La comedia juvenil me ha decepcionado bastante en tiempos recientes, gracias a la multitud de insoportables bodrios directos a DVD que casi han extinguido mi gusto por este menospreciado género. Pero Fired Up llamó mi atención por no caer en el fácil humor escatológico de esas cintas; y aunque se ampara en la vieja fórmula de "patanes en busca de sexo", emplea un contexto y desarrollo suficientemente distintos para separarla de los baratos clones de American Pie que buscan ocupar el nicho creado por clásicas cintas de mayor ingenio e inteligencia, desde Clueless y Weird Science hasta Can' Hardly Wait. Y cuando sugiero que Weird Science es comparativamente inteligente, se darán cuenta del profundo abismo en el que ha caído el género. Fired Up no logra rescatarlo, pero al menos ofrece esperanza sobre su futura supervivencia. La historia se centra en Shawn (Nicholas D'Agosto) y Nick (Eric Christian Olsen), un par de hábiles pero apáticos futbolistas que sólo buscan destacar en el deporte para atraer y seducir a todas las chicas de su escuela. Pero cuando se enteran de la existencia de un curso al que asisten cientos de animadoras para pulir sus rutinas, los pícaros jóvenes deciden abandonar el fútbol e integrarse al escuadrón femenil, lo cual les permitirá pasar varias semanas rodeados de mujeres con muy poca competencia masculina. Sin embargo, sus sexistas propósitos empiezan a cambiar cuando experimentan la camaradería y satisfacción de ayudar a sus compañeras... ¿será posible que estos rijosos muchachos aprendan una lección que no esperaban?
Como podemos suponer, los aspectos técnicos de Fired Up muestran profesionalismo, pero no excesiva creatividad. Lo mismo aplica a las actuaciones, aunque el entusiasmo del elenco disculpa su apenas funcional talento. Por su parte, el director mantiene un ágil ritmo, derrochando energía en cada escena y compensando adecuadamente su falta de genuina visión (un par de transiciones interesantes no bastan para dar identidad visual a la película). Por suerte el guión de Freedom Jones y Will Gluck sale al rescate con simpáticas situaciones que de algún modo concilian el obvio mensaje de igualdad y tolerancia que propone la película, con su más inmediata función de lucir guapas animadoras en breves atuendos. Los personajes son uniformemente graciosos (aunque irritantes) y sus chispeantes diálogos navegan las peligrosas aguas del post-modernismo, con abundantes referencias que serían insufribles si no fueran tan acertadas en su análisis de la diferencia entre los sexos, la amistad y desde luego la cultura popular contemporánea (no podía faltar una mención del ex-porrista George W. Bush). El co-escritor Will Gluck también dirigió la cinta, y podremos apreciar más su casual estilo si contemplamos su trabajó como guionista de Grosse Pointe y The Loop, dos excelentes series televisivas que lamentablemente no tuvieron gran fama, aunque han ganado estatus de culto desde su lanzamiento en DVD. Sus premisas fueron totalmente distintas a la de Fired Up, pero sirven como claro precedente del irreverente humor y locuaces personajes que adornan la trama.
Fired Up no busca reemplazar a la genial Bring It On como el máximo estándar contra el que es inevitable comparar toda película sobre animadoras (incluso le rinde tributo en una muy divertida escena). Simplemente busca hacernos reír con una perspectiva distinta, igualmente válida y graciosa, de un intenso deporte cuya dificultad y disciplina se ven casi siempre opacadas por los más obvios atributos de sus practicantes. Y para quien sólo esté interesado en esos atributos, baste decir que la escena con cientos de guapas chicas haciendo sugestivos ejercicios bastará para borrar de la memoria las más explícitas pero menos interesantes obras de “cheerploitation” tan populares en los setentas. Entonces puedo recomendar Fired Up para quienes busquen una comedia juvenil que fundamente sus risas en el ingenio de sus personajes, y no en la cantidad de fluidos corporales que puedan emitir, vomitar o ingerir. Tan sólo por eso resulta mejor que casi todas las que he visto en los últimos cinco años, y sólo queda esperar que su existencia inspire otras obras de igual o superior humor... en vez de mediocres imitadoras de nula calidad. Tres hurras por que así sea.
Calificación: 8



































