cine de terror de bajo presupuesto producido en los ochentas, seguramente recordarán la humilde compañía Empire Pictures, del pseudo visionario productor Charles Band. Después de conseguir moderado éxito con cintas como Re-Animator, From Beyond y Sorority Girls in the Slimeball Bowl-a-Rama, la compañía eventualmente se transformó en Full Moon Entertainment, generando en los noventas obras tan bizarras como Puppet Master, Demonic Toys y Creepozoids. Pero una década atrás, Band y su colectivo de cineastas (cuyos nombres resultarán familiares para los fans de Full Moon) ya incursionaban en el género de terror, con muy poco dinero, pero con entusiasmo e imaginación que no siempre se veía reflejada en la pantalla. No obstante, entre las mejor recordadas obras de ese grupo de cineastas está Tourist Trap, una extraña película que resulta bastante ambigua en su argumento, pero definitivamente eficaz en su siniestra atmósfera y los inesperados rumbos que toma su guión.
La trama comienza como tantas películas de explotación en aquella (o cualquier) década: cuatro jóvenes (tres mujeres y un hombre) se dirigen en automóvil a su destino vacacional, cuando deciden detenerse en un museo rural, donde encuentran a un solitario y excéntrico individuo que vive acompañado de sus perturbadores maniquíes... los cuales, obviamente, parecen tener vida propia cuando aterrorizan al cuarteto de jóvenes. Pero... ¿qué hay realmente detrás de los ataques? ¿Son sólo ingeniosos autómatas creados por una mente enferma, o hay una presencia paranormal que los jóvenes deberán combatir para salir con vida de su mortal paseo?
Es obvio que el director y guionista David Schmoeller tiene un fetiche (o fobia) centrado en muñecos que cobran vida, como lo demuestra su longeva saga de Puppet Master, que hasta el momento cuenta con al menos nueve películas que examinan los crímenes de un grupo de violentos títeres vivientes. Pero en Tourist Trap, el terror está a cargo de grotescos maniquíes que, vivos o no, prestan una pesadillesca atmósfera a la película con sus huecos ojos, torcidas mandíbulas y sutiles movimientos, que al combinarse con la estridente banda sonora del respetado compositor Pino Donaggio (quien tanto contribuyó a las cintas tempranas de Brian De Palma), generan bastante terror sin derramar una gota de la sangre que tantas otras películas abusan en su errónea interpretación de lo que significa el miedo.
El elenco no trasciende su básico nivel de cine "B", pero dentro de todo realizan una decente labor reaccionando a las singulares situaciones y dantescas figuras que encuentran en el decrépito museo. Chuck Connors encaja a la perfección en el papel de granjero intenso pero afable, y entre los jóvenes sólo destacan Jocelyn Jones como la virginal "chica final" y Tanya Roberts, aunque sólo sea por su breve vestuario que amenaza constantemente con caerse, cosa que nunca sucede. También merece mención en la parte técnica el entonces editor Ted Nicolau (más conocido como director de la saga Subspecies), por su experta orquestación de elementos simples para formar macabras secuencias que genuinamente sorprenden al mismo tiempo que nos hacen olvidar los inexistentes efectos especiales que mueven los maniquíes vivientes.
A pesar de durar escasa hora y media, hay que admitir que Tourist Trap lleva un pausado ritmo que probablemente resulte cansado para audiencias modernas, habituadas a la rápida edición y dinámico flujo del más popular terror contemporáneo. Pero quien no tema enfrentar esta sensibilidad fílmica setentera podrá pasar un rato perturbador, pero muy entretenido con esta semi-olvidada cinta de culto que alguna vez Stephen King aclamó como uno de sus "placeres vergonzosos". Cierto, no es una gran película, pero creo que está lejos de causar pena... y será particularmente memorable para quienes compartan el irracional miedo a los maniquíes. Tan sólo el brillante final de la película seguramente causará abundantes pesadillas... aunque no tenga mucho sentido.
Calificación: 8.5
Inicialmente no me interesó esta secuela directa a DVD, pero tomando en cuenta que la película original me gustó bastante y tuvo moderado éxito, decidí invertir el tiempo en ella (aunque fuera transmitida por TV); y aunque obviamente no llega al nivel de la original, puede resultar entretenida siempre y cuando uno esté advertido sobre lo que puede esperar y no en esta supuesta continuación (relacionada con la original únicamente por el tema de ballet y por un par de actores secundarios que retoman sus previos papeles).
Recordando un poco, Center Stage (2000) combinó diestramente el convencional drama de los romances juveniles con el intenso mundo del ballet. Y no estoy diciendo "intenso" con sarcasmo, pues por debajo de su delicada apariencia y etéreos intérpretes se esconde un régimen físico y mental como pocos en el mundo... quizás sólo las gimnastas olímpicas sufran más por su arte, después de las bailarinas de ballet profesionales. En fin, en aquella película vimos los vaivenes emocionales de un grupo de estudiantes recién llegados a la Academia de Ballet Americana, donde se forjan grandes figuras de esa disciplina, con la enorme presión que ello implica; y así conocimos a la joven talentosa pero con poca confianza en sí misma, a las manipuladoras "estrellas" que usan a los estudiantes como juguetes; y la inevitable presencia de la anorexia en un entorno inmisericorde cuando se trata de la figura de las bailarinas.
Por otro lado, Center Stage: Turn It Up decide ser menos ambiciosa y más genérica, ignorando esos interesantes detalles (no necesariamente realistas, pero bastante creíbles) para abordar una simple historia de lucha y superación combinada con obligatorio romance, exactamente igual a las que hemos visto en la reciente ola de películas dedicadas al baile. Díganme si suena familiar: Kate Parker es una joven con gran talento natural para la danza, y un día decide arriesgarlo todo para ingresar a una prestigiosa academia de ballet; sin embargo, es rechazada por no contar con entrenamiento formal. Pero para no desilusionar a su hermana, le miente diciéndole que fue aceptada. Entonces, en una ciudad extraña y lejos de su casa, Kate se ve obligada a aceptar un trabajo como mesera en un bar donde, claro, sus avanzadas rutinas de "hip hop" (o lo que sea) llaman la atención de mucha gente... incluyendo un estudiante de la academia que busca inspiración para añadir pasión a sus rutinas de ballet. Y así comienza una relación, primero motivada por la mutua ayuda que ambos pueden proporcionarse, para luego evolucionar en un romance que se ve en peligro cuando surgen luchas de poder (¡y celos!) entre la sencilla joven y las sofisticadas bailarinas de la academia.
Esta vez el argumento dedica igual tiempo al baile moderno y al ballet, rompiendo un poco el balance de la historia en su esfuerzo por atraer a la mayor audiencia posible. Entiendo esa estrategia y no puedo negar que, desde el punto de vista de un neófito, ambos estilos tienen similar atractivo y dinamismo visual... pero no sé si los auténticos devotos sentirán que una disciplina está contaminando a la otra, o si la película vendió su alma a cambio de más ventas. Como sea, los números de baile son lo mejor de la película, y creo que justifican una recomendación moderadamente entusiasta, que nunca recibiría tan sólo por su añejo argumento y sus apenas funcionales actuaciones. Y, para fans de la original, no regresa ninguno de los estudiantes protagónicos, pero sí podemos ver de nuevo a Peter Gallagher como el director de la academia, y (para beneplácito de sus fans) a Ethan Stiefel, infinitamente mejor como bailarín que como actor, como un maestro frío y de ambivalente moralidad, pero con buenos consejos para la joven protagonista. En serio, no se nada sobre ballet, pero sus breves rutinas son asombrosas... aunque imagino que los conocedores tendrán mayores conocimientos para evaluar su desempeño.
Entonces, Center Stage: Turn It Up dista mucho de ser una buena película, pero las excelentes rutinas de baile (tanto moderno como ballet), la accesible historia y el atractivo elenco la convierten en un ligero pero entretenido pasatiempo que sigue de cerca los estándares de películas sobre baile (como Make It Happen -con la cual tiene sospechosas similitudes-, Another Cinderella Story, Step Up, y no se cuántas más...), agregando el adicional beneficio de ser una de las pocas películas que giran alrededor del ballet. Pudo ser mejor en ese aspecto, pero supongo que los aficionados tendrán que conformarse, pues no muchas películas se centran en esa disciplina, lo cual es una lástima, pues creo que forma una buena combinación con el cine. A diferencia del baile de salón.
Calificación: 6.5
En una de esas cósmicas coincidencias que confirman el viejo adagio de "los genios piensan igual", dos recientes películas decidieron combinar zombies con bailarinas exóticas: Zombies, Zombies, Zombies y Zombie Strippers. Es imposible decir que alguna de las dos "gana" en calidad o estilo, pero al menos puedo asegurar que cuentan con elementos positivos que hasta cierto punto aminoran sus risibles limitaciones. Y decidí escribir sobre ambas en un sólo artículo porque obviamente tienen mucho en común, y el mejor modo de evaluarlas es examinar sus diferencias y semejanzas.
La más modesta del dúo es Zombies, Zombies, Zombies, y su barata producción en video (por no mencionar las actuaciones amateur y los rudimentarios efectos digitales) traiciona su origen casero. Sin embargo, no puedo negar que detrás de su poco pulida apariencia se percibe un poco de talento, al menos en el aspecto narrativo. Una vez que dejamos atrás la obvia explotación de las protagónicas bailarinas (con un par de insípidas rutinas nudistas), el guión se centra en las personalidades de tales protagonistas, la dinámica de su grupo y su inestable relación de rivalidad y respeto con las prostitutas que trabajan afuera del "club para caballeros" donde se desarrolla toda la película. Sonará extraño, pero esas escenas son lo mejor de la película, que no teme tratar a sus voluptuosas mujeres como humanos, ofreciéndonos un atisbo a su vida real, a la vez prosaica pero interesante, en la que su escandalosa ocupación queda a un lado para mostrar sus auténticos sentimientos y motivación. No puedo creer que esté diciendo esto, pero la cinta EMPEORA cuando finalmente aparecen los epónimos monstruos y comienzan a devorar o infectar al elenco, con el consecuente derramamiento de sangre artificial y vísceras de plástico (y digitales). No digo que lo que viene antes sea particularmente bueno, pero al menos ofrece una interesante mirada a un sórdido submundo mal comprendido por el cine en general, y por gran parte del público. Por lo demás, el guión busca agregar un poco de humor con veladas (y algunas obvias) referencias a otras películas, desde Hustle & Flow hasta Snakes on a Plane. No mejoran mucho la película, pero al menos provocan algunas sonrisas adicionales, no necesariamente por su ingenio, sino por su pésimo "timing". Otro punto a favor es que el guión está construido con más cuidado de lo usual en este nivel de cine; el guionista conoce sus límites y los aprovecha, haciendo la situación central más similar a Return of the Living Dead que a Dawn of the Dead, pues la infestación de zombies es un fenómeno local y no mundial. Igualmente la solución final tiene cierto ingenio, pues requiere un tragicómico sacrificio por parte de uno de los personajes. Y, claro, podemos esperar algunos giros inesperados con los que la película se burla de los bien conocidos clichés que abundan en otras igualmente baratas cintas semi-caseras de zombies.
Por otro lado, tenemos Zombie Strippers, una película más ambiciosa, con mejor financiamiento (aunque eso no es decir mucho) que al menos le permite emplear efectos de maquillaje que se ven profesionales, en vez del clásico look "ropa rasgada y salpicada con sangre de Halloween" que emplean casi todas las cintas de zombies de bajo presupuesto. Esta vez el libreto no busca alejarse mucho de la expectativa del público (¿cómo culparla cuando desde el título nos anuncia sus llanas intenciones?), aunque trata de introducir un poco de sátira política ("George W. Bush ganó su cuarto período presidencial junto con su vicepresidente Arnold Schwarzenegger") para sazonar la simple y predecible historia. Y, por si no bastara, trata también de parecer más "intelectual" con varias referencias y menciones de famosos filósofos, como Nietzche, Sartre y Freddy Kruger. O quizás no trata de parecer intelectual, sino de añadir un nivel más de humor al presentar esas elevadas ideas en el burdo contexto de una película cuyos principales atractivos son senos y sangre. El elenco también es un poco más talentoso, y sus "cartas fuertes" son Robert Englund (más conocido como Freddy Kruger en la saga de Nightmare on Elm Street) y la célebre actriz y modelo Jenna Jameson, cuyos... atributos son quizás el mejor efecto especial de la película. Desafortunadamente la historia es demasiado irregular, y comienza con un grupo de rudos (pero quejumbrosos) soldados luchando contra los inicios de la infestación de zombies después de que un experimento militar sale de control. Pero cuando uno de los soldados infectados busca refugio en un club "topless" (y en ocasiones bottomless), contagia rápidamente a las bailarinas... con el inesperado resultado de que sus rutinas son irresistibles para los clientes. Entonces, en vez de evitar el contagio, las bailarinas aún vivas tratan de contagiarse con el virus, para poder reproducir los violentos actos de sus colegas zombies, que están ganando tremendas propinas durante sus sangrientos bailes. En fin, no hay mucho más que contar... la trama avanza a empujones entre explosiones craneales, abundantes desnudos femeninos e instancias de grotesco (y no muy gracioso) humor; pero al menos el director Jay Lee no teme caer en el más bajo gusto para cumplir la promesa implícita en el título de su película.
Entonces, creo que Zombie Strippers funciona mejor como película "real", aunque no sea muy satisfactoria (más allá de ver bailarinas zombies peleando desnudas con las herramientas de su profesión), mientras que Zombies, Zombies, Zombies tiene un guión más sólido, con un flujo dramático mejor planeado y personajes menos antipáticos; pero habrá que ver más allá de su paupérrima producción para apreciar esos detalles. Supongo que podría recomendar ambas por diferentes factores pero, eso sí, sólo para espectadores con amplia experiencia en el terreno de películas amateur realizadas por cineastas con más entusiasmo que talento. Para el resto de la gente, sospecho que ambas resultarían simplemente intolerables, tanto por su baja calidad visual como por el grotesco mal gusto en el que alegremente se regodean. Pero por el momento, estas cintas representas la segunda y tercera mejor opción para quien desea ver una película con bailarinas exóticas combatiendo zombies (la primera es Planet Terror, desde luego). Al menos hasta que Scorsese o Coppola realicen su propia versión.
Calificación compartida: 6
Nota: Originalmente quise incluir Zombies Gone Wild en este artículo (porque más o menos encaja en el mismo estilo), pero resultó ser simplemente intolerable; una patética basura improvisada que no merece mención en los anales del cine de bajo presupuesto. Aburrida y deplorable. Las películas de Troma Films parecen The Lord of the Rings en comparación. Y tomen en cuenta que lo dice alguien que acaba de recomendar Zombies, Zombies, Zombies.
Hace alrededor de un año, cuando se anunció el re-make de The Women (1939), decidí ver la original cuando por coincidencia la encontré en televisión. Me gustó bastante, no tanto por su historia y actuaciones, sino por el contraste que permite observar entre las políticas sexuales de entonces y las de hoy. Y francamente no sé si el punto del re-make fue mostrar que, como reza el dicho, entre más cambian las cosas más se quedan igual.La trama de esta nueva versión, (titulada Todo Sobre las Mujeres), sigue a varias inseparables amigas, entre ellas Mary (Meg Ryan), Sylvia (Annette Benning), Edie (Debra Messing) y Alex (Jada Pinkett-Smith) a través de los altibajos que la vida moderna ofrece a las mujeres modernas y exitosas (o al menos a la versión de Hollywood de estas mujeres modernas, que tienen más en común con los estereotipos de Sex and the City que con la vida real). Como sea, Sylvia descubre que el esposo de Mary está engañándola con una empleada de la tienda Saks, y cuando el secreto empieza a extenderse (hasta la misma Mary) las consecuencias afectan de un modo u otro a todas las amigas.
Empezaré con lo positivo: las actrices encajan bien en sus papeles, que parecen facetas simplificadas de la amplia gama de clichés que hemos visto en películas femeninas desde la decada de los 30's: Meg Ryan es la esposa simpática; Annette Benning es la mujer de negocios cínica e implacable; Debra Messing es la ama de casa sencilla y honesta; y Jada Pinkett-Smith es la lesbiana que encuentra a los hombres repulsivos e insoportables. Pero quizás los papeles más simpáticos correspondan al elenco de apoyo, en particular Candice Bergen como la madre de Mary, Carrie Fisher (en una sola escena) como una despiadada escritora, y la siempre entretenida Cloris Leachman como un ama de llaves inteligente e incisiva. También me gustó el celo mostrado por la directora Diane English al emplear un elenco totalmente femenino, incluyendo animales y escenas exteriores, donde todos los extras son mujeres. Bueno, hay un sólo hombre en la película, y sospecho que el momento de su aparición es bastante significativo, pero no me atrevo a especular sobre tal significado, pues podría convertirse en un spoiler.
Por el lado negativo tenemos el irregular guión, que no decide si está imitando la versión original o burlándose de ella. La escritora Diane English (haciendo su debut como directora) es más famosa por haber creado las series televisivas Murphy Brown y My Sister Sam, ambas inteligentes y sensibles retratos de mujeres profesionales enfrentando el mundo moderno, sin obsesionarse con el "control masculino", pero sin ignorar las tristes realidades de esa situación en todos los niveles de la vida. Sin embargo, las mujeres de Todo Sobre las Mujeres parecen definir sus vidas por los hombres mismos, y se muestran liberadas en muchos sentidos, pero esclavizadas por la invisible presencia del sexo opuesto en la película. Obviamente mi perspectiva es la de un hombre, y quizás algunas lectoras quieran iluminarnos con su propia interpretación, pero en general sentí que la cinta fue una oportunidad desperdiciada para transmitir un mensaje más honesto y balanceado. Pero en cierto modo entiendo que este enfoque simple y conciliador está en línea con los requerimientos comerciales de una película que sin duda fue creada como una versión más inteligente (y menos centrada en moda) que la mencionada Sex and the City.
En fin, Todo Sobre las Mujeres no me aburrió demasiado (al menos no tanto como yo esperaba), y sonreí en varias escenas (con la notable excepción del estridente y ridículo final). Lamento mi limitada perspectiva sobre el mensaje global de la película, pero encuentro difícil recomendarla en lugar de la más interesante cinta original. Como en tantos re-makes de películas clásicas, los cineastas contemporáneos desperdiciaron la oportunidad de superar la censura y represión de aquella época para actualizar el mensaje, y no sólo limitarse a modernizar la ropa, automóviles y obsesiones comerciales de las protagonistas. Pero bueno... supongo que la cinta podría ayudar a quienes buscan una excusa para ver el adulterio como algo positivo. Supongo que tan sólo eso podría hacerla un éxito de taquilla.
Calificación: 6
Quizás por haber visto tan recientemente St. Trinian's (una brillante comedia ubicada también en una academia femenina inglesa) encontré aún más irritante Diva Adolescente, que comienza como Clueless y termina (exactamente como imaginamos) con una lección de vida, tanto para los personajes como para el público: nadie soporta a las malcriadas niñas norteamericanas. O, para ser más justos, a la interpretación hollywoodense de las jóvenes modernas y "cool". Y si Diva Adolescente es marginalmente mejor que Bratz: The Movie y Material Girls es sólo porque el elenco de apoyo logra mantener una sombra de dignidad y gélido humor británico.
Evidentemente estoy muy lejos de pertenecer al público que la película busca atraer; por ello trataré de ser lo más imparcial posible (muy poco, seguramente) y tratar de apreciar el atractivo de una película donde la heroína rescata a sus "torpes" compañeras de la ambigüedad sexual enseñándoles a vestirse (y actuar) como Paris Hilton. Por casualidad (no muy casual), ese aspecto del libreto me recordó Aquamarine, otra película estelarizada por Emma Roberts donde la joven actriz junto con la cantante JoJo impartieron los mismos consejos a una sirena que sólo encontró la felicidad atrayendo al joven popular que las demás chicas perseguían. Me abstengo de hacer más paralelismos entre esa película y Diva Adolescente, pues empezaría a caer en el terreno de los spoilers.
En fin, la película comienza con una fiesta súper cool en la que las travesuras de la joven Poppy Moore (Emma Roberts) finalmente orillan a su padre a cumplir su largamente prometida amenaza: enviarla a un internado inglés para que aprenda un poco de disciplina y sentido común. Pero, como era de esperarse, cuando Poppy llega a la venerable Academia Abbey Mount, su extrema actitud, apariencia y caprichos chocan de inmediato con las sobrias y reprimidas muchachas del colegio, entre las que encuentra algunas enemigas instantáneas y, curiosamente, algunas amigas que deciden ayudarla a cumplir su nueva misión: lograr que la expulsen para poder regresar a su vida de ocio y excesos en California. Sobra decir que el plan incluye poner en ridículo a sus enemigas, atraer al inalcanzable joven con quien todas las estudiantes sueñan y, por supuesto, una secuencia musical/makeover donde varias chicas se prueban ropa al ritmo de alguna canción hueca y pegajosa.
No me malinterpreten... entiendo perfectamente el atractivo que estas fantasías infantiles ejercen sobre su público, ya de por sí saturado de similares mensajes en televisión y todo tipo de publicidad. En ese aspecto estoy seguro de que el público pre-adolescente femenino disfrutará esta película (siempre y cuando les agrade la protagonista... después de todo Emma Roberts no es ninguna Hannah Montana), y hasta cierto punto no tengo objeción alguna por que eso ocurra. Pero en el nivel más adulto no puedo dejar de irritarme por este consistente bombardeo de propaganda comercial que impulsa a "los hombres y mujeres del mañana" a ser simples robots consumistas con gustos homogeneizados por la erosiva acción de los medios de comunicación. Estoy seguro de que lo mismo ocurrió durante mi infancia (aunque no recuerdo muchos makeovers en Ultraman y Don Gato y su Pandilla), pero me da la impresión de que la ubicuidad de los medios electrónicos ha sido manipulada, de modo que no están liberando al individuo (como predijeron los tecno-hippies de los setentas), sino esclavizándonos más.
En resumen, Diva Adolescente es una película súper cool para chicas modernas y nada fresas. Tiene un personaje central gracioso con mucha actitud, y hay muy buena música y ropa. Y bastante desconsuelo para este viejo.
Calificación: 6
Red de Mentiras cuenta una historia bastante interesante (aunque marginalmente similar a la de la superior The Tailor of Panama): un agente de la CIA encubierto en el medio oriente trata de descubrir a los responsables de una serie de explosiones en sitios públicos, y para hacerlo decide elaborar su propia organización terrorista (o al menos fingir su existencia) para establecer contacto con los auténticos culpables. El problema es que la película cuenta esta historia a través de la fórmula que hemos visto en muchas otras obras similares, lo cual reduce su originalidad al mismo tiempo que la hace ocasionalmente confusa y pretenciosa; tal fórmula consiste en repetición de los siguientes elementos: emocionantes secuencias de acción en las que no sabemos exactamente qué está pasando, seguidas de discusiones a gritos en oficinas donde se disputa la ética de la violencia, para luego visitar las sofisticadas locaciones donde los jefes de ambos bandos evaden diplomáticamente la cruel verdad de sus acciones.Tras esta bien establecida estructura se esconde el eterno conflicto que provoca la expansión ideológica de distintas culturas. Bueno, para no ser tan diplomático... el eterno conflicto entre los fanáticos político-religiosos del medio oriente y los fanáticos político-religiosos de los Estados Unidos. Hay muchas cosas buenas en Red de Mentiras y nada intrínsecamente malo... el problema es que ya hemos visto demasiadas películas con el mismo mensaje, las mismas controversias e incluso los mismos personajes, desde el "terrorista" árabe cuya misión cobra nuevo sentido cuando la examinamos desde su punto de vista, hasta el manipulador y amoral oficial de alto rango que toma arbitrarias decisiones de vida y muerte desde su cómoda oficina en Washington, sin olvidar al agente de campo, con buenas intenciones pero atrapado entre la disyuntiva moral que genera su trabajo. La política siempre ha inspirado al arte, y sería absurdo creer que la actual situación actual (quizás la más divisiva y controversial que ha ocurrido durante mi vida) no haría lo mismo con el cine; sin embargo, la saturación de obras que visitan los mismos temas termina cansando al espectador y, sin importar la calidad intrínseca de cada película, el movimiento mismo termina perdiendo relevancia e interés en virtud de su repetición. Tan sólo en los últimos años he visto cintas como Lions for Lambs, Rendition, The Kingdom, Syriana, The Traitor, Charlie Wilson's War y no sé cuántas otras (sin incluir las que examinan el conflicto desde el punto de vista de los soldados)... Red de Mentiras es buena, pero a fin de cuentas también es otra más en la larga lista.Ridley Scott tiene indiscutible talento para estas complicadas historias, que le permiten combinar los estilos de dirección que mejor maneja: acción cruda y realista orquestada con buena visión estética; y enredos dramáticos hábilmente sostenidos por un sólido elenco. En este caso las obvias estrellas son Leonardo DiCaprio (casi repitiendo el ambiguo papel que interpretó en Blood Diamond) y Russell Crowe en su faceta de político blando por fuera pero duro por dentro. Sin embargo, también hay que aplaudir el más sutil trabajo de Mark Strong (físicamente un híbrido entre Andy García y Alexander Siddig) como un ambiguo agente de seguridad jordano con motivos igualmente válidos para estar a favor de los norteamericanos o en su contra. Y finalmente tenemos al elemento romántico en la forma de Golshifteh Farahani como una atractiva enfermera que establece una inverosímil relación con el personaje de Leonardo DiCaprio; el trabajo de la actriz es pulido y creíble, a diferencia de su situación, demasiado forzada y sólo conveniente para generar suspenso durante el improbable final.Creo que "improbable" también aplica al resto del guión, pero entiendo la necesidad de estirar la credibilidad hasta el límite para poder ofrecernos la mencionada mezcla de acción y política en una proporción accesible y entretenida para el espectador casual que puede estar interesado en el aspecto ideológico del conflicto, pero que a fin de cuentas va al cine para entretenerse un rato (como yo). Scott es un maestro para obtener esa rara alquimia, y Red de Mentiras cumple perfectamente su función de mantener nuestro interés en varios niveles (las mentiras del título pueden aplicar a cualquier relación en la película, incluyendo la del gobierno con el pueblo), con un agradable actor protagónico y un importante mensaje que valida los aspectos más frívolos y espectaculares de la historia. Si no fuera la enésima cinta en ofrecer tales atributos sería aún mejor, pero la saturación de ese mismo estilo la hace simplemente pasable en vez de extraordinaria. En resumen, un buen esfuerzo realizado en un mal momento.Calificación: 8
A estas alturas, creo que quien decida hacer una película "slasher" (asesino enmascarado persiguiendo a un grupo de personajes en un entorno aislado) necesita tener mucha fe en su guión y confiar en que encontró una nueva perspectiva para hacer interesante esa vieja fórmula ...o ser un desvergonzado mercenario que echó mano del más burdo cliché en el género de terror para realizar una película rápida y barata con el fin de engañar incautos (como yo) ansiosos por ver algo nuevo. Adivinen a cuál de estos grupos pertenecen los cineastas detrás de Steel Trap.
No quiero meterme en complicaciones sobre el origen del sub-género slasher... quizás fue con Twitch of the Death Nerve (1971), quizás aún más atrás con Psycho (1960)... pero como quiera que sea, el formato explotó gracias a Halloween (1978) y Friday the 13th (1980), y desde entonces hemos visto literalmente cientos de películas con similar estructura, personajes y trama. Los detalles cambian, y cada obra trata de distinguirse de las demás con alguna nueva ubicación, una máscara significativa, o un enfoque distinto sobre la fórmula entera. Por eso no espero gran originalidad cuando veo una de estas películas... pero aprecio el más mínimo esfuerzo por crear una identidad propia que ofrezca algo interesante o al menos entretenido. Steel Trap pudo alcanzar ese mínimo estándar, pero prefirió desperdiciar la oportunidad y en vez de ello resultó ser una tediosa experiencia saboteada por un guión increíblemente flojo, personajes repulsivos y un asesino aburrido, genérico y carente de personalidad. En resumen, hora y media de irritación ocasionalmente sazonada con escenas de magra violencia y una resolución arbitraria y ridícula.
Usualmente no me gusta criticar tanto a una película independiente del género que más me gusta, pues hasta en las más incompetentes obras de directores amateur se puede percibir cierta energía y entusiasmo que quizás aminora las fallas técnicas acarreadas por falta de experiencia o presupuesto. Pero en el caso de Steel Trap, con decentes locaciones, cinematografía y actuaciones, sólo hace que empeore debido a la insípida dirección y al guión más plano e insulso que los cineastas pudieron encontrar.
La trama comienza en una fiesta de Año Nuevo, organizada en un rascacielos abandonado (o en construcción... mi mente está tratando de bloquear la película). Pero después de media noche, algunos celebrantes reciben un mensaje telefónico que los invita a una fiesta aún más exclusiva, ubicada en uno de los pisos vacíos del edificio. Una vez que llegan, encuentran el sitio abandonado, pero con mucha decoración... incluyendo tarjetas con su nombre e insultos específicamente elegidos para cada persona ("perdedora", "dos caras", "cerdo", etc.) Pensando que se trata de una broma, los despistados y absolutamente odiosos personajes empiezan un recorrido por los oscuros pasillos del inmueble, y uno por uno son brutalmente asesinados por una figura enmascarada (claro), empleando métodos que se basan en los insultos que cada quién recibió.
Durante la primera hora mantuve la esperanza de que la historia se encaminara a algún punto específico... tal vez como una copia de Saw, en la que cada víctima tiene que aceptar su culpabilidad para poder salvarse... o quizás los personajes son tan profundamente repugnantes que eventualmente recibirán una lección para evolucionar y cambiar su molesta actitud... pero no. Simplemente son cadáveres potenciales unidos por una tenue explicación que debió tomar cinco minutos en escribir.
Tratando de no ser tan negativo, diré que la locación del edificio abandonado es más o menos efectiva, proporcionando sombríos corredores, ascensores sospechosos y peligrosas escaleras. La cinematografía es blanda pero funcional... al menos no hay exceso de efectos de edición ni de inestable cámara, como se ha vuelto costumbre en muchas cintas similares. Y los personajes desagradables son por lo menos interpretados por adultos que no tratan de parecer estudiantes de preparatoria.
Supongo que Steel Trap podría funcionar para gente que rara vez vea películas de terror y que no esté tan familiarizada con los convencionalismos del cine slasher. Pero para devotos del género la película no ofrece absolutamente nada nuevo; y con el diluvio de películas directas a DVD, ni siquiera puedo recomendarla como hueco pasatiempo, pues hay muchas mejores obras que merecen nuestro apoyo y difusión. En resumen, hace falta más que una máscara para hacer la película. Calificación: 5
En el pasado hemos visto algunas películas sobre las tensas relaciones que puede haber entre vecinos, y esta vez la película Vecinos en la Mira decide añadir un poco de volátil racismo a la mezcla, dándole una dimensión adicional a lo que podría haber sido un simple thriller en el que la lucha de voluntades entre dos hombres va escalando hasta niveles excesivos.
La mencionada lucha comienza cuando una pareja interracial se muda a un acomodado vecindario, donde terminan como vecinos del policía Abel Turner (Samuel L. Jackson), un individuo estricto e inflexible que tiene reglas muy definidas para garantizar la fácil convivencia en la comunidad. El problema es que los recién llegados no parecen encajar en ese rígido entorno, y lo que comienza como diplomática tensión se transforma en agresión primero pasiva... y eventualmente violenta.
No soy fan del director Neil LaBute (especialmente desde su estúpido e innecesario remake de The Wicker Man), pero aprecio su atención al desarrollo de personajes, y Vecinos en la Mira aprovecha muy bien esa aptitud, construyendo un personaje principal fuerte y definido, pero suficientemente ambiguo para mantener al espectador en suspenso sobre sus intenciones y motivación... aunque, claro, ayuda bastante que sea interpretado por Samuel L. Jackson. Pero desafortunadamente la pareja semi-antagónica resulta tan blanda y anónima que cuesta trabajo interesarse en sus problemas... en otras palabras, Jackson los devora con su arrolladora presencia, y sobra decir que este es uno de esos papeles que podría interpretar hasta dormido; pero, por el lado amable, debo admitir que cada uno de sus tipos rudos tiene algo que lo distingue de los demás, y eso es lo que lo hace un buen actor. Desde su genérico y risible villano en Jumper hasta su intenso artista en Black Snake Moan, podemos ver los detalles que Jackson añade a sus personajes, dándoles vida e identidad propia; de hecho, esa rara cualidad es aún más notoria en las abundantes malas películas que frecuentemente lo emplean, y de vez en cuando se convierte en el único punto positivo de esas cintas. No quiero decir que Vecinos en la Mira sea una de esas malas películas, aunque definitivamente no es de sus mejores proyectos.
El problema principal de la cinta es tratar de hacer un fuerte comentario social sobre la pluralidad cultural prevaleciente en muchas ciudades, y la intolerancia racial que ello provoca. Claro, las cuestiones raciales son siempre un fácil y candente tema de discusión, y muchas películas las emplean para confrontar a su audiencia y promover la discusión de temas sin fácil solución. Creo que Crash lo logró (a pesar de lo que piensan sus abundantes detractores); también la excelente Rabbit Proof Fence y desde luego la clásica To Kill a Mockingbird; pero en manos del director Neil LaBute parece ser sólo una excusa para complicar una historia excesivamente simple y disimular el hecho de que el ridículamente autoritario villano, a pesar de su racismo, paranoia, y obvia inestabilidad emocional, tiene la razón en muchos de sus comentarios. El resultado es que encontré imposible estar a favor de alguien en la película, pues terminé también sintiendo igual antipatía por los inocentes "héroes"... no por su raza o situación marital, sino porque simplemente son malos vecinos. ¿Arrojar colillas de cigarro a la propiedad de otras personas? Totalmente inaceptable ¿Realizar actividades sexuales a la vista de otros? No me ofenden personalmente, pero entiendo que a muchas personas podría parecerles inapropiado. En resumen, ninguno es inocente, y todos son culpables de algo. ¿Fue ese el punto de la cinta? Lo ignoro, pero después de casi dos horas de "estira y afloja", ya había perdido interés.
Entonces, hay indudablemente puntos interesantes en Vecinos en la Mira, incluyendo la actuación de Samuel L. Jackson, algunos intensos momentos de ambigua moralidad (como el enfrentamiento entre el policía y un criminal latino), pero también abundan las escenas ridículas y forzadas (como la fiesta con bailarinas o una conversación al lado de la piscina). En general me mantuvo entretenido (aunque algo irritado) y no me arrepiento de haberla visto, pero hubiera deseado un enfoque más sobrio sobre el tema, con personajes más inteligentes y con menos artífices de thriller (incluyendo el atrozmente operático final). En resumen, empieza bien pero se desmorona durante la segunda hora, cuando todo se sale de control... los personajes, la naturaleza... y hasta el guión mismo.
Calificación: 6.5
Independientemente de su talento real como actriz, Keira Knightley ha juntado en su corta pero impresionante carrera una muy variada colección de personajes, y aunque se volvió famosa en cintas "de época" (como la trilogía de Pirates of the Caribbean, Pride and Prejudice, y la sobrevaluada Atonement), tampoco hay que olvidar sus interpretaciones más "modernas", desde la inestable cazadora de recompensas en Domino hasta la juvenil jugadora de soccer en Bend It Like Beckham. Yo tenía la esperanza de que La Duquesa funcionaría como un puente entre ambos estilos, ya que el personaje central (la Duquesa de Devonshire) aparece en los libros de historia (bueno, al menos en Wikipedia) como una precursora del feminismo y una de las primeras celebridades que empleó su fama con fines políticos y sociales. Desafortunadamente el libreto decidió poner más énfasis en la tormentosa vida romántica de la protagonista, dando como resultado otra cinta de época con ceñidos vestidos, ostentosas pelucas y trémulas declaraciones de amor y odio, que en muy poco se distingue de las decenas de cintas similares que cada año luchan por nominaciones al Óscar.Sin embargo, dentro de ese especializado género, me parece que La Duquesa merece un lugar elevado, pues los detallados vestuarios, locaciones y costumbres históricas se complementan con muy sólidas actuaciones, no sólo de la protagonista, sino del talentoso elenco de apoyo en el que destaca indiscutiblemente Ralph Fiennes como el Duque de Devonshire, un hombre aparentemente cruel y frío que oculta emociones intensas y una férrea lógica que quizás lo hace desagradable, pero que probablemente era una herramienta indispensable para navegar el complejo mundillo de intrigas, rumores y poderes jerárquicos tan populares en siglo dieciocho (y en el veintiuno).También merece mención Hayley Atwell como Bess Foster, una elegante pero sojuzgada mujer de sociedad que se convierte en la mejor amiga de la Duquesa porque comprende la función de la mujer en la aristocracia... y los sufrimientos que ello implica. En algunos aspectos Foster podría considerarse la "villana" de la historia, pero el guión y la actriz conspiran para crear una figura ambigua y creíble, cuya humanidad impulsa el drama con reacciones y actitudes totalmente comprensibles en su situación. En similares circunstancias encontramos a la legendaria Charlotte Rampling como Lady Spencer, madre de la Duquesa, quien no duda en sacrificar la futura felicidad de su hija en aras de su posición económica y, más importante, del orgullo social (creo que Jane Austen escribió varios libros sobre el mismo tema). Me alegra que Rampling esté apareciendo últimamente en cintas con mayor distribución internacional, pues si bien nunca ha dejado de trabajar en sus cuarenta años de carrera, había dedicado las últimas décadas a apariciones en cine de arte europeo que rara vez llega a los multicinemas de América.La Duquesa es un satisfactorio relato romántico que además nos muestra un retrato superficial de la vida y tiempos de un fascinante personaje histórico. Me hubiera gustado que pusiera más énfasis en la biografía y menos en el drama (por ejemplo, explicar mejor su papel en la naciente rivalidad entre los "Whigs" y los "Tories", que aún hoy divide al Reino Unido), pero de cualquier modo resulta una entretenida experiencia que, en el mejor de los casos, puede ilustrar cómo ha cambiado (o no) la opresión femenina a lo largo de los siglos. E incluso quien no desee profundizar tanto en la trama tal vez quede satisfecho con el magnífico desfile de opulentos palacios, funciones de gala y elegantes vestidos. De cualquier modo, La Duquesa es una cinta recomendable con suficientes niveles y detalles para agradar a una amplia gama de espectadores... incluyendo los fetichistas de las pelucas.Calificación: 8.5
Fui a ver Crepúsculo sin conocimiento alguno de las populares novelas en las que se basa la película y con expectativas bastante bajas, pues por los anuncios y comentarios que había escuchado parecía ser un simple refrito de Buffy the Vampire Slayer, pero sin su acción, humor o ingenio; en otras palabras, un trágico "romance prohibido" entre adolescentes, lleno de trémulas declaraciones de amor, pero condenado al fracaso por las inescapables diferencias entre los amantes. Sospecho que el concepto ya estaba bastante rancio cuando Shakespeare lo usó hace 400 años, pero supongo que seguirá siendo válido mientras haya hormonas adolescentes. De cualquier modo, para mi sorpresa, cuando salí del cine no estaba exactamente impresionado, pero sí satisfecho tras una experiencia interesante y entretenida, aunque no por ello perfecta. Por cierto, creo que nunca me había sentido tan fuera de lugar en una función de cine, rodeado de estridentes chicas obviamente "pre-enamoradas" de los personajes de la novela. Qué viejo me sentí...La trama (por si la referencias previas a Buffy y Romeo y Julieta no bastaran como explicación) sigue el intenso pero casto romance entre la joven Bella (Kristen Stewart) y Edward Cullen (Robert Pattinson), miembro de un clan vampírico que rehúsa alimentarse de sangre humana. Y por si no fuera ya bastante problema asimilar el extraño mundo de su novio, Bella tendrá también que sobrevivir el ataque de otro grupo de vampiros, que no han hecho promesa alguna sobre su fuente principal de alimento...Como dije, no he leído las novelas de la serie escritas por Stephenie Meyer, y por lo tanto no puedo evaluar la fidelidad de la adaptación cinematográfica, pero a juzgar por las exclamaciones de las adolescentes, sospecho que se preservó lo necesario para dejar contentos a los seguidores de la versión literaria. Igualmente importante es que, bajo la dirección de Catherine Hardwicke, la película encuentra un balance adecuado entre fantasía romántica y aventura juvenil con tenues atisbos de suspenso e inocuo terror, logrando ser por mérito propio una amable y entretenida experiencia que no exige conocimientos previos para disfrutarse aunque sea en su más básico nivel.Habiendo dicho eso, quiero proponer la hipótesis de que muchos pasajes de la película funcionaron mejor en la página escrita que en su versión filmada. Como ejemplos puedo señalar la pálida piel de los vampiros, que en las primeras escenas los hace parecer como una familia de lúgubres mimos; la reacción que tienen con el sol... no me importa que contradiga el folklore vampírico establecido en cientos de películas y novelas, pero sí me parece demasiado afectada y arbitraria: "Esta es la piel de un asesino"... ¿en serio? Al menos para mi no funcionó ni el efecto ni el concepto mismo. Y ¿qué decir del partido de Quiddi- perdón, de béisbol vampírico? Otro concepto dudoso mal llevado a la pantalla con deficientes efectos de "wirework" y un tono ambiguo que debe haber sido más divertido en el libro.En fin, sigo pensando que Buffy the Vampire Slayer trató el mismo tema con más inteligencia e ingenio (y menos sentimentalismo), pero aún así me gustó Crepúsculo, y la puedo recomendar con confianza, pues incluso quienes no hayan leído las novelas encontrarán una sólida historia, un elenco perfectamente bien seleccionado (me dio gusto ver a Peter Facinelli en un papel benevolente) y una directora que confía lo suficiente en el material para meterse de lleno en los más empalagosos pasajes, al mismo tiempo que no teme enfrentar los momentos violentos o emocionalmente duros. Y, claro, sobra decir que los fans seguramente quedarán felices y garantizarán la existencia de futuras secuelas. Creo que me abstendré de leer los libros, pero no me molestaría ver las siguientes películas. Sólo desearía que hubiera un poco más de terror y menos lánguidas miradas entre los trágicos amantes. Y que los vampiros tuvieran colmillos en vez de ropa de diseñador.Calificación: 8.5
A pesar de su famoso elenco, la película Smart People no recibió mucho apoyo del distribuidor Miramax, y luego de un corto paseo por festivales de cine fue lanzada a DVD sin gran fanfarria o publicidad. Usualmente eso sería muy mala señal, pero creo que el problema no es realmente su calidad, sino el extraño tono de la historia y sus letárgicos personajes, que impiden la fácil clasificación de esta obra.
En pocas palabras, Smart People es otra de tantas películas acerca de las vicisitudes (reales o imaginarias) de un hombre maduro, incapaz de disfrutar su estable vida quizás por sentir el peso de los años y la extinción de sus sueños juveniles. ¿Logrará rescatarlo el amor?
Esta vez el hombre en cuestión es un profesor universitario (Dennis Quaid), competente pero arrogante, cuya rutinaria existencia cambia cuando una caída lo deja incapacitado para conducir por varios meses. Entonces, para ayudarlo a transportarse, se mete en su vida su hermano adoptivo (Thomas Haden Church), un hombre ordinario y comparativamente ignorante pero con mucho más sentido común que el resto de la familia, que incluye a una hija adolescente con obsesivas ideas políticas (Ellen Page) y un hijo universitario con gusto por la poesía (Ashton Holmes). Y por si no fuera suficiente, también empieza a vislumbrarse un poco de romance en la vida del profesor, cuando su doctora (Sarah Jessica Parker) empieza a insinuar la atracción que existe entre ambos.
Suena como una perfecta receta de melodrama romántico, capaz de generar igualmente lágrimas y risas mientras nos enseña algunas verdades sobre la naturaleza humana. Algo así como Little Miss Sunshine o Juno, pero con énfasis en el público masculino maduro. No obstante, por diseño o por azar, la película resulta demasiado pretenciosa y solemne para alcanzar esa satisfactoria mezcla de drama y humor. No es un error fatal pero, como dije, la hace más difícil de clasificar y, por lo tanto, vender.
El mejor elemento de la cinta es Thomas Haden Church, repitiendo el papel que usualmente interpreta: un hombre tosco pero afable, con más entendimiento de la humanidad que los pretenciosos "intelectuales" que lo rodean. Y aunque no sea muy original en su desempeño o diálogos, Church tiene genuino talento para ese tipo de roles, y funciona como el eje emocional de la película, representando un respiro de los pesados y auto-destructivos personajes que emplea la trama.
Por su parte, Dennis Quaid entrega una actuación sólida y creíble, aunque no muy profunda o emotiva. Supongo que la frialdad que exuda es necesaria para transmitir el estado anímico de su personaje, pero en ocasiones parece que simplemente no le interesa mucho su papel. Finalmente, la joven Ellen Page sigue tratando de escapar la sombra de Juno, y aunque su personaje es totalmente distinto, el estilo de la joven actriz le da una similar actitud y tono; me gusta el trabajo de Page en casi todas sus películas, y es obvio que puede interpretar muy bien ciertos papeles, pero quizás carece de rango para extender su interpretación a personalidades distintas a los que le hemos visto hasta el momento.
Creo que ha habido mejores películas sobre hombres atravesando su crisis de la edad madura (la mejor es probablemente American Beauty, pero también merecen mención Sideways, Wonder Boys y Iron Man -¡ja!-), pero a pesar de avanzar con excesiva lentitud y dar demasiadas vueltas antes de llegar al obvio final, Smart People tiene suficientes momentos interesantes y comentarios sarcásticos para merecer una tenue recomendación. No es muy graciosa ni sincera, pero el perfecto elenco ayuda bastante a hacer más digerible el pesado libreto. Y, en el mejor de los casos, podría servir como una irónica advertencia para quienes nos acercamos a esa peligrosa edad.
Calificación: 7