lunes, 15 de junio de 2009

Fired Up

La comedia juvenil me ha decepcionado bastante en tiempos recientes, gracias a la multitud de insoportables bodrios directos a DVD que casi han extinguido mi gusto por este menospreciado género. Pero Fired Up llamó mi atención por no caer en el fácil humor escatológico de esas cintas; y aunque se ampara en la vieja fórmula de "patanes en busca de sexo", emplea un contexto y desarrollo suficientemente distintos para separarla de los baratos clones de American Pie que buscan ocupar el nicho creado por clásicas cintas de mayor ingenio e inteligencia, desde Clueless y Weird Science hasta Can' Hardly Wait. Y cuando sugiero que Weird Science es comparativamente inteligente, se darán cuenta del profundo abismo en el que ha caído el género. Fired Up no logra rescatarlo, pero al menos ofrece esperanza sobre su futura supervivencia.

La historia se centra en Shawn (Nicholas D'Agosto) y Nick (Eric Christian Olsen), un par de hábiles pero apáticos futbolistas que sólo buscan destacar en el deporte para atraer y seducir a todas las chicas de su escuela. Pero cuando se enteran de la existencia de un curso al que asisten cientos de animadoras para pulir sus rutinas, los pícaros jóvenes deciden abandonar el fútbol e integrarse al escuadrón femenil, lo cual les permitirá pasar varias semanas rodeados de mujeres con muy poca competencia masculina. Sin embargo, sus sexistas propósitos empiezan a cambiar cuando experimentan la camaradería y satisfacción de ayudar a sus compañeras... ¿será posible que estos rijosos muchachos aprendan una lección que no esperaban?

Como podemos suponer, los aspectos técnicos de Fired Up muestran profesionalismo, pero no excesiva creatividad. Lo mismo aplica a las actuaciones, aunque el entusiasmo del elenco disculpa su apenas funcional talento. Por su parte, el director mantiene un ágil ritmo, derrochando energía en cada escena y compensando adecuadamente su falta de genuina visión (un par de transiciones interesantes no bastan para dar identidad visual a la película). Por suerte el guión de Freedom Jones y Will Gluck sale al rescate con simpáticas situaciones que de algún modo concilian el obvio mensaje de igualdad y tolerancia que propone la película, con su más inmediata función de lucir guapas animadoras en breves atuendos. Los personajes son uniformemente graciosos (aunque irritantes) y sus chispeantes diálogos navegan las peligrosas aguas del post-modernismo, con abundantes referencias que serían insufribles si no fueran tan acertadas en su análisis de la diferencia entre los sexos, la amistad y desde luego la cultura popular contemporánea (no podía faltar una mención del ex-porrista George W. Bush). El co-escritor Will Gluck también dirigió la cinta, y podremos apreciar más su casual estilo si contemplamos su trabajó como guionista de Grosse Pointe y The Loop, dos excelentes series televisivas que lamentablemente no tuvieron gran fama, aunque han ganado estatus de culto desde su lanzamiento en DVD. Sus premisas fueron totalmente distintas a la de Fired Up, pero sirven como claro precedente del irreverente humor y locuaces personajes que adornan la trama.

Fired Up no busca reemplazar a la genial Bring It On como el máximo estándar contra el que es inevitable comparar toda película sobre animadoras (incluso le rinde tributo en una muy divertida escena). Simplemente busca hacernos reír con una perspectiva distinta, igualmente válida y graciosa, de un intenso deporte cuya dificultad y disciplina se ven casi siempre opacadas por los más obvios atributos de sus practicantes. Y para quien sólo esté interesado en esos atributos, baste decir que la escena con cientos de guapas chicas haciendo sugestivos ejercicios bastará para borrar de la memoria las más explícitas pero menos interesantes obras de “cheerploitation” tan populares en los setentas. Entonces puedo recomendar Fired Up para quienes busquen una comedia juvenil que fundamente sus risas en el ingenio de sus personajes, y no en la cantidad de fluidos corporales que puedan emitir, vomitar o ingerir. Tan sólo por eso resulta mejor que casi todas las que he visto en los últimos cinco años, y sólo queda esperar que su existencia inspire otras obras de igual o superior humor... en vez de mediocres imitadoras de nula calidad. Tres hurras por que así sea.
Calificación: 8

sábado, 13 de junio de 2009

Mientras Estás Fuera (While She Was Out)

Recuerdo hace veinte años cuando Kim Basinger era simplemente una cara bonita que adornaba películas con típicos papeles de rubia boba, objeto romántico o damisela en peligro. Pero entonces ganó un Óscar por su trabajo en la excelente cinta L.A. Confidential, y creo que no fui el único sorprendido... ¡La modelo de tantos papeles insulsos sabía actuar! Sin embargo, por alguna razón su carrera desde entonces no siguió el camino ideal. Cierto, el prestigio que ganó le dio acceso a películas de cierto prestigio, pero nunca más la vimos en papeles sustanciosos, donde luciera realmente su aparente talento.

Desafortunadamente
Mientras Estás Fuera continúa esa tendencia, pues en ella encontramos a Basinger de nuevo en su antigua rutina de rubia en peligro... aunque no puedo negar que la evolución que sufre su personaje resulta intensa y marginalmente creíble.

La película comienza con una de mis pesadillas personales... una visita al centro comercial en Noche Buena. La protagonista es Della Myers (Kim Basinger) madre de dos niños que sale de su casa suburbana en busca de papel para envolver regalos navideños; y quizás también para escapar por un momento la opresiva presencia de su abusivo esposo Kenneth (Craig Sheffer). Como se puede suponer, el estacionamiento del centro comercial es un caos de vehículos y personas, y cuando Della finalmente encuentra lugar para su coche, decide dejar una nota en el parabrisas de un automóvil que ocupa dos lugares, recriminando tan irresponsable actitud. Mala idea... cuando Della regresa a su vehículo, el estacionamiento está desierto, y el dueño del otro coche (junto con sus amigos), han decidido hacerla pasar un mal rato. Las cosas empeoran cuando un guardia de seguridad trata de ayudarla y recibe una bala en la cabeza. Della entonces aprovecha la sorpresa para huir; pero los jóvenes, que ahora la consideran testigo del asesinato que cometieron, la persiguen hasta el cercano bosque. Y la única defensa de la aterrada mujer es una caja de herramientas que deberá utilizar para salir con vida de la terrible situación...

La estructura de Mientras Estás Fuera no podría ser más básica para una simple cinta de suspenso. La protagonista debe enfrentar retos extraordinarios que pondrán a prueba su resistencia e instinto de supervivencia, lo cual contrasta con su papel de amante madre y sumisa esposa. En ese básico nivel la película cumple su cometido gracias al mencionado talento de Kim Basinger. Aunque las situaciones que crea el libreto no son muy convincentes, la actriz consigue darles la mínima profundidad y emoción necesarias para mantener el interés del espectador. Pero por cada momento de genuina tensión y angustia tenemos excesivos clichés, especialmente en lo que se refiere a los genéricos villanos, sin motivación ni personalidad más allá de sus grupos étnicos. Peor aún, conforme se acerca el final, la directora Susan Montford decide subir el nivel del melodrama hasta niveles absurdos, al mismo tiempo que reduce la inteligencia de los personajes. Para variar, la trama necesita que Della y los villanos cometan las peores estupideces, porque el escritor no encontró un modo ingenioso o creativo para impulsar la historia.

Por el lado positivo puedo mencionar un par de jugosas y sangrientas escenas de inesperada violencia; también agradezco que la película haya sido bastante corta (alrededor de una hora y quince sin contar los créditos –¡salí con tiempo suficiente para ver Star Trek otra vez!). Y supongo que debería agradecer también la perspectiva feminista de Mientras Estás Fuera... pero sus buenas intenciones no disculpan la anémica dirección, los irritantes monólogos del villano o el ridículo final. A fin de cuentas creo que debo abstenerme de recomendar esta película, no por una mediocridad global, sino por los muchos tropiezos menores que se acumulan hasta hacer la experiencia cansada y decepcionante. Pero al menos quedé con una buena impresión del trabajo de Kim Basinger... aún no es tarde para encontrar ese mágico papel que la regrese al nivel que alguna vez ocupó.
Calificación: 5

viernes, 12 de junio de 2009

Una Noche en el Museo 2 (Night at the Museum: Battle of the Smithsonian)

Qué labor fue aguantar Una Noche en el Museo 2. Me sentía inquieto en la butaca del cine... como niño hastiado que no sabe qué hacer. Y les aseguro que no era el único en ese estado de agitación, pues a pesar de que fui a una función nocturna (como suelo hacer con películas "para niños", para evitar a ese ruidoso segmento del público) había varias familias en la audiencia, y todas parecían ocupadas en controlar a sus hijos. No los culpo.

Al principio de la película encontramos a Larry Daley (Ben Stiller) en la cima de su carrera como inventor de artículos frívolos pero populares (admito que la linterna es buena idea). Sin embargo aún recuerda con nostalgia los buenos momentos que pasó como guardia nocturno del
Museo de Historia Natural de Nueva York, haciéndose amigo de las exhibiciones que cobran vida durante la noche gracias a la magia de una reliquia egipcia. Pero en una visita al museo se entera de que está a punto de ser renovado con tecnología que hará obsoletas las antiguas exhibiciones... mismas que serán enviadas al Museo Smithsoniano en Washington, para ser almacenadas indefinidamente. Entonces, con la ciber-ayuda de su hijo Nicky (Jake Cherry), Daley viaja a Washington con el fin de "liberar" a sus didácticos amigos... pero no será tan fácil, pues cuando la reliquia da vida a los millones de objetos exhibidos en el Museo Smithsoniano, también despierta a un siniestro faraón egipcio, y con la ayuda de Iván el Terrible, Al Capone y otros históricos villanos, tratará de explotar la magia de la reliquia para resucitar su imperio de terror. Entonces Larry debe impedir esa catástrofe con ayuda de sus antiguos amigos y algunos nuevos aliados, como Amelia Earhart (Amy Adams), Abraham Lincoln (voz de Hank Azaria)... y un enorme pulpo.

Una Noche en el Museo 2 se siente como un libreto de 10 páginas extendido a 100. No sólo duran las escenas más de lo necesario, sino que la gran mayoría me pareció irrelevante. Entonces, para rellenar todo ese tiempo extra, el director tiene dos opciones: alargar los bobos diálogos con la esperanza de que surja por ahí un chiste que funcione... o asignar más efectos especiales para disimular la increíble simpleza de la trama. Como ejemplo puedo señalar una tediosa secuencia en la que Larry y Amelia Earhart buscan la solución a una clave secreta. Primero se les ocurre visitar la estatua del Pensador, porque debe ser bueno para pensar. Sin embargo, la metálica escultura está ocupada flirteando con otra exhibición, y los héroes deciden preguntarle a Abraham Lincoln, de quien reciben algunas sabias palabras, pero no la respuesta que buscan. Entonces Larry recuerda que vio juguetes "bobbleheads" de Albert Einstein en la tienda del museo, y se dirigen ahí para hacerle la misma pregunta. La solución resulta ser bastante estúpida, pero no importa, pues ya "quemaron" 10 minutos con inútiles efectos especiales e insípidos "chistes" que, en el mejor de los casos, apenas provocan una forzada sonrisa.

Y así se desarrolla el resto de la película, que de nuevo encuentra el modo de desperdiciar la presencia de hábiles comediantes (entre las nuevas víctimas están Hank Azaria, Christopher Guest, Bill Hader y varios veteranos de The Office). Ben Stiller hace lo que puede para hacer más amena la experiencia, y lo mismo intenta Amy Adams, valientemente enfrentando sus arcaicos parlamentos y tratando de generar interés romántico en el protagonista. Y aunque los mencionados efectos especiales son vistosos (¿mencioné abundantes?), carecen de visión estética que los haga realmente memorables... aunque admito que me gustó la animación del pulpo y la fugaz aparición de un cuadro animado de Lichtenstein.

No puedo recomendar
Una Noche en el Museo 2, pero entiendo si deja satisfecho al público infantil menos preocupado por narrativa y más interesado en una experiencia similar a la primera película, llena de ruido y acción pero hueca y desechable. Creo que esta secuela me hizo reír una sola vez (con una incongruente parodia de 300), pero no por eso olvido las decenas de bostezos que igualmente me provocó. La original Una Noche en el Museo buscaba redimir al protagonista ante los ojos de su hijo; esta vez la obligatoria homilía es "trabaja en lo que te haga feliz". Asumo que el director Shawn Levy es feliz haciendo mediocres películas familiares, y me alegro por él. Pero ojalá no cayera en nosotros pagar por su felicidad.
Calificación: 4

Hagamos una Porno (Zack and Miri Make a Porno)

Nota: Publiqué esta crítica hace meses, cuando salió el DVD de la película. Pero ahora que ha sido estrenada en México, decidí re-postearla para comodidad de los lectores.

Soy fan de Kevin Smith desde hace quince años, pero soy el primero en aceptar que su talento real como cineasta es bastante debatible. Y ni siquiera hace falta cri
ticar su débil estilo visual (que él mismo ha denunciado) o su legendaria vulgaridad; sólo basta ver su su limitado rango narrativo, que se revela vergonzosamente cada vez que intenta hacer algo fuera de su nicho. La comedia romántica Jersey Girl es el más claro ejemplo de ello, y aunque sea la única cinta de Smith que aborrezco, tengo que agradecer su fracaso, pues como resultado el director regresó al "universo de Jersey", al que había jurado nunca volver. Y si bien Clerks II me pareció bastante graciosa y válida como continuación de la original, no puedo negar que también sentí un poco de cansancio en el libreto y en el manejo de sus personajes.

Por eso mi expectativa sobre Zack and Miri Make a Porno estaba muy por debajo de las "clásicas" obras de Smith, situación empeorada por la adición de Seth Rogen como protagonista. No me desagrada este actor, pero siento que su rango es tan limitado como el del director, y aunque me ha hecho reír en varias películas, no sé qué tan longeva sea su rutina de "slacker" adulto pero inmaduro. Afortunadamente la combinación de estos dispares elementos, junto con la hilarante Elizabeth Banks y un brillante elenco secundario lograron recuperar mi fe en Kevin Smith, pues aunque no podría poner esta cinta entre sus mejores obras, definitivamente resultó ser una graciosa comedia cuya predecible vulgaridad oculta honestas emociones y una dinámica entre los protagonistas tan simpática e idealizada como la que existe entre Jay y Silent Bob . Pero con mayor atractivo visual.

Como su título amablemente indica, Zack and Miri Make a Porno se centra en Zack (Seth Rogen) y Miri (Elizabeth Banks), buenos amigos que comparten un decrépito departamento, junto con los gastos que ello implica. Su situación económica es bastante precaria, y cuando conocen a un actor porno se les ocurre la idea de hacer una película pornográfica amateur como último recurso para conseguir un poco de dinero y conservar su hogar. Entonces, con ayuda de amigos y profesionales en la materia, la pareja hace su mejor esfuerzo, sin darse cuenta de que el proyecto cambiará para siempre la dinámica entre ambos.

Supongo que en cierto modo podría suponerse que Smith está incursionando en el terreno de Judd Apatow, cuyas célebres comedias (ya sea como productor, escritor o guionista) visitan situaciones y temas similares... incluso varias han incluido a Seth Rogen y Elizabeth Banks en el elenco. Sin embargo, la principal diferencia es que Smith, a diferencia de Apatow, logra crear personajes simpáticos a pesar de sus fallas y vicios. El cine de Apatow se especializa en lucir la vulgaridad y "realismo" de sus personajes, mien
tras que el de Smith trata de encontrar la humanidad por debajo de esa vulgaridad. Los resultados no son exactamente realistas, pero sí creíbles, y más subversivos por ocultar cálidas emociones y hasta sentimentalismo detrás de sus ofensivos diálogos y situaciones.

Además, no sería una película de Kevin Smith sin sus acostumbradas referencias a los hitos de la cultura "pop" que tanto gustan a sus fans. Claro, Star Wars tiene una acertada parodia (en la forma de una potencial adaptación pornográfica), pero también hay detalles más oscuros y graciosos, como la presencia del maestro Tom Savini y el travieso nombre de un equipo de hockey: The Monroeville Zombies. Buen tributo a George A. Romero, y al hecho de que la cinta fue rodada en Pittsburgh. Debo mencionar también como parte del elenco secundario al hilarante Craig Robinson (uno de los mejores pero menos conocidos actores de The Office), el siempre iracundo Jeff Anderson y el casi extraterrestre Jason Mewes (ambos veteranos de Clerks); y Traci Lords como una sobria y eficiente veterana de la pornografía (¡qué inspiración!). Sin embargo, la actuación que más me sorprendió fue la de Katie Morgan, genuina actriz porno que realiza un decente trabajo en el papel de... una actriz porno. No será Meryl Streep, pero sus diálogos (combinados con su aguda voz) resultan creíbles y sinceros. Ojalá este sea el primero de muchos trabajos "legítimos" para esta incipiente actriz (¿O quizás ya ha aparecido en cintas "normales"? Francamente me da pereza leer su extensa filmografía buscando un título que no tenga las palabras "busty", "ass" o "bang").

Pero ¿qué quiere decir todo esto para quienes no saben (ni les importa) quién es Kevin Smith? Creo que Zack and Miri Make a Porno es una cinta bastante graciosa para audiencias casuales, siempre y cuando hayan apreciado (o tolerado) otras vulgares comedias de similar temática y estilo, como The 40 Year Old Virgin, Knocked Up y Superbad (todas ellas producidas por el mencionado Judd Apatow). Definitivamente no es una comedia para toda la familia (por si el título no fuera suficientemente claro), pero la encontré mucho más entretenida y graciosa que otras recientes comedias sexuales, como Sex Drive, My Best Friend's Girlfriend y Walk Hard: The Dewey Cox Story. Por todo eso y más, creo que la puedo recomendar con confianza, siempre y cuando el espectador no tenga problemas presenciando discusiones sobre la validez ideológica de la masturbación con aparatos eléctricos, ni considerando el set de una película pornográfica como una apropiada locación para desarrollar una comedia romántica. Porque detrás de sus hilarantes desnudos frontales, lluvias de excremento y burbujas vaginales, Zack and Miri Make a Porno es un simple relato de floreciente amor en inusuales circunstancias. Y creo que cumple su labor en ese simple nivel.
Calificación: 8.5

jueves, 11 de junio de 2009

Man on Wire

Inicialmente pensé que gracias al entretenido y económicamente exitoso trabajo de Michael Moore (dejemos a un lado su dudosa objetividad), los documentales generarían renovado interés, y sería más frecuente su exhibición en cines. Lamentablemente no fue así y, como siempre, los mejores exponentes de ese menospreciado género se ven relegados a ocasionales festivales de cine o el obligatorio mercado del DVD. Es una pena, pues las nuevas generaciones de cineastas interesados en filmar la realidad (aunque sea filtrada a través de su visón) han ayudado a la evolución del documental, haciéndolo más accesible, dinámico y entretenido que muchas películas de ficción. Entre los mejores documentales que han escapado la atención del gran parte del público puedo señalar The King of Kong, Anvil, Global Metal y, obviamente, Man on Wire.

Esta excelente película dibuja en amplios trazos la vida del artista
Philippe Petit, famoso por sus audaces e ilegales actos de alambrismo en lugares públicos, como las torres de la iglesia de Notre-Dame, en París; los pilares del puente de la bahía de Sydney, en Australia... y la caminata entre las torres del World Trade Center, en Nueva York. Este inigualable evento ocupa la mayor parte del documental, mostrando la meticulosa planeación y realización de la hazaña con entrevistas contemporáneas, pietaje histórico y recreaciones con actores. Y aunque participaron en el proyecto una docena de personas, no hubiera sido posible tener éxito sin el increíble empuje y visión de Petit... auxiliado por asombrosas dosis de buena suerte.

Obviamente esta proeza tuvo lugar hace treinta y cinco años, cuando las torres estaban en las etapas finales de su construcción, y el cuerpo de seguridad estaba acostumbrado a ver trabajadores con extraño equipo subir hasta los pisos superiores de los edificios. Aún así el relato es fascinante y con más suspenso que cualquier película sobre robos bancarios o fugas espectaculares... incluso si sabemos cómo terminará. Pero más allá del aspecto mecánico de la caminata, parece más importante la preparación mental y espiritual del artista y sus cómplices, así como las consecuencias que posteriormente tuvo en su dinámica personal. También hay lugar para el humor en esta extraordinaria historia, no sólo por la grácil y locuaz actitud de los entrevistados, sino por las traviesas referencias a la cultura norteamericana vista a través de la sensibilidad francesa. Sutiles frases como "...para disfrazarme de norteamericano puse muchos bolígrafos en mi bolsillo", y las entrevistas a policías y oficiales reaccionando al evento, pintan una vívida imagen del espíritu social y corporativo de los Estados Unidos en los setentas, lo cual no les impide reconocer la belleza y potencia de la hazaña de Petit.

Supongo que Man on Wire no es un documental de gran ambición o elevada intención. No cambiará al mundo y no busca crear conciencia sobre el genocidio en África o similares atrocidades. Simplemente trata de compartir el asombro y emoción de un evento perdido en la historia que merece una segunda mirada para ayudarnos a ver el mundo contemporáneo con nuevos ojos, y quizás soñar con el día en que sean nuevamente posibles hazañas de ese calibre, realizadas sin patrocinios de bebidas deportivas ni filmadas para un "reality show". Y quizás para recordar con nostalgia un momento del tiempo en el que media docena de franceses y australianos lograron introducir una tonelada de equipo a un rascacielos sin levantar sospechas ni ser acusados de terrorismo. En resumen, Man on Wire no cambia al mundo, pero retrata el mundo que ya cambió.
Calificación: 9

lunes, 8 de junio de 2009

Fanboys

El largo camino que recorrió la película Fanboys para finalmente producirse comenzó a fines del siglo veinte (1998, por lo menos), cuando se diseminaron rumores en el Internet sobre la existencia de un notable guión centrado en fans de Star Wars que desean ver el Episodio 1 (The Phantom Menace) antes de que se estrene oficialmente. Los selectos afortunados que lo habían leído reportaban que era una perfecta mezcla de sátira/homenaje a la saga de Star Wars, y al mismo tiempo un entusiasta preludio de lo que parecía ser el evento que cambiaría nuestras vidas para siempre (Jar Jar). Sin embargo, el momento pasó; The Phantom Menace se estrenó, seguida de dos precuelas más, y aún no había rastro de Fanboys (excepto en un corto neozelandés oblicuamente relacionado, pero con un argumento distinto).

Ahora, once años tarde, el largometraje
Fanboys llega a DVD, y aunque genera bastantes risas por sus acertados comentarios sobre Star Wars (y los fans en general), confieso que mi reacción fue un poco tibia, pues las sagradas precuelas resultaron tal decepción que enfriaron definitivamente mi previa pasión por todo lo relacionado con la saga. Estimo que si Fanboys se hubiera estrenado (como se planeaba) ANTES del Episodio 1, me hubiera parecido una perfecta comunión entre fans y película (algo así como me ocurrió con la irregular pero divertida Free Enterprise). Sin embargo, a diez años de haber visto mi nostalgia abatida por la cruda realidad, la experiencia de Fanboys fue simpática, pero anacrónica e intrascendente.

De cualquier modo esta cinta tiene todo el derecho de ser evaluada por méritos propios, así que comencemos por enterarnos de su trama: en 1998 cuatro amigos que se distanciaron a lo largo de los años encuentran motivo para reunirse y renovar su amistad... aunque sea por circunstancias adversas. Linus (Chris Marquette) tiene cáncer y le quedan algunos meses de vida... pero no los suficientes para llegar al estreno de The Phantom Menace. Entonces, con ayuda de un misterioso cómplice poseedor de valiosa información sobre el Rancho Skywalker (epicentro del imperio de George Lucas), los cuatro jóvenes deciden emprender el viaje desde Ohio hasta California con el fin de infiltrarse en el estudio y robar una copia de la película, para que su desahuciado amigo pueda verla antes de morir. Sobra decir que el camino estará lleno de peligros (incluyendo Ewoks en celo, Danny Trejo... y trekkies), y que el cuarteto aprenderá duras lecciones de vida que nada tienen que ver con la ciencia ficción.

Aceptémoslo: sin las referencias a Star Wars (y, sorpresivamente, Star Trek), Fanboys sería una genérica "road movie". Algunos personajes maduran, otros aceptan su lugar en el mundo, y no faltan los que encuentran que la felicidad estuvo todo el tiempo a su lado, aunque no tenían la capacidad de reconocerlo. Quizás me muestre demasiado indulgente, pero la adición de esas referencias (¡por no mencionar a RUSH!) bastaron para elevar la energía de la película, y me hicieron pasar un rato muy agradable, en gran parte porque vi en ella reflejadas muchas situaciones que experimenté personalmente (confieso por primera vez que hubo una etapa de mi vida en la que también cargué conmigo un R2-D2 para tener buena suerte - aunque también influyó en ello la canción de 45 GraveR2-D2 is Buddah”). Igualmente me hicieron reír las apariciones de actores cuyo significado reconocerán los fans, y aunque parecen gratuitos regalos para el público, los recibí con gusto, pues de algún modo validan la historia con su presencia.

Si algo no me gustó fue que Fanboys perpetúa el mito de la enemistad entre trekkies y fans de Star Wars. Francamente no veo el conflicto, especialmente en vista de que el mensaje de ambas sagas incluye la tolerancia entre especies distintas (aunque Trek sea la especie superior. ¡Ja!). Por lo demás, como dije, pasé un buen rato y puedo recomendar la película, especialmente para fans de ciencia ficción que quieran verse reflejados en sus mejores y peores momentos por los graciosos personajes de la historia. Hablando de lo cual, los actores resultaron un poco blandos (con la excepción de Veronica Mar... digo, Kristen Bell), pero incluso eso funciona bien, pues el anonimato aporta credibilidad a su papel de jóvenes normales que han dejado a su afición tomar un lugar demasiado importante en sus vidas. Yo también he cometido ese error y no planeo cambiar, pero quizás alguien más inteligente y maduro pueda aprender buenas lecciones con Fanboys. Mucha suerte para ustedes. Mientras tanto, voy a discutir en línea cómo el Enterprise D podría destruir a la Estrella de la Muerte (tele-transportación de anti-materia).
Calificación. 8.5

sábado, 6 de junio de 2009

Up: Una Aventura de Altura (Up)

Hace un par de años, cuando el estudio Pixar anunció el incremento en su volumen de producción, muchos temimos que el esfuerzo de realizar una película por año (en vez de una cada dos o tres años) reduciría la calidad de sus guiones. Los resultados obtenidos desde entonces han probado parcialmente ese temor. Mientras que obras como Ratatouille y Wall-E se acercan a la excelencia de Toy Story y Monsters, Inc., también hemos visto películas menos pulidas, como Cars... y ahora Up.

Desde luego no digo que Up sea mala. La experiencia general es tremendamente satisfactoria, muy graciosa y en ocasiones poseedora de notable profundidad dramática. En muchos aspectos es la película más madura de Pixar, ya que presenta al personaje más consistente y rico en detalle psicológico que hemos visto en la historia del estudio. Sin embargo, esos sorprendentes atributos hacen más notorias las pequeñas fallas (más bien omisiones) del libreto que amargaron un poco mi percepción de esta sólida película.

Al principio de Up encontramos al anciano Carl Fredricksen (voz de Ed Asner) aún dolido por la pérdida de su jovial esposa Ellie (voz de Elie Docter), con quien compartió una duradera pasión por las aventuras del explorador Charles Muntz (voz de Christopher Plummer), desaparecido durante décadas tras emprender la búsqueda de un extraño pájaro en ignotas regiones de Sudamérica. Entonces, después de un incidente que obliga la re-ubicación de Carl a una temida "casa de reposo", el anciano decide de una vez por todas cumplir el sueño de su vida, y viajar a Sudamérica en busca de las legendarias Cascadas Paraíso. Pero el método que elige para llegar ahí es bastante inusual, ya que incluye miles de globos de helio... y un inesperado pasajero que será alternativamente ayuda y obstáculo en la gran aventura que los espera.

La estética visual de Up no busca el asombroso foto-realismo de Wall-E, lo cual ayuda bastante para conciliar los aspectos realistas y fantásticos del argumento. El diseño de los caricaturizados personajes exalta y complementa sus personalidades y los hace tan expresivos como cualquier humano - incluso más, por el cuidado que se tuvo al balancear los rostros con perfecto lenguaje corporal. La vista de la casa flotando con ayuda de miles de globos es mágica, y seguramente se volverá tan icónica como los juguetes de Toy Story o el laberinto de puertas de Monsters, Inc. No obstante, la auténtica belleza del relato no está en sus imágenes, sino en el mensaje que transmite. Estimo que el título (Up, "arriba") no sólo se refiere al vuelo de la casa, sino a la evolución emocional del protagonista, inicialmente sumido en apática nostalgia, pero eventualmente obligado a encontrar nuevo placer por la vida cuando decide seguir su añorado sueño. Sin embargo, no todo es melodrama... hay abundantes escenas de acción, muy bien coreografiadas y doblemente graciosas por tomar un protagonista geriátrico y convertirlo en un valeroso héroe más digno e interesante que Indiana Jones o James Bond. Incluso en la acción podemos encontrar momentos que revelan el carácter y crecimiento de Carl, especialmente en una frenética pero conmovedora escena en la que debe deshacerse de sus recuerdos para sobrevivir y continuar su misión.

Pero por maravilloso que me pareció el desarrollo, hay algunos detalles que debieron cuidarse más para hacer más fluida la experiencia. No deseo profundizar mucho en ellos para no revelar puntos importantes de la historia, pero en general puedo decir que me pareció demasiado conveniente e injustificado el súbito giro a la villanía de un particular personaje. Supongo que es útil tener un antagonista que obstruya el progreso de los héroes, pero su brusca aparición (y transformación) se siente fuera de lugar. Y referente al mismo villano, hay algunos detalles de su vida que necesitan exploración. Cierto, muchos de estos detalles caen en el terreno de la fantasía que tan bien maneja la película, pero al hacer el esfuerzo de ubicarla en un entorno más o menos realista (recordemos que los directores no temen matar a un importante personaje en los primeros minutos de la película, ni mostrar las lógicas consecuencias de un mal planeado acto de agresión), sentí la necesidad de ver explicados algunos elementos que estiran la credibilidad y podrían manifestar cierta pereza por parte los guionistas. Supongo que en las juntas de producción dijeron "no necesitamos saber cómo los perros cocinan" pero, al menos en mi caso, hubiera preferido un poco más de consistencia en el tono de la historia.

Entonces, esas mínimas quejas no hacen la película mala. Por el contrario, creo que Up es una fantástica película familiar, y si señalo esas supuestas fallas es sólo porque todo lo demás establece un estándar tan alto de calidad técnica y narrativa que se hacen más evidentes los leves tropiezos que sufre. Sin duda se trata de una película altamente recomendable para todo público, y es digna heredera del brillante legado de Pixar. Sólo espero que si continúan la política de producir una película por año, no cometan el error de descuidar el libreto sólo para cumplir su excesiva meta. Dudo que Pixar sea capaz de caer al nivel de DreamWorks o Sony, y sin duda hasta sus "peores" películas son muy superiores a las mejores de esos estudios... pero no por eso deben dormirse en sus laureles y distraer su atención de la estrategia que los llevó a la fama; especialmente ahora que la animación tridimensional dejó de ser una novedad y está siendo tan abaratada por productores oportunistas que la ven como fácil alternativa para hacer dinero. Up es muy buena, pero al mismo tiempo puede presagiar un período bajo para Pixar. Esperemos que reconozcan los síntomas y se curen en salud.
Calificación: 8.5

viernes, 5 de junio de 2009

Star Trek

De niño mi sagrada trinidad fue Lost in Space, Ultraman y Star Trek. Con el paso del tiempo seguí apreciando los dos primeros por su ligero entretenimiento y persistente nostalgia... pero en Star Trek encontré niveles adicionales que me ayudaron a comprender por qué la ciencia ficción (al menos la genuina ciencia ficción) más que cualquier otro género, puede expresar interesantes ideas y provocativos conceptos con el fin de estimular la imaginación y despertar la curiosidad del espectador (o lector) sobre el universo que lo rodea, y al mismo tiempo ampliar su comprensión del mismo y su tolerancia hacia los individuos con quienes lo comparte.

Entonces, considero prudente advertir que soy un irred
ento "trekkie" que ha ido a convenciones (sin disfraz) y ha visto cada película y cada episodio de todas las series que integran la franquicia (si sirve de algo la aclaración, mi serie favorita ha sido The Next Generation; la que menos me ha gustado ha sido Voyager). Sin embargo, no soy uno de esos fans que llevan su afición a extremos semi-religiosos, estudiando la continuidad del universo Star Trek y memorizando cada detalle para evaluar la validez de cualquier obra dentro del sagrado "canon" establecido por Roddenberry, Berman, Braga o cualquier otro de los falibles conductores de la franquicia. Después de todo, antes que cualquier otra cosa, Star Trek debe funcionar como entretenimiento, y cuando su apreciación se reemplaza por rigor académico creo que pierde una de sus más básicas virtudes.

Esa es la actitud que deberán compartir los fans de Star Trek para disfrutar esta nueva película, que funciona maravillosamente bien como ligero entretenimiento con un delgado barniz de ingenio... pero que se quedará corta al compararse con el legado de ideas que ha amasado la saga a lo largo de más de cuarenta años.

Star Trek comienza con el encuentro entre la nave espacial USS Kelvin, de la Federación Unida de Planetas, y un enorme vehículo comandado por el siniestro romulano Nero (Eric Bana), quien secuestra al capitán Robau (Faran Tahir) para hacerle enigmáticas preguntas sobre eventos futuros... procediendo después a destruir el Kelvin. Veinticinco años después conocemos al joven James T. Kirk (Chris Pine), rebelde y arrogante como consecuencia de haber perdido a su padre en aquel ataque. Sin embargo, el Capitán Pike (Bruce Greenwood) reconoce el potencial del joven y lo invita a enrolarse en la Academia de la Flota Espacial, donde Kirk conoce a Spock (Zachary Quinto), McCoy (Karl Urban), Uhura (Zoe Saldaña) y otros estudiantes, con quienes participa en una misión de auxilio al planeta Vulcan... que está siendo amenazado por Nero y su extraña nave de incomprensible diseño. Aparentemente la causa de sus ataques reside en el futuro, y podría tener catastróficas consecuencias para el presente, a menos que Kirk y Spock resuelvan sus diferencias personales y cooperen para vencer al enigmático romulano... y a su poderosa arma capaz de destruir planetas enteros.

Como dije, esta revisionista precuela de Star Trek resulta muy entretenida y vistosa, aunque no alcanza las alturas narrativas de los mejores momentos en la saga. Sin embargo, entiendo perfectamente el motivo... su deber inmediato (que cumple muy bien) es re-establecer el universo Trek para una nueva generación, introducir a los personajes, sus motivaciones y la bien conocida dinámica que comparten... y al mismo tiempo prepara el terreno para que futuras secuelas tengan la libertad de seguir su propio camino en vez de ajustarse al estricto y limitante dictamen de la continuidad (llena de agujeros y contradicciones) que Star Trek ha acumulado a lo largo de cuatro décadas. Me gustaron las referencias a eventos conocidos, y los traviesos chistes privados que sólo resultarán graciosos para quienes estén bien familiarizados con el programa (como el triste destino del "red shirt"). Pero igualmente comprendo los grandes cambios impuestos por las necesidades estéticas y mercadológicas de un "blockbuster" moderno; entre las más notables puedo señalar la considerable alteración al diseño de las naves, los escenarios y la tecnología, por no mencionar el lenguaje visual de la película, totalmente distinto al sobrio y modesto estilo que Gene Roddenberry concibió, mitad por necesidad y mitad porque reflejaba su utópica visión de un antiséptico futuro.

Pero, ¿qué quiere decir todo eso para el espectador casual que no tiene interés en la decrépita historia de Star Trek? Idealmente nada. La película debe funcionar igualmente bien (quizás mejor) para quien no lleva expectativas ni conciencia sobre el legado de la saga. El elenco está perfectamente seleccionado, y la diestra mano del director J.J. Abrams (junto con el imperfecto pero entusiasta libreto de Roberto Orci y Alex Kurtzman) logra asombrosos cambios de ritmo, tono y emoción que de algún modo no alteran la consistencia de la historia ni de sus personajes. Algunas de sus decisiones me parecieron demasiado exageradas (especialmente en lo que respecta a los pasajes cómicos), pero no pongo en duda su gran talento para generar momentos emotivos, secuencias de acción delirante y, en general, para construir los cimientos de lo que podría ser el asombroso renacimiento de una propiedad casi extinta. Habiendo dicho eso, hay varias escenas que no funcionaron para mi, en particular una cerca del final, en la que el enfrentamiento de dos personajes culmina en una decisión demasiado conveniente y forzada. Quizás un par de revisiones adicionales al guión hubieran resuelto esas pequeñas fallas, más notorias en vista de sus considerables aciertos. Finalmente, debo preguntar: ¿de dónde viene la obsesión de Abrams con los "flares"? Pensé que eran excesivos en su serie televisiva Fringe, pero obviamente no sabía lo que era "excesivo" hasta que vi Star Trek.

Como ciencia ficción, Star Trek decepciona en lo referente a "ciencia" (¿Materia roja? ¿Agujeros negros que funcionan como agujeros de gusano? ¿Supernovas que viajan por el universo?), pero triunfa en el aspecto de ficción, entregando una historia interesante y energética, habitada por pintorescos personajes que funcionan perfectamente bien por sí mismos y como predecesores de sus "clásicas" encarnaciones. Entiendo que la "retro-manipulación" de la continuidad establecida podrá irritar a los más estrictos fanáticos de la saga, pero sería un error dejar que eso obstruyera el excelente entretenimiento que ofrece esta película. El libreto pudo mejorarse, pero para ser la primera película de una renovada franquicia me pareció fenomenal, al mismo tiempo un gran comienzo y una digna culminación del trabajo realizado por decenas de artistas y técnicos desde aquel día 8 de Septiembre de 1966. Como "trekkie" quedé satisfecho; y como simple espectador en busca de entretenimiento, quedé encantado y con elevadas expectativas sobre futuras secuelas de la precuela. Buen trabajo, Sr. Abrams... siempre he creído que lo mejor de Star Trek está en la pantalla chica (y en este momento sigo creyéndolo), pero esta película me ha hecho pensar que esa opinión podría cambiar en el futuro. Veremos si no pierde el curso.
Calificación: 8.5

jueves, 4 de junio de 2009

100 Feet

Me empezó a interesar el trabajo del cineasta Eric Red en los ochentas (qué raro) gracias a su trabajo como guionista en Near Dark (entre mis películas favoritas sobre vampiros), The Hitcher, y posteriormente como director de Body Parts y Bad Moon. Desafortunadamente una mala racha (incluyendo algunos líos legales) lo mantuvo alejado de las cámaras durante varios años, pero me alegra ver que está de regreso con 100 Feet, una muy entretenida, aunque no siempre lógica película de terror firmemente respaldada por la sólida actuación de su actriz principal.

Al principio de la película conocemos a Marnie Watson (Famke Janssen), quien acaba de pasar dos años en presidio por asesinar a su esposo, un policía neoyorquino. Pero ella clama que fue en defensa propia, y esa circunstancia atenuante le permite cumplir el resto de la sente
ncia en su casa, bajo arresto domiciliario, siempre y cuando no se aleje más de 100 pies (alrededor de 30 metros) del aparato que la monitorea. Sin embargo, el oficial Shanks (Bobby Cannavale), ex-compañero del policía asesinado, nunca aceptó el testimonio de Marnie y la vigila constantemente con la esperanza de sorprenderla en alguna infracción para enviarla de nuevo a la cárcel. No obstante, ese resulta ser el menor de los problemas para Marnie, pues aparentemente el fantasma de su esposo regresó en busca de venganza. Entonces, sin poder escapar y sabiendo que nadie le creerá, la aterrorizada pero valiente mujer debe encontrar algún modo para defenderse del violento espíritu que la amenaza, y de la cada vez más insistente investigación de Shanks.

No estoy seguro si Red trató de satirizar el cine de fantasmas con 100 Feet, o si decidió exagerar sus clichés para hacerla más "extrema" sin perder claridad. El caso es que la mitad del tiempo funciona muy bien como un tenso thriller sobrenatural que eleva paulatinamente la tensión hasta llegar a su extravagante final; pero la otra mitad está repleta de escenas absurdas, inconsistentes manifestaciones paranormales y muy dudosa lógica sobre el comportamiento de la mujer... y su perseguidor. No obstante, como dije al principio, la sobria y creíble actuación de su protagonista funciona como un ancla que mantiene la película bajo control. No importa qué tan exagerados o ridículos sean los ataques del fantasma, Janssen reacciona de manera realista y nos mantiene conectados emocionalmente a la situación. Con una actriz de menor talento o presencia, la película se hubiera derrumbado bajo el peso de su incongruente libreto.

Y aunque sea minúsculo, el elenco secundario también ofrece un digno trabajo, empezando por el siempre entretenido Bobby Cannavale, perfecto para interpretar al rudo policía neoyorquino que debe balancear su ética profesional con su deseo de venganza contra la mujer que asesinó a su compañero. Ed Westwick, como el joven mensajero que se hace amigo de la protagonista, y Michael Paré en el semi-transparente papel del fantasma (cuya apariencia recuerda la máscara de Michael Myers), completan adecuadamente el reparto, aunque sus respectivos roles estén definidos sólo por su conveniente función.

Puedo darle crédito a 100 Feet por añadir un interesante fondo a su convencional historia de fantasmas; el comentario sobre la violencia doméstica y sus efectos a largo plazo es bastante obvio, pero válido, y aporta una dimensión adicional que enriquece la narrativa. Sin embargo, no hace falta tanto sobre-análisis para disfrutar de la tensa dirección, las efectivas actuaciones y una magníficamente grotesca escena de sangrienta violencia. Algunos de los abundantes sobresaltos que ofrece están bien construidos y justificados; otros son del tipo "gato saltando" (sí, incluso con un gato real); supongo que el balance de aciertos contra fallas da como resultado un número positivo, y por lo tanto merece una recomendación. Pero debe ir acompañada por la seria advertencia de que será necesario tragar algunas escenas bastante inverosímiles para apreciar esta película... por no mencionar un arbitrario "deus ex-machina" final que delata la aparente improvisación del libreto. Quizás el director Eric Red fue demasiado complaciente con el guionista Eric Red; un poco más de disciplina y lógica hubieran logrado una película que no requiriera tantas apologías para disfrutarse. Bueno, quizás para la próxima, siempre y cuando no nos haga esperar otros diez años.
Calificación: 7

miércoles, 3 de junio de 2009

The Sky Crawlers (Sukai Kurora)

Sé que no toda la gente aprecia el parsimonioso estilo y profundos temas (algunos dirían "pretenciosos") que adornan las películas del director japonés Mamoru Oshii, pero a mi me regocija la existencia de un cineasta que consistentemente nos ofrece escenas de asombrosa belleza visual y vibrante acción, pero siempre supeditadas a las ideas que pretende expresar. Creo que no hay otro director contemporáneo que combine las herramientas del más espectacular cine moderno con monólogos filosóficos, elucubraciones metafísicas y análisis de la conciencia, el alma y todo lo demás. Cierto, en más de una ocasión Oshii deja que su ambición artística se ponga en el camino de su responsabilidad narrativa... en otras palabras, no parece importarle que sus películas parezcan impenetrables, siempre y cuando funcionen como foro para exponer sus cuestionamientos sobre la condición humana en sus más complejos aspectos.

De hecho, parece que con cada nueva obra Oshii se aleja más de la narrativa "normal", pues del humor y acción de la saga
Patlabor pasó a las reflexiones espirituales de Ghost in the Shell y Ghost in the Shell: Innocence; luego a la crítica sistemática de la realidad ontológica en Avalon (su única obra no animada); y de ahí al estudio de la función y límites de la memoria en la construcción de la identidad humana, en su nueva cinta The Sky Crawlers.

La historia se ubica en un ambiguo mundo alternativo, similar a la Tierra actual, pero con marcadas diferencias sociales y tecnológicas. En medio de una guerra entre dos corporaciones encontramos un escuadrón de pilotos bajo las órdenes de la intensa pero callada Comandante Kusanagi (voz de Rinko Kikuchi), quien recibe con frialdad a Yuichi Kannami (voz de Ryo Kase), un nuevo recluta que reemplaza a otro piloto misteriosamente desaparecido. Entonces, junto con Yuichi, vamos conociendo las dinámicas entre los pilotos, mecánicos y variados visitantes del escuadrón, a lo largo de lánguidas escenas de oblicuo significado y ambigua intención. Interrumpiendo ocasionalmente el drama personal presenciamos también espectaculares batallas aéreas en las que los extraños aviones de diseño "retro" que usa el escuadrón de Kusanagi se enfrentan a un temido piloto estrella que sólo deja a su paso muerte y destrucción. Kusanagi parece estar obsesionada con ese misterioso as del cielo, y Yuichi sospecha que hay algo más detrás de ese curioso interés.

En manos de otro director, The Sky Crawlers pondría más atención a las causas y consecuencias del conflicto bélico que retrata la película. Pero Oshii no quiere perder el tiempo en algo tan convencional, y a pesar de mostrarnos impactantes escenas de combate aéreo, el auténtico melodrama se desarrolla en tierra, impulsado por lacónicas conversaciones y monólogos que poco a poco pintan una ambigua imagen de la función de la guerra, la identidad de los combatientes y su curiosa condición que les impide envejecer. Pero, como casi siempre ocurre en las películas de este director, no hay respuestas fáciles ni soluciones simples a las preguntas que plantean los personajes. Más que darnos una lección filosófica, Oshii pretende iniciar la discusión y alimentar nuestra imaginación para que cada espectador encuentre por su cuenta la enseñanza que oculta el libreto.

Quien no esté interesado en participar en ese ejercicio intelectual, encontrará una película de irregular ritmo y tono. Por cada impresionante secuencia de batalla aérea, hay largos minutos de sucintas conversaciones, significativas miradas y emociones reprimidas. La primera hora se siente particularmente cansada, pues aún faltan muchos datos para empezar a comprender la trama; los últimos treinta minutos contienen el nudo dramático y temático de la historia, por no mencionar una épica batalla de impactante belleza; pero no niego que el camino sea difícil, y habrá que tener inusitada paciencia para llegar al ambiguo pero satisfactorio final.

Para estudiosos de la animación, The Sky Crawlers será un delicioso muestrario de diseño, color y movimiento. El detalle de los aviones y escenarios tridimensionales contrasta fuertemente con la sencillez (¿o simpleza?) de los personajes animados a mano por el método tradicional, sin duda para enfatizar la diferencia entre la compleja tecnología de este alegórico mundo futuro y la cándida vida emocional de los protagonistas. No es una cinta fácil, y quienes encontraron aburridas las previas obras de Mamoru Oshii sin duda tendrán amplias razones para pensar lo mismo de The Sky Crawlers. En lo personal me hubiera gustado ver contenido más sustancioso, o al menos mejor distribuido, pero de cualquier modo me gustó la película y puedo recomendarla para quien considere al "anime" como algo más que robots gigantes, chicas en uniforme escolar y seductores vampiros. Titanes como Oshii muestran que la flexibilidad del medio ofrece posibilidades insospechadas de complejidad narrativa y emocional. Creo que esta no es su mejor obra, pero aún así representa una experiencia memorable.
Calificación: 8.5