domingo, 9 de noviembre de 2008

Código de Familia (Pride and Glory)

Desde las primeras escenas de Código de Familia vemos mucha tragedia, gritos, ira y violencia. Pero durante un largo rato ninguno de esos eventos logra conectar emocionalmente con el espectador (al menos conmigo). Y, cuando finalmente se define el conflicto principal (de los muchos que habitan la revuelta trama), ya se volvió un poco cansada y previsible.

La cinta sigue a varios miembros de una venerable familia de policías que, durante la investigación del asesinato de cuatro agentes, entran en conflicto por sus distintas ideologías, métodos y motivaciones, todo ello retratado contra la cruda y fría atmósfera urbana de Nueva York, en la que algunos policías emplean dudosas técnicas para combatir al cada vez más agresivo y despiadado elemento criminal.

Con el elenco que cuenta Código de Familia podemos al menos esperar intensos personajes y eléctricas actuaciones. El trío estelar de Edward Norton, Colin Farrell y Jon Voight cumplen su cometido, aunque exageran muy poco estableciendo sus respectivos estereotipos (desde policía atormentado por su pasado hasta policía violento y amoral que rompe la ley para hacer que se cumpla). Por lo demás, tenemos los acostumbrados elementos: funerales en cámara lenta, vidas privadas arruinadas por la tensión del trabajo, metafóricas reuniones familiares llenas de tensión; y el clásico examen de la gris moralidad que deben adoptar quienes no temen usar las herramientas y actitudes de los criminales para combatirlos. Nada nuevo, pero razonablemente bien realizado.

Es una queja menor, pero tal vez puedo considerar como defecto el ridículamente excesivo uso de la palabra "fuck". No me ofende ni me escandaliza, pero se usa con tanta frecuencia que termina convirtiéndose en una distracción cuando deja de sonar "realista" y pasa a ser la versión de "realidad neoyorquina" que el guionista imaginó en su cómodo departamento en Hollywood. Y lo peor es que su uso no es excesivo cómico, como en Clerks, ni excesivo crudo como en Raging Bull. Su único fin es subrayar la agresión y rudeza de los personajes... lo cual parece innecesario conforme nos sumergimos más en la nebulosa ética de los policías que actúan como criminales.

Pero además de ese no hay motivo de queja mayor por algún elemento intrínseco de la película; está bien actuada, bien dirigida y medianamente bien escrita (aunque no cabe duda que da demasiadas vueltas para llegar al inevitable punto que adivinamos desde hace un buen rato); el problema es que no hay mucho que la distinga de tantas otras que comparten similares estilos, entornos y temas. En particular me recordó dos cintas recientes: Street Kings y We Own the Night (en la primera también vimos policías que actúan por encima de la ley; en la segunda se mostró el conflicto de una familia con sus miembros en extremos opuestos de la ley). Todas ellas tienen un estilo visual que pretende ser áspero y realista, pero con aderezos de estilizado "neo-noir" con el fin de hacerlas más "cool" y atractivas para el público joven. No hay nada malo en ello... las tres películas me gustaron, pero estoy seguro de que en un par de meses se mezclarán en mi memoria y no recordaré qué pasa en cada una. Cierto, la causa podría ser el típico reblandecimiento cerebral que acarrea mi edad, pero también podría ser porque son semejantes en tantos aspectos que tienden a fundirse con el tiempo.

Entonces, si Código de Familia fuera la primera en su tipo quizás podría aspirar a ser tan innovadora como lo fueron en su momento The French Connection, Point Blank o incluso la asiática Infernal Affairs... pero no lo es y, por lo tanto, queda extraviada entre el montón de thrillers policíacos bien hechos pero totalmente olvidables. La verdad es que podría ser mucho peor, y no me arrepiento de haber invertido más de dos horas en verla; sólo desearía que tuviera algún elemento realmente sobresaliente que la hiciera única y memorable (como la demencial energía de Running Scared o la implacable intensidad de Narc). Y no, el sorprendentemente buen español de Edward Norton no cuenta.
Calficación: 7

sábado, 8 de noviembre de 2008

El Mundo Mágico de Magorium (Mr. Magorium's Wonder Emporium)

Desde mi particular punto de vista, El Mundo Mágico de Magorium empieza con el pié izquierdo cuando aparecen las palabras "Walden Media" en los créditos de la cinta. Esta compañía productora ya saturó el mercado con su blanda receta de homogéneas e inofensivas cintas de fantasía para niños repletas de efectos especiales y usualmente basadas en alguno de los genéricos libros publicados por la división editorial de este emporio mágic... digo, emporio financiero. Por lo general tales películas giran en torno a algún mágico mundo secreto que unos niños descubren y deben salvar, o del que deben escapar, o en el que deben aprender valiosas lecciones de vida, como la importancia de las alianzas estratégicas con McDonalds o los distintos modos de vencer a Disney en el juego que ese otro titán inventó.

Afortunadamene El Mundo Mágico de Magorium no sigue esa específica fórmula y ni siquiera está basada en un libro, pero podemos estar seguros de que hay abundante magia, efectos especiales y lecciones de vida, que no sólo aplican al público infantil, sino también al adulto. Parte de esa virtud procede del hábil elenco, que si bien no logra consistentemente evadir la artificial atmósfera de la cinta, al menos se las arregla para abordar muchas escenas de ambiguo tono con la apropiada mezcla de profesionalismo y humor. Para empezar tenemos a Dustin Hoffman como el epónimo Mr. Magorium, un enigmático anciano que alega haber trabajado en su mágica tienda de juguetes durante más de cien años. Pero sintiendo cerca la necesidad de retiro, empieza a preparar a su entusiasta asistente Mahoney, interpretada por Natalie Portman, para reemplazarlo y continuar la tradición de su asombroso negocio. El problema es que la joven planea dedicar su vida a la música, de modo que el futuro de la tienda está en peligro... y las cosas empeoran cuando entra en escena Jason Bateman como Henry Weston, un contador contratado para organizar el aspecto financiero de la tienda. Su papel es definitivamente el más difícil, pues debe representar la ineludible realidad que amenaza al fantástico mundo que habitan los demás personajes, mismo que definitivamente no es compatible con el rígido entorno de números exactos y rígidas leyes a las que está acostumbrado el afable empleado.


Y es esa inestable interacción entre realidad y fantasía lo que menos funciona en la trama. No hay que esperar explicaciones sobre el origen de la tienda, ni sobre el pasado de su misterioso dueño... es simplemente magia, y el espectador deberá tragarla sin objeciones para disfrutar al máximo la película. El problema es que el libreto no está lo suficientemente bien escrito para aceptar esa premisa. Por ejemplo, no tengo problema aceptando la similarmente irregular convivencia entre el mundo mágico y el real en las películas de Harry Potter, o incluso en algunas de las mencionadas cintas de Walden Media (como Nim's Island o Bridge to Terabithia)... pero en El Mundo Mágico de Magorium tal interacción se siente forzada, demasiado caótica para tomarse en serio y demasiado existencial para explicarse tan arbitrariamente. Quizás el director/guionista Zach Helm debió basarse en algún libro para encontrar un balance más apropiado entre los divergentes aspectos de la película.


Como de costumbre, es posible que esté sobre-analizando lo que debería ser simplemente una divertida y didáctica experiencia para niños, pero nunca he aceptado esa excusa para disculpar fallas dramáticas o pereza narrativa. De cualquier modo, debo aceptar que el rápido ritmo de la película, los interesantes discursos filosóficos del anciano y la relación entre el contador y la asistente ayudan a hacer la película bastante placentera y entretenida (por no mencionar los aislados momentos de ingenio visual, como el cameo de Kermit, el dinosaurio de madera y las transiciones entre "capítulos"). Además, el mencionado trío de Portman, Hoffman y Bateman (¡Sus nombres riman! ¡Qué mágica coincidencia! ¡Ahora entiendo... sólo debo escuchar a mi niño interno!) hacen un buen trabajo en sus respectivos papeles aunque estén repletos de clichés.


En resumen, El Mundo Mágico de Magorium cumplió su función de entretenerme sin irritar demasiado (lo cual no logran muchas películas infantiles), y disfruté la interacción entre los actores, aunque ocasionalmente tuve que girar los ojos durante escenas demasiado "tiernas" o lacrimosas (como el insoportable baile sobre burbujas de plástico). La puedo recomendar (especialmente en su versión original en inglés) aunque sin mucha convicción. Con su premisa y elenco siento que debería haber sido mejor, pero bueno... a fin de cuentas no tengo quejas demasiado significativas y la verdad es que me hizo reír en varios momentos que no fueron producidos por magia, sino por tradicional humor. Lo cual, supongo, es una muy accesible forma de magia.

Calificación: 7

viernes, 7 de noviembre de 2008

Originalmente Pirata (Be Kind, Rewind)

Una vez más el director Michel Gondry nos ofrece su frustrante mezcla de genio visual y torpeza narrativa.

A lo largo de dos décadas, el francés Gondry ha ganado su lugar en el selecto club de directores que lograron elevar a arte el video musical, tradicionalmente una herramienta mercadológica que en manos de esta selecta elite (que quizás incluye a Tarsem, Chris Cunningham y Mark Pellington entre otros) recupera la magia que alguna vez generaron estas modestas rebanadas de música con una elástica narrativa conducida por una canción o artista. En ese aspecto Gondry sobresale, tanto si está trabajando con modestos artistas independientes como para legendarias estrellas del rock. Pero cuando Gondry trata de aplicar esa misma magia a un libreto, el resultado no es tan atractivo, como lamentablemente hemos visto en sus películas, ricas en estilo y creatividad, pero cortas en ideas y emociones.


La excepción es obviamente Eternal Sunshine of the Spotless Mind, cuyo sólido guión sobrevivió la manipulación estética de Gondry. Pero el resto de su filmografía (The Science of Sleep y Human Nature) es ciertamente entretenida, pero no deja de producir una vaga apatía que impide considerarlas como satisfactorias experiencias cinematográficas. En otras palabras, será mejor acostumbrarse a ver sus películas para admirar las ideas visuales del director, y no su pericia conduciendo una narrativa tradicional.


Toda esta letanía es, obviamente, para poner en contexto mi desencanto con Be Kind, Rewind. Un casi perfecto elenco, un tema simpático y la desbordante creatividad de Gondry nuevamente tropiezan al tratar de alcanzar el potencial de un fascinante proyecto. La trama sigue a dos bizarros "slackers" que accidentalmente borran los videocassettes de un decrépito video club. Entonces, para evitar la ira del dueño y la desilusión de sus escasos clientes, la pareja decide recrear en forma casera e hilarante las películas que destruyeron. Paralelo a este brillante concepto tenemos también la lucha de los habitantes del vecindario por preservar un edificio histórico, en memoria de un legendario músico de blues que inició su carrera en el humilde inmueble. Por supuesto ambas historias se mezclan, dando nuevo propósito a los incipientes cineastas y nueva esperanza al anciano que con más pasión defiende el prestigio histórico de su edificio.


Ambas ideas son simpáticas y podrían haber formado el eje de sendas películas, pero su combinación en un sólo libreto se siente excesivo y arbitrario. No cabe duda que Be Kind, Rewind vale la pena verse por sus abuntantes "gags" visuales y los ocurrentes modos como se duplican con recursos caseros escenas de RoboCop, Ghostbusters, Die Hard y una docena más... pero también debo añadir que se pueden ver casi todos esos videos en YouTube y en la página oficial de la película. O, para decirlo de otro modo, todo lo que vale la pena de la película se puede ver gratis sin ir al cine. Esto me hace respetar la integridad de los cineastas... y cuestionar su sentido comercial.


Claro que Gondry es un artista real, y quizás por eso considera sus películas como triunfos en un nivel que otros no aprecian. La verdad encontré el final predecible y empalagoso, pero admiré profundamente el ingenio de la realización, su mensaje global y la sencilla dirección, al mismo tiempo pulida pero carente de afectación. También me gustó la presencia de Jack Black, Danny Glover y Mia Farrow, aunque aún no acabo de tragar a Mos Def como actor. Su participación no es tan irritante como en 16 Blocks, y ese es el mayor halago que puedo darle.


Entonces, sólo queda recomendar con gran entusiasmo partes selectas de Be Kind, Rewind (aquellas partes que pueden verse gratuitamente en Internet) y advertir contra las frecuentes fallas del guión. Si el vaso está medio lleno o medio vacío dependerá de la percepción de cada espectador. A fin de cuentas se trata de una película acerca del amor por el cine (y otras artes), y muchos cinéfilos encontrarán su mensaje válido y conmovedor... pero también encontrarán frustrantes sus fallas y malas decisiones. No obstante, como siempre he dicho, prefiero ver una película que falló al intentar algo original, que un producto más pulido pero carente de innovación. Y, bajo esa simple condición, creo que Be Kind, Rewind merece nuestra atención.

Calificación: 7

jueves, 6 de noviembre de 2008

Futurama: Bender's Game

No será esta la primera vez que proclame mi obsesiva admiración por el programa de televisión Futurama. ¿Cómo podría fallar una idea como esa? Además de emplear al máximo el sarcástico, incisivo e irreverente humor que hizo a Los Simpson una de las series más populares en la historia, Futurama añadió inteligentes (y absurdos) conceptos de ciencia ficción, exóticos personajes y una cuidadosamente estructurada mitología que resultó (al menos en mi humilde opinión) en una de las mejores comedias que la televisión ha producido. Lamentablemente mi opinión no fue compartida por muchos, y tras cuatro temporadas de declinantes "ratings", la serie fue cancelada a mediados del 2003.

Pero, como ha ocurrido en más de una ocasión, las sorprendentes ventas en DVD de la serie, junto con el éxito de las repeticiones en canales de cable (como Cartoon Network y Comedy Central) hicieron que los ejecutivos de la cadena Fox reconsideraran su (estúpida) decisión, y así pudimos disfrutar de la resurrección de Futurama, pero no en una cadena de televisión, sino en forma de películas realizadas directamente para DVD. Sin embargo, incluso como frenético fan e irrazonable apologista, debo aceptar que las dos primeras películas tuvieron resultados irregulares. Parecería que el equipo de creadores de Futurama tenía perfectamente dominado el formato de media hora (alrededor de 22 minutos sin comerciales), pero ha encontrado dificultades para contar historias fluidas y coherentes en el más amplio (aunque más exigente) formato de largometraje. Y, para bien o para mal, los problemas persisten en el tercer lanzamiento, Bender's Game.

El título hace alusión a la célebre novela Ender's Game, de Orson Scott Card, pero la trama no tiene nada que ver con ella, pues se centra en la escasez de materia oscura que funciona como combustible de casi todas las astronaves en el siglo XXX, y la consiguiente alza de precios que beneficia a la corporación Mombil, controlada por la cruel y siniestra Mamá. Entonces, buscando fuentes alternativas de combustible, el equipo de Planet Express se da a la tarea de encontrar el origen mismo de la materia oscura, lo cual incluye una visita a la súper-secreta mina de donde se extrae... y donde los espera una siniestra revelación. Paralelamente vemos al robot Bender en un esfuerzo desesperado por determinar si fue programado con imaginación o sin ella; para descubrirlo empieza a jugar Dungeons & Dragons con un grupo de niños (incluyendo a Cubert Farnsworth). Y, como puede esperarse, ambas historias colisionan en una bizarra parodia de The Lord of the Rings que muestra muchos aciertos, pero poca coherencia.

Minuto por minuto, Bender's Game ofrece tantas risas como los mejores episodios de la serie, y el frenético libreto recorre un amplio espectro de humor, que va desde oscuros chistes matemáticos hasta el más profundo absurdismo que resulta gracioso por su mera audacia o surrealismo. Pero, tomada como una obra de hora y media, la cinta falla por su falta de cohesión y fracturada estructura; el brusco cambio de tono (y entorno) que ocurre al final de la primera hora parece depositarnos en una película totalmente distinta... indudablemente graciosa, pero no por ello menos forzada.

Honestamente me hubiera gustado más que el programa resucitara en su antiguo formato, que condensaba la exuberante comedia en porciones más pequeñas, de sabor más concentrado y digestión más fácil. Pero de cualquier modo cualquier Futurama nuevo es profusamente agradecido, y aún en esta deficiente forma resulta mejor que casi cualquier otra comedia televisiva contemporánea. Por eso Bender's Game merece una cauta recomendación sólo apta para quienes conocen y disfrutaron la serie en su encarnación original. Para novatos, será mucho mejor probar las futuristas delicias de la serie en alguna de las colecciones en DVD que tanto éxito previo tuvieron. Y, para fanáticos de Dungeons & Dragons... quizás se verán reflejados de manera incómoda, pero muy graciosa. Ojalá lo tomen con buen sentido del humor.
Calificación: 8

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Feast II: Sloppy Seconds

En el 2005 la película Feast dividió a sus espectadores, lo cual fue al menos señal de que intentó hacer algo fuera de lo común. Algunos la denunciaron como una vulgar y excesiva colección de clichés, mientras que otros (entre los que me incluyo) aplaudieron su audacia y su brillante sátira de esos mismos clichés, que ciertamente se usaban en la trama, pero sólo como punto de inicio para torcerlos, replantearlos y al final destruirlos, en contra de las fáciles expectativas de la audiencia.

Ahora, Feast II: Sloppy Seconds seguramente generará igual número de fanáticos y detractores, pues si bien cuenta con un elenco menos notorio, definitivamente extiende sus excesos de violencia, mal gusto y crueldad hasta niveles pocas veces visto, pero siempre balanceándolos con una sana dosis de humor negro que contribuye a hacer asimilables hasta las más grotescas escenas.

La trama comienza literalmente momentos después del final de la primera película, en la que vimos el ataque de varios enigmáticos monstruos sobre una aislada cantina en mitad del desierto; esta vez presenciamos la invasión de un pueblo entero, donde un grupo de personajes hace lo posible por defenderse y escapar. Entre ellos están un par de sobrevivientes de la cinta previa, algunos otros tangencialmente relacionados con las víctimas devoradas en la cantina, y varios personajes nuevos, incluyendo una pareja de luchadores mexicanos, un despreciable vendedor de autos y una banda de rudas motociclistas con el doblemente irónico nombre de "Bleeders" (Sangradoras). Sobra decir que nadie está a salvo y que realmente no hay héroes en la película. De hecho, al igual que en Feast, parecería que el director nos reta a ponernos de parte de los desagradables personajes, entre los que no hay uno sólo que pudiera considerarse como una persona decente o "normal" (bueno, quizás la abuela... lástima que el destino le depare un fin tan indigno).

Y lo asombroso es que el director John Gulager realmente logra que nos interesemos en los personajes, a pesar de mostrarnos una y otra vez su mala actitud y su nula moralidad (como ejemplo, hay una escena en la que un hombre golpea a una mujer joven e indefensa... y no es una bofetada, sino una golpiza brutal y sangrienta, mientras que el resto de los personajes lo ven con apenas un atisbo de interés en sus ojos... y ese hombre resulta ser uno de los menos desagradables). Tambíen conviene notar que, entre la dinámica dirección, cruda cinematografía y frenética edición, el director se las arregla para ocultar momentos de humanidad, sensibilidad y optimismo que, por breves que sean, enriquecen la narrativa, y evitan que la cinta se convierta en un desfile de sangre, tripas y otras variedades de fluidos corporales, tanto humanos como monstruosos. Por cierto, hablando de frenética edición, será agradable para los fans del cine de explotación notar que la fluida cámara de Feast II: Sloppy Seconds se especializa en captar "accidentalmente" traviesos atisbos a los amplios escotes y turgentes traseros del atractivo elenco femenino. Creo que algo similar quiso lograr Tarantino en Death Proof, sin conseguirlo de manera tan casual y afable como en esta cándida secuela.

La principal falla de Feast II: Sloppy Seconds (habrá quienes digan que la película entera es la falla) radica en los efectos especiales. Hay varias escenas (particularmente las que se desarrollan en techo de un edificio) que muestran horrible recorte de pantalla azul, por no mencionar las ocasionales instancias de la siempre evidente sangre digital. Y los muy estimados efectos prácticos de látex y sangre artificial también se quedan cortos. Uno de los mejores atributos de la primera película fue mantener a los monstruos en las ambiguas sombras para acentuar el misterio y la amenaza, y al mismo tiempo que disimular las limitaciones de su manufactura. Por el contrario, la secuela se desarrolla casi por completo a plena luz del día, y la cámara nos da bastante tiempo para ver de lleno a las criaturas y apreciar su obvio origen plástico. Supongo que en cierto sentido ese desenfado semi-"amateur" forma parte del encanto de la película; pero en varias instancias corre el riesgo de convertirse en algo risible (como en el caso de un ojo enorme, ubicado donde uno menos lo esperaría).

Creo que me gusta más el elenco de la primera Feast, pero no cabe duda que la secuela excede a la original en todo lo demás (y no quiero ni pensar hasta dónde llegará la tercera parte, Feast 3: The Happy Finish, que se filmó al mismo tiempo que la segunda). Habiéndolo dicho, el lector tendrá que determinar si eso es bueno o malo. Para mi fue obviamente excelente, y disfruté mucho la experiencia que superó mis moderadas expectativas. De cualquier modo, como siempre, advierto que Feast II: Sloppy Seconds no es para todos los gustos, pero para aquellos que hayan disfrutado películas como Planet Terror, Wrong Turn 2: Dead End y Doomsday, será otra refrescante dosis de subversión e irreverencia, después de tantas recientes decepciones en el cine de terror.
Calificación: 8.5

martes, 4 de noviembre de 2008

The Substitute

A veces es tan interesante ver una película por su argumento como por el entorno social y cultural en el que se desarrolla. Entre las instancias más notables que recuerdo están: The Art of the Devil 2, donde cualquier manifestación sobrenatural palidece frente al terror que produce el agreste y amenazador entorno de los pantanos tailandeses; These Girls, una frívola farsa romántica que me pareció mucho más atractiva por su sencilla y simpática representación de la cultura trabajadora canadiense; y ahora puedo añadir a esa lista la cinta danesa The Substitute (Vikaren), un curioso híbrido de ciencia ficción y terror que en gran medida funciona por ubicarse en una cultura con la mezcla exacta de sofisticación urbana e inocencia rural.

El argumento: después de presenciar un evento cósmico que culmina en la posible invasión de una granja avícola en la campiña danesa, nos trasladamos al pueblo vecino, donde una maestra substituto conoce por primera vez a sus alumnos, un salón de clase normal, con algunos niños rebeldes, otros estudiosos... y uno en particular que sospecha la auténtica identidad de la maestra. Lejos de congraciarse con sus pupilos, la aparentemente cruel maestra empieza a burlarse de ellos y de sus minúsculos intelectos, retándolos con problemas lógicos y esfuerzos de actividad física, con la promesa de que ganarán un viaje a París... o, como algunos sospechan, a otro planeta. Pero, ¿quién creería una historia así?


La modesta premisa de The Substitute es perfectamente bien llevada por el director Ole Bornedal (más conocido por el modesto thriller Nightwatch) cuya previa película I Am Dina me decepcionó bastante por su lento y cansado guión, y por la mala actuación de su protagonista femenina. Esta vez, sin embargo, Bornedal se redime en ambos frentes, pues además de haber co-escrito un libreto ágil, ingenioso y repleto de negro humor, también seleccionó a una perfecta actriz para encarnar a la misteriosa maestra. A lo largo de la película, Paprika Steen mantiene un tono jovial pero amenazador, con una indescriptible aura de... inhumanidad que contribuye en gran medida al éxito de la película.


The Substitute podría resultar demasiado intensa para algunos niños (por no mencionar el frecuentemente colorido lenguaje que usan los alumnos de la película), pero en muchos aspectos funciona perfectamente bien como una fantasía familiar, que combina elegantes elementos de ciencia ficción (como una fotografía que inexplicablemente cambia según las circunstancias del futuro) y tensos momentos de terror en los que genuinamente me fue imposible predecir hacia dónde iría la historia. No todo es tan perfecto, sin embargo, pues hay un par de ocasiones en las que el misterio cede paso a burdos efectos especiales que yo hubiera considerado innecesarios, y que rompen un poco la incertidumbre y misterio que durante tanto tiempo sostuvo exitosamente la película.


De cualquier modo me gustó bastante The Substitute, especialmente comparándola con la reciente avalancha de cintas fantásticas basadas en mediocres novelas juveniles que pretenden ser "el nuevo Harry Potter". Esta vez no tenemos tierras mágicas, ni protagonistas ordinarios que resultan ser "elegidos" por alguna trillada profecía, ni criaturas chistosas que ayudan a los niños a tener más confianza en sí mismos... The Substitute simplemente ofrece un sobrio concepto de ciencia ficción, intelectualmente audaz y provocativo (bueno, dentro de lo posible), en un entorno creíble y perfectamente normal, con protagonistas infantiles que tienen que enfrentar sus problemas con ingenio, lógica y valor. Como dije, el suspenso y ocasional violencia (y quizás el lenguaje) podrían ser demasiado para niños pequeños, aunque yo aceptaría ese riesgo en aras de la originalidad y perfecta atmósfera de la cinta. Pero, claro, también debo advertir que yo apoyo a la misteriosa maestra substituto en muchas de sus opiniones.

Calificación: 8

sábado, 1 de noviembre de 2008

El Juego del Miedo V (Saw V)

Creo que ninguna franquicia fílmica ha llegado hasta su quinta parte manteniendo el mismo nivel de calidad que originalmente le dio fama, especialmente en el género de terror. Friday the 13th Part V: A New Beginning; Halloween 5: The Revenge of Michael Myers; Nightmare on Elm Street 5: The Dream Child... todas ellas fueron meros refritos de una fórmula establecida con el único propósito de exprimir algunos dólares más para el estudio que las produjo. Y ahora, Saw V se une a ese mercenario grupo de sagas que sacrifican calidad y coherencia para continuar su éxito económico a costa de los fans.

La primera Saw estableció un villano interesante con una motivación comprensible y métodos pintorescos para realizar sus "altruistas" fines. La segunda cinta encontró la fórmula perfecta para extender la longevidad de la serie: multiplicar el número de víctimas y ofrecer nuevos atisbos en la historia y personalidad del mencionado villano. Pero para ésta, la quinta película, encontramos la fórmula convertida en simple rutina: tenemos otro grupo de víctimas potenciales unidas por misteriosas circunstancias que sólo sobrevivirán siguiendo las órdenes del asesino y superando sus temores y vicios; y al mismo tiempo tratamos de comprender otra serie de confusos "flashbacks" que revelan más detalles sobre el origen de Jigsaw, así como sus inesperadas relaciones con otros miembros del extenso elenco.


A pesar de esa monótona estructura, creo que disfruté Saw V un poco más que la cuarta, pero sólo porque esta vez tuve la precaución de estudiar antes de ir al cine. Así es... la mitología de la saga se ha vuelto tan enmarañada y compleja que sentí la necesidad de refrescar mis nebulosos recuerdos sobre las cuatro previas películas (cuidado con los spoilers en este link). Estoy seguro de habrá fanáticos fieles a la serie que podrían dibujar de memoria un complicado diagrama explicando cada escena de la película... yo no soy uno de ellos. A pesar de que he visto todas las películas varias veces (al menos una en el cine y un par más en DVD), no tengo en la memoria los detalles necesarios para sacar el máximo provecho de esta nueva secuela. Y sospecho que una gran parte del público estará en el mismo caso.


No sé cómo evaluar eso... por un lado, respeto que la película esté hecha para esos fieles fanáticos, recompensando su dedicación a la serie y su atención a cada personaje y situación, por irrelevante que parezcan; pero por otro lado no creo que sea muy justo o realista esperar que sólo vayan a verla esos mismos fanáticos, y quizás un guión más accesible daría a más personas la oportunidad de disfrutarla, al mismo tiempo que extendería la vida de la franquicia entera y, por consiguiente, su éxito económico. Pero por alguna razón no fue así (¿falta de tiempo? ¿integridad artística?), y el resultado es una confusa mezcla de escenas que cumple su función de presentar muertes violentas y sangrientos actos de auto-tortura... pero que no logra generar suspenso ni gran interés por los efímeros personajes. Recordemos por un momento la primera película, repleta de suspenso y con un guión sólido y lógico, en el que existían varios ingeniosos giros y sorpresas. Ahora tenemos un pálido y deforme reflejo de ese éxito inicial, mucho más sangriento, pero menos entretenido y satisfactorio.


Hablando de sangre, no cabe duda que Saw V sigue al menos la tradición de presentar efectos prácticos impresionantes (aunque quizás en menor número), y esta vez las imaginativas muertes presentan nuevos retos a los artesanos del látex para causar deliciosa revulsión en el público (aunque nada iguala la escena de la autopsia que vimos en la cuarta parte... o la cirugía en la tercera). Pero el problema no es la falta de sangre sino que, cuando se derrama, no genera impacto emocional más allá de la reacción inmediata.


Por todo eso sólo puedo recomendar Saw V a los fieles seguidores que pueden recitar la mitología al derecho y al revés; y a los aficionados que disfrutan efectos especiales sangrientos como un fin por sí mismos, sin necesitar conexión dramática con la historia que se cuenta. Ojalá el final de la quinta película prometiera algo mejor para la futura sexta parte, pero creo que será más de lo mismo: otro grupo de víctimas desechables, otra serie de "explicaciones" que nada explican y sólo confunden, y otro jugoso cheque para los cineastas que probablemente han perdido tanto interés en la serie como algunos de sus decepcionados espectadores... como yo.

Calificación: 6

viernes, 31 de octubre de 2008

Carrera de la Muerte (Death Race)

A veces es difícil, pero hay que reconocer que no todas las películas aclamadas como "clásicas" y "de culto" sobreviven el paso de los años. Algunas son realmente buenas y no lo discuto, pero muchas otras funcionan sólo, en el mejor de los casos, como reliquias históricas que representan con brutal honestidad la idiosincrasia de una época (por ejemplo, la irritante The Apple o la incomprensible Forbidden Zone). Afortunadamente Death Race 2000, de 1975, pertenece a ambas categorías, pues además de que sigue siendo entretenida, violenta y graciosa, refleja con igual entusiasmo un profético entorno social que, para bien o para mal, evoca nuestro presente... quizás no en lo que se refiere al inmisericorde y mortal deporte que le da título a la película, pero sí en su visión de la política como entretenimiento cuasi-fascista y pseudo-religioso.

Por eso parecería natural la idea de un re-make que retomara las ideas propuestas en esa brillante cinta y las trasladara a NUESTRO futuro, para especular sobre el desarrollo de la sociedad humana en décadas venideras. Después de todo, los más de treinta años transcurridos desde entonces han revelado mejoras y deficiencias que sin duda merecerían ser re-examinadas por un cineasta audaz, visionario y dispuesto a enfrentar el reto de entretenernos al mismo tiempo que nos hace pensar.

O, alternativamente, podría dársele la tarea a Paul W.S. Anderson.


No quiero ser uno de esos individuos que automáticamente odian todo lo que toca este controversial director. Cierto, creo que ha desperdiciado oportunidades únicas en proyectos de alto perfil (en particular con Alien Vs. Predator y la primera Resident Evil) cuyo inmenso potencial se esfumó frente al mediocre talento de este director; pero también ha realizado obras interesantes y entretenidas, ya sea por su concepto (Event Horizon), su exuberante energía (Mortal Kombat), o (como productor) por su bien armado equipo de colaboradores (Resident Evil: Extinction y D.O.A. Dead or Alive).


Para bien o para mal, la nueva cinta Death Race no redime a Anderson, pero tampoco lo sepulta; simplemente es más de lo mismo: hueco entretenimiento basado en buenas ideas que no se exploran adecuadamente. La trama omite gran parte del contenido político de la versión original y muchos de los elementos que añadían negro humor y genialidad narrativa. Así, en vez de una carrera a lo largo de los Estados Unidos, tenemos una competencia automovilística entre feroces criminales, limitada a una isla-prisión donde la fría e implacable directora se beneficia del elevado "rating" televisivo que genera la inusual carrera. El protagonista, un piloto profesional encarcelado injustamente, deberá sobrevivir no sólo el ataque de sus violentos contrincantes sino las manipulaciones de la directora, cuyas promesas de libertad podrían ocultar propósitos más siniestros y, desde luego, una siniestra conspiración...


En su más básico nivel, Death Race resulta una experiencia amena y marginalmente emocionante; abundan los momentos de violencia y abuso automovilístico; el fetiche tecnológico se cubre satisfactoriamente con exóticos vehículos copiados de Mad Max, aunque de más lustrosa manufactura; los actores encajan a la perfección en sus trillados papeles; y la dirección mantiene un ritmo ágil sin hacer demasiado frívola la trama, aunque una vez más Anderson cae en el error de exagerar la edición hasta el punto de la incoherencia en muchas instancias en las que un enfoque más sobrio y sutil hubiera funcionado mejor. Pero digamos que no es algo inesperado, pues se ha convertido en importante parte de su "estilo".


Hay que tomar en cuenta que escribo todo esto desde el punto de vista de alguien que apreció bastante la película original y consideró decepcionante la burda simplificación de sus mejores elementos en esta nueva interpretación. Pero quien no esté familiarizado con la versión setentera de Death Race 2000 quizás encuentre este re-make más satisfactorio, aunque sea como una llana cinta de acción con héroes rudos, autos rápidos y profusas explosiones. Al igual que la reciente cinta The Condemned (de tema casi idéntico), Death Race cuenta con suficientes virtudas para hacernos pasar un buen rato... aunque esta vez sea con vehículos en un circuito de concreto, en vez de puños y cuchillos en una espesa jungla. Digamos que en ésta carrera mortal, el resultado fue un simple empate.

Calificación: 7.5

jueves, 30 de octubre de 2008

The Other Side

Después de ver la excelente Dance of the Dead, tuve curiosidad de ver qué otras películas había dirigido el incipiente talento Gregg Bishop, y tras una corta visita al IMDb me enteré de que su ópera prima The Other Side contaba con comentarios muy positivos, que posteriormente confirmé visitando otros sitios especializados en cine de horror.

Unos días después, quince dólares más pobre, finalmente tuve oportunidad de ver The Other Side, y definitivamente me impresionó bastante a pesar de (o por razón de) su bajísimo presupuesto y su escueta manufactura.


La trama comienza con una extraña y perturbadora secuencia que cuenta una ambigua historia por medio de pesadillescas escenas diestramente editadas, con atisbos de violencia, sangre y un siniestro lugar poblado por cuerpos torturados. Después, en el mundo real, conocemos a un joven que vuelve a su ciudad natal para finalmente vivir con su novia, con la que mantuvo una relación remota mientras estudiaba en la universidad. Pero nunca llega el esperado reencuentro, pues la muchacha desaparece al salir de su trabajo, y entonces el protagonista se da a la tarea de buscarla con la ayuda de dos misteriosos personajes, quienes le revelan la verdad de su situación, y le advierten que hay un grupo de implacables asesinos místicos tras la pista del trío. Además, por si fuera poco, el joven también está en la mira de la policía por ser un sospechoso lógico en la desaparición de la muchacha.


Según el director Gregg Bishop, The Other Side costó sólo 15,000 dólares, pero el resultado en la pantalla es mucho más pulido de lo que sugiere esa ínfima cifra. Cierto, se nota el bajo presupuesto, pero la ambición de la historia junto con la increíblemente creativa dirección y las espléndidas secuencias de acción denotan genuino talento detrás de su manufactura, no sólo en el aspecto visual o narrativo, sino en la coordinación de la producción misma, maximizando la pequeña inversión para obtener resultados sorprendentes. Muchas películas independientes se conforman con mostrar dramas íntimos con unos cuantos actores sentados en un cuarto discutiendo sus problemas... por el contrario, The Other Side aspira a emocionarnos en un nivel más complejo, y lo mejor es que en gran medida lo logra. Pero incluso cuando falla merece aplauso, pues el simple hecho de que se haya arriesgado denota el potencial del director y de su entusiasta equipo de colaboradores.


Hablando de fallas, puedo mencionar algunos elementos derivativos... los asesinos que persiguen al protagonista son muy similares a los "agentes" de The Matrix en su comportamiento, e idénticos a Trinity en su vestimenta, lo cual invita algunas inexplicables situaciones que no ofrecen convincente explicación sobre su homogeneidad sartorial (perdón si esto suena vago o confuso, pero no quiero revelar demasiado de la trama).


También encontré otro punto débil en el protagonista; su desempeño dramático es moderadamente bueno, aunque algo frío; sus escenas de acción resultan adecuadas, pero no totalmente creíbles. Esto es a lo que me refiero con "merecer aplauso incluso en sus fallas"... el director requería un actor principal con esa rara combinación de aptitud física (para cubrir con decoro las escenas de acción) y talento histriónico (para enfrentar de manera realista los múltiples altibajos emocionales de la historia)... y aunque su elección no fue del todo exitosa, he visto el mismo problema en costosas producciones de Hollywood, de modo que es difícil criticar a un director independiente por no haber podido contratar a Will Smith o Brad Pitt para su pequeña película de quince mil dólares.


Por coincidencia vi The Other Side el mismo día que vi Brotherhood of Blood, otra película de terror realizada con un minúsculo presupuesto, con una trama interesante y un elenco irregular. Pero la diferencia en dirección, creatividad y ambición entre ambas es realmente impresionante, y demuestra la importancia no sólo de una historia bien construida sino del modo como el director y su equipo la interpretan visualmente, lo cual va más allá de las meras imágenes, cayendo de lleno en el más puro concepto de narrativa cinematográfica... arte visual combinado con retórica y técnica para crear una experiencia cautivadora, apasionante y muy entretenida.


Pongamos las cosas en contexto... The Other Side no es la mejor película en la historia del universo (aunque así lo hagan parecer mis excesivos halagos y pretenciosas descripciones); pero en el infecundo campo del terror independiente rara vez florece una película que no sólo supera sus limitaciones, sino que excede las expectativas del espectador y del género entero. Después de ver decenas de anónimas películas de zombies, vampiros o asesinos que resultan meras variaciones de sus bien conocidos temas, resulta refrescante encontrar un genuino talento que (espero) logre elevar el género de terror... o al menos producir buen cine en cualquier estilo. Gregg Bishop lo logró con ésta, su modesta ópera prima, y tuvo similar éxito con su segunda película, Dance of the Dead. Esperemos que la tendencia positiva continúe y nos sorprenda con su futura filmografía. Por lo que he visto, estoy convencido de que así será.

Calificación: 8.5

miércoles, 29 de octubre de 2008

Brotherhood of Blood

En mi constante búsqueda de joyas ocultas (o al menos experiencias fílmicas tolerables) en el estéril desierto del terror de bajo presupuesto, encuentro con demasiada frecuencia películas simplemente malas; estoy acostumbrado y no lo resiento mucho; pero lo que sí llega a doler es encontrar una obra con gran potencial que fue saboteada por algún elemento de su producción, ya sea a nivel creativo, técnico o narrativo. Desafortunadamente Brotherhood of Blood es una de esas películas que pudo llegar más lejos si no fuera por una fatal deficiencia: su dirección.

El concepto básico del guión es bueno y bastante original: a diferencia de los sofisticados y elegantes vampiros de Anne Rice o los tecno-fetichistas de Blade, los vampiros de Brotherhood of Blood viven en la periferia de la sociedad, al margen de la ley y ligeramente por encima de los indigentes callejeros. Sus antagonistas, una secreta orden de cazadores de vampiros, no está en mejor posición; por falta de dinero, los supuestos héroes deben sostener su magra existencia robando las pertenencias de los vampiros que destruyen. Por eso ambas facciones buscan desesperadamente el control de un hombre recientemente infectado por el vampirismo, cuyo millonario hermano podría ser una importante fuente de dinero y posición social... los vampiros desean convertirlo en uno de ellos, y los cazadores quieren convencerlo para patrocinar sus esfuerzos, empezando por buscar una cura para el hermano infectado. Además, por si eso no fuera suficiente, tanto los héroes como los villanos están preocupados por la inminente resurrección de un antiguo demonio, que podría tener como misión exterminar a los humanos, o a los vampiros... o al planeta entero.

La premisa de Brotherhood of Blood es innovadora, pero la película se desmorona rápidamente por su bajísimo presupuesto y la pésima dirección de Michael Roesch y Peter Scheerer, cuyo trabajo como guionistas muestra varios atisbos de ingenio que en papel sin duda prometían una razonablemente interesante película. Pero su desempeño como directores arruina tal potencial, pues además de la cinematografía (videografía) granulosa y mal iluminada, tenemos escenas pésimamente coreografiadas, una abundancia de incómodos y mal encuadrados close-ups y una espantosa edición cuyas fallas no se limitan a irrelevantes problemas de continuidad, sino que sabotean la narrativa con sus bruscos cambios de ritmo y tono. Esa carencia de visión global y de planeación adecuada, y la incapacidad de mantener en la mente la estructura y flujo de la historia durante la filmación y post-producción de la película es lo que más fácilmente puedo señalar como un mal trabajo de dirección. Por cierto, durante los créditos finales de la película el primer agradecimiento es para Uwe Boll (al parecer los co-directores y co-guionistas de Brotherhood of Blood trabajaron con él en Alemania). Ni hablar... supongo que hasta la tangencial influencia de este nefasto director tiene el poder de arruinar otras películas. O tal vez Boll fue el mentor de Roesch y Scheerer, con las consecuencias que ahora vemos.

Como quiera que sea, el par trata de atenuar el problema empleando el viejo truco de contar la historia de manera no lineal (en otras palabras, otro refrito estilístico de Pulp Fiction); no funciona en el plano técnico, pero en el narrativo tal vez enriquece el desarrollo, pues al alternar entre presente y futuro algunas escenas que no tenían sentido cobran nueva importancia, mientras que otras revelan relaciones inesperadas o motivación de acciones futuras.

El elenco también comparte la culpa, pues si bien la inclusión de varios veteranos del género fantástico eleva parcialmente el nivel de la cinta, al mismo tiempo resalta la ya notoria deficiencia del resto de los actores, subrayando su condición amateur y las improvisadas actuaciones. Entre los veteranos mencionados tenemos a Sid Haig (Spider Baby, The Devil's Rejects) y Ken Foree (recordado con cariño por su papel central en la original Dawn of the Dead), quien es también culpable de exagerar bastante en su interpretación de una especie de pirata vampiro propenso a explicar la trama y a reír maniáticamente. Finalmente tenemos a la guapa Victoria Pratt, más conocida por papeles en las series televisivas Xena: Warrior Princess, Mutant X y Cleopatra 2525; no será una virtuosa del arte histriónico, pero considero que pertenece al dudosamente destacado grupo de actores y actrices que demuestran inusitado profesionalismo y compromiso en las cintas de bajo presupuesto donde con frecuencia los vemos tomando muy en serio sus papeles y excediendo los requerimientos del mediocre material con el que generalmente tienen que trabajar (otros semi-anónimos miembros de ese grupo: Corbin Bernsen, Reneé O'Connor y Sandrine Holt).

A fin de cuentas, los contados aciertos de Brotherhood of Blood no exceden sus abundantes fallas. La mala dirección, nebulosa imagen y limitación creativa general aniquilan la experiencia, aunque la trama deja la puerta abierta para una hipotética secuela. Honestamente no me molestaría verla, siempre y cuando los directores estudiaran intensivamente bajo la tutela simultánea de Martin Scorsese, Alan Parker y Steven Spielberg. Pero como dudo que eso ocurra, considero más viable que los productores (que incluyen al mencionado Ken Foree) decidan buscar a alguien con el mediano talento visual necesario para alcanzar el potencial que promete la historia. En el mejor de los casos, Brotherhood of Blood es una mediocre pero interesante curiosidad en el vasto y predecible sub-género de vampiros. En el peor de los casos, es una lección para estudiantes de cine sobre cómo NO dirigir una película. En ambos papeles tiene cierto valor, pero mi recomendación está limitada sólo a aquellos que encuentren el proverbial vaso "casi lleno". El resto de la gente preferirá abstener por completo de beber este amargo trago.
Calificación: 6

martes, 28 de octubre de 2008

Dance of the Dead

Aunque últimamente he elogiado varias películas realizadas directamente para distribución en DVD, no hay que olvidar que el porcentaje de las que superan expectativas y trascienden limitaciones es más o menos pequeño. Desafortunadamente la gran mayoría está integrada por obras sin visión, creadas sólo para explotar la viabilidad de este floreciente mercado; o por las creaciones de gente sin talento pero con mucho entusiasmo, lo cual es aún más doloroso, pues por mucho amor que algún mediocre cineasta tenga por el género, difícilmente producirá una película sólida que se sostenga por méritos propios.

Por eso se multiplica el placer cuando mágicamente aparece una película que combina visión, talento y respeto por el cine fantástico, para dar como resultado una experiencia sincera, divertida y tan sólidamente realizada que podría competir con cualquier cinta reciente de terror que (mereciéndolo o no) se haya exhibido en cines. Y me complace decir que Dance of the Dead es una de esas raras películas.

Acepto que no es muy original; su argumento podría destilarse en dos obvias influencias: la cinta británica Shaun of the Dead y las comedias juveniles de John Hughes. Extraña combinación, pero en manos del hábil director Gregg Bishop la mezcla funciona perfectamente bien, al estar respaldada por un ingenioso libreto, buenos actores y un travieso tono que se apoya en el humor pero sin perder de vista el suspenso y terror que nos hace temer por los personajes.

Como muchas películas de John Hughes, Dance of the Dead comienza con los preparativos para el baile de graduación en la escuela preparatoria de un pequeño pueblo... ubicado junto a una planta nuclear. Ahí conocemos a varios jóvenes, algunos populares y otros inadaptados o antisociales... pero cuando la radiación de la planta nuclear desata una epidemia de zombies, los estudiantes (y algún maestro) tendrán que poner sus diferencias (y romances) a un lado para defender su pueblo, rescatar la fiesta de graduación... y mantenerse con vida mientras llega ayuda.

Como dije, el argumento no es muy original, y podemos apreciar los numerosos "homenajes" o influencias de películas que van desde la icónica obra de George A. Romero, hasta sus mejores imitadoras, como Return of the Living Dead, la mencionada Shaun of the Dead y la humilde Zombie Honeymoon. Pero el tomar prestado de tantas fuentes no evita que Dance of the Dead desarrolle una personalidad propia, que comienza con su juvenil elenco y continúa evolucionando hasta el perfecto final, que no es necesariamente feliz para todos, pero que resulta muy satisfactorio, tanto narrativa como emocionalmente.

Para balancear tantos elogios debo recordar también que Dance of the Dead es una película de muy bajo presupuesto (según la revista Fangoria, su costo apenas superó el millón de dólares), aunque no lo parece. Dije al principio que puede competir con muchas películas recientes de terror y lo sostengo, pero sólo en el aspecto dramático y visceral... después de todo, sería difícil lograr la misma sofisticación y recursos técnicos que se lograron (desperdiciaron) en Mirrors o (por favor no) el re-make de Shutter. Sin embargo, sobra decir que con su sencilla producción y abundante visión, Dance of the Dead resulta incalculablemente más entretenida y satisfactoria que esas (y muchas otras) decepciones fílmicas.

Sólo queda entonces recomendar con entusiasmo esta inesperada joya de terror, y alegrarnos de que el medio sea lo suficientemente próspero para apoyar obras de esta valía. Si el precio de cada buena película directa a DVD es soportar 10 bodrios como The Butterfly Effect 2, White Noise 2: The Light o Five Across the Eyes... bueno, no puedo decir que me alegrará gastar mi dinero, pero me consuela saber que quizás estoy apoyando la creación y difusión de esas contadas obras que compensan con su calidad las horas de tortura que hemos sufrido a manos de sus mediocres colegas.
Calificación: 9

Advertencia: No confundir esta brillante cinta con el tedioso episodio de Masters of Horror también titulado Dance of the Dead... el tema es totalmente distinto y sobra decir que la calidad también.

lunes, 27 de octubre de 2008

Quémese Después de Leerse (Burn After Reading)


El año pasado los Hermanos Coen recibieron mucha atención por su multi-premiada cinta No Country for Old Men, y supongo que eso elevó demasiado las expectativas para su siguiente película. Pero es conveniente recordar que, por talentosos que sean, no son infalibles; y como prueba podemos ver en su filmografía altibajos tan pronunciados como el que seguramente se declarará después de Quémese Después de Leerse. Cierto, esta vez el declive no fue tan pronunciado como el que existió entre O Brother Where Art Thou y The Man Who Wasn't There, o el que separó Intolerable Cruelty y The Ladykillers (aunque muchos dirán que no hubo tal declive, y que ambas películas fueron igualmente mediocres), pero como quiera que sea, es casi seguro que Quémese Después de Leerse decepcionará a mucha gente impresionada por la sombría e impactante No Country for Old Men.

La trama sigue las peripecias que desatan un par de ineptos individuos cuando tratan de vender un disco con información clasificada que extravió la esposa de un analista de la CIA. Simultáneamente vemos como el retiro forzado empieza a desmoronar la psique de tal analista. Y una tercera sub-trama sigue los romances de un empleado gubernamental con varias mujeres que de algún modo están relacionadas con el problema entero. Y así, combinando contundente drama personal con incongruente humor, la trama avanza en irregulares saltos hasta llegar a un abrupto y cínico final que podrá ser lógico, pero que no por eso resulta satisfactorio. En resumen, otra gran broma de los Hermanos Coen a costa de su público.

Los primeros 20 minutos son fascinantes por su retrato del lado humano del espionaje, no en el ridículamente glamorizado nivel de James Bond, sino en el entorno más prosaico, realista y paranoico de conflictos en la oficina, problemas personales, y los insospechados niveles de complejidad cuando se combinan de maneras inesperadas. Así, el "simple" adulterio de una esposa se convierte en un drama político; el retiro de un sólido trabajador con problemas de alcoholismo crece hasta poner en peligro la seguridad nacional (o lo que sea que esté en riesgo... nunca queda exactamente clara la importancia de la información en juego); y se revela que las altas posiciones de poder están ocupadas por personas exactamente iguales a las que tratan de controlar, y sobre las que se sienten superiores.

Pero cuando entran a la trama los elementos cómicos (en la forma de Frances McDormand y Brad Pitt), la tensión se evapora y es reemplazada por humor forzado... el tipo de humor que cree ser mucho más gracioso de lo que realmente es. Ahora, para ser honestos, el humor se oscurece paulatinamente hasta volverse intensamente negro y sardónico. Cuando las múltiples tramas empiezan a entrelazarse y finalmente vemos con claridad la secuencia de causas y consecuencias, sólo queda admirar la audacia de los guionistas y la metódica dirección que nos llevó por el irregular pero entretenido paseo; un claro caso de "el viaje es mejor que el destino".

La (casi) siempre acertada elección de actores eleva inmensamente el fragmentado guión; George Clooney encuentra el balance perfecto entre patético y simpático; David Rasche y J.K. Simmons son perfectos como los pragmáticos oficiales de la CIA que apenas comprenden la bizarra cadena de eventos. El personaje de Frances McDormand es fascinante, y creo que merecería una película para sí misma, en vez de sólo ser el irritante "comic relief" en lo que hubiera podido ser un sobrio thriller político. Curiosamente, el actor que falla es Brad Pitt; no sé si habrá sido por inspiración propia o por dirección de los Coen, pero es el único que se siente como un títere del guión y no como una persona real y palpitante tratando de navegar los extraños giros que el destino depara. Usualmente Pitt es un excelente actor, pero esta vez el material no le ayudó a encontrar el "centro" del personaje. O algo así.

Creo que Quémese Después de Leerse tiene más cosas positivas que negativas, aunque el balance dependerá necesariamente del humor y tolerancia de cada espectador. Escuché comentarios en el cine sobre una violenta escena, que aparentemente arruinó la experiencia para muchas personas; para mí fue el punto donde la historia empezó a mejorar. Entonces, quedan advertidos: considero que esta inusual película merece recomendación por las actuaciones y el ocasional ingenio de su libreto; pero el aberrante tono y atípico final podría descomponer el resto de la película para aquellos que no estén acostumbrados al impredecible estilo de humor que caracteriza los Hermanos Coen. Ahora que lo pienso en ese contexto, quizás No Country for Old Men fue en realidad la broma...
Calificación: 8

domingo, 26 de octubre de 2008

Max Payne

Usualmente cuando falla económicamente una película basada en un videojuego (¿alguna se ha salvado?), se alega que la causa fue la falta de fidelidad entre la adaptación y la fuente original. Quizás para algunos fans eso basta para racionalizar el problema, pero yo creo que la razón es mucho más simple y fundamental: los argumentos de los videojuegos son generalmente malos. Como ávido jugador desde hace casi tres décadas (sí, así de viejo estoy) he presenciado la evolución de este arte, desde los repetitivos y simples títulos de antaño (Pong, Space Invaders) hasta las complejas y bizantinas tramas de complejos videojuegos con impenetrables universos de personajes y eventos multi-relacionados, que son simplemente incomprensibles para quien no haya dedicado gran parte de su vida estudiando el enredado tejido de causas y consecuencias, mentores y discípulos, hechizos y contra-hechizos... en otras palabras, vastas y auto-indulgentes sagas como las de Final Fantasy, Metal Gear, Castlevania y muchas otras.

Sin embargo, por torpes que sean esas historias (mis sinceras disculpas a los fans... yo soy uno de ustedes y no es mi deseo insultarlos, sino ilustrar una idea), los videojuegos mismos funcionan maravillosamente bien, pues su razón de ser no es contar una historia (aunque así lo deseen imaginar los diseñadores con sueños cinematográficos), sino desarrollar una mecánica de juego entretenida y adictiva, fácil de aprender pero difícil de dominar, que despierte la imaginación, estimule la práctica y recompense la dedicación. En resumen, todos los sutiles y obvios elementos que representan la incomprendida INTERACTIVIDAD. Por eso, cuando se traducen esas historias a cine, un medio cien por ciento pasivo (no estoy contando a los que le gritan a la pantalla en la creencia de que los personajes les harán caso), se pierde automáticamente todo lo que funcionaba en la consola, computadora o tablero y, en el mejor de los casos, queda a cargo de la imperfecta trama el tratar de satisfacer tanto a los fans del juego como a los que sólo esperan ver una buena película.


Tuve tiempo de pensar todo esto mientras veía Max Payne, pues a pesar de que el el guión sigue de cerca lo establecido en el juego, no sentí ni un ápice de la emoción y visceral satisfacción que en algún momento me produjo el juego original. Sin el elemento interactivo, la historia se reduce a una serie de predecibles escenas que hemos visto incontables veces en películas de similar tema: el anti-héroe rudo pero honorable en busca de venganza, luchando por limpiar su nombre (auxiliado por una atractiva mujer) al mismo tiempo que se enfrenta a villanos respaldados por alguna conspiración corporativa, gubernamental, religiosa o de cualquier otro tipo. Estilísticamente la película no llega más allá del genérico pseudo-noir urbano, con cinematografía desaturada y casi monocromática, alto contraste entre áreas de luz y sombra, e, irónicamente, secuencias en cámara lenta que no logran ni un fragmento del impacto y elegante coreografía que los diseñadores utilizaron en el videojuego. Estamos en problemas cuando una de las principales conexiones visuales entre el juego y la película es la nieve en cámara lenta.


Las actuaciones son irrelevantes. Lo único que hace falta en el héroe es obtener la combinación justa de férrea determinación con su lado emocional; las mujeres deben ser seductoras pero rudas, y los villanos sólo necesitan un corto repertorio de expresiones amenazadoras, despectivas y (cuando hay un giro sorpresivo) amistosas. Si el libreto no se preocupa por mostrar evolución, desarrollo orgánico y solidez narrativa, ¿por qué exigírselo a los actores cuyo único trabajo es reemplazar avatares digitales aún menos expresivos?


Entre los pocos aspectos positivos de Max Payne está la guapa Olga Kurylenko, cuyo corto papel casi duplica su participación en Hitman (otra cinta basada en un violento videojuego sobre un sombrío anti-héroe en busca de venganza), mostrando una vez más su talento para quitarse seductoramente un vestido rojo... aunque esta vez la cinta es "PG-13" en vez de "R"... otra inusual decisión considerando que la extrema violencia y el cruento detalle de los "headshots" estaban entre los elementos que distinguían al videojuego. En vez de eso, tenemos algunos efectivos efectos especiales que representan las consecuencias de la droga Valkiria (parte de la mencionada conspiración), las consabidas balaceras en cámara lenta donde se disparan miles de balas sin tocar al héroe y sin producir sangre entre los antagonistas; y la confiable banda sonora con sus respectivos pasajes de rock pesado, tecno y épica orquestación, tratando de subrayar emociones inexistentes.


Quizás estoy siendo demasiado estricto con Max Payne, pero ya colmó mi paciencia este hueco cine de acción diluido e insípido, que es todo imagen y nada de sustancia... mucho movimiento y rápida edición, pero nada de emoción... y que trata de distraernos con imágenes llamativas para que no nos demos cuenta de su fundamental inconsecuencia. Espero sinceramente que sólo sea una fase, y que eventualmente caerá bajo su propio peso para dar lugar a un renacimiento del género... o tal vez una nueva versión de lo mismo. Por lo pronto, me quedaré con los juegos en donde realmente pueden jugarse y no sólo verse.

Calificación: 4

viernes, 24 de octubre de 2008

Los Condenados (The Condemned)

Nunca es buena señal cuando al principio de una película vemos el logo de la Federación Mundial de Lucha Libre (WWE, o alguna de sus subsidiarias). No deseo juzgar a los aficionados de tal actividad, pero creo que sería imposible negar que a lo largo de los años esta organización ha co-producido películas de ínfima calidad (como la risible The Marine), cuya única razón de ser (además de hacer fácil dinero) ha sido promover algún personaje moldeado por los diestros equipos de mercadotecnia e imagen que manejan ese deporte. Me abstengo de poner comillas en la palabra "deporte" porque si bien desconfío de su legitimidad, no pongo en duda el desempeño físico de quienes lo practican. En otras palabras, los resultados de las batallas podrán ser falsos, pero el entrenamiento y algunos golpes deben sentirse reales.

Además, entiendo la conexión entre lucha libre y cine (especialmente en el género de acción... ojalá el destino no nos depare algún drama o comedia romántica con un monolítico luchador en el papel principal). Después de todo, en una actividad donde el éxito depende de la popularidad, podemos estar seguros de que las grandes figuras serán al menos personas con gran carisma y "showmanship", que fácilmente podría trasladarse del ring a la pantalla grande, como ocurrió con Dwayne "The Rock" Johnson, la persona que mejor ha logrado la transición de luchador a legítimo actor... si no contamos a Tor Johnson.


Esta vez le toca el turno a Steve Austin (nombre real: Steven Williams) y aunque no tiene el talento de Johnson (Dwayne), al menos muestra adecuada presencia escénica y atisbos de humor que suavizan su extra-ruda apariencia, haciéndolo accesible como héroe de acción incluso en las más predecibles y genéricas escenas de Los Condenados. La desechable trama combina ingredientes bien conocidos, que no requieren gran preparación ni desarrollo para meternos de lleno en la acción: diez violentos prisioneros condenados a muerte son involuntariamente reclutados para participar en un cuasi-legal "webcast" donde los "concursantes" deberán luchar hasta la muerte, y el único sobreviviente ganará una considerable suma de dinero... por no mencionar su libertad. Pero el conflicto no está confinado a un ring o arena, sino a lo largo y ancho de una agreste isla tropical, lo cual provee amplia oportunidad de planear emboscadas, acechar a los enemigos y despacharlos de muy creativas maneras. ¿Logrará sobrevivir el héroe de la película?


Por mucho que quiera burlarme del burdo libreto y su falta de originalidad, admito que pasé un buen rato viendo Los Condenados; después de todo, no aspira a ser siquiera una sobresaliente película de acción, sino sólo un plato de comida rápida que satisfaga momentáneamente para olvidarse diez minutos después. Como dije, Steve Austin encaja bien en el papel de estoico y silencioso anti-héroe (supongo que fue buena idea no darle extensos diálogos dramáticos), y el resto del elenco ocupa con igual acierto sus ingratos roles, desde los variados prisioneros (que incluyen una pareja casada y al siempre entretenido Vinnie Jones), hasta los organizadores de la operación, cuya villanía queda establecida en los primeros segundos de la película.


Desde la original The Most Dangerous Game, de 1932 (basada en un cuento corto publicado en 1924) hemos visto muchos refritos del concepto de "cacería humana"; algunos, como The Running Man son huecos ejercicios de acción con poca sustancia; otros, como Battle Royale y su secuela, imprimen inusitada profundidad y significado a la violencia. Los Condenados se apega más a la primera descripción, pero lo hace de manera suficientemente profesional y directa para lograr su simple propósito de entretener y sorprendernos levemente con unas contadas muertes sangrientas. Supongo que también trató de dejarnos un mensaje sobre la violencia en los medios de comunicación y la hipocresía de quienes los condenan (ahem), pero será mejor dejar esas denuncias a un lado y simplemente divertirnos con esta vetusta receta de acción y violencia que al menos está bien dirigida y ofrece abundante brutalidad sin disculparse por sus excesos mientras que otras películas, más caras y prestigiosas, deben limitarse para no arriesgar su éxito en taquilla. Francamente, prefiero la honesta y superficial ultra-violencia de Los Condenados en vez de la insípida y sobredirigida pseudo-acción de Max Payne, Babylon A.D. o Bangkok Dangerous.

Calificación: 7.5