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Lo diré desde el principio: después de tantos meses de espera, Los Indestructibles fue una decepción. Durante ese tiempo traté de mantener mis expectativas bajas, convenciéndome de que la mera presencia de sus célebres actores no produciría una buena película como por arte de magia. Había demasiadas variables desconocidas, empezando por la calidad del argumento, el nivel de la acción y, muy importante, la química entre los actores. Sin embargo, cuando finalmente la vi, me sorprendió que el principal punto débil fuera Sylvester Stallone, el director; y Sylvester Stallone, el co-guionista. Y fue tan inesperado porque su previa película, John Rambo, resultó ser exactamente lo que Los Indestructibles pretende ser: un homenaje al cine de acción de los ochentas, pero con una sensibilidad moderna y hasta atisbos de relevancia social.Pero bueno... la curiosamente difusa historia de Los Indestructibles comienza a bordo de un buque capturado por piratas somalíes, quienes amenazan con matar a la tripulación a menos que reciban varios millones de dólares. Afortunadamente para los rehenes, un equipo de mercenarios conocidos como "Los Prescindibles" resuelven rápidamente el problema, a pesar de enfrentar conflictos internos entre el violento y adicto Gunner (Dolph Lundgren), el ágil Ying Yang (Jet Li) y el eficiente Lee Christmas (Jason Statham). Pero, a fin de cuentas, el seguro liderazgo de Barney Ross (Sylvester Stallone) logra salvar la situación. De regreso en los Estados Unidos, Barney se reúne con el misterioso Sr. Church (Bruce Willis) para recibir una nueva misión: derrocar al General Garza (David Zayas), déspota dictador de una pequeña isla sudamericana que en realidad es el títere de un misterioso individuo interesado en controlar la producción de droga en la región. La misión parece imposible, pero Barney acepta; y entre los muchos problemas que enfrentará el equipo está el de una traición que podría destruirlos para siempre...
No es muy original, pero la premisa suena como perfecto vehículo para lucir a los respectivos actores y darnos dos horas de acción, ¿cierto? Lamentablemente Stallone tarda demasiado en encontrar el foco de la trama, y durante casi hora y media tenemos que aguantar los torpes esfuerzos del guión por encontrar un hilo narrativo que unifique la historia. El resultado es un incoherente desfile de vagas escenas que no se sienten como parte integral de una historia, sino como torpes viñetas en busca de significado y motivación. Me da la impresión de que Stallone filmó escenas por separado con sus diversas estrellas, según estuvieran disponibles, y después armó el libreto uniéndolas sin mucha lógica. Así tenemos las remembranzas del veterano Tool (Mickey Rourke), que parecen establecer un tema de redención que se queda en el aire, sin resolución satisfactoria; mientras tanto Christmas tiene problemas sentimentales con la atractiva Lacy (Charisma Carpenter), lo cual es mera excusa para introducir otra pelea desechable con varios patanes; y Ying Yang simplemente quiere más dinero; ese es el principio y el fin de su carácter. Lo único que parece ligeramente más sustancial es el conflicto entre Barney y Gunner; pero incluso ahí encontramos un chasco al final, con una revelación ridícula que traiciona el único momento emocional de la cinta. En serio, ¿qué demonios estaba pensando Stallone (el guionista)? Quizás confió demasiado en la fama de sus co-estrellas y asumió que quedaríamos tan deslumbrados al verlos juntos en la pantalla que ignoraríamos el pobre libreto. Hablando de lo cual, tengo que mencionar... La Escena. Se ha hablado mucho del momento que comparten Stallone, Arnold Schwarzenegger y Bruce Willis en la película, pero igualmente resulta un chasco. Cierto, ofrece un par de hilarantes diálogos, pero quien espere ver una auténtica colaboración de estas legendarias figuras ochenteras saldrá doblemente decepcionado.
Por el lado positivo, tengo que señalar la buena química entre Stallone y Statham; fue un acierto convertirlos en los protagonistas, y siento que la película hubiera sido mejor si se centrara exclusivamente en su relación. También me gustó el papel de Eric Roberts, como uno de sus típicos villanos, cruel y refinado. Y, por supuesto, también me gustó la última media hora de la película. Si algo puede rescatar Los Indestructibles de la apatía total es esa "batalla final", donde Stallone (el director) sube la intensidad y nos da muchos "jugosos" momentos de inspirada violencia. Pero hasta en eso tengo quejas; su usualmente sobria dirección amenaza con "modernizarse" y caer en la confusa edición que han puesto de moda directores como Stephen Sommers o Len Wiseman. De ningún modo es tan mala, pero en muchas ocasiones me costó trabajo entender lo que estaba pasando, y constantemente confundí a los personajes en el frenesí de la batalla. Y, por cierto, también aprecié el uso de efectos especiales clásicos, con miniaturas y sangre "tradicional" para mostrar la devastación causada por los héroes (aunque noté un par de veces la misma sangre digital que fue un punto bajo en John Rambo).
Creo que Los Indestructibles fue una buena idea de Sylvester Stallone que cayo bajo el peso de su ambición. Reunir a tantos actores debió ser difícil (ni siquiera he mencionado a Terry Crews, Randy Couture y Steve Austin), pero lo que parecía el punto fuerte de la película resultó ser su principal obstáculo. En fin... Los Indestructibles tenía enorme potencial de convertirse en una lección para los cineastas modernos, y un premio para los aficionados al cine de acción que lo han apoyado desde hace treinta años; sin embargo sus numerosas fallas fundamentales impiden que llegue más allá de su simple valor intrínseco, y por lo tanto solo puedo recomendarla para fans incondicionales de Stallone y para quienes disfruten una probada de los "métodos clásicos" como alternativa de los excesos digitales que hemos visto en huecas cintas como The A-Team, Prince of Persia y Clash of the Titans. Parece que en estos días el género de acción tiene sus mejores exponentes en el cine independiente directo a DVD (igual que ocurre con el terror); quizás no encontraremos ahí a Stallone, Willis o Schwarzenegger (todavía), pero cintas como Universal Soldier: Regeneration (¡también con Dolph Lundgren!), The Tournament y hasta Smokin’ Aces 2: Assassins’ Ball respetan las simples estructuras y sólida ejecución que distinguió a las mejores cintas de los ochentas. A fin de cuentas, el futuro no debería estar en la nostalgia, sino en la evolución del género.
Calificación: 6.5
¿Cual fue mi excusa esta vez para ver Como Perros y Gatos 2: La Venganza de Kitty Galore? No llegué a tiempo para ver The Expendables. Además, trabajo en el campo de la animación digital y me interesa ver efectos bien hechos... aunque muchas veces sea en películas deplorables. Por cierto, en este caso tales efectos se complementan con maravillosas creaciones prácticas de Romaire Studio (reemplazando la célebre Jim Henson Creature Shop que contribuyó a la original). Ah, y también me gustan los perros. Claro que nada de eso me ayudó a disfrutar esta profundamente tediosa película.
La original Cats & Dogs no fue una joya del cine moderno, pero me hizo reír en varias ocasiones por sus ingeniosas parodias del cine de espías, y porque reconocí en los personajes las actitudes de perros y gatos que he conocido a lo largo de mi vida (por supuesto no me refiero a los "gadgets" y escenas de acción, sino a los fugaces momentos donde se percibía la auténtica naturaleza de los animalitos). Ahora, como siempre ocurre, la obligatoria secuela pierde el tenue encanto de la original e incrementa el nivel de burdo humor, garantizando otra película para niños donde se reemplaza la historia con ruido y excesos visuales. El argumento continúa la guerra secreta entre perros y gatos, pero con un giro inesperado: el villano en turno, Kitty Galore (voz de Bette Midler) tiene un plan de conquista tan cruel y malévolo que los demás gatos deciden aliarse temporalmente con los perros para detener a su enemigo común. ¿Podrán los eternos rivales resolver sus diferencias y cooperar para cumplir su misión? Ojalá que sí, pues el planeta entero depende de ello.
La premisa no es mala, pero se desperdicia en cansadas rutinas de estúpido humor que rara vez provocan una sonrisa, y desde luego en las previsiblemente aparatosas secuencias de acción, tan aburridas como irrelevantes, que solo sirven como distracción en el lento camino al "gran final" (bostezo). Admito que es un error esperar mucho de una película como ésta, pero siempre guardo la esperanza de encontrar cineastas que no tomen el cine familiar como excusa para reducir al mínimo la inteligencia de sus libretos, ni ignoren los más básicos preceptos de la narrativa cinematográfica. Mala suerte; seguiré buscando.
Y, a fin de cuentas, ¿valió la pena perder noventa minutos por los efectos especiales? Realmente no. Quizás los nueve años transcurridos entre la primera Cats & Dogs y esta secuela ayudaron a mejorar las simulaciones de fluidos, los "shaders" procedurales y las reacciones dinámicas del pelo, pero aún así no hay nada sorprendente o innovador, o algo que no hayamos visto en las incontables cintas sobre animales parlantes realizadas en la última década. Entonces, aunque los actores animales sean simpáticos y el trabajo de "animatronics" de Romaire Studio se vea impecable, no bastan para recomendar Como Perros y Gatos: La Venganza de Kitty Galore porque no ofrece el genuino entretenimiento que deberíamos esperar de una buena película infantil. Eso sí, hay muchas frenéticas secuencias que simulan urgencia y suspenso, pero si las examinamos veremos que son desesperado relleno para alargar el insulso argumento. Supongo que es muy fácil escribir: "La mochila del perro se convierte en un jetpack y comienza una vertiginosa persecución por los cielos de la ciudad", y dejar que los estudios de efectos especiales se encarguen de entretener al público durante unos minutos. Lo que no es tan fácil es escribir una historia decente que llene los huecos entre esas escenas y nos mantenga interesados en los personajes. Quizás para la siguiente secuela los animales deberían estar al frente y DETRÁS de las cámaras; estoy seguro de que el resultado sería más ambicioso y original.
Calificación: 4
Nota: Me alegra que se haya estrenado esta excelente película en México; para comodidad de los lectores, re-publico la crítica que escribí hace algunas semanas.
Eran las 2:00 AM cuando puse el DVD de The Girl with the Dragon Tattoo. Sabía que dura dos horas y media, pero pensé: "Voy a verla un rato, y cuando me de sueño la detengo para terminarla mañana". Sobra decir que a las cuatro y media seguía perfectamente despierto, atrapado por la hipnótica narrativa de esta película y sus memorables personajes. No he leído los libros de Stieg Larsson que forman la "trilogía Millennium", pero después de experimentar su brillante interpretación del "noir" (aunque sea en formato fílmico), seguramente lo haré, y ese es el mejor halago que puedo hacerle a esta excepcional película.
En la mejor tradición del cine "noir", The Girl with the Dragon Tattoo gira en torno a la desaparición de una joven mujer. Pero el crimen no es reciente; ocurrió en 1966, y durante cuarenta años ha sido la obsesión del anciano Henrik Vanger (Sven-Bertil Taube), perteneciente a una destacada familia de industrialistas suecos. La víctima fue su sobrina Harriet (Ewa Fröling) y, tras años de infructuosa labor policíaca, el hombre ha decidido contratar los servicios del reportero investigador Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) con la esperanza de encontrar la identidad del asesino. Con nada que perder (pues pronto ingresará a la cárcel acusado de difamación) Blomkvist acepta la extraña misión, y se sumerge en los ajados documentos y fotografías que Vanger y la policía sueca acumularon durante cuatro décadas. Al principio sus indagaciones avanzan con lentitud, pero eso cambia cuando, sin saberlo, recibe ayuda de la enigmática Lisbeth Salander (Noomi Rapace), una diestra "hacker" con inexplicable interés en el caso.
Incluso sin haber leído el libro (cuyo título original es "Hombres que Odian a las Mujeres"), se puede percibir en The Girl with the Dragon Tattoo el metódico ritmo e indescriptible riqueza de una buena novela, construida no como una colección de escenas secuenciales, sino como una compleja red de conexiones humanas, lógicas y emocionales, cuya evolución resulta satisfactoria en muchos niveles, incluso cuando el argumento tropieza con algunos agujeros o forzadas coincidencias. En otras palabras, tengo algunas reservas sobre el misterio central de la película, pero me siento inclinado a ignorarlas gracias a la eficiente dirección de Niels Arden Oplev y, sobre todo, a la detallada construcción de los protagonistas como humanos reales que desafían los fáciles arquetipos del thriller moderno, invitándonos a compartir sus experiencias porque los encontramos interesantes, y no porque la cinta nos obligue a hacerlo.
Tan importante como la dirección y el libreto es la selección de actores, y Arden Oplev dio en el clavo con Mikael Blomkvist y Noomi Rapace, pues ambos entienden la relación de "yin y yang" entre sus personajes. Curiosamente para este género, Blomkvist tiene el papel más pasivo, fundamentado en la razón, mientras que Rapace es el elemento pasional de la ecuación, no siempre racional pero honesta e impulsiva en sus reacciones viscerales. La combinación ofrece momentos de asombrosa revelación y genuino suspenso, moderados por el pausado ritmo de la película (jamás aburrida) y su gradual incremento de angustia e intensidad. Algunos pasajes parecen innecesarios o apenas tangenciales (como los problemas de Salander con su guardián legal), pero contribuyen a la sórdida atmósfera de la cinta y nos ayudan a "llenar los huecos" en las personalidades de los protagonistas. Como dije, la riqueza de The Girl with the Dragon Tattoo proviene de esos detalles, y no necesariamente de los más tradicionales y predecibles elementos narrativos.
Mientras veía esta película no pude evitar comparaciones con The Da Vinci Code, otro moderno thriller con pretensiones intelectuales que se derrumban cuando examinamos sus arbitrarios acertijos, caprichosa estructura modular y personajes prefabricados. Por el contrario, The Girl with the Dragon Tattoo ofrece un proceso deductivo lógico y realmente ingenioso, fundamentado en el sentido común y respaldado por las contrastantes personalidades de Salander y Nyqvist, de modo que la experiencia se siente "auténtica" incluso bajo las artificiales condiciones del cine moderno. Aparentemente David Fincher está preparando el re-make norteamericano de esta brillante película sueca y, a riesgo de pre-juzgar, voy a predecir que no alcanzará el mismo nivel de energía y calidad. Como los mejores relatos, The Girl with the Dragon Tattoo depende de su particular contexto cultural y tono narrativo (por no mencionar sus perfectos actores), de modo que recomiendo ver esta versión original antes de que Hollywood la corrompa con sus habituales excesos y "mejoras". Gracias a esta cinta y Let the Right One In, el cine sueco se perfila como uno de los fuertes competidores en el cine popular de la nueva década, y sin duda estaré atento para ver con que otras películas nos puede sorprender. Sospecho que la respuesta llegará con las siguientes adaptaciones de esta "trilogía Millennium". Lo único que me preocupa es que no se si leer los libros antes o después de ver sus correspondientes películas...
Calificación: 10
La animación digital nos ha dado obras de asombrosa belleza visual y pasmoso realismo; sin embargo las películas realizadas con el más tradicional método de "stop motion" siguen maravillándome por la titánica labor artesanal invertida en ellas, desde las detalladas maquetas y decorados en miniatura de Coraline, hasta las expresivas actuaciones en las cintas de Aardman Animation. Pero en el extremo menos "preciosista" de esta disciplina podemos encontrar artistas más interesados en explorar los delirantes límites de su imaginación que en duplicar la realidad. En ese menos reverenciado (pero infinitamente más creativo) territorio florecen obras como la divertida serie Robot Chicken, los demenciales cortos de los Hermanos Quay y, ahora, la indescriptible película franco-belga A Town Called Panic (Panique au Village).
¿Dije indescriptible? La historia se desarrolla en un pintoresco pueblo de colorido diseño, donde un día despiertan Vaquero (voz de Stéphane Aubier) y el Indio (voz de Bruce Ellison) para descubrir que olvidaron comprar un regalo de cumpleaños para Caballo (voz de Vincent Patar), su compañero de cuarto y mejor amigo. Entonces, en un momento de inspiración, deciden regalarle un horno para barbacoa en el jardín de su casa, y proceden a pedir por Internet cincuenta ladrillos para construirlo. Pero por un error reciben 50 millones de ladrillos, los cuales ocultan apresuradamente para no arruinar la fiesta de Caballo. Claro que no es fácil esconder 50 millones de ladrillos, y su torpe plan termina destruyendo su casa... y aunque tratan de reconstruirla (tienen abundantes materiales, después de todo), sus esfuerzos se esfuman cuando un grupo de ladrones acuáticos roba las paredes del renovado inmueble. Entonces, para llegar al fondo del asunto, Caballo, Vaquero y el Indio emprenden un viaje que los llevará desde el candente centro de la tierra hasta el fondo del mar y las regiones polares para encontrar a los culpables. Y tendrán que hacerlo rápido, pues Caballo tiene una cita pendiente con su maestra de música, la adorable Madame Longrée (voz de Jeanne Balibar).
El estilo de animación de A Town Called Panic parece primitivo (llamémosle "clásico"), pero complementa perfectamente su exuberante energía y surrealista humor, que no cesa de arrojarnos situaciones al mismo tiempo inverosímiles y lógicas... al menos dentro del bizarro universo donde viven los personajes. Quizás no sea el tipo de humor que provoca carcajadas constantes, pero me mantuvo sonriendo durante la película entera por el desfile de divertidas situaciones y peculiares conceptos, desde las clases de música para animales de granja, hasta la inescrutable misión de los científicos con un enorme pingüino robótico. También me divirtieron las constantes (e intrigantes) referencias al "mundo real", los objetos a escala natural que ocasionalmente vemos en el pueblo (como tijeras, cepillos de dientes, etc.) y los inesperados comentarios que hacen incongruente contraste con la bucólica atmósfera de la película (refiriéndose a un CD de rock pesado, el Caballo le dice a su amigo, el Burro: "Buenos sonidos... ripéame uno").
En cuanto a la historia misma, no hay que buscarle mucho sentido. Quizás algún estudioso encuentre profundas metáforas y oculta simbología en A Town Called Panic (basada en una serie de televisión belga), pero yo estaba demasiado ocupado absorbiendo la desbordante imaginación de la película como para buscar significados secretos en la iracunda actitud del granjero vecino, el deplorable fascismo del policía local, y la "incorrección política" evidente en los clichés del Indio y Vaquero. Mi única queja sería que A Town Called Panic es demasiado insustancial para quedarse en la memoria, y quizás un poco más de fuerza dramática o subversión cultural la elevaría a la rara categoría de culto. Como sea, la experiencia fue lo suficientemente entretenida para merecer una cauta recomendación para interesados en animación "alternativa" y para quienes estén cansados de la super-realista y pulida animación de Hollywood. En resumen, A Town Called Panic es como un episodio largo de Robot Chicken, pero menos vulgar, más bizarro y orientado tanto a niños como a adultos. Y, claro, con menos violaciones potenciales de "copyright".
Calificación: 8
Mientras veía El Profeta no puede evitar comparaciones con la reciente cinta Celda 211 (bueno, reciente en mi país), debido que que ambas se desarrollan en una prisión. Sin embargo al final queda muy claro que se trata de historias muy distintas, pues aunque las dos denuncian la corrupción, manejos internos e injusticias que se dan en ese pesadillesco entorno, El Profeta es sin duda una obra más madura, con ambiciones que van más allá del simple suspenso aderezado con comentario social.
El Profeta se centra en Malik El Djebena (Tahar Rahim), un callado e ignorante joven franco-árabe que es condenado a seis años en presidio por atacar a un policía; y aunque pretende pasar su condena sin problemas, casi de inmediato se ve envuelto (contra su voluntad) en una conspiración para asesinar a un prisionero que testificará en un importante juicio. Como resultado de su complicidad, Malik queda bajo la protección de la mafia corsa que opera dentro de la prisión, y a lo largo de los años va desarrollando una relación con el veterano César Luciani (Niels Aerstrup), lo cual no solo le abre puertas (figurada y literalmente) en la institución, sino que lo educa para tener éxito en el mundo real cuando termine su condena... si es que logra salir con vida.
El drama externo del protagonista podría haber sido el tema de una película más tradicional, pero el director Jacques Audiard prefiere fijarse en la evolución interna, con lo cual logra un relato más íntimo e impactante. El punto de El Profeta no es congraciarnos con Malik, sino mostrarnos su metódico desarrollo, que en muchos aspectos parecería celebrar el ascenso de un joven que descubre su potencial tras una vida carente de oportunidades; pero por otro lado es una sórdida visita a la realidad del presidio, donde el concepto de "rehabilitación" se ignora por completo a favor del entrenamiento de nuevos criminales en un círculo vicioso de ambición y supervivencia. Esta ambivalencia de tono hace la película profunda y perturbadora, pues su realismo no se fundamente a los típicos artificios del género, sino en un estilo narrativo sobrio y natural que no hace trampas para expresar su mensaje, ni se preocupa por requerimientos comerciales.
Naturalmente, el mismo criterio se extiende a las actuaciones. En el pasado he escrito que me gustan los actores capaces de expresar mucho diciendo poco; Tahar Rahim en el papel de Malik es lo opuesto; su impasible rostro hace indescifrables los pensamientos o emociones que experimenta el protagonista durante su cruda "educación". Lejos de dañar la película, esa curiosa decisión actoral hace la cinta todavía más intensa, forjando un personaje de imprevisibles reacciones que nos sorprende con cada revelación de su carácter, ya sea emocional o fríamente racional. Por otro lado, este “hueco emotivo” se combina con la escueta dirección de Audiard para producir una película difícil, que no podría recomendar como simple entretenimiento de fin de semana, sino como una provocativa obra artística con muchos niveles de significado y un fuerte mensaje que no se descarta tan fácilmente como la bolsa vacía de palomitas de maíz. En resumen, El Profeta merece todos los premios que ganó en su país y en festivales internacionales; me da gusto que finalmente haya llegado a México, pues aunque sea tarde podremos disfrutar esta rara muestra de cine relevante, no necesariamente "divertido", pero inmensamente satisfactorio... y un poco deprimente.
Calificación: 9
Quizás poca gente ha leído la novela de Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray, pero podemos estar seguros de que la gran mayoría conocerá la famosa premisa: un hombre vende su alma a cambio de permanecer joven y saludable mientras su retrato envejece; al final, tendrá que pagar un precio muy elevado por tal privilegio. La fácil lección moral de la historia tiende a opacar dos elementos fundamentales: la brillante prosa de Wilde, repleta de sus agudas frases y cínicas (pero ciertas) observaciones; y el profundo arco emocional del protagonista, cuyas reflexiones sobre la naturaleza humana prestan sustancia (y, hasta cierto punto justificación) a su transformación de un joven fresco e ingenuo a un monstruo corrupto más allá de toda redención. La nueva película El Retrato de Dorian Gray hace su mejor esfuerzo por recordarnos esos valiosos elementos, y aunque no me pareció del todo satisfactoria, sin duda representa una sólida interpretación del libro, adornada con modernas técnicas y una sensibilidad clásica.
La historia se desarrolla a fines del siglo diecinueve, y en las primeras escenas nos muestra la llegada del epónimo Dorian Gray (Ben Barnes) a Londres para reclamar la herencia que le dejó su acaudalado tío. Obviamente ingenuo e inexperto en los manejos de la gran ciudad, Dorian parece víctima fácil de embusteros y ladrones, pero es rescatado a tiempo por el sofisticado Lord Wotton (Colin Firth), quien lo empieza a adiestrar en las costumbres de la alta sociedad... y en la práctica de sus vicios. Durante una elegante fiesta Dorian conoce al pintor Basil Hallward (Ben Chaplin), quien queda impresionado por la belleza del joven, y decide hacer un retrato que será el mejor de su carrera y la sensación de todo Londres. Entonces Gray, seducido por su naciente vanidad, admite que vendería su alma para permanecer por siempre tan atractivo como en su pintura. Por alguna razón su deseo se cumple y, bajo la tentadora tutela de Lord Wotton, Gray empieza a sumergirse en los abundantes vicios y placeres de la ciudad sin consecuencia aparente para su cuerpo, pues es su retrato quien muestra las huellas de su perversión. Y aunque no hay demonio o espíritu maligno que venga a reclamar su alma, es obvio que el joven la está perdiendo a consecuencia de su hedonista obsesión...
Esta es la tercera película inspirada en las obras de Oscar Wilde que dirige el cineasta Oliver Parker (después de An Ideal Husband y The Importance of Being Earnest), y aunque el director tiene obvia experiencia y afinidad con estas cintas "de época", El Retrato de Dorian Gray es muy distinta por alejarse del ligero humor de sus predecesoras para presentarnos lo que es, básicamente, una historia de horror gótico ambientada en el complejo entorno victoriano. Aún así Parker realiza un trabajo decente balanceando ambos mundos, y podemos esperar por igual fastuosos vestuarios y escenografía, junto con momentos de sangrienta violencia, un par de baratos sobresaltos y algunos efectos digitales no del todo creíbles, pero útiles para acentuar la sombría atmósfera del último acto. Sin embargo, el mejor "efecto" son las actuaciones de Ben Barnes, Ben Chaplin y sobre todo Colin Firth. La película no me decepcionó en lo que se refiere a las frases célebres de Oscar Wilde, y fue un placer escucharlas en boca de este gran actor, cuyo personaje me pareció mucho más interesante que el protagonista mismo. Firth (y el guión de Toby Finlay) hacen de Lord Wotton una ambigua presencia de indescifrable intención... ¿Será el demonio mismo? ¿O un taimado villano empeñado en la perdición de un inocente joven? ¿O simplemente un hombre temeroso de su vejez que experimenta placer vicario en los excesos ajenos que él mismo no se atreve a disfrutar? Para fortuna del protagonista, la participación de Firth no es muy extensa, pues de otro modo opacaría el notable trabajo de Ben Barnes, quien aborda con aplomo el difícil trabajo de transmitir la degeneración moral de Dorian Gray a través de su sereno rostro e impecable apariencia. Estimo que no fue fácil interpretar al villano (¿o es un "anti-héroe?) sin apoyarse en las típicas herramientas de la "maldad" al estilo británico.
La verdad es que entré al cine esperando una pomposa y aburrida interpretación de la novela clásica, pero salí agradablemente sorprendido por la ambición dramática, impecables actuaciones y elevada energía de El Retrato de Dorian Gray. El libreto introduce cambios sustanciales sobre la historia original, lo cual podría molestar a los devotos de Oscar Wilde; sin embargo a mi me parecieron apropiados, y en algunos casos (como la hija de Lord Wotton, interpretada por la vivaz Rebecca Hall) interesantes variaciones que el mismo Wilde podría haber imaginado (a menos que le parecieran demasiado obvias y, por lo tanto, aburridas). Creo que hay elementos "modernos" en la cinta que no resultan muy afortunados, como ciertos efectos especiales (varias tomas del viejo Londres parecen escenarios de video juego), algunos refranes musicales pseudo-"heavy" y un par de escenas que no estarían fuera de lugar en Hellraiser. Por el lado positivo, me gustó que Parker y su guionista no se acobarden al mostrarnos los abismos de depravación en los que cae el protagonista en su "constante búsqueda de nuevas sensaciones". Entonces, puedo recomendar El Retrato de Dorian Gray para aquellos interesados en ver una historia clásica contada con renovado ímpetu sin perder respeto por el espíritu de la obra original, aunque no sea necesariamente fiel al texto literal. Por si a alguien le interesa, yo pondría esta cinta más o menos a la par de A Good Woman y An Ideal Husband, pero por debajo de la más atmosférica y teatral The Portrait of Dorian Gray realizada en 1945. Claro que esta nueva versión tiene más sexo, drogas y cadáveres desmembrados que cualquiera de sus predecesoras, lo cual podría darle cierta ventaja para audiencias modernas. Después de todo, como Lord Wotton aconseja, “no hay límites“.
Calificación: 8
Por azar o cósmica coincidencia, el argumento de Agente Salt emula el reciente escándalo de los "espías durmientes" en los Estados Unidos, y quizás eso le presta una inesperada relevancia a esta simple historia de aventuras y traición. Pero si no fuera por eso, sería otra típica película de acción veraniega, medianamente entretenida, poco memorable, y adornada con las indispensables explosiones, balaceras y persecuciones de cualquier moderna "película evento".
El argumento gira en torno a Evelyn Salt (Angelina Jolie), agente de la CIA que súbitamente es identificada como doble agente bajo control del gobierno ruso, con la misión de asesinar al Premier de ese país en territorio norteamericano, lo cual será excusa suficiente para desatar una guerra nuclear entre ambas naciones. A pesar de que asegura ser inocente, Salt escapa para encontrar al agente ruso que la denunció, y el único que parece creerle es su amigo Ted Winter (Liev Schreiber), quien ha trabajado con ella por largo tiempo y no puede creer que se trate de una espía. Sin embargo las pruebas contra Salt son contundentes, y el tiempo se agota antes de que el implacable agente Peabody (Chiwetel Ejiofor) capture a la desesperada mujer. Entonces Ted tendrá que decidir si ayuda a la "traidora", haciéndose cómplice del crimen; o si traicionará su amistad en aras de su deber patriótico.
Creo que la notoria vida "privada" de Angelina Jolie en ocasiones toma precedencia sobre su carrera artística, pero viendo Agente Salt es fácil recordar su obvio talento como actriz, incluso en un género más interesado en violencia y acción que en la profundidad de sus personajes. Liev Schreiber también tiene práctica en esta particular disciplina, aunque su labor en esta cinta consista en verse preocupado y dar órdenes a gritos. Por su parte, Chiwetel Ejiofor (uno de mis actores favoritos) se ve desperdiciado como el tenaz perseguidor de Salt, y es fácil reconocer en su actuación el cliché creado por Tommy Lee Jones en The Fugitive... hablando de lo cual, Agente Salt se siente frecuentemente como un moderno refrito de aquella venerable fórmula, con un protagonista en franca huida mientras trata de probar su inocencia. Por supuesto el tema de espionaje ayuda a que el argumento parezca fresco. Pero... ¡un momento! ¿No pasó Mission: Impossible III por el mismo territorio? Ah, claro… Agente Salt tiene a una mujer en el papel principal. Totalmente distinto.
En fin, aunque sea previsible y poco original, dicha fórmula funciona en las hábiles manos del cineasta Phillip Noyce, con amplia experiencia en películas de acción y suspenso respaldadas por sólido drama, como Dead Calm, Clear and Present Danger y The Quiet American. No puedo decir que Agente Salt sea mejor que cualquiera de esas cintas, pero yo la ubicaría más o menos al mismo nivel de Patriot Games. Y ya que estamos haciendo comparaciones, estuve recordando la serie de televisión Alias, donde también vimos las aventuras de una audaz espía que usaba su considerable entrenamiento, encanto personal y múltiples disfraces para completar sus misiones. Agente Salt no me pareció tan entretenida o interesante, a pesar de contar con recursos muy superiores y mayor "star power". Sin embargo la comparación no es justa, pues Alias tuvo múltiples temporadas para establecer a sus personajes, mientras que la película tiene apenas 100 minutos para darles alguna semblanza de humanidad e historia común. Creo que Noyce lo consigue en la interacción de Schreiber y Jolie; pero las escenas de la mujer con su esposo deberían ser el eje emocional de la trama, y desafortunadamente resultan ser los momentos más flojos de la película, no solo por la inexistente química entra la protagonista y el débil actor August Diehl, sino porque son obvios artificios del escritor para justificar las imprudentes acciones de la agente y distraernos de las "sorpresivas" revelaciones que cambiarán la perspectiva de la historia entera. Claro que eso no impide al guionista Kurt Wimmer (más conocido como director de la menospreciada Equilibrium y la bizarra Ultraviolet) la creación de algunas ingeniosas escenas, como cuando Salt conduce un vehículo con ayuda de un "taser", o cuando se infiltra a uno de los sitios más seguros del planeta.
Pasé un buen rato viendo Agente Salt, y sin duda fue mejor que Knight and Day (por no mencionar Killers, aquel reciente BODRIO INSOPORTABLE que también mostraba espías ocultos entre la población de los Estados Unidos). La selección de una mujer en el papel principal le da un cambio agradable a la anquilosada dinámica del cine de acción, y al menos hay tres notables intérpretes que hacen lo que pueden por ignorar los agujeros del libreto, al mismo tiempo que garantizan cierto nivel de credibilidad en las actuaciones (lo cual no se extiende a las ridículas proezas físicas de la protagonista). Me gustó que el tema “retro” del argumento traiga gratos (?) recuerdos de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética era el tradicional enemigo de los Estados Unidos (bueno, en este caso es Rusia, y no falta una oportuna mención de Corea del Norte; de cualquier modo se aprecia el esfuerzo). Además del teórico placer de ver a Angelina Jolie saltando de camión en camión, detonando bombas caseras y peleando brutalmente contra agentes del Servicio Secreto, no hay nada memorable en Agente Salt, y será rápidamente olvidada en cuanto llegue la próxima dosis de acción y violencia fílmica. Pero al menos no me aburrió, ni sentí que desperdiciara mi tiempo, así que puedo darle una escueta recomendación en un verano que ha provocado más apologías que genuino entusiasmo. Y si Agente Salt se convierte en franquicia (como sugiere su ambiguo final), creo que no me molestaría pagar por ver las nuevas aventuras de esta nueva heroína de acción. Hay tan pocas que debemos apreciarlas.
Calificación: 7
A principios de los ochentas, la cinta Forbidden World (¡no confundir con la venerada Forbidden Planet!) fue una de tantas copias baratas de Alien producidas a bajo costo para aprovechar la fiebre de "terror espacial" que desató aquella seminal película de Ridley Scott. No obstante, Forbidden World se distingue de su inferior competencia por tener cierto encanto en su dirección, grotescos efectos especiales y un vistoso monstruo concebido por los Hermanos Skotak, quienes eventualmente unirían talentos con James Cameron para realizar (irónicamente) la brillante Aliens. Como ocurre con muchas películas de culto, Forbidden World tuvo poco impacto durante su estreno, y fue hasta fines de la década cuando la explosión del video casero le confirió nueva relevancia entre los fans del horror (en parte por sus sangrientas escenas, y en parte por los frecuentes desnudos de sus actrices principales). Y si alguien sabe sobre cine de culto es el legendario productor Roger Corman, cuya extensa obra prácticamente definió ese término. Forbidden World no es la excepción, pues trasciende su primitiva manufactura a base de ingenio, energía y un argumento simple, aunque no necesariamente estúpido (bueno, un poco).
Pero... ¡un momento! Ahí no termina la historia. Aparentemente el director Allan Holzman se dio cuenta de que la metodología semi-amateur de Corman no daría como resultado un producto realmente serio y aterrador; por lo tanto decidió abrazar el humor inherente en la fórmula de "monstruo acechando científicos", y añadió al libreto múltiples momentos de sutil sarcasmo y comedia casi accidental para hacer al público cómplice del chiste y, con suerte, ofrecer una experiencia divertida con los escasos recursos que disponía. Desafortunadamente Roger Corman se ofendió cuando escuchó las risas del público durante el estreno de la película (bajo el título original de Mutant), y decidió re-editarla para extirpar todo rastro de humor... lo cual solo hizo más absurdos los solemnes diálogos y conflictos dramáticos. Esa versión "censurada" es lo que conocíamos hasta hoy como Forbidden World; pero gracias a la magia del Blu-Ray (y a idiotas como yo que pagan por basura como ésta) hoy podemos ver la original versión de Mutant, tal como la diseñó su director. Y aunque el resultado no sea fundamentalmente distinto, debo admitir que se nota el talento del novato Holzman para crear sólidas escenas de suspenso y una historia ostensiblemente torpe, pero basada en conceptos interesantes que rara vez se aprovecharon en el cine B de los ochentas.
Al principio de la película vemos cómo el fiel androide S.A.M.-104 (Dan Olivera) despierta del "hiper-sueño" al mercenario Mike Colby (Jesse Vint), pues su nave está siendo atacada por piratas espaciales. Colby destruye rápidamente a sus atacantes y se dispone a regresar a la cámara de animación suspendida... cuando se entera de que sus vacaciones se cancelaron por una llamada de auxilio del planeta Xerbia, donde un experimento científico secreto parece haber salido de control. No muy contento con el cambio de planes, Colby llega a Xerbia para encontrar un claustrofóbico laboratorio donde el inestable Dr. Hauser (Linden Chiles), la guapa Dra. Glaser (June Chadwick), su asistente Tracy (Dawn Dunlap, aparentemente alérgica a la ropa) y varios ayudante trabajan en innovadoras tecnologías alimenticias. Como siempre ocurre, las buenas intenciones de los científicos se convirtieron en pesadilla cuando una de las plantas mutantes resultó ser más agresiva de lo esperado... y evolucionó hasta convertirse en un enorme monstruo que requiere constante ingestión de proteínas para sobrevivir. Los humanos, por supuesto, son la fuente de proteínas más cercana, y solo el talento del audaz mercenario podrá evitar que el equipo de científicos se convierta en alimento de la criatura. Pero la Dra. Chadwick guarda un secreto que podría cambiar por completo la naturaleza de la misión...
Tan solo como espectador de Mutant/Forbidden World puedo apreciar la atmósfera de libre creatividad que siempre fomentó el productor Roger Corman en sus películas. A pesar de su legendaria austeridad y económicos métodos (traducción: poco o nada de dinero para sus empleados) Corman logró atraer durante su carrera a un impresionante número de talentosos artistas y cineastas, pues a fin de cuentas les daba un foro para expresar sus ideas, resolver interesantes retos técnicos y experimentar a su gusto... siempre y cuando no gastaran demasiado dinero y lo que usaran se pudiera reciclar en otras películas. Particularmente impresionantes en esta cinta son los efectos de maquillaje del entonces joven John Carl Buechler, cuyos cadáveres en proceso de liquefacción, rostros con severas quemaduras ácidas, y variados fluidos corporales (desde tumores humanos hasta vómito mutante) son la atracción principal de la película. Su trabajo es realmente notable, especialmente tomando en cuenta el bajo costo de la producción y las "primitivas" técnicas de aquella década, libres de ayuda digital o materiales químicos de última generación. Por su parte, el monstruo creado por los Hermanos Skotak tiene un fantástico diseño y se aprovecha en algunas fugaces tomas para acentuar el horror... pero quizás fueron demasiado ambiciosos, pues también podemos ver severas limitaciones en su movimiento y manejo. Como punto de comparación, puedo señalar el muy superior gusano de Galaxy of Terror, construido con las mismas herramientas (y, literalmente, algunas de las mismas piezas), pero mucho mejor filmado para maximizar sus virtudes y ocultar sus fallas.
Creo que Mutant es definitivamente mejor que su versión cortada, aunque en este caso la palabra "mejor" no necesariamente denota calidad, sino mayor ambición dramática e integridad lógica. Quizás ni el mejor editor del mundo hubiera logrado salvarla de sus múltiples defectos, pero resulta interesante contemplar las decisiones del director y del productor en sus respectivas versiones para comprender la influencia del proceso editorial en el lenguaje narrativo, desde el mero cambio en la voz del robot S.A.M., hasta el uso de música clásica como una inusual herramienta de comunicación con el monstruo. Entiendo que el lanzamiento de Mutant como complemento del Blu-Ray de Forbidden World es estrictamente de interés para fans del cine B, sobre todo para los admiradores de la obra de Roger Corman, y de ningún modo la recomendaría para quien no esté bien habituado a malas actuaciones, mediocre cinematografía y escenarios decorados con cartones de huevo y cajas de hamburguesas (en serio). Pero para quienes admiramos la frugal e imaginativa filmografía del productor es un raro placer ver el cariño y atención dedicados a películas como ésta, rara vez apreciadas por la crítica tradicional, y mucho menos por los cinéfilos "serios". Desde luego Galaxy of Terror sigue siendo mi favorita en este pobre sub-género del terror espacial, pero Forbidden World tiene lo suyo, y con suerte este inesperado lanzamiento le traerá nuevo respeto... o nuevas burlas del sofisticado público moderno. No se puede negar que el monstruo merece ambas reacciones.
Calificación: 8
Me preocupaba que no llegara a mi país la versión subtitulada de Mi Villano Favorito, pues aunque ya estoy hastiado de películas infantiles animadas, me entusiasmaba el elenco de voces originales, donde podemos encontrar muchos sólidos comediantes que quizás lograrían imprimir su personalidad e instintos humorísticos en otra blanda historia familiar. Afortunadamente así fue, aunque las voces no fue la única sorpresa que me dio la película.
El argumento se centra en un archi-villano llamado Gru (voz de Steve Carell), cuyos maquiavélicos planes siempre se ven opacados por las "hazañas" de su rival Vector (voz de Jason Segel). Entonces, para probar de una vez por todas su superioridad, Gru decide robar la Luna misma. El primer paso del ambicioso proyecto consiste en adoptar tres adorables niñas que le ayudarán a infiltrarse en la guarida de Vector para robar cierta compleja maquinaria. El problema es que las niñas empiezan a ablandar el corazón del atormentado Gru, y eventualmente podrían descarrilar sus audaces planes al enseñarle una nueva perspectiva de la vida...
Supongo que no soy el único miembro de mi generación que está cansado del moderno entretenimiento infantil, diseñado por mercadólogos, psicólogos, abogados y pedagogos para no "traumar" o impresionar demasiado a los niños, ni dañar irremisiblemente sus frágiles mentes (al mismo tiempo preparándolos para las delicias del consumismo). Por eso aprecio los tenues esfuerzos de obras que se atreven a introducir un poco de "filo" en forma de humor negro, jocosa misantropía o incluso como simple subtexto que no será entendido por los infantes. Mi Villano Favorito no será denunciada por excesiva subversión o audacia, pero al menos añade sanas dosis de tales elementos a su previsible historia, y esos breves momentos de torcidas risas fueron lo que más disfruté, además de la simpática interpretación de Steve Carell y el resto de los actores. Por otro lado, la historia se siente demasiado floja e inflada con el acostumbrado relleno de humor "slapstick". Hay un par de escenas que funcionan bien (como cuando Gru cuelga de un techo sobre un tiburón), pero otras (los esbirros visitando una tienda de juguetes) carecen de imaginación, y su único propósito es introducir ruido y acción para amenizar los momentos más pausados del libreto.
Por lo demás, la energía de los directores Pierre Coffin y Chris Renaud mantiene las cosas en movimiento sin atropellar pequeños detalles de inusual profundidad, como la relación entre Gru y su madre, la seriedad del Dr. Nefarious (con la voz de Russell Brand, a quien por coincidencia vi este mismo fin de semana totalmente desperdiciado en El Aprendiz de Brujo) y la poco sutil sátira de un banco que financia a los archi-villanos para beneficio particular (por cierto, el banquero se parece mucho al jefe de la tira cómica Dilbert, y Gru mismo es un modelo 3D del Tío Fester en The Addams Family... ¿coincidencia?). Creo que, a fin de cuentas, Mi Villano Favorito me gustó justamente por esos pequeños rasgos, y no por su empalagosa historia principal, con adorables (irritantes) niñas que ablandan el corazón de alguien que no es realmente malo... simplemente incomprendido. Ugh. Pero bueno, por la razón que sea siento que puedo recomendar Mi Villano Favorito, con la advertencia de que sus virtudes están en los detalles y no necesariamente en sus más llamativos elementos. Definitivamente mejor que Shrek Forever After, y con el potencial de crear una franquicia más pícara y creativa.
Calificación: 8